CADA DOMINGO LA PALABRA DE DIOS ES CREADORA, NOS RENUEVA, SI LA ESCUCHAMOS CON FE Y SABIDURÍA, PORQUE NOS EL ESPÍRITU DE DIOS NOS VISITA Y NOS LLENA DE GRACIA. APRENDAMOS A ESCUCHARLA COMO MARIA.
OCTAVA DE PASCUA
Ocho días después, aquí estamos de nuevo, conmemorando a Jesús, acordándonos de Jesucristo, resucitado de entre los muertos. La liturgia es pura pascua en movimiento donde nos encontramos con Jesús Vivo y resucitado por medio de su santo Espíritu. Vivimos los tiempos pascuales donde el Espíritu de Jesús lo es todo. Hoy es la “Ruaj” la que nos pone en contacto con Abba y con Jesús. Pues todo lo que nos enseña viene del Padre por el Hijo, y del Hijo y del Padre lo que viene a ser lo mismo, por mucho que latinos y bizantinos hayamos discutido banalmente para ocultar simples diatribas imperiales: sucia y zafia “poliquetería” de la peor estofa. Pero esa afirmación de hermenéutica histórica nos lleva demasiado lejos y es un asunto para ser mostrado en otro estudio.
Ocho días después, en su misteriosa compañía sigo aprendiendo cosas de Tí, mi Señor y mi Dios. La conmemoración litúrgica de tu misterio vivo me enseña muchas cosas del inmenso amor que te profeso.
Hoy nos enseñas que tu sagrada compañía nos transfigura maravillosamente.
Primero nos haces vivir en común, es imposible seguirte y no buscar el bien común. Viviendo unidos en el amor. Escuchando tu palabra viva y transmitiéndola. Orando en común. Partiendo el pan con alegría. Y compartiendo nuestra vida y nuestras cosas con los hermanos para que nadie pase necesidad y todos podamos experimentar la verdadera fraternidad, madre antropológica de cualquier iniciativa solidaria. El Evangelio no sustenta en absoluto una búsqueda solitaria de la salvación de mi alma en exclusiva inmerso en un funesto individualismo.
Segundo nos haces experimentar la vida como una bendición. Una acción de gracias sempiterna al Padre porque nos regala a Jesús y su Espíritu para que podamos experimentar su amor eterno. No es posible caminar junto a Cristo entendiendo la vida como una maldición. Guiados por el amor que nos vincula a Jesús, aunque ni le vemos y tocamos, creemos, y entonces una experiencia de salvación se apodera de nosotros. La voces de Pedro y el Salmo no pueden ser más claras. Y eso que no es fácil pues dificultades no faltan y creer en no pocas ocasiones es como hervir en un crisol para que nuestras impurezas sean discriminadas de modo que la fundición de nuestra vida exponga el metal más auténtico y brillante que poseemos. Todo y todos se vuelven contra nosotros pero si lo amamos superamos todos esos terrores íntimos, pues aunque nos derriben, nos volvemos a poner en pie en medio de nuestra debilidad por pura gracia suya, y una nueva perspectiva salvífica se apodera de nosotros.
Y aquí comienza nuestra tercera enseñanza. No te apartes nunca del lado de Jesús, no te prives de la liturgia porque no creas, porque no entiendas, porque no sepas interpretar las Escrituras, porque tengas miedo, porque estés llorando, porque hayas perdido la esperanza y te sientas frustrado, porque pienses que todo es una pura fantasmagoría y porque las dudas te fustiguen, porque vacío y frustrado por una vida que te torea llegues a pensar que nada merece la pena, no te apartes de la liturgia porque la incredulidad se adueñe a veces de ti ante las voces de los que te invitan a la esperanza. No te separes de la liturgia, porque como a Tomás, cuando menos lo esperes, Él puede llenarte de su paz. Él puede convertirte en una persona dichosa que aprenda a creer sin ver. La fe desnuda es la obra culmen con la que manifestamos a Jesús resucitado lo mucho que lo amamos. Obras son amores y no buenas razones y menos aún: volubles sensaciones. Puedes ser noche o día ¿y qué?. Si creo más allá de todo en El aquel que amo, eso es lo único que cuenta. Tu bastas ¡Aleluya!. Tomás ama aunque no sepa creer, y eso le lleva a crecer. Y es la reunión dominical la que le permite transfigurarse. Como le ocurrió hace ocho días a los descreídos y frustrados que caminaban hacia Emaús. El ardor del corazón lo cambia todo. Su presencia reconocida y resucitada lo cambia todo. Y ese misterio, más allá de cualquier comprensión nuestra, torna las lágrimas oscuras en sonrisas luminosas. Ese es el sagrado “paso”, eso es la Pascua. El paso de la fría oscuridad a la cálida luz. La inseguridad no cuenta. La liturgia, siempre pascual, nos transfigura. Apartarte de ella es privarte de la compañía creadora de Jesús resucitado que nos crea ex nihilo de nuevo existencialmente a cada paso. De nuevo Pedro nos asiste.
Por eso lo conmemoramos. Por eso Jesús nos enseñó que lo hiciésemos siempre. Lo dice Juan. Mucho hay por decir y aprender. Todos los libros del mundo son insuficientes para agotar su misterio vivo. Por eso todos los días de nuestra vida son insuficientes al par que necesarios para transfigurarnos. Eso es la eternidad. ¿No quisimos ser como Dios?. Pues el apóstol Juan nos lo dice con mucha claridad hermanos: Este es el camino, la Pascua sagrada que no cesa. ¡No lo olvides!. Desde esta perspectiva el Aleluya es el fundamento más genuino de nuestra existencia. Por eso cantad conmigo con alegría: ¡Pascua Sagrada! Siempre Pascua sagrada, vivamos la alegría dada a luz en el dolor ¡Aleluya! ¡Aleluya!.
DOMINGO DE PASCUA
Conmemorando a Jesús desde el Jueves pasado. Así estamos. Poniendo en Él nuestros ojos y aprendiendo de Él. La liturgia es eso: estar en comunión con Él que estuvo muerto sí, pero que ahora vive por los siglos y con sus llaves ha abierto este santo sábado las puertas del abismo. (Esa oscuridad a la que dicen los nihilistas que van a parar y que siento decirles que no es la nada porque tal cosa no existe, porque si no, sería algo).
Dios lo ha resucitado, lo dicen los apóstoles, lo dicen los ángeles y lo dicen las mujeres (estás las primeras después de lo ángeles que le conste a todo el mundo, no sé por qué se asustan tanto algunos de que la mujeres ejerzan de apóstoles de Cristo resucitado pues con eso demuestran que son tan tercos y necios como aquellos apóstoles de ayer, machirulos, que no las creyeron cuando lo anunciaron).
¿Dios lo ha resucitado? ¿Entonces no era un blasfemo, ni un hereje, y Dios no lo había abandonado? Al parecer el dios que los religiosos de su tiempo tenían en la cabeza sí, pero al resucitar Jesús, parece que ese dios simplemente era una mera creación de su mente humana. El Dios que lo ha resucitado es el ABBÁ, el papá, ese que nosotros llamamos Padre, porque aún nos queda mucho de levitas y nos parece más respetuoso (debe ser eso que nos dicen del patriarcado tan denostado estos días en no pocos ambientes). Pero a Jesús parece que lo ha resucitado PAPÁ. Y es que Jesús nunca nos engañó: Yo y el Padre somos uno. Yo y Abbá. Con mi Abbá me basta porque, vosotros sí, pero Él nunca me deja solo. Cosas de Jesús.
Así que parece que Jesús hoy, en esta conmemoración suya, nos quiere enseñar resucitado como es su ABBÁ, y por eso tenemos a nuestra disposición tantas lecturas. Abbá es el que bendice la vida y la ve muy buena. Abbá no solo el creador sino un amigo de la vida. Abbá es el que ha ido más allá de Abraham, el patriarca ofreció a su hijo para demostrar que temía a Dios por encima de todo, pero Abbá no se lo aceptó, por eso Abbá nos entregó a su Hijo como sacrificio, pero nosotros no hicimos como Él hizo con Abraham, nosotros no le perdonamos la vida. Lo convertimos en nuestro cordero y derramamos su sangre. Y por eso Abbá lo ha resucitado y con Él sigue empeñado en resucitarnos a nosotros. Abbá siente cariño por nosotros, nos quiere con un amor eterno. No es que lo merezcamos precisamente, pero Él solo sabe amar. Y nunca desiste de ello. Al resucitar a Jesús es lo que nos ha querido enseñar. Los profetas están hoy muy inspirados. Isaias está magnífico esta noche presentando a ABBÁ, pues en la siguiente lectura que tiene, nos dice que por eso ABBÁ nos rompe los esquemas, y que sus planes no son los nuestros, porque las ideas de los religiosos no siempre coinciden con las de Dios.
