Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

HOMILIA Ciclo C

CADA DOMINGO LA PALABRA DE DIOS ES CREADORA, NOS RENUEVA, SI LA ESCUCHAMOS CON FE Y SABIDURÍA, PORQUE NOS EL ESPÍRITU DE DIOS NOS VISITA Y NOS LLENA DE GRACIA. APRENDAMOS A ESCUCHARLA COMO MARIA.

 

 

XXV ORDINARIO

    Hermosas son las Palabras del Apóstol Pablo: Dios quiere que todos los hombres se salven,…,el hombre Cristo Jesús se entregó en rescate por todos. El deseo de Dios, por boca del apóstol es muy claro: que todos podamos llevar una vida tranquila y apacible, con piedad hacia los demás y con decoro. El decoro que nace del amor verdadero. 

    Si bien para que esto pueda ocurrir hay que cambiar cuatro cosas:

  • Deben cesar las avaricias que ponen por encima de lo divino y por encima de lo humano, es decir por “encima de lo sagrado”, la idolatría del dinero por medio de la usura. Ni la Pascua ni el Sábado importan, sólo el vil metal. Tampoco importan los pobres y débiles, son ocasiones para expoliarlos y dejarlos absolutamente sin nada. “La soga del ahorcado”. Amos es claro.
  • Deben cesar las injusticias que dividen el mundo entre una minúscula Elite que dispone de todo, y una inmensa mayoría que o no dispone de nada, o sólo de lo suficiente, o ni siquiera de lo suficiente para vivir dignamente. La injusticias impiden el reinado del Bien Común. El Salmo con Amos lanza este mensaje acompañado de un aviso: la injusticia no tendrá la última palabra al final de la historia humana.
  • Deben cesar la ira y las divisiones. Porque cuando nos amamos sonreímos. Cuando nos odiamos y peleamos, sufrimos. Y el sentido común está para usarlo. No estamos hechos para el odio, sino para el amor. Con amor funcionamos, con odio no. El apóstol es claro. Y es que la avaricia es la causa de la inmensa mayoría de los conflictos y las guerras entretejidas con la historia humana. 
  • Deben cesar las corruptelas. Porque cuando impera la corrupción se esfuma la confianza. Y sin ella es imposible desarrollar la vida con calma. Jesús es claro en esto. La tiniebla inspira miedo, la luz, confianza.                                                     

    O sea que la conclusión es clara: o el dinero se pone al servicio del amor, incluso el dinero injusto, o será imposible vivir una vida apacible, tranquila, solidaria y decorosa. Cuando Jesús habla de que Dios y el dinero son incompatibles, lo dice, en un contexto claro: la avaricia del dinero te lleva a pisotear lo sagrado, a generar injusticias, a odiar y a ser un corrupto. El dinero es un objeto. Lo malo es el uso que se le da. Usémoslo desde el amor para construir el bien común. Entonces todos los seres humanos seremos salvos de la avaricia y su injusticia.

 

XXIV ORDINARIO

    El puritanismo con su rigorismo es funesto para el Pueblo Santo de Dios. Es puro fariseismo y nada tiene de cristiano. Jesús, el Señor, jamás se vincula a ese modo excluyente de ver el mundo. Donde unos son perfectos en el cumplimiento de las reglas y otros son malditos por no cumplirlas.  De hecho las Escrituras de este Domingo son un manifiesto antipuritano.

    El Exodo presenta hoy a un pueblo que es idolátrico. Que cambia al Dios verdadero por un Idolo dorado. Y aunque muestra que dura es su cerviz, la visión del Dios colérico del AT entra en crisis. Y Moisés comprende que Dios da nuevas oportunidades. Este proceso no resultó fácil para este hombre de Dios. Por eso encontramos textos de todo tipo, a veces contradictorios, en lo que a este modo de ver las cosas le afecta. En esta ocasión, Dios es comprendido como misericordioso. La mente primitiva de Moises evoluciona en su percepción de Dios. Hoy podemos condenar al mundo porque idolatra al dinero, el nuevo ídolo dorado de nuestra época, pues vivimos en un sistema capitalista. No faltan profetas de calamidades que desean condenaciones a diestro y a siniestro. Pero Dios es misericordia. Y por eso, lejos de atemorizar con su nombre amoroso a los demás, debemos tratar de salvar al mundo de sus errores, haciéndole ver que hay seres y cosas a las que el dinero debe servir, porque son más valiosas que él. De modo que el mundo abandone este culto falso que tanto daño le está haciendo.

    El salmo nos presenta al creyente como un ser contradictorio que convive con su insuficiencia moral de un modo cotidiano. De modo que de este pasaje se desprende una gran lección: no se trata de ser santos para que la gracia de Dios nos visite. Sino de recibir la gracia para poder ser santos. Pues sin ella nos será imposible. Es su Espíritu el que nos cambia. Los sacramentos no pueden ser interpretados como un premio, sino como una cura a la enfermedad que padecemos. Este aspecto sanador es más congruente con Jesús. Pues verlos como un premio, es propio de puritanos fariseos y rigoristas.

    El apóstol insiste aún más en esta percepción antipuritana de lo sagrado. Pues él se define como el primer pecador. Y apela a la frase de Jesús para no echar por tierra su autoestima personal: “No sabía lo que hacía”. Pues como hizo con Pedro, el Señor Jesús, ha convertido este pecador en un pescador de hombres. Jesús no elige a los perfectos y preparados, sino que perfecciona y prepara gradualmente a los pecadores que elige. ¿Como si no podrán ser testigos ante los demás de que Dios no destruye a los pecadores sino que los sana?. Por eso si convivís con sacerdotes imperfectos y débiles que nadie se asuste. Quienes van de santos por la vida, tienen un problema personal importante. Pues se creen que son la máscara y el disfraz que se han puesto. Y esto de ser apóstol de Jesús, no va de carnavales.

    El Evangelio aún es más insistente. Somos perdidos. Somos hijos erráticos y pródigos. Somos hermanos mayores que juzgan a los demás y no los aman. Pero Dios quiere encontrarnos a los perdidos. Dios tiene su puerta abierta esperando la vuelta de sus hijos perdidos. Dios se alegra con que sus hijos vuelvan a la vida y no los juzga ni castiga. Dios es antipuritano. Dios no es rigorista. Dios no es fariseo. Por eso la Iglesia no es la reunión de los perfectos que algunos piensan equivocadamente.

    Nuestra Iglesia se desnaturaliza cuando se torna puritana y rigorista. Cuando se dedica a condenar y destruir. Cuando no ofrece nuevas oportunidades. La Iglesia es un hogar para que los pecadores puedan sanarse. La Iglesia es una alfarería, donde el Espíritu de Dios es el alfarero. El puritanismo es un error clamoroso. Es blasfemo. Porque no permite entender a Dios y porque desdibuja su rostro. Convirtiendo al Misericordioso, en un inclemente. 

    Ser perfectos como Dios es perfecto, no supone incurrir en el perfeccionismo puritano. Ser perfectos como Dios es perfecto significa ser misericordioso como Él es misericordioso. Después de todo, sin ser misericordioso amigos, es imposible convivir con los demás, con el mundo y contigo mismo. Aprendamos pues de Dios y demos la espalda siempre a toda suerte de puritanismo rigorista. 

 

XXIII ORDINARIO

    Nuestro mundo actual no carece de problemas. Por su condición no divina, y por tanto por su imperfección, más bien está repleto de ellos. De ahí que encontrar la sabiduría necesaria para resolverlos sea muy importante para todos. Las Escrituras hoy nos ofrecen a nuestra consideración un caudal de sabiduría para afrontar diversos problemas que nos aquejan. 

    El primero de ellos lo muestra la primera lectura: el materialismo. Si solamente nos fijamos en lo que vemos y tocamos nuestro último destino será la muerte y punto. Sí, mañana moriremos y listo, nada tiene sentido, y todo es vanidad, pura mentira. La vida es absurda. Y sólo se soporta sumergiéndose en la frivolidad. La primera lectura hoy nos insta a superar ese problema por la espiritualidad. Que no es otra cosa que abrir nuestras vidas a la acción del Espíritu de Dios. Nos impele a mirar desde la inmanencia a la trascendencia, desde este mundo, a Dios. Si no nace un “yo” sin un “tú” que nos haga tomar conciencia de que somos alguien distinto de quien vemos; el Tú del mundo, se llama Dios. Y gracias a su comprensión, nos entendemos como el nosotros real que somos. Sin Dios nos desvanecemos en la nada, y en el nihilismo, el ser humano no funciona. Es un hecho.

    El segundo problema lo muestra el salmo. La frivolidad que es consecuencia de lo dicho anteriormente, nos lleva a desaprovechar la vida en diversiones sin mayores referencias, que al final terminan por sumergirnos en una suerte de locura. Quien vive a tope, suele estrellarse con facilidad. La sabiduría que se nos ofrece es que adquiramos un corazón sensato, no una mente alienada, sino una percepción real de nuestra existencia, mirándola con los ojos de Cristo, pues Él es el que muestra el rostro verdadero del hombre al ser humano. Tomar el camino de la verdad que nos lleva a la Vida con mayúsculas. 

    El tercer problema es la esclavitud. Aún seguimos tratándonos unos a otros como objetos y mercancías. Y en lo que afecta al mundo de la inmigración ilegal, esto es aún más patente. Cuantos sufrimientos nos provocamos unos a otros por esa razón. La sabiduría de la epístola a Filemón, nos enseña otro camino: trata al otro ser humano como a un hermano, respeta su dignidad de ser humano, ofrécele un trato humano al ser humano, y promueve su condición personal porque es Hijo de Dios. Ser cristiano te conduce a respetar está condición sagrada en el otro, salvo que seas un hipócrita, disfrazado de cristiano.

    El cuarto y último problema citado hoy es la esclavitud que emana de la propiedad privada. Desde que el hombre dejó de ser nómada, recolector y cazador y pasó a ser productor, agricultor y ganadero, se volvió sedentario. Y esto le ha convertido en alguien que ha exacerbado, aún más, su sentido agresivo de la territorialidad frente a los otros. Eso ha generado mil conflictos y que el bien común nunca haya sido construido. He ahí la razón por la que Jesús en Lucas nos indica otra sabiduría: no seas esclavo de la propiedad, relaciónate con ella con libertad, antepón siempre a la misma el bien común, crucifica el egoísmo y el individualismo, porque de lo contrario no podrás ser discípulo mío, es decir: no encontrarás el camino para vivir en plenitud. 

    Así que hermanos oremos hoy por la humanidad, para que el Espíritu Santo la visite siempre, de modo que en cada circunstancia pueda encontrar la sabiduría necesaria para hacer frente con fruto a sus problemas. 

 

XXII ORDINARIO

    Durante mucho tiempo la mayor Iglesia existente construida en el mundo, estuvo dedicada a la Sagrada Sabiduría: Santa Sofía de Constantinopla. 

    Y de eso viene plena la Palabra del Señor en este día. Si bien fiel al espíritu de la misma, la sabiduría se nos muestra por oposición de términos. Veamoslo por nosotros mismos examinando los textos fijándonos en lo que cada uno tiene de particular en su enseñanza, porque en parte, todos comparten un mensaje común. 

    El Eclesiástico: El Sabio se opone al cínico. El sabio conoce progresivamente los secretos de Dios, vive en una suerte de revelación continua. El cínico, desengañado, vive envenenado y envenenando el mundo del que forma parte y en el que no cree, ni se implica, pues no lo ama.

    El Salmo: El Justo solidario se opone al injusto inclemente. Porque el Justo solidario socorre los derechos y la dignidad mancillada de los desvalidos, y en cambio, el injusto inclemente los ignora, y contribuye a que sus derechos y dignidad sean pisoteados. 

    Hebreos: la religiosidad gloriosa se opone a la religiosidad terrible.  La religiosidad gloria infude esperanza en el corazón del hombre que le permite ser fuerte en la tribulación. La religiosidad terrible infunde miedo, un sentimiento destructivo que despersonaliza.

    Lucas: Aquí encontramos dos oposiciones. El humilde se opone al soberbio. El humilde conoce su propia verdad y se ajusta a ella, pero el soberbio, llevado de su egolatría, se fabrica un falso yo, que lo suele conducir a la vergüenza. El generoso se opone al miserable. El generoso comparte con los demás en búsqueda del Bien Común. El miserable, sólo piensa en él, como si fuese capaz de vivir por sí solo, cuando ni el nacer lo debe a sí mismo. 

    Así es como trabaja la sabiduría. Establece una oposición entre dos modos distintos de vivir para que cada uno elija el camino que lleva a la vida en plenitud o te aparta de ese camino.

    Sólo queda por establecer un aspecto: ¿Estas enseñanzas de hoy afectan al mundo que vivimos? Pero preguntemonos también: ¿Esta sabiduría interpela hoy a nuestra Iglesia?. Porque cuando nos apartamos de la Sabiduría de Dios, la Iglesia deja de ser luz en el mundo y se torna sal sosa. Meditemos pues, y actuemos en consecuencia, pues eso, es lo propio de los sabios.

 

XXI ORDINARIO

    Hoy Jesús reprende a sus paisanos. La verdad es que la dureza de Jesús cuando corrige a veces puede asustar un poco. Pero la carta a los Hebreos viene en nuestro socorro. Lo hace porque nos ama y nos quiere salvar. Por ello desea que el amor sea nuestro dueño.

    Pero sus paisanos no están por la labor de amar. En cualquier caso sólo están dispuestos a amar a los suyos. A su familia. A sus amigos. A su clan. A su nación. Para sus paisanos lo importante es que se salven los suyos.

    Por eso Jesús les responde: se salvarán todos, menos vosotros, que sois tan raquíticos a la hora de administrar la Salvación que solo queréis para vuestra nación. 

