Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

LA SEGURIDAD ES UNA FALACIA

SEGURIDAD ES SINÓNIMO DE NO MUNDO

 

 

LA SEGURIDAD ES UNA FALACIA

 

    Somos hijos del olvido. Ya hace mucho tiempo que dejamos de acordarnos que durante largos años, fuimos presas. Los rugidos de las alimañas y su resuello asesino ya no nos pone los pelos de punta. Llevamos mucho tiempo viviendo en paz. Y gracias a ello hemos descubierto nuevos valores como la intimidad, la higiene, y otros. Ayer nos ocultábamos para comer, para amar, para dormir, para hacer nuestras necesidades, porque en esas situaciones éramos presas fáciles. Bajábamos la guardia. Dejábamos de estar concentrados en defendernos. 

    No somos conscientes de lo importante que ha sido para nosotros mantener la seguridad. No nos percatamos de lo definitivo que resulta eso en nuestras vidas. La inseguridad es un entorno inhóspito. Y por buscar la seguridad somos capaces de cualquier cosa. 

    Pero el drama es que la seguridad no existe. Existe la ensoñación de la seguridad. Algunos dirán que existen grados de seguridad. Y yo responderé que existe el caos. Y que lo más impredecible puede suceder. Los que vivimos en zonas sísmicas lo sabemos bien. No podemos anticiparnos a muchas cosas. La vida humana invierte muchas de sus fuerzas en prever posibles peligros. “Más vale prevenir que curar”. Este proverbio es adaptable a todo. 

    En arte cuando no tenemos un estilo nuevo repetimos estilos pretéritos. El historicismo se apodera de nosotros, y sin el alma del ayer, volvemos a hacer siempre lo mismo. En la ciencia repetimos un paradigma hasta que este se viene abajo por su mismo peso. En política solemos mantener opciones políticas por descabelladas que sean si eso nos ofrece garantías de cierta seguridad. Alguna región de España no ha conocido nunca otro gobierno que el que le pone pan subsidiado encima de la mesa. En economía repetimos constantemente los mismos errores hasta el extremo de que las crisis se vuelven cíclicas, desde el neolítico hasta hoy. En filosofía somos capaces de embarcarnos en modos de ver las cosas que duran siglos. En Religión en nombre de la tradición somos capaces de no evolucionar durante milenios. 

    Los integrismos nacen para garantizar la seguridad. Los nazismos de derechas e izquierdas, nacen aprovechando las crisis, la inseguridad, para prometer futuros de seguridad imposibles de realizar. Y solo nos desembarazamos de ellos cuando nos cansamos tras mucha sangre, mucho dolor y muchas lágrimas que al final han causado una inseguridad mayor que la inicial de la que pretendían sacarnos. El zar ruso fue remplazado por el zar soviético. El emperador chino por la el emperador maoísta. Churchill, Karl Popper, y otros saben que eso solo se corrige en parte con la democracia. Pues la democracia trata de domesticar la inseguridad organizándola de una manera tolerable.

    La seguridad no existe. Mi mente que nunca está quieta me lo enseña. Pues si nos cuesta tanto mantener la concentración, si nuestra atención nos hace estar en permanente movimiento es porque tenemos que ser capaces de reaccionar ante cuantos más estímulos a la vez, mejor. Solo así sobreviviremos en un entorno inseguro. La pretensión de la concentración mística no siempre consigue lo que pretende, y mil veces tiene que enfrentarse a las múltiples distracciones. Porque la mente siempre vive abierta a los estímulos. Somos hijos de la inseguridad y no nos damos cuenta de ello. 

    Identificamos con facilidad seguridad con felicidad. Y ahí radica nuestra necedad. Se puede ser feliz en la inseguridad. Es más llevamos toda la vida siéndolo. No controlamos nada. Nunca lo hemos controlado. Solo soñamos que lo hacemos. No controlamos nada porque es imposible controlarlo todo. Son demasiados los aspectos que lo condicionan todo. Y aún así, sonreímos, dormimos, oramos, leemos, amamos, gozamos, comemos, creamos, y muchas cosas más. Vivimos. En la inseguridad nos movemos y existimos. Es lo que tiene existir en el mundo. En el “fuera de Dios”. No existe la armonía. Y eso supone inseguridad constante. 

