Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

HIPOTESIS ANTROPOLOGICAS

Del libro: INTEGRISMO, RELIGIÓN Y MÍSTICA

HIPÓTESIS ANTROPOLÓGICAS

 

            Lo que escribo a continuación es el resultado de diversas intuiciones que he ido teniendo conforme leía diversos libros. Estas intuiciones sólo me atrevo a formularlas como hipótesis que precisan ser discutidas. En ningún momento las planteo como conclusiones de una reflexión serena. Simplemente son pistas de pensamientos, enfoques a considerar para aceptar, discutir o rechazar. En cualquier caso nos permitirán abordar cuestiones acerca del hombre que siempre resultan de interés para un creyente que piensa.

 

HIPÓTESIS PRIMERA

            ¿Realmente  no existe finalidad en el universo? La finalidad en el universo no podrá demostrarse pero sí que puede sospecharse. Si bien esa finalidad no se observa en la concreta evolución humana (Cosa que estudiaré en una hipótesis posterior), en términos cósmicos es más que sospechable. Con el “Big Bang” comienza un proceso que termina aquí. En un planeta raro donde los haya. Esta isla entre mundos inertes. En la que es posible la habitabilidad y además donde la inteligencia goza de una atalaya, donde la observabilidad alcanza grados asombrosos en todos los órdenes. Este microuniverso que es la tierra, depende para su existencia de un hecho más que curioso. Cuatro leyes o fuerzas físicas: La fuerza nuclear, la fuerza electromagnética, la fuerza de la gravedad y la fuerza débil, una vez enfriado el universo, comenzaron a actuar e intentaron las primeras combinaciones de la materia. “Y hoy, sabemos que en todas partes son las mismas, de aquí a los confines del universo, y que no han cambiado en absoluto desde el Big Bang. Algo desconcertante en universo donde todo cambia… Si estas leyes fueran levemente distintas, el universo jamás habría salido del caos inicial. Ninguna estructura compleja habría aparecido. Ni siquiera una molécula de azúcar.” (La historia más bella del Mundo, Hubert Reeves, pag 39). La tierra es la que es, gracias a la acción de estas leyes o fuerzas. Pero además, la tierra es la que es, gracias a otro hecho curioso. La distancia respecto del sol es la adecuada. Y ello ha permitido que los rayos ultravioletas e infrarrojos pudiesen desencadenar reacciones químicas y a la vez que no quemasen los productos resultantes de las mismas. Y además, este hecho ha ocasionado que los mismos agentes biológicos, fruto de tales reacciones, pudiesen ir adaptando progresivamente el ambiente para que pudiese existir la vida, hasta ser posible que nosotros estuviésemos aquí. No digo con esto que todo haya sido establecido para que fuésemos quienes somos y como somos, sino que afirmo que tal proceso ha ocasionado que nosotros estemos donde estamos y seamos quienes somos. No afirmo pues, que nosotros seamos el fin de ese proceso, sino su resultado. ¿Puede sospecharse que además seamos el fin? Claro. Cuesta el mismo trabajo que no hacerlo. Pero aquí nos situamos en el plano de las opciones interpretativas, no en el plano de las razones científicas. Pero las razones científicas tampoco pueden descartar las sospechas finalistas. Sólo que no pueden afirmarlas. De modo que estamos en situación de afirmar que la temperatura ha representado un papel fundamental en la configuración de nuestro macro y micro universo. Además, hay que añadir a todo este proceso, otro hecho curioso, desde los inicios, incluso en los instantes de la “previda”, la individualidad molecular empieza a ser una constante en el proceso. Podríamos afirmar que ya en los cimientos de la vida, todo estaba siendo configurado de modo que  el “individuo” tuviese en este micro universo terráqueo un protagonismo único. Cuando hablo de individuo no hablo de persona. La persona es el fruto de la autoconciencia, de la libertad y de la inteligencia, para eso aún habría que esperar mucho. Pues ese, es un fenómeno exclusivamente humano. Del mismo que al decir individuo, no excluyo, el hecho de que podamos llamar así, a sistemas de individuos que al agruparse dan lugar a un individuo mayor. Pero lo cierto y verdad es que la realidad biológica se edifica sobre ese concepto: individualidad celular, vegetal, animal, y después humana. Pero esta “sucesión de reacciones químicas que conducen a situaciones irreversibles y a nuevas propiedades…construye una historia al cabo de la cual estamos nosotros y que nosotros reconstituimos…no se trata de coincidencias…nos parece el resultado de una serie de coincidencias porque olvidamos los millones de pistas que no llegaron a nada. Nuestra historia es el único relato que podemos reconstruir. Por ello nos parece tan extraordinaria”. (La historia más bella del mundo, Hubert Reeves, pag. 93).

            En cuanto al principio de selección natural ¿Por qué no puede sospecharse que sea en sí mismo un proceso creativo? ¿Sólo porque los ateos maestros de la sospecha del siglo XIX opinan en sentido contrario? ¿Por qué sus opiniones han de excluir la racionalidad de que nosotros podamos opinar de otra manera? Opinión frente a opinión. No podemos excluir que tras todo este proceso pueda haber una intención, aunque sí debamos renovar nuestra comprensión de cómo se ha conducido dicha intención. El problema hoy no es tanto que haya o no haya una intención tras los hechos que se consideran, sino el modo como esa intención haya podido efectuarse. Determinadas individualidades insisten en considerar que el hecho de que la ciencia pueda explicarlo todo, hace innecesaria una opción trascendente de la realidad. Pero este modo de pensar es una petición de principio. Excluir sin más la trascendencia porque puede explicarse el “cómo”, es renunciar al hecho de que tras el “cómo” puede haber un “quién”. Y eso ningún “cómo” puede descartarlo. Al final la visión de la realidad desde la sola inmanencia, o la visión de la realidad en apertura a una posible trascendencia, será simplemente una opción previa, a veces inconsciente, que cada uno tendrá que adoptar.  

No poder excluir no significa afirmar. Simplemente supone no cerrar puertas que de por sí, no pueden cerrarse racional ni científicamente.  El hombre con su cerebro triple de reptil, pájaro y humano es toda una síntesis evolutiva. Todo el proceso evolutivo está reflejado en nuestro ser. Su complejidad y organización muestran la grandeza de esta “excepción”, que nace en África, de un único linaje, cuando aparecen las primeras plantas que tienen flores. El hombre nace como fenómeno a la misma vez que las flores. Y él, es un fruto de los misteriosos saltos evolutivos, que la selección natural ha ido desarrollando.

            ¿A dónde me lleva todo esto? Simplemente sospechar. Sospechar que todo este “cosmos” resultante de un “caos” originario puede encerrar razones profundas que legitimen su existencia. Parménides me lleva en este caso de la mano, pues como muy enseña, “de la nada no sale nada”. Aceptando como cierta la hipótesis de Dios, ¿Sería éste puro caos? Ahí sólo puedo decir que lo que para mí, humilde mota de polvo en el universo, es caos, para Dios, siguiendo el concepto tradicional que del mismo han elaborado distintas filosofías y teologías, es cosmos. Yo, simple parte del todo, no estoy presente en todas las variables y probabilidades. Pero según el concepto tradicional de Dios, Él, está presente en el todo y en cada una de las partes. Luego para Él, el caos, simplemente no existe, pues como el pintor, es capaz de hacerse cargo de todos los colores presentes en su paleta, y por tanto es capaz de elaborar, poco a poco su obra. Incluso, por qué no, de una manera abierta. Como después consideraré. Hasta aquí pues la primera hipótesis. Hay datos más que suficientes para sospecharlo todo ¿Por qué no? Salvo, claro está, que las opiniones de los ateos decimonónicos sean nuestros nuevos dogmas. Lo siento, sospechar más, también es moderno. Al menos sigue siendo legítimo en la modernidad.

 

 

HIPOTESIS SEGUNDA

            El hombre es un animal no terminado. Y por ello antes que un producto natural es un producto cultural. La selección natural en el caso del hombre cede rápidamente el testigo a la cultura. El hombre contraviene como producto, la lógica de la evolución, pues es un fruto de la misma totalmente atípico. No está especializado morfológicamente como el resto de los animales, sino que está, a medio camino, lo que le lleva a distinguirse por completo de todos los demás frutos de la evolución. En ese sentido es un producto único. Arnold Gehlen en su obra El hombre, es ahora mi compañero. Él nos enseña: “En efecto, morfológicamente, el hombre  en contraposición con los mamíferos superiores, está determinado por la carencia que en cada caso hay que explicar en su sentido biológico exacto como no adaptación, no especialización, primitivismo, es decir: no evolucionado; de otra manera: esencialmente negativo. Falta el revestimiento de pelo y por tanto la protección natural contra la intemperie; faltan los órganos naturales de ataque pero también una formación corporal apropiada para la huida; el hombre es superado por la mayoría de los animales en la agudeza de los sentidos; tiene una carencia, mortalmente peligrosa para su vida, de auténticos instintos y durante toda su época de lactancia y niñez está sometido a una necesidad de protección incomparablemente prolongada. Con otras palabras: dentro de las condiciones naturales, originales y primitivas, hace ya mucho tiempo que se hubiera extinguido, puesto que vive en el suelo en medio de animales huidizos ligerísimos y las peligrosas fieras depredadoras.

