Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

HOMILIA Ciclo C

CADA DOMINGO LA PALABRA DE DIOS ES CREADORA, NOS RENUEVA, SI LA ESCUCHAMOS CON FE Y SABIDURÍA, PORQUE NOS EL ESPÍRITU DE DIOS NOS VISITA Y NOS LLENA DE GRACIA. APRENDAMOS A ESCUCHARLA COMO MARIA.

 

 

6 ORDINARIO

    Las Escrituras hoy nos enseñan que no basta con vivir. Lo importante es vivir en plenitud. Y para que podamos alcanzar esta meta nos regalan este Domingo tres verdades.

    La primera es que debemos renunciar al protagonismo. Pensar que nosotros lo podemos todo no deja de ser mera soberbia. Somos polvo de estrellas que hoy está compacto y mañana se desvanece. La eternidad no nos es propia. Solo Dios la tiene. Por tanto si no queremos que nada ni nadie se desvanezca en la nada, vivamos en Dios. El profeta y el salmo nos lo han enseñado. Quién solo confía en sí mismo es un ser para la muerte. O Dios o la nada. No hay otra alternativa. Así que cuando decidamos poner un cimiento a nuestra existencia, pensemos bien donde lo hacemos. Porque la arena no es lo mismo que la roca. Los que creen en los personalismos, en que sin esta persona no va a funcionar nada, se equivocan. Cuando murió Juan Pablo II algunos pensaban que se iba a caer la Iglesia, y sin embargo aquí sigue. Porque su ciemiento no es el Papa de turno. Su cimiento es Dios en Cristo. Y eso vale para todos los estamentos de la misma. Y también para las corporaciones sociales de distinta especie. Así que dejemos a parte a los egolatras que se creen insustituibles. Y no nos dejemos engatusar por sus espejismos.

    La segunda es que si todo acaba con la muerte, la vida carece totalmente de sentido. Porque no faltan últimamente muchos pensadores que afirman que la vida es hermosa aun cuando la muerte sea su última frontera. Evidentemente para creer esto hay que ser dos cosas: alguien que nunca ha sufrido y alguien a quien el dolor de los demás no le importa lo más mínimo. Creer que el hecho de que Dios no exista es divertido, es negarse a reconocer que sin Dios, las lágrimas de los sufrientes irredentos porque ya están muertos, jamás alcanzarán consuelo. Es aceptar de buen grado la injusticia connatural con un mundo como el nuestro. El apóstol nos expone con claridad esta idea. Sin sentido la vida es absurda y sólo desde la frivolidad que te aliena es posible soportarla a ratos. Esa vida es desilusionante. Y muchos, aunque lo tengan todo, son capaces de quitarse de enmedio cuando carecen de ilusión por existir. El pesimismo y el cinismo son venenosos para el deseo de vivir, y más aún, para el anhelo de ser felices. De ahí el rotundo “pero no” apostólico. La muerte no tendrá la última palabra, Cristo ha resucitado. Y esta nueva percepción de la vida nos introduce en la senda de la esperanza arrancándonos de las manos del desaliento. Conviertiéndonos en esclavos de la cultura de la muerte no podremos subsistir con suficiente calidad de vida en todos los ordenes. A no ser drogados de distintas maneras para resultar útiles al mundo durante al menos un tiempo. Eso es una “mentira de vida”.

    La tercera enseñanza que se nos muestra brota de las Bienaventuranzas de Lucas. No podemos construir un mundo dichoso si los pobres existen mientras que otros son ricos insolidarios con sus hermanos. No podemos construir un mundo con gente dichosa mientras haya hambrientos al par que gente saciada que derrocha sin cesar lo que otros necesitan para vivir. No podemos vivir en un mundo feliz mientras unos rien sin importarles lo más mínimo el llanto de los que están a su lado. No podemos ser felices si vivimos en un mundo donde se persigue a la gente por ser fiel a su religión y a su ideología sin hacerle daño a nadie con ello. Sin libertad religiosa y sin libertad individual es imposible vivir en plenitud. Es imposible ser dichoso en un mundo donde se dan estas clamorosas injusticias. 

    Tres verdades como puños se nos regalan hoy. Ojalá y que no permanezcamos sordos a semejante caudal de sabiduría.

 

5 ORDINARIO

    El mensaje que la Escritura nos traslada hoy es la importancia de encontrarnos con Dios. Tres casos se nos proponen: Isaias, Pablo y Pedro.

    Isaias se encuentra con Dios en su templo. Al parecer en el lugar más sagrado de éste. Envuelto en los ritos propios de ese lugar. ¿Sería un sacerdote? Esa es una cuestión que dejamos para el juicio de los expertos. Lo cierto y verdad es que al descubrir su presencia magnífica, Isaias se siente impuro. Y lleno de temor piensa que ese encuentro con Dios le supondrá la muerte. Pero Dios se revela no como un amo, sino como un amor. Su misericordia le sorprende. Y ese amor gratuito le pone en posición de ser su colaborador para desempeñar la misión que Dios le solicita. El omnipotente curiosamente se revela necesitado de ayuda. 