    Los que viven la religión como una búsqueda de seguridad, no han leído bien la Bíblia. No han seguido los pasos de Jesús hacia Jerusalén. No han orado en Getsemaní. No han sudado sangre. No han vivido la pasión, ni caminado hacia el gólgota, no han sido crucificados. No han compartido la suerte de Dios en este mundo.

    Dios en el mundo sigue la suerte del amor. Porque Dios es amor. Y el amor es crucificado una y otra vez. Dios no es ese monstruo terrorista que dibujo en su portada la publicación parisina para conmemorar el primer aniversario de los asesinatos que sufrieron. “Je ne suis pas Charly”. Dios no es un monstruo. Dios es amor. El amor que vive inmerso en la inseguridad. Y que es crucificado  por ella. Y aun así, nunca cesa de amar. Jesús no vive su vida religiosa para escapar de la inseguridad de la que no se puede escapar. Sino que en la inseguridad no deja de amar aún cuando la inseguridad lo crucifique. 

    Jesucristo inmerso en la inseguridad vence en dos batallas importantes: La primera de ellas es contra el MIEDO. El miedo lo siente cualquier ser vivo en algún momento. Y con particular intensidad el ser humano, consciente de la inseguridad permanente, cuando no vive en la ensoñación de la falsa seguridad. Su mente se lo permite. Quien dice que no tiene miedo simplemente es que no es sensato. En un universo inseguro no sentirlo es de idiotas.  Cuando el miedo se manifiesta, nuestra alegría se esfuma, también nuestra paz, nuestro ser se llena de dudas y hasta de desesperación. Una crisis de pánico puede hasta inmovilizarnos. El miedo nos angustia. El miedo es por tanto causa de mucho sufrimiento. Y puede desatarse por muchas causas. Jesús vence el miedo a decir lo que tiene que decir y a hacer lo que tiene que hacer. Y como Jeremías, su valentía, nace de la fe en que no está solo sino que sabe el Padre Dios siempre está con Él. Nunca está solo. Su confianza en el Padre abruma. La fe es la respuesta al Dios que nos ama en este universo donde la seguridad no existe. Y Jesús sabe que el Padre lo ama por encima de todo. Por eso hace frente a sus miedos. Su confianza en el Padre lo llena de esperanza (como canta el salmo de hoy), y eso lo fortalece de manera inusitada. La fortaleza no es la ausencia del miedo sino la capacidad para hacerles frente. La fortaleza es la capacidad de vivir en la inseguridad. Aceptándola. Afrontándola. Asumiéndola. Y viviendo con ella. La inseguridad es la falta de armonía universal. Es el cruce caótico de múltiples ciclos existenciales totalmente descoordinados. La esperanza no consiste en esperar que la desarmonía desaparezca, cosa que no sucederá. La esperanza consiste en saber que el universo no es la última meta. La fe nos enseña que el universo es un espacio y un tiempo para la libertad. De modo que la inseguridad reinante es la garantía de nuestra libertad. Es lo que la hace posible. Solo en ese entorno es posible que se desarrolle el amor verdadero. 

    La segunda batalla es la que desarrolla Jesús contra el desamor. Sus paisanos desprecian a los no judíos. Pero Él no se deja atrapar por eso. El sabe que aún cuando sus paisanos no tienen fe en Él, pues solo ven al hijo del Carpintero, los no judíos en la Historia de la Salvación, muchas veces han dado pruebas de una fe impresionante. Mucho mayor que la de los hijos de Israel. Y esto ofende a sus paisanos nazarenos cuando se lo dice. Jesús sabe que, como Pablo enseña, sin amor no somos nada. Sin amor nada sirve de nada. Jesús es Dios con nosotros, por eso es AMOR VIVO ENTRE NOSOTROS. Dios es amor. Por eso Jesús es como el amor: paciente, afable, no tiene envidia, no presume ni se engríe, no es mal educado, ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor de Jesús no se acaba nunca. El desamor no puede nada en él, no sabe de egoísmos y de odios. Jesús solo sabe amar, solo sabe darnos su amor, nuestro Señor es Ternura. 