    El nacionalismo no va con Dios. Dios es global. Dios es universal. Dios es católico. Pues católico es ser universal, es desear la salvación de todos, como el profeta Isaías nos ha enseñado y como el Salmo ha reafirmado.

    Los problemas graves que afligen al mundo hoy, lejos de ser locales, regionales, nacionales o internacionales, son globales. Y o los resolvemos todos unidos o jamás construiremos el Bien Común, que lejos de ser solamente humano, es planetario. La miopía nacionalista hebrea con la que Jesús convive eso no lo ve ni lo entiende. Pues divide el mundo en dos: los elegidos (ellos) y los despreciables (los demás que no son como ellos). Por desgracia esta enfermedad de ayer no cesa hoy. Y por eso en gran medida los graves problemas del mundo siguen sin resolverse ni afrontarse. Los estados nación son una rémora del pasado, un retroceso al tribalismo, que estamos llamados a superar hoy más que nunca.

    Así que aceptemos la corrección que Jesús también nos hace a nosotros en este momento presente y sanemos el mundo de tanta necedad. Pues al paso que vamos, el género humano, lejos de pasar a la historia como un colectivo inteligente y racional, será considerado un grupo de necios irracionales si sigue por este camino hacia el abismo.  

 

XX ORDINARIO

    Varias son las enfermedades que afligen al género humano. La cobardía, el cansancio, el desánimo y la angustia. Pues somos cobardes a la hora de afrontar los conflictos necesarios para cambiar las cosas y lograr, que las cosas no sean como son. Es decir: malas. Muchas veces si nos enfangamos corremos el peligro de cansarnos y desanimarnos, y por ello, de tirar la toalla. Abandonando el frente de la lucha. Y todo porque actuar y sufrir oposición y ataques personales, nos causa una honda angustia.

    Por eso Jeremías nos alienta a luchar, pues Dios no abandona a los suyos. Jesús nos invita a no huir del conflicto que es como un fuego purificador. Jesús nos insta a no temer a la división aneja a la lucha a favor del amor. Y además Hebreos nos reseña que aún no hemos llegado a la Sangre como el mismo Jesucristo. Es más nos insta a que si llegamos a ella, no temamos porque Jesús crucificado ha sido resucitado de entre los muertos por Cristo. 

    Así que de aquí debemos sacar una lección para nosotros hoy. Estamos acostumbrados a no ir más allá de nuestro espacio de confort. Idealizamos la comodidad como un dogma por el que dar la vida. Por ello cuando sentimos angustia, huimos. Cansados y desanimados nos volvemos a nuestro refugio y renunciamos a luchar por cambiar las cosas para bien.

    Porque en el fondo, no confiamos en Dios. En su auxilio. Y la cruz nos asusta tanto, ya que nuestra fe en la resurrección es nula. No podemos llegar a Dios si somos cobardes. Dios no lo es. Lo ha demostrado en Cristo Jesús. Así que si dices seguir al Señor, carga con tu Cruz por tratar de encender el fuego del amor en medio del mundo, cuestionando todas las situaciones de desamor que han de ser cambiadas.  

 

XIX ORDINARIO

    El mensaje evangélico de hoy transcurre en medio de la tensión que se establece entre ser escogido por Dios y el hecho de ser verdaderamente libre. Calvino mantenía que Dios predestinaba a unos a la salvación y a otros a la condenación. De hecho creía que los elegidos para salvarse disfrutaban de una buena vida. Y en cambio los que no lo eran vivían una vida infeliz en este mundo. Los católicos nunca creímos eso. Dios nos escoge a todos para poder disfrutar de su gloria pero unos eligen libremente ese don gratuito suyo y otros se niegan a aceptarlo y lo rechazan. La Gracia es necesaria porque sin ella jamás podríamos alcanzar la salvación, pero como somos verdaderamente libres, podemos rechazar esa gracia y apartarnos para siempre de la salvación, creando infiernos con nuestras libres decisiones.

    Así entendemos el libro de la Sabiduría que divide el mundo en dos clases de seres humanos, los liberados y los castigados por su injusticia. Entendemos del mismo modo el salmo. Y la carta a los Hebreos. Y por supuesto comprendemos el verdadero sentido del Evangelio de hoy.

    Pero ¿como aceptamos la gracia de Dios? Tres respuestas hemos de dar:

    La Sabiduría nos enseña que debemos saber quien es aquel en quien hemos confiado. Debemos conocer al Dios de Jesús para creer en su amor, amarlo y seguirlo. Por tanto aceptamos la gracia de Dios respondiendo con fe a su oferta de gracia, que puede dejar en nosotros semejante huella creyente, si no nos oponemos a ella.  

    Hebreos nos revela que esa fe engendra esperanza contra toda esperanza. Fe y esperanza van juntas. La vida de los patriarcas nos lo enseña. Pues ellos superaron mil y una dificultades, manteniendo la esperanza frente a los sufrimientos. Y su esperanza halló respuesta. La gracia reclama de nosotros nuestra esperanza en su acción eficaz y por ello, la suscita, si nosotros no nos negamos a recibirla.

    Lucas nos manifiesta que estar preparados para recibir a Jesús significa amar, usando nuestros bienes y nuestras luces para ponerlas al servicio de los demás, de modo que el Bien común pueda aflorar en nuestras vidas. Así que el amor gratuito de Dios reclama de nosotros y suscita el amor fraterno como nuestro camino de vida. Todo ello, claro está, siempre y cuando no rechacemos ese amor que se nos da gratuitamente hasta el extremo. 

    No basta la sola gracia, como decía Lutero, necesitamos que nuestra libertad se deje trabajar por ella y para ello hemos de responder a su oferta de manera positiva. Entonces seremos no solo libres, sino además escogidos. No hacerlo supone que nuestra libertad será respetada pues no es Dios violador de la libertad de nadie. Si todo existe como es, es por una sola razón: que podamos ser verdaderamente libres en su presencia para que entre Él y nosotros pueda darse una verdadera relación de amor. No es la historia un monólogo divino. Es un diálogo que quiere ser enamorado entre Dios y el universo que habla por nuestra boca, diálogo que puede terminar bien o mal. Según responda cada uno de nosotros. 

    Así que oremos amigos para que nuestro mundo libre sepa actuar acertadamente. Y abandonado la incredulidad abrace la fe. Abandonando la desesperación camine por la senda de la esperanza. Y abandonando el desamor viva en el amor fraterno, no buscando la codicia sino el imperio del Bien Común. Somos sacerdotes de Dios por el Bautismo, así que hoy ejerzamos nuestro sacerdocio universal, intercediendo ante Dios por nuestro mundo, de modo que su gracia, nunca nos abandone a pesar de nuestras erróneas negativas.

 

XVIII ORDINARIO

 

    En esta Eucaristía encuentro dos prototipos de ser humano. Uno es el “engañado”. Algunos también lo llamarían el alienado. Y otro es el desengañado. El primero lo muestra el Evangelio. El segundo lo revela el libro del Eclesiastés.

    El engañado es aquel que amasa bienes, pensando que la vida depende de la posesión de los mismos. Y sin embargo se equivoca porque la muerte le sale al paso y frustra todas sus expectativas hijas de su codicia. No ha sabido acertar al elegir el cimiento de su vida, y todo su proyecto vital se ha venido abajo. Y su única meta ha sido el fracaso.

    El desengañado en cambio es el que se ha hecho consciente de la vacuidad de todo lo que existe en un mundo sin trascendencia. Y es el que grita con dolor porque se ve preso de un hecho: la vida lo ha decepcionado y sin embargo debe criar hijos que a su vez, experimentarán su misma decepción, saboreando antes o después el amargo sabor del absurdo. 

    ¿Acaso serán estos los únicos destinos posibles de nuestras vidas? Si lo serían si Colosenses no explicara el oculto significado de las palabras de Cristo Jesús en el Evangelio. Pero evidentemente sólo dejarán de ser nuestro destino si creemos su anuncio y nos unimos a Cristo por el Bautismo y la vida que éste lleva aneja.

    Este anuncio consiste en afirmar que es posible la esperanza, gracias a que Cristo que ha muerto clavado en una cruz, hoy, vive resucitado por los siglos. Si esto es así, si creemos en esta verdad, entonces descubrimos que Él es nuestro único tesoro, y que la codicia de los bienes materiales es un sinsentido, pues si los idolatramos ellos no podrán vencer a la muerte. Y además si creemos en este Jesús resucitado, percibimos que no es el vacío nuestra meta, ni tampoco el absurdo nuestro dueño. Nuestro destino es la Gloria de Dios, estado existencial que Jesús llama Reino de Dios. Es decir: El mensaje de salvación que Cristo Jesús nos propone nos enseña que si quieres creer en la vida de verás, antes has de creer en el Dios enamorado que la sustenta. Pues si Dios nos ama en Cristo Jesús la vida es relevante, en cambio , si su amor no es cierto, entonces nuestra vida se desmorona porque es absolutamente irrelevante. Si crees en el Dios de Jesús y te unes a Él, entonces creerás en la vida. 

    Así que Hijos de Dios, valorad hoy, si a los humanos del siglo XXI, nos interesa esto o si esto carece de interés. ¿Vive engañado y alienado el hombre del siglo XXI presa de una codicia para nada porque más allá de la muerte nada puede? ¿Vive el ser humano del siglo XXI presa del desengaño cuando experimenta el vacío de una vida carente de sentido donde el amor no es respetado en absoluto ni el esfuerzo es tenido en cuenta ni remunerado con justicia?. Que cada cual responda y entienda si este subversivo mensaje evangélico cuestiona o no, al capitalismo codicioso reinante o al nihilismo desengañado que hoy campa a sus anchas. Pues de la respuesta que demos depende que podamos y queramos cambiar para bien, nuestras vidas y nuestro mundo.   

 

XVII ORDINARIO

    No todos los dioses son iguales. Pues no todos engendran el mismo tipo de vida. Y no todos permiten llegar a vivir en plenitud.

    Las Escrituras hoy nos permiten conocer al Dios verdadero revelado en Cristo a todos nosotros por medio de su Santo Espíritu. 

    En el Génesis, asistimos al regateo que Abraham le hace a Dios. Pues el hombre quiere enseñarle misericordia al Altisimo. Es evidente la redacción sacerdotal de este pasaje, ya que el autor, pretende claramente justificar su oficio en el templo para aplacar la ira de dios. Pero consideraciones exegeticas a parte, lo que nos muestra hoy este relato es que Dios se toma en serio al ser humano. Su inteligencia y su libertad. No crea Dios sectas donde la inteligencia y la libertad quedan suspendidas en haras de un gurú. Porque Dios quiere al ser humano: libre, inteligente, y en gran medida, dueño de su destino.  De ahí su ser limitado (polvo y ceniza dirá Abraham), porque para poder ser de ese modo, el ser humano necesita vivir fuera de Dios. Así que Dios no es un tirano ni un amo que limite nuestra capacidad para ser nosotros mismos. Los ateos del siglo XIX, luchaban contra un Dios falso. No es tampoco Dios el que convierte la historia universal en un teatro de guiñol. Donde todo es un cojunto de marionetas en sus manos. Dios quiere que la historia universal sea un diálogo entre Él y nosotros. De ahí que muchas veces se vea expuesta a tantos retrasos y rodeos innecesarios. Porque Dios nos toma en serio y nunca suspende nuestro lugar en el mundo.

    En Colosenses y el Salmo, se nos enseña además que Dios siempre concede nuevas oportunidades. Cuando pecamos su misericordía infinita nos sale al paso. El pecado es el no a Dios. Y si Dios es amor, entonces, el pecado es el desamor. El desamor por mí, por los demás, por el mundo y por Dios mismo. El desamor nos excluye del amor. Por eso el pecado no separa de Dios. Si. bien, en la cruz, Jesús ha sido muy claro: ¡Padre concedeles una nueva oportunidad!. Y es que Dios como buen Padre/Madre que es (así lo creían Orígenes y Juan Pablo I), quiere la Salvación y no la destrucción de sus hijos. Esa misericordia nos llega por el Bautismo y por su renovación que es el sacramento de la reconciliación. No es Dios por tanto un juez severo y castigador que se goza en la condenación y la destrucción de sus hijos. Dios no es un talibán.

    Por último el Evangelio apoyado por los otros textos nos lleva a descubrir algo más sobre Dios. Él es Padre. Jesús lo llamaba “Abba”, o sea: “Papá”. Así es como los niños hebreos llaman a sus padres. Se entiende bien que Jesús terminase en la Cruz, porque llamar a Dios así en su época era considerado una blasfemia, y aún hoy, no sé yo que pensaríais de mi los que venis a misa, si un día en la celebración me dedicase a llamar a Dios papá a cada paso. Pues bien en este Padre se puede confiar. A este Padre le podemos pedir, lo podemos llamar, y lo podemos buscar. Y además podemos hacerlo constantemente. Le interesamos. No es un Dios lejano de nosotros y apático, ilustrado y despótico, no es un relojero, es un Dios con nosotros. 

    Por eso es importante saber que pedimos en la vida, que buscamos o a quien llamamos. Porque a veces en vez de un huevo, pedimos un escorpión, y en vez de pan, pedimos una serpiente. No sabemos pedir bien. Por ejemplo: pedir la inmortalidad aquí en este mundo es como pedir no salir nunca del vientre materno, lo que nos impediría descubrir nuevas etapas del ser y el estar en el mundo y en la existencia. Por eso recomiendo que cuando os sentéis delante del Sagrario, o de una Imagen, que no estéis hablándo como loros, para que Dios no tenga que deciros aquello de su Majestad: “ ¿Por qué no te callas?”. Pon tu atención en el Padre Dios y pidele el Espíritu Santo. No existe mejor guía si quieres alcanzar la vida en plenitud. Un cristiano no necesita más que eso. Pues todo lo demás le será dado por añadidura. El Espíritu obra el prodigio que Dios sea un Dios con nosotros.