Jesús conocía muy bien a los profetas y por eso ha aprovechado estas lecturas para volver a dejárnoslo claro. El viene a cumplir las Escrituras, lo que pasa es que nosotros somos necios y torpes para entenderlas o nos olvidamos de ellas. Pero en cuanto las recordamos, fíjate, somos capaces de ver y de creer. Eso le pasó a Juan que las recordó bien antes que Pedro con solo ver los lienzos extendidos y el sudario del rostro doblado y en otra parte.
Abbá, nos sigue contando Jesús resucitado, es una sabiduría que se comparte y nos enriquece, nos viste de gloria, nos enjoya. Es la sabiduría del amor. Y de hecho Abbá, para que seamos santos como Él es santo, nos da su Espíritu para que dejemos de tener un corazón de piedra y pasemos a tener un corazón de carne capaz de amar. Sin amor morimos de sed y de hambre en múltiples sentidos. Por eso es la nube y nos protege, la columna de fuego que nos guarda, y a través de las tempestades de este mundo, nos quiere arrancar de las manos del faraón que llamamos maligno, desamor, odio, guerras, o… como queráis. De todo lo que nos esclaviza, nos hace sufrir y no nos permite vivir en plenitud.
Abbá, nos ha dado a Jesús para ello. El como un nuevo Moises, nos dirige hacia su reino con mano fuerte, asistido por su Espíritu, como Pedro nos enseñará en los Hechos. Y por medio de su Espíritu, con su gracia, en los sacramentos, o sea, en la liturgia en su más amplio sentido, en la vida de la comunidad cristiana, en la escucha y el anuncio de su palabra, en la oración, en la vida del amor fraterno, partiendo el pan con alegría con todo lo que eso conlleva y significa, nuestro nuevo Moisés, el Cristo que estuvo muerto, y ahora resucitado vive por los siglos, nos arranca del poder del faraón (que no tiene porqué ser siempre moreno, también puede ser rubio -tranquis son las bromas tontas propias de estar pascuero). Nos da una levadura nueva. Nos da una nueva vida. Nos hace vivir para lo sublime y no para lo zafio. Pablo como de costumbre lo explica de muchas formas. El Abbá está implicado con el mundo hasta las trancas. Eso es lo que Jesús resucitado nos enseña hoy sobre Él en la las escrituras. Y parece que realmente lo está, porque como venimos diciendo ya estos días: ABBA ES AMOR, y Jesús es su SACRAMENTO. Su rostro humano y mundano. A ver si también nosotros iglesia de Jesús, nos convertimos para los demás en un sacramento de Jesus y de su evangelio. Porque por eso somos “los elegidos”. Esos que se están haciendo tan famosos en esa preciosa serie televisiva.
Así que cuando conmemoramos a Jesús resucitado, estamos con ABBÁ. Toda reunión nuestra es estar con ABBÁ gracias a Jesús que nos pone en contacto con Él y nos colma de su Espíritu para que eso pueda ser. Así es como Abbá poco a pocos se va haciendo todo con todos. Eso es la Pascua, la divinización integral del mundo que ha sido creado y que en opinión de ABBÁ, es muy bueno. Glorificarte es eso según nos cuenta Jesús en cada conmemoración suya.
¿Entonces Señor Jesús si ABBÁ te ha resucitado a Ti nos resucitará a nosotros aunque te hayamos crucificado? “¡Que necios y torpes sois para entender y qué bobos cuando os alejáis de Mí!¡Pues claro que sí! Así es como os prueba lo infinito que puede llegar a ser, y de hecho es, su amor eterno. Dios al resucitarme dice que no es el dios de la religión humana, es el ABBÁ. Y ABBÁ ES AMOR. De modo que “alegraos”. Sé que muchos estáis tristes por la gente amada que habéis perdido, pero volveréis a verlos y ese día nos llenaremos todos de una alegría que nadie nos podrá quitar. Y ese día ya no preguntaremos nada. Esa será la verdadera tierra prometida, así que lo que hoy celebráis es que el Reino está preparado y recibiendo a muchos. Pues el designio amoroso de ABBÁ es universal. Sé que os costará trabajo entenderlo y hasta podréis dudar de que sea cierto, incluso algunos se mantendrán en la incredulidad en no pocas ocasiones, pero eso nunca cambiará el amor de ABBÁ”. Ahora podemos por tanto darnos cuenta que cuando estamos con Jesús siempre estamos con el Padre, con ABBÁ (que me gusta más), y eso es posible por que el Espíritu lo posibilita. ¿Como no participar por tanto en la vida de la liturgia que es ese cenáculo donde tú durante 40 largos días te apareciste resucitado a más de quinientas personas? Hoy gracias al Espíritu, está con todos, en todas partes y en cualquier tiempo. Pero de eso…hablaremos en Pentecostés. Por hoy basta.
Pues Jesús, hoy te digo ante los que me leen y escuchan, y conste que te lo digo con toda el alma: ¡Feliz la culpa que ha merecido tal redención!¡Aleluya!. Esta palabras no son mías, son de San Agustín (que ahora vuelve a estar muy de moda por lo del papa León que es agustino), pero sé que el santo de Hipona, no se ofende porque las use.
Así que hermanos esto hemos hecho estos días, caminar junto a Jesús, en comunión con Él, muchas veces sin darnos cuenta de su presencia porque eso nos pasa frecuentemente en nuestras celebraciones. Pero Él está. Y lo descubrimos porque cuando menos lo esperamos nos hace arder el corazón. Como a los dos bobos que se fueron camino de Emaús y a los que Tú buscaste para que no se perdieran. Entonces quisiéramos retenerlo con nosotros para siempre, pero todavía no toca. Aún somos mundo. Ya nos tocará después. Cada liturgia es un Emaús. Y ahí siempre una cosa si nos deja clara, un renovado ánimo para hacer frente con alegría, esperanza, paz, fortaleza y mucho amor, a los retos de la vida. Y es que en su compañía no es raro escuchar eso de: ¡Id por el mundo con mi misión por bandera, ánimo y no temáis, que yo estaré con vosotros siempre, todos y cada uno de los días de vuestra vida, hasta vuestro último suspiro!. “Y conmigo siempre viene ABBÁ y RUÁJ, o se Papá y el Espíritu” (que en hebreo es una palabra femenina, ojo al dato).
¿Pues después de estar en comunión contigo en este triduo pascual sabes que te digo Jesús? Contigo todo, contigo basta, ¡Tú bastas!¡TÚ Y SIEMPRE TÚ!¡TÚ Y SOLO TÚ ERES MI PASCUA! ¡Aleluya!.
SABADO SANTO
En el silencio de este día, seguimos conmemorando a Jesús, y aprendiendo de él. De aquel que ayer oímos gritar “Padre contigo basta”. Mirando al Padre decía “Tú bastas”. En tus manos pongo mi espíritu. Así se despidió de nuestro mundo. Ese es Jesús.
Un día un niño preguntó a una querida catequista: ¿Si Jesús fue bueno porque tu bajar a los infiernos?. Los niños son tremendamente curiosos y maravillosos. Jesús les responde hoy: “Bajo a los infiernos a dejarlos vacíos”. El Padre lo quiere. Y yo quiero lo que quiere el Padre. La gente que ha vivido antes de mí, a lo largo de milenios, también hoy se beneficia de mi paso entre vosotros. Y los que vivían en el sinsentido del inframundo, esclavos de un pasado frustrado y frustrante, han encontrado su senda hacia la plenitud cogidos de mi mano. Pues no solo he venido para amar a los hombres del presente y del futuro. También a los del pasado. Mi amor salvador alcanza a toda la historia. Nadie sobra a no ser que él o ella, quieran sobrar”.
