Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

HOMILIA Ciclo B

CADA DOMINGO LA PALABRA DE DIOS ES CREADORA, NOS RENUEVA, SI LA ESCUCHAMOS CON FE Y SABIDURÍA, PORQUE NOS EL ESPÍRITU DE DIOS NOS VISITA Y NOS LLENA DE GRACIA. APRENDAMOS A ESCUCHARLA COMO MARIA.

 

 

CUARESMA 2

    La dialéctica que se establece entre la primera y la segunda lectura es asombrosa. La primera lectura nos relata un episodio donde un hombre por dar culto a Dios es capaz de entregar lo más sagrado que tiene a su alcance: un padre quiere entregar a su único hijo en sacrificio. La religión a veces es capaz de suscitar en los corazones locuras inauditas. El confuso Abraham  lo que quiere es dejar claro que ama a Dios sobre todas las cosas. Aunque procede de manera torpe. Eso es lo que ocurre con la religión en innumerables ocasiones.

    La segunda lectura es un movimiento opuesto. Dios por salvar al ser humano acepta incluso que su Hijo se entregue en nuestras manos, cuando sabía que mostrar su amor hasta el extremo por nosotros, significaba tener que cambiar el horror de la cruz en amor eterno. Tan grande e infinito es su amor por nosotros, tanto como el amor de un padre y una madre por un hijo. Aún así aceptó el destino de su Hijo. Su dolor y su muerte antes de su resurrección. La diferencia entre Dios y Abraham, es que Dios puede dar la vida tras la muerte y Abraham no puede. El Evangelio lo que pretende es salvar y glorificar la vida. La religión en cambio es capaz de pretender amar tanto a Dios aunque para ello tenga que destruir la vida. El Evangelio cuando ama a Dios ama la vida. La religión en su versión más integrista cuando dice amar a Dios erróneamente, es capaz de destruir la vida. Abraham es reconducido por Dios de la senda equivocada de la religión al camino certero del Evangelio. 

    Si amas a Dios tienes que amar la vida y transfigurarla, glorificarla. No hay otro camino para amar a Dios. La religión, la búsqueda humana de Dios, muchas veces se equivoca. El Evangelio, la búsqueda amorosa del hombre por parte de Dios, siempre acierta. Por ello debemos escuchar al Hijo amado de Dios, y no otras voces que no brotan de los labios de Cristo Jesús. Por eso si la Iglesia no quiere ser sal que se vuelve sosa, ha de escuchar y decir siempre la voz de Jesús el Señor y nada más. Los profetas y Moises, se inclinan ante Jesús, porque sus visiones de Dios, sus teísmos, son imperfectos. Sólo Cristo es la revelación plena de Dios, el que conduce a consumación la antigua revelación veterotestamentaria, liberándola de las impurezas religiosas que no le permitían manifestar el rostro de Dios en plenitud. 

    ¿Quieres transfigurarte? Escucha a Jesús y libérate como Abraham del yugo equivocado de la religión. La conversión a la que el Evangelio nos convoca es eso y no otra cosa. 

 

CUARESMA 1

    Caminar tras los pasos de Jesús conlleva afrontar la conversión. ¿Pero qué es esa conversión que Jesús nos propone? ¿En qué consiste?. 

    La conversión significa vivir en alianza con Dios. La conversión no es destrucción sino regeneración. La conversión es instruirse, es dejarse enseñar por el Señor Jesús, cuando se vive a su lado. Es tratar con su ternura, con su misericordia, con su bondad. Conversión significa caminar junto al Señor en humildad.

    La conversión es ser vivificados por el Espíritu de Jesús resucitado. Convertirse es experimentar la paciencia de Dios. Conversión es sinónimo de Salvación y nada tiene que ver con la condenación. La conversión no es una purificación de lo físico, sino una petición a Dios de una buena conciencia. La conversión afecta a la configuración de la propia conciencia. Influye en pensamientos, en sentimientos y en conductas. Convertirse es abrirse al poder de la intercesión de Jesús resucitado del que emana la gracia, el amor eficaz que nos regenera. El bautismo y la conversión son una misma cosa. Sin conversión el bautismo es un rito vacío.

    La conversión es la confrontación con la tentación superándola. La conversión es Evangelio vivo y no religión vacía y meramente teatral. La conversión no es un espectáculo, es la configuración de una existencia real. La conversión es la apertura al Reino de Dios. Convertirse es creer en el Evangelio, llenarse de la esperanza que contiene el Evangelio, y aprender a amar hasta el extremo como Jesús nos en el Evangelio. 

    La conversión es dejar a Jesús ser tu amigo, descubrirlo como tu verdad, como tu camino y como tu vida. 

 

CENIZA

    La conversión siempre pendiente es la que consiste en pasar de la religión al Evangelio. 

    La religión afecta a todo el pueblo con sus reglas y prácticas, por eso es importante que la conversión de la religión al Evangelio sea global. Como nos enseña el profeta.

    La religión se interpone con frecuencia entre Dios y los hombres. En cambio el Evangelio nos reconcilia con Dios directamente. No tiene sentido ser apóstol de Jesus para no ser portavoz de Dios en directo, sino mediatizarlo a través de construcciones humanas travestidas de religión. Eso será muy carnavalero, pero muy poco cuaresmal. Y además está exento de toda gracia. Es un carnaval fétido. 

    La religión se construye sobre hipocresías y doble vida. Y no sobre autenticidad, cosa a la que el Evangelio siempre nos invita. La fama a costa de la solidaridad, la espiritualidad y el dominio de sí, es propia de la sociedad del espectáculo. Por eso la religión que tiene mucho de espectáculo, transforma  la solidaridad en campañas para acumular riquezas y aumentar los egos, la espiritualidad en pietismo afectado y exagerado, y el dominio de sí en mortificaciones absurdas, altisonantes y oscurantistas: ¡No coma usted carne pero hártese a comer gambas y así ya ha cumplido usted el mandamiento… vaya usted a tomar viento! El tiempo de cuaresma está trufado de todo eso, por eso es preciso deconstruirlo en profundidad. De hecho siempre se le ha dado más importancia que a la misma Pascua. Un contrasentido total. Ayuna de desamor, comparte por amor y ora porque amas a Dios. Y déjate de otras tonterías. 

    La conversión verdadera, siempre sigue por hacer, cada día de nuestra vida: La conversión al Evangelio no deberíamos olvidarlo.

 

ORDINARIO 6

    Hay veces que las leyes religiosas, están fundadas en visiones primitivas. El levítico es una clara muestra de ello. Sin conocimiento alguno de medicina, la antigua sociedad hebrea, descubría que el contacto con los leprosos era contagioso para los sanos. Por ello, llegó a la conclusión de que Dios castigaba a quienes tuviesen contacto con ellos. De ahí esta prohibición de mantener contacto con estos enfermos. Ciertamente evitaban la propagación de la enfermedad con esta medida, pero atribuían a Dios una falta total de compasión antes los enfermos de lepra. Y de igual modo exigían a todos los demás, esa misma indiferencia y desprecio, ante tales enfermos. La etiqueta de impuro, lo deja claro. Se les privaba de todo y de todos. ¿Acaso hoy no mantenemos visiones y leyes en la Iglesia que brotan de prejuicios primitivos como estos? ¿No llamamos impuros a los que no se ajustan a los parámetros vigentes en varias áreas? El levítico llamaba malditos a muchos, y aún hoy, seguimos sus pasos en no pocas valoraciones. En cambio no lo seguimos en esta ley que escuchamos hoy porque nos parece barbara y brutal. Y porque Cristo la infringió decididamente. 

    El Evangelio es muy claro hoy. Jesús infringe cada uno de los términos de esta ley brutal y lo hace para salvar a un hombre de su dolencia, después de haberlo escuchado. No sólo lo toca, habla con él, lo ama, y lo sana. Jesús nos enseña que hay leyes que deben ser transgredidas cuando se fundamentan en prejuicios primitivos, en visiones oscurantistas, cuando estigmatizan y marginan a personas por razones altamente discutibles. Cierto es que cuando no se podía detener la lepra con medicinas, el aislamiento podía ser una gran ayuda, pero eso ni justifica el abandono total, y menos aún considerarlos “malditos” o impuros, merecedores de tal castigo divino y social, por supuestos pecados de ellos o de sus antepasados. Aún hoy algunos miran con ese desprecio a personas simplemente porque no se ajustan a su visión, a sus ideas o prejuicios. Algunos dicen por ejemplo: “estos son unos pervertidos pues con ellos, como no procrean, se acaba el mundo”. Ese prejuicio, no maldice en cambio a un matrimonio, donde él y ella son estériles. Y llevados de esa mentalidad (que no olvidemos se funda en el levítico, un texto trufado de primitivismo por todas partes), se niegan a bendecir a esas personas porque los malditos no pueden ser bendecidos. Su carencia de empatía es total y rotunda. No se parecen a Cristo Jesús ni en el blanco de los ojos. Más bien actúan como un anticristo. Porque Jesús saltó por encima del levítico, y con una empatía sublime, escuchó, atendió y amó a ese leproso, que el texto citado declaraba maldito. 

    Pablo nos hace ver que la gloria de Dios no depende de ajustarse a la ley judía en asuntos como la comida. Pablo también está transgrediendo la ley mosaica. Aunque él tratará de agradar a todos, nunca perderá de vista que es preciso siempre buscar la ventaja de la mayoría para que cuanto más se salven. Jesús sabe que es imposible agradar a todos, así que eso no le detiene, y simplemente va más allá que Pablo, y ama sin limitaciones al que sus paisanos consideraban maldito. Es humano ante un ser humano, y ofrece un trato humano a ese ser humano. Y es que cuando más humano es Jesús más divino se vuelve, y cuando más divino se torna más humano se hace. 