    En la inseguridad Jesús ama. Siempre. Sin cesar. Y convierte el espacio y el tiempo de la libertad, fruto de lo no definido, de lo no determinado, de lo no seguro, en un tiempo para amar. Reacciona a los estímulos de la inseguridad desde el amor. Como única respuesta. Esa es la vida en plenitud en medio de la inseguridad. El amor transfigura la inseguridad. La religión que pretende suprimir la inseguridad por medio de una falsa providencia es falsa. Jesús no vive de falsas providencias. Jesús sabe que el Padre más allá de la desarmonía nos aguarda. Pero es consciente de que ser carne nos sumerge en la desarmonía universal. Y por ello usa su libertad, hija de lo no establecido, de lo inseguro, para amar. No pierde el tiempo en miedos hijos de la inseguridad. 

    El miedo a la inseguridad nos ocupa demasiado tiempo. Nos hace esclavos del egoísmo. Y nos sumerge en el odio. AMENAZA. Es sinónimo de egoísmo y de odio. Me amenazas a mi. Y por eso te odio. Mi odio quiere defenderme a mi.  Así reaccionan los animales ante la inseguridad. Es lo que llamamos “territorialidad”. Atacar a las amanezas nos garantiza nuestra seguridad. De ahí a legitimar la guerra preventiva no hay ni un paso. Nada peor que tener que bregar con una avispa y que esta perciba que eres una amenaza. Espero que no seas alérgico.  Y aún así, los ataques no garantizan ninguna seguridad. El egoísmo y el odio no construyen la seguridad. Son inútiles para eso. Y si además nos llevan a sufrir más. ¿Qué sentido tiene?. Martín Luther King lo testimonia de manera preciosa en sus discursos. 

    El amor no crea la seguridad, porque eso en este universo es imposible, pero hace dichosos a los inseguros, y nos hace reaccionar fraternalmente ante la falta de armonía. El amor es el milagro que humaniza la inseguridad. El amor a mi mismo, el amor a los demás, el amor al entorno, al mundo sin el cual somos un ente imposible. El amor fortalece tu vida, la vida de los demás y la del mundo ante la inseguridad. El amor nos mantiene vivos. Nos hace desear nuevos modos de existir. Cuestiona el universo no armónico. Y nos impele a descubrir la racionalidad de que el todo no tiene porqué ser el Total posible. ¿Si el amor es la sed por qué hay que considerar como necesario que no existe el agua? El agua es antes que la sed. 

    Jesús nos enseña que hemos sido hechos para el amor. La razón que el amor es la puerta que nuestra libertad puede abrir para ser gente que quiere vivir en Dios. En otros escritos he explicado esto. Basta con repasarlos. El amor es el camino hacia la vida eterna que es Dios mismo. Y Jesús es la invitación seductora que Dios propone a la consideración del universo que se ha constituido en libre e inteligente en nosotros. Y si el universo se ha hecho libre e inteligente, personal, en ti y en mi, es porque la inseguridad lo constituye en un ente abierto, no determinado, donde es posible alcanzar este nivel de autoorganización. Caos y Cosmos están conectados entrañablemente. Y la síntesis de los dos da como fruto nuestra inteligencia, nuestra libertad, y nuestra personalidad. El agua es la metáfora de la inteligencia y la libertad. En entornos inseguros reacciona siempre. O se adapta, o se recompone, o se hiela, o se evapora, o se licúa. Actúa y responde al estímulo. Y se mantiene unida. Su fuerza atómica sería nuestro amor. Su adaptabilidad es nuestra inteligencia y nuestra libertad para amar. Jesús al enseñarnos a amar nos inunda con su agua viva. Metáforas. Pero llenas de sabiduría. 

