Andros presbítero Mysterium vitae
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CRISIS Y "SITUACIONES LIMITE" ¿HAY ESPERANZA?

Del libro: TIEMPOS DE CRISIS

CRISIS Y “SITUACIONES LÍMITE”. ¿HAY ESPERANZA?.  

 

1. Una crisis es algo muy serio. Pues en las crisis siempre tendremos la posibilidad de crecer o la de perecer. Las crisis son de diversa naturaleza. Unas son personales otras sociales. Y estas últimas siempre al final se vuelven personales porque enrarecen la vida de todos, ya que lo queramos o no, todos pertenecemos a una sociedad y sin ella nuestra vida no sería posible. Y mucho menos como lo es. 

    Dentro de las sociales se nos pueden ofrecer crisis de naturaleza económica o política o incluso culturales. Pero por afectar a una inmensa mayoría de personas las llamaremos “sociales”. A veces estas crisis sociales afectan a todo a la vez. Una crisis replantea nuestras forma de pensar, de sentir y de actuar. Nos pone a prueba. Y nos hace recordar que vivir en el mundo requiere de una enorme fortaleza.  Pero a veces por desgracia, no es la fortaleza la que se apodera de nosotros ni tampoco la creatividad sino la desilusión y hasta la angustia. Y pensamos que el futuro es imposible. ¿Optimismo o pesimismo? Esa es la cuestión. 

    Razones a favor del optimismo encontramos si pensamos que pertenecemos a un género: el humano, que ha superado una y mil pruebas desde que vive en la tierra. Pues todos los aquí presentes somos hijos de los que resistieron la famosa peste negra que tantos y tantos seres humanos mató. Así que en principio parece que somos capaces de mucho más de lo que nos pensamos. Una sabía amiga mía me decía con su nieto muerto en los brazos que “no le pidas a la vida que te de lo que puedes aguantar pues Andrés, podemos aguantar mucho”. 

    Razones a favor del pesimismo también encontramos: Los dinosaurios se extinguieron. Y ¿a ver por qué no podría pasarnos a nosotros lo mismo? Después de todo según piensan algunos, somos seres destinados a morir, a desaparecer. Y esto es según ellos lo natural. 

    De modo que la encrucijada ante la crisis parece que permanece. ¿Optimismo? ¿Pesimismo? ¡Misterio! 

 

2. Hoy son muchos los nihilistas que nos acompañan. ¿Y quienes son estos? los que piensan que todo esto que llamamos vida es para nada. Los que nos animan a disfrutar del momento y a pasar de todo porque al final nos espera la nada. Polvo somos y en polvo nos convertiremos. No tenemos más que el instante y nada más. Si bien, tal modo de pensar no siempre nos permite “disfrutar” de la vida. Pues hay instantes en los que perdemos realidades que amamos: personas, cosas, oportunidades, ocasiones de gozo,  salud, juventud, un hijo y hasta la vida. Y así resulta imposible aprovechar el instante. El “carpe Diem” tiene las patas cortas. Y la clave está en que amamos. Nos amamos a nosotros mismos, y cuando no lo hacemos nos herimos. Amamos a los demás y cuando no lo hacemos entramos en conflicto. Y amamos la vida, el mundo o el universo, la existencia en general, y cuando no lo hacemos nos deprimimos. Funcionamos cuando amamos. Y es imposible ser feliz si se ama en este mundo porque la mayoría de las veces lo más amado se pierde o está amenazado de perderse. Un pensador llegaba a decir que tener hijos era lo peor que podíamos hacer pues era exponerles a este lugar aterrador llamado mundo y además nos exponíamos nosotros al infierno de perderlos en cualquier instante y por cualquier motivo. De manera caótica.  Parece pues que la evolución ha creado un ser capaz de amar y por eso incapaz de encajar en esta realidad que destruye lo amado. El amor nos impide adaptarnos a un mundo que no respeta lo que amamos: ni a mi, ni a los demás, y ni siquiera a la vida, pues hasta el bosque de tus sueños puede ser destruido por el fuego. La evolución con nosotros lejos de haber creado un ser adaptado a este mundo lo que ha hecho es dar a luz a un ser inadaptado. El amor nos desclasa del mundo en que vivimos. Y nos convierte en seres que sólo serían capaces de ser plenamente felices en la eternidad. Pues sólo si lo que amamos fuese salvaguardado desaparecería la ansiedad de nuestro corazón. La ansiedad por perderlo. Pero la eternidad ¿es un sueño imposible? En este mundo parece que sí. Con la muerte acaba todo dicen algunos. Pero no se han muerto o sea que tampoco lo saben. Es lo que creen. Son tan creyentes como los que piensan que con la muerte empieza todo. No se han muerto. Tampoco lo saben. La verdad es que la muerte en sí misma, para los que no la vivimos, es un enigma. De nuevo el “misterio” nos cerca. 