    ¿Así que es posible transgredir según que leyes religiosas? Si condenan a personas a vivir situaciones inhumanas sin duda alguna. Jesús hoy sin decir nada lo deja muy claro con sus hechos. Toda normativa o reglamento religioso debería ser puesto a prueba y debería desecharse siempre que suponga que las personas tengan que afrontar condiciones inhumanas de vida. Este criterio de falsabilidad moral es el que más claramente aparece reflejado hoy en la profunda dialéctica que se establece en las Escrituras, entre Cristo Jesús y el libro del Levítico. Así que nunca seáis ingenuos hermanos, escuchad siempre a vuestras conciencias, y si lo que se os propone resulta inhumano, simplemente como Cristo, sed muy libres y transgredidlo con vuestras conciencias muy tranquilas, y buscad que la humanidad siempre eclipse a la inhumanidad, entonces y sólo entonces reinará Dios realmente. Su reinado no dependen del seguimiento de una moralidad primitiva y trasnochada que carece de empatía con los seres humanos que están ante ella. 

 

ORDINARIO 5

    ¿Qué efecto causa Jesús en la gente? A esta pregunta podemos responder escuchando las Escrituras de hoy. 

    Job es un hombre desesperado. Y esta breve perícopa, aunque intensa, se queda corta para hacerse una idea general de lo que es este maravilloso libro, tan rupturista ante el enfoque del AT acerca de Dios y  de nosotros. Este libro es un alarde de poesía cargada de dramatismo y de metáforas crudas e interpelantes. Solo Cristo Jesús clavado en la Cruz y resucitado podrá responder a las hondas cuestiones que Job se plantea. Sin Cristo, el AT testamento colapsa con su teismo primitivo en esta magna obra compleja y anómala. A este hombre que sufre agonías varias, las noches desvelado se le hacen eternas. Piensa que no vera más la dicha. Se ha quedado sin esperanza. Para alguien así Jesús se convierte en esperanza sorprendente. Y hablo por experiencia propia, porque en medio del sinsentido más agobiante, Jesús, me hizo conocer la esperanza, con aquella bienaventuranza tan importante en mi vida: Dichosos los que ahora lloráis porque reiréis. El efecto esperanza, eso es lo que causa Jesús en una persona inmersa en la desesperación.

    El Salmista da gracias porque Dios cura los corazones destrozados. Eso es lo que hace Jesús con los tienen su mente, sus sentimientos y su conducta heridos o destruidos. El corazón no es la emoción. Es mucho más. Es lo más íntimo de mí mismo, porque ni siquiera yo soy capaz de verlo. Pues desde mi yo más profundo lo percibo todo, menos a mi mismo. Pues para poderlo ver debería salir de mí mismo sin dejar de estar inmerso en mis adentros. Esa es nuestra gran contradicción. Jesús nos enseña a pensar con amor de mí mismo y de los demás. Nos enseña a privilegiar las emociones que nacen del amor. Y nos enseña por fin a actuar con amor, perfumando nuestra conducta con ese sabio remedio. Y así es como cura nuestro corazón destrozado. Ese es el efecto sanador de Jesús: hacernos amar sin fisuras con las tres dimensiones (ideas, sentimientos y conducta) de nuestro corazón, en las que yo habito ayer, hoy y siempre.

    El apóstol Pablo está de bajón. Sus palabras dejan claro que anunciar el Evangelio le pesa. Está deprimido, quizás la caótica situación de la comunidad cristiana de Corinto es la causa de que se encuentre en esa tesitura existencial. Nosotros podemos experimentar esos bajones por salud, por razones familiares, por pérdidas irreparables, por situaciones laborales y económicas, por causa de nuestra sociedad o de la Iglesia en la que vivimos. Pero hacer memoria del Evangelio, de Jesucristo Muerto y resucitado, lo pone en pie y lo hace renacer. Lo llena de ánimo. Un ánimo que no viene de él, que le es dado, que procede como la Creación de la Nada, que brota no de este mundo ni de su realidad sino del Espíritu de Dios, de aquel que es totalmente otro. Y ese ánimo divino lo hace ponerse en pie para caminar de nuevo y hacerle anunciar con más vigor ese Evangelio que tan pesado le parecía, dadas las palizas y contrariedades que por él tuvo que afrontar. Se reinventa. Jesús lo vuelve resiliente. Ese es el efecto que causa Jesús a los que están de bajón.

    Por último Jesús que es más poderoso que el mal, que el sufrimiento y que la muerte, como Marcos nos enseña hoy, Jesús que es el anti-mal absoluto, que erradica la oscura noche como el sol naciente, a parte de llenarnos de una esperanza contra toda esperanza como antes señalé, nos insta a todos que hacer lo mismo. Es decir a vencer el mal con el bien del amor, a sustituir el sufrimiento por el consuelo y la felicidad, y a luchar contra la muerte en cualquiera de sus manifestaciones llenando de vida incluso hasta los corazones en duelo o directamente muertos. Jesús es la prueba viva y resucitada de que la vida es más fuerte que la muerte. Y todo por su amor eterno expresado hasta el extremo, sin medida y regalado para cada uno de nosotros.  He ahí la grandeza del que nos convierte como Él en un efecto vivificador para el mundo entero. 

    Así que Señor, danos siempre, por medio de tu oración intercesora, tu Santo Espíritu para que tu efecto glorificador en nosotros nunca deje de actuar con una veracidad intensa. Así sea hermanos, así sea. Amén

 

ORDINARIO 4

    Hoy es un día precioso para descubrir como es Dios. Dios el que siempre nos habla. Y lo hace a través de profetas a los que Él suscita. No profetas cualesquiera, testigos de la luz, testigos veraces, de esos que nadie duda que sean sus enviados. Y no sólo habla a través de testigos, sino que Él ha hablado en primera persona, hecho carne en Cristo Jesús, no ya como un testigo más de la luz, sino como la LUZ misma, en primera persona y con un poder arrollador. 

    Dios es aquel a quien merece la pena escuchar sin endurecer el corazón como el mismo salmo nos enseña. Pues si no lo escuchas te pierdes el agua viva que su palabra contiene y que tiene el poder de calmar como nada más tu intensa sed de infinito. No escuchar la voz de Dios que habla por boca de Cristo te aboca al abismo y a una destrucción sin paliativos. Te condena a caminar por la vida, como aquel que perdido se debate con el calor infernal del desierto, porque eso es la vida sin escuchar la voz de Jesús sin mantener con Él una hermosa conversación que nos recrea y transfigura. La vida sin su voz resucitada es un desierto atroz e inmisericorde. Un desierto feroz que no cesa jamás. 

    Dios es aquel que nunca pasa. Más allá de las paranoias paulinas, tan pueriles y propias de un neófito que está empezando a caminar, el mensaje que Pablo trata de expresar es ese: Dios es lo único que no se muda. Dios es lo único que no se pierde. Dios es quien siempre permanece. Con el que siempre se puede contar. En las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte. Apoyarse en Él es cimentar la casa sobre una fuerte roca, que resiste todo tipo de tempestades e inclemencias. 

    Dios es una autoridad que nos libera con el imperio de su palabra, sin imponerse, simplemente proponiéndose. Es una palabra que nos libera de la acción del maligno y sus asechanzas siempre enfocadas a destruirnos asesinando nuestros anhelos de felicidad y engañándonos con falsas promesas de plenitud que nunca llegan. Por eso tal autoridad lo vuelve tan famoso. Porque el ser humano anhela aún sin saberlo dejar de lado la voz macabra e impositiva que le impele a habitar en el desamor como lugar existencial desde el que afrontarlo todo. 

    ¿Qué quien es Dios hermanos? ¡Sin duda alguna: un tesoro! El Dios que habla por boca de Cristo Jesús es lo más noble y sublime que podamos encontrarnos en la vida. Vended cualquier riqueza que os ate y comprad el campo donde ese tesoro está enterrado, no hallaréis nada más digno para vosotros y para los demás. Te hablan de amor, escucha, es el único oro que no se herrumbra nunca, y su autoridad te liberará para que lo mejor de ti mismo aparezca y puedas disfrutarlo tu mismo y todos los demás. Dios es un tesoro amigos, Dios es el gran tesoro.  

 

ENTIERRO DE MI PADRE 23 y 24 de Enero de 2024

    Soy un amante de los Barcos. De los navíos de Línea. Con sus puentes, sus velas, sus castillos y sus cañones. De entre los muchos que hubieron destacó el más grande de todos, el llamado por Benito Pérez Galdós, El Escorial de los mares, el Santísima Trinidad. Hecho en la preciosa tierra de Cuba, con maderas fuertes y recias. Vestido de Rojo y Negro. El que se batió contra muchos barcos, y en su última batalla, en Trafalgar, después de arrasar el buque insignia de la escuadra inglesa, disparo sin cesar contra siete barcos a la vez que lo rodearon en una trampa cobarde y mortal. Y mientras le quedó pólvora no se rindió. Y aún así, cuando trataron sus enemigos de apoderarse de él, y conducirlo a la colonia de Gibraltar, se hundió de camino, lleno de heridas, en medio de una inclemente tempestad. Antes muerto que preso de sus asesinos. Así era mi Padre. Como ese navío. Fuerte. Poderoso. Regio. Brutal. Inmenso.  Hermoso. Capaz de batirse con muchos enemigos. Soportando los achaques de siete plagas a la vez. Que lo han herido de tal manera, que aunque se mantenía a flote en el mar, ha terminado muriéndose, en medio de la inclemente tempestad vital que al final ha tenido que soportar. Pero esperando a coger la mano de su hermana más querida, su Paquita, que ha sido su guía hasta la vida eterna. 