Así que Jesús es el que baja para hacer subir a los que están abajo. Y es que el se toma en serio un cuento hebreo que explica las consecuencias de que “Dios haya creado a Eva de la costilla de Adán”. Ayer Crisóstomo nos ayudó a pensar en ello. Agua y Sangre manan del costado de Jesús. Y de esa costilla el Padre crea la Iglesia por su espíritu. Son los sacramentos simbolizados. Y es que Jesús es el nuevo Adán del que surge la nueva Eva. El simbolismo nos asiste como os digo, según nos enseña el crisostomo. Por eso Jesús sigue el cuento hebreo de la costilla y sus consecuencias, sabiendo que lo que vale para Eva, vale igualmente para nosotros la Iglesia:
“Jesús no ha querido que tu surjas de sus pies, porque nunca ha querido pisotearnos. Jesús tampoco quiso que salieras de su cabeza, porque nunca podremos ser superiores a Dios, es imposible, dado que siempre seremos criaturas. Jesús ha querido que surjas de su costado, a través de las aguas bautismales y la sangre eucarística. Y ha querido que surgiéramos de ahí porque desea hacernos sus iguales, nos ha puesto bajo su brazo porque lejos de hacernos daño, desea protegernos de cualquier golpe, y nos hace surgir de junto a su corazón porque nos ama hasta el extremo, la medida de su amor es el amor sin medida”. La esposa no es desigual al esposo, ni superior, es igual a el, no ha de ser pisada ni golpeada, ha de ser defendida y protegida, y siempre, siempre, siempre, la esposa ha de ser amada. Gracias Padre por haberme hecho esposa de Cristo al abrir su costado el soldado romano con una lanza.
Así que bobo, despierta, cuando te alejas de la liturgia que es la mesa de Emaús, esto es, la compañía y la comunion con Jesús Vivo y Resucitado, te privas de dejarte amar por él sin medida. Sigamos conmemorando, se acerca la pascua y Jesús ha de enseñarnos aún muchas más cosas. Si pusiéramos por escrito todo, como nos dijo Juan, no habría libros suficientes en el mundo para poder conseguirlo. Aún no hemos dicho aleluya pero ya falta poco hermanos.
VIERNES SANTO
Como os dije ayer, nos reunimos de nuevo para seguir conmemorando a Jesús el Cristo. Nuestros ojos se vuelven a poner sobre Él para seguir entendiéndolo. Ninguna celebración tiene sentido sino es para entrar en comunion con Jesús. La liturgia es una comunión tranquila con Jesús, vivo y resucitado. Su Espíritu lo hace posible. Estamos con Él y eso nos basta.
Así que en esta comunión tranquila y gozosa ¿qué aprendemos hoy sobre Él? Jesús recibe dos veredictos y dos sentencias diferentes. Una es la de los hombres religiosos de su tiempo. Tanto la pasión del domingo de Ramos, como la de hoy narrada por Juan el discípulo amado, nos lo demuestran con tanta rotundidad, que no es necesario extenderse en más detalles. La otra es la de Dios Padre, que lejos de estar en silencio habla muy claro por boca del profeta Isaias. El cuarto cántico del Siervo no puede ser más expresivo: “No actúo porque es preciso que quede clara vuestra libertad herida por el pecado que os lleva a preferir la tiniebla del odio a la luz del amor. Y cuando vosotros manifestáis lo que vuestro corazón esconde, YO QUE SOY EL QUE SOY, manifiesto que aún así, no dejaré de amaros jamás y lo hago encumbrando gloriosamente a mi Hijo, el siervo de YHWH, al que vosotros habéis destruido maltratándolo sin medida. A vuestro odio yo respondo con mi amor hasta el extremo y demuestro que mi HIJO nunca ha sido abandonado por MI como vosotros presa de vuestra necedad religiosa habíais pensado”. Jesucristo recibe el veredicto y la sentencia de un Padre que lo sabe inocente, amor absoluto y por eso lo reviste de gloria.
Jesús nos enseña que las Escrituras, en múltiples rincones asombrosos durante milenios, se cumplen en Él porque ellas tienen como único fin condensar por escrito que Dios es amor, y esta manera de expresarlo manifiesta que Dios convierte en Él, el horror en un amor eterno hasta el extremo.
Por eso como nos dice hoy la carta apostólica Jesús es la fuente viva para siempre de infinita de misericordia. Su costado abierto, al derramar agua y sangre, manifiesta simbólicamente que todos los sacramentos son el amor de Dios derramándose sobre el mundo para transfigurarlo de calvario en gloria. Por ello os decía ayer que privarse de la liturgia es ser bobo. Un bobo craso e irredento. Pues ayer quedó claro que la Eucaristía y los demás sacramentos que de ella emanan, y el nuevo sacerdocio que les es anejo, son el modo como la misericordia del Padre a través de su Espíritu que el Hijo nos ha regalado nos visita para hacernos vivir en plenitud y para evitar que vivamos de cualquier manera y a medio gas. No estamos aquí para vivir una vida de basura por no decir una palabra más gruesa que todos conocemos.
Jesús es el antitipo de seres maquiavélicos. Pilato y los hebreos que lo condenan son lo opuesto a Cristo. Ellos por buscar su propio interés son capaces de condenar a un inocente. Unos por conveniencia para defender su propia religión absurda y vacía de Dios. El otro por evitarse problemas. Los maquiavélicos no quieren problemas. Y cuando piensan que otros les causan problemas simplemente los eliminan sin considerar si son o no inocentes. Deforman la justicia para defender sus prebendas aunque eso suponga eliminar al justo. Los religiosos acusan a Jesús de hereje y blasfemo. El político, aunque sabe que no es verdad, considera a Jesús un rival político, cuando ha podido comprobar que su reinado no tiene nada que ver con este mundo, y olvidando que no hacía mucho Jesús había dejado claro que al Cesar le dieran lo que era suyo, y a Dios le dieran su corazón. Ni amenazó Jesús a unos ni al otro, más ellos, por miedo a perder sus privilegios y ganancias, aún siendo inocente lo maltrataron y lo eliminaron.
Por eso Jesús nos enseña a los varones de dolores, a los maltratados, que tales maquiavélicos no tendrán la última palabra. El salmo lo ha cantado igualmente como el mismo profeta. Pasar por el mundo crucificando a los demás no tiene futuro. El futuro es de Dios y no de los que crucifican. Por eso Jesús nutre nuestra confianza y nuestra esperanza de fortaleza para que no sucumbamos bajo el peso del desánimo que ocasiona la connivencia con el calvario que nos encontramos a cada paso.
Así que ojalá y que hoy este Jesús con el comulgamos en cada conmemoración suya, encuentre en nosotros, no la mirada de los que lo mataron, sino la mirada de su querido discípulo amado que hoy nos ofrece su franco testimonio. Ojalá y que al devolverle hoy nuestra mirada, descubra en el fulgor de nuestros ojos amorosos este dulce mensaje: tu amor Jesús nos basta, tenerte a Ti es suficiente, no hace falta otro tesoro como ese porque no lo hay, estar contigo basta. Ojalá tus ojos griten hoy a los suyos: ¡Tú! Y eso solo nos basta. ¡Tú y basta!.
JUEVES SANTO.
Haced esto en conmemoración mía. La Eucaristía y el sacerdocio que ella conlleva anejo tienen como fin principal conmemorar a Jesús. Nuestra tradición principal consiste en mirar Jesús, hacer memoria de Él.
Así que conmemoremos a Jesús hoy. Pero sabiendo que nuestra memoria no consiste en pensar en el pasado. Sino en recordar que Él está vivo entre nosotros. Y que por tanto esta pascua nuestra sigue siendo aquella. Memorial significa eso. Lo eterno se ha aposentado en el tiempo para transfigurarlo. Así que Jesús es un memorial maravilloso que nos transfigura en la vida. Jesús nos convoca en un pueblo, en una familia festiva dispuesta a caminar hacia un mundo nuevo. Jesús nos protege del peligro para que nada pueda destruirnos en el camino hacia su reino. Jesús es la sangre enamorada que se derrama por nosotros. Jesús es la vida enamorada que se entrega. Jesús es el amor hasta el extremo. No le basta con amarnos, nos ama sin medida. Y su mayor enseñanza es: Amaos unos a otros como yo os he amado. Jesús nos lava de todo lo que hay de desamor en nosotros. Jesús nos habla con una claridad rotunda cuando nos resistimos a dejarnos lavar del desamor por Él. Sin dejarnos lavar del desamor nada tenemos que ver con Él. Jesús nos indica que el servicio a los demás, la búsqueda del bien común, es el camino. La dominación, la manipulación de los otros, su utilización al servicio de nuestra burda avaricia, nos aparta de su lado. Ese es el camino que Judas Iscariote elige. Jesús ama. Pero no olvides lo que te he dicho, no recordamos a un muerto que fue bueno, Pablo nos lo ha dicho. Jesús vive resucitado. Jesús murió sí pero resucitó y volverá y por eso El es la fuente de nuestra esperanza incluso contra toda esperanza, porque aunque el tuvo que afrontar el rigor de la Cruz fue capaz de vencer al mundo. Jesús es el motivo por el que hoy y siempre damos gracias al Padre, pues es el mejor regalo que ha podido hacernos. Y más aún por convertirlo en un Dios con nosotros siempre presente por medio de su Santo Espíritu en cualquier lugar o tiempo en que nos encontremos. Jesús nos regala la Eucaristía y también el sacerdocio que ella conlleva.