    El retrato de Dios es muy clarificador. Otros credos no piensan así de Dios. Por eso todos los dioses no son iguales. Las percepciones de Dios y sus vidas subsiguientes, son muy distintas. Así que si no te quieres perder en esta confusión reinante de la sociedad multicultural, cuando escuches hablar a alguien de Dios ten siempre presente este criterio: ¿Tu Dios es amigo de la vida?¿Es humano o inhumano?¿permite o impide que yo y los demás vivamos en plenitud? Porque si la respuesta es negativa a estas preguntas entonces estás ante un Dios que crucifica, es decir un dios falso: el de los Sumos Sacerdotes que mataron a Jesús. En cambio si la respuesta es positiva entonces estás ante el Dios Verdadero, el Dios amigo de la Vida, que lejos de crucificar resucita a su Hijo Jesús de entre los muertos, porque este Dios solo es glorificado cuando el SER HUMANO vive y vive en plenitud. El Dios verdadero quiere que el hombre viva eternamente no lo olvides nunca.

 

XVI ORDINARIO

    Tres mensajes encierra la Palabra de Dios para nosotros hoy, hombres y mujeres que caminamos en este siglo XXI. 

    El primer mensaje nos indica que seamos hospitalarios con Dios. Abraham es un modelo para todos. Tres figuras humanas son el modo como el Señor sale al encuentro de Abraham. Para nosotros los cristianos todo un anticipo del misterio de la Santísima Trinidad. Abraham acogió y hospedó lo mejor que pudo a esos tres seres. Y esa generosidad de Abraham le supuso abrirse a un futuro inesperado: Sara engendraría un hijo, contra todo pronóstico. Su extinción había terminado. María acoge a Jesús escuchando su palabra. Y eso le lleva a descubrir que es lo verdaderamente “necesario” en la vida. Ser hospitalario con Dios es tener fe en su palabra enamorada. Cuando creemos en ella, Pablo, nos enseña que nos visita su misteriosa sabiduría y nos inunda de una esperanza de gloria. No es nuestro último destino la visión pesimista de la vida. No caminamos hacia la nada. Por eso cuando hablamos con el ser humano del siglo XXI muchas veces tan alejado de Dios, preso de filosofías nihilistas, enseguida percibimos su desánimo, su falta de sentido. Hemos sido reducidos al estado de pieza del engranaje social. Y a menudo vivimos por vivir. Y en ese contexto nuestro afán por vivir y amar se enfrenta a la cultura de la muerte, donde todo es para nada. ¿Quien puede vivir en ese contexto con ilusión sino es porque se sumerge en la frivolidad más absoluta? Eso es lo que algunos han llamado la alienación de nuestro tiempo. ¿Y todo por qué? Porque la hospitalidad con Dios se ha perdido en el corazón humano. Y es Dios y no otra cosa, el único que puede dotarnos de una esperanza contra toda esperanza en este universo de existencia. 

    El segundo mensaje es el que brota de la pregunta que se hace el salmista: ¿Quien puede vivir en tu tienda?¿Quien puede vivir en plenitud como Tú vives Dios nuestro? El que ama. El que ama es honrado, no es injusto, no difama ni calumnia, no hace mal a su prójimo, no es impío, no es usurero ni corrupto, es dichoso. El desamor no procura esa dicha al ser humano, y es siempre la causa de todos sus males y desvelos. El desamor a los demás, al mundo y a sí mismo. En cambio si amas todo lo que haces lo haces bien. Ama y haz lo que quieras que enseñaba San Agustin.

    El tercer mensaje es el que brota del Evangelio. Marta no es una hiperactiva solamente. Marta es una mujer de su tiempo. Y esa mujer estaba preparada para ser una esclava en el hogar. La mujer no tenía derecho a dedicarse tiempo a sí misma. No tenía derecho a cultivarse. Aún hoy la mujer en determinados lugares del mundo no tiene derecho a la enseñanza. Es forzada a vestirse de una manera y no se le permite vestirse según su gusto. Es privada de algo tan íntimo como su clítoris. No se le permite comer con los hombres en la misma mesa. Y muchas vejaciones más. Y sólo por ser mujer. Por eso no entiende a María. No entiende que María haya optado por cultivarse, por aprender la sabiduría para poder descubrir lo “necesario”. De ahí que cariñosamente Jesús le recomiende “pararse” y descubrir un modo nuevo de existir. Su consejo la libera. La mujer debe ocupar su lugar, para poder disfrutar todos y cada uno de sus derechos, de los que se ve privada por un ciego machismo salvaje. Este desprecio por ellas es lo que lleva a determinados países a negarse a suscribir la carta de los derechos humanos. 

    Tres mensajes impresionantes. Válidos para el siglo XXI. Pero como solemos pensar hoy que las Sagradas Escrituras son un remanente de épocas pretéritas, totalmente caducas, nos perdemos los tesoros que éstas encierran. Así que católico si quieres ser sabio, que no te ocurra a ti lo mismo. No lo olvides. 

 

XV ORDINARIO

    Hermanos hoy bastan cuatro expresiones de las Escrituras para hacernos una idea clara de lo que el Señor nos inspira.

    “Cumpleló”. Esta tajante expresión pone las cosas en su sitio en la primera lectura. Muchos de los problemas globales actuales (inmigración, calentamiento global, epidemias, guerras), proceden de la avaricia del dinero como última razón de su existencia. Si nos decidiésemos a construir el Bien Común en vez de esa avaricia, el mundo podría ser muy distinto. Podría mejorar enormemente. Lo mandado es bueno no por ser mandado. Es mandado porque es bueno, así que: ¡cúmplelo!.

    “Como a tí mismo”. En este caso se nos enseña que nadie puede amar a los demás si antes no se ama a sí mismo. La autoestima es condición “sine cuanon” para poder amar con salud a los demás. Autoestima y egoísmo no se parecen en nada. Entre ellas hay la misma diferencia que existe entre una celula sana y otra cancerosa. El impacto sobre el tejido vivo que tienen es totalmente diferente. La sana lo construye. La cancerosa lo destruye. Autoestima es ser consciente de que uno tiene su dignidad y sus derechos, es darse cuenta de que es valioso. Quien recorre este camino, descubre que el otro también es valioso y por ello merecedor de ser amado. El egoísta pisa los derechos y la diginidad de los otros, porque no los considera valiosos. He ahí la diferencia. 

    “Prójimo”. ¿Mi prójimo es el pedigüeño de turno que me encuentro por la calle? Una lectura simplista concluiría que sí. Pero es preciso entender que el malherido se deja conducir por el Samaritano a donde le pueden cambiar la vida para bien. ¿Por qué digo esto? Porque estoy harto de oír a los voluntarios y profesionales de Caritas explicarme como un número nada desdeñable de los que solicitan ayuda, se niegan a tomar un camino que realmente los saque del círculo vicioso en que se encuentran. Incluso con dolor me narran como los insultan y a veces hasta les agreden verbalmente. Algo pasa en nuestras ciudades. Caminando por Madrid casí un día entero sólo una persona se acercó a pedirnos una moneda. En cambio en Murcia si pasas por las calles más centrales, te puedes encontrar de 7 a 14 personas pidiendo, algunas de ellas de manera agresiva incluso. ¿Hay aquí más pobres que allá? Puede ser. Pero algunos de los murcianos son muy conocidos por los servicios sociales y caritas. Y es triste decirlo, pero viven una relación con su marginalidad social muy cercana a la que viven los drogadíctos con sus respectivas adicciones. Podríamos decir que son en gran medida “adictos a la marginalidad”. Y aunque resulte dificil de entender se empeñan en vivir así. Y las sensaciones de la familia y de las organizaciones humanitarias muchas veces son las mismas que cuando vemos a alguien conocido meterse en el mundo de la drogas y no quiere salir de ahí. Aunque se esté autodestruyendo. En ese caso sientes una honda “impotencia social”. Y el quid de la cuestión radica en que no son como el malherido que el samaritano lleva a donde pueden cuidarlo. Porque estos no se dejan llevar a ningún sitio. Simplemente no quieren cambiar de vida. Por contra hay otros que desean cambiar su situación y se esfuerzan enormemente para ello. Conozco proyectos de Cáritas asombrosos donde el esfuerzo por sacar a mucha gente de sus situaciones de la miseria son enormes y el esfuerzo de los atendidos por cambiar es impresionante. Y en esas iniciativas reconozco al Buen Samaritano. Los hay de muchas clases: enseñanza, atención familiar, acogida, sanitarios, rehabilitación de drogodependientes y podría continuar citando. Si bien también conozco casos donde Cáritas se niega a prestar ayudas dado que los que las solicitan solo buscan una cosa mantenerse mejor en medio de su adicción a la marginalidad. Y como los padres de los hijos drogodependientes que se niegan a financiar semejante esclavitud, evitan contribuir a esa espiral autodestructiva. Entonces es cuando de manera infantil te gritan a la cara: ¡No te quiero!¡No me quieres!. Porque no me mantienes en donde yo quiero estar: mi adicción autodestructiva. Si bien tanto Cáritas como los Padres de los drogodependientes lo único que quieren hacer es provocar en ellos la reacción para que decidan salir de su marasmo autodestructivo porque si no es imposible ayudarles. Y tristemente no siempre se consigue. ¿Pero debemos contribuir a que se hundan más en esa espiral?¿debemos financiar esa espiral por mero emotivismo disfrazado de moralidad? Decía la didascalia: “Que arda tu moneda en tu mano hasta saber bien a quien se la das”. Y Pablo añadía: “El que no quiera trabajar y quiera vivir a costa de los demás sin hacer nada por él mismo, que no coma”. A ver si así cambia y se decide a caminar de otro modo en su vida. Y a manifestarse un poco más de amor por sí mismo. 

    “Todo”. Esta simple palabra que se desprende de la epístola expresa de manera singular que la salvación es global. Es para todas las naciones, y no sólo para una elegida. Primero el mundo. Porque sin mundo nunca podrá existir ni mi nación, ni mi región, ni mi pueblo, ni mi familia. No hay pueblos elegidos. Después de Cristo todo el mundo: humanidad, planeta y universo son convocados a la renovación universal. La Salvación es global porque el amor de Dios es global. No sólo los hombres están llamados a la Salvación, también el planeta y todos sus seres vivos. Y también las estrellas y lo que ellas encierran o llevan anejo. Atacar al mundo es atacarse a sí mismo.

    Cuatro expresiones exponen a las claras el significado de la palabra de Dios hoy. Y su comprensión nos inocula una nueva percepción del mundo y siembra nuevas actitudes en nosotros para afrontar sus problemas. La Palabra de Dios es así: nunca cae en la tierra si no es para dar fruto. Así es la Palabra de Dios: viva y eficaz.

 

XIV ORDINARIO

    Esta Jerusalen del cielo es la Iglesia. Pues como bien indica el salmo, está llamada a integrar a la tierra entera. El nacionalismo religioso del pueblo judío queda superado. La Salvación es para todos y no solo para algunos. Por eso cuando pertenecemos a ella, todos, podemos experimentar los dones que se hacen derivar hacia nosotros: la paz, las riquezas de las naciones, las caricias, el consuelo, la alegría que vence los lutos y nos inunda de gozo. 

    ¿Pero de donde brotan semejantes dones tan maravillosos? La Carta a los Gálatas nos lo enseña: del Amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Crucificado. Pues no nos salva Ley alguna ni ninguna suerte de preceptos, ni tampoco sabidurías de clase alguna. Nos salva el amor de Dios. Su misericordia infinita, la que se oye de los labios de Jesús en la Cruz cuando a pesar de nuestro sadismo, Él nos ama hasta el extremo. Pues es su amor eterno, del que nada ni nadie nos puede separar el que nos llena de paz, porque nada nos cabe temer si Dios nos ama de esa manera. Es ese amor el que nos hace descubrir que no hay riqueza mayor en el mundo, que esa fuente amorosa de la que brotan todos nuestros bienes. Es ese amor el que nos acaricia, pues aunque nos abandonaran nuestro padre y nuestra madre, el Dios del amor, nos recogera. Es ese amor el que nos consuela porque nos infunde esperanza a borbotones. Y es ese amor el que nos infunde una alegría que vence al luto, porque, ese amor crucificado, ese amor hasta el extremo, resucitá el Domingo de Pascua, y nos convoca a todos al gozo sin fin. Pues bien este amor se contiene en la Eucaristía, que es el mayor tesoro que la Iglesia custodia. Pues esta celebración es el memorial de su amor que nos permite gozarlo a todos: los de ayer, los de hoy y los de mañana.

    Por ello a la Iglesia no le cabe otra cosa que ser misión. Pues todos están llamados a poder gozar de estos dones que el amor divino provoca en quien lo recibe. Es importante matizar esto porque no todos los seres humanos recibirán este anuncio. Y la Iglesia nunca debe imponer nada a nadie, sino proponer e invitar. Como nos enseñó el Concilio Vaticano II y el Santo Juan Pablo II, nos recordó. La Iglesia en su misión está llamada a convatir a Satanás. Y aquí es importante superar todo enfoque mitológico de este asunto. “Satanás” es una palabra hebrea que significa “el que estorba”. El estorbo a nuestra vida en plenitud. Y la humanidad vive muchas veces presa de sus estorbos. La humanidad encuentra estorbos para la paz, presa de los odios, egoísmos y sus inquietudes anejas. La humanidad encuentra estorbos para encontrar la verdadera riqueza que es el amor de Dios y no el dinero como muchos pretenden. La humanidad encuentra estorbos para sentirse acariciada y consolada porque se percibe como arrojada en un universo sin sentido donde el pesimismo es su horizonte último. La humanidad encuentra estorbos para no sucumbir al supuesto poderío del luto que nace de una muerte que ella considera invencible. Con estos estorbos la humanidad no puede vivir en el gozo propio de la nueva Jerusalen. 