    A Pablo le pasa algo parecido. Cuando va camino de Damasco algo debió de pasarle, porque se convirtió de perseguidor en apóstol. Y un cambio tan drástico no suele acontecer porque sí. Lo digo porque algunos se atreven a discutir la veracidad de su experiencia, tanto ayer como aún hoy. Lo que le ocurrió, Pablo, alcanzó a entenderlo a la luz de las Escrituras en el seno de la comunidad cristiana. A través de ellas encontró a Jesús en esa experiencia extática que nos narra en varias ocasiones. Aunque sin controlar muy bien el misterio que había experimentado. Inmediatamente se sintió un aborto, porque había perseguido a la Iglesia de Cristo con saña. Pero curiosamente se le manifestó el amor gratuito e inmericido manifestado en Cristo. Y descubrió que no le salvaba Ley mosaica alguna, sino este amor eterno. Por ello afirma que por pura gracia de Dios es lo que es. Y en ese instante quedó convertido para siempre en apóstol de las gentes, para darles a conocer el amor que él había experimentado. Las Escrituras y su comunidad le movieron a comprender.

    Pedro, inesperadamente, se encontró con Dios a traves de Jesús en su vida ordinaria. El era pescador, y se encontró con Dios, pescando. Y fue tal la experiencia que vivió que asombrado, estupefacto, se volvió a Jesús y lo primero que le dijo fue: “apártate de mi que soy un pecador”. La respuesta de Jesús es sorprendente: “No tengas miedo, yo haré de ti un pescador de hombres”. Y a partir de ese instante siguió a Jesús, teniendo que evolucionar y cambiar muchas cosas en su vida. Lo mismo le ocurrió a Pablo y a Isaías. Ser colaborador de Dios no te exime de debilidades y de comprensiones parciales que gradualmente debes ir cambiando.

    Las tres experiencias son muy claras: miedo, amor eterno, asombro y sorpresa, y cambio radical de modo de vivir, dejando de vivir para sí mismos y aprendiendo a vivir para el bien de los demás. Uno encuentra a Dios en el templo y en la vida litúrgica. Otro lo encuentra en las Escrituras y en su comunidad que las interpreta. Y otro lo encuentra en su vida laboral ordinaria. Entornos diferentes, pero aptos todos ellos para encontrarse con Dios, pues Él está con nosotros. 

    Así que ¿a donde nos lleva todo esto? A preguntarnos: ¿Es bueno que el mundo se encuentre con Dios? La respuesta en el caso de los tres es afirmativa. Sus vidas ordinarias se volvieron plenas, como ellos ni siquiera podían imaginar. O sea que la cuestión es clara para nosotros: Si queremos que el mundo se encuentre con el Dios que nos ama en Jesucristo debemos colaborar con Él para que otros puedan descubrir dicho amor en el templo, en la liturgia, en las Escrituras, en la vida comunitaria, en la vida laboral ordinaria o en lo cotidiano. Si tú has encontrado a Dios en cualquiera de esas instancias o en todas ellas, colabora con Dios para que otros puedan encontrarse con Él como tú. Dios necesita de ti no lo olvides. El omnipontente necesita tu ayuda.  

 

ORDINARIO

    Quien quiera ser fiel al Evangelio dificilmente podrá ser políticamente correcto. Lo cual activa un caracter subversivo en el Cristianismo en este momento presente en el que adecuarse al “discurso único” es lo que está de moda. Pues aunque se habla de libertad de opinión, quien se atreve a tener un criterio propio, rapidamente es marginado por infinidad de personas que se pliegan al estado generalizado de opinión.

    Jeremías nos muestra que la razón para no romper el Status quo es el miedo. Por miedo a la reacción de los demás muchas veces dejamos de ser fieles a nuestras propias opiniones, o a nuestras verdades más íntimas. Y por ello tratamos siempre de ser políticamente correctos. Y probablemente por esa razón estemos ocultando nuestra luz a los demás. De ahí que el Señor invite al profeta a ser él mismo. Aunque ello le suponga conflictos con gente poderosa de su entorno. La valentía y la corrección política muchas veces están reñidas. Los políticamente correctos con relativa frecuencia llaman prudencia a lo que simplemente es burda cobardía.

    Pablo en la carta a los Corintios resulta políticamente incorrecto con los cristianos de Corinto. Por una razón, ellos se creen muy religiosos, creen tener fe como para mover montañas, se sienten muy llenos de los dones del Espíritu Santo, pero están divididos y peleados entre ellos por múltiples cuestiones. Por eso con este texto los está llamando inmaduros, infántiles. Porque solo el amor que él describe, nos hace grandes a los ojos de Dios. Sólo el amor nunca cesará. El pietismo por más religioso que pueda parecer si no ama de veras simplemente es espiritualismo vacuo que como la sal sosa, no sirve para nada.

    Lucas nos muestra la segunda parte del Evangelio del Domingo pasado. Los paisanos de Jesús eran unos chauvinistas. Es decír pensaban que como ellos, israelitas, nadie. Eran el mejor de los pueblos de la tierra. Pero Jesús les hace ver que los grandes profetas fueron creídos por los géntiles, como se le ha dicho también a Jeremías, y que la fe de los no israelitas, en varias ocasiones fue más grande que la fe de todo Israel. Así que por cuestionar el narcisismo nacionalista y religioso del pueblo judío a Jesús lo rechazarón. No fue políticamente correcto en Nazaret. Y por ello desmostró que nadie es profeta en su tierra. Una fe que desprecia a los demás no es una fe verdadera. Por más que así se lo crea. 

    Así que si quieres ser políticamente correcto difícilmente podrás ser un seguidor de Jesús, porque el Evangelio, nada sabe de miedos, de desamores, divisiones y desprecio a los demás por el simple hecho de no ser de tu clan particular. 