Esta celebración que nos reúne en torno a la mesa del pan y de la palabra no es otra cosa que conmemorarte Jesús vivo, a ti oh buen Jesús que tanto nos amas, incluso cuando como Pedro, no sabemos dejarnos amar por Tí. Así que añado hoy por mi cuenta: no te canses Jesús de nosotros. Por ello cuando no venimos a misa, cuando no celebramos la eucaristía en medio de una comunidad festiva, cuando nos negamos a recibir su gracia por medio del sacerdocio que Él nos regaló, no conmemoramos a Jesús. Nos apartamos de su lado. Nos perdemos su “paso maravilloso”. Y no alzamos la copa de la salvación para darle gracias al Padre por Él y por su Espíritu. Así que cristiano no seas bobo, mantén viva siempre la hermosa tradición de conmemorar a tu Señor.
RAMOS. La injusticia reina en nuestro mundo en muchos lugares y en no pocas ocasiones. Lo sabemos porque se sigue derramando demasiada sangre inocente. Porque los inocentes siguen siendo crucificados de múltiples formas: son vendidos, traicionados, ultrajados, golpeados, presentados como culpables, juzgados, condenados y castigados, molidos a latigazos, sus bocas llenas de hiel y vinagre, son negados por los demás, abandonados, insultados y hasta sujetos a burlas, olvidados por no pocos, mientras los demás permanecen dormidos ante su angustia. Son vilmente asesinados. Jesús hoy es la expresión viva de muchos inocentes, atropellados por las guerras tan de moda, destruidos por ellas. La verdad es que en el mundo actual sorprende el número de conflictos abiertos. Unos son famosos porque salen en los noticieros. Otros muchos permanecen ocultos a la vista, pero no dejan de ocasionar sufrimiento y muerte a innumerables inocentes. Prácticamente en todos los continentes hay conflictos abiertos. El Gólgota, la calavera, sigue abierto triturando almas sin cesar. Y esta realidad, como no puede ser de otra manera, genera abatimiento.
Por ello de los labios del siervo brota hoy para nosotros abatidos una palabra de aliento. ¿Y cuál es?. Escucha: Nunca tomes partido por los que crucifican, nunca crucifiques a los inocentes, no colabores con ninguno de sus torturadores. Tampoco te laves las manos ante el sufrimiento de los inocentes, no huyas ante él, no te evadas, los inocentes sufrientes no son malvados, ni merecedores de lo que les pasa, y menos aún son daños colaterales. Si los inocentes son considerados un problema es porque los que les hacen sufrir son maquiavélicos. Pilatos no quería problemas y por ello aceptó sin inmutarse una injusticia clara puesto que sabía que Jesús no había hecho nada malo. Si algo queda claro en la pasión es que Jesús es inocente de lo que le acusan. No es infrecuente incluso que hoy nos pongamos de parte de los barrabás de este mundo antes que al lado de los inocentes. Huimos de los problemas. Por ello, haz lo que esté en tu mano por ayudar a los inocentes socorriéndolos, aunque te importune, como le ocurrió a Simón de Cirene. Haz lo que esté al alcance de tu mano, que quizás a veces no sea mucho porque puede que no seas poderoso. No se trata de ir buscando problemas por que sí, sino de no permanecer pasivo ante los agresivos. Se trata de no abandonar a los inocentes cuando los salvajes los están crucificando. Amar al inocente es no abandonarlo a su suerte y menos aún no apoyarlo en la agonía de su cruz o utilizarlos como medios para sacar de ello un beneficio egoísta de cualquier especie. Enterrarlo bien tampoco es suficiente. Porque muchas veces ni enterrados se les deja en paz. Pues hasta no hace mucho, tumbas de inocentes, han sido profanadas. Hasta ahí llega a veces la insidia.
Por último escucha a Pablo hoy. Y también al profeta. La cruz y su injusticia no tendrán la última palabra en la vida. Dios está y la suerte de Cristo Crucificado será el destino de los inocentes crucificados. El siervo sufriente será ensalzado en el Cristo glorificado. Y todos los inocentes crucificados serán redimidos de su condena injusta y con Él glorificados. Nuestra sociedad y nuestro mundo, tan crueles en no pocas ocasiones con los inocentes no serán lo último que sus ojos vean. Dios está con nosotros y no nos abandonará en el olvido de la historia. La historia será trascendida. Así que aunque hoy la injusticia se cebe ante nuestros ojos con una enorme multitud de inocentes no vencerá, no será lo definitivo, el amor absoluto de Dios no lo permitirá y la resurrección será su última palabra. Y gracias a ella la injusticia irredenta de la historia no será eterna. Esa es hoy, nuestra palabra de aliento para que no muramos afligidos sin esperanza y menos aún cruzados de brazos presa del desánimo.
CUARESMA
DOMINGO 5. La muerte es natural, nos enseñan. Y otros añaden que debemos prepararnos por tanto para el final de la vida. Así lo piensan y enseñan, aunque yo discrepo que ese sea el único discurso racional posible. Que la muerte es natural parece obvio, en un universo que terminará apagándose según parece, nada puede ser eterno. La inmortalidad aquí resulta imposible. Se podrá durar mucho. Pero cuando el último sol se apague, todo habrá terminado. Solo Dios es eterno, y por tanto, sólo en Él se puede ser eterno. Mundo significa por ello finitud. De hecho estos defensores de la mortalidad como último destino de la carne y por ello de la vida humana, nos dicen hoy que todo ha sido establecido así por la evolución. Pero si la Evolución que nos adapta al entorno lo mejor posible nos ha hecho mortales al par que capaces de amar la cosa se complica.
El Evangelio hoy lo explica perfectamente. Llora todo el mundo. Llora la familia por la muerte del amado Lázaro. Lloran los vecinos. Jesús se conmueve, se estremece interiormente, llora y lo hace porque amaba a Lázaro, su amigo. Lo quería profundamente. ¿Quién no se conmueve ante el dolor de los demás por la pérdida de un ser amado? El que nunca ha perdido uno y desconoce lo que duele. O el cínico. ¿Quién no se estremece interiormente por la pérdida de un ser amado?¿No lo hace una pareja cuando muere su amor del alma?¿No lo hacen unos padres cuando pierden un hijo?¿No lo hace un amigo cuando pierde a su amigo? Leyendo a Miguel Hernández se comprende perfectamente lo que duele ver muerto a quien amas. No pocos incluso se sumergen un profundas depresiones más que justificadas. Su corazón se convierte en un sepulcro hediondo, lleno de tristeza, de llanto, de miedo e inseguridad, de angustia y de dudas, de vacío o de nihilismo, de incredulidad ante el hecho de que la vida merece la pena. El amor nos convierte en inadaptados ante la muerte. Por eso cuesta trabajo justificar racionalmente que la evolución nos convierta en seres amorosos siendo mortales, porque tal situación nos convierte en inadaptados. Y muchas veces nos incapacita para vivir. Un duelo puede de hecho ser demoledor. Pero igualmente al despertar el deseo de la eternidad, esa sed de infinito, nos descubre que el propósito de la Evolución es abrirnos al nuevo Eón de la existencia en Dios. No se ha equivocado la evolución. Nos ha preparado para dar el gran salto a lo absoluto cogidos de la mano de Dios que nos ha dado en Cristo.
