Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

HOMILIA Ciclo B

CADA DOMINGO LA PALABRA DE DIOS ES CREADORA, NOS RENUEVA, SI LA ESCUCHAMOS CON FE Y SABIDURÍA, PORQUE NOS EL ESPÍRITU DE DIOS NOS VISITA Y NOS LLENA DE GRACIA. APRENDAMOS A ESCUCHARLA COMO MARIA.

 

 

XXIX ORDINARIO

    Subversivo. Transgresor. Disidente. Con estos sinónimos podríamos definir el mensaje de Jesús hoy. Quien piense que los textos que escuchamos nos preparan para ser pasivos no ha entendido nada. 

    Nuestra sociedad se enferma muchas veces y con su razón fabrica monstruos. Es capaz de valorar más la deuda que al deudor. Y prefiere la destrucción del que debe a la perdida de lo prestado. Nuestra sociedad, a veces, es incapaz de comprender la debilidad ajena, y desde una inclemencia brutal, puede poner a parir a un ser humano, sin concederle la más mínima presunción de inocencia, si es que no ha sido sorprendido en delito flagrante: la famosa “pena de telediario”. En este sentido no se excluye este puritanismo hipócrita que con tanta frecuencia usamos en la mal llamada prensa del corazón, pues ni es prensa sino rumores, y además carece de corazón; y trata la vida sexual o personal de los demás como si los que charlan sobre ella, fuesen inmaculadas concepciones. Nuestra sociedad adora al poder, a la fama, y aspira a ellos con tanto descaro que es capaz de destruir a quien sea con tal de lograr su premio de modo que su egolatría se expanda de manera inusitada, aunque sea como un cáncer mortal para los demás. 

    Conste que de estas tres lacras sociales, no se libra la Iglesia. Pues en ella lo prestado, a veces es más valorado que el deudor. La persona no siempre es lo primero, sino la institución o el jerarca de turno. En ella no se presume la inocencia de la gente, cuando un rumor la acosa. Y en ella se aspira al poder a toda costa, porque las egolatrías clericales y laicales, pueden alcanzar limites insospechados y hasta disfrazarse de santidad, cual si fuese esta “contra fiesta yanki”, que consiste en vestirse por la calle de “santito” y no de muerto pútrido con alma de Kansas city. 

    Por eso Jesús es hoy una anomalía. Y resulta subversivo y disidente ante esta gente y sus sistemas. Porque según Isaías, Jesús está dispuesto a pagar el precio de la deuda de los demás con tal de poder salvar a los deudores, pues son personas. Y está dispuesto a pagar incluso con su propia vida y sangre porque ninguno se pierda. Así es como Jesús retuerce y disloca la macabra lógica de la expiación judía que presentaba a Dios como un monstruo sediento de la sangre de los que habían cometido pecados. 

    Jesús es comprensivo con los errores de todos y con las meteduras de pata tan propias del ser humano, porque sabe que somos de barro, polvo de estrellas, convocado para una vocación divina que nos supera con creces, y por ello su auxilio es constante. Así que lejos de culpar, da nuevas oportunidades; lejos de humillar y avergonzar, ayuda; y lejos de meter miedo y suscitar temores, abraza a los pródigos. La carta a los Hebreos acierta plenamente. 

    Por último Jesús, no es un ególatra. Bebe el cáliz hasta el final. Entrega la vida, derrama la sangre, para revelarnos hasta donde está dispuesto Dios a llegar con tal de amarnos, aunque nosotros le demos la espalda. Su servicio, consiste en amarnos hasta el extremo. Perderlo todo por los demás. Es una pena que llevados de las Cristologías del Pantócrator, el Señor vestido de poder y majestad, hayamos olvidado los claros consejos evangélicos que Jesús nos ofrece en su diario caminar por este mundo. Y hayamos pretendido crear tronos de poder de tal magnitud, que en el caso del mundo católico, pretenden rivalizar con el esplendor y la pompa de los faraones, y demás emperadores de aquí y de allá. Y que tras los pasos de Jesús, aún sigamos llamando “siervos” a los demás. Cuando siempre deberíamos decir: “en todo caso, el siervo soy yo”. 

    Por eso Jesús es una amenaza. Y su mensaje ha de ser domesticado. Pues tanta libertad en vena, para interpelar un mundo y, a veces, por desgracia una Iglesia (demasiadas veces: con dolor lo digo), es transgresor, subversivo, ¿revolucionario?, anómalo, eso sin duda. Cuestionar el orden establecido, hace que el orden se defienda, destruyendo a quien lo cuestiona. He ahí la cruz como resultante a la vida de Jesús y su mensaje. Claro que decir que Jesús muere porque un proyecto de expiación divina lo ha previsto, nos exculpa, y además nos convierte en dueños de la redención de los demás, quienes deben sometérsenos para ser salvos. Ahí la egolatría resurge, pero el Evangelio se eclipsa. Despertemos de nuestros sueños, pues cuál pesadillas envenenan las almas, de cuantos deforman el Evangelio, en busca de una poltrona de poder.  

XXVIII ORDINARIO

    En la cultura propia del capitalismo salvaje, la avaricia del dinero lo es todo. Y de este modo, un objeto: el dinero, se convierte en un ídolo. Siendo así que el dinero en sí mismo, ni es malo, ni es bueno. Es una cosa. Y las cosas no son ni buenas ni malas. Son. Ahora bien de ellas puedes hacer un uso adecuado o inadecuado, un uso bueno o malo. Hacer un uso idolatra del dinero no es bueno ni adecuado. Ese es el mensaje central de los textos sagrados de hoy.

    Quien antepone la avaricia del dinero a la sabiduría se equivoca. Quien antepone la avaricia del dinero al ser humano se equivoca. Pues un uso no sabio del dinero, se vuelve contra la misma riqueza, ya que la información es definitiva a la hora de llevar adelante un negocio, y eso hoy, lo sabe cualquiera mínimamente preparado. Y del mismo modo anteponer la avaricia del dinero al ser humano destruye el bien común. Y la destrucción del bien común genera situaciones de profunda inestabilidad social que a la par destruyen la necesaria seguridad que genera la confianza suficiente para invertir y crear más riqueza. Del mismo modo, anteponer la avaricia del dinero al orden natural que nos mantiene vivos, es suicidarse en un corto espacio de tiempo. Pues no hay mundo B, y si destruimos éste en nombre de la avaricia del dinero, nos quedaremos sin hogar y sin vida posible de vivir. La avaricia del dinero es insensata. 

    La avaricia del dinero, no es, el afán de crear más riqueza. Pues la avaricia del dinero conlleva actuar sin considerar la voz de los sabios, supone pisotear los derechos de los seres humanos y convertirlos en esclavos, y además, conlleva atentar contra el entorno natural. El afán de crear riqueza escucha al sabio, se informa, busca el bien común, pues sabe que esa es la mejor de las inversiones para garantizar la paz social y suscitar seguridad y confianza que garanticen nuevas inversiones, y por último, respeta el medio ambiente, pues sabe dos cosas: sin él, no podemos existir, y además, cuidar de él, es un nuevo campo donde podemos hacer negocio y generar más y mejor riqueza. Fomentar la sabiduría, construir el bien común y mantener vivo y sano el medio ambiente, son otro modo de hacer negocios. Y bien visto y planteado, pueden convertirse en campos para generar riqueza para todos. Es un capitalismo con rostro humano y verdadera alma social. De eso no sabe nada la avaricia del dinero ni el capitalismo salvaje.

    La avaricia del dinero, por eso es enemiga de Jesús el Cristo. Porque en la avaricia del dinero, unos buscan recibir a toda costa, olvidándose de los demás. Mientras que los amigos de Jesucristo, buscan dar, pues están convencidos de que si todos damos, todos recibimos. Por eso los que siguen a Jesús, lo dan todo. Y no se cierran a su propia carne, como hace el joven rico del pasaje que hoy leemos. 

    Es curioso como la Palabra de Dios es viva y eficaz, y como espada de doble filo, entra hasta el fondo de nuestra alma y discierne lo bueno de lo malo. Y nos señala el camino que nos lleva en la buena dirección y nos aparta de la senda que conduce a la destrucción. La carta a los Hebreos no puede ser más clara. Así que hagámonos sabios escuchando a Jesús que es la Palabra viva de Dios hecha carne. Evitemos la avaricia del dinero porque es una idolatría. 

    En nombre del dinero matamos, adulteramos (obsérvese que Jesús al citar este mandamiento no se adentra en consideraciones pietistas acerca de purezas e impurezas, propias de gente sin vida sexual, obsesionada por minucias sin importancia, y va directo al meollo de poder hacerse daño traicionando el amor verdadero de quien confía en ti); en nombre del dinero, robamos y estafamos, en nombre del dinero levantamos falsos testimonios; en nombre de la avaricia del dinero nos olvidamos de los pobres, y hasta rompemos lazos familiares. Por supuesto, aunque Jesús no lo cita, si vivimos así, no damos culto a Dios por encima de todas las cosas, no nos tomamos en serio su santo Nombre, no santificamos las fiestas pues la liturgia se vuelve falsa. Son los diez mandamientos los que infringimos. Y es que Jesús deja claro cuál es la plaga que afecta al corazón del rico avaro: en el lugar de Dios ha puesto al dinero convirtiéndolo en un ídolo, y eso lo ha provocado en su corazón la avaricia. Por eso aunque simule llevar una vida religiosa, se engaña. 

    Así que escuchemos, aprendamos, y como el autor de la primera lectura y los apóstoles, aunque no lo sepamos todo, conozcamos más al Señor, pues eso será lo que nos haga verdaderamente sabios. El capitalismo salvaje, quizás nos llene de dinero los bolsillos, muchas veces de dinero sucio, pero nos convertirá en necios. Y nuestra muerte personal lo pondrá de manifiesto. No lo olvides. 

 

XXVII ORDINARIO

    ¿Cual es el amor verdadero? Esta pregunta es difícil de responder, pero es interesantísimo intentarlo. Las Escrituras hoy nos permiten acercarnos a la respuesta de esta cuestión.

    Amor verdadero es el que nos permite descubrir que alguien es carne de nuestra carne, y sangre de nuestra sangre. El mito del génesis, encierra esta gran verdad. Los que han usado este relato para fundamentar el machismo, no han comprendido nada. Dicha interpretación es inexacta. Nadie es ajeno a nadie. Compartimos la misma biología. Y nacemos unos de otros. Nuestro ombligo nos delata. Así que establecer jerarquías de poder entre nosotros es no enterarse de nada. El otro es una persona, un alter ego, un otro yo. Y sin los demás andamos incompletos. Pues cada uno aporta a los demás su propio servicio y su propia gracia personal. No “soy”, sino que “somos”. Siempre somos con los demás. Nunca podríamos ser sin ellos. Somos en comunidad. Eso es la intersubjetividad o la comunión, como más os guste. Estamos hechos para la común unión. Después de todo, todos tenemos un mismo origen, como señala la carta a los Hebreos, completando el mensaje del Génesis.

    Amor verdadero es el que descubre que entender a la humanidad y su mundo como una gran familia, es mejor que comprender al mundo humano, como un entorno competitivo, donde luchar contra los otros y desconfiar de los demás, es a lo máximo que podemos aspirar. Pues no hay mayor forma de responder ante los retos que se nos plantean que cooperar unos con otros, más que andar derrochando energías en competir y enfrentarse unos contra otros. El salmo de hoy no puede ser más claro.