 

3. Esto de vivir parece un misterio. ¿Lo es?. Una vez me preguntó un viejo amigo junto al mar ¿qué somos Andrés? y yo le contesté: Un misterio compartido. ¿Quienes somos? ¿Donde vamos? ¿tiene sentido lo que vivimos? ¿Estamos solos? ¿que tenemos que hacer? ¿somos verdaderos, buenos y bellos? o ¿somos una mentira, algo malo (un virus dicen algunos -vease Matrix) y un feo error del destino ciego y azaroso? ¿Por qué existe el ser, o sea todas las cosas y realidades que nos rodean, y no más bien la nada? ¿Qué es la vida? ¿Somos relevantes o irrelevantes?. Miles son las preguntas. Y responderlas es una empresa poco menos que imposible. Toda la historia del pensamiento humano son un conjunto de respuestas a esas preguntas, y todas resultan cuestionables. Ser o no ser, decía Hamlet. Esa es la cuestión, se respondía. Y es que nuestra razón e incluso nuestra ciencia, no son capaces de responder taxativamente estas cuestiones. No hay respuestas absolutas. Hoy muchos empiezan a pensar que nuestro mundo está enfermo de cáncer, y creen que nosotros los seres humanos, somos células cancerígenas que estamos matando el mismo mundo que nos ha creado pues envenenamos los océanos, contaminamos el aire, expoliamos todos los recursos, destruimos los bosques y las selvas, matamos a los animales y los extinguimos. Algunos creen que lo mejor que podría hacer el mundo es eliminarnos. Estamos enfermos de egoísmo. Algunos demuestran que la misma crisis desatada en el 2008 es la manifestación de que el egoísmo sin escrúpulos ha sido la causa del debacle financiero. Hasta películas se han hecho que exponen esta idea.  Otros creen posible construir un futuro sostenible. Piensan que somos demasiado maravillosos para terminar así. Piensan que somos una cumbre genial del proceso evolutivo y que simplemente tenemos que aprender a conducirnos de manera adecuada para asegurar nuestro futuro. Y que en gran medida somos dueños de nuestro destino. ¿Ilusos o acertados? De nuevo, el misterio. El infranqueable misterio en el que somos y del que no podemos salirnos. Preguntas. Somos hijos del misterio. ¿Nos aguarda la plenitud o nos aguarda la nada?. Misterio, siempre misterio.