            La tendencia de la evolución de la naturaleza va, en efecto, en el sentido de adaptar formas orgánicamente muy especializadas a sus respectivos medios concretos. Es decir, aprovechar los medios surgidos en la naturaleza con una variedad innumerable, como espacios vitales para los seres vivos que se adaptaron a ellos. Las márgenes planas de las aguas tropicales y las profundidades oceánicas; las desnudas pendientes de las montañas alpinas nórdicas y el monte bajo con claros bosquecillos, son medios específicos para animales especializados, sólo capaces de vivir ahí; así como la piel de los animales de sangre caliente lo es para los parásitos y así sucesivamente en innumerables casos. Por el contrario, visto morfológicamente, el hombre no tiene prácticamente ninguna especialización. Consta de una serie de no especializaciones, que desde el punto de vista biológico evolutivo aparecen como primitivismos. Por ejemplo, su dentadura tiene una carencia de huecos, que es totalmente primitiva, y una indeterminación de estructura, que no pertenece ni a los herbívoros, ni a los carnívoros; es decir, a la mandíbula de un depredador. Con respecto a los grandes monos, que son animales arborícolas altamente especializados, con brazos superdesarrollazos para trepar y colgarse, que tienen pies para trepar, pelo por todo el cuerpo y poderosos colmillos, el hombre es un ser desesperadamente inadaptado. Es de una medianía biológica única en su género y se resarce de esa carencia solamente mediante su capacidad de trabajo o el don de la acción; es decir: con sus manos y su inteligencia. Precisamente por eso está erecto, circuí spectans (mirando a su alrededor) y sus manos están libres….La naturaleza no hace nada inútilmente, y al dar al hombre razón y libertad le negó los instintos…el hombre: carente de medios, carente de instintos, y dejado a sí mismo; tiene que elaborarse a sí mismo y encontrar en sí mismo como su propia obra la existencia como tarea y solamente la restricción de esta tarea a la adquisición de una moralidad juiciosa…nosotros tenemos en este momento el bosquejo de un ser carencial, desde el punto de vista orgánico, por eso mismo abierto al mundo, es decir, incapaz por naturaleza de vivir en un ambiente fragmentario concreto. También entendemos qué tiene que ver con aquellas definiciones de que el hombre sea no terminado o una tarea para sí mismo. La pura capacidad de existir de semejante ser ha de ser cuestionable y la simple permanencia en la vida un problema para cuya resolución el hombre ha sido dejado a sí mismo y ha de sacar de sí mismo las posibilidades. Esto sería pues el hombre práxico. Ahora bien, dado que el hombre es capaz de vivir, las condiciones para resolver el problema tienen que estar en él y si en él ya la existencia es una tarea y una difícil operación a realizar, esa operación o producción humana, ha de poder mostrarse a través de toda la estructura del hombre. Todas las facultades especiales humanas han de referirse a esta cuestión: cómo puede vivir un ser monstruoso; y así queda asegurado el derecho al planteamiento biológico del problema. Así pues, un examen biológico del hombre no consiste en comparar su fisis con la del chimpancé, sino responder a esta pregunta: ¿cómo puede vivir este ser que por esencia no es comparable a ningún otro animal?... el hombre ha de descargarse, es decir, transformar por sí mismo los condicionamientos carenciales de su existencia en oportunidades de prolongación de su vida…El pensamiento básico es que todas las carencias de la constitución humana (carencias que representan un enorme gravamen de su capacidad de vivir bajo las condiciones por así decir animales) son transformadas por el hombre, por sí mismo y con su acción, en medios de existencia, conjugándose así en último término el destino del hombre a la acción y su incomparable ubicación especial…Como consecuencia de su primitivismo orgánico y su carencia de medios, el hombre es incapaz de vivir en cualquier esfera de la naturaleza realmente natural y original. Por lo tanto ha de superar él mismo la deficiencia de los medios orgánicos que se le han negado y esto acontece cuando transforma el mundo con su actividad en algo que sirve a la vida. Tiene que preparar él mismo las armas de protección y ataque que le fueron negadas por la naturaleza, así como su alimento, que no se halla en modo alguno a su disposición. A este fin ha de hacer experiencia las cosas y desarrollar técnicas del tratamiento objetivo que corresponda a cada cosa. Ha de preocuparse de protegerse contra las inclemencias; alimentar y criar a sus hijos subdesarrollados durante muchísimo tiempo, y ya sólo por ese apremio elemental, tiene necesidad de la colaboración; es decir, de acuerdo. Para hacerse capaz de existir, el hombre está construido para transformación y dominio de la naturaleza transformada por él en algo útil para la vida se llama CULTURA, y el mundo cultural es el mundo humano…La cultura es pues la segunda naturaleza: esto quiere decir que es la naturaleza humana, elaborada por él mismo y la única en que puede vivir…en el caso del hombre, a la no especialización de su estructura corresponde la apertura al mundo…aquí está el motivo de por qué el hombre, en contraposición a casi todos los animales, no tiene una zona existencial geográfica natural e infranqueable. Casi todas las especies animales están adaptadas a su medio climatólogico y ecológicamente constante; sólo el hombre es capaz de vivir en todas las partes de la tierra, desde el polo al ecuador, en agua y en tierra, en el bosque, en el pantano, en las montañas y en las estepas…cultura (es): la totalidad de las condiciones de la naturaleza dominadas, transformadas y aprovechadas por el hombre mediante su trabajo y actividad, incluyendo las habilidades y artes descargadas, que sólo son posibles sobre aquella base.” Los instintos no son una realidad humana. Lo que en los animales son instintos en el hombre son pulsiones. Pero la pulsión, al contrario que el instinto, es frenable, puede ser retenida, y existe un hiato entre ella y la acción. Eso proclama que el hombre es libre y no está especializado en su origen, sino que su especialización consiste en ser susceptible de especializarse, de ahí, que el ser humano sea libre frente al entorno en el que vive, haciéndose a sí mismo, susceptible de vivir en él.  Lo que en el animal es un asunto periódico, en el hombre es algo crónico. ¿Será posible que en ello descubramos una capacitación de la naturaleza para que el hombre pueda vivir una dimensión de encuentro interpersonal en el sexo al margen de la procreación?¿No será indicativo de esta visión de las cosas el hecho de que en la mayoría de las ocasiones la mujer no esté ovulando cuando se mantienen relaciones sexuales? El sexo en el ser humano puede ser el lenguaje del amor, mientras que en el animal es meramente una actividad instintiva para procrear.

            “La reducción del riesgo físico…(es decir la especialización) no era el camino de la evolución hacia el hombre”, ni tampoco, “el camino de la evolución del hombre…el hombre, por su propia industria, saca de sus cargas elementales oportunidades para prolongar su vida, por cuanto sus operaciones motrices, sensoriales e intelectuales (vinculadas por el lenguaje) se impulsan mutuamente hacia arriba, hasta que se hace posible una conducción inteligente de la acción…El hombre no vive en una relación de acomodamiento orgánico o instintivo a cualesquiera condiciones concretas externas, sino que su constitución fuerza, pero produce también una actividad inteligente y planificadora, que le permite afrontar técnicas y medios para su existencia a partir de constelaciones muy arbitrarias de circunstancias naturales mediante una mutación de las mismas. Por eso le vemos vivir en todas partes, muy al contrario de las regiones geográficamente muy circunscritas de todos los animales especializados. Vive en los desiertos y en las regiones polares…El hombre puede todo esto porque, mediante una mutación planificada y previsora, se crea para sí su esfera cultural a partir de cualesquiera circunstancias existentes…el hombre por naturaleza (es) un ser cultural”. La evolución ha generado algo inesperado al dar a luz al hombre. “En efecto, los estados especializados son estados finales de evolución, y va en contra de todas las ideas biológicas el hecho de que los órganos primitivos procedieran de los ya especializados a través de una evolución regresiva…en cualquier teoría que haga proceder al hombre de un animal directamente y sin una hipótesis complementaria especial referente a esta cuestión, nos encontraremos ante la dificultad insuperable de tener que hacer proceder los estados primitivos (no especialización) de los avanzados (especialización). Incluso los grandes monos, los primeros a que se acude para buscar esa procedencia, están sobremanera especializados. Esta es la dificultad básica de la doctrina evolucionista cuando se refiere al hombre, siendo así que por otra parte, no cabe duda del estrecho parentesco entre hombre y mono. Esto hay que decirlo claramente de una vez. Cualquier teoría que no lo vea, se encuentra fuera del punto candente del problema. Mientras que es clarísima, por ejemplo, la procedencia de las aves a partir de los reptiles pérmicos, la de los hombres se halla siempre ante esta dificultad…el hombre, en su dentadura (respecto de los monos), ha permanecido asombrosamente originario, primitivo…para concluir, los homínidos y los antropoides pudieron proceder ciertamente de una forma común de antepasado, pero estos últimos se bifurcaron bien pronto e intentaron un camino propio de evolución, por cuanto que a consecuencia de una especialización unilateral perdieron los dispositivos concretos para cualidades específicamente humanas (De Adloff)”. De modo que “los primates, aún cuando procedentes de la misma raíz, no pudieron seguir el ritmo de esa evolución, permanecieron atrás y más pronto o más tarde intentaron otros caminos que los alejaron de la línea humana, de tal manera que en verdad (para decirlo de un modo grosero) el hombre no procede del mono, sino que el mono procede el hombre”. El homínido no procede del antropoide, sino que el antropoide es un desgaje del tronco homínido. Demostrar esto caso a caso, supondría incluir en este texto los numerosos ejemplos que Gehlen, expone en su libro. De ahí que más que eso, recomiendo a quienes tengan interés, su atenta lectura. Sólo incluiré otro punto de vista más del autor que me parece tremendamente interesante en torno a esta cuestión: “Todas estas propiedades (las humanas) son caracteres primarios (primitivismos) en un sentido muy particular: son estados o circunstancias fetales que se han hecho permanentes. En otras palabras: propiedades o circunstancias formales, que en los fetos de los restantes primates son transitorias y en el hombre se han estabilizado…por lo tanto en esta teoría aparece clarísimamente la carencia de especialización (típicamente no animal) del hombre, y se presenta, por lo que hace a la parte explicativa de la teoría, manteniendo el parentesco con los antropoides, mediante la tesis de la paralización de la evolución en la especie hombre…lo esencial de la constitución humana en su conjunto es el carácter fetal de las formas…lo esencial de la forma humana es el resultado de una fetalización; lo esencial del curso de su vida es la consecuencia de un retardamiento…todos los rasgos distintivos corporales específicamente humanos son estados fetales que se han transformado en estados permanentes…el hombre mantiene hasta su muerte en una gran parte de su piel la vellosidad incolora de la época embrional, situándose así en una posición única no solamente dentro del orden de los primates, sino de todo el reino animal. Junto con esa particularidad se encuentra esta otra en la piel humana: que evita cualquier tipo de especialización, ya sea en el sentido de protegerse contra el frío, o bien de defensa en general ( piel acorazada, púas, cuero duro…) o de ataque (cuernos, pezuñas…); le faltan incluso (a diferencia de los demás mamíferos) pelos sensoriales, es decir, pelos especializados en rastrear o seguir una pista o en reconocer por el tacto, con la dilatación de los vasos sanguíneos rodeando a la raíz, tal y como sucede en todos los antropoides. La piel del hombre es la menos especializada de todas; por así decir es toda ella superficie sensorial…” Esto que el autor dice de la piel igualmente lo argumenta de distinta manera hablando del cerebro y el cráneo humano, del que llega a decir que mantiene los rasgos fetales. Con todo esto, y mucho más que no cito aquí, el autor llega a la siguiente conclusión: “El hombre y los antropoides se han desarrollado de un modo paralelo; tienen antepasados comunes muy lejanos. Dado que hay que atribuir a este antepasado en algún sentido las disposiciones o predisposiciones para la hominización, la evolución habría caminado a partir de él directamente hacia el hombre, mientras que una rama colateral habría conducido a los antropoides siguiendo la vía de la especialización y la animalización. Este archiprimate podría ser llamado con la misma razón homínido o antropoide y a él habría que atribuirle ya, al menos, algunos rasgos esenciales en los que hoy consiste la ubicación especial del hombre. Según esta hipótesis, cabría esperar que los antropoides fósiles fuesen más semejantes al hombre que los actuales, cosa que de hecho ocurre. Tipos como el australopíteco o el parántropo serían restos tardíos de una rama colateral muy primitiva de ese archiprimate…además esto supone que durante el período de hominización se dio un medio ambiente, casual, óptimo, favorable al máximo, un auténtico “paraíso”, ya que un ser no especializado, antes de que fuera efectiva su inteligencia instrumental, tuvo que haber estado inadaptado y carente de protección. Es decir, sólo pudo haber vivido en un seno maternal de la naturaleza”. Esta profunda reflexión que el autor citado nos propone, me lleva por tanto a formular la hipótesis de que el ser humano es un ente más cultural que natural. Un hecho exclusivo y hasta inexplicable de la evolución. Un capricho misterioso. Un ser vivo dotado de toda una configuración totalmente distinta a cuanto ha existido sobre la faz de este planeta, según los registros fósiles que hoy poseemos. El fenómeno humano es único, y en su gestación, la evolución transgrede sus propias normas habituales de funcionamiento, y crea un ente, totalmente diferente a lo que antes había producido, liberándolo en gran medida, del imperio absoluto de la selección natural. El alfarero en este caso (la naturaleza), renuncia a su oficio, para que el vaso de barro (el hombre), se haga a sí mismo por medio de su acción propia (la cultura).