    Amor verdadero es estar dispuesto a sufrir por los demás para liberarlos a ellos de sufrimientos y hacerles alcanzar un mayor grado de plenitud para sus vidas. Esta descripción de Jesús, hecha por la carta a los Hebreos, no puede ser más clara.

    Amor verdadero es comprender que como somos una sola carne, no es posible, ser feliz sin que los demás puedan serlo. Dicha alienación: creer que somos felices aunque los demás no lo sean, es poner en riesgo, la verdadera felicidad de todos. Si yo enveneno el agua que beben los demás, al final, esto tendrá consecuencias para mí. O si no trabajo por erradicar una plaga que afecta a unos pocos, al final, podremos contagiarnos todos. Tomar conciencia de que somos una sola carne implica trabajar por el bien común de todos. El matrimonio en este sentido es un claro ejemplo de ello. Si uno no es feliz, el otro tampoco podrá serlo.

    Amor verdadero es no usar al otro como si fuese un objeto del que podemos prescindir a capricho. Repudiándolo o divorciándonos de él. El divorcio, la ruptura, no entra en el plan de los que se aman verdaderamente. Cuando aspiramos al divorcio, es porque el amor no se está viviendo con verdad. Algo está fallando, o algo ha fallado desde el principio. Pelear no es amar. Romper no es amar. Amar no es hacerse incompatible con el otro. Sino trabajar por ser compatible con los demás. Normalmente hemos utilizado estos textos evangélicos, sólo para hablar del matrimonio, porque es su sentido más directo y primigenio. Pero se puede también hacer una lectura diferente, más global e integradora pues su sabiduría es extensible a todos los ámbitos de la naturaleza humana. Cuando una comunidad humana se divorcia de otra, el nivel de plenitud que podríamos alcanzar juntos decrece. Por eso el divorcio, la ruptura, no es un valor al que aspirar. Sí lo es en cambio, aspirar a la unidad en la fraternidad. 

    Amor verdadero es no traicionar. Engañar a otro ser humano, es hacer añicos, una preciosa obra de arte hecha de un cristal sublime. Restaurarla es difícil, y aunque puede refundirse de nuevo, es preciso aceptar que la resultante será algo distinto, que puede llegar a ser verdadera, buena y bella, pero diferente. Lo que no siempre tiene que resultar peor necesariamente. 

    Amor verdadero es ser tierno y delicado con los demás, sobre todo con los más pequeños o débiles. La pequeñez o la debilidad muchas veces son despreciados por algunos como un defecto. Pero todos hemos sido débiles o pequeños alguna vez, y el amor y la ternura de los demás han sido definitivos para nuestro crecimiento. De hecho, cuando no los recibimos en su momento, se gesta en nosotros, un perfil antisocial que nos hará sufrir mucho a nosotros, y por supuesto a los demás. Hay verdaderas cadenas de dolor por esta causa. Y por ellas el mundo sufre demasiado. 

    En fin que sabio resulta el Evangelio de Jesús, cuando pretendemos comprender, qué es y qué no es el amor verdadero.  Como nos hace crecer y abandonar la terquedad de nuestro corazón. Ojalá que estas enseñanzas de hoy, no nos pasen desapercibidas. 

 

XXVI ORDINARIO

    Varias son las actitudes que nunca deberían evitarse en la Iglesia. Y las Escrituras hoy nos permiten señalarlas.

    1. Los celos de clase. Donde sólo una parte de la comunidad, los entendidos como superiores, pueden ostentar el don del Espíritu Santo. Moises corrige a Josué. Y todo porque la presencia del Espíritu es recibida por algunos como una fuente de poder sobre los demás. De este modo se ha llegado a veces, a construir una casta clerical que ha llegado a asfixiar los demás carismas fruto del Espíritu, simplemente porque los ha reprimido o se ha negado a reconocerlos. La negativa de algunos obispos actualmente a ordenar diáconos permanentes, está causando que algunos lugares, queden desatendidos pastoralmente y ese prejuicio al final daña al Pueblo de Dios. Y otros ejemplos como este podrían exponerse. Estás cosas deberían evitarse en la Iglesia. 

    2. Las injusticias, corrupciones, y fraudes. Y por supuesto el silencio obsequioso ante ellas, para evitar las iras de los poderosos. Pues toda injusticia conlleva un Pilatos, que se lava las manos y no hace nada, en nombre de la prudencia. Santiago es cualquier cosa, menos prudente en su carta, y aún menos, diplomático o políticamente correcto. Y la verdad es que si este texto no tuviese su firma, bien podríamos atribuirlo a las huestes de Espartaco o a los discursos de un revolucionario comunista al uso. Sin embargo, ni alienta a que se derrame sangre, ni cree en el materialismo y la lógica histórica marxista.  En nombre del Amor, llama a conversión a unos ricos, supuestamente cristianos, que maltratan a sus hermanos, y como vampiros los explotan desangrándolos. No hace falta profesar una ideología filosófico política, para no permanecer mudo ante la injusticia. Ni un sistema económico debe ser denostado si contribuye al Bien Común, y no se asienta sobre la injusticia social y laboral. Se puede generar riqueza sin pisotear al ser humano. En la Iglesia estás cosas ni deberían darse ni permitirse. 

    3. En la Iglesia nunca deberíamos decir aquello de que “no es de los nuestros”. Los grupúsculos fragmentan la Iglesia. Y muchas veces se les llama carismas, cuando normalmente se comportan como sectas. Un carisma no entra en conflicto con los demás, contribuye al bien común. Una secta, denosta a los demás grupos o sensibilidades, porque los consideran ajenos. Los miran cómo impuros, como incompletos, y a veces hasta como equivocados. Y todo porque sus costumbres o puntos de vista, son diferentes. El sectarismo es corregido por Jesús, que enseña a sus discípulos a no caer en el partidismo, convirtiendo la Iglesia en una suerte de partitocracia. Si no te pones en contra de tu hermano, estarás a su favor. Más vale que seáis capaces de ofreceros vasos de agua fresca unos a otros, que esponjas henchidas de vinagre. 

    4. Y es que el poder mal entendido, genera monstruos. Jesús la mayor expresión del todopoderoso, sólo usó su poder para amar, y amar hasta el extremo. Pero en nuestra Iglesia, a veces, demasiadas, se ha usado el poder para escándalo y daño de los pequeños. Los abusos sexuales son clara muestra de ello, de menores y mayores. Y otros abusos de autoridad se han verificado, y quizás ni siquiera se han censurado, porque no han salido en la prensa, ni han costado dinero a los fondos curiales, dado que los tribunales, no los han juzgado por falta de denuncia y por mirar a otra parte. Algunos han salido en la prensa, y pasados 15 días, se han olvidado como si no hubiesen ocurrido nunca. Lo sexual se condena sin contemplaciones, pero otros temas, pasan desapercibidos o simplemente, se mira para otro lado. Jesús lo tiene claro: córtate la mano, sácate un ojo,…, antes de usar tu poder para escandalizar o dañar a los pequeños. 

    En fin, que quien crea que la Iglesia ha llegado al final de su historia y que estamos mejor que nunca, se equivoca de todas, todas, para el Reino falta aún mucho camino, así que a caminar sin que se nos quiebre el ánimo. No podemos nunca convertirnos en un Fukuyama al uso. 

 

XXV ORDINARIO

    Lo fácil de las lecturas de hoy, es aplicárselas al mundo. En el mundo se aspira al poder, hay guerras y contiendas, hay injusticia y se penaliza al que dice lo que piensa. Es fácil mirar al mundo hoy y ponerlo a parir.

    Sin embargo esa no es la verdadera clave interpretativa de las lecturas. Pues los impíos del libro de la sabiduría serán los sumos sacerdotes del templo y sus anejos. Quizás alguno pensará entonces que el asunto afecta a los hebreos y su antigua manera de ver e interpretar a Dios. Y no faltará quien apoyado en estos textos se atreva a hacer una interpretación antisemita, pues por desgracia, payasos no faltan en el mundo. 

    Pero el Evangelio y Santiago, hablan a los discípulos, es decir a los cristianos, y Jesús en particular a los doce. A los que el Evangelio insiste en que instruye en privado, poniendo mucho celo, en que no les acompañe nadie más. 

    O sea la interpretación adecuada es comprender que este mensaje se nos dirige a nosotros los miembros de la Iglesia. Aunque esa enseñanza pueda también ser buena para otros. Pero no erremos el tiro. 

    La primera lectura censura que en la Iglesia se acose, aísle, juzgue, condene, humille y castigue a quien se atreva a decir que su pretendida vida cristiana dista mucho de ser evangélica. No es la primera vez que un teólogo concreto o un “curilla” de a pié son fustigados por el estamento eclesial vigente. Incluso condenados y excluidos de la comunión como “separados”, es decir, como sospechosos de “herejía”, aunque realmente no lo sean. La historia universal de la Iglesia, y también la diocesana y local, está plagada de ejemplos de esta naturaleza. Y siempre hay rostros, conocidos como “sospechosos” de doctrina errónea y de poco amor a la iglesia. Y todo porque desean que la Iglesia real, sea más fiel al Evangelio de Jesús el Señor. Qué duda cabe que muchos de ellos, corren la suerte del crucificado, ante la total indiferencia de muchos, que despachan el tema con un simple refrán: “la verdad ofende”. Algunos les basta con tildar esa valentía de imprudencia. Cobardes no faltan.

    La segunda lectura denuncia a una comunidad que no ora bien, porque vive sumida en riñas, rivalidades, enemistades, guerras y demás pendencias, en total olvido de la paz y la justicia, ajenos a dicha sabiduría. Cuando indagas en los corazones de plenipotenciarios eclesiásticos, te encuentras con esto. Basta observar varios foros internáuticos religiosos para ver cómo unos y otros se tiran a matar, y sin asomo alguno de caridad, y llenos hasta las trancas de mala “puleva”. Esto es: de mala leche. Da miedo y rubor, asomarse a ellos. Algo tan vergonzoso como ir al Santo Sepulcro en Jerusalén y tenerte que tragar, los odios interreligiosos que allí se certifican a diario, en los que a veces, se llega hasta las manos. 

    El Evangelio muestra a Jesús, haciendo caer a sus apóstoles, (que no a sus discípulos), en la cuenta de que quien busca poder, o hacer carrera, dentro de la Iglesia, nada tiene que ver con Él. Y está totalmente equivocado. El carrerismo clerical es tan real como vergonzoso a día de hoy. Y hay quienes por ganarse el beneplácito o la atención del que manda, son capaces de matar a su hermano si hace falta. En términos metafóricos claro. Son los nuevos Edipos. Que en vez de matar a su padre, matan a su hermano cura, con tal de ganarse el amor de la madre, en este caso, un super clérigo de mayor nivel. Ser pequeño, no es la aspiración generalizada en la iglesia. Y estar al servicio de los pequeños, menos aún. 