     Es hora de redescubrir que vivimos en la inseguridad. Sin aceptar eso no podremos ser felices en medio de ella. La fe que engendra la esperanza que nos hace fuertes frente al miedo nos capacita para ello. El amor nos capacita para afrontar las faltas de armonía propias de la inseguridad. Jesús nos enseña como hacerlo, si lo conocemos, le creemos, lo amamos y le seguimos. El nos enseña a superar el ingenuo providencialismo religioso totalmente infundado. Su vida es un testimonio vivo de que el Padre está más allá de la inseguridad y la falta de armonía. Ni la inseguridad ni la falta de armonía nos pueden separar de su amor, que está más allá de todo lo universal, porque es el totalmente otro. 

    La inseguridad es hija del universo. El universo es ser sin plenitud. Dios es ser en plenitud. Si tras la cortina del universo está el ser en plenitud, el universo es relevante. Sin ser en plenitud, el universo es el ser que se desvanece en el no ser. La respuesta a esa pregunta es Jesucristo. El ser en plenitud ha respondido al misterio. En Cristo el misterio compartido que somos encuentra respuesta y nuestra sed de plenitud resulta saciada por quien puede saciarla. Todo el universo es sed de plenitud cuando se torna consciente, libre, inteligente y personal en seres como nosotros. 

    Las sectas ofrecen seguridad porque suspenden la inteligencia y la libertad anulando la personalidad. Lo mismo hacen las tiranías de cualquier tipo: social, político, cultural, religioso, científico y económico. Jesús rompe con todas esos dominios por eso tiene tanto enemigos y resulta para ellos una amenaza tan severa. Porque cuestiona las fundamentos de sus pretendidas seguridades. Ni la riqueza, ni la salud, ni nada nos asegura nada, porque mañana podemos perderlo todo. Dios no es todo eso. Dios no es una ley religiosa inamovible que garantiza que la inseguridad no nos afectará. Quien quiera seguridad no sirve para vivir. Quien quiera seguridad solo puede hallarla en el ser pleno. Solo la encontrará cuando Dios lo sea todo en todos. Pues solo Él, ser pleno, es total armonía. 

    La tentación de algunos es convertirse en una estatua de piedra. Y así alcanzar la paz, anulando la inseguridad. Alcanzando la seguridad de la inconsciencia. Es una fuga mundi. Totalmente de moda entre muchos que creen que el “yoga” o el “zen” es su respuesta. 

    Jesús mira al mundo a los ojos. Sabe que es. Sabe lo que puede ser. Y emprende el camino hacia la plenitud. Conoce la verdad, emprende el camino y abre a la vida las puertas de la abundancia. La glorifica. Sin evasiones, abre el universo a nuevas dimensiones del ser. Enseña al niño la abertura para salir del vientre materno al mundo que superará con creces las expectativas de vida que tenía en el seno maternal. El pecado es darle la espalda al que nos enseña la salida al mundo. Por eso induce la muerte. Nos condena a ahogarnos en un vientre en el que no es posible alcanzar mayor tamaño y mayor vida. Al final nos asfixiará. 

    Por la inseguridad a la plenitud, como por la cruz a la resurrección. PASCUA. Paso. Cambio. Exodo. Transfiguración. Transformación. Semilla que da fruto. Germinación. Evolución. Descubriendo la verdad radical de estas palabras perderemos todo miedo a la libertad. La inseguridad no será un estorbo, será nuestro medio de vida. 

    Nuestro ecosistema es la inseguridad. No verlo es soñar. Por eso como muchos no quieren verlo, buscamos refugios para no estar tan expuestos. Por ejemplo alguien con un discurso simple que ofrezca planteamientos que nos lleven a superar toda inseguridad, rápidamente tendrá una mayoría de gente a su alrededor. Así nacieron tiranos como Hitler o Lenin. Así siguen naciendo hoy gente como la extrema izquierda griega, y otros que en distintos países europeos siguen sus huellas. Camino fácil hacia la seguridad. Cantos de sirena imposibles, pues eso nunca pasara. La inseguridad en este universo es la pauta. Quien promete eso, promete mentiras. La seguridad no se da en el universo. Da igual que seas Político o Califa. Quizás el orden se dara durante un espacio de tiempo más o menos largo. Pero poco más. Y no en todos los niveles del mismo. 