            Natalia López Moratalla en su obra La dinámica de la evolución humana. Más con Menos propone argumentos que caminan en esta misma dirección.  Leyendo su obra extraigo la hipótesis siguiente: El hombre es lo que es por su cerebro y eso lo distingue para siempre de los chimpancés. Sus palabras son claras: “Los datos conseguidos recientemente, comparando el genoma de Homo sapiens sapiens y el genoma de Pan Troglodytes, indican que las diferencias genéticas entre los miembros de las dos especies no alcanzan al dos por ciento del total. Y, sorprendentemente, los pocos genes que distinguen nuestra dotación genética de la de los chimpancés son en su mayoría los responsables de la construcción y maduración del cerebro. Esto permite proponer un escenario muy concreto a la evolución hacia el linaje de los hombres: la dirección neta del proceso evolutivo de hominización, que conduce en el tiempo del linaje de los grandes simios a los hombres, parece haber sido un proceso de optimización de las funciones cerebrales. Lo peculiar de los hombres presupone disponer de un peculiar cerebro…es llamativo que no posean muchos más genes que sus antecesores, si bien ese mayor número de unidades de información sirve fundamentalmente para un desarrollo mucho más complejo del órgano del cerebro…lo más característico y que ha llamado poderosamente la atención es que cada ser humano tiene más creatividad que cualquier animal con menos biología, en cuanto menos especialización al entorno…en resumen, la evolución de los primates hacia los linajes de homínidos está causada en primer término por la modificiación de la estructura de los cromosomas (reordenaciones, inserciones o deleciones) que originan cambios en la expresión de los genes, especialmente en los que rigen la construcción del cerebro durante el desarrollo embrionario”. El DNA es pues el responsable del cambio evolutivo, tanto a nivel macro evolutivo como a nivel micro evolutivo, en profundo contraste con la selección ambiental. Las rupturas del equilibrio que el caos provoca sobre el DNA generan inestabilidades que permiten su reordenación dando lugar a nuevas configuraciones informativas que provocan innovaciones: “de esa manera la autorregulación es un mecanismo amplificador de la información y, por ello, generador de inestabilidades…hay una direccionalidad a más complejidad causada en primer término, por el carácter informativo de los materiales de partida, esto es, porque los materiales pueden cambiar y tienen la posibilidad intrínseca de aumentar el contenido informativo y, como consecuencia, incrementar la eficiencia orgánica de los individuos resultantes en la dirección de una mayor autonomía, de mayor sí mismo…(de este modo)…los cambios del contenido del mensaje, de la información genética o patrimonio genético, constituyen el principal factor agente evolutivo… El cambio ontológico que ha dado origen a los diferentes seres vivos se puede definir como más potencialidades con más información…la paleontología muestra que a lo largo de millones de años la vida no ha dejado de organizarse en sistemas cada vez más complejos y más autónomos. Esta direccionalidad de la vida tiene carácter plenamente evolutivo y no sólo transformante. El cambio es a más”. Pues bien en el caso del hombre, todo este proceso, ha supuesto fundamentalmente generar en él un cerebro “plástico”, que se construye a sí mismo, en base al conjunto de experiencias almacenadas en él, marca indiscutible de su propia identidad. Y a ese ente que es pura plasticidad, se le ha dotado de amplias zonas reservadas al área de reconocimiento de caras. Se le ha dispuesto para las relaciones interpersonales. La cultura va incluida en el lote cerebral. Nuestro cerebro esta dispuesto para crear cultura, y a la vez, se construye, pues es de naturaleza plástica, en el ejercicio de la misma actividad cultural. Y hasta ahí, llega la selección natural, entregando a partir de ese instante el protagonismo a la cultura. De modo que según esta hipótesis que planteo aquí, el futuro de la evolución humana tiene que ver más con la cultura que con la selección natural. El hombre más que un ente natural es un ente cultural. Sin la creación cultural es imposible entender el fenómeno humano. A partir de que surge el cerebro plenamente humano, la selección natural, cede su acción primera, al hombre. Y el día que cesa su actividad primordial nace la libertad inteligente humana madre de la cultura, como modo humano de ser. Y un eón nuevo comienza ese día sobre la faz de la tierra.

 

HIPÓTESIS TERCERA

            El evolucionismo no es contrario a la fe en un Dios creador. El evolucionismo simplemente cuestiona el modo cómo Dios se relaciona con el mundo. El evolucionismo, por así decirlo, lo aclara. Y nos hace comprender que el universo no es un títere en las manos de Dios. El universo no es una marioneta. El universo es un ente autónomo de Dios. Y posee su propia consistencia. Esta mentalidad, por tanto, nos permite tomar conciencia de que la Salvación es teocéntrica. Y no tiene por qué ser antropocéntrica, como siempre habíamos pensado. El evolucionismo nos hace renunciar a la soberbia humana. No debemos por tanto hablar de “la” historia de la salvación, sino de “nuestra” historia de la salvación. Pues la humanidad es una probabilidad más entre las muchas que Dios puede hacer, amar y salvar, a través del sistema auto organizativo que Él, ha puesto en marcha. Si consideramos esta hipótesis como válida, descubriremos que el hombre no tiene por qué haber sido buscado como tal desde el principio, sino ser simplemente un resultado final de todo un proceso que un día se puso en marcha. De este modo, el hombre es la probabilidad biológica que ha hecho posible que un ser  personal, inteligente y libre surja sobre la tierra. ¿Es posible que en vez de ser un mamífero el que ha alcanzado esta meta hubiese sido un reptil, un ave o cualquier otro? En un universo que evoluciona, regido por la selección natural y la genética, en principio, todo hubiese sido posible. Pero la rama animal que ha alcanzado esta meta ha sido la nuestra. ¿Significa esto darle un margen al caos en nuestra gestación? Sí. Pero eso no debe asustarnos lo que para nosotros es Caos para Dios es Cosmos, pues su mirada engloba, el conjunto y la parte. Hans Kung nos lo explica en su obra ¿Existe Dios?: “Dios no actúa en el mundo a la manera de lo finito y relativo, sino como lo infinito y lo absoluto en lo relativo. Dios no actúa en el mundo desde arriba o desde fuera como un motor inmóvil, sino que lo hace desde dentro y como la realidad dinámica más real en el proceso evolutivo del mundo que Él posibilita, dirige y consuma. No actúa por encima del proceso del mundo, sino dentro de él: en, con y entre los hombres y las cosas. ¡Es origen, centro y meta del proceso del mundo! Dios no interviene sólo en determinados puntos o lagunas particularmente importantes del proceso del mundo, sino que –omnipresente y omnipotente- actúa como primordial soporte creador y consumador y, por tanto, como conductor –trascendente e inmanente al mundo- del universo, respetando plenamente las leyes naturales, que tienen en él su origen. Con respecto al proceso del mundo constituye el fundamento de sentido que abarca y penetra todo y que, evidentemente, sólo puede aceptarse mediante la fe”. Desde esta perspectiva cabría afirmar entonces que lo que los evolucionistas llaman selección natural o ambiental, nosotros, desde esta perspectiva podríamos llamarlo “mano creadora de Dios”. Si bien, yo prefiero junto a Kung, afirmar la consistencia de las leyes naturales. Y por tanto aceptar un componente de caos en nuestro propio ser.  Desde esta hipótesis, seríamos el resultado de una cadena evolutiva imprevista que ha dado como resultado este mamífero con la capacidad craneal suficiente para dar el “salto ontológico” preciso. De modo que así, de manera imprevista necesariamente, y como resultado de una decisión creadora que se ha ido concretando progresivamente, del homínido ha surgido el humano. Y la inteligencia, la libertad y la personalidad han aparecido en esta plataforma biológica, como algo total y verdaderamente nuevo respecto de todo lo que le precede en la evolución. En vez de ser la estructura mamífero, ¿podría haber sido otra? Claro, eso es irrelevante. Lo importante es que de las distintas ramas animales posibles, esta es la que ha alcanzado la meta. Y sobre este sustrato biológico  se ha operado la “creatio es nihilo” del alma personal, única e irrepetible, de cada ser humano. El alma por tanto sería creada inmediatamente por Dios en el mismo momento de la concepción. Pero no como una mera adición externa, sino única y exclusivamente cuando la morfología biológica humana lo exigía aunque no lo haya producido por sí misma. En la hipótesis anterior quedó ampliamente expuesto que dada la morfología humana el psiquismo intelectivo era necesario para que el ensayo humano pudiese subsistir.  De modo que según esta hipótesis, todo está ajustado para que seamos lo “que” somos, aunque abierto, para que seamos “como” somos. Dios quería tener ante sí un ser inteligente, personal y libre. Si bien no estaba determinado como seríamos. De modo que una vez aparecido “el fortuito o probable” ser consciente, Dios se le da a conocer progresivamente y de manera plena, en Cristo. Y precisamente esta afirmación de nuestra gratuita naturaleza animal, realza aún más el prodigio de la Encarnación. Pues Dios asume en sí, el producto que su propia creación a través de una cadena de infinitos azares (harto inexplicables por sí solos) auto organizativos, le ha presentado como la plataforma adecuada para iniciar con ella una historia de salvación, entre las muchas posibles que podrían haber acontecido. Ante el evolucionismo por tanto, quizás será preciso revisar la doctrina de la Creación, pero la redención (en tanto que divinización de lo creado) permanece intacta. En esto mantengo con esta hipótesis que ocurre lo mismo que con los padres y los hijos. Ellos inician la procreación pero no deciden como va a ser su hijo, y una vez que nace, lo colman de amor. De modo que Dios ha tenido que vivir con nosotros un proceso de aceptación, como lo sufren los padres con sus hijos. Quizás sea eso lo que explique el juego de sucesivas alianzas que se producen a lo largo del Antiguo Testamento.