    Así que dejemos de fijarnos en la brizna que tiene el mundo en su ojo, al que juzgamos con tanta prontitud, y descubramos las vigas que tenemos nosotros en los nuestros. Ese sería el mensaje correcto. El difícil, porque cuando menos, expresarte de este modo te convierte en una anomalía. Lo que en nuestra Iglesia supone con mucha facilidad convertirse en el punto de mira, en la diana, donde todos apuntan, para convertirte, con prontitud  en un crucificado. ¡Ojo al dato y si quieres seguir a Cristo al lío!.  

 

XXIV ORDINARIO

    Es frecuente hoy encontrarse con personas, en distintas instancias, a las que les gusta pensar en un universo sin Dios. Y salvo un grupo de nihilistas lúcidos, que saben lo que eso significa, un amplio grupo de frívolos lerdos, creen que es posible vivir una vida feliz y preciosa sin pensar en Dios. Pues están convencidos de que el mundo por sí sólo justifica su existencia y no sólo, porque ha sido capaz de auto crearse, cosa discutida y discutible, sino porque es posible vivir una vida maravillosa sin necesidad alguna de Dios.

    No dudo de que quien nunca ha sufrido, o ha cerrado los ojos ante el dolor de los demás, pueda llegar a pensar de esa manera. Pero mi experiencia personal no es esa. Y las Escrituras hoy refuerzan ante mis ojos esta firme convicción:

    El universo sin Dios, trata con injusticia a mucha gente que no lo merece. Son tantas las caras que he visto demudadas por la experiencia de un golpe brutal e inexplicable que no me cabe duda alguna de cuanto digo. Sé que el universo es ciego. Pero eso no lo hace justo. Y la vida consciente, percibe esa injusticia como estar arrojado en las fauces de una jauría de monstruos que pueden acabar con tu vida en cualquier momento. Y no digamos ya, con tu felicidad personal. La primera lectura me recuerda eso.

    El universo sin Dios, te arroja en las manos de la muerte en un abrir y cerrar de ojos. No tiene otra ley que la siguiente: lo vivo muere, y no cuando llega a una cierta edad solamente, sino en cualquier instante. Y su paso, convierte en absurda tu vida, y en una pasión inútil todos tus anhelos de felicidad. El salmo lo deja bien claro.

    El universo sin Dios, te priva de una sabiduría para entender lo que pasa en él. Y te encierra en habitáculo estrecho donde todo son enigmas y preguntas sin respuesta. Y como en su esquema no cabe un más allá, porque es planteado, como un ente cerrado en sí mismo, y sin apertura a nuevas dimensiones; te envenena en la inquietud de la duda, inmerso en un coro atronador de versiones diferentes y contrapuestas. La primera parte del Evangelio nos lo demuestra.

    Por último, el universo sin Dios, se complace en crucificar inocentes sin parar, pues el chorro no cesa. No ya en matarlos, sino en hacerlos sufrir de lo lindo, hasta límites insospechados de una crueldad sibilina. La segunda parte del Evangelio nos lo hace ver con claridad.

    Por eso, para no decretar la extinción de todo lo vivo, de modo que esta locura, llamada existencia, se acabe (cosa que proponen algunos nihilistas lúcidos), no hay que descartar la posibilidad de un universo donde Dios tenga mucho que decir.

    Pues en un universo con Dios, la injusticia no tendrá la última palabra en la vida. En un universo con Dios, los que caen presa de las garras de la muerte en cualquier edad o situación, pueden volver a caminar en el país de la vida. En universo con Dios, es posible encontrar la verdad de lo que somos, que nos haga comprender que nuestro destino, es la plenitud y que todo no es para nada. En un universo con Dios, la salvación amorosa es la que rompe el nudo férreo de la cruz, donde se desangra y se tortura a la vida hasta sepultarla. En un universo con Dios la Resurrección es posible.

    De ahí nuestro compromiso hoy, para los que creemos en un mundo con Dios. Santiago nos marca el camino. Combatamos la injusticia en cualquiera de sus manifestaciones en la medida de nuestras fuerzas. Luchemos contra la muerte hasta donde nos sea posible. Iluminemos con nuestra palabra la vida de todos aquellos que caminan por el mundo cómo ovejas sin pastor, y que estén dispuestos a escucharnos. Salvemos a los crucificados e impidamos en lo posible que cualquiera sea crucificado, y si aún así es crucificado, amémoslo hasta la saciedad, para compensar con nuestro amor el horror en el que se encuentra inmerso. Y todo esto debemos hacerlo, como Jesús, aunque ello nos suponga ser crucificados por los amigos de la injusticia, los matadores de turno, los necios contentos con su necedad o los que gustan de crucificar a los demás. El miedo no es una opción sí de lo que se trata es de defender la vida de todos aún a riesgo de perder la nuestra. El amor valiente es lo que Dios es, y no la cobardía, del que por salvar su culo, es capaz de pisotear a los demás. Aunque quiera ir de religioso por la vida. La prudencia no es eso. Pedro no acierta porque no piensa como Dios lo hace.  

    O Dios o la nada, eso es todo. No entiendo que alguien diga que Dios no existe y sonría, porque eso es afirmar que la vida es una tortura en ciernes, donde sólo puedes ser feliz si tú tienes esa “suerte” de no sufrir, y si tú, cierras los ojos ante el dolor de los demás. Sin importarte nada que las víctimas de ayer puedan encontrar respuesta a su dolor particular. O Dios o la nada, lo dijo Hegel, y yo lo suscribo.

 

 XXIII ORDINARIO

    María es la causa de nuestra alegría porque nos entrega a Cristo, salvo las imágenes basadas en el modelo de la Inmaculada, la Virgen siempre nos regala a su Hijo. Y Cristo es la Palabra Viva de Dios definitiva. El Evangelio que todos deberíamos escuchar porque mejora nuestra vida.

    Cuatro mensajes se nos regalan en este día a los que en el mundo escuchamos sus palabras. 

    1. Seamos fuertes, no nos dejemos dominar por el miedo. Seremos resarcidos. Nos salvarán. El sufrimiento no tendrá la última palabra en la vida. En los desiertos emocionales brotarán aguas. En los páramos existenciales un estanque. En lo reseco personal un manantial. La fortaleza nace de la fe y de la esperanza. Como ayer nos decía Pablo en la carta a los cristianos de Colosas. Y sin esta fortaleza, sin fe y esperanza, uno termina asediado por el miedo abocándose a la miseria del nihilismo. 

    2. Defendamos la vida débil que sufre por injusticias, por falta de pan, por falta de libertad, por cegueras, por debilidad, por  orfandad, por viudez, por el poder de los malvados, por ser un migrante en medio de un mundo complicado. El Señor Reina cuando amamos la justicia, pues sin ella el amor es imposible. Si Dios te resulta muy lejano, o inalcanzable, busca la Justicia para todos y ahí lo encontrarás. Defiende la vida débil de toda injusticia.

    3. La desigualdad no agrada a Dios porque degrada al hombre. Quien promueve los favoritismos pisotea no sólo a los hombres sino el mismo Evangelio.  Pues la erradicación de las desigualdades injustas, debe ser un objetivo. Quien promueve las desigualdades usa criterios malos. Quien atenta contra los pobres para favorecer a los ricos, actúa en contra de Dios. Porque desatiende el Bien Común, y la igualdad, sólo puede ser hija de esta búsqueda de la fraternidad. La cultura del descarte está haciendo demasiadas tropelías inhumanas en el mundo. Y son demasiados los sicarios contratados para eliminar personas si por algún motivo se cree conveniente para resolver un problema.

    4. En el mundo presente tan paganizado, es decir, que vive como si Dios no lo amara, que vive de espaldas al amor de Dios manifestado en Cristo. Es importante no ser sordo ni mudo.  Es definitivo dejarse tocar Cristo Jesús. Dejarnos conducir sordos y mudos por un mundo pagano e inhumano en muchos momentos siempre será nefasto. De hecho cuando no se mire a una persona desde el amor de Dios, sometiéndolo a condiciones inhumanas, aunque sea en un ámbito religioso, Cristo no está presente en esa vida. Y ante esta circunstancia no podemos permanecer sordos y mudos por conveniencias personales y afanes de no complicarnos la vida. Hacerlo bien es oír y hablar siempre que sea necesario bajo la guía de Cristo Jesús y su Evangelio. 

    Así que aceptemos el regalo de María, porque si queremos conocer la causa de su alegría, escuchar el mensaje que nos regala, es la clave del asunto. Ser sabios nos acerca a la alegría. Ya lo decía ayer Jesús es importante saber mucho para no dejarnos manipular por cualquiera que no tiene buenas intenciones o simplemente sus puntos de vista están equivocados. Así que María de la Luz, gracias por tu regalo.

XXII ORDINARIO

    ¿Moralismo y Evangelio son lo mismo?. Creo que no. La Escritura de hoy me permite afirmarlo. En primer lugar con el Antiguo Testamento se nos enseña que el pueblo que vive de acuerdo con la ley de Dios es un pueblo sabio e inteligente. Es decir ser sabio e inteligente es vivir como Dios te pide. No es que  las normas no son buenas porque Dios las manda, sino que Dios las propone, que no las impone, porque son buenas. De modo que el Evangelio no es “moralina”, sino inteligencia y sabiduría para vivir en plenitud.

    En segundo lugar, el Salmo, nos muestra que amar es la fuente de todos los bienes. Ama y haz lo     que quieras. Amar te evitará ser pasivo ante el mal. Amar te impedirá ser agresivo con los demás. Amar te llevará a ser asertivo, a amar a los demás y a ti mismo, respetando la dignidad y el derecho de todos y cada uno, incluido tú. Eso es autoestima. Egoísmo es pensar sólo en ti a costa del bien y los derechos de los demás. De modo que el Evangelio no es legalismo, sino liberación de las neurosis que la agresividad y la pasividad conlleva. El Evangelio es salud mental. 

    En tercer lugar, el apóstol, nos previene contra el espiritualismo desencarnado que encierra lo religioso en la experiencia de lo sublime, alienándonos de la realidad social que nos circunda, en la que la injusticia nos rodea. El Evangelio no consiste en religión alienante, sino en escuchar la Palabra de Jesús y ponerla en práctica, mediante la caridad fraterna y solidaria. No es el Evangelio una contemplación de lo divino e inmutable, en total despreocupación de los signos de los tiempos. El Evangelio no es moralismo sino interpelación moral a los espiritualistas, que aman tanto a Dios, que no aman a nadie más.

    Marcos, en cuarto lugar, nos hace dos observaciones. El Evangelio cuestiona las prácticas religiosas y rituales, incluso las pautas morales de la ley mosaica, cuando generan inhumanidad, cuando pretenden someter a una persona o a un grupo de personas a una situación inhumana. En este sentido el Evangelio es liberación frente al moralismo opresivo. Y en segundo lugar Jesús deja claro que es la impureza: La falta de amor verdadero. La falta de amor entre personas, más allá de otras consideraciones. Es curioso ver que todo aquello a lo que Jesús hace referencia como malo, son conductas que maltratan o reducen a un objeto, a un ser humano, al servicio de anhelos egoístas u odios infaustos. Es curioso ver lo que no se incluye. Y lo que si aparece. El desamor te hace impuro. Por eso es posible ser muy religioso pero muy impuro, por la escasez de amor reinante. Simón era religioso pero era impuro, porque aquella mujer prostituta a la que él juzgaba, no siendo religiosa tenía más amor que todos los fariseos juntos. En este sentido el Evangelio se vuelve liberación frente a ritualismos y puritanismos varios de corte rigorista, y sustento de una hipocresía pestilente. 