    De ahí que el Señor Jesús necesite obreros en su mies. Y conste que esos obreros no son solo los clérigos. Ni siquiera principalmente. Los religiosos y aún más los laicos también son esos obreros. Pues los laicos llegán donde un clérigo o un religioso nunca podrán estar. Sin laicado nunca habrá una evangelización real. Así que hoy pregúntate hermano: ¿Soy un obrero de la mies del Señor? Si la respuesta es afirmativa la Iglesia a la que perteneces será sal de la tierra. Si la respuesta es negativa, la Iglesía a la que perteneces se convertirá en sal sosa. De tí depende.  Que las marcas del amor de Cristo crucificado vistan tu vida y que nada te moleste para darlas a conocer a los demás, pues por algo, eres bautizado y por ellos estás unido a Cristo Jesús. No lo olvides.

 

SAN PEDRO Y SAN PABLO

    Este Domingo por deseo  del obispo celebramos esta gran solemnidad, cosa que como sabéis no ocurre cuando se trata de Santiago patrón de España. 

    Las Escrituras hoy nos muestran tres efectos beneficiosos que la fe produce en nosotros. 

    El primero: Liberación. La existencia humana es muchas veces una cárcel. Pues con facilidad nos encerramos en una espiral de odio y de egoísmo. De modo que ambos marcos de existencia nos esclavizan, haciéndonos vivir como infelices en vez de como personas dichosas. El egocentrismo y la agresividad transforman la vida en una cámara de tortura para uno mismo y para los demás. El paso de los mensajeros de Dios por nuestra vida, nos sacan de esa mazmorra. Y nos abre a la vida de la verdadera libertad que es el amor. Y liberados de la esclavitud entonces, resplandecemos con un gozo infinito. Ese es la diferencia entre amar y desamor. Amor es libertad existencial. Desamor esclavitud destructiva.

    El segundo: Fortaleza. Las ansiedades muchas veces nos persiguen, vienen anejas a múltiples situaciones límite. Y la cobardía nos ronda hasta asfixiarnos. No puede hacerlo. Pero su sola amenaza nos infunde ese colapso respiratorio. La presencia de Dios en nuestro vivir diario, nos infunde la fortaleza de espíritu, para no hundirnos en nuestra angustia, sino para reaccionar ante los problemas asumiéndolos más como retos que como amenazas. Su palabra divina rompe esa espiral inoperativa en que nos sumerge la ansiedad y nos rescata de la parálisis que el miedo inocula en nosotros.

    El tercero: la esperanza. El amor es más fuerte que la muerte. Cuando una persona pasa a nuestro lado amando. Cuando consagra toda su vida al servicio de los demás llegando incluso al sacrificio, puede esperar la corona de gloria que le aguarda. La muerte para esa persona no será nada. Sino simplemente, alcanzar la meta de su vida. 

    Pero el texto nos muestra una verdad clarificadora a todos. Estos efectos solo se producen en quienes viven una vida cristiana practicante. Pero el cristianismo no practicante no alimenta la fe, y su anorexia, la debilita hasta el extremo de hacerla inoperativa o incluso anularla. La vida cristiana practicante no es una realidad inerte. Lo contrario si no lo es, al menos lo parece o está muy cerca de serlo. 

    Así que si quieres experimentar estos efectos descubre que es ser cristiano en espíritu y en verdad y para ello escucha el consejo que se te da en el Evangelio. Confiesa tu fe en Jesucristo, como el mesías, el Hijo de Dios vivo, tras escuchar su palabra. Pues sin escucharla ¿en qué creerás si nada sabes más allá de tus ocurrencias?. Se una roca viva de la Iglesia que la cimente y sostenga, porque huyendo de la Iglesia no permaneces vivo al amparo de tus hermanos, ni vinculado a Jesús que es nuestra viña y nosotros sus sarmientos. Huir de la Iglesia por los conflictos o las dudas, no es el modo acertado de proceder porque eso es como decidir irte a vivir a la luna, tu solo, donde las condiciones de vida son imposibles o muy difíciles si no es con una cobertura adecuada. Si tienes dudas resuélvelas. Si hay conflictos, crece, y afróntalos. Y no decidas quedarte sólo nunca, porque nadie es nada, separado de los demás. Por último, usa las llaves que Dios te ha dado, para cambiar el mundo, abre y cierra puertas, para que el Reino de Dios pueda acontecer. Implícate en cambiar la faz del mundo. Tras los pasos de Jesús, como hicieron Pedro y Pablo. Sin hacer nada, nada lograrás. Los brazos cruzados no cambian el mundo. Un cristiano de verdad, un modelo de cristiano, se ajusta a estas tres pautas, con las que Jesús describe a Pedro. 

    Así que si quieres disfrutar de lo bueno que la fe te regala cristiano: ¡Ya sabes el camino!¡Tómatela en serio!.

 

CORPUS CHRISTI

    Misa es una palabra que procede de la palabra “misio”. O sea que de la Misa siempre brota una misión. De modo que en este día del Corpus descubramos las tres misiones que las Escrituras nos proponen a los que celebramos hoy la misa. 

    La primera la muestra el libro del Génesis. Melquisedec, un sacerdote anterior a Moisés, no ofrecía sacrificios animales. Sino pan y vino. Dos productos que no existen tal cual en la naturaleza. Son fruto de lo que recibimos y de nuestro esfuerzo e ingenio. El pan es alimento para todos y el vino alegría para los corazones. Esa es su ofrenda a Dios. Así que nuestra misión es convertir nuestra existencia en una ofrenda agradable a Dios que beneficie a los demás, haciendo uso de nuestro esfuerzo y nuestro ingenio. Porque todos somos sacerdotes como Melquisedec, dado que estamos unidos a Cristo por el Bautismo. El amor convierte nuestra vida en una ofrenda agradable a Dios y a los demás.

    La segunda misión la muestra la carta a los Corintios. Hacer memoria de Jesús, de su entrega por amor hasta derramar su sangre. Celebrar a Jesús. Alimentarnos de su amor hecho palabra y pan de vida. Sin liturgia no es posible vivir la vida cristiana. Sin Eucaristía es imposible vivir para un cristiano. Tanto como si un ser humano quisiera vivir sin alimentarse a diario. Así que alimentarse de su amor es fundamental, haciendo memoria constantemente de Jesús, como una tradición inevitable e ininterrumpida. Esta es nuestra segunda misión.

    La tercera misión la ofrece el Evangelio de Lucas. Sin colaborar con Jesús en su ministerio sus efectos disminuyen. El prodigio de la multiplicación de los panes requiere de nuestra manos, para que sean muchos, los que puedan recibirlo en sus corazones. Nuestra colaboración multiplica exponencialmente su amor permitiendo que llegue a muchos que de lo contrario no lo conocerían. Somos libres. Dios no suspende nunca nuestra libertad. Por eso nuestra colaboración es necesaria si nuestra libertad ha de ser salvaguardada. Nosotros podemos convertir el amor de Jesús en una reacción en cadena que afecte a multitudes. Eso debe ser la Iglesia en medio del mundo. Así que esa es nuestra última misión hoy.

    La misa es una misión constante y permanente. Embárcate en ella. No lo olvides nunca. 

 

SANTISIMA TRINIDAD

    Cuatro lecciones alumbran el misterio de Dios para nosotros en este día. Las Escrituras hoy nos ayudan a descubrirlas. 

    La primera la ofrece el libro de los proverbios. Dios está en el todo y en la parte. Y en eso es totalmente distinto de nosotros. Porque los humanos estamos sumergidos solo en la parte. Sujetos al enfoque de nuestras circunstancias. Y eso nos impide ser conscientes de todos y cada uno de los detalles que componen nuestro mundo. Para Dios no existe el caos. Pues su mirada abarca el ayer, el hoy y el mañana. Y el tejido de los acontecimientos se torna ante sus ojos un cosmos soprendente. Mas, eso no significa en absoluto, que seamos meras marionetas en sus manos, dado que ante Él somos verdaderamente libres. De hecho este universo solo encuentra razón de existir como un lugar fuera de Dios para que nuestra libertad pueda acontecer. Sin esta gran verdad el cristianismo carece de sentido.

    La segunda lección la ofrece el Evangelio de Juan y el final de la Carta a los Romanos. Cuando Jesús habla de Dios nombra al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo de un modo habitual y natural. Es su forma de hablar de Dios la que confronta con el dios monolítico y aburrido de la visión que los judíos tienen de él: un dios solitario y colérico. Para Jesús, en cambio, Dios es una familia amorosa. Un diálogo permanente. Un amor que circula y que porque le place, sin necesidad alguna, se comparte con otra gran familia: el universo. Pongamos el ejemplo para entenderlo de un sistema de regadío. El Padre sería el pantano. El Hijo el canal que surge del pantano. Y el Espíritu Santo el agua viva que nos llega a cada uno de nosotros. El sistema de distribución de aguas es uno. Con tres factores bien diferenciados que sin embargo el uno separado del otro no tienen sentido porque sin estar unidos, el agua no llega a donde debe. Otro ejemplo nos ayudará a entenderlo aún mejor. Cuando amamos, yo pienso con amor de ti. Y eso me lleva a sentir emociones afectuosas por ti. Y movido por ellas, mis palabras y mis actos, te expresan mi cariño y mi simpatía, y la alegría que me produce verte. Y eso tiene un efecto. Te contagio mi amor a tí. Y a partir de ahí se produce entre nosotros una reacción en cadena. Todo pasa en un instante. Ese es el proceso del amor. Que es uno y está articulado por tres dimensiones distintas: mente, corazón y conducta. Pues bien: El Padre es el amor que piensa. El Espíritu Santo es el amor que siente. El Hijo es el amor que actúa, se expresa y enamora. Nosotros somos el suejo de ese amor que se comparte. Y si nos enamoramos de Él, respondemos con fe a su amor. Porque el amor y la fe siempre van de la mano. El amor puede estar sólo, gozando plenamente de sí mismo. Es lo que hacemos cuando soledad practicamos algo que nos gusta particularmente. Gozar de nuestro íntimo contento. Pero también puede compartirse con otros y establecer un nexo gozoso con ellos, aún mayor. Dios hace las dos cosas. Se complace y nos enamora. Dios es un amor que se derrama. Por eso el Espíritu viene a nosotros. Porque es el momento en que Dios según lo que te he indicado nos contagia con su amor. Y lo hace sin necesidad, porque le place, de forma gratuita.

    La Carta a los Romanos da un paso más. Nos ofrece una tercera lección. Dios es fuente de resiliencia. Como la definen los espertos: “es la capacidad de hacer frente a las adversidades de la vida, transformando el dolor en fuerza motora para superarse y salir fortalecido de ellas”. El apóstol Pablo lo expresa con gran certidumbre: La fe en Dios Padre que resucita a su Hijo Jesús de entre los muertos vivificándolo con su Santo Espíritu, engendra en nosotros, una esperanza contra toda esperanza, que gesta una enorme fortaleza en medio de los sufrimientos, y que a su vez genera la paciencia necesaria para soportar cualquier tribulación. Prefiero esta traducción a la que los leccionarios actuales en mi opinión no aciertan a comunicar correctamente. No es cualquier “dios” el que genera esta resiliencia. El Dios de Jesucristo sí lo hace.

    Por último la cuarta lección que se nos ofrece brota de estas tres lecciones anteriores. Es preciso distinguir entre Dios y nuestra visión de Dios. Pondré varios ejemplos. Una visión de Dios equivocada puede concluir que la historia y Dios son una sola cosa porque Dios está en el todo y en la parte. Si bien eso anularía nuestra libertad y haría imposible que entre Dios y nosotros se estableciese una relación de amor. La providencia no anula la libertad de nadie. Pues si no es consentida en nuestra vida, Dios se queda a la puerta llamando, ya que Él, nunca viola la libertad de nadie. Por eso la predestinación, tal y como la entienden algunos, es un craso error. Otro caso sería discutir (como así hacemos ortodoxos y católicos) si el Espíritu viene del Padre por el Hijo, o del Padre y del Hijo. La idiotez de los teólogos ineptos puede ser impresionante. ¿Qué más da decir que el agua viene del pantano por el canal o del pantano y del canal?. Sin pantano no hay agua. Sin canal tampoco. Y sin agua de nada sirve ni el pantano, ni el canal. El sentido común evitaría muchas discusiones teológicas cercanas a descifrar cual es el sexo de los ángeles. El último ejemplo que propongo sería afirmar que Dios crucifica gente y que solo cabe resignarse. Valdría la pena ser fuerte y paciente, pero ¿Como serlo sin esperanza? ¿Y como tenerla si tuviesemos que poner nuestra fe en semejante monstruo que pretende crucificarnos? Estas visiones equivocadas de Dios son fuentes constantes de ateísmo para muchos. 

    Nuestra visión de Dios, es decir nuestro “teismo” (que no el Dios verdadero), nos puede alejar del camino que lleva a la vida en plenitud. No vale cualquier Dios si se pretende como indican las Bienaventuranzas, ser dichoso en la vida. Así que es fundamental hermanos que conozcamos con acierto cual es el Dios que nos ama y se nos ha dado a conocer. No el que nosotros hemos diseñado o construido con nuestras culturas religiosas. Hasta ahora sólo uno ha dicho con atrevimiento: “El Padre y Yo somos Uno”. Y eso le costó la vida. Ese no lo buscamos nosotros ni lo inventamos, Él vino a nosotros, al precio de su vida, y se llamaba Jesús el Cristo. No lo olvides nunca hermano cristiano. 

 

PENTECOSTES

    Si la Iglesia quiere ser una Pascua Eterna debe vivir siempre en sintonía con el Espíritu Santo. Pues sin esta comunión constante es imposible ser una Pascua Sagrada, abierta, en medio del Mundo.