 

4. Mientras vivimos afrontamos “situaciones límite”. O sea afrontamos situaciones que no podemos cambiar. Que escapan a nuestro control. En medio de ellas nos sentimos impotentes y desesperados. Esas situaciones nos hacen pensar, nos hacen replantearnos todo. En las crisis “replantearnos la vida” es una necesidad muchas veces brutal. Luego esas situaciones “pasan” y nos adormecemos otra vez sumergidos en la ausencia de reflexión. Nos alienamos una vez más pero no porque nuestra situación haya cambiado sino porque ha cambiado nuestro presente. Solo eso. Y hasta una nueva ocasión podemos permanecer así. Dormidos. Esas situaciones límite son la experiencia del mal en las propias carnes, bien porque nos la causen otros bien porque nos la causemos nosotros mismos. En esa experiencia el miedo, la culpa y la vergüenza se apoderan de nosotros. El sufrimiento en todas sus vertientes y la muerte propia o la de los seres que amamos, son conflictos  que nos abocan a estas crisis. Son las situaciones límite por excelencia. La experiencia del caos que rompe nuestra vida, que desbarata nuestros “cosmos habitual” es una situación limite por excelencia. Y esta situación conlleva una enorme dosis de angustia porque nos pregunta ¿que hacemos? Y la respuesta no es fácil de encontrar y el margen de error en su resolución resulta muy grande. De nuevo el misterio. Las situaciones límite nos permiten tocar el misterio que somos. Nos despiertan del letargo en el que vivimos alienados, porque consideramos que las cosas son como son, que podemos controlarlo todo en nuestra vida. Pero el caos nos demuestra que no es así. Que no tenemos nada seguro. Que la seguridad no existe. Y entonces la felicidad nos parece un sueño imposible de alcanzar. El misterio es tozudo. No le podemos dar esquinazo. Pero el misterio no es ni optimista ni pesimista es sólo misterio. El optimismo o el pesimismo dependerá de la respuesta que demos nosotros. Las crisis, lo único que demuestran al sumergirnos en situaciones límite es que vivimos inmersos en un misterio tremendo donde controlamos mucho pero no todo, y no siempre lo más importante que tendríamos que controlar. 

 

5. Entonces misterio. ¿Es eso todo?. ¿El misterio está mudo?. Jesucristo dice que no. ¿Quién es ese? Aquel del que nos dan cuenta los evangelios. Esos textos escritos por quienes lo vieron, lo tocaron y lo siguieron. Pablo, uno de ellos, nos dice en sus cartas muchas veces, que el misterio ha hablado. Testigos de la luz ha habido muchos en la historia: pensadores, personas religiosas, profetas, sabios, maestros. Toda la historia humana puede interpretarse como el esfuerzo intelectual y existencial de encontrar fundamentos para el hecho de estar vivo. Pero cuando conoces a Jesús, El se empeña en decirnos que no es un testigo más de la luz. El se presenta como LA LUZ. No dice de sí mismo que sea un hombre de Dios más de los muchos que ha habido. El dice que es Dios hecho hombre. O sea: el misterio que se hace carne y nos habla para darse a conocer a sí mismo. El misterio que elige la condición humana para revelarse en condiciones de debilidad tales que podemos decirle que no. Pues su propósito todo el tiempo pasa por no suspender nunca nuestra