 

3 ORDINARIO

    El efecto que causa la Palabra de Dios cuando la escuchamos con atención y la recibimos con fe es lo que la Sagrada Escritura nos explica en el día de hoy.

    Nehemias nos enseña que la Palabra de Dios puede llegar a emocionarnos y llenarnos de una alegría capaz de hacernos superar todas las tristezas.

    El Salmo nos muestra que la Palabra de Dios nos instruye, nos llena de Sabiduría para hacerle frente a la vida con acierto.

    Pablo en Corintios nos muestra que la Palabra de Dios nos hace comprender la Iglesia como un misterio de comunión para una misión. En la que cada uno debe aportar su propia riqueza para incrementar el bien común. Pues como en un cuerpo en ella ha de integrarse la diversidad en la unidad, sin caer ni en la uniformidad ni en la división. Pues ambos extremos son enemigos de la comunión. Donde cada miembro respete al otro en su diversidad, y por el amor sea capaz de vivir en la unidad. La Palabra de Dios nos enseña hoy que esta siempre es y será la asignatura pendiente de la Iglesia.

    El Evangelio nos enseña que la Palabra de Dios nos llena del Espíritu Santo, y éste nos pone en pie para anunciar el Evangelio a todos con nuestros hechos y nuestras palabras. Esto mismo que vive Jesús es lo que Lucas hará con Teófilo, después de Pentecostés. También ésta es la experiencia de María. Escucha la Palabra y se llena del Espíritu Santo que la abre a una misión  que la inunda de maravillas a ella misma y a la humanidad. Esta es la experiencia de cuantos hemos escuchado con atención y fe la Palabra de Dios. 

    Yo que os hablo, hoy cumplo el 34 aniversario de mi Confirmación en este año 2019. Y para mí supuso esto. Después de escuchar a Jesús ,la Palabra viva de Dios, durante dos cursos, recibí sacramentalmente el Espíritu Santo y esto cambió mi vida para siempre. Y en cuestión de meses mi decisión de ofrendar mi vida como sacerdote brotó dentro de mí sin yo haberlo pensado nunca. Pues no eran esas mis intenciones. Así que puedo deciros con Jesús que “esta Palabra se cumplió ayer y se sigue cumpliendo hoy en mi vida, y deseo desde mi yo más profundo que siempre siga cumpliendose hasta el último instante de mi existencia aquí”. 

    No os perdáis vosotros esta misma experiencia mía. Escuchad la Palabra con atención, meditadla en vuestro corazón como aconseja el Salmo y creedla, y vosotros mismos veréis maravillas.

 

2 ORDINARIO

    El mundo se formula tres preguntas para las que la Palabra de Dios hoy, tiene respuesta.

    ¿Para qué existo? ¿como puedo alcanzar la unidad? ¿que puedo hacer para que no se me agüe la ilusión de la existencia?.

    La primera es respondida por Isaias. Mundo existes porque Dios quiere desposarse contigo. Has sido creado para ser amado eternamente. Ya no te llamarán abandonado, ni tampoco devastado, eres su favorito y por ello Dios quiere desposarse contigo. El matrimonio es un sacramento por este motivo. Porque es el signo vivo en este mundo de lo que Dios quiere hacer con el universo. El esposo que nos seduce es Jesucristo con su amor sin límites por nosotros. Un amor que nunca callará. Y por eso todo está preparado para caminar hacia las bodas del Cordero.

    La segunda es respondida por Pablo en su carta. Mundo la unidad se logra usando la diversidad como una riqueza para edificar el Bien Común de todos. Si la diversidad es usada con egoísmo o con odio, jamás lograremos la unidad. La unidad no es la uniformidad sino la comunión. La unión de los que son diversos. Como ocurre con el misterio santísimo de la Trinidad. Tres distintos llegan a ser uno por el amor. Uno porque se aman. Y distintos sin uniformarse porque es su diferencia lo que los permite amarse. La comunión no anula la diversidad porque no uniforma, se enamora de lo distinto. Y complementa al otro diferente, lo enriquece. El bien común es la resultante de que los diversos trabajen unidos aportándose mutuamente sus riquezas.

    La tercera es respondida por el Evangelio. Mundo la Ilusión no se agua si Jesús y María están invitados a nuestra fiesta vital. Porque siempre nos hacen encontrar razones para la alegría, la esperanza, la paz y el amor. Si nuestras tinajas vitales se vacían de todo eso, si hacemos lo que ellos nos dicen, ellos ponen alegría donde solo queda tristeza, ponen esperanza donde solo resta desesperación, ponen paz donde la angustia inquietante lo es todo, y ponen amor, donde el egoísmo y el odio quieren anidar.  

    Si el mundo escuchase más la Palabra de Dios con calma encontraría respuesta para sus preguntas fundamentales. 

 

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

    Al bautizarnos, al confirmarnos y al comulgar cada Domingo nos hacemos uno con el Señor Jesús resucitado. Es su Santo Espíritu quien obra semejante transfiguración. Evidentemente todo esto ocurre en un plano espiritual, es decir en el fondo misterioso en el que acontece todo lo que existe. 