    Jesús no es un moralista, es un disidente, frente a una tiranía moralista. Y por eso es martirizado. Porque en nombre del amor pone las cosas en su sitio. Eso es Evangelio amigos. No lo olvidéis hermanos.

 

XXI ORDINARIO

    Los signos de los tiempos iluminan nuestra mente para comprender las Escrituras. 

    Vivimos en una sociedad occidental que desconfía de su universo religioso, y sin embargo se abre a otras experiencias religiosas de otros contextos culturales. No es raro ver gente budista entre nosotros, que anhelan una experiencia “espiritual” de altura, como si el cristianismo no hubiese dado lugar nunca a grandes figuras y experiencias místicas. Cierto que a veces con nuestros puritanismos rigoristas hemos ayudado poco a traslucir el alma transfiguradora de la fe cristiana, sin embargo la mirada candorosa hacia otros entornos religiosos ahora de moda, no deja de demostrarnos lo perdidos que podemos llegar a estar en la búsqueda de una respuesta al misterio de la vida. Pues esos mismos integrísmos se han verificado en otros lugares. Ya que el integrísmo es una enfermedad del corazón humano, como lo es la corrupción, y es propiedad de todos, y atributo de cualquiera. En según que aspectos.  Así que es hora de alzarse como Josué y decir alto y claro, yo y mi casa, serviremos al Señor Jesús que nos ha amado hasta el extremo. Respetando siempre a los que quieran tomar otro camino. Teresa de Calcuta, amaba a todos los hombres, fuese cual fuese su religión, y valoraba la fe de los demás, pero siempre decía que estaba enamorada de Jesús, y que eso para ella, era definitivo. Algo así nos toca a nosotros vivir en este ambiente multicultural y plurireligioso, en que nos movemos y existimos. En eso hemos venido a terminar como aquellos primeros cristianos, que en Roma, debieron afrontar un ambiente muy similar al nuestro en este aspecto.

    Nuestra sociedad valora a la mujer mucho más que lo hizo antes, y que lo hacen otros ambientes culturales actuales, que últimamente salen mucho por la televisión. Y ello nos ayuda para poder leer a Pablo con ojos críticos. Y percatarnos que aunque para su tiempo era un hombre evolucionado, ya que entonces, eran más radicalmente machistas que él, para nuestros ojos, Pablo es un hombre que cree en el patriarcado. Pero como buen hombre en crecimiento, si al hablar de la mujer lo afirma, al hablar del hombre lo cuestiona. Al final terminará diciendo que “ya no hay hombre ni mujer pues todos son Hijos de Dios”. Este judío está sufriendo una revolución y su fe cristiana lo está cambiando a marchas forzadas. Venciendo sus prejuicios y su probada tozudez. Por eso nos dirá no sigáis a Pedro, a Apolo o a Pablo, sino a Cristo Jesús. Así que quedémonos con que quien maltrata a la mujer maltrata su propia carne. Mejor amor y respeto para todos, y si hay que someter nuestra libertad, sea sólo al amor. Y tanto la vida de los esposos como la de todos irá infinitamente mejor.  

    En la actualidad no es infrecuente a veces ver las iglesias llenas de gente que viene a muchas cosas, pero no a escuchar la Palabra de Jesús, ni a encontrar en ella Vida Eterna, o sea el modo de vivir en plenitud. Tampoco vienen a gustar y ver lo bueno que es el Señor. Son tantos los motivos por los que pueden acercarse a una asamblea cristiana. Y algunos pueden hasta resultarnos ridículos. Así que no hay que espantar a nadie, pero también hay que decirles con claridad que aquí buscamos las palabras de Jesús que son espíritu y vida. Pues no es la comunidad cristiana otra cosa. O sea que estamos llamados a hacerles conocer las escrituras y su mensaje, pues quien no las conoce, desconoce a Jesús el Cristo. Lo importante es que después de conocerlas puedan decir con Pedro: no queremos ir a otra parte, pues Tú eres el Santo de Dios y son tus palabras las que nos hacen vivir en abundancia.  Habrá quien se marche, pero también habrá quien se quede. Eso es lo que importa. 

    Tres cuestiones de actualidad para los cristianos, que hacen que resuenen las Escrituras en nuestros oídos de un modo singular. Así que si quieres comprender las Escrituras, pon tus oídos en ellas y en el mundo, y el Espíritu de Dios hará resonar su voz en ti, no lo dudes. Es como montar en bicicleta, al principio te costará, pero si insistes al final saldrás pedaleando y disfrutarás de lo lindo. Ánimo pues amigos.

 

ASUNCIÓN

    ¿Quieres tocar el cielo? ¿Quieres vivir en plenitud? Las lecturas de este Domingo te plantean un escrutinio de cuatro preguntas para ver si en verdad deseas vivir con mayúsculas. 

    1. ¿Cual es tu dragón? Esa situación, pensamiento, persona o grupo de personas que te atemoriza. Eso que te hace vivir con inquietud. ¿Donde está?. Escucha el Apocalipsis: Eres capaz de vencerlo. No estás solo. Dios contigo impedirá que ese dragón tenga la última palabra en tu vida. Así que con sangre fría, y mucha capacidad resolutiva lánzate ante él, y plántale cara de manera inteligente. De lo contrario sólo conocerás la angustia. La fortaleza es hija de la fe en la Victoria. Y eso es lo que el Apocalipsis nos asegura. 

    2. ¿Con quien te has desposado? No hablo de tu pareja. ¿Te has desposado con tu salud, con tu dinero, o con tus amoríos? Si es así has de saber que la muerte puede arrebatarte eso en un instante. Así que como Abraham descubre que sólo podrás mantener la eternidad de la vida de tu Hijo, sino lo antepones al amor del Dios que vuelve relevante toda nuestra existencia con su amor. Despósate con el Dios que nos salva, y todo lo demás se te dará por añadidura. El Salmo es lo que te aconseja.

    3. ¿Quien se te ha muerto que te ha roto el corazón llenándolo de heridas? No mires el abismo oscuro. Míralos en Cristo Jesús resucitado. Pon su foto junto a la imagen del Jesús Vivo. Y escucha estas palabras: “ sino hubiese ido al Padre, no podría vivir eternamente glorificado, estás triste porque me he ido, pero volveré a verte, y ese día te llenarás de una alegría que nadie te podrá quitar”. Resucita a tus muertos, no los lances a la nada, no permitas que se vuelvan polvo, o humo que se desvanece en el aire. Mantén vivo tu amor por ellos en la esperanza de la resurrección. Eso es lo que Pablo nos enseña. 

    4. ¿Cual es tu fe? ¿Es quizás una fe mortificante que lejos de permitirte vivir la vida con alegría, te sumerge en un continuo espíritu de duelo? Que funesta idea vestir a los apóstoles de negro para representar que han muerto a la vida, pues parece que, como los cuervos carroñeros, se regocijan ante el sonido de la muerte. Si te vistes de negro, hazlo por estilo y elegancia para celebrar la vida. Pues esa mortificación continua no tiene nada que ver con la alegría y el gozo que Isabel y María experimentan cuando el Dios misericordioso las visita, las protege y las libera de las injusticias. Se fe no las mortifica, las hace felices, incluso, aunque estén llorando. Pues como una madre sufre al dar a luz, nadie puede decir que no está feliz de pasar por esa situación y poder tener a su criaturita en los brazos. No creas para sufrir más, para eso no necesitamos la fe, basta con vivir sin ella, y tu dosis de dolor la tendrás asegurada. Cree, como María e Isabel, para vivir en plenitud. Y verás como tu deseo, que Dios te regala, se cumplirá. 

    Así que si quieres ser “asunto” al cielo de manera anticipada, tómate en serio estas enseñanzas de la Escritura. Con razón decía San Jerónimo que quien no conoce las Escrituras, desconoce a Cristo. 

 

XIX ORDINARIO

    Tres consejos se ofrecen hoy a nuestra consideración. El primero nos lo ofrece la primera lectura y el Evangelio viene en su ayuda. Elias es un prototipo para nosotros. La vida tienen muchos momentos buenos, sin duda. Pero también ofrece otros que no lo son tanto. La experiencia del mal, el sufrimiento en todos sus aspectos, y el azote de la muerte, lo complican todo. Son las situaciones límite donde con facilidad se quiebra nuestro ánimo. Todo depende de lo que pensemos. Pues el pensamiento mueve nuestros sentimientos que engendran nuestra conducta. El pensamiento pesimista de Elias, lo desanima y esos sentimientos quiebran su conducta y lo sumergen en la depresión. La voz de Dios renueva su pensamiento, y sus sentimientos se recomponen. Y entonces se vuelve capaz de volver a caminar. De ahí que sea importante que nunca nos falte el Pan de Vida que es Jesús. Pues esa palabra viva hecha pan, nos infunde una esperanza constante que nos hace fuertes. No dejemos nunca de escuchar a Jesús resucitado, y menos aún cuando estemos asediados por las dificultades. 

    En segundo lugar el apóstol nos enseña que la mejor ofrenda que podemos presentar a Dios es una vida sin amargura, sin ceder a la ira, a los enfados e insultos, sin maldad. Al contrario presentemos una vida revestida de bondad, comprensión y tolerancia, de perdón constante, en definitiva de amor, pero no un amor cualquiera, sino un amor sin medida como el de Jesús. Que no va el cristianismo de promesas, ritualismos, devocionalismos, pietismos, moralismos puritanos, magias y otras cosas por el estilo muy propias del universo religioso, pero en absoluto propias del Evangelio de Jesucristo en quien creemos. 

    En tercer lugar no critiquemos ni nos dejemos dominar por las críticas de los demás. Lo único que nos impide ser libres frente al “critiqueo”, es nuestro narcisismo. La necesidad de ser como la reina del cuento de Blancanieves, que anhela ser reverenciado por todos sus espejos como la más guapa de la historia. So pena de romper el espejo en añicos si no cumple sus expectativas. Jesús es un ejemplo fantástico para no ser esclavo del narcisismo. Es quien es, independientemente de las críticas de los demás. Sabe quien es y qué debe hacer. Y no se deja manipular por las críticas ajenas. Cuando renuncias al narcisismo, y entiendes que las críticas de los otros, sólo, lo perjudican a él y no a ti, te liberas. Así que dejamos a un lado las críticas de los otros. Y seamos nosotros mismos.

    Menudos consejos para ser fuertes, para aprovechar la vida para amar y para ser libre frente a las exigencias del fatuo narcisismo que herido por las críticas ajenas, te hace vivir, como la loca de la bruja del cuento de Blancanieves. Sigue a Jesús, y sé fuerte, amoroso y libre.

 

DOMINGO XVIII

    El materialismo es una manera de pensar muy extendida en nuestra época. Aunque no es nueva. Es tan antigua como la humanidad. Simplemente ahora, vuelve a estar de moda. Pensar que sólo somos carne, y que lo único que importa, es satisfacer nuestras necesidades carnales, queda resumido por el antiguo lema que afirma: “comamos y bebamos que mañana moriremos”. Entendiendo la muerte como la disgregación de todo cuanto somos tornándonos polvo y nada más. 