    Ya lo decía Benedicto XVI a un periodista. Aquel le preguntó: ¿Santidad entonces a usted lo ha elegido el Espíritu Santo? Y el Pontifice le contestó: “¡No! A mi me han elegido los cardenales, ahora yo tendré que entenderme con el Espíritu Santo”. 

    Así que ¿cuando sabemos que la Iglesia se entiende con el Espíritu Santo?. La Palabra del Señor hoy nos permite responder a esta pregunta.

    La Iglesia se entiende con el Espíritu Santo cuando habla al Pueblo en su lengua, para que entendiendo, pueda participar en el misterio de la Salvación y así verse santificado, y por ende, glorificado. Si la liturgia, las Escrituras y las oraciones, se expresan en lenguas muertas que ya nadie, o muy pocos, comprenden, entonces la Iglesia no se entiende con el Espíritu Santo.

    La Iglesia se entiende con el Espíritu Santo cuando no aprueba ni promueve que la Creación sea maltratada por la humanidad. Porque en su más mínima expresión es el Espíritu de Dios quien alienta. Luego, la Iglesia si se calla ante, o si apoya, modelos socioeconómicos que envenenan y matan el mundo no se entiende con el Espíritu Santo, fuente de toda vida.

    La Iglesia se entiende con el Espíritu Santo cuando no es presa del clericalismo que desprecia los innumerables dones y carismas que éste ha derramado sobre su Pueblo Santo. El laicado no es un mero espectador. Tampoco es una especie de invitado de piedra, ajeno a los misterios que se celebran que sólo son cosa de los clérigos qué: o les dan la espalda, o se encierran en un armario o tras una reja, o ponen tales barreras de candelabros y de cruces desorbitados, que impiden que el pueblo vea al Santísimo. Y al Santísimo le impiden poder ser visto por su pueblo, porque es sólo para el clero, que en su egoncentrismo narcisista es incapaz de comprender el sentido del “por vosotros” que brota de los labios de Cristo. Si la Iglesia entiende que los laicos deben estar en acción, y que toda acción en la Iglesia, es para que ellos puedan alcanzar la vida eterna, la Iglesia se entiende con el Espíritu Santo. Si la Iglesia cree que los laicos son un grupo de adoratrices del clero, entonces no es así. 

    La Iglesia se entiende con el Espíritu Santo cuando por miedo no tiene las puertas cerradas al mundo. La Iglesia se entiende con el Espíritu Santo cuando se presenta ante el mundo y le dice: “Paz a vosotros”. Porque la Iglesia está puesta para salvar al mundo de sus pecados. La Iglesia se entiende con el Espíritu Santo cuando es Salvación y llamada a la Conversión para todos los hombres. La indiferencia ante la suerte del mundo, o la mentalidad que se encierra en un “funesto antimundo”, no es propia de gente que se entiende con el Espíritu Santo. 

    Así que la lección de hoy es muy sencilla de comprender: cuando la Iglesia se entiende con el Espíritu, ella es Sal de la tierra y Luz del Mundo, y cuando no,…, es otra cosa muy distinta, que ni ilumina, ni sirve para nada.

 

ASCENSIÓN

    La Ascensión es la otra cara de la Resurrección. Pues al resucitar entramos en una nueva dimensión de la existencia. Adquirimos un nuevo ser. Pues gracias a Cristo, somos transfigurados y nuestras vidas se revisten de la gloria de Dios. Es evidente que semejante destino es del todo irrealizable en un universo finito y mortal como el nuestro. De modo que resucitar supone ascender a un nuevo estadio de vida. Es un salto en la Evolución de nuestra condición. Y gracias a este regalo ya no podemos volver a ser como éramos antes de resucitar porque todos los oceanos no caben en un humilde cubo pequeño. 

    De esta manera al entrar por la Puerta de esa existencia, nuestros hermanos que han partido de este mundo, solo pueden relacionarse con nosotros a través del Espíritu Santo. Pues este Espíritu nos hace uno con Cristo resucitado. Nos convierte en miembros de su cuerpo. Y es su amorosa energía la que nos glorifica. Y eso ocurre en nosotros gracias a la misteriosa acción del Espíritu Santo. Este aliento nos colma de esperanza. Y abre nuestros ojos para que comprendamos como nuestros amados hermanos que se fueron de este mundo al Padre, interceden por nosotros sin cesar para que también nosotros alcancemos ese mismo destino glorioso suyo. Ellos viven en Dios allí. Y nosotros, gracias al Espíritu de Jesús, aquí, vivimos en Dios, y sin mediación de los sentidos, entre ellos y nosotros, se establece una hermosa comunión. Así que aunque no lo parezca nunca nos dejan huerfanos. Es la maravilla de la Comunión de los Santos. De modo que podemos decir sin temor a equivocarnos que la Ascensión es la revelación de este nuevo modo de comunión entre ellos y nosotros. 

    Por último la Ascensión supone una Misión. Pues lo que ocurre no sucede para ser callado. Ni para ocultarlo. Los textos hoy lo testimonian muy bien. Es preciso que todo el mundo se entere de que la vida y el amor son más fuertes que la muerte, porque Cristo ha resucitado. Y por medio de su Ascensión nos ha revelado que vida y amor han sido exaltados por Dios por encima de todo, para ser revestidos de su luz. No podemos callar esto porque son muchos los que viven como gente sin esperanza. Y de ese triste modo, vivirán y morirán si no escuchan el Evangelio. Así que anunciar este mensaje, esta buena noticia, ha de ser la gran misión de nuestra vida. 

    La Ascensión es la otra cara de la Resurrección. Porque no revivimos a este mundo ajeno a Dios. Nacemos a la vida divina, esto es en Dios, sin dejar de ser quienes somos, viviendo en comunión con nuestros hermanos para siempre. Resucitar es ascender en el modo de la existencia, ser exaltado a su destino final. No lo olvides. Así que corramos sin descanso hacia esa meta, llevando con nosotros, a todos los que podamos. 

 

VI PASCUA

    Caminar junto al Resucitado supone aprender a vivir de un modo singular. Y son lecciones que se reciben progresivamente. La Escritura hoy nos muestra siete.

    La primera es superar conflictos con el poder de la palabra sin recurrir a la violencia. Creemos que en la Iglesia nunca debe haber conflictos pero estamos equivocados. Desde los orígenes los altercados y las discusiones (“violentas” dice el texto) nos han acompañado y generado controversias. La Iglesia ha sido una suerte de comunión en la disensión. Por eso la palabra “concilio” fué un gran descubrimiento realizado en Jerusalén. Pues tras la discusión hay que conciliar posturas. Hablando se entiende la gente. Esto es lo primero que hoy se nos enseña.

    La segunda lección que recibimos es que nadie debe ser marginado de alabar a Dios por ser de otro pueblo. La catolicidad nos abre a la universalidad. La globalización del amor. Eso es lo que junto a Jesús comprendemos pronto.

    La tercera lección es que no debemos desanimarnos nunca ni desesperarnos ante los retos de la vida y por causa de nuestras luchas al buscar construir un mundo mejor. Pues no caminamos hacia el sinsentido sino hacia la gloria. Y la justicia tendrá la última palabra en la vida. La Jerusalén del cielo así lo proclama a los cuatro vientos. 

    La cuarta lección supone descubrir que somos un templo cada uno de nosotros y todos unidos. Supone descubrir que la luz de Dios nos ilumina. Pues los templos de piedra para nosotros los cristianos no existen. Pues Jesús nuestro Señor es el templo de Dios donde todos hemos quedado insertos en Él como piedras vivas. De este modo es como nos convertimos cada uno en la morada en la que Jesús y el Padre habitan.

    La quinta lección consiste en aprender que si amamos a Jesús tenemos que guardar su palabra. Y su palabra el Domingo pasado nos invitaba a amar como Él nos ha amado. 

    La Sexta lección es nunca sucumbir ante los temblores del corazón, ni ante las cobardías. La Paz es nuestra manera de vivir. Pues si el Resucitado camina con nosotros, nadie, ni siquiera la muerte, podrá contra nosotros.

    La séptima y última lección que se nos ofrece es que al lado de Jesús Resucitado descubrimos que morir es irse con el Padre. Está fe nos permite recuperar la alegría, cuando la muerte de nuestros seres amados sucede. Seguir creyendo tras esa oscura experiencia es básico, si no quieres sumegirte para siempre en la tiniebla. 

    ¿Y como aprendemos estas lecciones junto a Jesús resucitado?¿Quien lo hace posible? El Espíritu Santo, aquel que es enviado por el Padre en nombre de Jesús. Él nos lo enseña todo. Él nos defiende. Y Él es quien nos recuerda a cada instante lo que Jesús nos ha dicho. El Espíritu de Dios nos hace estar siempre en compañía del resucitado. Si Jesús resucitado es la red de redes, el Espíritu de Dios es quien nos engancha a ella de múltiples maneras. Así que no te quedes sin Él, recíbelo: ¡Confírmate!.  

 

V PASCUA

    Evangelizar es vivir la Pascua todo el año. Pues quien evangeliza vive siempre inmerso en la Pascua. La Evangelización es la Pascua en movimiento. La Iglesia no debería ser otra cosa que eso, en todos y cada uno de sus miembros. Pablo y Bernabé son un vivo testimonio de ello. 

    ¿Y cuales son los contenidos del mensaje que transmitimos?:

    + Mantener la Fe de manera perseverante en medio de los avatares de la vida, porque muchas son las dificultades a las que a veces nos enfrentamos, y si perdemos la fe en la vida, nos diluimos en la nada. Por eso el Dios de Jesucristo Resucitado nos revela que la vida merece la pena y está cargada de significados amorosos. Y eso merece la pena transmitirse.

    + Mostrar a todos que el Padre Dios que Jesús nos revela es clemente, misericordioso, bueno con todos, cariñoso con todas sus criaturas, y que cuando conocemos su amor eterno, nuestra vida se convierte en una constante acción de gracias, en una bendición perpetua, en una eterna glorificación de su Nombre porque sus hazañas amorosas resultan sorprendentes. Esto igualmente merece la pena comunicarse. Pues que Dios sea Amor cambia nuestras vidas de irrelevantes en relevantes.

    + Infundir en todos la esperanza de Juan Evangelista que nace de la fe en Jesucristo, para que mirando al futuro contemplen nuestro glorioso destino.  Nos aguarda un cielo nuevo y una tierra nueva. Nos aguarda un banquete de bodas sin final. Nos aguarda la morada de Dios. Nos aguarda que Él acampe con nosotros. Nos aguarda ser su pueblo y que Él sea nuestro Dios. Nos aguarda que Dios esté con nosotros. Y por eso inmersos en su plenitud, nos aguarda ver como Él enjugará las lágrimas de nuestros ojos. Y experimentar que ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Nos aguarda experimentar como Dios lo hace todo nuevo. No nos aguarda la nada y el absurdo del sinsentido. ¿Como no dar a conocer esto a los demás? No hacerlo para un hijo de la Pascua eso es puro egoísmo. No viviremos nunca en Pascua si no superamos el “ma, me, mi, mo, mu”. Evangelizar no es una apetencia.

    + Enseñar a todos a vivir en la gloria. Esto es a glorificarse. Y para ello sólo se precisa amar como Jesús nos ha amado. No basta con amar a Jesús, es preciso aprender a amarnos entre nosotros. Amar mucho a Dios y nada a los demás es vivir una mentira. Recuerdo a un cura mayor diciendo a sus hermanos que estaban criticando a otro: ¡Hermanos ya que no nos queremos, al menos no nos jodamos!. ¡Qué dolor y que tristeza ver que esto ocurre! Yo siempre  me confieso de que no amo a los demás como Jesús me ha amado a mi. Amar es lo máximo. Cuando esto se hace visible en nuestras comunidades, el Reino de Dios resplandece entre nosotros, porque reina el amor en nuestras vidas. Si no nos amamos esto no pasa. Cuando amamos reímos. Cuando peleamos sufrimos. Así que si quieres vivir en la Gloria, ama como Él nos ha amado. Pasarse la vida transmitiendo esto ya merecería la pena aunque como dijo el poeta: “el cielo no esperara”, pues gracias a tu amor hasta el extremo Señor: “lo mismo que te quiero te quisiera”. Ser un testigo vivo de que el amor es lo mejor que existe, junto con la vida, es lo más hermoso que pueda pasarnos según mi opinión. 

    Así que este es el contenido del Evangelio que anunciamos. Lo dicho: Pura Pascua en movimiento. Fe, Esperanza y Amor ¡VIVOS!. ¿Quieres que esto te pase a tí? ¿Quieres ser semilla de nuevas comunidades cristianas? Aliméntate de Cristo Jesús: de su Palabra y de su Pan de Vida, y déjate llevar por su Espíritu. Y como la levadura, con tiempo fermentarás tu parte del mundo. ¡Animo pues!.

 

IV PASCUA

    El mundo tras la Resurrección de Jesús se divide en dos. Los que rechazan la Buena Noticia de que Él vive. Y los que aceptan esa Buena Noticia. Curiosamente no fueron las personas más religiosas de aquel tiempo las que aceptaron el mensaje de Jesús. Sino la gente alejada. 

    ¿Y qué frutos provocó creer en la resurrección de Jesús en aquellos alejados del mundo religioso? Mucha alegría, esperanza en la Vida Eterna, Salvación, presencia viva del Espíritu Santo, glorificación, superación de la gran tribulación, blanqueo de sus corazones, acceso a las fuentes de aguas vivas, donde Dios enjuga las lágrimas de sus ojos, saber que no pereceran para siempre y que nadie podrá arrebatarlas de la mano amorosa de Dios. La verdad es que después de oir estas cosas cuesta trabajo pensar que haya gente que se empeñe en rechazar semejante oferta. Pero por desgracia, el ser humano es muy capaz de tomar decisiones que brotan de la necedad y la torpreza. 