    A mi padre estoy seguro de que muchos le reprocharían muchas cosas, pero sinceramente creo que como al Señor Trueba, ese que Jeremy Irons interpreta magistralmente en la película la casa de los Espíritus, basada en la novela de Isabel Allende; a él, a mi Padre, lo único que siempre le ha pasado es que,  como dice la esposa de Trueba, Clara, a su hija Blanca, ha sido siempre demasiado fuerte, y nunca ha sabido barajar semejante hontanar de energía. No es que no haya querido, es no ha sabido querer. Su biografía lo llenó de fracturas durísimas, que envenenaron su alma, pues como él solía decir: tuvo que criarse como los lobos. Por eso hoy no me recrearé en sus defectos aunque podría, y no lo haré porque mi madre, fue como esa Clara de la película citada. Ella lo perdonó. Y lo amó siempre, aunque como esa mujer citada de esa historia literaria padeciese en sus conflictos con él. Yo fui para ella esa hija: Blanca, a la que enseñó a vivir, a cuidar de su padre en sus últimos días. Estoy seguro que mi Victoria, en su lecho de muerte, pensó: mi Andrés, se hará cargo de él, pues sus dos hermanos casados, no lo tendrán tan fácil, con sus vidas y sus hijos. Por ello aunque podría, mis palabras hoy no traerán a la memoria de todos, las cosas y los hechos que podría citar porque las viví en directo. Citaré otras, las que considero más definitivas e importantes. 

    La historia de mi familia, no es la historia de una ruptura ni de un fracaso. La historia de mi casa es una historia de Perdón. Cuando hacía 14 años que nos habíamos peleado mi padre y yo, cuando durante ese tiempo, si apenas nos habíamos visto, pues de su casa fui expulsado, y sólo pude volver a ella, cuando él se fue, durante 25 años, que duró su separación de mi Madre, hasta que se reconciliaron en los últimos días de la vida de ella. Transcurridos esos años, con sus días y sus horas, siendo yo párroco solidario de Moratalla, con Fernando Valera, el hoy Obispo de Zamora, mi compañero  sacerdote hoy y hermano del alma, Antonio (al que ahora no veo porque está sentado detrás de mí), se empeñó en que nos fuésemos a Tierra Santa. Yo no quería ir. A veces puedo llegar a ser muy terco, porque soy hijo de mi Padre, y bien sabéis que llevarle la contraria a veces, podía ser un problema bastante importante. Pero Antonio me conoce como la palma de su mano, y supo urdir el plan de tal manera, que llegado el día, tuve que montarme en el avión e irme de viaje. La primera iglesia que visitamos fue la de San José en Nazaret. Y ahí me acordé de mi padre, del que tanto tiempo estuve alejado por nuestra conflictiva biografía compartida. Como le he dicho muchas veces después, somos como los toros, y entrechocar nuestras astas a veces ha sido más que irremediable. Demasiada bravura. Colérico Encaste. Exceso de energía. Después visitamos la Basílica de la Anunciación en Nazaret, y frente a la cueva de María, celebramos la misa. Y bien puede deciros Antonio, que cara pusieron mis hermanos sacerdotes concelebrantes, cuando me oyeron pedirle al Señor: “Aquí le dijiste a María que podías hacer posible lo imposible, yo te pido que mi padre, que nunca quiso que yo fuese cura, con el que llevo tantos años sin tratar ni hablar de nada, el que me expulsó de su lado, vuelva a tratar con su hijo, que durante tantos años ha estado tan herido por tantas cosas”. Todo quedó ahí, y el amor de mi vida, Jesucristo, me enseñó su casa y su tierra, y en todo momento me fui paseando por cada uno de aquellos lugares lejanos, en los que los palestinos y los israelíes llevan casi cien años guerreando. Lugares cargados de un hondo sentido espiritual para mi. 

    A la semana de volver, recibí una llamada desde Cartagena, del hospital del Rosell, mi padre estaba gravemente afectado por una neumonía que terminó declarándosele crónica, y que al final, muchos años después,  ha sido lo que se lo ha llevado provocándole una septicemia. Estaba en la sacristía de la Iglesia de Santa Ana en Moratalla. Entonces no había autovías, y yo conducía un Renault 4. Recuerdo que miré un Cristo que estaba en ese lugar, y que le dije: “Señor Jesús, no se te puede pedir nada con la boca chica porque todo te lo tomas en serio”. No me impuso nada mi Señor. Pero abrió su puerta ante mí. Yo estaba preparado y mi padre también. Recuerdo el largo viaje hasta Cartagena desde el entonces alejado Noroeste Murciano. Incertidumbres, pero igualmente, una firme confianza en que Dios en Cristo Jesús estaba actuando. Al entrar a la habitación del hospital que el ocupaba, recuerdo que me dijo con unos ojos abiertos como platos: “Andrés estás más calvo y más gordo”. Y yo le contesté: “Papá llevamos 14 años sin vernos”. Entiendo que os estéis riendo todos, porque el reencuentro fue un tanto hilarante. No dije más, me acerqué y le di un beso, el primero que recuerdo haberle dado. Yo, el que durante años de adolescencia y juventud, consideraba que mi padre se había muerto para mí. Mi catequista Mariana es testigo de ello, pues fue lo que dije en la catequesis de Confirmación que versaba sobre el perdón. Me quedé casi un mes entero con él, en el hospital mientras se repuso. Y luego necesitó meses de reposo para reponerse. Le propuse venirse conmigo a Moratalla, y él accedió. En ese tiempo, en aquellos largos viajes en coche, para ir de mi destino pastoral a su casa en La Pinilla, donde hoy lo estamos despidiendo, un día, con los ojos llenos de lágrimas el me pidió perdón. Y yo no le dejé terminar, como el Padre de la Parábola del Hijo pródigo, le dije: “durante largos años hemos vivido en conflicto permanente, bien está que dediquemos nuestro tiempo ahora, el que nos quede, a llevarnos como padre e hijo, y a tratar de amarnos de la mejor manera posible, siendo como somos, gente de carácter muy fuerte”. Él me respondió que estaba de acuerdo. Y yo le dije: “si me dieran la opción, nunca os cambiaría a ti y a mi madre como mis padres”. La vida prosiguió, con el tiempo el volvió a su casa y a sus quehaceres porque aún estaba en edad laboral. Después siempre que ha estado enfermo, principalmente por causa de su pierna, me lo he traído conmigo. Primero a Puerto Lumbreras, donde fui párroco durante 14 años. Después, cuando ya el corazón empezó a darle severos problemas, tras ponerle el marcapasos que lo ha acompañado 7 años, le propuse que se viniese a mi casa en el Palmar, mi parroquia actual. Y aquí donde ha disfrutado de una vejez llena de achaques, pero hermosa, se integró en el pueblo, hizo grandes amigos, y hasta se incorporó al coro parroquial de los Domingos, donde yo le veía cantar el Padre Nuestro como nadie, para mi asombro. Sí amigos: por eso entiendo hoy que sus paisanos pinilleros abráis los ojos con sorpresa, porque eso mismo me pasaba a mí. Hasta trajo a la parroquia a varios de sus amigos, a participar en la misa dominical de niños, que era su favorita. Aquí también después de combatir como un jabato, como aquel navío citado, contra múltiples achaques y enfermedades, al final en medio de su tempestad física se nos ha ido. Y por eso estamos todos hoy aquí. 

    Estoy seguro que su salero y su sonrisa, hoy se habrán glorificado. Así lo he pedido yo que podría ser su hermano mayor acusador, pero he preferido ser con él, el Padre amoroso de la bendita parábola de San Lucas.  Es lo que me ha enseñado Jesus el Cristo. Siempre he sabido que el mundo, el día de su muerte perdería una sonrisa única. Y creo que su naturaleza, a ratos envenenada por tanta fractura, se habrá redimido, y transfigurada lo habrá convertido en una realidad transfigurada y glorificada. Con todos sus sacramentos recibidos se ha marchado. Bajo la atenta mirada del Cristo de Goyo, ese icono que siempre tuvo con él, dada una preciosa experiencia que él vivió en su más tierna infancia, y que no escribiré aquí por respeto a lo que él me dijo. Esa imagen será grabada en su lápida. Pues bajo esos ojos se ha ido de este mundo. El amor es lo mejor. Eso es cuanto puedo deciros amigos, y no sé que hacéis viviendo sin cogeros de la mano del Nazareno, que desde su humilde pueblo en Galilea, inició en mi casa la mayor de las revoluciones, para que dejásemos de convertir el dolor en rencor, para que dejásemos de golpearnos unos a otros con la mano herida, y para enseñarnos a purificar nuestra memoria de recuerdos oscuros, y convertirla en una memoria viva de como el amor es infinitamente más hermoso y poderoso que el odio y el desamor. 

    Y ahora, llega la muerte. Y ella acaba con todo. Los ojos de mis primas se llenan de lágrimas. El llanto, el miedo, la incredulidad nos cercan. Nos batimos en duelo contra ellos. ¿Tanto amor para nada?. 

    Soy un caminante hacia Emaus. Mi experiencia creyente es inexplicable sin el pasaje del capítulo 24 de San Lucas. Cuantas veces cuando la vida me ha puesto en jaque, cuando han arremetido contra mi alma mil complicaciones, la palabra viva de mi Señor Jesús, ese caminante misterioso, me ha hecho arder el corazón y me ha devuelto al camino de la vida con el corazón lleno de paz y en la cara me ha dibujado de nuevo una sonrisa.