    Cristo mira el mundo de otra manera. Y las Escrituras hoy nos permiten entender su parecer. 

    El pasaje del AT nos muestra un pueblo acuciado por lo que llamamos necesidades primarias. Pero Dios por Moisés les hace ver que su necesidad primaria más básica es saber que no están solos. Y que la compañía de Dios puede hacer girar los acontecimientos de modo sorprendente para posibilitar su supervivencia incluso en momentos dramáticos. Pues muchas veces por considerar que nuestras necesidades básicas no estarán cubiertas, y por falta de confianza, arrojo y valentía, somos capaces de soportar condiciones de esclavitud inimaginables. La fe en que Dios está es capaz de movilizar en nosotros energías para labrarnos un futuro distinto, encontrando fuerzas donde no las tenemos. Nunca estamos solos, decía Jesús, eso es lo que importa, lo demás se nos dará por añadidura. 

    La carta a los Efesios, nos permite comprender que la persona es mucho más que su cuerpo. Hoy también está de moda, como en otras épocas, considerar que este anhelo es lo más de lo más. Y que desear a una persona sólo por la belleza de su físico basta. Pero hay una clave a tener en cuenta. Como se marchitan las flores, los cuerpos pierden su fuelle, lo atlético se amorfa, lo delgado engordado, lo enhiesto se cae, y lo terso se torna arrugas y pellejos con el paso del tiempo, incluso las melenas se tornan calvicies y los colores de pelo se destiñen. Incluso la mente que me parecía deleitable, con las diferentes demencias puede llegar a eclipsarse. De modo que si quieres no perder de vista el valor del ser humano, has de mirarlo desde otra clave, reconociendo su ser de persona como lo más definitivo e importante de todo, eso es mirarlo como Dios lo mira, sin olvidar nunca su valor más genuino que se ve expuesto a los mil avatares del tiempo. Jesús mira así a las personas. Por eso hasta en un endemoniado ve un ser humano.  

    El Evangelio nos muestra que hay mil cosas necesarias para que el ser humano viva en plenitud. Razones para vivir con alegría y vencer las tristezas, razones para encontrar esperanza ante los pesimismos, razones para llenarnos de fortaleza más allá de los miedos y sus debilidades, razones para amar y para evitar el odio y el egoísmo, fuente de todos los males. Y El se define como el alimento que nutre dichas razones. El es el que enseña que aún en medio de la peor de las cruces, es posible salir incólume, si tu convicción en que Dios nos ama, no se quiebra. No sólo de pan vive el hombre, dice Jesús, y menos aún si este desea vivir en plenitud. Pues si quieres vivir sin saber por qué y para qué vives, tu afán por existir se agotará pronto. Y rápidamente el cinismo envenenará tu alma. 

    Así que vivir a la moda, a lo mejor, no es tan importante siempre. Al menos en según que temas. Sabiduría en vena amigos. 

 

SANTIAGO

    En tiempos de pandemia es importante escuchar las Escrituras con atención. En las dificultades sus mensajes son muy iluminadoras. Así que Santiago, nuestro patrón español nos ofrece cuatro lecciones a tener en cuenta. 

    Da testimonio del Resucitado en las puertas del sepulcro en el que esta plaga nos ha encerrado. No sólo porque ha matado a muchas personas queridas, sino porque además nos ha robado en gran parte la libertad. ¡Resucitaremos!. No sólo tras la muerte. Sino en esta vida. Aprenderemos a vivir en una nueva era. Las gentes ansían alegría, paz, esperanza, fortaleza y amor. La fe en el resucitado es lo que provoca. Por eso los que creemos hemos de hablar a quien nos quiera escuchar. Si la gente llora, está inquieta, se hunde en el pesimismo, se siente débil o cree que la solución está en ser egoísta y odiar, no podemos callar. No podemos alentar ese oscurantismo con discursos de miedo apocalíptico. Sin negar el sufrimiento de la gente y sus razones para tenerlo, hemos de hacerles mirar más allá de él y decirles: ¡Saldremos de ésta!. Eso es ser un testigo del resucitado: hacer levantar a las gentes la mirada de la muerte y sus sufrimientos. Hacer que recuperen la senda de la vida, y no de cualquier vida, sino de la vida en plenitud. 

    Trabaja a favor del bien común de todos los pueblos de la tierra. No llevan razón los que acusan a la globalización de esta pandemia. La peste negra no necesitó un mundo globalizado para expandirse. Le bastó la desinformación. La falta de datos y de ciencia. Y le ayudó mucho la superchería y el enfoque conspiranóico de los apocalípticos. Los profetas de calamidades son instigadores de las mismas, porque debilitan los ánimos necesarios para luchar contra el enemigo común. Es la falta de globalización de los datos científicos lo que ha permitido que se expanda el virus. Toda una campaña de silencio orquestada por un estado totalitario ha provocado tal desastre. El secuestro de información vital. De modo que por ello, lo que de otro modo sería una simple pandemia, ha adquirido matices de genocidio planetario. Sin la búsqueda del bien común no saldremos de ésta, o retrasaremos mucho la salida de la misma. Hay que pensar y luchar por el bien de todos los pueblos. De lo contrario el virus seguirá matando.

    Sé fuerte en medio de la tribulación. De lo contrario caerás aniquilado. Es lógico caer ante semejante embate en más de una ocasión. Pero no lo es no esforzarse en levantarse. Llevar el misterio pascual prendido de todo tu ser es el modo de pasar de la cruz dolorosa y mortal a la resurrección. La fortaleza y el sacrificio van de la mano, y si el bien de todos, lo reclama, eso es lo que necesitamos hacer. La gracia de Dios es lo que provoca en el corazón que cree y que no se deja aplastar y lucha. El testimonio apostólico es un denodado alegato a favor de todo lo que digo. Si caes, ponte en pie. Y no te des por derrotado nunca. Nos va en juego la vida. Y mientras se está vivo hay que luchar. Por ti y por los demás. Si dejas de nadar, la corriente te arrastrará. 

    Por último, no tiranices ni oprimas la conciencia del otro, para exponer tu buena noticia. Una buena noticia no oprime ni esclaviza. Jesús jamás oprimió ni esclavizó, nunca fue un tirano más. Jesús no fue un amo, fue un amor. Sirvió a todos porque los amaba hasta el extremo. No buscó sillones de poder, sino que amó hasta la cruz, con tal de glorificar a todos. Quienes pretenden otra cosa, por muy religiosos que aparenten ser, por mucho que digan “Señor, Señor” no lo conocen. Jesús no impone, propone. Jesús no esclaviza, seduce. Jesús no tiraniza, libera. Jesús razona. Jesús dialoga. Jesús arriesga. Jesús afronta. Jesús no es amo, ama. Jesús no marchita, hace vivir en plenitud. Jesús no castra, realiza. Jesús infunde vitalismo a borbotones. Jesús no debilita, fortalece. Jesús no inocula miedo, sino confianza. Jesús no miente, es veraz. Jesús no manipula, respeta. Jesús no doblega, enamora. Jesús es, nunca mejor dicho: ¡La Hostia!. Porque lo es de todas todas. Un cristiano es como Jesús y no otra cosa. Porque si es otra cosa, nada tiene que ver con Cristo, aunque lo respalden mil documentos escritos por gente poderosa que establece que es o que no es lo políticamente correcto. Jesús no es hipócrita, no tiene dos caras, es Él mismo. Jesús es listo, pero no es ladino. Jesús es luz. 

    Así que hoy no dejemos pasar este día sin pedirle a nuestro patrón que regale a nuestra tierra cristianos que estén a la altura de las circunstancias, y que en medio de esta oscura pandemia, sean para todos, reflejos de la luz del mundo que es Cristo, y gente con el salero de Cristo que sin duda alguna es la sal de la tierra. 

 

XVI ORDINARIO

    Al leer al profeta Jeremías y al leer el Salmo. Inmediatamente la cabeza se nos va a los pastores que gobiernan la Iglesia. Sin embargo Jesús pone su atención en las ovejas que caminan perdidas como si no tuviesen pastor. Y es que más allá de todo funesto clericalismo, lo realmente importante para Jesús en la Iglesia son los seglares. Y lo que nosotros llamamos pastores están al servicio de ellos, a su entender. De modo que al parecer muchos andan por la Iglesia bastante equivocados en cuanto al papel que están llamados a desempeñar. Pues una configuración feudal de la Iglesia no es en absoluto la voluntad de Cristo Jesús al congregarla. Y algunos al ejercer el pastoreo, más parecen señores feudales que pastores de Cristo Jesús según los santos Evangelios.

    Por ello hoy mi atención se fija en las ovejas, en los seglares. Para preguntarme qué necesitan de sus pastores. Y lo que los seglares necesitan en primer lugar es que sus pastores los reúnan para que puedan crecer, y no que los dispersen para que se pierdan por los caminos del mundo y de la vida. Así ha hablado Jeremías con toda claridad.

    En segundo lugar lo que los seglares necesitan es tener un corazón ardiente. Y para entender esto el salmo viene en nuestro socorro. Los seglares necesitan un corazón al que nada le falte, un corazón tranquilo y reparado. Necesitan un corazón fuerte. Necesitan ser guiados por el camino de la justicia. Necesitan honor. Necesitan poder caminar por cañadas oscuras sin dejarse atrapar por los miedos. Necesitan saber que su pastor va con ellos, y sentir el sosiego, porque se saben protegidos por la vara y el cayado de su pastor. Necesitan una mesa preparada y abundante. Llena de Palabra y de Pan de Vida. Necesitan una copa rebosante. Necesitan ser ungidos por el Espíritu para que sus corazones puedan arder en su fuego. No necesitan pastores que los angustien y que los hieran, que los atemoricen y debiliten, que los deshonren, que no los abandonen y no los protejan, que nunca estén con ellos porque “tienen mucho que hacer”. No necesitan hiperactivos sin corazón. No necesitan pastores cobardes que no los defiendan. No necesitan pastores que por pereza o falta de pericia no sepan preparar una mesa como Dios manda. No necesitan pastores que los llenen de devocionalismos vacuos ó de ideologías pasajeras, y que no los unjan con la fuerza Santa del Espíritu. 

    En tercer lugar los seglares necesitan pastores que no construyan muros para que ellos puedan entrar a las comunidades cristianas y sentirse en ellas, como uno más. Pablo lo dice claramente: adiós a normas, reglas, mandamientos y leyes que alejan a las gentes y alzan entre ellas muros de odio y de rechazo. Paz para todos. Y no sólo para algunos. No excluyamos a nadie por etiquetas políticas, sociales, económicas, políticas, culturales o morales. Pues Cristo y la fuente del Espíritu son para todos. Pues todos la necesitan. No convirtamos la gracia en un premio sino respetemos su condición de alimento y medicina. Pues sin ella nada podemos hacer, nadie, ni unos ni otros. Y no lo digo yo, sino Jesús el Cristo en el Evangelio de San Juan. 