    ¿Y como se puede llegar a creer en esta buena noticia que te cambia la vida para bien? Escuchando su voz. Conociéndolo. Amándolo. Y siguiendolo. Llegando a ser uno con Jesús, como Él es uno con el Padre. Porque el cristiano sabe que si Jesucristo es sacramento del Padre, del mismo modo, nosotros, nos convertimos en sacramento de Jesucristo para el mundo cuando lo creemos, no unimos a él por los sacramentos y amamos como el nos amó. En definitiva llegamos a creer, rondando a Jesús. Aunque a veces no acabemos de entenderlo. Sin que sepamos como, su semilla germina poco a poco, imperceptiblemente en nuestro interior. El trato con el Buen Pastor Jesús termina enamorándote de su voz. 

    Así que ¿de qué grupo quiero ser yo? De eso va este cuento. Y esa es la pregunta que hoy se nos hace. ¿Quieres ser uno con Jesús? ¡Escucha su voz y el te inundará con su Santo Espíritu!.  

 

III PASCUA

    Sin amar a Jesús es imposible ser su seguidor. Porque el afecto por el resucitado es el que mueve nuestro mundo interior.

    La Palabra de hoy lo prueba. Hechos de los apóstoles nos enseña que sin amar a Jesús por encima de todo es imposible desafiar a los poderes de este mundo. Incluso a sus poderes religiosos. Cuando amas a Jesús obedeces a Dios antes que a los hombres. Incluso aunque ello te lleve a oponerte de plano a los poderes religiosos de este mundo. Cuando amas a Jesús te vuelve valiente. Pues sin valentía es imposible ser su seguidor. Es más su amor provoca que los sufrimientos anejos al hecho de seguirlo se vuelvan para ti causa de alegría. Este contrasentido es imposible de entender sin el amor decidido por Jesús.

    El salmo nos muestra que cuando vives enamorado de Jesús toda tu vida se convierte en una hermosa acción de gracias constante.

    El Apocalipsis nos descubre que es imposible adorarlo, participar con verdad en la liturgia, sin amar a Jesús en espíritu y en verdad. Esa es la razón de que muchas liturgias de la Iglesia sean tan deslucidas. Dado que mucha gente participa en ellas no por amor a Jesús sino porque toca, porque es un precepto. Con las leyes y el derecho se ha pretendido corregir la falta de amor por Jesús resucitado. Y eso no funciona.

    El Evangelio de Juan nos demuestra que el apostolado sólo se ejerce bien cuando nace del amor por Jesús. Sin amarlo, sin quererlo es imposible apacentar sus corderos, es imposible no cansarse de echar las redes. Ser apóstol por mero profesionalismo o por la búsqueda ególatra de uno mismo no te permite ser luz del mundo ni sal de la tierra. Te hace oscuro. Te vuelve soso. Sólo es posible soportar el dolor de dejarte arrastrar a donde no quieres ir si el amor por Jesús es el que mueve tu vida.

    Así que si quieres ser un seguidor de Jesús ámalo, quiérelo con toda tu alma. Para eso tendrás que conocerlo muy bien. Hacerte un especialista de Él. Sólo entonces, si lo conoces bien lo amarás y sólo entonces lo seguirás. Ese es el camino verdadero: este amor. No hay otro.

 

II PASCUA

    No tengáis miedo. Son las palabras de Jesús. No temas, San Juan lo oye alto y claro en Patmos. El miedo nos acompaña desde siempre. Es la consecuencia de haber sido presas durante muchos siglos. Esto se entiende perfectamente cuando descubrimos que en Murcia, concretamente en Sierra Espuña, teníamos de vecinos a los osos pardos y a los lobos. No siempre fuimos los reyes de la tierra. Por eso nuestro cerebro mantiene nuestra mente en permanente movimiento para reaccionar ante cualquier estímulo peligroso. Que nuestra mente sea la loca de la casa, está escrito en nuestros genes. 

    Tenemos miedo del mal que los otros nos pueden hacer, por eso los discípulos de Jesús tenían las puertas cerradas, y muchos no se les aproximaban por temor a las represalias. Tenemos miedo del sufrimiento en forma de enfermedades y por ello Pedro tenía a tantos a su alrededor esperando ser curados. Tenemos miedo de lo divino, como Juan, nos muestra en el apocalipsis, porque sabemos que es el totalmente otro y no podemos controlarlo. Las religiones en gran medida son inventos humanos para tener contentos a los dioses y así evitar sus castigos. Tenemos miedo de la muerte porque conlleva nuestra destrucción. 

    Jesús resucitado, el viviente, el que estuvo muerto y ahora vive por los siglos, el primero y el último, nos dice con rotundidad: No temas. No hay razón para temer siempre a los demás porque no es necesario que nos hagan daño. De hecho muchos se unían a la comunidad cristiana y no querían destruirla. No hay razón para pensar que el sufrimiento tiene la última palabra en la vida, y por ello, nos insta a remediarlo siempre con todas nuestras fuerzas, por encima de nuestros miedos. No hay razón para temer a Dios porque es amor y lo que desea es salvarnos y no destruirnos. Su afán es divinizarnos. Serlo todo en cada uno de nosotros, serlo todo en todos. No hay razón para temer a la muerte porque Jesús la ha vencido para siempre, convirtiéndola no en nuestra destrucción sino en nuestra transfiguración por medio de su Santo Espíritu. 

    Así que nos invita a no dejarnos apresar por la percepción del miedo que genera en nosotros sentimientos angustiosos que se traducen en ansiedad física. Su deseo es colmarnos de paz. Paz a vosotros. Ese es su saludo y su deseo para todos. El resucitado cambia nuestra percepción de criaturas que se siente amenazadas por todo y por todos.

    ¿Como alcanzar la paz? Creyendo en su palabra aunque sea sin ver ni tocar. Esa es la fuente de toda dicha. El manantial de la bienaventuranza. La fe en Jesús resucitado cambia nuestra percepción del mundo. ¿Pero y si como Tomás no somos capaces de creer lo que no vemos? ¿qué podemos hacer? No abandonar la comunidad de los amigos de Jesús. Frecuentarla. Unirnos a ella en el Domingo, para escuchar su palabra, leyendo sus escritos. De este modo, antes o después, como Tomás, nos encontraremos con Jesús resucitado que nos iluminará el corazón y encenderá en nosotros la llama de la fe. Entonces todo cambiará. Ese día tendremos vida en Él. Así nos ha pasado a todos, y así puede pasar con cualquiera. Ese es el camino. 

    Así que si tienes miedos, no lo olvides, si quieres superarlos no te apartes nunca de los testigos de que Él, está vivo y resucitado. Mantente unido junto a los que han visto al Señor. Terminarás por contagiarte de su mismo gozo. Te contagiarán su nueva percepción de todo. Su palabra viva y resucitada siempre da fruto. Es viva y eficaz, y nunca pasará. Su Palabra es la puerta para que su Espíritu entre en comunión contigo y te inhabite. Entonces descubrirás lo que es la paz más allá de todo miedo.

 

DOMINGO DE PASCUA

    ¿Hermanos que es la Resurrección? Los textos nos lo enseñan en este hermoso día con todo lujo de detalles.

  1. La Resurrección es la Evolución de nuestro ser para disfrutar de un bien cada vez mayor.
  2. La Resurrección es la Salvación de los hijos de Dios y su multiplicación para que el gozo se torne universal.
  3. La Resurrección es la Liberación de la esclavitud de un mundo sin Dios o con ídolos falsos, que siempre amarga y decepciona.
  4. La Resurrección es el Desposorio cariñoso con Dios sin temores que impidan disfrutar en paz de su amor eterno.
  5. La Resurrección es que Nuestra sed de infinito será saciada, con que nuestra libertad consienta: creyendo en Jesús, esperando en Él y amándole siempre.
  6. La Resurrección es el fruto de la sabiduría del Evangelio que nos hace brillar gozosos y dichosos para nuestro Dios.
  7. La Resurrección es nuestra reunión con todos los amados, nuestra purificación de la levadura vieja, nuestra renovación del corazón humanizado y por todo ellos es la manifestación de la Santidad del nombre del Señor, que se muestra infinitamente misericordioso.
  8. La Resurrección es la  fructificación de nuestro Bautismo, para que vivamos  para siempre en Dios: la Resurreccion es nuestra divinización definitiva. Por la que Dios lo será todo en todos.
  9. La Resurrección es un relámpago, un instnte luminoso que provocará un encuentro con Jesús que nos llenará de alegría y nos liberará de todo miedo. Ese día nadie nos podrá quitar esa alegría.
  10. La Resurrección es un acontecimiento que no suspende nuestra libertad pues podemos decidir o no creer en él. Dado que todo se desenvuelve con tal intimidad que nadie perderá su capacidad de optar por uno u otro camino, con la misma gracia como nos decidimos en corresponder o no a un amor que se nos ofrece gratuimente y sin resultar jamás invasivo. Obedecer no es fastidiarse obedeciendo a un tirano irracional, sino decidir por amor unir los destinos con quien sabes que te ama hasta el extremo. Y eso sin libertad absoluta es imposible de vivir.
  11. La Resurrección es la entrada en la Gloria de Dios, porque la nada no es nuestro destino último.
  12. La Resurrección es descubrir que los sepulcros están vacíos. Es no buscar entre los muertos a los que están vivos. Y eso para los que aman lo es todo.
  13. La Resurrección es entender el significado de las Escrituras: que la cruz (o sea el mal, el sufrimiento y la muerte), ha sido vencida para siempre.

    Así que ¿como no decir alto y claro para todos los que creemos en Cristo ¡FELIZ PASCUA!? Así que hermanos es la Pascua Sagrada, verdaderamente Cristo ha resucitado ¡Aleluya! Que la alegría desbordante de nuestra comunidad cristiana lo grite a los cuatro vientos: ¡CRISTO VIVE!. No tener FE en esta Buena Noticia es no amar la vida, es negarse a reconocer que la vida es buena, verdadera y bella. ¡ALELUYA!.

 

VIERNES SANTO

    ¿Que es ser Hijo de Dios? La pregunta hoy es pertinente porque es la causa de que a Jesús le cueste la vida. ¿Tan grave es el delito para que suponga padecer una muerte tan horrible?.

    La respuesta es simple y sencilla, cuando se lee el prólogo del Evangelio de San Juan cuya pasión acabamos de proclamar. Ser Hijo de Dios es ser Luz frente a las tinieblas. 

    ¿En que consistió ser luz para el Hijo de Dios  llamado Jesús? Fundamentalmente en amar hasta el extremo. Eso se percibe en el hecho de que Él aceptó morir por el bien de todos sin merecer en absoluto dicha muerte. Ese el significado de la palabra expiación, tan del gusto de Isaias. Jesús se ha compadecido de todos y ha sufrido angustia con tal de salvarnos. Jesús nos ha salvado a los suyos a costa de su vida, para que ninguno de los que le han dado se pierda. Ha dado su vida. Ha dado a su madre. Ha dado a su discípulo amado. Ha dado su sangre. Ha dado su cuerpo y sus huesos sin fracturar. No ha luchado. No ha contestado a los burlones. Ha sido fiel a la verdad. No se ha callado el mensaje del que era portador por el bien de todos. No ha sido un rey de este mundo, no ha venido a declarar guerras. Él nos ha dado la paz. Nos ha dado su amor hasta el extremo, el amor que no merecíamos, y eso lo ha convertido en alguien luminoso. Esa es su Luz. La luz que vence a las tinieblas que lo han rodeado por los cuatro costados, como la pasión acaba de testimoniarnos. Obedecer para Jesús no es plegarse a los mandatos de la clase sacerdotal y poderosa de su tiempo, sino amar como Dios Padre ama a riesgo de su vida. Para ser Hijo de Dios hay que ser fuerte y valiente de corazón. Hay que confiar tu vida a las manos del Padre como Él lo ha hecho.

    Ser Hijo de Dios no es crear espanto con nuestras acciones, no es desfigurar a los hombres, no es cerrar la boca ante la injusticia, no es actuar de modo inenarrable, inaudito. Ser Hijo de Dios no es desfigurar la belleza del hombre con nuestros actos, no es provocar que el aspecto de un ser humano nos resulte repulsivo. No es despreciar y evitar a los hombres. Ser Hijo de Dios no es colmar al hombre con dolores y sufrimientos. No es desestimar a nadie. No es considerarlo leproso. No es herir, humillar, traspasar, triturar a los demás con nuestro crímenes. Ser Hijo de Dios no es castigar sino curar. No es ser indiferente ante el error ajeno. No es ser un criminal. Ser Hijo de Dios no es maltratar, ni humillar, ni tapar la boca de nadie. No es enmudecer al otro. No es dejarle indefenso, tratarle con injusticia. No es arrancar a nadie de la tierra de los vivos. No es herir a los demás. No es ser malvado. No es tratar como malhechor al inocente. No es engañar. No es hacer de los demás chivos expiatorios. No es cargar al otro con mis crímenes. Ser Hijo de Dios no es burlarse de los demás, no es convertir al otro en una pura irrisión. No es escapar del otro. No es olvidarte del otro. No es convertirlo en un cacharro inútil. Ser Hijo de Dios no es probar al otro, no es hacerle gritar, no es hacer verter lágrimas, no es hacerle vivir en angustia. Ser Hijo de Dios no es tratar a los demás como hemos tratado a Jesús según la Pasión nos testimonia.

    Así que amigo el Viernes Santo hoy nos pregunta a todos: ¿Y tú que quieres ser?¿Quieres ser Hijo de Dios? ¿Quieres ser luz o quieres ser tinieblas?.