libertad. Y para eso es preciso que no se imponga, sino que se proponga. No quiere obligarnos a nada, solo quiere invitarnos. Por eso lo podíamos eliminar y así lo hicimos según nos cuentan los mismos evangelios. Pero esos textos ¿no serán una mentira más? Pues hombre los embusteros no suelen dejarse matar por sus mentiras. Y la inmensa mayoría de los que los escribieron murieron por mantener que sus palabras, la narración de estos hechos, era cierta. Eso da que pensar. Los mártires acompañan a los evangelios por doquier. Uno descansa en nuestra parroquia y se llama Fortunato. Y como él desde el inicio de esta andadura los hay a cientos cuando no a miles. Jesús murió por vivir y decir que Él era uno con el Padre Dios: “YO Y EL PADRE SOMOS UNO”. Eso le costó la vida. Y no se echó atrás. No es un sabio o un maestro que haya muerto de viejo en una cama y cobrando una pensión. Murió en plena juventud. Y de una manera terriblemente cruel. Pasó todas las situaciones límite que podamos imaginar: experiencia del mal, sufrimientos y muerte de los suyos, y propia. Y las afrontó sin perder en un momento su esperanza. La esperanza siempre fue su fortaleza. Para Jesús, la felicidad no fue un imposible. Fue un hombre feliz. Fue un hombre libre. Si lees los evangelios te darás cuenta de ello. Para El la felicidad consistió en la capacidad de no perder la esperanza en medio del sufrimiento. Mantuvo la esperanza contra toda esperanza en medio de todas las situaciones límite que le toco vivir. No se dejó dominar por el miedo aunque lo experimento en aquel lugar oscuro llamado Getsemaní, instantes antes de morir. No se desesperó en el calvario aunque fue tentado en su agonía, y su renovada confianza le hizo mantener la esperanza. Lo dejaron sólo. Pero El supo siempre que no estaba solo. El Padre siempre estaba con Él. Movido por el Espíritu de Dios según el nos contó, creció en la esperanza sin cesar, por duras que fueran las situaciones limite que lo asediaban. En medio de las crisis oró sin cesar al Padre, y en ese vivir de cara al Padre, encontró la esperanza, que nosotros necesitamos para encarar el misterio que somos. Y nos enseñó que el misterio, que las crisis, que las situaciones límite hay que encararlas siempre con esperanza para no perder el rumbo. El fue, es y será el sol de la esperanza frente a la noche del sinsentido inherente a las crisis y a las situaciones límite. La plenitud de la esperanza frente a la carencia de plenitud propia de la desesperación y la angustia. Una vez les enseñó a sus seguidores que manteniendo la fe en que no estamos solos, en que todo tiene sentido, éramos capaces de vencer cualquier tempestad por dura que esta fuera. El caos de los elementos no pueden acabar con nosotros si somos capaces de mantener la fe. Inmensa grandeza la suya. Y es la fe en que todo tiene sentido, en que no estamos solos, en que somos relevantes porque todo un Dios nos ama, lo que engendra una esperanza que nos hace fuertes para no claudicar. Para no dejarnos arrastrar por la corriente vertiginosa de las crisis y las situaciones límite. Pues si lo hacemos la corriente nos ahogará. Si mantenemos la fe y la esperanza que el tuvo venceremos cualquier suerte de tempestad. 