    De modo que hablar de cristianos es hablar de otros “Cristos”. De hecho la Iglesia que es la suma de todos los cristianos y no solo de todos los clérigos, debería ser una con Cristo. Cuando se puede distinguir entre la Iglesia y Cristo algo funciona mal en ella, o en la comprensión que tenemos de ella. El Pueblo de Dios es el Cuerpo místico de Cristo hoy en el mundo. Y como Él, somos un misterio de comunión con Dios. Una comunión organizada como un cuerpo. Con una misión que desempeñar para el Bien de todos los seres humanos, y aún más, de todo el Universo. Y ese prodigio se realiza por medio del Espíritu Santo.

    Así que ¿cual es nuestra misión? La misma de Cristo. Y la Palabra de Dios hoy nos la describe.

    Isaias nos enseña que estamos para consolar a todos con nuestro anuncio. Debemos de ser portadores de una Buena Noticia para todos y para todo: Nos aguarda la Gloria como destino último. El destino último de nuestra existencia es alcanzar la plenitud. Por eso somos portavoces de esperanza siempre. Y nunca debemos ser profetas de calamidades. No estamos puestos para condenar sino para salvar. La poesía de Isaias rezuma alegría a borbotones. Eso somos: Alegría para el universo.

    El Salmo nos muestra que estamos puestos aquí para bendecir y nunca para maldecir. Porque gracias al amor que Cristo nos regala nuestra vida es una Eucaristía permanente, una constante acción de gracias. De ahí que maldecir no es propio de nosotros. 

    En la carta a Tito de Pablo, se nos revela que somos misericordia, bondad, amor para todo y para todos. Al Bautizar, al renovarnos por el Espíritu en la Confirmación, al participar en la Eucaristía, extendemos el amor de Dios a todos los que lo reciben por la Fe, los sacramentos, la oración y el amor fraterno. Así que nuestra misión es creer, celebrar, orar y amar. Y sumergir en esa nueva dimensión a todos los que escuchan y creen nuestro anuncio. Esto es misión de todos en el Pueblo Santo de Dios, porque de lo contrario, no actuamos ni vivimos como el Cuerpo místico de Cristo. Si la Iglesia obra de ese modo equivocado, se convierte en un reino más de este mundo. Y nuestro reino no es de aquí, porque el nuestro, es el Reino de Dios. De él somos portavoces y heraldos. 

    Por último el Evangelio de Lucas, nos enseña que aunque no seamos dignos de desatar la sandalia de Jesús el Señor, Él por medio del fuego de su Espíritu, nos transfigura gradualmente en Hijos amados del Padre Dios en quienes Él se complace.

    La Navidad es una Pascua en pequeño. Por eso nuestros cristianos mayores felicitaban en estos días “las Pascuas”. Ésta y la Pascua florida que celebra la muerte y la resurrección de Jesús. Cuando los cristianos primitivos organizaron la Navidad sobre las fiestas paganas de las saturnalia, allá por los siglos II, III y IV, lo hicieron siguiendo el esquema de la Pascua Sagrada de Resurrección. Pues si el amor de Dios era celebrado al hacer memoria de la muerte y la resurrección de Cristo, si dicho amor era celebrado al considerar que por la ascensión de Jesús, todo se sumergía en el mismo seno de Dios, si dicho amor era festejado en Pentecostés al considerar que el Espíritu Santo, la llama de amor viva, se derrama sobre todos los que creen; de igual modo, en la Navidad, tenemos tres grandes fiestas: Natividad donde celebramos que el amor divino nace y se hace carne en el Verbo de Dios, Epifanía donde celebramos que su luz ilumina a todos los pueblos por igual, y en el Bautismo del Señor celebramos que se derrama sobre todos los que se unen a Cristo por los sacramentos de iniciación que iniciamos con el Bautismo, su Santo Espíritu.

    Así que cristiano no lo olvides, si te bautizas, si te confirmas y si comulgas cada Domingo en la misa, te haces uno con Cristo. Y si te apartas de esa senda, si por medio del sacramento de la Reconciliación, renuevas tu vida de bautizado, confirmado y comulgante, vuelves a ser ese Cristo Vivo que el universo necesita hoy. Sin los sacramentos de la Iniciación cristiana eso no sería posible, y sin la Reconciliación, tampoco. Vive tu fe de veras cristiano, vívela por las obras de tu fe. Con este hermoso mensaje se despide hoy el sagrado tiempo de la Navidad. 

 

EPIFANIA

    Un regalo es algo que se da grátis y sin esperar nada a cambio. Por eso decimos que Dios nos regala su amor. Así que el secreto de esta día están en que todos regalemos, y así todos recibiremos regalos. Hoy llegan los reyes magos cargados de regalos. Posiblemente unos magos Nabateos, hijos de Petra, según últimas hipótesis, expertos astrólogos vecinos de Israel, hacia el Oriente. Cuyos restos mortales descansan en la catedral de Colonia en Alemania, después de haber pasado de Constantinopla a Milán, para luego ir a parar a la mayor catedral católica de  Alemania.

    ¿Qué nos enseñan hoy de como vivir a los cristianos? Según Isaias nos enseñan que el mejor regalo que podemos hacer a los demás, al mundo y a nosotros mismos es el AMOR. Porque cuando amamos brillamos e iluminamos a los demás. Cuando amamos las tinieblas del egoísmo y el odio se esfuman. El amor obra en cuanto toca un amanecer. Y nos vuelve resplandecientes a todos: a los amados y a los que aman. El amor reúne. El amor nos vuelve a todos radiantes de alegría. El amor ensancha los corazones. El amor nos enriquece, nos convierte en tesoros a todos. El amor es de oro, porque es lo más valioso. El amor es incienso porque perfuma y vuelve sagrado el mundo. El amor es mirra porque es medicina para el que sufre. Si quieres ser un rey mago con el mundo ama.