Por eso el Evangelio no se queda en el llanto que la muerte causa, da un paso más. El Evangelio no solo describe el agua en la que nos estamos ahogando. Nos da una buena noticia. No estamos solos ante la muerte. Dios está y su gloria consiste en que el hombre viva. Dios enjuga los llantos. La acción de Jesús hoy, devolviendo a Lázaro a la vida, demuestra que El es Dios. El cumple las palabras de Ezequiel. El abre nuestros sepulcros. Y nos lleva a su tierra donde la muerte no existe y donde el amor por tanto se muestra más fuerte que la muerte. De hecho cuando Jesús dice YO SOY la resurrección y la vida, no sólo está diciendo que nos hará resucitar, sino que lo puede hacer porque El es YHWH que en hebreo significa YO SOY. Usa el nombre de Dios para hacernos saber que por eso es la resurrección y la vida. Habrá quien dude de la veracidad de este relato, pero eso simplemente pone de manifiesto que se duda de que Jesús sea Dios. Si se cree en Él, se comprenderá que puede hacerlo. Por eso los hebreos opuestos a Jesús no sólo acabaran con Jesús al que consideran blasfemo. Además matarán a Lázaro redivivo. Por considerar que su vuelta a la vida es fruto de aquel que ellos consideran hereje y blasfemo. Y de hecho, confirma el Evangelio que no pocos creyeron en Jesús, al ver lo que había ocurrido. Y eso quería frustrarse y por ello se le crucificó.
Y es que si crees en Jesús, en este Dios con nosotros, que puede resucitarnos por que es la vida eterna caminando entre nosotros, aunque la muerte de tu ser amado te haya hecho descender a lo más hondo, podrás llenarte de la esperanza que nos fortalece y nos permite experimentar un enorme caudal de resiliencia. El salmo lo ha cantado hoy. Y es que Jesús, tras ser asesinado, resucitará vivificado por el Espíritu, tal y como Pablo nos ha explicado. Ese espíritu sacará nuestro corazón del sepulcro emocional hediondo en el que la muerte nos sumerge cuando se lleva a un ser amado. Y llenará nuestro corazón de alegría, fortaleza, paz, confianza, fe en que la vida merece la pena, esperanza y amor que no envenena sino que alienta. La apertura a la eternidad que Cristo resucitado representa, de su veraz presencia divina, no nos deja vivir como muertos en vida. Por El sabemos que nuestro amor es más fuerte que la misma muerte.
Así que sí amigos, lo mejor que nos puede pasar es llenarnos del Espíritu de Jesús como Pablo nos enseña. Esa es hoy mi súplica más sincera. Porque deseo veros a todos resucitados. Creo que es lo mejor que nos puede pasar. Y por eso no me canso de dar gracias por Jesucristo al Padre en cada Eucaristía y también por habernos llenado de su Espíritu. Que no se canse por favor. Que lo haga hoy y siempre, como lo hizo ayer. Que lo haga por los siglos de los siglos. Y que siempre miremos la muerte no sólo como un fenómeno natural irremediable sino con nuestros ojos cristificados. No somos solo carne para la muerte, somos carne de la que Dios se ha enamorado y la ha transfigurado para la eternidad en Él.
Coincide maravillosamente que en esta jornada pediré a Dios por mi amigo José muerto recientemente en Elche de repente por un aneurisma, lo haré en compañía de sus afligidos familiares. Estos Emaús, no me pasan desapercibidos. La palabra nos visita para sacarnos de nuestro estupor actual. Hoy esta palabra nos hace sonreír con nuestros ojos llenos de lágrimas, porque nos hace arder el corazón con este evangelio que nos descubre la mayor verdad que en estos momentos podemos sostener: “Dichosos los que ahora lloráis porque reiréis”. ¡Sí José! Estamos tristes porque te has ido tan de repente, pero sabemos gracias a Jesús que volveremos a verte y que ese día nos llenaremos de una alegría que nadie nos podrá quitar. Así que gracias Padre, gracias por Jesús y su Espíritu, que nos permite pasar hoy del sepulcro amargo a la sonrisa plena de fe, de esperanza y de un amor que aunque herido está vivo y por eso no nos desespera. ¡Gracias Padre, hoy y siempre!.
DOMINGO 4. Dios es Dios y la religión es la religión. El Evangelio hoy lo deja muy claro. Dios es Jesús. La religión son esos fariseos y expertos de la ley que se enfrentan con el ciego curado y con Jesús.
Por ello a Samuel, Dios le dice, a quien debe elegir. Porque los hombres ven las apariencias. La religión puede ser muchas veces presa de ellas. Pero Dios ve el corazón. Y eso la religión no es capaz de verlo. Ese atributo es exclusivo de Dios. No es de hecho la primera vez que algunos son elegidos por sus apariencias para desempeñar una responsabilidad y luego dejan muy claro que nunca estuvieron a la altura con sus hechos y sus palabras. En cambio otros en los que nadie creyó o en los que muchos no confiaron, muestran con sus hechos y palabras que Dios estaba con ellos. Esto es un clásico en nuestra iglesia. Y deberíamos aprender la lección que Dios le da a Samuel, el último de los jueces, y el primero de los profetas.
Pablo da un paso más. La doble vida es muy propia de los entornos religiosos. Podríamos decir que es otro clásico sin temor a equivocarnos. No se sirve a la bondad, sino a la maldad. No se sirve a la justicia, sino que se trata con injusticia. No se sirve a la verdad, sino que con total falta de autenticidad se vive una burda mentira. Y cuando esto ocurre, lo que debería ser un lugar luminoso, se torna un lugar tenebroso. No pocas veces los entornos religiosos deberían resucitar de su “muerte”. Pues en la trastienda oscura se es una cosa, y de cara a la galería se pretende ser otra. Dios no es doble, siempre es el mismo. Siempre bueno, siempre justo, siempre verdadero. Pero el mundo y sus religiones a menudo no caminan por sus senderos. Así que no debemos olvidar que siempre Dios es lo que importa. Por encima de cualquier instancia religiosa.
El Evangelio y lo religión hoy no encajan:
- La religión piensa que el ciego lo es por castigo divino. Jesús disiente de eso, y deja muy claro que la gloria de Dios está en que el hombre viva en plenitud, y por ello lo cura. Dios es sanación y salvación, no mortificación y condenación como esa religión enseña.
- La religión valora sobre todo la fidelidad a su ideología y doctrina concreta, ésta ademas recibida de Moisés según su interpretaciones. La situación del ser humano, y la inhumanidad a la que lo condenan, no les importa. A Jesús no le importa que sea sábado, y que no se pueda curar en sábado según esa religión. A Jesús le importa curar al hombre que tiene delante. Y eso hace. Su doctrina es la de Dios mismo, porque como Él, obra un milagro. Cosa que sólo Dios puede hacer. La inhumanidad en nombre de preceptos religiosos, no forma parte de su doctrina. Su doctrina pasa por ofrecer al ser humano un trato humano, y nunca inhumano. Jesús es el esplendor de la humanidad. El Evangelio es Dios que nos busca, la religión es otra cosa, es una búsqueda humana de dios muchas veces trufada de muchas impurezas y no poco errores.
- La religión impone, interroga, escruta, ejerce coerción, amenaza, discute y condena, con altanería e ínfulas de ser incapaces de equivocarse. La religión excluye de su sociedad a los díscolos. Y ridiculiza a quien simplemente expresa lo que ha vivido, cuando se le pregunta. Sobre todo, cuando su discurso pone en tela de juicio ese entorno religioso que está ciego para ver la gloria de Dios. Jesús se presenta como el Hijo del Hombre. No se impone. Dialoga. Se da a conocer. Invita. Acoge. Ama.
- La religión está ciega aunque que cree que ve. Jesús ve y hace ver la luz a quien cree en Él y lo recibe libremente.
Así que si queremos vernos libres de nuestras cegueras miremos a Dios. Y si alguna vez un entorno religioso nos trata como los fariseos hoy tratan al ciego, recordemos este relato, y no olvidemos a Samuel ni a Pablo. Dios es Dios, y la religión es la religión. Y no conviene confundir ambas cosas. Pues cuando la religión vive de espaldas a Dios se vuelve tiniebla. La luz vino al mundo pero las gentes prefirieron las tinieblas a la luz. Las palabras del prólogo hoy se cumplen en este relato dominical. La religión no siempre es sinónimo de luz. Dios siempre es luz porque es imposible que pueda ser tiniebla. Por eso poco después dirá a todos los presentes: YO SOY LA LUZ DEL MUNDO. Y por ello la religión lo crucificará.
Así que si queréis vivir iluminados y amparados bajo la calidez de su amor, ya sabéis quien debe ser vuestro compañero de camino. Y si os pasa lo que al ciego que vuestro entorno religioso os demoniza, buscad siempre y con toda el alma, el amparo del Hijo del Hombre.