    Una noche de estas últimas, creo que fue el Domingo para más inri, abrí las Escrituras. Y me salió el capitulo 20 de San Juan. “No llores mujer, ¿Por qué lloras? No tengáis miedo: LA PAZ SEA CON VOSOTROS, si crees sin ver Andrés serás dichoso”. Y eso hago. Y ahora: “no me agarres, déjame ir al Padre”. Y eso os digo yo a vosotros, a los que tanto lo habéis querido. Haced caso a la Palabra Viva de Cristo Jesús, que estuvo muerto y ahora resucitado, vive por los siglos. Por eso su lápida llevará escrita esas palabras: LA PAZ SEA CON VOSOTROS.

    Basta con esto, no me alargo más. Cuando murió mi Madre, hice una relectura del Padre Nuestro y esas son las palabras que hoy quiero pronunciar altas y claras: Padre Dios, Padre Nuestro, Padre de mi padre Manolo, llévalo al cielo contigo donde Tú estas. Que pueda santificar contigo para siempre tu nombre. Que tu Reino venga para él. Que se cumpla en él tu voluntad de que vivamos vida eterna. Que pueda comer el pan divino en tu banquete eterno. Que perdones sus culpas pues perdono y quiso ser perdonado, y fue perdonado. Que nada pueda separarlo de Ti. Y que ningún mal pueda apoderarse de su alma. Amén.

    Así que Gracias a todos, a Diego Lunares y su Paquita, que lo han tratado y querido como algo muy suyo, su amor por él me ha asombrado hasta el extremo. Gracias a Nacho, Andy y Pedro sus cuidadores que han sido ángeles a su lado en medio de sus agonías. Gracias a Charo que tanto ha reído con él y tantas servicios le ha prestado. Gracias al Palmar,, donde está inmerso este coro dominical bendito donde ha sido tan querido. Gracias, gracias y gracias a todos. Como bien dijo Paco el marido de mi prima Mari Luz: Ni en sus mejores sueños podía imaginar Manolo, la vejez que ha tenido. Siempre me miraba a los ojos, y me decía: “El hijo que yo eché es el que me ha amparado”. No he sido yo papá, fue ese barbudo de Nazaret, del que tú y yo, algo sabemos. Así que amigos y hermanos hoy os digo a todos: Cuando dejamos a Dios hacer las cosas, cuando no nos oponemos a sus planes, Dios sabe hacer muy bien las cosas. Y con nosotros, presa del conflicto y sus horrores, Dios nos ha salvado con el perdón que hace renacer el amor. Gracias. Jesús no se impone, el susurra, seduce y te da oportunidades, si las aprovechas, el bien termina resplandeciendo, la vida en plenitud se desarrolla. Sí hermanos no lo dudéis nunca: ¡Dios sabe hacer muy bien las cosas!. 

EPILOGO

    El obispo mi Pastor tuvo la generosidad de sentarse a mi lado y dejarme presidir la misa porque así me lo pidió mi padre hace 14 años cuando murió mi madre. Me dio una gran lección con su atención silente y su presencia. Y nos la dio a todos. Bien se lo dijo Joaquin en la sacristía. Allí me preguntó por el entierro de mi padre, si mi madre y el al final estarían juntos. Y yo le dije que mi madre está en Mazarrón, y mi padre en la Pinilla, pero como eso a mi padre le dolía pues se habían reconciliado, encontré una solución. Mi madre nos había dejado una trenza muy larga de su precioso pelo negro, tan hermoso y abundante. Esa trenza se la mostré a mi padre el día del funeral de mi madre y le dije, el día que tu mueras, Victoria te acompañará. Vi sus lágrimas. Y mis primas tuvieron a bien, colocársela en sus manos al cerrar el ataúd. Hoy mi amigo Fernando, con el que tanto he peleado, también obispo, me ha llamado desde Zamora. Y me ha dicho que quería venir pero no podía. Y yo le he respondido: sólo me hubiese faltado tener, no uno, sino dos obispos sentados en la misa, y yo presidiendo entre ellos. Para mayor presión psicológica ante el respetable Pueblo de Dios. Hemos reído. Bastante tuviste Fernando, con aguantarnos cuando convivimos juntos, que si no tenías bastante con uno, allí te encerraste con dos. Y a guasones, a los saleros, nos gana poca gente. Gracias a Jose Manuel y Fernando, por su compañía, en este hora difícil pero hermosa porque Dios, en su ternura, ha estado grande con nosotros. 

 

ORDINARIO 3

    El Concilio de Trento, del que muchos hablan mal sin conocerlo, defendía una diferencia notable entre la atrición y la contrición. Muchos no sabremos lo que esas palabras significan. Y es comprensible porque están en desuso. Sin embargo revelan claramente lo que las lecturas de hoy nos muestran, el paso de la antigua Alianza a la Nueva Alianza. Y es que en su época este concilio al que muchos se han empeñado torpemente en darle mala fama, fue un estudio fantástico de antropología teológica optimista, frente al pesimismo luterano y calvinista ante lo humano. El renacimiento italiano late en la visión positiva del ser humano que Trento tiene. Más lo que carece de sentido es que 600 años después, nos empeñemos en pensar que lo que aquel concilio vio en según que temas, sigue teniendo la misma vigencia y ha de ser comprendido del mismo modo. Como si nada hubiese pasado. Esta vuelta recalcitrante a este concilio como el antitipo de toda renovación eclesial es lo que más daño ha hecho a este texto conciliar extraordinariamente positivo y luminoso. Así que establecido esto, volvamos al tema que nos ocupa.

    La Antigua Alianza está representada por el texto de Jonás. Las gentes son motivadas a la conversión por medio del miedo. El Dios Amo, os castigará por vuestra vida disipada. Y las gentes movidas por el temor responden al llamado del profeta cambiando de vida. Y la lectura que el relator hace es que Dios “se arrepintió” de sus amenazas, y se volvió misericordioso. Una visión cuasi infantil de Dios. Pues parece que el Altísimo es un ser malhumorado a ratos y misericordioso a otros. El problema de la Antigua Alianza, no es que Dios en el AT sea un Amo justiciero y cruel, un Dios falso, (como pensaron Marción y otros en la antigüedad cristiana de manera equivocada); el problema es el teísmo de los que se relacionan con Él, es decir, su forma de verlo. Por eso funcionan en relación con Dios desde la Atrición, es decir, es el miedo el que les conduce a la conversión, a cambiar de vida. Pablo no termina de dejar atrás su condición farisea, cuando usa el recurso al miedo nuevamente para motivar a la conversión a los cristianos de Corinto. Pablo es un ser en constante cambio, en conversión permanente, y eso se percibe en sus cartas, pues no habla igual el Pablo del principio de sus escritos que el Pablo del final de ellos. La carta a los Romanos en el capítulo 8, donde afirma que nada ni nadie puede separarnos del amor de Dios, supera con creces, esta especie de colapso universal aterrador ante el que nos pone Pablo hoy en la carta a los Corintios.

    Por ello el Evangelio este domingo lo pone todo en su sitio. Jesús no amenaza. No mete miedo. Y cuando dice que ocurrirán cosas malas, siempre termina diciéndonos: ¡Pero no tengáis miedo, ánimo, que yo he vencido al mundo!. Jesús nos llama a la conversión para que Dios pueda reinar en nuestras vidas. Porque Dios es amor, y el amor enamora, y regala la vida en plenitud. Y ante ese amor fontal y glorificador, tan maravilloso, lo demás carece de valor y de importancia. El amor hace eterna nuestras vidas. Y eso es lo que seduce a las gentes. Jesús es portador de buenas noticias. Y es ese amor eterno lo que hace que los pescadores suelten sus redes y se encaminen tras sus pasos. (Por cierto, cambiar la palabra “Seguidme” por la expresión “veníos en pos de mí” por muy literal que esta pueda ser, es una prueba más de la crasa traducción bíblica que la CEE, nos ha ofrecido, donde se ha truncado la música poética castellana que la anterior traducción poseía). Seguidme por amor. Jesús seduce, no amenaza. Por eso la conversión de Jesús es la contrición. Uno no se arrepiente de su vida equivocada por miedo, sino porque el amor le hace despertarse de sus errores, lo seduce, y es ese amor el que le impulsa a cambiar su forma de ser y de vivir. Esa es la Nueva Alianza. Aquí la comprensión de Dios es perfecta. Dios es amor. Y no es un amo. Y ese amor es el que nos seduce y nos interpela a cambiar nuestro destino para que no sigamos más tiempo siendo esclavos del desamor. Trento recoge este matiz a la perfección, y aunque señala que la atrición no es errónea, en tanto que produce un cambio para bien en las personas, si que reconoce y afirma contundentemente que la atrición es imperfecta, y recomienda siempre la contrición. Porque la segunda mira a la cara al Dios verdadero viendo su verdadero rostro, y la primera, mira a Dios a la cara, pero no es capaz de entender el verdadero significado de lo que ve. Jesús no cambia a Dios. No inventa un Dios nuevo. Simplemente cambia nuestra manera de verlo. Para que no seamos presa del miedo. Por eso dirá San Juan Evangelista que donde hay amor no hay temor. Lo único que cambia del Antiguo Testamento al Nuevo Testamento, no es Dios, sino nuestra forma de comprenderlo. Porque la Revelación de Dios es gradual y progresiva, como nuestra forma de comprenderlo. Y aunque Dios trata de hacernos ver que nos es un amo, sólo en Cristo Jesús manifiesta a las claras que es amor eterno, y conste que ello le cuesta morir clavado en una cruz, más al resucitar deja claro cual es su verdadero rostro, el del amor eterno que es más fuerte que la muerte.

    Por eso amigos y hermanos: ¡Convirtamonos! pero no atemorizados sino enamorados. Y como los apóstoles dejemos lo que nos enreda en el desamor y caminemos con paso firme tras sus pasos. Seguidores del Amor Eterno, eso somos.

 

ORDINARIO 2

    Caminar junto a Cristo Resucitado…menuda aventura. Cuatro coordenadas definen la vida de sus amigos. 