    No comparto la visión de los Karamazov. Dios no necesita explicar porque el cosmos no funciona en términos de seguridad. Porque el cosmos nace del caos, y el caos lleva al cosmos. Esa desarmonía sustenta el universo. Esa es la base del ser mundanal. El problema lo tiene Dowtoievski que trata de entender a Dios dentro del concepto de la providencia, queriendo convertir el universo en una marioneta en las manos de Dios. Crisis es el estado habitual del universo, o existir camino de la crisis. En esas estamos siempre. La existencia es cruz. Con Cristo abierta a un horizonte de esperanza más allá de esta dimensión del ser. Sin Cristo colapsada en un ser sin esperanza alguna. Y ante esa opción, la libertad queda convocada a responder a la oferta de gracia o rechazarla. Sin esa oferta de gracia, la libertad no podría elegir. Porque no tendría qué elegir. Con la Gracia se abre a horizontes insospechados de existencia. Nunca es suspendida la libertad por la gracia, al contrario, la gracia libera a la libertad y le permite alcanzar metas insospechadas que sin la gracia, le resultarían imposibles. El mérito de la libertad es pues consecuencia de la gracia. Y está en aceptarla o rechazarla. Pero hasta eso, es provocado de facto por la gracia. Pues sin la gracia de Dios ni se podría elegir. Ahora bien, la gracia, no anula la libertad, porque esta puede rechazar siempre, la oferta de gracia. Sin agua la semilla jamás germinará. Pero con ella puede hacerlo. O puede elegir pudrirse. El agua le da unas posibilidades que ella no puede darse a sí misma. Pero no anula la capacidad de despreciar y desperdiciar dichas posibilidades. Si no lo hace. Si acepta, ese es su Mérito. Esa es María. Y con su respuesta en Nazareth así nos lo enseña. Quizás por eso, la Iglesia católica, nunca ha renunciado a la importancia de la Madre de Dios, como si lo han hecho otras confesiones cristianas, que hablan de la gracia de manera absurda pues suplanta la libertad por completo. Ya que esta, está dañada para siempre y es pura basura. Y eso, genera tal cantidad de contradicciones en su discurso, que el ateísmo asoma como meta última de su proceso mental. Pues creer en Dios según ellos al final, convierte al hombre en una sombra. El puritanismo alemán creó a Nietzsche. Y este se equivocó comprendiendo todo el cristianismo con los ojos puritanos de su padre. Su hermenéutica de lo cristiano está viciada de raíz, por el enfoque distorsionado del equilibrio entre gracia y libertad, donde Dios siendo Dios, no anula al hombre, que sigue siempre siendo plenamente hombre. Verdaderamente hombre. Dios nunca hace que el hombre deje de ser un tú verdadero ante su amor ni ante su ser eterno. Dios no mata al hombre para ser Dios. Dios posibilita al hombre que no siéndolo llegue a ser Dios. Esa es su oferta de gracia, que el hombre puede aceptar o rechazar.

    De modo que o la Gloria o la nada. Eso es lo que se debate en el universo. Por eso el universo inteligente, libre y personal en ti y en mi decide que responde a la oferta de gracia que se le ha otorgado. La inseguridad viene de su no plenitud. Y su no plenitud existe para que pueda darse la libertad inteligente y personal que pueda dar a luz a un tú verdadero. Con el que poder establecer una relación de amor o desamor. 

    No quieras pues anular la inseguridad. Ello supondría el eclipse de quien eres y de cuanto eres. En la inseguridad que te permite ser tú, decide, si tu deseo es aceptar la gracia de la gloria o rechazar dicha gracia. 

    Es curioso quien acepta la inseguridad como su entorno normal, es siempre él mismo, y nunca se convierte en sombra de nada ni de nadie. Su conciencia no se extingue en discursos que prometen falsas seguridades. 