    Todos quisiéramos decir hoy que queremos ser luz, que queremos vivir como Hijos de Dios. Pero nos acordamos de Pablo en la carta a los romanos. Vemos el bien que queremos pero hacemos el mal que no queremos. ¿Quién nos podrá salvar de esta condición contradictoria que vivimos?. Para responder aquí debemos volver nuestro ojos a Juan, el discípulo amado. Pues él vive entre dos seres luminosos: María y Jesús. A María la recibe en su casa. Y sobre el pecho de Jesús se reclina con amor. Y como los novios de Caná experimenta que su acción conjunta vuelve el agua de su inhumanidad en sabroso amor como el vino nuevo, que es más delicioso que el del principio. 

    Así que amigos eso haremos todos hoy. Ponernos bajo el amparo de María y de Jesús, para solicitarles que nos conviertan en Hijos de Dios, en Luz que vence a las tinieblas. Esa será nuestra humilde petición en este lluvioso día de Viernes Santo. 

    Quiera Dios que nuestros dedos y nuestros labios curen las heridas de los crucificados con amor. Porque Él hoy nos suscita esa ternura. Pues Jesús puso amor donde no había amor, y amor de nuestros pechos es lo que ha sacado. Así que no temas quedarte solo ante Él. Como el Buen Ladrón usa esa soledad para dialogar con Él de modo que pueda cambiar con su ternura tu corazón de piedra, en un corazón de carne. Así no hará falta llamar a la ambulancia porque el Señor tiene “buba”, como dijo una niña chiquitita al mirar al crucificado. Pues tu amor será la medicina que cure sus sangrantes heridas. Visto así el Viernes Santo no es horrible sino la jornada más bella que han visto los cielos. Medita cristiano la enorme hermosura de este día y aprende a amar siempre, hasta el extremo.

 

JUEVES SANTO

    ¿Por qué un cristiano debe participar en la Misa? Y además ¿por qué han de existir los sacerdotes cristianos?. A estas dos cuestiones responde hoy la Palabra de Dios. 

    El libro del Exodo nos da la primera respuesta: nos invita a comer, a alimentarnos para resistir el camino hacia la tierra de promisión, o sea, para nosotros, el Reino de Dios.  Como las madres y padres han dicho siempre a sus hijos pequeños, viene a decirnos: ¡Come niño que te hagas grande!. Es más nos insta este libro a marcar nuestra vida con la señal de Cristo para que el exterminador pase de largo y no nos destruya. Si escuchamos su Palabra y si comulgamos, Jesucristo nos habita, y donde el sol está nada puede la noche. Por tanto la misa nos alimenta y nos fortalece. No participar en ella sumerge nuestra Fe en una peligrosa anorexia. Sin Palabra y sin Pan de Vida, cualquier exterminador podrá con nosotros. 

    El Salmo nos ofrece la segunda respuesta. Si somos bien nacidos, es necesario ser agradecidos. En la misa damos gracias por Jesucristo. Por Cristo, con Cristo y en Cristo al Padre damos gracias movidos el Espíritu Santo. Alzamos por Él la copa de la Salvación e invocamos su Nombre. En la Eucaristía celebramos a Jesucristo que hoy se nos hace Palabra y Pan de Vida Eterna. Así que no participar en ella nos lleva a vivir como si no necesitásemos celebrar a Jesucristo y para un cristiano verdadero eso es imposible.

    Pablo nos muestra la tercera respuesta. Es importante mantener esta tradición que ya tiene 21 siglos. La tradición de hacer memoria de Jesús. Los hebreos cuando confesaban su fe recordaban al Señor que los había liberado de la esclavitud de Egipto. Nosotros hacemos memoria del gran amor salvador que Dios en Jesucristo nos ha manifestado. El ha dado su vida por nosotros, la ha entregado, ha derramado su sangre. La memoria nos hace revivir siempre lo que hemos vivido. Y nosotros no olvidamos amor semejante a ese. En ese amor vivimos, nos movemos y existimos. Por eso cuando no participamos en la Eucaristía condenamos a Jesús al olvido. Y eso es propio de los que lo quisieron matar, pero no de los que decimos seguirlo. Su memoria nos pone siempre en pie y en camino como sus seguidores. 

    Juan en el Evangelio nos indica la cuarta y última respuesta. Al celebrar la Eucaristía aprendemos a amar a los demás como Jesús nos ha amado. Pues cuando contemplamos su amor hasta el extremo, entendemos que nosotros debemos amar de esa misma manera. No hay servicio verdadero al otro sino amamos de esa forma. El cristianismo es una historia de amor hasta el extremo. Y la Eucaristía es ese amor vivo hoy entre nosotros. Muchos odios y egoísmos se destruyen al participar en la fracción del Pan de Vida. La Palabra de Jesús y su cuerpo, con el que entramos en comunión, nos vuelve otros Cristos hoy. Somos lo que comemos. De modo que al alimentarnos de Cristo, uno nos hacemos con Él. Y Él se hace uno con nosotros. De modo que ya no seamos nosotros quienes vivimos, sino que sea Cristo el que vive en cada uno de nosotros. Al no participar en su Santa Cena, nos privamos de renacer en el amor fraterno a cada instante. Pues dejamos de estimularnos para amar como Él nos ha amado.

    Así que ya sabemos porque es fundamental para un cristiano celebrar la Eucaristía. Y además entendemos por qué son necesarios los sacerdotes cristianos. Porque ellos hacen posible que esa celebración se realice, de modo que todo el pueblo de Dios pueda alimentar su fe con estos sagrados misterios. Los sacerdotes sirven al Pueblo Santo de Dios prestando entre otros, este servicio maravilloso que obra el prodigio de que todos los cristianos puedan santificarse.

    Así que a misa no se va cuando “apetece”. Beber agua no es una apetencia, es una necesidad. Comer no es un capricho, es condición obligatoria si queremos vivir. ¡Cristianos despertad!¡Nunca podréis vivir sin Eucaristía y sin Sacerdocio! No lo olvidéis nunca. Pues sin ellos vuestra vida cristiana se volverá raquítica y no será posible que podáis vivirla adecuadamente. Está es la gran enseñanza del Jueves Santo.

 

DOMINGO DE RAMOS

    ¿Como ha sido tratado Jesucristo? Ha sido traicionado con un beso. Ha sido incomprendido por todos. Ha sufrido angustia en soledad. Ha sido prendido como un bandido. Ha sido negado por los suyos. Se han burlado de Él. Lo han golpeado. Ha sido insultado, acusado de rebelde y blasfemo. Un auténtico hereje subversivo. Le han considerado alguien que solivianta con su enseñanza. Ha sido interrogado con acoso. Ha sido despreciado. Considerado un alborotador. Ha sido imputado siendo inocente. Se lo ha convertido en un escarmiento. Por ello ha sido azotado. Se le ha gritado. Ha sido entregado a la arbitrariedad de la masa enfurecida. Ha sido testigo de los lamentos y los llantos de las mujeres, quizás de los de su misma madre. Ha sido considerado un malhechor. Es tratado como una amenaza por su pueblo. Lo han desnudado arrancándole la túnica lujosa que Herodes le regaló para humillarlo y así poder sorteársela. Le han dado vinagre para beber. Lo han insultado. Le han retado estando clavado en la cruz. Lo han asesinado sin clemencia. La injusticia con que lo han tratado ha sido patente hasta para un centurión romano. El espectáculo ha sido tan vergonzoso que las gentes han regresado golpeándose el pecho. Lo han sepultado, condenándole al olvido. Y han preparado ungüentos y aromas para enterrarlo bien, porque mientras estuvo vivo nunca supo lo que era ser tratado de una manera humana. Nuestra inhumanidad fue su único premio. Crucificándole, así lo hemos tratado.

    ¿Cual ha sido el motivo para tratarle así? No se ha callado nunca. Si Él o los suyos lo hubiesen hecho, hubieran gritado las piedras. Él no podía dejar de decir las palabras de aliento al que sufre, pues su Padre se las ha revelado al oído, aunque eso supusiese su sufrimiento y muerte. Lo ha hecho como un hombre cualquiera al que hubo que entregar con un beso, porque no se distinguía por sus ropas ni por sus afeites, sino por su modo de amar y vivir. La túnica sagrada no dejó de ser un modo humillante de reírse de Él por el verborreico Herodes. Ha sido condenado porque como ha dicho el Sanedrín: “LO HEMOS OIDO DE SU BOCA”. 

    Los que necesitan interpretar esto en clave sacrificial según el ritualismo veterotestamentario, no dejan de ser presa de una burda “traslación de la culpa”. Hacemos culpable a Dios de su muerte. Porque somos incapaces de entender y soportar que lo hemos matado nosotros con nuestra inhumanidad. Ha muerto por nuestros pecados, hijos de nuestra gran inhumanidad. La de ayer, la de hoy y la de siempre. Pero Dios no es el monstruo que ellos pintan. El Dios “amo” del teísmo mosaico adolece de la revelación de la que Jesús nos ha hecho participes en la cruz. Jesús nos ha perdonado a todos y a cada uno de nosotros. Nos ha perdonado a todos porque no sabemos lo que hacemos. Nos ha perdonado a cada uno en la persona del que conocemos como el Buen Ladrón. Por eso se ha roto el velo del templo mosaico. Porque el Dios que es AMOR y no amo, no cabe en ese Santa Santorum. Una simple letra lo ha cambiado todo. Ha nuestra inhumanidad Dios responde con su Amor Eterno y Gratuito. 

    Así que es momento de preguntarnos una cosa para terminar: ¿Tratamos hoy así a los que hablan y dicen aquello que su conciencia les indica como verdadero porque Dios así se lo sugiere? ¿Se trata hoy así a los que llevados de su inteligencia y su libertad exponen la verdad con valentía? Si la respuesta es afirmativa, entonces seguimos crucificando. En ese caso es imprescindible comprender que la inhumanidad no es el camino que nos lleva hacia Dios. No nos equivoquemos hermanos.     

 

V CUARESMA

    El ser humano se encuentra muchas veces expuesto a situaciones límite de diversa consideración. Y varias de ellas son recogidas por las Escrituras en este Domingo.

    Isaias nos muestra que muchas veces el ser humano vive sediento de felicidad, de plenitud, de amor, de paz, de esperanza,de alegría. Su vida a veces se vuelve un desierto en el que no crece nada, en el que todas las ilusiones parecen estar muertas. El corazón se queda yermo como la estepa calcinada.

    El Salmo nos manifiesta que el ser humano muchas veces va llorando por la vida, porque la alegría en su mano es una simple semilla. Cuanta necesidad tenemos muchas veces las personas de que algo cambie en nuestra vida para bien, y sin embargo esto no ocurre. 

    El apóstol Pablo nos enseña que nuestras vidas muchas veces son un proceso inacabado en el que jamás terminamos de llegar a la meta, y eso que no es raro que pongamos mucho esfuerzo en lograrlo, pero aún así, ésta se aleja, y es fácil cansarse en el proceso. Y aún más es demoledor cuando descubrimos que todo aquello que considerabamos nuestra “riqueza” es pura basura. Las decepciones entonces suelen ser brutales.

    El Evangelio nos descubre que muchas veces quedamos expuestos al juicio de la gente porque nuestros errores o defectos se hacen públicos, y los demás pretenden apedrearnos después de habernos puesto públicamente como hoja de perejil. Es decir: verdes, pero que muy verdes. Y con total impunidad, empoderados por la Ley que les da derecho a hacerlo. Que amarga soledad se vive cuando eso ocurre, por quien lo padece. 

    Estas situaciones límite enferman nuestra alma. Y convierten muchas veces al hombre moderno en un desgraciado, que solo sabe gritar con pavor, como exibe el cuadro expresionista de Munch llamado: El grito.

    Si bien aunque a veces Dios parece estar distraido escribiendo en el suelo con el dedo como Jesús hoy: no es así. Y responde. El problema es que su respuesta exige una cosa de nosotros que no siempre estamos dispuestos a dar: La Fe. 

    En primer lugar en Isaias te dice: tú no puedes darte la felicidad sin Mí, porque la PLENITUD soy YO. Yo soy el que vive en plenitud. Ese es mi Nombre así que Yo saciaré tu Sed de Plenitud, cree en Mí y déjate guiar por Mí. 

    En segundo lugar en el Salmo te dice: tú no puedes cambiar tu suerte muchas veces para poder remediar tu llanto, pero yo puedo resucitar a los tuyos y tu ánimo. Y si crees que Yo soy la Resurrección y la Vida, te alegrarás y cantarás. Y sabrás que el grano que somos dará su fruto. Entonces el llanto cesará porque la muerte que te hace llorar perderá su dominio.

    En tercer lugar a traves de Pablo te dice: corre lo que quieras hacia la meta pero que sepas que mi amor ya te ha alcanzado. Y que si descubres esto y crees en Mí, te percatarás de que nada es basura, porque gracias a Jesucristo, todo será glorificado. Su amor no falla nunca, ni siquiera aun cuando seas crucificado por la vida.

    En el Evangelio Jesús, el que es Uno con el Padre te dice: Misericordia, yo no te condeno. Y no peques más porque te haces sufrir a ti y a los demás. Y quien te condene es un hipócrita porque todo ser humano tiene por qué callar. 

    Situaciones límite tenemos sí, pero la Fe que brota de escuchar la Palabra de Dios viva que es Jesucristo, sana nuestras vidas. ¡Ojalá y que muchos puedan descubrirlo y disfrutarlo!. 

 

IV CUARESMA

    ¿Necesita convertirse la Iglesia?¿Necesita renovarse el Pueblo de Dios? A estas preguntas podemos responder hoy escuchando las Escrituras.

    Josué nos enseña que la Iglesia es la Pascua anticipatoria de la tierra prometida que nos aguarda. De modo que es la experiencia del final del oprobio, de la liberación y es la que nos alimenta en el camino hacia la patria definitiva. Así que si la Iglesia no celebra la Pascua, si la Iglesia impide a la gente la entrada en el Reino de Dios, si la Iglesia no es liberadora sino opresora, si la Iglesia no alimenta al Pueblo para alcanzar su glorificación, la Iglesia toda, debe convertirse.