    Si tienes a Jesús Vivo por amigo, aprendes como Samuel, ayudado por otros, a escuchar su voz, a saber identificarla, a vivir creciendo en su conocimiento. Aprendes conversando con Él, que su palabra te hace arder el corazón y te enseña a vivir con sabiduría. 

    Si tienes a Jesús Vivo por amigo, aceptas esa misión que te encomienda de buscar antes que nada el Reino de Dios y su Justicia. Las palabras del Salmo resultan ilustrativas en este sentido. Si leemos el Evangelio de Juan, entenderemos que estar aquí para hacer su voluntad, no es otra cosa que ser luz en medio de las tinieblas, ser amor en medio del desamor. La luz de Juan, la Verdad de Juan, es el Dios del amor. La vida en plenitud de Juan es vivir en el amor fraterno. El mundo de Juan, en cambio, es el desamor. Tu misión en la vida es amar, si Jesús Vivo es tu amigo.

    Si tienes a Jesús Vivo por amigo, comprendes que todo tú eres un templo del Espíritu Santo. El Espíritu de Dios no te inspira jamás tratar a los demás como un objeto al servicio de tus deseos, sino como a tratarla con humanidad, como a una persona. Los demás no son cosas. Los Corintios a los que Pablo habla, eran amantes de usar a las sacerdotisas prostitutas de su ciudad como fuente de beneficios para ellos. Llevados de su superstición se entregaban a sus brazos con total libertinaje. Su vida sexual era ajena por completo al amor. Era una suerte de fornicación supersticiosa. Por eso sus palabras son tan rotundas e intensas. Pablo era todo un carácter. Si leyésemos la carta por completo descubriríamos que del mismo modo, Pablo es muy contundente en invitar a los Corintios al amor en todas la dimensiones de su vida personal. No es en absoluto un obseso anti_sexo como algunos piensan. Es un convencido de que la sexualidad enamorada nos hace felices y no sólo es fuente de placer. No es lo mismo tocar un instrumento musical sabiendo hacerlo que sin saber articular ni una nota. No es lo mismo hacer sonar un órgano, que tocarlo con sabiduría y hacer que nos embruje con su música. Sonido y Musica no son lo mismo. Una cosa y otra no tienen la misma magia.  Lo importante en la vida sexual es la felicidad  interpersonal que ella nos procura y la apertura responsable a la vida que ella nos regala cuando las personas que la viven pueden engendrar vida. Pero si eso no es posible (por ejemplo las personas estériles), la sexualidad siempre sigue siendo el precioso lenguaje del amor que las personas enamoradas comparten. El Espíritu Santo siempre te hace descubrir al otro, no como un objeto, sino como una persona, como un tesoro maravilloso, único e irrepetible, no sólo en su dimensión sexual sino en todos los órdenes.

     Si tienes a Jesús Vivo por amigo, te conviertes en su seguidor. El Evangelio es claro en eso. Ser su discípulo, es ser alguien que sigue a Jesús, aunque aún le queden muchas cosas por descubrir, y muchas cosas de su vida por cambiar para bien. Ni Andrés, ni Juan, ni Pedro, ni los demás, lo sabían todo cuando empezaron a seguir sus pasos, ni tampoco llevaban una vida moral exquisita y envidiable. Eran personas en proceso de transfiguración. En proceso de santificación, de conversión, de glorificación y de divinización. 

    La aventura de caminar junto a Jesús Vivo como amigo suyo, es una senda que no termina nunca en esta vida, pero que a cada paso, nos descubre nuevas dimensiones sorprendentes de la vida. Ojalá y que todos los que hoy oís estos textos sagrados os mantengáis a su lado todos los días de vuestra vida. 

 

BAUTISMO DEL SEÑOR (Cierre del tiempo litúrgico de Navidad).

    Igual que sin agua no es posible vivir, sin Espíritu tampoco es posible vivir EN PLENITUD. Pues no es lo mismo vivir que hacerlo en plenitud. El personaje central en este pequeño Pentecostés con el que se despide la Navidad (que fue construida como la Pascua) es el ESPIRITU. Y es que el Dios con nosotros hoy es el Espíritu Santo. 

    ¿Y quien nos regala el Espíritu de Dios? ¿Acaso no has oído el Evangelio? No es Juan el Bautista que es indigno de desatar la correa de la sandalia de Jesús, según sus mismas palabras. El Padre Dios lo envía sobre su Hijo Jesús, su Hijo muy amado en quien se complace. Y es Él, el que lo envía sobre nosotros como Juan Evangelista nos enseña, siguiendo las enseñanzas de su primer maestro, el también Juan, pero Bautista. 

    ¿Y como nos comunica su Espíritu? Cuando confiamos en Él, como nos enseña el Salmo. Confiar es hacer muchos actos de fe. La confianza en Dios es la suma de todos los instantes de fe que tenemos en Dios. Juan Evangelista nos ha enseñado esa fe en Jesús Hijo de Dios, nos abre a la fuente del Espíritu. Y esa fe se vuelve oración cuando se torna confianza. Y esa vida de la oración nos llena del Espíritu de Dios.

    Otra vía es la Escucha y la transmisión de su Palabra, la conversación con el Cristo Vivo y resucitado que a través de sus susurros que emanan de la Escritura nos fecunda, germina y nos hace dar fruto, nos hace comunicarlo a los demás, y ahí el Espíritu nos asiste especialmente. Nos hace sintonizar con sus planes siempre tan distintos de los nuestros. Nos permite no autodestruirnos por el pecado. El apóstol y el profeta están hablando. La escucha de la Palabra, la búsqueda de su voz viva, hace arder nuestro corazón porque al llenarnos de gracia, nos inunda de su Espíritu y nos convierte en altavoces de ella para los demás. El sólo propósito de escucharla con fe, ya nos abre a la acción del Espíritu, que en su momento hará que demos fruto. Leer las Escrituras, escucharlas, nos crea de nuevo. Y nos vuelve apóstoles de Dios en Cristo Jesús.

    Otra vía para recibir el espíritu es la vía sacramental. Recibir el Bautismo, renovarlo por el sacramento de la reconciliación, confirmar nuestra fe ungiéndola con el Santo Crisma y participar en la Eucaristía, no sólo nos inicia como cristianos, sino que nos llena del Espíritu, de una manera permanente en el caso del bautismo y la confirmación, y de un modo habitual y ordinario, nutriéndonos en la Eucaristía y renovándonos con el sacramento de la reconciliación. Pocas veces se insiste en la teología de que este sacramento de sanación tiene un carácter marcadamente bautismal, pues la gracia de Dios, derramada ese día, se renueva cada vez que necesitados de la misericordia divina nos volvemos hacia Dios arrepentidos. El profeta lo ha señalado. El apóstol ha sido más directo: agua, Espíritu y Sangre. Bautismo, confirmación y Eucaristía. Privarse de esos sacramentos es privarse del Espíritu Santo. Y es que no sólo necesitamos respirar cuando nacemos, necesitamos hacerlo siempre. Pues con el Espíritu nos pasa lo mismo. Y eso es lo que ocurre cuando se viven esos sacramentos con fruto. 

    Hay también otros sacramentos que nos llenan del Espíritu en momentos especiales, la Unción de enfermos, cuando las graves enfermedades y los achaques de la edad nos afligen. Y luego están los sacramentos para la vida del amor. El matrimonio y el orden sacerdotal, y en ellos el Espíritu nos asiste para que cada cual, conforme a su vocación, ame con toda el alma. Y del mismo modo, los sacramentales, aun no siendo sacramentos en sentido estricto, son momentos de oración intensos, donde el Espíritu de Dios también nos visita.

    Por último el Espíritu de Dios también se nos regala cuando vivimos en comunidad. El amor es la común unión de los que son distintos. Eso es la comunión fraterna. Y en ella, el Espíritu nos visita. Cosa que la división, la discusión y el desamor no provocan. Por ello cuando discutimos es preciso siempre llegar a la comunión. De lo contrario caminaremos sendas diferentes de las del Espíritu. Y los planes de Dios no serán los nuestros. Sobre esto el profeta y el apóstol han sido también muy claros. Pero no lo olvidemos no es la Iglesia la que nos da el Espíritu, es Cristo Jesús en la Iglesia y a través de ella, El que nos lo regala. No somos dueños del Espíritu, somos los que en nombre de Cristo Jesús, pues cuerpo místico suyo somos, los que le abrimos caminos y puertas en medio del mundo.

    La Navidad termina hoy mostrándonos que el Dios con nosotros es el Espíritu Santo moviendo nuestras vidas como hizo con el mismo Jesús. Que nosotros seamos también Hijos amados de Dios como Cristo sobre los que el Espíritu Santo descienda, entonces, y sólo entonces, esta Navidad habrá sido una Navidad feliz hermanos.

 

EPIFANIA

    Todos. Esa es la palabra clave de las lecturas de hoy. Todos caben como le gusta decir al Papa Francisco. En la Iglesia cabemos todos. Y este enfoque desagrada a todo un sector clerical ad intra de nuestra Iglesia, basta asomarse a la red para comprobar que lo que afirmo es cierto. En ese grupo también destacan algunos intelectuales laicos que se precian de católicos y no pasan de burdos ultramontanos de los de toda la vida. 

