Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

HOMILIA Ciclo B

CADA DOMINGO LA PALABRA DE DIOS ES CREADORA, NOS RENUEVA, SI LA ESCUCHAMOS CON FE Y SABIDURÍA, PORQUE NOS EL ESPÍRITU DE DIOS NOS VISITA Y NOS LLENA DE GRACIA. APRENDAMOS A ESCUCHARLA COMO MARIA.

 

 

ADVIENTO

 

2 VOZ DE ADVIENTO

 Veo rota la armonía del hombre con su entorno, no faltan la destrucción del medio ambiente. Las extinciones de especies únicas y maravillosas no son extrañas. El paraíso de Isaias no es lo que veo cuando miro el mundo. Tampoco la unidad de los seres humanos está de moda, más bien al contrario, la polarización y el frentismo, cuando no el tribalismo más oscurantista y absurdo, travestido de honorable patriotismo en no pocas ocasiones, apoyan la teoría de que la desigualdad entre humanos está más que justificada, sin plantearse nada más, sin pensar siquiera en la justicia o el Bien Común, como algo real y posible. Somos hijos de Caín y no nos consideramos guardianes de nuestros hermanos. Pablo tampoco es lo que veo hoy cuando miro el mundo. Del mismo modo el Bautista no consiguió erradicar la falsedad religiosa tan hipócrita, como esas “víboras” escenifican en su presencia. Aquellos fariseos. Y eso que él no se sentía digno de desatar las correas de las sandalias de Jesús. Pero fingir que se cree en Dios y se le ama, para engordar su propio ego, a costa del buen nombre del mismo Dios y del Bien de los demás, para el bautista es ir demasiado lejos. Aun veo demasiada hipocresía dentro y fuera de mi querida y amada Iglesia. Tenemos una epidemia desmesurada. 

    Hoy sinceramente creo que el mundo no está en Vela. No aguarda un nuevo eón. Se ha acostumbrado al status quo por más fétido que resulte. Parece que todo nos da igual, como dice un buen escocés: “Hemos perdido el sentido de la vida, y nos hemos ido de compras”. Adocenados totales, alienados, y como puercos en cochiquera.  En una porqueriza estamos convirtiendo el mundo. Y además lo hacemos en no pocas ocasiones con buena conciencia.

    ¿Así que puedo deciros amigos y hermanos hoy? ¡Porque mis palabras parece que no suenan a esperanza que digamos! ¿No sabes que el Espíritu sobrevuela el caos y saca cosmos de él? ¿A que os invito? A confiar en ese Espíritu para haga rebrotar un germen verde en este leño seco en el que vivimos. Un brote que devuelva la vida a este mundo. Porque no tenemos otro. Eso de ir de viajes interestelares es una gran mentira que nos han contado en el cine, pues tenemos en contra las enormes distancias, las energías insuficientes, el tiempo que condenaría a los viajeros al desenganche por completo del resto de la humanidad,  las radiaciones estelares que no podríamos soportar y la 2ª ley de la termodinámica, siempre tan tozuda, que nos enseña que ningún material en este universo es para siempre, no hay nave que la pueda resistir. No hay planeta B. Así que tenemos que implorar al que estuvo en la primera creación para que se haga presente en una nueva creación. Porque Godot como ET, no parecen estar llamando a las puertas de nuestra vida. Necesitamos que el Espíritu del Señor nos visite, el Espíritu de la Sabiduría y el entendimiento, el Espíritu del Consejo y la fortaleza, El Espíritu de la ciencia y el temor de apartarnos del amor. Necesitamos ser bautizados con  ese Espíritu Santo y fuego. La falsa religión no vale. Ya no impresiona a nadie. Así que amigos a orar con fuerza. Y como lo hizo Juan en el apocalipsis, sin cansarse de repetir: “Maranathá, Ven Espíritu, ven Señor”.  ¿Por qué sino a donde irán nuestras vidas? El hacha ya golpea nuestro leño vital. Y aquí seguimos marchando por el camino equivocado. “Parar el mundo y bajarnos”, como dijo Delibes, no se puede. Así que pongamos nuestra esperanza más allá de lo que vemos porque lo que vemos inspira bastante poco. De lo contrario sin esperanza amigos, moriremos asfixiados. Así que os digo hoy, cimentad bien vuestras esperanzas.

 

1 VOZ DE ADVIENTO

    Vivir sin saber que vamos a morir es vivir alienado nos decía Heidegger entre otros. Tampoco es que inventara el azulete ni la pólvora, Pessoa y muchos otros antes, ya lo pusieron de manifiesto. Hasta Jorge Manrique. Lo cierto es que muchas veces nos encerramos en ensoñaciones absurdas que nos impiden vivir esta vida en plenitud. 

    El pesimismo es una ensoñación a superar según las Escritura hoy. Isaias y el salmista son claros. A Isaías le iba muy mal, cuando escribió este oráculo. Pues no era paz lo que tenía, sino lo que anhelaba porque lo único que tenía era guerra. Horror. Más él mantenía la paz y su ánimo era firme porque confiaba en Dios. Más allá de lo que vivía y experimentaba de manera inmediata. A Jeremías le pasó algo parecido, pero aún peor. Cuando miramos al horror a los ojos, el horror nos devuelve la mirada. Y cuando nos mira, quema nuestros ojos, y nos hace verlo todo oscuro, tenebroso y triste. Más la invitación de las Escrituras es contraria. Igual que Dios hace surgir universos de la nada, tras el impacto del horror, Dios suscita un después, por medio del aliento de la esperanza, y de ese modo, los que hoy lloramos, mañana aprendemos a sonreír. Tras el horror de la Cruz, la resurrección lo cambia todo. Estamos tristes porque perdemos al que amamos, más luego lo volvemos a ver, y entonces nos llenamos de una alegría que nadie nos puede quitar. El Dios de Jesucristo opera esa nueva creación. No estamos ante un mito como el de Osiris, sino ante un personaje histórico sustentado con múltiples testimonios diversos y contrastables. El pesimismo se explica por el impacto del horror, pero si asesinamos la esperanza, si no nos negamos a mirar más allá en el misterio que habitamos. El pesimismo no es una necesidad si nos negamos a dedicarle toda nuestra atención al impacto del horror. La esperanza nos vacuna ante el veneno que el horror nos inocula. 