    Además si amas eres liberado de convertirte en un Nazi. Porque hay gente que cuando habla de los demás con sus palabras se vuelve un Nazi. Por ejemplo: cuando tú desprecias a alguien por ser cura o católico, sin saberlo, en tu interior estás sintiendo lo mismo que un Nazi siente cuando escucha la palabra Judío. Pero si además cuando lo haces te percatas de lo que afirmo entonces eres un monstruo.  Y esto sirve para cualquiera, cambia las palabras “cura o católico” por cualquier otra, y si desprecias por lo que es al otro, por tu falta de empatía, por no ofrecer al ser humano un trato humano, el mal moral se adueña de ti, y el nazismo anida en tu interior. En ese instante solo cabe decir de ti: ¡Nazi eres en un monstruo te convertirás!. San Pablo por eso nos enseña que el amor no desprecia a nadie, por eso Dios ama a todos los pueblos y a todas la razas de la tierra. Dios es “antinazi”.

    Por último el Evangelio nos permite comprender que si amas te conviertes en una estrella que guía a los hombres de buena voluntad por el camino que conduce a la plenitud. Y les impide convertirse en un Herodes de turno, que por egoísmo soberbio odia y quiere destruir a los demás. 

    Así que si quieres llenar de magia el mundo como estos tres caminantes: ama sin cansancio a los demás todos los días de tu vida, aunque eso enfade a los Herodes con los que puedas encontrarte. He aquí la alegría de la Epifanía. 

 

1 ENERO

    Dios en nuestra vida nos aporta mucho. Hoy podríamos destacar tres efectos que el provoca en nosotros los creyentes en Jesús el Cristo. 

    El primero es evocado por el libro de los números y el Salmo que la acompaña. Dios nos llena de paz. Porque su bendición nos auxilia y protege. Nos guarda. Cuando su rostro nos ilumina, nuestro enfoque del universo cambia por completo. Pues ya no nos sentimos arrojados en el abismo vacío y oscuro del universo. Algunos creen que esto es una fantasía inventada para encontrar consuelo. Puesto que tenemos sed de plenitud. Si bien a estos incrédulos siempre les digo que lo primero no es la sed sino el agua. Desde el origen de los tiempos del hombre sobre la faz de la tierra, la religión le ha acompañado. Las tumbas y los túmulos funerarios de distinta especie lo manifiestan. Cierto que con el paso del tiempo, igual que hemos tenido que evolucionar en distintas maneras de pensar sobre temas diversos, en nuestro universo religioso, hemos crecido en la comprensión del misterio de Dios. La muerte y otras situaciones límite nos predisponen a lo religioso y a su racionalidad subsiguiente. Porque de lo contrario el amor desengañado y roto, nos conduce al cinismo y a la depresión. Sin esperanza no hay paz. Dios es la esperanza del amor que nos conduce a la paz. La Resurrección de Jesús es el vórtice de dicha esperanza. Y esta sed de paz que solo es saciada en Dios es el límite al que la Evolución nos ha conducido para que podamos abrirnos al sentido de nuestro destino que no es otro que ser amados por Dios eternamente. 

    El segundo es revelado por Pablo en la carta a los Gálatas. Dios es causa de nuestra liberación. Ya pasaron los tiempos del Antiguo Testamento. Nuestra comprensión primitiva de Dios lo consideraba un jefe, un Señor. Un jefe manda y castiga. Un jefe causa miedo, culpa y vergüenza. Nuestros teísmos verterotestamentarios nos inundaban de esos sentimientos destructivos. La Ley mosaica conllevaba anejo un rostro de Dios incompleto y deficiente: salvaje. Pero simplemente porque nuestra comprensión del mismo estaba contaminada por nuestros prejuicios de distinto tipo. Y de un entorno salvaje brota una visión de Dios deformada. Con el nacimiento del Hijo de la Virgen: Jesús, el Dios con nosotros que nos salva, revela en plenitud el rostro de Dios y nuestra verdadera condición ante Él. Él es ABBA. Esto es: Papá. Es decir: ternura. Y nosotros no somos siervos que han de humillarse en su presencia, sino Hijos amados de Dios que pueden mirar a Dios cara a cara en pie, felices en su presencia. Donde hay amor no hay temor, no hay vergüenza, no hay culpa. Porque el amor cuida, ayuda y perdona. Así que el rostro del Dios verdadero es ocasión para vernos liberados de toda suerte de sentimientos destructivos. En cambio un rostro deforme de dios puede conducirnos a ellos de manera irremediable, como aún siguen haciendo por desgracia algunos entornos religiosos. Incluso en nuestra misma Iglesia, no exenta de cizaña. Pues como dijo Jesús no todo el dice “Señor, Señor” entra en el Reino de Dios.  

    El tercero y último nos lo pone ante los ojos el Evangelio. Dios causa admiración y provoca que el ser humano se torne eucarístico, esto es, viva inmerso en la acción de gracias y en la alabanza. Los pastores y María experimentaron eso. Un hermoso “magnificat” brotó de sus entrañas. De modo que si en algún momento te has sentido decepcionado por Dios la respuesta es clara: tu visión de Dios estaba equivocada. Porque el Dios verdadero provoca siempre la admiración. 

    Así que os deseo a todos este año nuevo, que ni uno solo de sus días e instantes deje Dios de estar presente en vuestras vidas. 