 

6. Ya. Pero ¿murió no?. Murió sí. Murió de una manera especial. Vivió creyendo y esperando. Y sobre todo murió amando. La fe en que el Padre vivía y al Padre volvía. La esperanza en que la muerte podría destruir su cuerpo pero no su identidad. El amor hasta dar la vida por todos los suyos pues si no ellos no sabrían encontrar la senda de la esperanza lo hizo morir como murió. Murió para que nosotros hoy tuviésemos esperanza en medio de las crisis y las situaciones límite que vivimos. Murió para que el nihilismo y el oscuro pesimismo que conlleva no se apoderasen de nosotros. Y al amarnos así, hasta el extremo, un romano que lo vio morir dijo: “Realmente este hombre es el Hijo de Dios”. PORQUE NADIE ES CAPAZ DE AMAR ASÍ SI NO ES DIOS. Hasta ese extremo no. Imaginaos: viene a enseñarnos el camino de la esperanza y nosotros nos sentimos neciamente amenazados por Él. Los evangelios lo cuentan. Su modo de vivir esperando cuestionaba toda nuestra existencia desesperada. Nuestro egoísmo brota como una defensa ante una vida que no controlamos, que siempre resulta insegura, y nos lleva a pensar que los acertado es vivir conforme a la máxima: “¡Sálvese quien pueda!”. Ante el egoísmo el mostró que lo propio de la esperanza es vivir amando: “¡Sólo nos salvaremos si nos salvamos todos!”. Porque todos somos verdaderos, buenos y bellos, y no sobra nadie. Pues bien, a pesar de todo: Lo matamos. Y no de cualquier manera. Si ves la película la pasión verás que horror le ofrecimos. Y aún así, en la cruz, El nos amó. Y nos hizo sentir que aunque lo tratásemos así, El no dejaría de amarnos nunca: “Perdónalos Padre porque no saben lo que hacen”. Son esclavos de sus necios miedos. Y no ven más. Por eso aquel centurión romano lo entendió todo a sus pies. Nadie de este mundo ama hasta ese extremo. Pablo, que persiguió a Jesús y los suyos, también lo entendió y descubrió que la Cruz era la mayor muestra de amor que ha existido nunca. Por eso puso su vida a los pies de ella, y nos enseñó que “nada ni nadie puede separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo”. Mateo el Evangelista lo dijo de otros modo: “su amor estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo”. ¿El amor de un muerto? No. El amor de uno que estuvo muerto y ahora vive por los siglos. Por eso su amor lo penetra todo, lo invade todo, lo trasciende todo. Su amor es el mismo ayer y hoy y siempre. Su amor VIVO nos apremia. El resucitó. Sí. Sus discípulos no se lo creían. El les llegó a echar en cara su incredulidad. Así se narra en los evangelios. A raíz de que encontraron su sepulcro vacío al tercer día de morir y a raíz de que lo vieron resucitado su vida les cambió por completo en unas pocas horas. Por la situación límite de verlo morir que  vivieron se convirtieron en personas llenas de miedo, de llantos, de dudas, de desesperación y pesimismo, de nihilismo y de incredulidad. Y Él, al manifestárseles vivo y resucitado, al mostrarles que su amor era más fuerte que la muerte, les hizo arder el corazón y los volvió a reunir, y los hizo fuertes frente a sus miedos, alegres frente a sus llantos, sustituyó su angustia y sus dudas por la paz, y frente al nihilismo les dio sentido, y frente a la incredulidad suscitó en sus corazones la fe. Los llenó de esperanza. Y les mostró que tras el misterio lo que nos aguarda es el amor en plenitud. La vida eterna de la que les dio testimonio es la vida en Dios. Dios es amor. Y cuando Dios lo sea todo en todos, el amor de Dios lo será todo en todos. El Reino de Dios que el anunció es el fruto de la fe, de la esperanza y del amor que el vivió con nosotros y que venció la muerte en El. ¡Oh maravilla! ¿Es cierto esto? Porque si es cierto este misterio que vivimos y que somos termina en gloria. Y la crisis no nos hará perecer si no crecer. Y la esperanza nos hará sortear el veneno de las situaciones límite. Por ello descubrieron ellos que si no perdían la esperanza cuando encaraban estas situaciones límite entonces podrían ser felices en medio de este misterio. El misterio habló. Y no solo eso, el misterio nos ha amado. Sí hasta el extremo. Sin medida. Así es como el misterio se nos ha dado a conocer. Y yo no soy quien para discutir lo que el es y será. 

 