    Considerar que el ser humano solo sirve para hartarse de banquetes y orgías, que sólo puede aspirar a comer y a follar, es mirar al ser humano de una manera de la que Pablo nos quiere hacer despertar. Si Cristo se convierte en nuestro modelo de vida, de tenebrosos, nos transformamos en gente luminosa. Pues comprendemos que el ser humano es mucho más que sólo eso. La frivolidad como huida del horror de fondo, es una falsa salida. Pues esa puerta conduce al abismo. La frivolidad no nos hace explorar las enormes dimensiones de nuestro misterio. Es como conformarse en vivir en el portal de la casa, teniendo un enorme palacio esperándote a tu alcance si te decidieras  simplemente a cruzar la puerta que está abierta para ti. Vivir como Cristo es adentrarse con decisión en el misterio de la vida. Así lo define Pablo con sus palabras sencillas hoy.

    Pensar que es imposible vivir en la inseguridad más absoluta, es otra ensoñación de la que hoy nos despierta el Evangelio. La seguridad no existe. Nunca sabemos que va a pasar con total rotundidad. A veces acertamos pero no siempre. En mi vida he comprobado que eso de “ley de vida” que tanto se dice cuando un anciano muere, es un embuste, simplemente porque en la vejez la muerte parece connatural. Más cuando has enterrado a tres hermanos siendo niños, a tus padres, y a no pocos amigos, descubres que la única ley que existe es que si estás vivo te puedes morir, y no sabes ni como ni cuando. Por eso el Evangelio hoy me enseña que debo dejar de lado hacer proyectos de futuro a largo plazo y aprovechar el presente para vivir lo que anhelo si me es posible hacerlo. Cuanto tiempo derrochado en cosas sin importancia. Y cuantas ocasiones perdidas para adentrarse en lo que realmente importa. Cada cual seguro que podrá poner nombres y situaciones a estas afirmaciones. Despierta, y usa tu inseguridad, no para aterrarte, sino para disfrutar y desarrollar aquello que merece la pena. Aprovecha tu hoy porque el mañana, igual, no llega. Ese beso, ese abrazo, esa humanidad que no desplegaste, suma y sigue. Cada uno ha de encontrar que significa para él aprovechar el instante. 

    ¿Alienado? Yo prefiero descubrirme a mí mismo, y si es enamorado de Jesucristo para mí mucho mejor. Lo luminoso me es preferible a lo tenebroso y lo cálido a lo gélido. Pero que cada cual, elija su destino, no hay porqué hacerle caso al alemán de nombre impronunciable necesariamente. Yo no se lo hago, pero sí entiendo su punto de vista, si no soy una piedra, no sé por qué me he de empeñar en vivir como si lo fuera. Prefiero despertarme de semejante ensoñación, si los sueños, sueños son, prefiero que sea el mío y no el de una roca. 

 

ORDINARIO

 

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

    ¿A quien coronamos como rey de nuestro corazón? Porque coronar un modo de existir con sus percepciones, sensaciones o conductas propias, no da igual que coronar a otro. 

    La primera lectura nos lo hace ver. El pueblo Hebreo coronó primero a Saul y luego a David. Y no fue lo mismo. Cuando contrariando a Samuel que no quería monarquía para su gente, ellos deciden poner reyes al frente de sus tribus, la historia de aquel Israel, no será la misma con uno que con otro. Dejando de lado, las visiones políticas anejas a estos textos, si los interpretamos en clave personal podemos responder con cierto gracejo a la pregunta primera. 

    Miremos el Evangelio. Si coronamos como nuestro rey al desamor: insultaremos, nos burlaremos, seremos vinagre para los demás, crucificaremos a los demás, al mundo, e incluso a nosotros mismos. Si coronamos al amor, que es lo que ese “buen ladrón” hace, acercando su dedo al de Cristo, como hace Adán en la creación de la Sixtina, seremos otra cosa: misericordia para los demás, aliento, esperanza, alegría, una nueva oportunidad, gente que lejos de crucificar, hace que los demás vivan en un paraíso, gente que resucita. Gente que glorifica y hace que los demás vivan en plenitud. Así nos lo ha mostrado Pablo, su carta hoy. 

    Coronar a Cristo en mi vida como mi rey, según Pablo, me glorifica a mi, a los demás, y al mismo mundo en el que habito y sin el cual yo no podría existir. Coronar al desamor supone convertir el mundo en un infierno. Cristo coronó el amor como su rey, y por eso es tan definitivo, la historia marcha mejor cuando seguimos su andadura. Los dos ladrones en Lucas son una especie de símbolo. Las dos caras de como vivir la vida: coronando el amor como nuestro rey, o convirtiéndonos en siervos del desamor. 

    ¿Así que a quien coronamos hoy? ¿A quien corono yo hoy? No es cualquier asunto. Parece simple pero la respuesta afecta en su mismo centro a la inmensa complejidad de cuanto existe. ¿El amor como primer principio fundante o el desamor? Esa es la cuestión.  

 

 

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Andrés Marín Navarro.

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