 

SAGRADA FAMILIA

    Hermanos la Navidad nos ofrece tres enseñanzas que no le hacen daño a ninguna familia:

    1. Honrar, respetar, no abandonar, ser indulgente, no abochornar, ni al Padre ni a la Madre. Así lo enseña la primera lectura. De igual modo nos enseña el Salmo que como tus hijos son renuevos de olivo alrededor de tu mesa, un padre y una madre han de honrar, respetar, no abandonar, ser indulgentes y no abochornar a su hijos.  Lo que es un derecho para unos ha de ser un deber para otros. En las dos direcciones.

    2. Colosenses nos enseña las fuentes de “la compatibilidad” más allá de los prejuicios patriacarles de Pablo. La familia se hace compatible cuando sus miembros se visten de misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Porque sin misericordia, con maldad, con soberbia, con acritud y con incomprensión, dificilmente se es compatible con nadie. Sobrellarse construye la compatibilidad, perdonarse cuando se den quejas de unos con otros evita la incompatibilidad. En definitiva el amor es el ceñidor de la unidad consumada. Y evita la consumación de la división. Ser pacíficos no agresivos ni violentos. Unidos como un cuerpo. 

    De igual modo habitar inmersos en la Palabra de Cristo saca de nuestro interior lo mejor que llevamos dentro dado que nos lleva a correginos a todos conforme a ella. Cantar, dar gracias en la Eucaristía, orar con salmos, himnos y cánticos inspirados. Actuar desde Cristo y como Cristo. Esto construye la compatibilidad porque Jesucristo nos vuelve compatibles unos con otros. Ya que nos mueve a amarnos unos a otros, a no ser asperos unos con otros, a obedecernos unos a otros y a no exasperarnos para no desanimarnos unos a otros. 

    3. Los padres han de aprender a dejar volar a sus hijos conforme a su propio afán, que unas veces será conforme a sus consejos y otras no. Esto les cuesta mucho comprenderlo. Pero es lo que toca. Así que tendrán mucho que meditar en el silencio de su corazón. Porque cada hijo decidirá hacer de su vida una ofrenda particular al Padre. Y los padres les guste o no tendrán que asumirlo. Por eso es importante que los esposos nunca dejen de serlo cuando son padres. Porque siempre seran esposos pero “padres” serán de una manera durante un tiempo, y después tendrán que aprender a serlo de otra forma muy distinta. Porque no solo deberán evolucionar como esposos también como padres.

    ¿Os dañan estos consejos? ¿A que no? Pues eso tomadlos como la voz del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Tomadlos como la voz del Dios que os ama y os acuna con sus susurros en esta entrañable Navidad.

 

NAVIDAD

    ¿Quién es Jesucristo?

    1. Jesucristo es la Luz grande que vence a las tinieblas de la mente, del corazón y de la conducta errática porque no ama nada. 

    2. Jesucristo es la alegría y el gozo que surgen de experimentar la liberación de todo aquello que oprime nuestras vidas fisica o moralmente. Jesucristo es el anti mal. 

    3. Jesucristo es una maravilla de Consejero para saber conducirse en la vida. Es el Dios que guerrea con su amor eterno. Es el que nos revela el rostro del Padre Perpetuo. Es el príncipe de la paz porque nada sabe de agresividades aunque sí mucho de asertividades. Por eso es el Rey cuyo reino no es de este mundo.

    4. Jesucristo es aquel que cuando es proclamado y comprendido nos hace cantar por que su nombre es nuestra victoria y nuestras vidas se vuelven maravillas a su paso.

    5. Jesucristo es el amor gratuito que nos salva y nos reviste de su Plenitud, al unirnos a Él por medio de la fe, los sacramentos y el amor fraterno. Como miembros del grupo de los que lo siguen.  Del Pueblo de Dios que vive para amar y no para hacer el mal a los demás. Porque el amor que Él nos revela si lo vivimos, lo siembra todo de bienes. 

    6. Jesucristo es el Hijo de Dios que nos da a conocer al Padre al que nadie ha visto Jamás, porque si el Padre es el pensamiento enamorado y el Espíritu Santo es el corazón ardiente que inunda nuestras almas con sus sentimientos de amor eterno, Jesucristo es la Palabra y el Gesto que nos comunica este amor a todos y nos contagia del mismo sumergiéndonos en Él. Jesucristo es la expresión carnal y viva del proceso del Amor dándose que es el Dios que se nos ha manifestado.  Jesús es el verbo “amar” porque el amor nunca es cosa, ya que nunca está quieto. 

    7. Jesucristo es alguien histórico que nació en Belen de Judá en una condiciones que se nos narran, siendo sus padres María y José. Porque es la Vida Eterna que nos regala para hacer que nuestras pobres vidas aunque asombrosas, además se vuelvan eternas. Pues Jesucristo es la Gloria de Dios que viene a compartirse con los hombres y mujeres de buena voluntad, con todos los amados de Dios. No es una mentira. Es un Hecho histórico comprobable. Y ahora celebramos su cumpleaños que no sabemos a ciencia cierta cuando fue. 