    Por último los seglares necesitan no caminar por el mundo perdidos como ovejas que no tienen pastor. Necesitan que sus pastores los miren con compasión y no con odio, resquemor o cinismo hipercrítico. No necesitan que los pastores se enfaden con ellos a cada paso. Los seglares necesitan caminar con firmeza y esperanza ante la vida, y no perdidos, considerando que todo es absurdo y que por ello la vida es mala y fea, una burda mentira. Y para ello necesitan un pastor que sea fuente de luz y de calor, y no alguien que los llene de oscuridad y de frío. Pues eso ya lo tienen en el mundo, y no necesitan a nadie más, para reforzarles tales sensaciones destructivas. 

    Así que hermanos, que Dios nos regale pastores según su corazón, para que como ovejas del rebaño, no tengamos que padecer inclemencias ajenas por completo a la voluntad de Dios nuestro Padre.

XV ORDINARIO

    La Iglesia no es un camino para hacer carrera. No es una institución para satisfacer deseos narcisistas ni poder desarrollar afanes de poder. Por desgracia es en eso en lo que algunos han pretendido convertirla, y tristemente aún no faltan quienes anhelan seguir buscando tales cosas en ella. Pero eso no es lo que Cristo quiere, y tampoco, de lo que Pablo nos da testimonio.

    La Iglesia es una experiencia gozosa de salvación que se comparte. De la lectura de la carta a los Efesios es lo que extraemos. Salvación no significa “fuga mundi”. Más bien al contrario supone apertura a la esperanza de que todo lo bueno, lo bello y lo verdadero de este mundo, no sucumbirá para siempre bajo la losa de la muerte, convirtiéndose nuestro universo por ello, en una mera manifestación de lo absurdo. Salvación significa que el mundo tiene a su alcance la posibilidad de verse transfigurado. De ser glorificado. Esto es, de alcanzar la plenitud. Salvación supone que la evolución no es un camino hacia ninguna parte, sino que puede, verse completa, pasando de lo material, a lo biológico, y de esto a lo intelectual, consciente, personal y libre. Para saltar de ahí a lo divino. Salvación significa que la existencia no es algo truncado, sino un presente que se abre a un futuro en expansión sin final. Y todo eso es posible porque un amor que se nos ha manifestado en Cristo Jesús, ha hecho relevante todas las cosas, arrancándolas de la irrelevancia. El Dios de Cristo Jesús que nos ama hasta el extremo se revela como un Espíritu gestante que si encuentra nuestra aprobación nos sumerge en esta corriente que nos conduce de la nada al todo. Inmerso en el amor de este Dios, no es posible creer que todo es para nada, más bien, es definitivo pensar que todo puede ser para la gloria. Porque por pura gracia se nos ha regalado esa oportunidad que nosotros solos nunca podríamos alcanzar.

    La Iglesia, no es sólo por tanto un espacio donde disfrutar de tales esperanzas hijas de un amor divino sin par, sino que es un vaso comunicante de este gozo a los demás para que también ellos puedan compartir nuestro gozo. 

    Por tanto, convertir tal misterio de salvación en una suerte de carrerismo narcisista es antes que nada una burda blasfemia de pésimo gusto. 

    Así pues, como Amos nos enseña, cualquier miembro de la Iglesia está llamado a dar a conocer esta experiencia de salvación a los demás. Aunque no encuentre el apoyo de los sumos clérigos que con sus torpes decisiones pretenden estorbar que Dios pueda comunicarse como amor con todos los que quieran escucharlo. El clericalismo es funesto, porque se antepone a los mismos deseos de Dios manifestados en Cristo Jesús con total claridad. Es más incluso no faltan en la Iglesia quienes pueden pretender entorpecer que personas como Amos o como el mismo Pablo, puedan ejercer su misión de mensajeros del Dios vivo para los que caminan por este mundo como ovejas sin pastor. Simplemente por prejuicios infundados, nefasta ideología o por mera enemistades personales. O también prejuicios clasistas que no ven con buenos ojos que alguien pobre como Amos tome la palabra en nombre de Dios.

    Esta experiencia de salvación que se comparte ha de llevarse a cabo como Jesús nos enseña en el Evangelio, sin apariencia de poder alguno, sin pretender quebrar la caña cascada ni apagar el pávilo vacilante. Pues esta experiencia de salvación no se impone, sino que se propone. No puede obligarse, sino que solo puede ofrecerse como una invitación a quien la quiera recibir libremente. Pues no es esposo el que se impone, sino el que enamora, seduce y cautiva. Pues el que obliga, es violador que no enamorado. Y el camino que Jesús nos muestra es el del amor que se propone pero no se impone, pues la verdad del amor, se impone por sí misma en el corazón de cada uno sin necesidad de ser violentados para acogerla. Pues violentar es falsear la experiencia de salvación y crear un justificado rechazo frente a ella. Desde una condición sencilla, caminando al paso de los demás, simplemente se trata de vivir en plenitud entre ellos, dando a conocer a quién le interese el camino de esta experiencia salvadora.

    Cómo veréis la Iglesia es una cosa bien distinta de lo que por desgracia muchas veces se muestra como una caricatura satírica  y grotesca de lo que debería ser, más esa, no es la iglesia de Cristo Jesús, sino como dice Juan el Evangelista, es la sinagoga de Satanás. Es pues necesario no tomar el camino equivocado. Advertidos quedamos. 

 

XIV ORDINARIO

    Cuatro enseñanzas para vivir se nos ofrecen hoy. La primera nos la evoca Ezequiel. 

    No hay que cejar en plantar cara a los rebeldes, a la gente de terca y dura cerviz. La pasividad ante un agresivo no es de recibo. Al agresivo es preciso frenarlo. Ponerlo en su sitio. Pues invade y conculca los derechos de los demás. Hay gente agresiva que está acostumbrada a serlo porque nadie nunca les planta cara. A Jesús le mataron por la pasividad de sus discípulos y del mismo Pilatos, aun a sabiendas de las injusticias de las que era víctima. Si somos pasivos ante los agresivos, ellos persisten en crucificar a los que les place. Ser asertivo es poner en su sitio al agresivo, no pisamos derechos, pero tampoco le permitimos de buen grado pisar los nuestros ni los demás. Eso te complica la vida, como a los profetas. Pero el otro camino supone que los agresivos siembren de crucificados el mundo.

    Un cristiano nada debe saber de “clasismos”. El sarcasmo de los orgullosos y de los satisfechos hastía a cualquiera. Nadie es más que nadie. Nadie es menos que nadie. El salmo lo grita con fuerza y no podemos permanecer sordos. Esta es la segunda enseñanza que se nos ofrece.

    Un cristiano no lo sabe todo. Pues los credos y dogmas no agotan el misterio. Los fariseos y hebreos de aquel tiempo, creían saberlo todo. Y no tenían nada que aprender de Jesús, aunque reconocían su sabiduría. Por eso lo despreciaban. ¿Qué les iba a enseñar el carpintero? ¿De un vecino conocido por todos, cabe esperar alguna sorpresa?. Quien cree que lo sabe todo, nunca aprende nada. Es el drama de muchos. No saben convivir con el misterio. Que no sólo afecta a Dios sino al mismo universo. Mientras vivimos aprendemos, incluso cuando morimos, seguimos aprendiendo todo aquello que aún ignoramos. Pues vivir, consiste en nunca acabar de saberlo todo. La humildad de quien siempre está dispuesto a aprender es el modo básico de enfrentarse al mundo. El Evangelio nos lo enseña, pues de lo contrario, podemos perdernos lo más importante que nos conduzca a alcanzar la plenitud de lo que podemos llegar a ser. Esta es la tercera enseñanza que el Evangelio nos ofrece. 

    Por último, ser cristiano es contrario a ser puritano o fariseo. Ser cristiano requiere capacidad de aceptar la propia debilidad. Nadie es perfecto. Nadie se libra de ser indigno a ratos. Todos tenemos espinas clavadas que nos estorban para poder amar. En cualquiera de las dimensiones de nuestra vida. A unos de una forma, a otros, de otra. Dios nos ama no porque seamos perfectos o dignos, sino porque le place. Su amor por nosotros es gratuito. Su amor es lo que nos constituye. Es lo que nos hace fuertes, aunque seamos débiles. A Dios no le importa tu debilidad, ni la mía. Su amor basta. Y es su amor el que nos recrea constantemente en medio de nuestra permanente debilidad; en medio de nuestros sufrimientos anejos a nuestro ser de humanos. Vivimos en una evolución constante aun cuando “involucionamos”. Por eso ser perfecto es ser misericordioso con los demás, contigo mismo, y con el mundo entero. No hay otro camino. Creer lo contrario es vivir alienado. Esta es la cuarta enseñanza que Pablo nos ofrece. 

    Las escrituras hoy nos enseñan un camino para vivir, sólo es necesario escucharlas con atención. Nada más.  A vivir hermanos. Jesús nos enseña a hacerlo.

 

SAN PEDRO Y SAN PABLO

    Cadenas y cárcel. Son los protagonistas de las narraciones acerca de los apóstoles Pedro y Pablo. La necesidad de ser liberados de tales cepos, es el anhelo que copa los corazones de Pedro y de Pablo. 

    En nuestro momento presente atravesamos unas circunstancias que nos oprimen. Somos presos de sus azares. Nos encadena su presencia. Nos priva de libertad para ver a los que más queremos con normalidad. Incluso muchos, demasiados, ni han podido despedirse de sus seres amados, que este virus, ha matado sin piedad ni consideración. “Con un Virus no se dialoga”, oímos al comienzo de esta “masacre”. Esta pandemia nos ha amordazado, durante mucho tiempo, ni hemos podido mostrar nuestro rostro con naturalidad. Y aunque en nuestra tierra empezamos a dar pasos para liberarnos de las mordazas, aún no podemos dejarlas de lado definitivamente. Mientras tanto, damos pasos contra esta pandemia, mediante una intensa y gradual campaña de vacunación, que pretende ser mundial. Además el sacrificio, de toda especie, de los sanitarios, ha sido y está siendo inmenso.

    Toda la humanidad está encarcelada por este virus, hemos vivido confinados como nunca, mientras las listas de las víctimas mortales y de los contagios no cesaban de crecer. Y cuando ya pensábamos que empezaba a ceder, de nuevo volvían a crecer y a veces con mucha más rabia, que en el periodo anterior. ¿Como no anhelar vernos libres de semejante tortura?. No es cómodo ver la muerte rondando cerca, o ver la plaga, apresando a seres muy queridos por nosotros. Es amargo, duro, horrible y difícil. Tiempos de ansiedad y angustia. Tiempos de calvario, y por ello de dudas y de agonías. Tiempos de amargura. 

    ¿Qué hacer? Pablo pone palabras en nuestros corazones para responder a esa pregunta. Mantener la fe contra viento y marea en que no estamos solos. Mantener la fe en la compañía bondadosa del Resucitado que prometió estar con nosotros todos los días de nuestras vidas hasta el fin del mundo.

    Esa fe es la fuente de la esperanza de que seremos liberados de las cadenas presentes de un modo sorprendente, incluso aunque la muerte nos golpee sin misericordia, con crueldad y sin contemplaciones. Mantener la esperanza en medio del sufrimiento requiere de una fe firme, única, una fe, que va más allá de lo que vemos y tocamos, porque lo que tenemos ante nuestros ojos nos aterra, y nuestras manos se han vuelto nuestras enemigas, porque pueden convertirse en vehículos para un virus que nos está envenenando. Por eso la fe, más allá de lo que vivimos, se vuelve fundamental. Porque si no nuestra esperanza se quebrará a cada paso. Y esa esperanza es agua que no mueve molino alguno. 