7. Yo ahora elijo. Algunos dicen: cuentos. Tenéis sed y os inventáis el agua. Pero yo con Jesús les respondo: ¿qué es antes la sed o el agua?. Si el amor nos hace ser felices sólo si somos eternos, entonces estamos enfermos de eternidad. Y si la eternidad es nuestra sed, pues tenemos sed de infinito porque amamos, ¿no será porque el agua de la eternidad nos precede?. No es irracional. No es anticientífico. Que está más allá de lo que la razón y la ciencia nos pueden decir, pues claro. Ellas trabajan a este lado del misterio. Es más son una manifestación del misterio que se hace consciente de sí mismo. Pero hasta ahí pueden llegar. Pero no es contrario a la razón y a la ciencia creer, esperar y amar lo que el misterio mismo nos enseña. Yo ahora tengo que optar. Puedo decidir ser como Judas que comulgó en la última cena pero no pensaba ni sentía como seguidor de Jesús y fue lo vendió porque optó por el egoísmo. Puedo decidir ser como el primer Tomás que pensaba y sentía como Jesús pero que no participaba en los encuentros con el Resucitado que fueron las primeras eucaristías. Y por ello quería ver y tocar. Pero viendo y tocando no se va más allá del misterio. Te estrellas con él una y otra vez. O puedo ser como los saduceos que creen en un Dios de muertos que les da suerte en este vida que empieza y termina, pero sin creer en el Dios de vivos y en la Resurrección. O puedo ser como Pilatos y vivir mi vida pensando que no existe la verdad, que todo es mentira y un sinsentido. O bien puedo vivir como Pablo que decía que para él la vida es Cristo, y que decía: “ya no soy yo quien vive es Cristo quien vive en mí”. ¿Qué quiero ser y que quiero hacer?. El infierno del sinsentido es una posibilidad real. La gloria del sentido es una posibilidad real. El mundo es un modo de existir fuera de Dios (de ahí el mal pues fuera de Dios supone existir fuera de la plenitud) para que yo sea realmente libre ante Dios y pueda decidir si quiero amarlo y dejarme amar por él, para poder elegir si acepto el regalo que me hace por amor. Su amor me da libertad para elegirlo y me seduce en el respeto a mi libertad, pues sin ella no habría amor verdadero. Por eso decido si yo quiero vivir en él, moverme en él y existir en él. Mi mérito es responder a su amor que me motiva. Si decimos sí: en su amor vivimos nos movemos y existimos si nos dejamos conducir por él. Haz del amor de Jesús tu camino, tu verdad y tu vida. Y su esperanza será tuya. Algunos dirán: Eso no podemos hacerlo. Él era Dios y nosotros no. ¿Quien te lo ha dicho?. El quiere que tú seas también uno con el Padre como Él lo es para que Dios lo sea todo en ti y su vida pueda ser la tuya. ¿Como será eso posible? nos podemos preguntar con María la madre de Jesús. Al resucitar compartió lugar y tiempo con sus seguidores durante cuarenta días. Pablo da testimonio de ello en su precioso capitulo 15 de la carta a los Corintios. Pero después se adentró en Dios. Si Jesús hubiese seguido entre nosotros solo podría estar con unos cuantos, aunque su cuerpo glorificado nos acompañará. Es lo que tiene existir en este mundo. Por eso desde el Padre volvió a los cincuenta días de resucitar. Hecho Espíritu Santo. Y así como el aire, siendo inmensamente grande, es capaz de estar con todos a la vez y de llenarnos con su vida. Y hace posible que nuestro corazón lleno de dudas y de miedos se llene de fe y de confianza en todas nuestras crisis. Así posibilita que nuestro corazón angustiado y desesperado se llene de esperanza y fortaleza. Y así los nos libera del egoísmo y nos llena de su amor infinito. Su vida se vuelve nuestra y la nuestra suya. Sin su Espíritu ese cambio en nosotros sería imposible como no se explicaría sin ese Espíritu el cambio de vida en sus seguidores tras su muerte en la Cruz.  Creer en Dios es aceptar su amor manifestado en Cristo. Esperar es saber que su amor actúa y actuará porque es real. Y amar el amor es amar a Dios. Si no creemos en su amor, si no esperamos en su amor, si no amamos el amor crucificamos a Cristo y lo sepultamos. Pero eso depende de ti y de mi. El mal no existe ante la plenitud de su amor. Los evangelios lo muestran a cada paso. Así que si crees en su amor  no habrá crisis ni situación límite que pueda contigo, y el nihilismo y su pesimismo no te envenenarán. Por eso hoy te digo a ti que me escuchas: ¿Estás en Crisis? ¿atraviesas una situación límite? ¿te muerde el nihilismo y su cultura de la muerte? Lee los evangelios, escucha a Jesús, llénate de su amor gratuito, de su Santo Espíritu y lo conocerás, lo amarás y lo seguirás. Descubrirás al AMIGO, al mejor de los amigos. Y más allá de las crisis sabrás lo que es vivir en plenitud en medio del maravilloso misterio que supone estar vivo.

 

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