3. DOMINGO. Un corazón seco es un corazón sin amor. A veces lo que vemos son corazones semiáridos porque si tienen un poco de amor a su alrededor, no es un amor de esos que se consideran definitivos. Un conocido, un vecino simpático, un buen compañero de trabajo o de estudios. Hay personas que tienen muchas relaciones de este tipo. Pero las sienten insuficientes. Muchos incluso se conforman con cualquier persona para llamarla amigo, o incluso para hacer de una persona su pareja, con tal de no estar solos, de superar ese vacío que resulta de tener seco el corazón. Pero no es infrecuente que por desear un amor sin fisuras, un amor absoluto, al confiar en cualquier opción que encontramos a mano podamos quedar decepcionados. Ayer pude leer una noticia del “famoseo” de nuestras generación, y me resultó asombroso el número de separaciones y rupturas, y los motivos que tuvieron para dejar a sus parejas. Por lo que veo la samaritana, sigue insatisfecha dentro de muchos de nosotros. Y nos pasa lo que a ella: aunque echamos mano de las fuentes de agua que encontramos a mano, o sea de cualquier suerte de posible amor que entrevemos, la sed no cesa, porque ese supuesto amor a la corta o la larga, ni satisface ni compensa.
Jesús habla con esa gran mujer que tiene delante, a quien sus machistas discípulos ningunean. Jesús trata con amor a esa mujer sin importarle que sea samaritana porque lejos de ser un nacionalista judío o un ultra ortodoxo religioso (un integrista), le importa que es una persona preciosa, un tesoro, que además lo pondrá en contacto, con otros que por ser samaritanos se sienten rechazados. Estas gentes no tienen amor, por cuestiones de nación, sexo y religión. Y Él los ama. Y los pone en relación con un amor inusitado. Y en su modo de amar, la samaritana encuentra un amor absoluto, que supera con creces el amor de sus amantes, que por cierto, son bastantes. Esa fogosa mujer, descubre que el amor de veras, es de otra pasta.
Y es que los amores humanos son volubles. Basta ver la primera lectura. A Moisés, a quien deberían admirar y valorar los suyos, por haberlos sacado de la esclavitud y encaminarlos hacia una tierra prometida, a su libertador, lo acribillan a críticas y a juicios. Lo insultan. Lo cuestionan. Le amargan la vida con sus murmuraciones. El ser humano, hoy te encumbra y mañana te desprecia. Hoy te aplaude y mañana te quema en una hoguera. Jesús sabía que el corazón humano es voluble, y por eso su confianza profunda la puso en el Padre. Moisés, aprendió a hacer eso mismo. Porque si no hubiese mandado a su pueblo, a sus feligreses de entonces, a tomar viento. No se merecían su amor por falsos y por hipócritas. Los besos de Judas, seguramente tienen su origen genético aquí (sirva la broma para entender como solemos actuar los seres humanos de ayer, de hoy y de siempre). En este mundo te critica todo el mundo: tu madre, tu padre, tus hermanos, tus amigos, tus familiares, tus conocidos, tus desconocidos, el de aquí y el de más allá. Si no es por A, será por B, y si no, por C. La cosa es que si respiras, no te escapas, no faltará quien te encuentre un defecto y te censure por ello. No es fácil por tanto sentirse amado en términos absolutos por nadie. El corazón con frecuencia se seca.
Así que Pablo, nos explica, cual es la naturaleza del agua viva, que Jesús nos cita en el Evangelio, esa que impide que el corazón se seque. El amor absoluto de Dios. Dios te quiere porque sí no por lo que hagas. Dios te quiere porque le place. Dios te quiere gratuitamente. Incluso cuando no mereces que te ame. Este trozo de la carta a los romanos, nos desarma por completo. Los defensores de que ante Dios hay que sentir culpa, miedo y vergüenza cuando lo leen descubren su profunda necedad religiosa. Este amor nos libera por completo, y por ello, ante él, solo cabe vivir dando gracias, como Pablo hace. Y con una tranquilidad inmensa, donde miedo, culpa y vergüenza carecen de sentido. Donde hay amor no hay temor, dirá Juan en una de sus cartas. Dios te ama siempre y en todas partes, y en cada una de las situaciones en que tú te coloques. Y eso además te descubre, que con el otro, también ocurre lo mismo, de modo que cuando lo maltratas, estás dañando a quien Dios también ama. Este amor se regala, lo único necesario, es que tú quieras recibirlo. No se te impone, se te ofrece. Pero este amor, no viola, se propone y regala a todos, y se da por completo a quien lo quiera recibir.
Esto si que es amor absoluto. Y por eso la sed de este amor, cesa cuando uno sabe que es amado así por Dios. Y eso es lo que descubre no sólo la samaritana sino también sus paisanos.
Por eso el bautismo riega nuestro corazón seco. Siempre me gusta pensar que en él, el agua viva del amor divino se derrama sobre nosotros, gracias a Jesús que es quien nos abre el grifo del amor divino. Así que dar culto en espíritu y en verdad, al ABBA (papá), es dejar a un lado, los montes (esto es los cultos de uno u otro tipo), y dejarse amar por Dios en términos absolutos para que nuestro corazón deje de estar seco y pase a saciarse de amor a borbotones.
Y conste, esto no tiene nada que ver con sentir o no sentir. El sentimiento va y viene y poco importa. Cuando sé que me aman así, incluso cuando no lo siento, soy aún más feliz, porque la fe me enseña que el amor de Dios por mí, no depende de que yo lo sienta o no, sino de Él. Y esta fe desnuda de todo sentimentalismo es lo que te da la paz que brota de sentirse saciado del amor que nunca cesa. ESE AMOR QUE SALTA HASTA EL INFINITO Y MÁS ALLÁ. EL AMOR ETERNO DEL DIOS VIVO.
2.DOMINGO. El Evangelio transfigura nuestra vida. Porque nos vuelve más luminosos. Nos glorifica. Saca de nuestro interior lo mejor que llevamos dentro. Nuestra naturaleza adquiere su nuevo ser. Evoluciona hasta su meta. Alcanzamos la plenitud para asombro de todos.
Hoy se nos indican las actitudes para que esto pueda ocurrir. Hay que estar dispuesto a aventurarse. Quedarse encerrado en los propios esquemas impide evolucionar. Abran, cambiará hasta de nombre. Y gracias a eso alcanzará sueños que le parecían inalcanzables.
Otra actitud es confiar más allá de lo que ven nuestros ojos. Pues el logro de la plenitud no se logra si antes de verla no se cree que es posible alcanzarla. El salmo nos invita a vivir confiando más allá de lo que uno ve y experimenta hoy.
El Evangelio nos enseñará varias más. Ser capaces de subir montañas, es decir de esforzarse para poder experimentar las cumbres de la propia vida. Pues en esas cumbres ocurrirán maravillas. Seguir los destinos del Evangelio nos hace tomar parte en los padecimientos por causa del Evangelio. También es importante no pretender entenderlo todo. Vivimos envueltos en nubes por muy luminosas que estas sean. Las nubes del no saber. Habrá muchas cosas que no seamos capaces de entender, saber vivir inmersos en el misterio, sin ceder a la agonía de las dudas. Ser fuertes para afrontar los miedos, los temores, porque las inseguridades muchas veces las suscitan. No instalarnos sino saber caminar porque toda la vida es un camino que no cesa jamás. Escuchar la voz del Padre que nos muestra al Hijo muy amado, Jesús el Cristo. Vivir siguiendo su voz. Y saber esperar, hasta que llegue el momento máximo para alcanzar la meta. Esperanza y paciencia, como Teresa de Jesús nos enseña cuando dice aquello de “Nada te turbe, y nada te espante…”.
Por último el apóstol nos enseña dos actitudes más. Dejarse afectar por el amor que Dios derrama sobre nosotros gratuitamente y que es lo que nos cambia, es lo que nos hace nacer de nuevo. Y en medio de los padecimientos que seguro los habrá de muchas clases, no perder de vista nunca a Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.
La transfiguración personal es un precioso regalo de la gracia de Dios, por eso es importante saber recibirla para que no se derroche, de eso van estas actitudes. Caminar con Jesús hacia la gloria supone tener claras todas estás cosas.
1 DOMINGO. Los mitos no son una mentira. Son una verdad contada de otra manera. Son parecidos a las fábulas. Y esto es lo que hoy nos encontramos como primera lectura, con uno de los varios relatos de la creación que hay en la Biblia. El mismo autor por cierto reconoce de manera indirecta que estamos ante un mito, pero esa parte del libro no suele ser leída en la liturgia habitual. ¿Y cual es el mensaje que el mito nos expone? Que el ser humano se hace con la inteligencia y la libertad y la usan no para el bien sino para el mal. El animal que no es inteligente ni libre como el ser humano no es capaz de hacer el mal. Pero el ser humano tiene la capacidad de convertir un paraíso en una suerte de infierno. Y esto es algo que por desgracia vemos a diario a través de los diferentes medios informativos. De eso nos da testimonio claro este relato mítico con su ingenuidad natural y su teismo concreto que convierte a Dios en parte misma del cuento. Pero la enseñanza es clara. No somos mejores que los demás, pero somos inteligentes y libres y eso nos expone a a opciones y a peligros que los demás seres vivos no conocen.