    Esa esperanza contra toda esperanza es la madre de la energía que necesitamos en estos tiempos tan oscuros. Esa esperanza constante es la madre de nuestra fortaleza. Porque estos tiempos demandan de nosotros una fortaleza a prueba de bombas. De un bombardeo, no se sale vivo sin fortaleza inteligente y diligente. A una realidad nueva, al Reino de los Cielos, no se llega sin la energía de la que Pablo y Pedro, nos dan testimonio. Y tampoco sin su fe inquebrantable. 

    Así que, ¿qué necesitamos? No dejar de ser piedras firmes, pétreas rocas que construyan una muralla incontenible frente al desaliento y la locura. Saber usar las llaves que nos han dado para abrir puertas en medio de la oscuridad que tenazmente se resiste a ceder. Esta batalla es muy larga. Y un maratón no se gana sin fe en la victoria, sin esperanza en cruzar la meta, y sin fortaleza para saber administrar y canalizar las energías físicas, psíquicas y morales. El amor a Cristo Resucitado es lo que nos hace creer en el como el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y esa fe enamorada, es la que nos mantiene vivos en medio de las mil cruces que en estos amargos días, nos caen encima. Porque hay gente, que aunque no haya padecido la pandemia, han sufrido lo indecible, llegando a perder seres amados, sin poder ni siquiera despedirse de ellos con un mínimo indice de humanidad. Nunca como en estos tiempos, nuestra generación mundial, había padecido semejante trauma. No es que no haya habido sufrimientos hasta ahora, es que jamás el sufrimiento  había sido de todos, y no sólo cosa de algunos. Por eso el amor fraterno es un reto constante para todos en estos tiempos. Sin él no saldremos de esta. Es imposible superar este trauma sin una búsqueda constante del Bien Común. 

    Educar en la fortaleza es prioritario, como educar en la esperanza, en el amor fraterno, y en la fe. Esas son nuestras llaves. Así que ánimo amigos, ya falta menos, no cejemos ni un solo instante en la lucha, y con tesón, combatamos sin cesar nuestro combate. La corona de la victoria nos espera hermanos. Merece la pena. Es lo único que hoy merece la pena.

 

XII ORDINARIO

    ¿Qué nos enseñan las Escrituras hoy sobre Jesús? Es una buena pregunta para escuchar siempre los textos, y podernos adentrar en los tesoros que encierran. Quizás, me atrevo a decir, es el mejor punto de partida. 

    Para entender el Evangelio debemos poner nuestros ojos en Job. Dios es admirable para los hebreos antiguos porque era capaz de controlar el mar, de fijarle límites, de dominar al indomable, que por su grandeza, hace sentirse pequeño al hombre. Esa es la manifestación de su poder. Quizás desde los tiempos del Éxodo y el paso del Mar Rojo, los hebreos, empezaron a ver a Dios de este modo tan singular.

    Por eso la sorpresa de los discípulos de Jesús es mayúscula. Que Dios fuese capaz de dominar el viento y los mares, era ya algo admitido por todos, ¿pero un hombre? ¿qué está pasando? ¿qué suerte de locura es esta?. Y aún así se les impone a todos la realidad de un modo indiscutible, inapelable. Este nuevo orden de cosas solicita de ellos una nueva fe en la vida y su significado. Y en ese nuevo marco, el miedo, no puede tener ya la última palabra. Hay una nueva instancia que lo cambia todo. Dios ya no es una sospecha, ha salido a nuestro encuentro. El misterio ha hablado. Se nos está dando a conocer. Y está superando nuestras expectativas. Al parecer se ha hecho hombre.

    Como Pablo enseña, tras Jesucristo, lo humano, y el mismo universo, son para siempre una realidad nueva. Que ya no podemos ver como hemos mirado hasta ahora. Cristo conmociona nuestro “modo humano” de ver las cosas según un concepto muy cerrado y cuestionable de “existencia carnal”. El materialismo se queda corto a la hora de explicar el universo que entrevemos tras la mirada de Cristo Jesús. 

    Por ello las “tempestades” de nuestra experiencia no son lo más definitivo de la vida. Ni siquiera son su límite. Eso nos resulta misterioso, enigmático, sorprendente, inspirador, y hasta loco (simplemente porque nos resulta caótico, en tanto que rompe las coordenadas de nuestra supuesta normalidad). Lo racional es muchas veces una mera petición de principio. El pensamiento Post_moderno, lo afirma sin cesar, aunque no es capaz de ver el gran misterio del todo y se pierde en las aguas oscuras del nihilismo que afirma que todo es absurdo y para nada, pura pasión inútil. 

    A la luz de Jesús, en cambio, la realidad es misteriosa, está más allá de lo razonable, en múltiples ocasiones. Y Jesús se nos presenta como el misterio que somos incapaces de controlar y comprender, nos desborda. Así que eso nos dice hoy la Escritura de Jesús. 

    Y eso nos permite comprender que no tiene porqué ser aquello que más tememos nuestro único y último destino. A quien está dispuesto a seguir a Jesús se le pide ser capaz de vivir abierto a una sorpresa constante, desbordante, inatrapable, incomprensible al cien por cien, misteriosa, “a - racional” en tanto que está más allá de la razón, aunque no contra ella. 

    Esto tiene una consecuencia: por turbios que sean nuestros caminos, y por oscuras que sean las tormentas que nos afligen, siempre cabe esperar algo más. Según Jesús: ¡Mucho más!. 

    Así que elige: o existencia anodina en descomposición o aventura sorprendente de una existencia a ratos caótica y tragicómica, donde en el marco del misterio que se vela y se revela, siempre cabe esperar mucho más de lo que vemos. Jesús guía esa segunda barca, y aunque se duerma a ratos, nunca deja el timón y sabe conducirnos a la orilla, como un gran capitán. Yo me apunto a esta segunda manera de vivir. Porque como Pablo nos enseña, aprender cosas sobre Jesús, nos enseña siempre a vivir de una manera diferente y mucho más plena. 

 

XI ORDINARIO

    En los tiempos difíciles que últimamente nos ha tocado vivir las enseñanzas de hoy nos vienen muy bien. Concretamente dos.

    El valor de la paciencia. Pues los cambios se operan muchas veces poco a poco. Y empiezan de una forma imperceptible, de una manera mínima, tanto que ni nos damos cuenta. Lo pequeño poco a poco, puede producir de una manera constante toda una reacción en cadena. Sin percatarnos, o sin que sepamos como. Algo tan pequeño como una vacuna, puede darle la vuelta a la tortilla. Pero para que esto haya llegado es preciso, mucho trabajo callado, grandes periodos de investigación, mucho esfuerzo y no poca contestación de bastantes desconfiados. Y qué difícil resulta esperar, cuando sabes, que tardar más tiempo significa ver morir más gente. Por eso la paciencia ha resultado tan dolorosa, pues cada nueva oleada de contagios, los números de personas muertas (de todas las edades) aumentaban. Por eso saber esperar, es decir ser paciente cuesta tanto. Porque mientras que se espera se sigue sufriendo, y a veces mucho. Demasiado. La esperanza en medio del sufrimiento esta conectada con la paciencia en medio de la tribulación. Y es el dolor de distinto signo el que nos desespera y el que nos impacienta. Esta experiencia dura, que estamos viviendo, no debe olvidársenos nunca, porque si la sabemos aprovechar nos despierta de nuestra alienación. Pues alienado está el que se cree seguro, y con todo un futuro por delante garantizado. Alienado está el que no sabe vivir con la incertidumbre. Y el sufrimiento o la misma muerte no tienen porqué ser siempre cosa de otros o algo muy lejano en el futuro. A veces poder responder cuando te preguntan cómo estás?: !estoy vivo!, no es poca cosa. Así que necesitamos mucha paciencia, mucha esperanza, y mucha fortaleza, sin ella, nos será mucho más difícil percibir el cambio paulatino, que una pequeña semilla, puede traernos de cara al futuro. 

    El conocimiento claro de que nuestra existencia en este cuerpo mortal, no es, definitiva. La conciencia de que tras esta etapa nos aguarda un nuevo camino, con muchas moradas. Donde cabemos todos. Pablo es muy claro. Porque si no comprendemos esto, la muerte nos aplasta con su paso. Pues su tiranía es insoslayable. Y cuando viene a por ti, no es fácil escapar. Y porque decidamos no mirarla no se esfuma. Permanece muda. Pero nunca quita sus ojos de ti. Y sabe esperar el momento oportuno para atraparte con sus redes. Trabaja como una araña. Es nuestro enemigo sempiterno. Es un modo metafórico de hablar, soy consciente. Pero Pablo es un aldabonazo para que despertemos del sueño. Si bien no es su propósito desesperar a nadie, sino más bien: orientar a todos para sepamos aprovechar bien nuestro tiempo, de modo que esta nueva gestación sepamos aprovecharla con fruto. Y por eso insta a creer, a esperar y a amar, porque sabe que esta vida no es una mentira, ni mala, ni fea, sino transitoria, y por ello nos pide implicarnos en el proceso, aunque sepamos que nuestra estadía aquí no es definitiva. Pues aunque eso sea cierto, nosotros, abiertos a un cambio constante y a una evolución sin final, nos transformamos sí, pero siendo siempre quienes somos, aunque no lo seamos siempre del mismo modo. La vida es un proceso de transfiguración. Y eso es lo que Pablo sabe. Vivimos en una semilla, que está llamada a germinar y generar universos de vida que ni siquiera es capaz de imaginar, como el niño que está en el vientre materno no puede hacerse una idea, del mundo que le espera más allá de su micro universo. De nuevo la paciencia y el valor de lo pequeño. Ambas enseñanzas están conectadas.

    No dejemos pasar las enseñanzas de hoy, que si prestamos atención son para nosotros, todo un manantial de fuerza para vivir.    

 

CUERPO Y SANGRE DEL SEÑOR

    La Eucaristía es muchas cosas que el Pueblo de Dios en general a veces desconoce. 

    La Eucaristía no puede vivirse como aquellos paganos vivían su relación con los antiguos cultos politeístas. Pues para aquellas culturas la inmoralidad no estaba ausente del ámbito divino, ya que los dioses eran los primeros en ser presa de sus odios, soberbias, narcisismos y egoísmos. Sus dioses eran celosos y envidiosos, y se mentían y traicionaban entre ellos. En nada éticamente hablando eran ajenos a nosotros. Más que una manifestación de la trascendencia, eran una burda transposición de la inmanencia más burda y más rastrera. Al culto se asistía no como una manifestación de vida nueva, sino como una búsqueda de suerte, por la que se buscaba agradar a los dioses con ofrendas adecuadas. Pero sin amor ninguno por ellos y sí con muchísimo interés.  La inmoralidad era algo ajeno al mundo de lo litúrgico. Y se podía ser un inmoral y no ser problema alguno para participar en culto alguno. El ritualismo pagano estaba más allá del Bien y del Mal. La primera lectura de hoy nos hace ver que en nuestra vivencia de la Eucaristía eso no puede ocurrir. Nuestro culto debe estar inserto en un modo de vivir, pues de lo contrario, simplemente sería, no una ofrenda verdadera sino una muestra de funesta hipocresía. 