    Jesús quiso ser uno con el Padre. Y lo fue. Fue amor. Y como el amor está crucificado, en este universo. Fue Dios crucificado. Dios es amor. Y cuando el amor es crucificado, Dios vuelve a ser crucificado. Por quien se crucifica a si mismo porque no se ama. Por quien crucifica a los demás porque no los ama. Por quien crucifica al mundo porque no lo ama. Por el mundo que crucifica a los vivos a los que no ama. La inseguridad permite que el amor sea crucificado. Y el riesgo que Jesús asume de amarnos pasa por la cruz. Porque un universo no pleno crucifica al amor. Y lo hace porque no es pleno. Y porque en su mismidad, de poder decidir desde fuera del amor, lo hace muchas veces, contra el amor. No siempre. Pero en demasiadas ocasiones. Y basta leer la historia de ayer, de hoy y de siempre, para comprender lo que digo. Cuando no se ama se crucifica. Y el amor no es amado por un mundo que por miedo elige el egoísmo y el odio para superar falsamente la inseguridad hijas de las posibles amenazas que siempre son muchas. Pero la inseguridad no siempre es una amenaza porque siempre es una posibilidad que habita en un juego de probabilidades. Aunque no nos guste, siempre estamos apostando, y el juego conlleva un notable componente de riesgo. Kierkeegaard lo sabía. Unamuno también. Y otros muchos. Lastima que la mayoría lo hayan olvidado. 

 

    Con miedo no existe la vida en plenitud. Y sin amor nunca gozaremos una vida plena. Así que apuesta, está es la gran apuesta de nuestra vida. Es que no estoy seguro de nada, podrás decirme amigo, y yo te responderé: ¡Claro! Estás vivo ¿qué esperabas? Eso es el mundo.

 

Andrés Presbítero

 

    OPUSCULO SANTIAGUISTA

 

    Los signos de los tiempos demandan de nosotros responder a varias preguntas importantes.

 

1.¿Qué es la Tolerancia? No es el relativismo práctico como creen muchos hoy imbuidos por el espíritu de la trasnochada y funesta “alianza de civilizaciones”. El relativismo afirma que la no existe la verdad. Por lo que incurre en una contradicción en los términos. Pues sino existe la verdad, ya existe una: “No hay verdad”. La tolerancia en tanto que virtud no puede estar a la servicio de la necedad. La tolerancia es pues hija de otro supuesto teórico: la verdad se impone por sí misma. La verdad existe. Pero se descubre. Y no podemos pretender que los demás la descubran a la fuerza. La verdad nos enamora. Y nadie puede ser enamorado violentamente. Pues tal enamoramiento sería fingido pero no real. La tolerancia reclama dar espacio y tiempo para que cada cual pueda descubrirla y enamorarse progresivamente. La tolerancia respeta la libertad. Mientras que la verdad seduce la inteligencia. Y una vez seducida la mente, entonces ella conduce la libertad por la senda de la verdad. Nadie puede convencer a nadie de nada. Cada cual se convence solo de lo que quiere. Nadie puede convencerte de nada. Tu te convences sólo: es tu derecho. La tolerancia sirve a tu derecho. Y garantiza la libertad del individuo en el camino hacia la verdad.  De ahí que la conciencia individual sea tan sagrada. Pues es el recinto donde la verdad enamora a la persona para que libremente pueda entregarse al que la enamora.

 

2.¿La moda es un criterio de vida? En el vestido o el acicalado si se quiere sí. Pero no al precio de sentir vergüenza por no dejarse conducir por ella. En el caso de la vida cristiana la moda no rige. Pues grave sería que por bochorno dejásemos de seguir a Cristo. No se puede ser como el “vicente” que va donde va la gente. Si las gentes les dan la espalda a Cristo ¿se la daremos nosotros?. Una vez me dijo mi madre si dejaría de ser cura porque el político de turno no veía bien al clero. Recuerdo que aunque le  causé dolor le dije: No mama, en ese caso, me iré de España. La moda no puede regir en lo que nos hace ser lo que somos pues de lo contrario dejaremos de ser personas para ser marionetas en manos de los “Boris” del momento. Santiago nuestro patrono no lo hizo. Y le costó la vida. Pero fue el mismo, y no la sombra que otros pretendían que fuera. 