    Las Escrituras hoy discrepan de toda esa bancada ultramontana y enemiga declarada del Papa Francisco. Isaias y el Salmo no piensan que la salvación sea para unos pocos selectos. Esa visión aristocrática de la Salvación es ajena a lo que Isaias y el Salmo proclaman hoy. De Arabia (Asia), de Saba (África) y de Tarsis (Tartesos, o sea Hispania, esto es Europa), de los tres continentes conocidos entonces, son llamados los pueblos a adorar al Señor, resarcirse de su salvación y revestirse de su luz. De ahí y del hecho de que los regalos sean tres: oro, incienso y mirra, que la tradición haya propuesto tres nombres y tres razas distintas. Melchor de pelo blanco: Europa (Tarsis Hispania no lo olvides, famosos por el uso de sus minerales preciosos, Oro). Gaspar de pelo castaño: Asia (Arabia rica en incienso). Baltasar de raza negra (Africa, portador por descarte de la mirra). Todos los pueblos de la tierra están predestinados a la Salvación universal. Nunca ha sido católica la interpretación de la Salvación según la interpretación calvinista como predestinación “individual” a la redención. Esta visión excluyente de la salvación para muchos es incompatible con la visión católica de las cosas y con lo que las Escrituras nos transmiten hoy.

    Pablo además da otra vuelta de tuerca al argumento. Lo peor del mundo para un hebreo de aquel tiempo eran los gentiles. Literalmente la basura de la humanidad, lo prescindible, la carne de cañón, así se les consideraba entonces. Impuros, pecadores, negadores de la ley de Dios y de su comprensión restrictiva de lo que consideraban la verdadera naturaleza humana y muchas otras lindezas por el estilo. Siervos de Satanás en definitiva. Pues bien Pablo dice que el misterio de Dios se nos revela porque le place, por pura gracia, y lo hace para todos. Y en ese para todos, incluye a los gentiles, que no deben hacerse de religión judía para alcanzar la salvación. Eso provocó un arduo y largo conflicto que queda manifiesto en la mayoría de sus cartas, y que condujo a la Iglesia al concilio de Jerusalén, donde se debate este punto. ¿Es o no posible que los gentiles sin cumplir la ley judía puedan acceder a la salvación?. La respuesta es meridianamente clara: Nos salva el amor eterno de Dios manifestado en Cristo Jesús muerto y resucitado. Y no la práctica de la ley judía. La Nueva Alianza supera a la Antigua alianza. La nueva es universal y por tanto inclusiva. La antigua es nacionalista y por ende excluyente. Pablo por tanto refuerza la visión de que la salvación es para todos y no sólo para algunos. Y ese será el motivo de que siempre fuese tan duramente perseguido por la inquisición hebrea de aquel tiempo, tal y como testimonia el libro de los Hechos de los apóstoles en múltiples ocasiones, y también como he dicho antes, sus mismas cartas. 

    Por ello, ante este mensaje caben dos posturas. La de Herodes que pretende ser el Rey de los que se salvan que son los Hebreos solamente. Y la de los magos de Oriente, que representan a toda la humanidad, y que ponen en adoración a los pies de Jesús, a todos los pueblos de la tierra. Francisco sabe muy bien por quien optar: los magos de oriente. Pero sus opositores se ponen de parte de Herodes. Así que a ti te toca hoy decidir: ¿Salvación global? ¿Globalización de la Salvación? ¿O una salvación excluyente en la que muchos son considerados basura y por tanto prescindibles para la salvación?. El “muchos” de la nueva traducción de las palabras de la consagración realmente significa “todos”. Benedicto, el papa anterior, lo dejó claro en varias de sus intervenciones. Y de hecho nos invitó a interpretar esa palabra como contraria a “pocos”. Pues en las palabras de Jesús queda claro que “Todos” están llamados a comulgar del Pan de Vida y de la Sangre de la Salvación. Tomad y comed todos de Él. Tomad y bebed todos de Él. No cabe duda alguna de lo que Jesús está afirmando. Al menos la Iglesia católica no duda de ello, y menos aún, con el Papa Francisco a la cabeza. 

    Por ello es muy triste que en España haya tanto ultramontano, algunos, reconocidos mujeriegos casquivanos, por muy buenas novelas o artículos que escriban, que traten de corregir al Papa, cuando lo que discuten es la llamada universal de Dios a la salvación a todos los pueblos. Así que en esta Epifanía, que no os quepa duda alguna os toca decidir: ¿Herodes o Magos de oriente? ¿Papa o antipapas? Yo no tengo duda alguna Magos de oriente y Papa. El que quiera optar por el otro enfoque allá él. La Salvación es para todos y eso es lo que hoy y siempre nos enseña la Epifanía. TODOS CABEN. Esa es la clave Del mensaje de hoy. 

 

1 ENERO

    Mirar tu rostro lo cambia todo. La bendición de la primera lectura y el Salmo no pueden ser más claros. Mirarte el rostro, posar nuestros ojos en los tuyos nos llena de futuro, nos hace crecer en sabiduría, y nos lleva a tener fe en que la Vida merece la pena y en que el amor es más fuerte que la muerte. Mirar tu rostro y comprender su luz meditando en nuestro corazón es la mejor de las bendiciones que nos pueden sobrevenir. El Evangelio también nos insiste en ello. Basta ver a los pastores asombrados, alabando a Dios y dandole gloria. Y ver de igual modo el contento de José y de María, el salmo es una explosión de alabanza porque el rostro de Dios se ha mostrado, se ha iluminado sobre ellos. Mirar el rostro de Dios nos glorifica, nos diviniza, nos santifica. 

    Vivir en una sociedad que no conoce el rostro de Dios, es vivir entre gentes que por desgracia, no perciben la vida como una bendición, sino que muchas veces la contemplan como una maldición, porque no ven nunca la resurrección, sólo ven la cruz, y no como prueba de amor, sino como triunfo del horror. En medio de tanta oscuridad nos convertimos en luz. Y la luz a veces se agradece, y otras por desgracia molesta. Pero no es encendida la luz para ponerla bajo el celemín, sino para que alumbre y de calor, a un mundo que de otro modo se queda oscuro y frío.

    Mirar el rostro de Jesús en el que habita la total plenitud de Dios, nos convierte en Hijos amados de Dios. Nos llena de su Espíritu Santo que nos hace proclamar ante Dios “Abbá, Papá, Mamá”. No somos esclavos, no somos siervos. Somos Hijos y somos Hermanos. Entre Dios y nosotros no cabe más relación que el amor. Amor a Dios, amor al prójimo. No hay amos. Ni Dios es amo, ni nosotros debemos ser amos. Por eso cuando el Señor nos muestra su rostro nos llenamos de Paz. Porque que quien ama, construye la paz. Quien es movido por el Espíritu de Dios, trabaja por la paz y transmite bienaventuranza. 

    Vivir en una sociedad que sigue creyendo en la guerra como modo de afrontar los problemas nos convierte en antisistemas. Nos vuelve subversivos. Nos transforma en anomalías. Para los enfermos de nacionalismos siempre preñados de soberbia, para los integristas religiosos que sólo tributan fe al Dios Amo y pasan por la vida como inquisidores y organizadores de guerras santas, y para los egoístas descreídos que son capaces de sacrificar sobre el altar del dinero a su misma madre. También somos profetas molestos para los que no creen en la persona como un valor trascendental, como un tesoro único e irrepetible, los que crean sólo somos datos en una plataforma biológica caduca. Somos luz solar para los que como vampiros narcisistas quieren acabar con cualquiera que no se pliegue a su burda ideología o a sus infaustos intereses, para los que piensan que el progreso sólo son ellos. Así que hay que aprender hoy de la valentía de unos pastores que superando sus miedos han visto un rostro maravilloso que les ha cambiado la manera de valorar las cosas y se han lanzado a cantarlo sin miedo alguno. Y es que la paz no se construye sola. 

    Así que cristiano aprovecha, acércate al portal y mira su rostro, y en el silencio de tu corazón como María, pídele que te muestre su rostro y que te dé sabiduría para que iluminado te inundes de su Gloria, de su amor y de su paz. Hermoso modo este de comenzar el año nuevo con una sencilla oración como esta que hoy te propongo.

    Feliz año nuevo a todos. Para mí un año feliz es un año con Cristo Jesús a mi lado. Espero que tú, al mirar ese rostro, encuentres también este tesoro que te haga estar vivo hoy y siempre.

 

SAGRADA FAMILIA DOMINGO

    La Navidad no es un tiempo feliz tal y como algunos lo entienden. En la Navidad la gente sigue sufriendo y muriendo por muchas razones. Los que hemos tenido esas experiencias lo sabemos muy bien. El año que enterré a mi madre, tuve que enterrar el día de Navidad a mi Padrino de Bautismo. La Cruz no descansa en Navidad. Por eso yo sólo creo que la Navidad es feliz cuando miro a los ojos del Niño Santo. Cuando me adentro en los ojos de Cristo. Entonces oigo su voz y esa palabra viva, ese Verbo, me saca de las tinieblas y me llena de una luz grande. “Si echas en falta a gente definitiva a tu lado en estas fechas, mira esos ojos del Niño Santo y escucha lo que te susurra: ¡Volverás a verlos, ese día te llenarás de una alegría que nadie te podrá quitar, y ya no preguntarás nada porque el misterio de la vida habrá quedado claro ante ti!”. De ese susurro de esperanza brotará la alegría que al emocionar tu alma llenará tus ojos de lágrimas. Sólo así la Navidad se torna feliz, pues comprendemos que cuando sufrimos, no estamos solos, Dios está con nosotros y nos salva. Cuando dejamos atrás el alma pagana de la Navidad y descubrimos la luz que emana de los ojos del Salvador entonces comprendemos que este tiempo es necesario para alentar el corazón del ser humano que sufre.

    Bajo esta mirada la familia se vuelve sagrada. Pues es esta divina mirada la que dota de futuro a la familia humana. Así le ocurre a Abran y Sara que pensaban que todo se había acabado para ellos. Y es la mirada y la palabra de Dios la que les abre un futuro sorprendente e inesperado. Eso necesita cualquiera para fundar una familia. Y cuando la familia tiene futuro, la sociedad descubre que su futuro es posible, porque la familia es el futuro de la sociedad. Sin ella no hay futuro posible para la sociedad humana. 