            Esta hipótesis además permite aclarar el problema de las victimas del proceso evolutivo. La multitud de seres vivos que han desaparecido de la faz de la tierra como resultado de la misma. Si el proceso evolutivo no está cerrado del todo, si no es un diseño preestablecido desde el principio, si el proceso está abierto y es autónomo, el universo sería en parte ajeno a Dios, que sólo actuaría desde dentro para lograr una plataforma biológica que le permitiese crear vida inteligente, personal y libre. De modo que la ausencia de finalidad debería precisarse. Si existe la finalidad de crear vida inteligente, libre y personal. No existe la finalidad de que esa vida se concrete sobre una u otra plataforma biológica. Que existe finalidad, es al menos tan aceptable, como el hecho de que de lo contrario habría que aclarar por qué los azares para que exista lo que existe y como existe, se hayan dado cadenas de infinitos azares. Raúl Berzosa, se adentra en esta reflexión en su magnífica obra Una lectura creyente de Atapuerca, la fe cristiana ante las teorías de la evolución.  Pues para que existamos siendo quienes somos, ha existido un componente de caos, pero no tanto, como algunos pretenden. Por tanto, una cosa es la evolución, y otra las teorías explicativas que se dan sobre ella. Si la evolución hoy por hoy es indiscutible, sus teorías explicativas son más que cuestionables. Para explicar cómo se ha pasado de químico a biológico, de biológico a orgánico, y de orgánico a mental, se pueden adoptar diversas posturas. La nuestra completa esta gradación, pues al orden natural incorpora el orden sobrenatural, ya que lo mental se vuelve criatura al conocer a Dios como creador, pero además, a la criatura mental se le invita a convertirse en Hijo de Dios en el HIJO, ser Hijo de Dios es gracia. Es fruto del Espíritu Santo. Y así la naturaleza se consuma en la divinización. Dios inhabita la cosmogénesis entera a través de su Espíritu. Y así “habilita a las criaturas para existir y hace posible el desarrollo evolutivo”. Denis Edwards en su obra El Dios de la evolución insiste en esa idea de manera brillante. La acción de Dios es físicamente indetectable pero eso no significa que no sea real. Pues por más indetectable físicamente que sea la intención de un hombre al mover el brazo, siendo sólo detectable, el hecho mecánico de moverlo, la intención es real y desencadena de hecho el movimiento. De modo que la mano de Dios actuaría desde dentro, respetando la autonomía de los procesos en la dinámica relación entre evolución y cambios medioambientales. Pues una cosa lleva a la otra. En medio de esos procesos, Dios estaría presente. De modo que la evolución de ningún modo excluye una visión creyente de la realidad. Simplemente supone introducir cambios en nuestro modo de comprender la relación de Dios y el mundo. Artigas nos enseña: “La reflexión cristiana acerca del evolucionismo permite comprender que la evolución puede formar parte de los planes de Dios…El proceso evolutivo supone la acción divina que da el ser a todo lo que existe y hace posible su actividad. El origen evolutivo del organismo humano puede entrar dentro de los planes de Dios, porque supone una acción divina que dirige cada paso y es complementado con la intervención especial de Dios que crea el alma espiritual en cada nuevo ser humano (Denis Edwars piensa que pudo hacerlo mediante un único acto divino que abarca la totalidad del proceso creador, lo que posibilitó la irrupción de una novedad radical en la creación, pues permite la aparición de seres humanos espirituales y autoconscientes). La Iglesia no pretende intervenir en las explicaciones estrictamente científicas sobre la evolución, porque no es su misión; lo que pretende subrayar con sus enseñanzas es que todo en la naturaleza cae bajo la acción divina y, de modo especial, que el ser humano posee dimensiones espirituales que trascienden lo material, y es objeto del plan divino de la creación y de la redención”.  ¿Se aparta mi hipótesis de lo dicho en este texto? Sólo en la parte final. En lo que afecta a la morfología biológica humana. En este caso, prefiero dar todo el protagonismo al proceso auto organizativo estrictamente natural. Pero de hecho, esto es una cuestión irrelevante. En el fondo, suscribo y mantengo su planteamiento. Su hipótesis es también mi hipótesis.

 

HIPOTESIS CUARTA

            La expansión humana se realizó en dos etapas, una que podemos llamar etapa “arcaica”, y otra que podemos llamar “moderna”, y que comienza con el Homo Sapiens Sapiens. Denis Edwards  en su libro citado, nos ofrece esta sencilla y preciosa síntesis del origen humano: “ Los seres humanos se originaron en África con el surgimiento de la bipedestación entre cinco y siete millones de años antes de nuestra era; que, durante los siguientes millones de años, evolucionaron diversas especies de simios bípedos (australopithecus); que, entre dos y tres millones de años antes de nuestra era, se produjo un considerable aumento del tamaño del cerebro, con la aparición del homo habilis, al que pronto siguió el homo erectus, el cual se extendió desde África a otras partes del viejo mundo; que los humanos modernos evolucionaron a partir del homo erectus, bien en diversas partes del mundo, bien –según propone una teoría más reciente- hace doscientos mil años en África, desde donde se extendieron a Asia y Europa hace cien mil años”. Natalia López Moratalla, que opta por afirmar que el homo sapiens sapiens surge sólo de África hace 200.000 años debido a las muestras de DNA, considera que dicha expansión del hombre “moderno” se desarrolla a su vez, en una doble expansión, desde África al resto del mundo. De modo que según su análisis el Homo Sapiens Sapiens, es la única fuente de toda la humanidad actual. Lo que conlleva la afirmación pareja de la extinción progresiva de los Homos “arcaicos”. Y de ello, ella extrae una conclusión que abordaré después.  Hasta aquí por tanto, el balance de lo que ha supuesto, más o menos el progresivo desarrollo de cómo surge el hombre sobre la faz de la tierra. Se pueden hacer otras catalogaciones, y de hecho se hacen, si bien éstas son las más aceptadas. Con todo, es preciso hacer con Raúl Berzosa, que acepta a grandes rasgos la catalogación que ofrecen los investigadores de Atapuerca, una acotación necesaria: “Toda esta clasificación, con el gran mérito que tiene, no deja de ser provisional mientras no se descubran otros restos fósiles”. (De su obra anteriormente citada).

            Dicho lo cual, pasamos a un segundo estadio de la hipótesis. ¿Los humanos arcaicos son realmente humanos? Dos de los autores citados (Raúl y Natalia) contestan de una manera acorde. No lo son. Según su enfoque los anteriores al Sapiens Sapiens no pueden considerarse plenamente humanos. Son simplemente, animales en vías de humanización. Habría que distinguir entre hominización y humanización. En palabras de Natalia: “Dada la incidencia del cambio genético que se produce en el desarrollo del cerebro y con ello en las peculiaridades biológicas de los organismos resultantes, los homínidos que nos dieron paso no son progenitores, o padres, de los primeros hombres sino antecesores y, por tanto, los dos primeros seres humanos no serían propiamente hermanos sino congéneres”. Y de hecho según su análisis en la obra citada, el gen desencadenante de la humanización surge recientemente: “este gen aparece el último en el periodo de humanización; se originó hace al menos 200.000 años coincidiendo con la primera aparición del tipo humano Homo Sapiens”.  Lo cual le lleva a mantener que: “En este sentido hablamos de dos etapas de la humanidad. Una primera muy larga, en la que en un entorno climatológicamente muy duro, la vida se gasta en la subsistencia. En ella la organización social es pobre, y como consecuencia, la capacidad de transmisión de los elementos culturales es muy escasa…la velocidad es enormemente lenta al inicio y se acelera al alcanzar una concentración crítica de bagaje técnico y elementos culturales para continuar posteriormente con un crecimiento asintótico. Ese momento de crecimiento exponencial no lo alcanzó la humanidad hasta muy recientemente, con el Homo Sapiens. Conseguida una masa crítica de manifestaciones creativas simbólicas, las técnicas que permiten dominar la naturaleza crecen y se retroalimentan con cada innovación y se transmiten de generación en generación. Son la segunda etapa. Los “arcaicos” por tanto, según su criterio, son animales haciéndose hombres, y los “modernos” son hombres plenos. Pues los “arcaicos” no tienen plenamente los caracteres humanos. Lo que le lleva a mantener que: “el Homo Sapiens Sapiens, había aparecido hace unos 200.000 años y solamente en África, de donde había pasado al resto del mundo habitado para ocupar el lugar de sus predecesores sin mezclarse con ellos. Así pues, fue en este periodo reciente cuando se desarrollaron los rasgos faciales; de forma que todas las razas vivientes en la actualidad tendrían un único origen en una población africana de hace esos 200.000 años. Apoya esta visión el hecho de que se han encontrado fósiles en Sudáfrica y África oriental con rasgos modernos, a los que se atribuye una antigüedad superior a 120.000 o 130.000 años y que se consideran los “modernos” más antiguos…En conclusión, el linaje humano iniciado en África ha tenido dos ramas. Una constituida por las poblaciones que salen pronto de su origen y realizan la primera gran expansión por Europa y Asia y que acaba por extinguirse (el Neandertal). La otra permanece en África, evoluciona corporal y culturalmente hasta constituir los hombres modernos y realiza en varias oleadas la segunda y definitiva expansión que puebla el mundo entero”.