    La Eucaristía es una acción de gracias, pero no por cualquier cosa. En los cultos paganos uno daba gracias a los dioses por la “suerte” recibida. Y algunos aún se acercan a Dios así. A dar gracias por complacencias egoístas que les han sido “concedidas” a ellos en exclusiva. Y si a los demás no se les ha dado, pues…, “cosas de Dios y ellos”. El Salmo nos lleva a entender cual es el motivo por el que damos gracias a Dios en la Eucaristía: “POR JESUCRISTO”. Esa es la “suerte” que se nos ha regalado a todos por igual sin exclusiones como sí ocurre con las suertes particulares. Esta “suerte” es un regalo, una gracia, que se nos ha ofrecido a todos sin acepción alguna de personas. Y esa es nuestra razón para elevar plegarias eucarísticas (de acción de gracias) a Dios constantemente. En nuestra misa no puede haber egocentrismos ilegítimos si miramos con seriedad la cruz de Cristo Jesús.

    La Eucaristía es la superación de la inhumanidad, el horror, la brutalidad, y el quehacer sanguinario del culto antiguo. Pues en la religiones primitivas se ofrecían seres vivos a los que se mataba, siendo los templos una especie de matadero público (incluida el judaísmo por influencia de su entorno, ya que Melquisedec, el primer sacerdote conocido por Abraham, que no se ajustaba a ley mosaica alguna, ofrecía pan y vino, pero Israel se apartó de esa tradición y copió a los pueblos de alrededor). En el colmo del paroxismo en América los españoles nos encontramos con culturas indias que en vez de ofrecer animales, convertían en víctimas propiciatorias a los seres humanos arrancándoles el corazón en vida para comérselo a continuación en vivo y en directo. La segunda lectura abole todo tipo de sacrificio sangriento. Y dice que ya derramamos suficiente sangre al matar a Cristo Jesús por venir a enseñarnos que Dios nos amaba hasta el extremo.  Lo que nos salva es el amor de Jesús hasta dar la vida por nosotros como expresión viva del íntimo ser de Dios. Y no toda esa suerte de ritualismo pagano sangriento. Por eso el cristianismo, siguiendo a su maestro, recupera la tradición antigua de Melquisedec de ofrecer pan y vino, para hacer memoria del sacrificio de amor hasta el extremo de Jesús el Señor. Así lo hizo Él y así los seguimos haciendo nosotros. Del horror brutal a la humanidad más excelsa que hemos conocido jamás. 

    La Eucaristía es la superación de una cena que rememoraba un conflicto entre dos naciones, una memoria bélica, en aras, de un banquete para celebrar un amor universal hasta el extremo, que deja de festejar la muerte de los enemigos en el mar rojo, para celebrar que Dios no sabe hacer otra cosa que amarnos, como la entrega de Jesús y el hecho de dar su vida por nosotros hasta derramar su preciosa sangre enamorada ponen claramente de manifiesto. Tomar pan, dar gracias, partirlo y darlo y decir sus palabras que enseñan que hay más alegría en dar que en recibir. Y no es una memoria de un hecho pasado, es un memorial de una presencia viva, pues Jesús está resucitado y por su Espíritu está presente con todos a la vez en todas partes y al mismo tiempo, si nos reunimos a celebrar la cena que honra y renueva su sacrifico enamorado por nosotros. Convendría no convertir nuestras liturgias en entes barrocos y rococós, pues como enseña el minimalismo, “menos es más”, y la expresividad de esos gestos y palabras bastan para hacernos profundizar en la grandeza de su misterio inabarcable con una sola mirada.

    Podría seguir, pero basta por hoy. Y es que la Eucaristía da para mucho. Por ello conviene “prepararla y prepararse” para celebrarla. No sea que con toda la buena intención humana participemos en ella no como cristianos sino como paganos. Pues ya decía la liturgia hispana que no se han hecho las margaritas para echárselas a los cerdos. Y si esta forma de celebrar la misa, lo gritaba alto y claro, es porque antes lo había dicho Jesús el Cristo. Y no porque sean malos los cerdos, sino porque inconscientes las pisotean y destruyen todo lo hermoso que ella contienen. La gran belleza de la Eucaristía bien se merece que estemos debidamente preparados para participar de ella.

 

STMA TRINIDAD

    ¿Para que necesitamos a Dios? A esta pregunta responden las lecturas que hemos escuchado hoy. 

    El Deuteronomio nos dice “Y serás feliz, tú y todos los tuyos”. Nadie puede ser feliz sin los demás. En un entorno depresivo disfrutar de la vida se hace bastante más difícil. Sin el Bien Común la felicidad como horizonte se vuelve más complicada. ¿Como ser feliz si los que quieres sufren? ¿Como ser feliz si necesitas por narcisismo ocupar todo el espacio y dejar a los demás fuera de juego?¿Es la competición para el que la pierde motivo de felicidad? y si la gana y tiene corazón, ver llorar y decepcionados a los otros ¿destruir a los demás nos hace felices?. La ley de Dios dice que no. Que sólo somos realmente felices si lo somos en conjunto. En una familia no podemos ser felices, si uno de los miembros sufre. Lo mismo pasa con los amigos. O con una comunidad cristiana. Quien se cree el centro del mundo y pisotea a los demás no hace feliz a nadie. Y su supuesta felicidad es destructiva, algo parecido a lo que producen las drogas a los adictos. El ego desmesurado envenena, aunque su fundamento sea religioso. Dios nos señala el camino del bien común si queremos ser felices y por tanto la renuncia al “ego” y la vanidad.

    El Salmo nos enseña que “su palabra misericordiosa nos llena de esperanza”. La vida es bella como una rosa. Pero tiene espinas y eso no deberíamos olvidarlo nunca. Sufrir y morir, es propio de lo vivo en este universo. Muchos consideran que la vida por eso es una suerte de porquería. La Palabra de Jesús nunca invita a pensar así. Es consciente de la fugacidad de lo vivo, pero no como un destino infranqueable, sino como una etapa en el largo recorrido de la existencia. Para Jesús la existencia puede ser eterna si optamos por el camino de la resurrección que se abre como una gracia ante nosotros. Se trata de aceptar un regalo. Algo que por nosotros mismos no podríamos lograr. Es su voluntad misericordiosa la que nos infunde la esperanza ante el marco de autodestrucción que nuestro modo de existir conlleva. Más allá de este útero hay más. Jesús nos enseña que la vida es sorprendente, no decepcionante. Hay esperanza para nosotros, eso es lo que Jesús nos enseña siempre. Dios es esperanza para el hombre cuando la esperanza del mundo se acaba entre sus límites que dan de sí lo que nuestras percepciones comprenden. Pero nuestra percepción sensible no tiene porqué serlo todo. De hecho Jesús nos asegura que no lo son. 

    Pablo nos enseña que “somos Hijos de Dios”. Dios nos enseña que nos ama, que es nuestro “papá”, que somos sus Hijos amados. Somos herederos de la Eternidad junto con Cristo.  Nuestro destino es la gloria, y no la nada. El amor de Dios hace relevante nuestra existencia que de otro modo, aunque sorprendente, sería irrelevante. Sin saber quienes somos sólo la inseguridad es nuestro marco de existencia. La desconfianza es aneja a esa tesitura existencial. ¿Quien con semejante enfoque se arriesgaría a traer vida a un mundo así? Sería cruel e irresponsable, abocar a los hijos que más amas a un mundo absurdo, donde puede tocarles en suerte un sufrimiento espantoso y una muerte irremediable como único futuro. No son palabras mías, es fácil encontrarlas en filósofos ateos como Ciorán. Este pesimismo desalienta e imposibilita un vitalismo ilusionado e ilusionante. Por ello saber lo que somos es definitivo. No es una cuestión colateral sino troncal. La visión del ser humano que Dios nos ofrece en Cristo nos abre a un horizonte de plenitud. Así que Dios nos enseña que “SOMOS”, con mayúsculas. Y eso nos cimenta. El credo ateo no consigue nunca semejante cosa. Y sólo nos ofrecen divanes donde divagar sin fin hasta que la muerte nos cace, después de pagar grandes sumas de dinero. Y todo por un prejuicio mental que excluye la trascendencia desde un enfoque inquisitorial y dogmático. El misterio no tiene porqué estar mudo. Y puede mostrarnos nuestro verdadero ser.

    El Evangelio nos enseña que “Jesús está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo”. No existe la soledad para nosotros. En ningún lugar ni en ninguna circunstancia. Jesús resucitado vive en Dios y para nosotros en el Espíritu. Y el Espíritu, el aliento divino, como el aire, lo invade todo, lo penetra todo y todo lo trasciende. Basta que lo dejes entrar en tu corazón, basta que se lo permitas para no asfixiarte inmersos en el desaliento. Por eso a Jesús le es posible caminar contigo y con todos, en cualquier momento y en cualquier sitio. Y este Jesús te impulsa fuera de ti a buscar a los demás como a tus hermanos. No para anularlos ni para convertirlos en tus siervos, ni tampoco en tus espectadores. Sino para caminar con ellos ocupando tu lugar, propio de tu ser único e irrepetible, ofreciéndoles tus motivos íntimos para creer en la vida como una experiencia que merece la pena ser vivida. Hay que compartir con los demás la experiencia de por qué no es acertado desengancharse de la vida. La vida de los demás es tan preciosa como la nuestra. Ser un egocéntrico narcisista nos impide experimentar esto. Ser un patán frustrante y conflictivo con todos nos convierte en un estorbo, en un ser fétido. Que lejos de ilusionar decepciona a todos. Ese es el camino torcido para acabar siendo un solitario avinagrado. Y ese modo de ser no es compatible con Cristo Jesús. Ese no es el ser humano que brota de su Evangelio. Así que si alguien religioso llega a ese extremo debe darse cuenta que se ha equivocado a la hora de interpretar lo que significa seguir a Jesús. La soledad solitaria no es una opción para el creyente jamás.

      Cuatro razones que explican por qué es Dios no es innecesario. El bien común, la esperanza, ser para la gloria y no para la muerte con su nada subsiguiente y renunciar a la soledad solitaria como marco necesariamente frustrante de existencia, no es cualquier cosa o como diríamos coloquialmente “no es moco de pavo”. Así que sí, creo firmemente que hoy nos han mostrado cuatro razones para entender por qué creer en Dios, al menos para mí, resulta oportuno y hasta necesario. La razón práctica lo aconseja para que seamos capaces de funcionar mejor. Cuatro razones poderosas y a mi juicio muy bien fundadas.

 

 

 

 

Contacto

ANDROS Mysterium vitae
MURCIA (España)

Correo electrónico: katolikos@icloud.com

katolikos@hotmail.com
 

Presbítero Católico

Nuestra oferta

En www.bubok.es podrás encontrar todos mis libros publicados. Los que aún pueden adquirirse porque no se han agotado las ediciones. Basta que busques por mi nombre:

Andrés Marín Navarro.

ANDROS Mysterium vitae en redes sociales :

Versión para imprimir Versión para imprimir | Mapa del sitio
© ANDROS Mysterium vitae