    Bajo la mirada del Dios con nosotros la familia se revela como un lugar hermoso pero no fácil. En la familia se producen no pocos problemas y tensiones. Es cierto que nos queremos, pero no siempre sabemos querernos. He ahí la mayor parte del problema. Por ello necesitamos crecer en la sabiduría del amor. Así creció Jesús. Por eso tiene un carácter sagrado la familia. Porque no enseña a amar hasta el extremo. Y eso, aún cuando no lo sepamos nos cristifica, nos hace otros “Cristos”. Para ello debemos aprender a perdonar. Pues cuando nos equivocamos por no saber querer, perdonando recuperamos la senda perdida. Y crecemos. Hablo de la familia verdadera no del intento fallido de construir una familia. La diferencia entre ellos es la misma que la que la que hay entre una casa con cimientos y pilares, y una construcción sin ellos. Una casa cimentada y sólida se ve expuesta a terremotos. Pero una construcción sin cimentación no necesita de terremotos para venirse abajo. Cuando unas personas sufren por ser presas de un intento fallido de construcción de una familia verdadera no necesitan ni la condena ni el rechazo de nadie. Los enfermos necesitan de cura para tener una nueva oportunidad. Y poder así experimentar una verdadera vivencia familiar.

    Bajo la mirada de Dios la familia descubre que ha de tener fe en dos cosas: fe en que vivir merece la pena y fe en que el amor es más fuerte que la muerte. Sin creer que merece la pena vivir, no se funda una familia jamás. Sin creer en que el amor es más fuerte que la muerte nadie se arriesgará sino es un frívolo, a vincularse emocionalmente a otro ser humano, sea espos@, hijo o hermano. Sin fe en que vivir merece la pena y en que el amor es más fuerte que la muerte ¿Como fundar una familia para convocar a todo sus miembros a experimentar el mundo como un espacio y un tiempo carente de valor y de significado? ¿Un abismo oscuro y frío a quien le ilusiona para enamorarse o sacar adelante unos hijos? Los defensores de esta visión nihilista de la vida, nos enseñan que es natural morirse. Pero claro, también es natural amar. Y morir y ver morir a los que amamos no son cosas compatibles. La fe en que la vida es verdadera, buena y bella hace familia. La fe en que el amor es más fuerte que la muerte nos alienta a amar de todas todas, sin reservas y por completo. Esta fe vuelve sagrada la familia porque muestra cual es la naturaleza de su verdad, de su bondad y de su belleza. 

    Por eso mirando a Jesús hoy lo que descubro de manera inmediata, es desde los ojos de Dios, que la familia es una realidad sagrada.

 

NAVIDAD

    ¿Quién es Jesús? Los mensajes que se nos ofrecen en este hermoso día en las Escrituras para contestar a esa preguntas son múltiples, desbordantes.

    Jesús es la gran luz que ha acabado con las tinieblas y la sombra oscura de la muerte. 

    Jesús es quien multiplica la alegría y acrecienta el gozo.

    Jesús es el que nos libera porque quiebra nuestros yugos y rompe las varas que nos oprimen y nos empapan de sangre.

    Jesús  es un niño.

    Jesús es el Hijo que nos hace hijos. 

    Jesús es un consejero maravilloso.

    Jesús es el guerrero del Dios del Amor.

    Jesús es el que nos muestra el rostro del Padre Perpetuo.

    Jesús es el Principe de la Paz.

    Jesús es la promesa firme de que el derecho y la justicia se impondrán al final.

    Jesús es quien nos permite aguardar la dicha que esperamos.

    Jesús es quien nos reviste de su gloria resucitándonos. 

    Jesús es el que se entrega por nosotros para rescatarnos.

    Jesús es quien nos regala una nueva vida.

    Jesús no es un mito, es historia real y comprobada.

    Jesús es Dios envuelto en pañales y acostado en un pesebre, sin más lujos ni alharacas.

    Jesús es quien nos envuelve de la Gloria de Dios.

    Jesús es la Gloria misma de Dios en el Cielo que envuelve de paz en la tierra a los hombres que Dios ama.

    Jesús es quien por amor de Sión no calla.

    Jesús es quien por amor de Jerusalén no descansa.

    Jesús es la aurora de Justicia.

    Jesús es quien nos nombra de nuevo al regalarnos una vida nueva.

    Jesús es quien desposa al universo con Dios en su persona.

           Jesús es nuestro regocijo, y el regocijo vivo de Dios.

    Jesús es el descendiente de David, anunciado por el Bautista, el Mesías de Dios.

    Jesús es la condensación de toda la historia santa de Israel consagrada en su persona y exaltada a la plenitud.

    Jesús viene del Espíritu Santo. 

    Jesús es quien salva al Pueblo de sus pecados.

    Jesús es Dios con nosotros, el Emmanuel.

    Jesús es el salvador de la Hija de Sión. 

    Jesús es el premio de la victoria y nuestra recompensa.

    Jesús es nuestro mejor regalo.

    Jesús es quien convoca al Pueblo Santo.

    Jesús es quien nunca nos abandona.

    Jesús es la manifestación de la Bondad de Dios.

    Jesús es la misericordia gratuita e inmerecida que Dios derrama sobre nosotros.

    Jesús es quien nos renueva con el Espíritu Santo.

    Jesús es nuestra esperanza de la Vida Eterna.

    Jesús es quien nos hace meditar en el corazón.

    Jesús es aquel del que se dicen muchas cosas.

    Jesús es quien nos mueve a dar gloria y a alabar a Dios por todo lo que te permite ver y oír. 

    Jesús es el mensajero que proclama la paz cuyos pies son hermosos.

    Jesús es la Buena Noticia.

    Jesús pregona la justicia del Reino.

    Jesús es quien afirma que Dios Reina.

    Jesús es el que nos permite ver a Dios cara a cara.

    Jesús es nuestro consuelo que restaura nuestra ruina.

    Jesús es quien hace posible que los confines de la tierra vean la salvación de nuestro Dios.

    Jesús es la culminación de la historia.

    Jesús es la palabra definitiva y completa de Dios.

    Jesús es el HIJO DE DIOS.

    Jesús es el reflejo de la gloria de Dios.

    Jesús es la impronta del ser de Dios.

    Jesús sostiene el universo con su Palabra poderosa, porque gracias a El, el mundo no carece de sentido, sustancia y fundamento.

    Jesús es que está sentado a la derecha de la Majestad de Dios en las alturas. 

    Jesús es el que el Padre llama: Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy. Yo para ti soy un Padre y tú para Mí eres mi Hijo.

    Jesús es el adorado por los ángeles. 

    Jesús es El Verbo que existía desde el principio.

    Jesús es el Verbo que estaba junto a Dios.

    Jesús es el Verbo de Dios, porque no es una palabra dicha, es una palabra viva que no cesa de comunicarnos su amor eterno.

    Jesús siempre ha estado junto a Dios.

     Jesús, por su medio, se hizo todo.

    Jesús es la razón de todo cuanto se ha hecho.

    Jesús es la Vida.

    Jesús es la luz de los hombres.

    Jesús es la luz que la tiniebla no recibió, y de hecho el niño que está en la cuna, en una cruz morirá. La tiniebla religiosa y del mundo lo crucificó. 

    Jesús es aquel del que Juan dio testimonio.

    Jesús es el que ha venido al mundo para alumbrarnos con su luz verdadera.

    Jesús es el que el mundo no ha conocido, aunque el mundo ha sido hecho por Él.

    Jesús el que no ha sido recibido por los suyos en su casa.

    Jesús es el que da poder de ser Hijos de Dios a quienes creyendo en Él, lo reciben de todo corazón.

    Jesús es el que nos hace nacer de Dios.

    Jesús es el Verbo que se hace carne y habita entre nosotros.

    Jesús es el que nos permite contemplar su gloria.

    Jesús es la gloria del unigénito del Padre.

    Jesús es el que está lleno de Gracia y de Verdad.

    Jesús es el que existía desde siempre y para siempre.

    Jesús es aquel de cuya plenitud recibimos gracia tras gracia.

    Jesús es mayor que Moises que nos dio la Ley.

    Jesús es el que nos ha dado la gracia y la verdad.

    Jesús es el que da a conocer al Dios que nadie ha visto jamás.

    Jesús es el Dios unigénito que está en el Seno del Padre y es el que por eso nos lo puede dar a conocer.

    Jesús es el que acaba con el Dios amo, y revela al Dios del Amor, a Aquel que ama a todos sin exclusiones. Y del que el Papa Francisco sigue dando testimonio.

    ¿Como no hacer fiesta cuando nace celebramos su nacimiento?¿Como no cantar? ¿Como no celebrar? ¿Como no tomar prestados preciosos elementos de fiestas del ayer y de otras culturas para hacerlas nuestras dotándolas de un nuevo significado? ¿No se hizo carne el Verbo de Dios? ¿No se hizo universo para hacerlo Dios? Pues todo lo que en el habita no nos estorba. Al contrario. Todo nos permite expresar la inmensa alegría que nos causa recibirlo y tenerlo entre nosotros. Porque todo el universo de ayer, de hoy y de mañana glorificado por Él se transfigurará al ser glorificado. 

    Así que Feliz Navidad a todos, en términos y coordenadas universales, y los católicos que no sean capaces de tener un corazón eterno como el de Dios, siempre pueden irse al Palmar de Troya. Ese paraíso puritano e integrista, con mucho de payasada y con no poca hipocresía religiosa a las espaldas. Pues dice el chiste que el Padre de la Gloria les construirá un corralito en el cielo para ellos en exclusiva, de modo que puedan seguir pensando que se salvan ellos solos. La misericordia de Dios que es infinita todo lo comprende y lo abarca. Podéis sonreír hermanos,  que hoy es Navidad, y no es día de llantos y penurias. Y hasta la fina ironía que quiere abrir las mentes y los corazones al amor divino y por ello universal: ¡Está permitida!. Un fuerte abrazo “pascuero” a todos. 