¿Como usar esas capacidades? (Más allá del prejuicio negativo con el que el autor del mito reviste esos dones al asociarlos a la acción de la serpiente), pues, las otras dos lecturas son la respuesta a esta pregunta que nos hacemos tras escuchar el mito.
El apóstol, que es un fariseo en origen, habla y razona conforme al esquema mental de aquellos hebreos, y lo comprobamos frecuentemente en sus epístolas. Y en esta en particular. Pero el mensaje es hermoso: un hombre equivocado nos echó a perder a todos, El Hombre Nuevo, Jesús el Cristo, nos ha salvado de esa situación y nos ha devuelto a la senda que nos puede llevar a la plenitud. Un ejemplo es un árbol borde que da frutos desabridos, debidamente injertado, dicho árbol puede renovar su sabia, y dar frutos más sabrosos y mejores. Vivir unido a Cristo Jesús, dejándonos afectar por su gracia, nos renueva, y reorienta el uso de nuestra inteligencia y de nuestra libertad, abriéndolas hacia una gloria que por si solas no pueden darse, y así las puede salvar del abismo de la autodestrucción. Basta dejar a la gracia de su Espíritu actuar en nosotros.
El Evangelio de hoy nos regala una preciosa catequesis sobre Jesús. Convertir este relato en una narración histórica supone cuestionarse quien lo narró. Porque Jesús estaba solo y no escribió nada. De modo que el evangelista tuvo que construirlo partiendo de lo que escucharía del propio Jesús o lo que oyó a los apóstoles si es que el evangelista no lo trató directamente. Por esta razón me gusta considerarlo mejor una preciosa catequesis sobre Jesús.
La enseñanza es clara: nuestro desierto interior está poblado de voces. Y no todas ellas son dignas de ser escuchadas del mismo modo. En el cielo no solo vuelan pajaritos, también vuelan pajarracos. De hecho un hediondo pajarraco sobrevuela el desierto interior de Jesús. Y siempre le insta a dejar de lado a Dios, considerando más importante lo material, el propio ego que convierte a Dios en un siervo suyo, y el afán de poder omnímodo. Jesús responde siempre igual: desde la Escritura, el Padre Dios, lo primero. Pero el pajarraco conoce las escrituras y lo tienta usando una cita sin tener en cuenta las demás. Pero Jesús que sí las conoce le desmonta el argumento. Manipular las escrituras nos puede llevar a lanzarnos al vacío, por no haber conocido, todas las Escrituras. El uso disparatado de la biblia engendra monstruos y no pocas locuras. Diablo, por ejemplo, es una palabra que significa división. Y eso es lo que muchas veces experimentamos en nuestra conciencia a la hora de usar nuestra libertad y nuestra inteligencia. Nunca pienses y actúes optando por una voz que te aleja del Dios del amor. Del Padre de Jesús. Ese no es el Espíritu de Jesús. En tu debate interior que el Dios del Amor sea tu criterio de juicio siempre. No escuches y sigas otras voces, y si lo haces, desanda el camino en cuanto puedas.
Así que diviniza solo al amor, y ríndele culto con tu inteligencia y tu libertad, de este modo no convertirás el mundo en un vertedero, sino en un hermoso paraíso. Una hermosa voz hoy a mi juicio desde la que considerar no pocos debates abiertos en el mundo actual. Lo que se puede aprender pensando con calma sobre un mito.
ORDINARIO
DOMINGO 6
Dios no es enemigo de la libertad. La primera lectura y el salmo lo dejan muy claro nada más empezar a escuchar hoy. Tenemos ante nosotros agua y fuego, vida y muerte. Y podemos elegir el destino que queramos. A nadie se le impone el tener que pecar. Tampoco se impone la santidad a nadie. Incluso cuando inclinamos nuestra libertad hacia el mal, Dios nos liberó por su gracia, liberó nuestra libertad de modo que pudiésemos tomar el camino de la verdad que lleva a la Vida. Y es que la libertad no es un valor en sí misma. Es una condición que nos viene dada con el hecho de ser humanos. Así que el problema no es ser libres, que siempre lo somos, incluso aun cuando no lo parece. Pues hasta para negar la existencia de la libertad es preciso decidirlo libremente. Y nada más odioso que un régimen que trata de impedirla o abortarla. Su recuerdo siempre será preso de la infamia.
Así que ¿qué hacer con la libertad? El Evangelio nos lo muestra. ¿Quieres vivir en plenitud? No uses tu libertad para matar, o para odiar. Las palabras de Jesús no pueden ser más claras. No uses tu libertad para traicionar a la persona que más te quiere. Porque hay uniones ilegitimas, nulas de necesidad porque nunca fueron verdaderas por falta de la compatibilidad necesaria, pero hay otras que siendo verdaderas pueden echarse a perder por mentiras y traiciones. Eso no hace feliz a nadie. No uses tu libertad para humillar a la mujer, como hacían aquellos antiguos machistas hebreos, razón por la que Jesús es tan tajante contra el repudio de las esposas, porque eso convertía a las mujeres en basura de las calles, con el único futuro de la prostitución por delante. Maltratar a la mujer es un erróneo modo de usar nuestra libertad. Por último no uses tu libertad para fanfarronear jurando henchidos de orgullo, vanidad y soberbia. Nunca sabrás si algo te impedirá poder cumplir lo que juras, porque sólo tienes el presente ante ti. No uses tu libertad para volverte fétido por un alarde narcisista absurdo creído de que eres algo cuando como bien enseñan los funerales…”no somos nada”. Usa bien tu libertad para vivir en plenitud, porque sin amor, traicionando, maltratando a la mujer y henchidos de soberbia convertiremos nuestra vida en un basurero, que eso era la Gehenna, el basurero de Jerusalén que siempre estaba ardiendo.
El problema es que igual que esto no estaba de moda en aquella época según nos cuenta Pablo, entre los príncipes de este mundo de hoy, tampoco parece que este uso de la libertad goza de mucho pedigrí. Por eso escucha a tus hermanos y al Espíritu de Dios, no vivas por tu cuenta la fe, porque al final tu libertad se convertirá en una sombra de los que mandan en este mundo. Y de los que por desgracia se puede seguir diciendo aquello del cantar del Cid: ¡Que buen vasallo si hubiera buen Señor!. Por que los grandes del mundo parece que piensan poco en la felicidad de los demás y mucho en la suya propia, como sí fuese posible construir una felicidad verdadera sin la construcción del Bien Común. Y el ciudadano trabaja, sufre y trata de vivir, sin el apoyo que debería recibir de quienes se dicen servidores de los demás. Pero Pablo lo advierte: ¿Quieres ser sombra de los demás o quieres ser auténtico? Jesús lo tiene claro, y Dios con Él, la libertad es para ser auténtico. Para escuchar lo que se dice, y aportar lo que tú tengas y quieras decir, siendo tu mismo. Ser fiel a Dios es ser fiel a ti mismo. Jesús lo tuvo claro, y así nos lo enseña: Libre para ser quien eres verdaderamente pues así te encontrarás con el Dios que te glorifica. No hay ley más verdadera y sagrada que esa.
DOMINGO 5
Jesús es sabiduría de vida. Varios consejos suyos hoy lo demuestran. Y es que la Sabiduría de Dios habla por su boca. Por eso no es raro encontrar en sus labios cosas que fueron dichas antes por los profetas. Él solía sacar del baúl lo nuevo y lo viejo (aquello que sigue siendo valioso).
El primero que nos regala es: no te cierres a tu propia carne porque si no el mundo se quedará a oscuras. No es un mundo luminoso el que se construye sobre el egoísmo supremacista y sus sinónimos (y los tribalismos nacionalistas o partidistas tan amigos de los muros y los discursos imperialistas tan de moda hoy, son directamente eso). De ese egoísmo brutal no surge nada más que sufrimiento. Porque usando esas categorías la persona queda convertida en un objeto. En mera mercancía. Y su rostro sagrado no es tratado como reclama y merece. Ese egoísmo es blasfemo por que es sacrílego en su más profundo centro.