    Por todo ello Jesús es una realidad digna de ser adorada. Es Dios con nosotros, Dios que nos ama y nos salva. Lástima que tantos no lo conozcan o lo rechacen consciente o inconscientemente. De modo voluntario o involuntario. Por eso los cristianos usamos esta fiesta pagana que conmemoraba en los tiempos de Roma el renacimiento del sol por causa del solsticio de invierno, para festejar su nacimiento. Y es que el ritmo de un astro del cielo (que aquellos romanos pensaban que era un dios) no afecta lo que pensamos y sentimos de los demás, de nosotros mismos o del mundo. Y tampoco ese ritmo estelar cambia lo que hacemos con los otros, con el mundo o con nosotros. Así que decidimos celebrar algo que si nos merece la pena. Y por eso para nosotros nuestra Navidad es Jesucristo y no los motivos de aquellos paganos, en los algunos todavía siguen inmersos. Eso sí aprovechamos su decoraciones y las enriquecimos con nuestros nacimientos y belenes. Y le damos a todo un significado nuevo. Porque es bueno que como los ángeles testimoniemos ante todos que Jesús puede nacer en sus vidas y cambiarlas para bien. No os lo calleís para vosotros solos. Hablad, cantad y celebrad y cuando os pregunten decidles: ¡Jesucristo es la causa!.

 

IV ADVIENTO

    Hermanos: Hoy la Sagrada Escritura nos muestra tres acontencimientos valiosos para nuestra vida. 

    El primerio la importancia de lo pequeño. Nos lo muestra Miqueas. Belén de Efrata es una población pequeña, incluso a día de hoy. Y aún sería más si Jesús no hubiese nacido en ella. Sin embargo por ese hecho, guardamos memoria de ella todos los cristianos 21 siglos después. Porque lo ocurrido en ese lugar humilde ha cambiado nuestra existencia para siempre. Lo pequeño puede ser definitivo e importante. A veces una simple persona ha sido capaz de evitar guerras entre dos paises. Incluso en un pasado no muy lejano hasta hecatombes nucleares. Un detalle no previsto puede cambiarlo todo por muy pequeño que éste sea. Así que si te ves minúsculo no olvides que por eso no dejas de jugar tu papel que no es sólo para tí, sino para tu familia, para tu entorno, e incluso a veces, más allá del mismo. Jesús como hombre frente a los emperadores romanos no era nada aparentemente, sin embargo hoy todos lo adoramos. En cambio aquellos mandamases han caído en el olvido.

    El segundo es la importancia del amor como fuente de santificación. Esta vez es la carta a los Hebreos la que habla. No nos santifica el dolor o el ritualismo vacío. Nos santifica la ofrenda de amor que Jesús nos regala. Nos santifica que el nos ama como el Padre porque Jesús cumple su voluntad. Así que si quieres santificarte déjate amar por Jesús y áma tu a los demás como él nos ama. Y no te embarques en dolorismos y ritualismos vacíos, propios de conductas religiosas que no aman. El unico sufrimiento valioso es aquel que se padece por causa de amar a los demás. El otro, solo se vuelve valioso cuando el cristiano por medio de la oración lo convierte en ofrenda amorosa para los demás entregándoselo a Dios para que El lo torne bendición para los hermanos. Como hizo el Padre con el de Jesús.

    El tercero es el encuentro con Dios en tu propia vida. Isabel experimenta su presencia en María de una manera que cambia su vida. Ella como María se vuelve dichosa cuando cree en la presencia de Dios. Ella como María se llena de esperanza porque sabe que Dios cumplirá su Palabra. Ella como María llena de fe y esperanza, bendice a Dios en su vida. Ella exulta llena de alegría porque el Espíritu Santo se adueña de su ser. Así que tú si no quieres hundirte en el pesimismo que no cree en nada, convierte tu vida en un encuentro con Dios y busca experimentar su presencia. Y en vez de pasarte la vida maldiciéndo, bendecirás y sabrás lo que es la alegría que nace de la fe y la esperanza. 

    Así que aprecia estas realidades valiosas, estos acontencimientos, y no desperdicies nunca los preciosos valores que emanan de ellos.

 

III ADVIENTO

    El Pueblo de Dios carece de autoestima alguna cuando Sofonías toma la palabra. Y en su oráculo el profeta le descubre donde están las razones para recuperarla: “tus enemigos y sus sentencias serán expulsados y revocados”, y la razón es clara: “El Señor está en medio de ti, valiente y salvador”. Pero eso no basta, la razón principal es ésta: “el Señor se alegra y goza contigo, te renueva con su amor, exulta y se alegra contigo como en día de fiesta”. Entonces, los hombres veían a Dios como Jefe, no como Padre, tal y como Jesucristo nos ha enseñado. Y para ellos Dios mandaba y castigaba. Y aún así el profeta mira más allá de su incompleta visión de Dios y entreve al Dios del Amor que se revelará en Cristo. Dios será Emmanuel, “Dios con nosotros”. Dios amará y salvará. Esa es la razón de la autoestima del Pueblo de Dios. Eres amado y por eso serás salvo. Así que si tú mismo te desprecias y repruebas, cambia de parecer, porque Dios quiere que goces, que te alegres hija de Sión, que te regocijes y que disfrutes con todo tu ser, hija de Jerusalén. 

    Por ello Pablo nos recomienda que para mantener la alegría y la paz del corazón, no perdamos de vista que el Señor siempre está cerca. Las preocupaciones nos distraen de esta verdad. Pero éstas se entretejen muchas veces de preguntas trampa que solo nos abocan a la ansiedad. Cuando construimos nuestros pensamientos preguntándonos: “Y si ocurre tal cosa negativa”, atravesamos la puerta de la preocupación. Como es una pregunta sin respuesta solo la ansiedad será nuestro destino. El condicional suele provocar siempre ese estado emocional. De ahí que nada de adentrarse en el terreno de la preocupación si quieres tener paz.  De los problemas hay que ocuparse y no preocuparse. Ocuparse resuelve. Preocuparse es inútil y dañino. Confía. Dios custodia tu corazón y tu pensamiento. No te dejes arrastrar. De lo contrario tu alegría y tu paz se esfumarán y pronto tu autoestima quedará herida.