 

ADVIENTO 4

    Tener a Dios por Padre, ser su Hijo, produce en el alma de quien lo vive, una transformación interior singular. Brotan muchos frutos de esa experiencia y hoy quiero citaros cuatro partiendo de las Sagradas Escrituras propuestas para este día.

    El primero de los frutos, brota del segundo libro de Samuel. Tener a Dios por Padre y ser su Hijo muy amado abre tu vida al futuro como queda claro en el caso de David. Su linaje real se convierte en eterno y Cristo Jesús realizará dicha promesa. Cuando tienes a Dios por Padre, no existe nada que no sea la eternidad para ti. Nunca careces de horizonte. Nunca se acaba tu camino hasta alcanzar la meta de lo definitivo. No caminas hacia la nada jamás. El nihilismo no cabe en esa experiencia.

    El segundo de los frutos, nos lo muestra el salmo. La misericordia de Dios es una experiencia estable, eterna, para ti. Y esa convivencia con tal magnitud de amor lo cambia todo y abre tu vida a una alabanza continua. Pues no cabe en ella el miedo, ni la culpa sin remisión y menos aún la vergüenza venenosa.

    El tercero de los frutos nos lo muestra Pablo. Tu corazón se abre a todos los seres humanos sin matices ni excepciones. Todos caben en el corazón del Padre, y tú Hijo suyo, los miras a todos como a tus hermanos. Por eso no entiendo a los que desde la Iglesia católica braman contra el Papa Francisco, porque nos ha autorizado a bendecir a todas las personas. Pues todos tenemos la oportunidad de disfrutar del regalo de su amor aún cuando no siempre estemos a la altura de las circunstancias. Aún cuando la moralidad no siempre nos acompañe. Dios que no ama el pecado, pero siempre ama a los pecadores y nunca deja de buscar su salvación. Las ovejas perdidas no le son indiferentes. Quienes rechazan a Francisco y su iniciativa simplemente desconocen el verdadero rostro del Padre Dios y se comportan con los pródigos como hermanos mayores que se niegan a recibir al equivocado en casa, permitiéndole nacer de nuevo. Volver a la vida.

    El cuarto de esos frutos nos lo ofrece el Evangelio. Tener a Dios por Padre como su Hijo amado, inunda tu alma de Alegría y de Paz, te llena de Gracia, te convierte en un regalo para el mundo, te hace ver que lo imposible es posible para Dios, te convoca a una vida nueva y renovadora de los demás, te santifica y te glorifica porque su Santo Espíritu te habita, y El a Jesús Resucitado carne en ti. Es decir te hace vivir el misterio de la vida como una sorpresa continua. Y esa es la mejor medicina contra el tedioso aburrimiento. Vivir en plenitud, eso le ocurre a María. Sólo basta con escuchar su palabra y desear que ella se cumpla en tu vida.

    No os perdáis nunca esta experiencia. Si lo hacéis estaréis desperdiciando vuestra vida que podría ser mucho más abundante. Y no es lo mismo vivir que vivir en plenitud. Hay una diferencia de grado. Así que no te obceques y ábrete a esa nueva andadura. Merece mucho la pena.  No te prives de ello.

 

ADVIENTO 3

    Juan es un prototipo de la humanidad de todos los tiempos. Es alguien que vive apasionadamente su destino, pero que tiene muchas preguntas y dudas sin resolver, y aún así confía en que lo que hace no es algo absurdo. Y que no le importa discutir si es necesario con tal de seguir siendo él mismo. Juan es una voz que clama en medio del desierto, como la humanidad es una voz que clama en medio de este universo enorme en el que aún, ningún otro ser vivo como la misma humanidad, acaba de dar la cara. Juan es pura esperanza del que ha de venir a dar sentido al todo. Y la humanidad es la que, incluso cuando lo niega, aguarda eso mismo. La humanidad como San Juan, sin esperanza es imposible. Es una pasión pura en medio del no saber. 

    Por eso el mayor anhelo de la humanidad es recibir un Espíritu nuevo que cambie toda su vida para siempre. Su forma de pensar, de sentir y de actuar. El Espíritu es un principio creador constante, que hace que del caos nazca el cosmos y que de la nada surja todo. María lo experimentó y eso la llevó a cantar el Magnificat, esa canción que nace de una plenitud nueva, totalmente inesperada y sorprendente. El Espíritu, el alma y el cuerpo del hombre necesitan de un nuevo aliento. La humanidad anhela cantar con María el himno que el profeta desarrolla en su oráculo.

    Y la razón es clara: Cuando el Espíritu nos unge nos convertimos en buena noticia para los pobres, se curan los corazones desgarrados, se amnistía a los cautivos, se liberan a los prisioneros, la Gracia de Dios nos llena, desbordamos de gozo por el Señor, nos alegramos con mi Dios, sin que nuestra alegría dependa de como nos va la vida por este mundo, nos vestimos de salvación, la justicia se torna nuestro manto, y nos vestimos de fiesta como los novios en sus desposorios. El Espíritu nos hace dar frutos, nos llena de brotes como un jardín, vuelve nuestra vida un himno de alabanza. Un Magnificat sin fin. El Espíritu nos convierte en una constante oración, un diálogo sin fin con nuestro amado Dios. El Espíritu nos transforma en una Eucaristía perpetua. El Espíritu nos lleva a examinarlo todo y a quedarnos con lo bueno. El Espíritu nos mueve a guardarnos de toda clase de mal. El Espíritu nos vuelve irreprochables y nos santifica con su paz. 

    Cierto que no conocemos todo como Juan, pero no es menos cierto que entre nosotros hay uno que aunque pueda sernos desconocido nos puede iluminar con su Luz si creemos por medio de Él. Así que nunca cesemos de orar diciendo: Ven Espíritu Santo, todos y cada uno de los días de nuestra vida. 

 

ADVIENTO 2

    Si buscas consuelo, y verte liberado de todas tus miserias, el profeta te orienta claramente, vuélvete al pastor que cuida de sus ovejas con extremo amor y diligencia. El Señor Jesús, el Evangelio vivo que viene siempre, consuela y libera. En cambio la religión, en cuanto manipulación humana de lo divino, crea ansiedad en el alma humana con sentimientos destructivos como el miedo, la culpa y la vergüenza. La religión no libera, esclaviza. 

    Si buscas esperanza vuélvete al Señor Jesús que busca y quiere la salvación de todos. Jesús nos llena de paz con su misericordia inquebrantable, nos hace intachables, santos e irreprochables. La falsa religión nos vuelve peores personas, es impaciente con todos, simula la misericordia pero no la conoce, y lejos de llenarnos de esperanza, nos desespera porque parece que prefiere la condenación de la gente más que su salvación. Hablan más del infierno que del Reino de Dios. 

    Si buscas llenarte del fuego del Espíritu acércate al que lo da, que no es el AT, sino el Evangelio que es Jesús el Señor. Juan lo sabe bien. La religión no nos llena del Espíritu, nos llena de normativas y ritualismos. La autenticidad viste a Juan porque su vida está orientada a preparar los caminos al Señor. En cambio la religión lo que fomenta es la hipocresía. Las manipulaciones de lo divino que el universo religioso, desvinculado del Evangelio, no allana nada, no abaja nada, no sube nada, no prepara los caminos al Señor, nos aparte de Él. Juan es un crítico mordaz contra la religiosidad de su tiempo y por eso es tiempo de que superemos los enfoques que no nacen del Evangelio, sino de otras instancias, el profeta Isaias, lo ansiaba y Pedro lo está viviendo, la superación de un universo religioso extinto que no nos llena del Espíritu de Dios. No lo olvides, si buscas vivir en plenitud, el Evangelio es el mejor camino.

 

ADVIENTO I

    Hoy grita el alma humana a través de las Escrituras, con una fuerza inusitada, y su voz se transforma en un canto de oración intensa.

    Señor (dice el profeta), rasga el cielo y baja, y cambia todo lo que necesita cambiarse, en nosotros y en el mundo, cámbianos a todos con tu luz. Porque hay muchas cosas en nuestra vida y en el mundo que si siguen como van, nos van a abocar al abismo de la autodestrucción. Abrimos con gusto la puerta de nuestra vida, para que no llames más y entres porque sin Ti, estamos perdidos. 

    Señor ven (dice el salmo), restáuranos que brille tu rostro y nos salve. Porque muchas cosas en el mundo y en nosotros se han malogrado y estropeado. Necesitamos que nuestro alfarero nos haga de nuevo y nos recomponga, pues de lo contrario ni nuestra verdad, ni nuestra bondad, como tampoco, nuestra belleza, resultarán evidentes. 

    Señor derrama tus gracias en nosotros (dice el apóstol), porque esperarte no consiste en tener los brazos cruzados. Estamos llamados a colaborar contigo con nuestros talentos, pero nuestros pecados, no siempre nos lo permiten. Que tú nos perdones, significa que tú nos liberes para poder amar como Tú nos amas, impidiendo que la discordia acabe con la concordia.

    Señor encuéntranos velando (dice el Evangelio), porque si dormimos el mal que siempre anda despierto vence y lo echa todo a perder. Necesitamos VELAR para que en estos tiempos que vivimos, no se impongan las voluntades equivocadas que malogren la paz y el bien común de todos. 

    Si hoy grita nuestra alma, convertida en oración a través de la Palabra es porque la ocasión que vivimos nos provoca en lo más hondo un profundo descontento. El que tenga oídos para oír, que oiga.

 

 

 

 

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