 

3.¿las  sectas son un fenómeno nuevo en la vida de la Iglesia? No. Es necesario no confundir España con el mundo y con toda la historia. Cuando se leen con detenimiento las cartas apostólicas, las mayorías de las veces vemos que los apóstoles discuten con gentes, con grupos que desde interpretaciones erróneas del evangelio tratan de confundir a los que no participan de sus opiniones. O sea que lo que hoy nos resulta novedoso a los españoles, acostumbrados a vivir en cristiandad católica, es tan viejo como la misma Iglesia. Ya se nos olvidó a los hispanos la vigencia del arrianismo en estas tierras nuestras cuando nos mandaban los visigodos. Tampoco nos acordamos de la dominación musulmana. Y como la reforma protestante aquí no tuvo mucho impacto, solemos olvidar que los otros credos a veces han causado en los apóstoles muchos quebraderos de cabeza. De ahí que la formación en el misterio de Cristo muerto y resucitado sea fundamental si al creer queremos hablar. Pues sin ser capaces de dar razón de nuestra esperanza duraremos poco en medio de una realidad multicultural, sólo novedosa para nuestra España que tanto ha cambiado de un tiempo a esta parte. De modo que si no te fortaleces formando tu fe. Ésta no resistirá nada. Y muchas veces los avatares que hay que afrontar ponen patas arriba todo lo que creemos si nuestra fe no vive formándose permanentemente. Es difícil en medio de tantas voces no perder tu propia identidad. Si alguien es profético para esta situación es Santa Teresa de Calcuta. Pues inmersa en el marasmo cultural y religioso de la India, enormemente plural y sincretista, brilló como nadie en esta época nuestra como discípula de Cristo iluminada por el Evangelio. Y sin ofender a ninguna otra convicción. Inmersa en la fortaleza de una fe formada en el amor de Dios que la convertía en amor para los demás. De modo que no son las sectas un problema sino nuestra falta de formación por profesar un credo religioso por costumbre o por tradición vacía de convicción y formación. Esa es hoy como ayer la causa de nuestra confusión.

 

4.¿Es bueno hacer carrera en la Iglesia? Mucha gente no es nada en los ámbitos político, social, económico o cultural. Y ansiando notoriedad vienen a la Iglesia a pretender “ser alguien”. Están rotos pues su autoestima es escasa y necesitan ejercitarla en este ámbito ejerciendo de pequeños “caciquillos”. Y suelen crear conflicto con los demás pretendiendo imponer su visión o su forma de entender las cosas o su “espiritualidad” o …. lo que sea que le permita ser el ombligo del mundo en torno al cual giren todos los demás. No saben convivir. Desconocen la comunión o sea la unión de los que son diversos en el amor. Y no quieren servir, sino ser servidos por los demás. A modo de pequeños faraones revestidos de puritanismo y pietismo. Tales seres se buscan a si mismos y no a Dios ni a los demás. Ni que decir tiene que algunos eclesiásticos también funcionan así. Y se predican a sí mismos y bajo pretexto de hacer el bien a la Iglesia, aspiran a tener un “carguico”. Y como decimos en Murcia: “si quieres conocer a fulaníco dale un carguico”. Normalmente al ser tan narcisistas se vuelven canallescos, siniestros y hasta inhumanos con los demás. Pues ajenos a la empatía por los demás sólo piensan en sí mismos. Se identifican con Dios y como un Dios tiránico que no amoroso, se comportan con los demás. Se buscan a sí mismos. Pero el Evangelio va de otra cosa. Va de negarse a sí mismo por amor extremo a los demás. De dar la vida. De dar antes que de recibir. De ponerte a lavar los pies. De olvidarte de ti mismo. Va de cruz. De entrega total hasta dar la vida. Así que no nos dejemos guiar por los que sedientos de poder quieren hacer de la Iglesia una plataforma de dominio político, social, económico o cultural. Normalmente son fruto de   gentes rotas con heridas afectivas brutales que creen erróneamente que en la dominación van a curar sus heridas. Y sólo atraen para sí males mayores. Pues como neuróticos que son, solo  neurotizan su ambiente. Lo más parecido a muchos políticos son este tipo de cristianos y eclesiásticos equivocados. Pues hacen de su Dios su propio EGO.