            Escuchadas su razones, cabría preguntarse ¿Se puede ser tan taxativo para decir que los “arcaicos” no son plenamente “humanos”? No son Homo Sapiens Sapiens desde luego. Eso resulta indiscutible. Pero los “iniciales”, por menos complejos y sofisticados, no dejan de ser importantes. No son irrelevantes en el proceso evolutivo. Pues de ellos, procedemos nosotros. Son líneas colaterales de un mismo proceso evolutivo que no han prosperado. Callejones sin salida. Pero en tanto que estadios del proceso son trascendentales. Y es preciso decir que la sofisticación de vida, no ofrece mayor grado de importancia. Y llevado de esta sospecha, me atrevo a decir que las diferentes formas de seres humanos (los extinguidos y los Sapiens) están abiertos por igual, al único designio salvador divino. Para entender esto es preciso retrotraerse a una afirmación que hice anteriormente. La Salvación es teocéntrica y no antropocéntrica. Los extinguidos por tanto son susceptibles de ser amados y salvados por Dios en un contexto paradisíaco propio y de acuerdo con su “infantil” autoconciencia. Dicho burdamente, y en términos mitológicos, Adan y Eva, tuvieron abuelos y padres, que se beneficiaron de la economía salvífica del paraíso. Esto conlleva afirmaciones que afecta al dogma cristiano del Pecado original que por supuesto, analizaré en una posterior hipótesis. Baste para reforzar esta línea de pensamiento citar un extenso texto de Denis Edwards que en cierto sentido podría mostrar el fundamento de esta idea: “Lo que significa en un contexto evolucionista, esto es que podemos legítimamente pensar que nuestros primitivos antepasados alcanzaron la auto conciencia en un mundo que ya era un mundo embebido de gracia. También sería, por supuesto, un mundo lleno de peligros y miedos. Nuestros antepasados tuvieron que recorrer el camino hacia la conciencia en un mundo sumamente amenazador. Los ritos y mitos que elaboraron pueden ser entendidos no sólo como una manera de enfrentarse a los horrores de la vida, sino como un intento de dar expresión a la experiencia de gracia…Me parece que no es posible conocer con exactitud cuándo ocurrió todo esto, que va asociado, como ya hemos dicho, a la aparición de la auto conciencia; y en este punto, los autores no se ponen de acuerdo. Richard Leakey señala que, más allá de la marca de los cien mil años de antigüedad, no existe ningún tipo de indicio de ritos o artes que delaten la existencia de una conciencia reflexiva. Los restos más antiguos de un enterramiento propiamente dicho corresponden al período de los neandertales, (Desde Atapuerca quizás se matice mucho esta afirmación), que se remonta a poco más de cien mil años. Leakey opina que los neandertales y otros sapiens arcaicos poseían una conciencia reflexiva muy desarrollada. Sin embargo, sugiere que la conciencia de estas especies no era tan lúcida como la nuestra. Nosotros nos hemos beneficiado del surgimiento del lenguaje moderno. El lenguaje y la conciencia modernos aparecieron a la par. ¿Y qué se puede decir de la auto conciencia del primitivo homo erectus? Leakey afirma que le sorprendería que el homo erectus tardío no hubiera tenido un grado de conciencia considerablemente superior al del chimpancé. En su opinión, la complejidad social, el gran tamaño del cerebro y las probables habilidades lingüísticas” del homo erectus apuntan a un nivel relativamente desarrollado de conciencia…Obviamente, no hay manera de determinar con absoluta precisión cuándo comenzaron nuestros antepasados a experimentar la realidad en la forma que hoy lo hacemos nosotros. Como asegura el propio Leakey, es posible que semejante duda no se resuelva jamás. Lo que sí está en condiciones de sugerir el teólogo es que, independientemente de cuándo se produjera, la aparición de la auto conciencia –que entonces quizá tuviera unos rasgos infantiles- puede ser considerada como el comienzo de la experiencia humana de un mundo tocado por la gracia. Esta gracia, entendida como la presencia de Dios en amor auto oferente, ya estaba allí. El Dios de la gracia ya estaba presente en el momento en que surge la bipedestación, como lo había estado en la aparición de las primeras formas de vida e incluso en el origen mismo del universo. La historia teológica de la aparición de la conciencia humana es la historia de su aparición en un universo en el que la gracia es una realidad presente.” Nuestros antepasados “arcaicos” por tanto, no habitan en el limbo, no sólo fueron material de ensayo al par, o en camino, hacia el Homo Sapiens. En su momento, ellos, a su medida, también fueron sujetos de gracia con una economía salvífica a su medida. ¿Arriesgado? Sugerente, diría yo.

 

 

 

HIPÓTESIS QUINTA

            Pudo existir un periodo de existencia humana paradisíaca. Es decir, no sometida al pecado original. ¿Qué me lleva a plantear semejante disparate teológico? La brusquedad del cambio de vida que supuso para el hombre primitivo pasar del nomadismo al sedentarismo, y sobre todo, dejar de ser recolector para pasar a ser productor. El paso del Paleolítico al Neolítico que se efectúa en oriente medio, con el nacimiento de la agricultura. La existencia humana era una antes de ese periodo, y es otra, a partir de ese periodo. Me atrevo a sugerir junto con Malthus que el hombre elige un modo de estar en el planeta, cuando realiza la revolución neolítica. El hombre concibe un modelo cultural, al margen de la naturaleza, de espaldas a ella, incluso contra ella. Y esa ruptura entre el entorno natural y el entorno humano, me llevan a plantearme dónde y cuándo se produjo realmente ese hecho sustancial que supuso la pérdida del paraíso. Tal decisión es obra exclusiva del Homo Sapiens Sapiens. El paso del Paleolítico al Neolítico nunca fue realizado por los hombres “arcaicos” sino por los hombres “modernos”. Ellos son los que dejan de ser recolectores para convertirse en productores. Ellos realizan una ruptura con el orden establecido hasta entonces entre homínidos y entorno natural. En ellos se verifica la intención moral como algo no explicable biológicamente, pues, dos personas compartiendo una misma biología, dan respuestas morales diferentes. Ellos, a través de sus decisiones morales, generan un orden cultural que transgrede el orden natural, lo que supone optar por una nueva manera de estar en el mundo, al margen del espacio que el mundo nos había reservado. Y a partir de ese momento es imposible determinar quienes están implicados en ese cambio y quienes no. Pues el ser humano, al ser un ser social, se ve afectado en su totalidad por semejante paso en falso. Denis Edwars ilustra este carácter social del Pecado original cuando afirma en su obra citada: “El pecado original tiene que ver con el hecho de que, en cuanto sujetos libres, nos actualizamos a nosotros mismos, en una situación que siempre se encuentra determinada tanto por otras personas como por la historia. El pecado de otros forma parte intrínseca y es parcialmente constitutivo de la situación de nuestra libertad humana. El pecado de otros es, desde el principio, parte universal y permanente de la condición humana; y en ese sentido, es original….Estrictamente hablando, el pecado es personal y actual: es el rechazo libre y deliberado de Dios. Y sólo de esta clase de pecado personal somos moralmente responsables. El pecado original significa que la historia de pecado personal y comunitario forma parte y constituye una dimensión interior de la situación de cada persona, pero no es aún nuestro propio pecado personal.”  C. Baumgartner en su obra “El pecado original” lo expresa aún con más rotundidad: “el pecado original (es) una puesta en situación. En términos más precisos, se trata de una puesta en situación existencial, estructurante, y no solamente existencial fáctica. Es un puro ser situado, un puro llegar a ser situado, previo a toda situación activa del sujeto por sí mismo”. Para llegar a esta conclusión antes recorre un camino donde reflexiona acerca del poligenismo y del monogenismo. Sus palabras en este sentido son esclarecedoras para el asunto que tratamos: “Karl Rahner defendía este último (el monogenismo) como una conclusión teológicamente cierta por razones tomadas, no directamente de la Escritura, sino de los dogmas del pecado original y de la redención. Su tesis de 1967 puede formularse así: En el estado actual de la teología y de las ciencias naturales, no se puede probar con certeza que el poligenismo sea inconciliable con la doctrina ortodoxa acerca del pecado original. No es seguro, no es posible probar apodícticamente que un solo individuo o una sola primera pareja pueda ser el sujeto del pecado de los orígenes, que es la causa del pecado original entendido en el sentido ortodoxo y tradicional de esta palabra. Por el contrario, es enteramente concebible que una humanidad aparecida poligenéticamente (llamémosla humanidad originante por oposición a la humanidad originada) constituya, ya sea en uno solo de sus individuos o de sus parejas, ya sea en la totalidad de sus individuos o de sus parejas, el sujeto del pecado de los orígenes que, en la humanidad originada entera, es la causa de esta SITUACIÓN DE PERDICIÓN que llamamos pecado original. Parece que la condición necesaria y suficiente de esta influencia de la humanidad originante sobre la humanidad originada sea la unidad real de la primera desde el triple punto de vista natural, humano y sobrenatural…Ahora bien, la humanidad originante constituye una unidad real, según la triple dimensión de la existencia humana: la dimensión natural, en cuanto que el hombre, en el plano biológico, deriva de un phylum único; la dimensión humana, en cuanto que el hombre, como espíritu, conciencia y libertad, es un ser histórico, implicado en una pluralidad de relaciones sociales; la dimensión sobrenatural, en cuanto que el hombre, como miembro de la humanidad, es llamado – por gracia, más allá de sus posibilidades biológicas, o incluso simplemente humanas- a participar en la filiciación del Verbo encarnado, a llegar a ser hijo en el Hijo. En este triple plano, la humanidad originante es la fuente de la humanidad originada….Por el simple hecho de su pertenencia ala familia humana, los nuevos miembros de ésta, nacidos por generación de la humanidad originante, eran llamados a entrar en la historia a la vez humana y divina, inaugurada por esta última. Ellos formaban parte de la comunidad de los hombres destinada como tal a la comunión con Dios y debían recibir el don de la gracia al mismo tiempo que la existencia.”