    Por último el Evangelio nos aclara un aspecto más: autoestima y egoísmo no son lo mismo. Egoísmo es lo que Juan el Bautista corrige. Egoísmo es no compartir lo que se tiene. Egoísmo es exigir más de lo establecido. Egoísmo es extorsionar a los demás. Egoísmo es aprovecharse de otros desde la falsedad. Egoísmo es atentar contra el derecho de los otros, siendo un agresivo. Egoísmo es lo que le sobra al mundo por todos lados, es la paja que deberíamos aventar y quemar para quedarnos con el trigo. La autoestima es descubrir que aunque eres alguien indigno de desatar la correa de la sandalia de Jesús, Él te ama. Su amor te refunda, pero además te descubre que los demás son dignos de ser tan amados como tú. Por ello te vacuna contra el agresivo egoísmo y te defiende de la pasividad ante el egoísta. Mis derechos son mi deber contigo, tus derechos son tu deber conmigo. 

    Éste es hermanos el Evangelio de la autoestima que hemos escuchado este hermoso domingo y que si lo creemos nos llenará de alegría.

 

II ADVIENTO

    Pasar por el mundo sin más no es lo más acertado. El “quietismo”, la indiferencia o la pasividad no son compatibles con la invitación a la conversión que Juan Bautista nos hace y que después también nos hará Jesús. 

    Convertirse es cambiar. Cambiar mi relación conmigo mismo, con los demás, con el mundo y con el mismo Dios. “Abajar todos los montes elevados y las colinas encumbradas, llenar los barrancos y allanar el suelo, para que podamos caminar” es convertirse. Ser frondoso para dar buena sombra a los demás es convertirse. Cambiar lo que está mal para que esté bien. Eso es convertirse.

    Por ello se nos indican dos pistas de conversión si queremos aprender a vivir en la gloria. La primera despojarnos de los vestidos de luto, envolvernos de gala, revestirnos de la gloria de Dios, para que nuestro esplendor quede manifiesto. Gozar y no llorar. Vivir en fiesta. Convertir la alegría en el criterio para discriminar nuestros enfoques de la vida. Optar por la alegría. Que la boca se nos llene de risas y la lengua de cantares. 

    La segunda querernos entrañablemente en Cristo Jesús. Hacer que crezca el amor en el mundo favoreciendo la vida en común donde sean apreciados los valores: la justicia, la paz, la misericordia, la seguridad. Esa es la obra del Evangelio en la que todos estamos llamados a colaborar. Esta es nuestra empresa buena. 

    Así se preparan los caminos del Señor, así se allanan sus senderos. Así se elevan los valles. Así se endereza lo torcido y lo escabroso se iguala. 

    No es excusa no ser importante. Muchos eran los hombres importantes cuando Juan apareció. Sin embargo, no por ello Juan permaneció inactivo. Nunca fue agresivo. Pero tampoco fue pasivo. Aportó su luz para iluminar a todos los que se dejaron iluminar por su palabra y sus obras. Lo propio nuestro no es “pasar del mundo”, lo genuino de un cristiano es “pasar por el mundo cambiándolo para bien”. 

 

I ADVIENTO

    Escuchar y creer lo que la Sagrada Escritura nos enseña sobre Jesucristo alimenta nuestra esperanza. 

    Jeremías nos garantiza que serán cumplidas las promesas que Dios nos ha hecho en Cristo. Pues Él es ese vástago legítimo. Así que se impondrá la Justicia y el derecho. La injusticia no tendrá la última palabra en nuestra historia. Nos aguardan días de Salvación en los que definitivamente viviremos tranquilos. Creer esto nos infunde esperanza.

    El Salmo proclama que al pecador se le ofrecen sendas de misericordia para que pueda redimirse. Creer que estas nuevas oportunidades existen también nos llena de esperanza.

    Pablo en 1 Tesalonicenses nos enseña que sólo el amor permanecerá en pie cuando todo se agote. El amor nunca pasará. El amor será mas fuerte que la muerte. Y ningún desamor podrá imponerse definitivamente sobre el. Jesucristo Resucitado es la garantía de ello. Creer este mensaje nos reconforta porque nos llena de esperanza.

    Por último en Lucas, se nos enseña que por muchos signos terroríficos, por mucha que sea la angustia, por grande que sea el miedo y la ansiedad, aunque todo se tambalee, el Hijo del Hombre: Jesús el Señor, manifestará su gran poder y su majestad liberándonos. La historia no termina en desastre aunque así lo parezca. Cuando el lazo final caiga sobre nosotros, Jesús, nos hará escapar y mantenernos en pie sin que los desastres consigan derrotarnos para siempre. Que nada enturbie la esperanza que brota de este Evangelio. No vivamos la vida sin que esta fe sea nuestra dueña. Buscando la plenitud donde no está. 

    Así que sino quieres ser un ser humano sin esperanza, ya lo sabes escucha la palabra de Jesús en las Sagradas Escrituras y cree en ella de todo corazón. 

 

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