 

5. ¿Por qué no todos comen y a todos les sobra?¿Por qué hay tanta desigualdad? ¿Acaso Dios nos ha destinado a unos al gozo y a los otros a la miseria? Pues no. Sólo ocurre que su voluntad que si se hace en el Cielo, en la tierra no siempre se realiza. Nuestra libertad personal decide eso. Los bienes han sido creados por Dios para el disfrute universal de todos los hombres. Si bien los seres humanos llevados de la herencia de Caín solemos pensar que los sufrimientos ajenos no son nuestros, puesto que no somos el guardián de nuestro hermano. Por eso vivimos como tribus. Divididos en clanes. Ahora los llamamos países o naciones. Pero uno estamos llamados a ser. Pues tenemos un solo Señor, una sola fe, un solo Bautismo, un sólo Dios y Padre. Dios lo penetra todo, lo invade todo, lo trasciende todo. De modo que sólo si nos globalizamos en el amor y construimos una sola familia humana lograremos que se corrijan problemas globales como la desnutrición de muchos u otros grandes problemas de nuestro tiempo. Pues son problemas globales y no locales. Y por tanto requieren de soluciones globales. La historia nos impele en ese dirección pero como necios muchas veces, en vez de buscar la unidad de todos, nos gozamos y empeñamos en levantar nuevas fronteras para legitimar nuestros pequeños egoísmos con palabrería nacionalista de distinto tipo. En España de eso sabemos mucho. Y más que hacer más España lo que tenemos que pensar es en hacernos Europa y después mundo. Pero siempre hay gente que cuando la historia quiere despegar, ellos se empeñan en hacerla caminar en la dirección contraria. 

    Para globalizarnos y lograr la unidad de la familia humana, necesitamos poner nuestras vidas y nuestros bienes aunque sean pocos en las manos de Jesús. No porque debamos crear el partido “jesuitino”, pues Cristo renuncio a ser proclamado rey al modo humano, sino porque Él nos enseña el Bien Común. Y es ese valor inmenso que nace de la fraternidad el que educa la libertad para construir la igualdad. De modo que si le hacemos caso a Jesús todos comerán y a todos les sobrará.  No así si seguimos los impulsos de ciertos egolatras panfletarios muy de moda. Ellos creen que la igualdad es hija del odio. Y no de la fraternidad. Los oyes hablar y son tan apasionados que resultan “sangrinos”, y por eso con facilidad se vuelven “sangrientos”. Por esa vía sólo reproduciremos los errores del siglo XX. Y particularmente en España nos sumergimos en un error clamoroso en el primer tercio de ese siglo. La igualdad nace del amor fraterno pues sólo desde él la libertad consiente sin caer en la dinámica animal del conflicto por pura territorialidad que te conduce a enseñar los dientes a quien consideras tu contrario. Y la destrucción no multiplica panes, al contrario los hace desaparecer y lejos de saciarnos nos condena a todos al hambre. Por mi querida madre hoy difunta se que la falta de pan marcó toda su infancia y su primera juventud al nacer en la dura postguerra española. 

 

6.¿Orar merece la pena? Sí. La oración es un tesoro que se descubre. Una perla valiosa que te hace dejar de lado todo lo demás. Pues te regala el amor de Dios. En ella lo encuentras. Miras su amor y Él te mira con amor. Y saber que  Dios te ama ilumina tu rostro. Es decir te infunde alegría, esperanza, fortaleza, paz y amor. Una vida oscura es una vida triste, desesperada, miedosa, angustiada e inquieta y esclava del egoísmo y del odio. El amor de Dios que encuentras en la oración te libera del nihilismo que oscurece tu vida. Si no oras o estás ciego o eres tonto. Así de simple. Sin espiritualidad tu vida camina vacía y hacia la nada. Pues todo lo que adora se torna perecedero. Merece la pena orar. Marta aprendió que era lo importante porque se lo enseñaron Jesús y su hermana María. Ojalá y que nos pase a nosotros lo mismo. 

 

 Hermosa manera de entender nuestra vida en estos tiempos presentes, valorando los signos de nuestros tiempos a la luz de su Palabra. Sin responder estás preguntas, malos católicos seremos hoy en España. Que Santiago nuestro amado apóstol y patrón, por tantos olvidado, nos guíe en el sendero de la vida con su preciada intercesión. Así Sea.

 

Andrés Presbítero

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