            Queda ahora preguntarse - ¿Y entonces, qué hacemos con la doctrina de los dones preternaturales? A lo que yo respondo con otra pregunta: ¿Es posible hoy en el siglo XXI, mantener que se podía ser inmortal e impasible, en un universo finito e imperfecto, desde el mismo origen de su aparición? ¿Acaso es posible mantener hoy que un ser humano surgido de homínidos mortales y sufrientes es susceptible de adquirir en un universo finito, una condición infinita? ¿La muerte y el sufrimiento, no forman parte necesaria de un universo que por no ser Dios, no es perfecto? En mi libro Ser=Misterio, mantengo que el universo ha sido creado distinto de Dios, y por tanto ha sido necesariamente hecho finito e imperfecto por no ser Dios en él, todo en todo, para salvaguardar la libertad humana. Para darle al hombre la capacidad de ser un tú válido y verdadero ante Dios, con la posibilidad real de decirle que No. De modo que a mi modo de ver las cosas, el pecado original, cerraría no tanto las puertas a la vida biológica que ven nuestros ojos, sino a la “gracia” que se nos ofrece de “divinizarnos”. El pecado original consiste en decirle que No al Dios que desde el mismo momento de la creación, quiso establecer con los hombres una relación de amor capaz de divinizarnos.  Baumgartner, hablando del paraíso terrenal, considera por ello que: “El paraíso terrenal, finalmente, no es otra cosa que el anuncio velado, el símbolo del cielo, de la Jerusalén celestial, de la vida eterna junto a Dios prometida desde los orígenes al hombre por la benevolencia del Creador. Sin embargo, el paraíso no designa solamente una realidad puramente escatológica. Es también el símbolo del don de la gracia hecho a la humanidad desde su primera aparición sobre la tierra, esto es, desde el comienzo efectivo, pero oculto, de la vida divina y eterna que no se manifestará ni alcanzará su plenitud hasta el fin de los tiempos…pero la plenitud de la gracia, su realización total a todos los niveles de la existencia humana, es un don que no acaecerá hasta el fin de la historia. Dentro de ésta, sólo puede existir en estado de promesa y de germen, en la medida en que el pecado no se oponga a ella. Y mucho menos, al comienzo de la historia. La teología de la justicia original contiene la idea profunda de que la gracia se propone transformar al hombre entero. Ahora bien, esta transformación radical y total sólo se produce al fin de los tiempos, y no al comienzo. A tal respecto, esta teología es una proyección en el comienzo de la historia de las realidades finales, en virtud del discutible principio de la perfección de los orígenes”. De modo que Cristo es la oferta que Dios hace al hombre que ha rechazado su amor divinizante para que éste, pueda encontrar de nuevo, el camino de vuelta a la casa del Padre, y así experimentar, la plenitud de la vida eterna, a la que el hombre es llamado por gracia, pero debiendo dar un sí total y verdadero, desde su tú auténtico ante Dios, que obre entre ambos la maravilla de una suerte de amor, que haga posible que Dios pase a ser todo en todos, sin violar ni un ápice, la libertad humana. Por ello suscribo las palabras de Denis Edwars cuando dice: “… es preciso distinguir entre una forma de conscupiscencia que es hija del pecado y otra que es, simplemente, compañera de la finitud. Hefner alude al desorden que se da en nosotros por el mero hecho de ser criaturas evolutivas finitas. La discrepancia entre genes y cultura, las pulsiones y las reacciones instintivas biológicamente heredadas, la falibilidad inscrita en la historia evolutiva…: todo ello es parte inseparable de la finitud. No tiene que ver con el pecado original ni con la concupiscencia que brota del pecado. Simplemente, forma parte del ser de la criatura humana finita. Somos criaturas evolutivas e intrínsecamente falibles. Así es como Dios nos ha creado…este tipo de desórdenes no son pecado, sino la materia prima de la santidad...el pecado original consiste en que…esa simbiosis falible que es el ser humano ha rechazado al creador…no es la estructura de lo humano (en cuanto simbiosis falible de genes y cultura) lo que constituye el pecado original, sino la repercusión interior del previo rechazo de Dios por parte del ser humano en la situación libre de cada persona…el pecado original tiene que ver con el hecho de que, en cuanto sujetos libres, nos actualizamos a nosotros mismos en una SITUACION que siempre se encuentra determinada tanto por otras personas como por la historia. El pecado de otros forma parte intrínseca y es parcialmente constitutivo de la situación de nuestra libertad humana. El pecado de otros es, desde el principio, parte universal y permanente de la condición humana; y, en ese sentido, es original.” Somos pues hijos de una humanidad que ha dicho que no a la oferta divinizadora que Dios gratuitamente nos ha hecho.   De ahí, que no sea nada descabellado el planteamiento de la Iglesia, de invitar a los padres cristianos a bautizar a sus hijos cuanto antes mejor. Pues lo que se pretende es extraer cuanto antes a los niños de esa macabra situación que supone vivir de espaldas a Dios. Se pretende fortalecerlos contra la verdadera concupiscencia que consiste en seducirnos para vivir al margen de la propuesta divinizadora que Dios gratuitamente nos hace. Se pretende abrirlos cuanto antes a esta acción divinizadora que el amor de Dios produce. Pues eso permite desde su temprana infancia que los niños gocen ante Dios, de la inocencia propia de los humanos arcaicos, que según mi hipótesis actual, pudieron no incurrir, en ninguna suerte de pecado, dado que su autoconciencia infantil, pudo no permitírselo. De este modo los niños, antes de ser conscientes, ya gozan, no de la SITUACION PERVERSA que el pecado original lega, sino de una SITUACION DE GRACIA que tiene la virtud de hacer sus vidas finitas, divinas.

            A todo este planteamiento podría objetarse desde la angeología: ¿Y si Dios nos hizo finitos a nosotros, por qué no quiso hacernos infinitos como a los ángeles? La respuesta a esta pregunta supone la formulación de una nueva hipótesis, dependiente de las distintas que acabo de ir formulando. Los ángeles son creados en virtud de los hombres y no como fines en sí mismos. Los ángeles son la parte necesaria para que Dios pueda establecer un encuentro de amor con seres totalmente ajenos a su designio. De ahí que el ejercicio del libre albedrío en los ángeles sea tan peligroso. Pues una decisión contraria a Dios, en un ángel, lo sitúa contra él de modo irremediable y para siempre. Sus decisiones libres son absolutas. El ángel no es libre como el hombre, que en todo momento puede cambiar de criterio. El hombre disfruta permanentemente de su libertad. El hombre es libertad. Pero el ángel sólo puede decidir una vez. Y en este sentido su Tú, al margen del designio divino, es relativo, y no verdadero en sentido auténtico. En mi opinión, Satanás se explica como el arcángel que se niega a servir al hombre. Y se rebela contra Dios y su obra por una simple cuestión de soberbia. Si soy superior ontológicamente al hombre no tengo por qué servirlo. De ahí que su odio contra Dios sea feroz porque no se acepta a sí mismo, y de ahí, que su odio por el hombre sea infinito, porque el ser humano representa todo, cuanto él odia. Pues el diablo odia su ser por haber sido creado para servir de comunicación entre Dios y los hombres. El ser humano es un fin en sí mismo. El ángel no lo es.  Ahí se resume todo.  Por supuesto que a más de uno esto le sonora a pura mitología. Y es que esa es otra opción. Bultman descartaría por completo la hipótesis “ángel”, como un rémora mitológica, que habría que superar en desde una oportuna desmitologización del credo religioso, de cara a la modernidad. Pues en el fondo, podría reducirse, el concepto ángel, a una pura manifestación instantánea de la salvífica voluntad divina. Si bien esta opción desde el enfoque tradicional de la doctrina cristiana es harto discutible, y en fin, no se necesita cercenar la doctrina cristiana de esa forma pudiendo reflexionar de otra manera.

             Dicho lo cual, considero que sin ser capaz de decidir cuando y como se operó el pecado original, en tanto que quien ha roto su integración en la naturaleza es el Homo Sapiens Spiens, sugiero la posibilidad de considerar que sea posible que los homos arcaicos hayan vivido sujetos a la economía salvifica paradisíaca, y que por tanto desde su situación “infantil” hayan estado abiertos a la acción de la gracia, dada su plena identificación con el medio natural, sin ser en ningún momentos capaces de generar desde sí mismos, un cambio tan brutal, como para el entorno natural, supuso, el paso del paleolítico al neolítico. Pues me atrevo a sostener sin temor a equivocarme que el día que se inicio la revolución neolítica, el hombre incubó en su ser sin darse cuenta, el virus del desastre ecológico, que con el tiempo ha ido generando progresivamente. Al convertirse de recolector en productor, el hombre inició una peligrosa andadura en la que aún seguimos.  ¿Podríamos haber creado sistemas culturales sostenibles que no entraran en conflicto directo con el entorno natural como ocurre hoy día? No es descartable, pero nunca lo sabremos. Esa frontera la traspasamos hace siglos. Y la traspasamos en conjunto, como “ser social”, aun cuando en diversas partes de la tierra siguieran existiendo, pueblos o tribus, que más o menos mantenían una cierta integración con la naturaleza. Pues el hombre según lo que llevamos explicado no puede entenderse al margen de la interdependencia.

 ¿Sería posible retornar alguna vez al origen? Sólo si miramos a la prehistoria con más atención para descubrir donde dimos el paso en falso. Mi querido hermano Victor Javier, que pronto será Doctor en Historia del Arte, me sugirió esta intuición: “Andrés hoy somos lo que somos, porque en la prehistoria tomamos decisiones definitivas, todo se decidió entonces. No se aleja tanto el mito de la realidad”. Sus palabras son reveladoras a mi juicio, en los orígenes se coció nuestro mundo moderno. Pues pudiendo haber construido una sociedad del ocio, donde el trabajo fuese de orden creativo. Hemos construido un mundo donde el hombre es una pieza de la cadena de producción en aras del puro incremento de la riqueza. Y eso aconteció, incoadamente, en el paso del paleolítico al neolítico. Pues el trueque pronto dio paso al dinero. El dinero y la economía son  hijos del neolítico. Y por tanto, la sumisión del hombre a la economía es tan antigua como la misma humanidad que hoy conocemos, y que es totalmente distinta de la humanidad “originante”. Por tanto, reconsiderar nuestro pasado es fundamental si queremos construir un futuro distinto, y desde mi perspectiva, mi hipótesis, contribuye en términos cristianos a caminar en esa línea.