    El Salmo nos enseña que gustemos y veamos lo bueno que es el Señor. Si la Iglesia no permite gustar y ver la bondad de Dios, sino todo lo contrario, la Iglesia toda, debe convertirse.

    Pablo nos enseña que la Iglesia es la enviada por Dios al mundo para que en nombre de Cristo reconcilie a los hombres con Dios. Si la Iglesia impide que los hombres se reconcilien con Dios, la Iglesia toda, debe convertirse.

    El Evangelio nos enseña que los fariseos y los escribas no pueden ser el criterio de actuación de la Iglesia. Porque ellos desprecian a los publicanos y pecadores. No se alegran de que los hermanos muertos vuelvan a la vida. No celebran el retorno de los hijos perdidos a la casa del Padre. Protestan y murmuran, y replican ante las muestras de misericordia. Los fariseos y los escribas como el hermano mayor, están equivocados. Y desconocen el verdadero rostro amoroso y misericordioso del Padre Dios. Pues cuando la Iglesia es así, como los fariseos y los publicanos, como el hermano mayor, cuando en vez de buena Madre es Madrastra sin compasión, entonces la Iglesia toda, debe convertirse.

    Así que no esperes que yo te responda hoy a estas preguntas iniciales. Escucha la Palabra y responde por ti mismo. Y no pienses solo en los demás, mirate a ti mismo, porque tu eres Iglesia y descubre si debes o no convertirte. 

 

III CUARESMA

    A Dios le preocupa que sus hijos sufran. Así que hoy nos permite descubrir pautas de conducta para evitar hacer daño a los demás. 

    Lo primero es cambiar de actitud. Porque cuando tratamos con los demás hemos de tomar conciencia de que son algo sagrado. Dios está en ellos. Y nunca podemos oprimirlos ni esclavizarlos. Porque si hacemos esto trataremos a las personas como a objetos. Y los haremos sufrir. El éxodo nos ilustra sobre esta cuestión. 

    Lo segundo que se nos indica es que debemos ser como Dios es. Ya que solo Él vive en Plenitud. Luego si queremos evitar ser causa de dolor para los demás debemos vivir como Él es. Dicho de otro modo amarnos unos a otros como Él nos ha amado. Y el Salmo nos ilustra sobre lo que esto supone: perdonar todas las culpas, curar las dolencias, rescatar las vidas de la fosa, colmar a todos de gracia y de ternura, hacer justicia, defender a los oprimidos, enseñar caminos, ser compasivos, misericordiosos, lentos a la cólera y ricos en clemencia, en bondad con todos. Esto es vivir como Dios. Quien así vive puede decir con Dios “Yo soy el que vive en plenitud”. Porque Dios lo es todo en él. 

    Lo tercero que se nos muestra es que no debemos sentirnos mejores ni superiores que los demás, porque todos estamos expuestos a meter la pata en cualquier momento. Así que la conversión es una llamada permanente para todos. Y de los errores de los demás debemos aprender para no tropezar nosotros en esa misma piedra. No sentirnos mejores que los demás no los margina, y nos predispone a ayudarles. Esto evita muchos sufrimientos que nacen de la marginación que conlleva mirar al otro por encima del hombro. Tanto Pablo como el Evangelio en su primera parte nos han aleccionado en esta dirección. La humildad no hace sufrir a los demás.

    Por último, lo cuarto que se nos enseña es que si queremos que una relación dé fruto y sea buena, bella y verdadera, debemos tener paciencia y trabajar dicha relación, cuidándola y mimándola. Porque sin trabajar una relación con paciencia no podemos esperar nada de nada. Una relación si no es buena, verdadera y bella, no hace feliz, y si es mala, falsa y fea, suele causar mucho dolor. Así que el Evangelio nos señala el camino para evitar el sufrimiento.

    Muchas veces somos nosotros los que con nuestra torpe manera de proceder nos hacemos sufrir unos a otros. El fuego de Dios arderá siempre sin apagarse en cada ser humano, así que la lección de hoy es clara: ¡Si no quieres que el otro sufra adóralo!. 

 

II CUARESMA

    ¿Qué ocurre cuando escuchamos a Dios? Hoy las Escrituras nos responden a esa pregunta.

    En primer lugar escuchar a Dios nos hace mirar al cielo como a Abraham, a las estrellas, esto es, al infinito y abre ante nuestros ojos un futuro del todo inesperado. Un futuro que se nos regala. Un futuro que nos hace capaces de afrontar nuestras oscuridades y nuestros terrores. Y nos permite salir de ellos. 

    En segundo lugar escuchar a Dios nos ilumina, nos llena de luz, nos inunda de esperanza, de valentía y de ánimo, en medio de las dificultades. Pues ante determinados retos se nos exigen grados de valentía que sólo puede darnos Él. La valentía, el ánimo, la esperanza es una gracia que se nos regala, su Voz Sagrada, la suscita.

    En tercer lugar escuchar a Dios nos prepara para la transformación: ¡Aún seguimos en gestación!, este mundo que vemos no lo es todo. Este mundo no es para siempre. Su modo de ser va a cambiar por completo. Esta creación está llamada convertirse en una Nueva Creación y a ti se te concede decidir si quieres formar parte de ella. Esta transfiguración se obra gracias a la Energía poderosa que brota de Jesús Resucitado. 

    En cuarto y ultimo lugar escuchar a Dios es algo que ocurre en medio de una nube. Y que tampoco está exento de temores por la inseguridad consiguiente. Esa nube es el misterio. Y en medio del misterio nos sale al paso Dios. No es que lo busquemos nosotros. Esta vez es Él mismo quien se nos presenta. Esa es la diferencia entre las religiones y el cristianismo. Las religiones siempre han sido fundadas por hombres sabios, iluminados, profetas, gurús, monjes, y otros. Son una prueba de que el hombre está hecho para la eternidad y ha buscado a Dios como ha podido según su propio entorno cultural. Ni Moises, ni buda, ni mahoma, ni Lao-Tse, ni Confucio, ni otros afirmaron jamás ser Dios con Nosotros. Jesús sí lo hizo, es más dijo: “Yo soy uno con el Padre”. Jesús es el misterio que nos responde en primera persona en medio de esa búsqueda misteriosa que llamamos vida. Esa es la causa de que lo maten: Blasfemo y Rebelde son las acusaciones que vierten contra Él. Mientras que los demás lideres religiosos nos dicen “¡Ven siéntate y aprende!”, Jesús, nos dice: “¡Voy a morir de amor por ti porque no quiero que te pierdas para siempre!”. La prueba de un amor hasta la cruz es lo que le hace gritar al Centurión: ¡Verdaderamente éste es el Hijo de Dios!. ¿Amar y orar hasta por los que te matan? Eso no es de este mundo. A nuestra busqueda de Dios en medio del misterio (eso son las otras religiones para un cristiano), Dios nos responde diciéndonos: “Este es mi Hijo Amado, escuchadlo”. Porque Jesucristo es Dios amándonos con gestos y palabras, muerto y resucitado. Escuchar a Dios es Escuchar a Jesucristo en medio del misterio de la vida, saboreando a cada paso su amor por nosotros.

    Así que amigos comprended hoy lo bueno que es escuchar a Dios. 

 

I CUARESMA

    Para un cristiano ser religioso ¿en qué consiste? A esta pregunta podríamos darle muchas respuestas pero basándome en las Escrituras que hoy se han proclamado os diré que:

    Según el Deuteronomio ser religioso es hacer memoria de la historia de amor que Dios ha realizado contigo en el momento en que le das culto. Es descubrir que tu vida de relación con Dios es toda una experiencia de liberación sorprendente. No se es religioso de verdad si no se tiene una experiencia intensa de Dios a lo largo de tu historia vital. Y cuando terminas de hacer memoria, ser religioso es dar gracias y presentarle al Dios que te ama y que te salva, la ofrenda preciosa de toda tu vida. Si os dáis cuenta así está construida la plegaria eucarística. De modo que cuando celebramos la misa esto es lo que hacemos. 

    Según el Salmo ser religioso es tener a Dios por compañero en medio de la salud y la enfermedad, las alegrias y las penas, la vida y la muerte. Es experimentar como Dios te lleva en sus palmas. Como su amor misterioso te libra, te protege, te escucha, está a tu lado en medio de tribulación, te defiende y te glorifica. Sin este trato constante en la vida con este Dios PAPÁ ser religioso es un mero espejismo. 

    Según Pablo en Romanos, ser religioso es dar culto no solo con la boca sino también con el corazón. La fe de los labios no basta. La fe del corazón sin los labios (es decir privada y cobarde), tampoco. Fe de los labios y fe del corazón. Esa es la fe que salva. La fe en una persona histórica que nos amó hasta el extremo, en Jesucristo Resucitado, uno con el Padre. Porque es la Resurrección la que lo certifica como nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Como el Ungido. Esta fe vocal y cordial es la fe que no defrauda y que salva, seas quien seas y tengas la condición que tengas. Ser un religioso mudo o meramente ideologizado es no ser nada.

    Por último el Evangelio de Lucas nos enseña que ser religioso supone atravesar desiertos exitenciales en los que muchas vences somos tentados. La tentación es una crisis. Y en ellas nos podemos perder, o con ellas, podemos crecer. En la crisis nos enfrentamos a nuestras voces interiores, y la sabiduría está en responderles de manera adecuada. El peligro está en no hacerlo. 

    Repasemos esta tres crisis que Jesús afronta. La primera ¿de qué voy a vivir? ¿cual va a ser la fuente de mi pan? Porque he dejado la carpintería de mi Padre. La segunda es ¿mi ego que anhela? ¿convierto mi vida en una mera egolatría anhelando poderes y glorias terrenas?. La tercera es ¿como interpreto las Escrituras? ¿en nombre del fideísmo simplista puedo gestionar mi vida con irresponsabilidad?. 

    A las tres responde desde la Palabra de Dios bien interpretada. “No solo de pan vive el Hombre”, “al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo darás culto”, y “No tentarás al Señor tu Dios”. Curiosamente sus tres respuestas nos recuerdan los tres fracasos del pueblo de Israel en su largo éxodo durante cuarenta años: ellos dudaron de Dios por su falta de pan, adoraron al becerro de oro, y tentarón a Dios por su falta de agua y carne. Jesús afrontó la crisis y creció en sabiduría. Más su pueblo encontró la crisis y lejos de crecer en sabiduría se estrelló con sus errores. Un religioso es una persona que crece en sabiduría cuando tiene que afrontar sí o sí las crisis de la vida. 

    Así que ser religioso no es cuestión de vestidos, capillitas, santitos, amuletos y medallitas. No confundamos disfrazarnos con vivir una vida auténtica. Las Escrituras como veréis han sido muy claras. El que tenga oidos para oir que oiga.

 

CENIZA

    Vamos a preparar la fiesta. Ese es el sentido de este tiempo que hoy comienza. Y para que esa preparación pueda producirse, las Escrituras hoy nos orientan de tres maneras diferentes.

    El Evangelio nos invita a no convertir la religión en una egolatría. Porque eso es pura idolatría. Prácticar religiosamente hablando, para lograr el aplauso y reconociemiento de los demás, no es dar culto al Padre en espíritu y en verdad. Es incurrir en hipocresía. Utilizar a Dios  poniendolo al servicio de mi ego. Hacer de mi vida cristiana una suerte de pasarela para que los demás puedan ver lo guap@ que soy. 

    Pablo nos invita a dejar de lado el indeferentismo religioso, este vivir como si Dios no existiera, ni nos amará, tan común en nuestro tiempo. Nos invita a reconciliarnos con Dios. A tratar con Él en nuestro presente, que es un tiempo oportuno para descubrir que Dios es misericordia y salvación. Volvernos a Dios es descubrirnos a nosotros mismos.

    Por último el Profeta y el mismo Evangelio nos recomiendan a todos: niños, jovenes, adultos, maduros, ancianos, laicos y sacerdotes, a practicar el ayuno, la limosna y la oración. Porque esas tres prácticas tal como Jesús las describe en Mateo, son manifestación clara del amor. Porque la limosna es amar a los demás. El ayuno es amarse a sí mismo. Y la oración es amar a Dios y a los otros. ¿Seguro que eso es así?. Piénsalo despacio. 

    Limosna es salir al paso de tu hermanos que están necesitados dando cosas, tiempo o solidaridad. Eso es amarlos. 

    Ayuno es privarte de lo que te daña: vicios, glotonerías, antivalores como el egoísmo y el odio, miedos, de la destrucción de tu entorno natural sin el cual no puedes vivir, mentalidades agresivas contra nosotros mismos por distintos motivos… Eso es amarte. 

    Oración: basta rezar el Padre Nuestro para descubrir que estableces con Dios una relación filial y por tanto familiar, que brota desde un amor mutuo, y que nunca la haces en singular, pues cuando la rezas, pides por todos: tus amigos y tus enemigos, por los vivos y por los muertos. Por todos. Eso es amar a Dios y a tus hermanos sin distinción.

    La cuaresma es renovar nuestra vida cristiana, y esta consiste en amar a Dios, a los demás, al mismo mundo y a nosotros mismos. Así es como nos prepara para vivir la fiesta. Por eso vivamos este tiempo de preparación para la fiesta con intensidad, sin perdernos en prácticas trasnochadas, oscurantistas y ridículas. Y aprovechemoslo para redescubrir nuestros amores perdidos y rehabilitar nuestros amores descuidados. Descuidar esto es filtrar el mosquito y tragarnos el camello, y por tanto convertir estos días en una suerte de certamen judeo cristiano con matices saduceos y pleno de fariseismo. Lo cual desdibuja por completo el tiempo cuaresmal. 

    Como nos ha dicho una querida catequista y gran hermana en la fe a todos esta mañana: Buen camino a todos hacia la Pascua. La cuaresma nos prepara para la fiesta, no lo olvides. 

 

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