 

 

HIPOTESIS SEXTA

            Tratar de los orígenes del hombre, como leíamos en Baumgartner, significa plantearse su final, su horizonte escatológico.  De hecho Denis Edwards, en su obra citada, nos propone que Jesucristo es la redención escatológica del lado trágico de la Evolución.  Y yo, ahondando en esta línea de pensamiento, expongo que la escatología, es la divinización gratuita y  definitiva de un universo que ha sido creado finito, por ser distinto de Dios, para constituirlo como un tú verdadero frente a Dios, de modo que en él, pueda existir realmente la libertad. Ya que sin esta condición previa, sería imposible establecer con ese orden de realidad, en su manifestación auto consciente y personal, una relación de amor verdadero. La escatología, es pues el cumplimiento definitivo de una invitación amorosa y gratuita a participar de la vida divina. Y esta sería mi sexta hipótesis. Para reforzar este planteamiento quisiera citar aquí un texto de Lucien Richard, que Denis Edwards ofrece en su obra citada: “La creación conlleva un costoso proceso. La creación es un acto de amor kenótico; al crear, Dios se limita a sí mismo, permitiendo que surja un cosmos autónomo. Dios, en su causalidad creativa, deja espacio a la libertad y la autonomía humanas, así como a un orden natural caracterizado por su apertura y flexibilidad…El Dios que se revela en la auto limitación que conocemos como encarnación es el mismo Dios que crea. La creación le exige al Creador una kenosis semejante a la de la encarnación. La creación requiere tanta abnegación como la construcción del Cuerpo de Cristo. El Creador tiene que trabajar desde dentro de la creación, padeciendo con sus dolores de crecimiento y a su azaroso desarrollo”.  Este ejercicio de teología kenótica me parece interesante en parte. Pues justifica de manera acertada, la autonomía de todo lo creado, si bien, discrepo de su afirmación en tanto que indica que la creación “exige” del creador su autonomía. Desde de mi punto de vista, el Creador otorga por “gracia” a la creación su entidad concreta. Pues la creación no se encuentra en ningún momento en situación de exigir nada al Creador. Hecha de la nada, nada puede exigir. De modo que si la creación es gracia. Su culminación escatológica también lo es. Por que de hecho, existir finítamente, no exige alcanzar una existencia infinita. La eternidad no es la culminación necesaria del proceso creador. La eternidad es la alternativa que como invitación gratuita el creador, ofrece a la criatura resultante del proceso evolutivo (en este caso el mamífero “humano”), que es capaz de establecer con Dios una relación interpersonal, como ningún otro ser animal, es capaz de hacerlo. De ahí que el ser humano tenga en sí el poder de abismarse en la perdición, si plenamente consciente, rechaza la invitación que Dios le ofrece a participar de su vida divina. ¿Cómo puede entenderse esto? Antes de responder a esta pregunta necesitamos dar otros pasos que desarrollan esta hipótesis.

            Juan L. Ruíz de la Peña con su obra La otra dimensión y Joseph Ratzinger con su obra Escatología, han guiado, con sus páginas mi reflexión en este punto.  Para entender un futuro estado ontológico de la condición “creatural finita”, necesitamos afirmar que el realismo fisicista es transfigurado en un realismo pneumático. Afirmando que lo que llamamos resurrección de “la carne” tiene que ver más con el realismo que con los otros calificativos del realismo. Esto que en principio puede parecer confuso es perfectamente explicable.

            Raúl Berzosa en su obra citada expone: “la física moderna ha demostrado que la materia, en sus partículas más elementales, es puramente potencial y no tiene tendencia alguna hacia la organización; pero en el nivel de organización del universo, en el que existen formas altamente organizadas de entidades vivientes y no vivientes, sostiene la presencia de una “información”. Este concepto de información es una analogía, de alguna manera, con el concepto aristotélico de forma sustancial. Más aún. El DNA de los cromosomas contiene información necesaria para que la materia pueda organizarse según el esquema típico de una especie o de un ser singular. Analógicamente, la forma sustancial añade a la materia prima la información que necesita para estar organizada de un modo particular. Todo esto se afirma con cautela en cuanto no es lo mismo hablar de conceptos espirituales y metafísicos y de datos biológicos y materiales”. Este análisis me permite establecer una profunda diferencia entre alma y espíritu.

Alma es la “forma corporis” en palabras de Santo Tomás de Aquino. El alma es lo que convierte el cuerpo en una entidad personal diferente de un simple organismo biológico. La naturaleza por tanto de esta “forma corporis”, llamada alma, es estrictamente personal.  De modo que frente al dualismo platónico podemos afirmar que “No existen los cuerpos y las almas como elementos diferenciados, existen las personas, donde ambos componentes se integran de manera inseparable”. Es necesario superar la concepción platónica que divide al hombre en cuerpo y alma.

La expresión atribuida a Zubiri de que el hombre es un espíritu encarnado, me sedujo por un tiempo. Pero hoy, no la acepto. En el fondo es dualista. Puesto que la carne en sí misma no existe como cuerpo sin alma. No existe como un previo al alma personalizante. El cuerpo es personal porque tiene alma. La carne humana es lo que es por su alma. Sin alma, no sería cuerpo, sino cadáver. Huella de la identidad por un espacio de tiempo más o menos prolongado según el estado de conservación. Esta expresión sólo me resulta aceptable si al decirla lo que se expresa es que Dios infunde la identidad concreta que hace al hombre un ser personal, un tu concreto y verdadero, en su concepción, o como sostienen otros, al comienzo de la creación como una decisión general inclusiva que afecta a todo el proceso de las cosmogénesis. El alma es forma personalizante.

 El hombre es materia “informada” de manera personal. Por que la materia al margen de la forma no existe. Por ello es un disparate ontológico referirse al hombre como un doble compuesto. Lo que ocurre es que la forma humana, al margen de las otras formas, es “personalizante”. Cuando decimos que el alma es de naturaleza espiritual ponemos de manifiesto que en el hombre existe una dimensión que por abrirle a lo divino, supera con creces el mero “bios”. El hombre es susceptible de ser divinizado y eso se debe a que es capaz de establecer una relación de amor con lo divino por ser personal. Así que el alma “informa” no sólo una parte, sino todo el “ser del hombre”, pues en todo su ser reside su identidad.  Es más frente a los que afirman que el alma reside en el cerebro, me atrevo a afirmar, que el alma realmente está presente en todo el ser del hombre, pues todas sus partes, integran su realidad personal. De hecho, cuando el cerebro se ve dañado, aunque la personalidad se ve afectada, no desaparece. Ni siquiera en un coma profundo, se desvanece la personalidad. El rostro no se borra, ni la historia que este lleva adherida. Y si se desfigura el rostro permanece la mente, y si todo el cuerpo y la mente se ven afectados, aún permanece la identidad imborrable, inscrita físicamente en el DNA. El alma se desgaja del cuerpo única y exclusivamente con el cese completo de la identidad del sujeto. Cuando el “bios” fracasa e inicia su degradación.

 El alma por tanto, aunque “no se ve”, si se conoce. En tanto que aunque no vemos la identidad de un hombre a simple vista, si que podemos conocerla. Es más sugiero que hasta en cierto modo, “se puede ver, tocar, oír, oler y saborear” dado que los sentidos, nos transmiten información definitiva de la identidad de cada ser humano.  Me atrevo por tanto, a acusar de nuevos platónicos, a todos aquellos que reducen la identidad personal del hombre al órgano cerebro. La identidad personal rebasa con mucho los estrictos límites cerebrales, aunque sea preciso recalcar que sin el cerebro en pleno funcionamiento, la expresión de dicha personalidad se vea muy disminuida.          Orígenes ofrece en este sentido una curiosa clarificación. Pues él, entiende que el ser humano tiene una doble forma, una material, continuamente en cambio. Y una permanente, la identidad.  El alma tendría más que ver con esa “permanencia”. Si bien, en el fondo su enfoque sigue resultando dualista. Pues la identidad tendría más que ver con otra “cosa”, ajena a la corporalidad. Desde mi punto de vista, la forma corporis, afecta a “toda la corporalidad” sin ningún género de duda. Y si es cierto que la corporalidad cambia, es cierto que no pierde su “identidad”, y que esta misma, no cambia cierto, pero evoluciona y descubre continuamente, nuevas dimensiones de su ser.

            Espíritu es un “nuevo ser”. Visto de esta manera, el espíritu no es un competidor del alma, sino vida abundante, vida más grande. Espíritu y alma no son una misma cosa. Alma dice relación al cuerpo de manera necesaria. Espíritu es un nuevo modo de ser una identidad concreta. De este modo, siguiendo las palabras de Juan L. Ruiz de la Peña, mantengo que el “alma” es en tanto que forma, que identifica personalmente al hombre, permanece tras la muerte, y es la raíz básica, desde la que Dios reconstruye nuestra identidad, en el nuevo ser que supone el espíritu, que nos permite ser en el Ser de Dios (Que es Espíritu) sin dejar de ser nosotros mismos. Espíritu es por tanto mucho más que alma. Espíritu es un nuevo modo de ser personalmente en Dios. Espíritu es el nuevo ser de la unión cuerpo-alma, cuando ésta, muere. Espíritu es una nueva entidad ontológica más allá del Bios. Espíritu es el ser glorioso. Es la nueva identidad creada en el ser de Dios.

Comprendido el Espíritu de esta manera la muerte sería una suerte de transfiguración del bios personal al Espíritu, igualmente personal. Y la conexión que aseguraría, ambas formas de ser, es el alma, la forma corporis que es salvada por Dios de la muerte. Según Ruíz de la Peña, la resurrección de la carne es la afirmación de la identidad, el “yo”, no se destruye, sino que se transforma. Adquiere un nuevo modo de ser, que no se reduce a la existencia del alma al margen del cuerpo. Sino que supone un nuevo ser mucho más amplio que el alma en sí sola, en el que ella se integra, como forma personalizante de este nuevo ser glorioso. Al nuevo ser glorioso, yo lo llamo Espíritu: Ser en Dios de modo que Dios, pueda serlo todo, en todos.

Así pues, basándome en las apariciones del Resucitado, en el discurso del pan de vida del evangelio de San Juan, y en varios textos paulinos (1 Cor 15 y 2Cor 5, 1-10), propongo que el Espíritu es el nuevo modo de ser cristológicamente dados.  Ese nuevo ser es fruto de nuestra plena comunión con Cristo. Ese nuevo ser, es su SER GLORIOSO. Ese ser glorioso es de naturaleza corporal (el cuerpo celeste paulino), pero no es, de naturaleza biológica. La existencia consciente y personal no tiene por qué ser necesariamente biológica. El hecho de que sólo conozcamos este tipo, no excluye de suyo que puedan darse otras formas, en otros planos de realidad. Si el universo es una dimensión del ser. El ser puede en sí mismo encerrar otras alternativas. El carácter misterioso del ser podría no haberse dado a conocer por completo. El Espíritu, en cuanto opuesto a la Carne en Pablo, hace referencia a un nuevo ser que vamos adquiriendo progresivamente en nuestra unión con Cristo. Por tanto, ese nuevo ser, se adquiere como fruto de nuestro diálogo amoroso con Dios en Cristo. Su relación dialógica amorosa nos hace eternos.

Ratzinger nos ofrece un texto precioso que ilustra esta hipótesis que formulo: “En contra de esta postura ha tratado Pablo la cuestión de la corporeidad de la resurrección, precisamente aplicando a la interpretación de la  resurrección de los muertos la experiencia de la nueva corporeidad del Señor resucitado, como ha probado F. Mubner (Die Auferstehung Jesé 101-20). Esto quiere decir que Pablo se enfrenta decididamente con la idea dominante en el judaísmo, según la cual, el cuerpo resucitado es totalmente idéntico con el terreno y el mundo de la resurrección es una simple continuación del terreno. El encuentro con el Resucitado, que en cuanto el totalmente otro, escapaba al ver y al conocer terreno, que no estaba sometido a las leyes de la materia, sino que se dio a ver al modo de la teofanía – un aparecer desde el mundo de Dios-, este encuentro, digo, acabó definitivamente con tales interpretaciones. “Pero os digo esto, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción (V. 50)”…la determinación con que Pablo se opone a concepciones naturalísticas, no le impide seguir hablando de resurrección del cuerpo, que es algo distinto de la vuelta de los organismos conforme a este mundo…Para el cuerpo se da, no sólo al modo adamítico de cuerpo animado, sino también al modo Cristológico debido a la resurrección de Jesucristo, en cuanto corporeidad gracias al Espíritu Santo. Al realismo fisicista se le contrapone no un espiritualismo, sino un realismo pneumático…y contra una concepción naturalística del Resucitado y su presencia en el culto de la Iglesia, está una frase áspera, que da la impresión de anular incluso lo anterior, pero que lo que realmente hace es enseñar a verlo en su verdadero significado: “El espíritu es el que da vida, la carne de nada sirve” (v. 63). La carne de Cristo es espíritu, y el espíritu de Cristo es carne: sólo en esta tensión es donde se ve el especial y nuevo realismo del Resucitado por encima de todos los naturalismos y espiritualismos.” 

De este largo texto pueden extraerse tres conclusiones:

Primero. El error es haber establecido una simplista identificación entre alma y espíritu. Espíritu es mucho más que alma. Supone una nueva corporalidad en una nueva dimensión en la que permanece la misma identidad como consecuencia de la inmortalidad del alma, información personal de cada ser humano. Espíritu es una nueva sustancia. Y en tanto que supone adentrarse en la divinidad, en tanto que supone una divinización de lo finito, no es algo exigido por la naturaleza finita. Es una gracia que brota de la infinita generosidad de Dios, que en tanto es aceptada y recibida por el ser finito personal (en este caso el mamífero “humano”), es mérito, en el sentido que Trento le da a esa palabra: Aceptación fructífera de la única Gracia Divina. De modo que quien dice No a esa gracia, de manera libre y consciente, esta divinización no se realiza y ese ser fracasa. Y ese fracaso es para él eterno, en tanto que su “identidad” permanece eternamente en la presencia de Dios, para quien todos están vivos. De modo que esa alma no se transfigura en espíritu, y esa identidad existe sin existir. Esta contradicción ontológica es lo que yo llamo Infierno. El infierno es pues una creación humana fruto del uso de su libertad. De ahí que sea necesaria la existencia de un Juicio final que haga verdad en estas cuestiones tan definitivas, para el ser humano. ¿Hay riesgo de perdición? Sí. Pero a la vez es preciso afirmar que  todo ser humano en cuanto susceptible de relación con lo divino, puede hacerse eterno. Y estoy seguro de que el Dios que quiere salvar antes de condenar, hará cuanto sea posible para ofrecer hasta el último instante a la criatura, la invitación a la divinización. ¿Cómo ha podido esto afectar a todos los hombres desde el inicio de los tiempos en la diversidad de las culturas? Aconsejo en este extremo seguir los pasos del gran Rahner. Pues si Cristo, es la expresión patente de la voluntad salvífica y divinizadora de Dios, en atención a ella, todos los hombres pueden haber entrado en relación con la gracia santificante que hace nuevas todas las cosas otorgándoles un nuevo ser. De modo que es posible afirmar que el hombre que libre y conscientemente no se abre a la relación con esta gracia, que nunca viola la libertad personal, fracasa como proyecto de eternidad. Dios, por tanto, interviene en la historia, para comunicarse con el ser personal, inteligente y libre, en términos colectivos e individuales, porque en tanto que seres interpersonales, ambas dimensión están tan integradas en el hombre, como el alma y el cuerpo. Dios interviene por tanto para darse a conocer y para divinizar a quien quiera ser divinizado. Y lo hace asumiendo la “materia formal” que la misma creación, en su proceso auto organizativo, ha producido. Así es como lo falible se vuelve infalible, lo mortal en inmortal, lo imperfecto en perfecto, lo corruptible en incorruptible, lo finito en infinito y lo temporal en eterno. Esta hipótesis de que el espíritu engloba el alma pero la supera como un nuevo estado de ser, permite además,  siguiendo a Ratzinger, obviar el error que supone pretender una vivencia de la eternidad en un universo de suyo finito, y como tal, llamado a dejar de ser. El universo actual está llamado a superarse en una nueva dimensión, donde Dios lo será todo en todos. Esa nueva condición es lo que yo llamo Espíritu, como algo distinto del alma.

Segundo. El Espíritu de Dios es el alfarero que diviniza nuestro barro personal con forma de mamífero humano. El Espíritu de Dios es quien diviniza este fruto de la evolución. El Espíritu de Dios es quien opera esta transfiguración de la plataforma natural que la evolución ha producido, y que ha permitido la aparición sobre este planeta, de la vida personal, inteligente y libre. Pero en tanto que alfarero, el Espíritu de Dios, precisa que el barro esté húmedo para poderlo modelar. Con barro seco, el alfarero no puede hacer nada. Lo que humedece el barro en el caso humano es la libertad. La libre decisión humana que dice a Dios que sí. A partir de ese instante las manos amorosas del Espíritu de Dios comienzan el proceso de la santificación que se desarrolla en la Iglesia y en el tiempo. ¿Puede ese proceso producirse fuera de la Iglesia? Repasen los textos del Concilio Vaticano II al respecto. Y podrán por sí mismos extraer conclusiones sin mayores problemas.  Ese proceso, llamado santificación, a veces se completa en esta dimensión. Y otras veces, no. Si bien, si en la persona en cuestión, el proceso no ha terminado por sus resistencias personales (los pecados individuales), pero, si dicha persona no se ha cerrado por completo a la invitación de divinización, el purgatorio es la conclusión de esta cuestión. El proceso de santificación en cuanto proceso de divinización se completa ahí. ¿Cómo es ese ahí? ¿instantáneo? ¿temporal?. Difícil responder. Esta cuestión y la famosa diatriba acerca del “estado intermedio”, están sujetos a una pregunta: ¿existen más dimensiones, aparte de esta dimensión que conocemos? Ratzinger plantearía que sí. Ruíz de la Peña plantearía que la muerte personal, supone la resurrección inmediata, en tanto que al partir del plano temporal, los seres humanos, van inmediatamente al final de los tiempos. Esto supondría plantear si es posible que los resucitados estén ya con los que aún no han resucitado porque viven en el hoy histórico, en tanto que ya, disfrutan del último de los días. Compleja cuestión donde se entrecruzan eternidad y tiempo.

Tercero. Podemos saber qué pasa. Pero no cómo pasa. Eso no ha sido revelado. Así pues es imposible hacer ciencia. Porque esta realidad de la que hablamos se abre después de la realidad que pesamos y medimos. En estas cuestiones es imposible ir más allá del misterio y de lo que éste mismo, nos ha dicho de sí mismo en Cristo. Por eso propongo, una doble etapa, no en sucesión temporal claro. La etapa “animista” no plena. En la que van saliendo del vientre de la madre uno a uno.  Y la etapa “final” plena. En la que habrán salido todos del vientre materno. En la primera etapa unos esperan el nacimiento. En la segunda, nadie espera el nacimiento de nadie. Se ha completado la divinización de todos. Pero ambos hechos son “Transhistóricos”. Y en tanto que esto está más allá de la historia. Nada podemos decir, porque excede las categorías de nuestra dimensión.

            Esta hipótesis que formulo en estos términos, que propone la escatología como divinización gratuita del universo finito, permite corregir las tesis de Greshake. Pues su enfoque considera que la historia es una mera plataforma desde la que Dios sólo diviniza a sujetos individuales. La divinización afecta al universo total del yo, que no se entiende sin cosmos y sin historia. Y además corrige el burdo animismo que la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, propone en libros como La muerte: un amanecer que está transido de dualismo platónico. Pero a la vez permite salvar, las preciosas intuiciones que están presentes en ambas reflexiones.

 

            CONCLUSIÓN

            ¿Por qué formulo estos planteamientos como hipótesis? Porque no estoy seguro al cien por cien, de que sean ciertos, tal cual los expreso. Y no sería leal con la verdad, si los mostrara como absolutos. Son simples enfoques que me resultan interesantes, atractivos, y en parte, esclarecedores. Pero aún deben ser discutidos por gentes que compartan al menos mis puntos de vista sobre la vida y el mundo. De hecho, la mayoría de mis análisis se hacen desde unas opciones muy concretas de pensamiento. Y de hecho serán muchos los que no compartan mis criterios, porque sus opciones ideológicas y racionales sean otras. Así que dada la humildad que exige la búsqueda de la verdad, sólo me atrevo a plantear hipótesis, sobre temas tan difíciles y complejos. De este modo si se cree oportuno pueden desecharse sin más. Y quizás aporten puntos sugerentes que ayuden a esclarecer estos temas desde claves nuevas y sugerentes. En cualquier caso, hasta aquí puedo llegar. Ir más allá, desde mi punto de vista, sería un atrevimiento.

            Si de algún modo plástico pudiese explicar mi punto de vista, propondría, ver la película 2001, una odisea en el espacio. La figura del monolito expresa de manera maravillosa, el gran misterio que hay detrás del origen del universo, del origen de la vida, y sobre todo, del origen de la vida personal, inteligente y libre que se manifiesta con forma humana, sobre la faz de la tierra. El misterio que lo conforma todo, se muestra de una manera única, en todos los temas que he considerado a lo largo de todas estas hipótesis. Y ese misterio, es como esa piedra negra, que está detrás de todos los cambios, detrás de todos los saltos ontológicos que acontecen en el proceso evolutivo. Sobre el modo como ese misterio ha acontecido, y puede acontecer, tratan estas hipótesis, que, humildemente ofrezco, a la consideración de aquéllos que, libremente, quieran tenerlas en cuenta.

 

Andros Presbítero

           

 

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