El segundo que nos ofrece es: no te dejes dominar por el miedo para no actuar. Supera tus límites. Crece. Abrete a nuevos caminos. Ponte bajo la acción del Espíritu y déjate llevar. Si te cierras a la aventura de la vida por tus temores te perderás grandes cosas que podrías haber disfrutado. Cosas en las que quizás nunca habías pensado, creyendo equivocadamente que tu vida debía ir por otros caminos. Pablo tuvo esa experiencia y por ponerse en las manos del Espíritu de Jesús, y ser capaz de vencer sus miedos y dejar de lado sus sueños equivocados, se encontró con la mayor vida que nunca fue capaz de imaginar. Jesús destruyó sus expectativas y le dio otras infinitamente mejores y superiores a las que el fue capaz de aspirar por sus solas fuerzas.
El tercero es: pasa por el mundo llenando la vida de sabor y de luz. Una vida insulsa y oscura no enriquece a nadie, ni a ti, ni a los demás, ni siquiera la mismo mundo. Es una vida desperdiciada y derrochada. Una vida así es una vida a medio gas. Un tesoro valioso tirado a la basura. No basta con vivir, hay que vivir en plenitud. A Jesús no le place que sus amigos vivan de cualquier manera sino que desea que vivan en abundancia. No somos zombis sino personas.
Jesús es un maestro de vida. Hoy has escuchado estos consejos. Tienes mucho que descubrir. Y a su lado puedes aprender la mayor de las lecciones, basta escuchar su voz: Si amas serás sabroso y luminoso, no te retendrán los miedos que te impidan ser tu mismo y mejorar a la vez la vida de los demás, y al no cerrarte a tu propia carne construirás un mundo muy diferente del que brota del egoísmo incapaz de alumbrar el bien común como principio rector de una nueva civilización. Y que no te engañen: el bien común nunca se construye a costa de una persona, su dignidad y sus derechos fundamentales. No pocas revoluciones han hecho eso. La inhumanidad nunca construirá el bien común. ¿Decidme si esto es o no sabiduría de Dios? Para mí no hay duda: Jesús es la pura sabiduría divina hecha carne.
DOMINGO 4
Los que asocian la iglesia con una suerte de imperio en la tierra, se equivocan. Como también lo hacen los que creen que somos la congregación de los perfectos.
La compañía de Jesús es otra cosa. Somos buscadores. Los humildes de la tierra. La soberbia es extraña a quien ama realmente a Jesús. Somos los buscadores de la humildad. Somos los que creemos que la justicia y el derecho son mejores que la injusticia en todas sus formas. Muchas veces somos un “resto”, un pueblo humilde y pobre, cuyo único refugio es el Señor. Somos gentes que saben que el mal es peor que el bien, y que no se gozan en la mentira y la hipocresía. Somos los que vivimos que pastando junto a nuestro buen pastor, el descanso nos define, y las inquietudes no anidan en nosotros e incluso nos huyen.
La compañía de Jesús está formada por los pobres de YHWH. Esos son los pobres de espíritu. Los que como decía mi estimado profesor el Dr. José Cervantes Gabarrón, son los que eligen ser pobres, los “anawin” del AT. Los que saben que con Dios lo tienen todo, y sin Él, no tienen nada.
La compañía de Jesús muchas veces somos gente oprimida y tratada con injusticia por diversas causas, los hambrientos en muchos aspectos pues no sólo de pan vive el hombre, los cautivos por muchas situaciones, los ciegos cualquiera que sea la ceguera que nos aflige, somos los que ya nos doblamos por pesadas cargas, los que queremos ser justos en medio de nuestros errores, los que peregrinamos a la intemperie, somos los huérfanos y las viudas que hemos perdido a seres tan queridos, somos los que viven trastornados muchas veces, a expensas de los malvados. Los que sabemos que pedir perdón y otorgarlo forma parte sustancial de la vida.
La compañía de Jesús somos una asamblea donde no hay muchos sabios en lo humano, ni gente poderosa, ni muchos aristócratas. Somos muchas veces lo necio del mundo, lo que no cuenta, gente que no puede gloriarse en la presencia del Señor. Gente que recibe sabiduría, justicia, santificación, redención y glorificación porque Dios nos lo da por que le place, por pura gracia suya.
La compañía de Jesús somos esos pobres de espíritu de los que hablaba Jesús y que el Dr. José también nos explicaba. Somos los mansos que no mandamos ejércitos contra los demás. Somos los que lloramos a la espera del consuelo. Somos personas con hambre y sed de la justicia a la espera de ser saciados. Somos los misericordiosos que cuando no perdonamos nos rompemos por dentro. Somos los limpios de corazón porque vemos a Dios junto a nosotros. Somos los que trabajamos por la paz convencidos de que agredir y guerrear nos conducen al abismo. Somos aquellos a los que se nos regala ser hijos de Dios y lo aceptamos en medio de mil debilidades. Somos los perseguidos por luchar por la justicia, y también por aspirar al Reino de Dios y no al cúmulo tenebroso que muchas veces llamamos mundo y que lo único que hace es destruir cada día más nuestro planeta con nosotros dentro. La compañía de Jesús somos los que recibimos insultos, burlas o persecución e incluso calumnias de cualquier modo por su causa, por conocerlo, amarlo y seguirlo. Somos los que gracias a Él, y sólo a Él, nos alegramos y regocijamos con nuestros corazones llenos de esperanza.
Así que eso es lo que veo, hermanos, siempre que os miro. Mi preciosa familia. Veo la compañía de Jesús. Y me gozo de ser uno más entre vosotros, de caminar junto a todos vosotros en su compañía. Y doy gracias por ello. Así somos. Y es un orgullo y un honor gente caminar a vuestro lado, día tras día, siempre tras los pasos del Señor Jesús, ese que se empeñó en llamarse nuestro AMIGO.
DOMINGO 3
Jesús es fuente de riquezas que nada tienen que ver con el oro y lo que mucha gente en nuestra sociedad considera tesoros. ¿Como cuales? Escucha la voz de la Escritura hoy y lo descubrirás.
Jesús busca lo que algunos consideran perdido. Incluso a los que a sí mismos se consideran así. No tiene a mal habitar entre los gentiles, que nada tienen que ver con el ámbito religioso de su tiempo. Es de los que sabe vivir entre la gente sin prejuicios excluyentes, ni supremacismos puritanos.
Jesús ilumina las tinieblas y las sombras de la muerte al morir y resucitar. Y así fundamenta nuestra esperanza de manera incuestionable: espera en el Señor, se valiente, ten ánimo, espera en el Señor, si el Señor resucitado es nuestra luz y nuestra salvación, si lo convertimos en la defensa de nuestra vida, nada nos hará temblar.
Jesús construye la unidad y nos previene contra la división que las cosmovisiones religiosas provocan. Nada es mas triste que oír a un cristiano despotricar contra otros cristianos por sus diferentes puntos de vista. La unidad es el primer dogma. La unidad en el amor. Y ese es el que transgredimos cuando damos más importancia a cosas menores para sacrificar lo más importante. Pues cuantas veces en la religión filtramos el mosquito y nos tragamos el camello, y así por minucias, rompemos la unidad y nos convertimos en el mayor antitestimonio ante los demás, porque no nos parecemos en nada a Jesús. Y es que Evangelio y Religión, no siempre caminan a la par. Es más la mayoría de las veces lo hacen dialécticamente y no de un modo pacífico.
Jesús nos llama a la conversión, porque el desamor campa a sus anchas en nuestros corazones. Por eso es importante que descubramos que el reino del amor en nuestra vida es posible y está cercano. El Reino de Dios, es el reinado del amor en todas las dimensiones de nuestra vida. Pues al parecer con amor, el mundo es más luminoso y más cálido, y está mucho más vivo. La vida resplandece a su lado, sin sombra alguna.
Jesús invita a que lo sigan personas humanas que no son perfectas, ni siquiera relevantes ni poderosas. Si Jesús quisiese a su lado gente perfecta simplemente nunca habría venido. ¿Para qué?. Por eso no entiendo a los que exigen a los seguidores de Jesús, ser poco menos que ángeles. El sabe que ser un pescador de hombres, lo convierte en un imán para la gente real, y la gente así, se ve asediada por mil problemas y sufrimientos. Y asediada por mil defectos. Más su amor es gratuito, nos ama porque sí, y por nada más. Sin duda sabe que amarnos nos hace más felices. Pero la verdad se impone por sí misma en los corazones. Por eso no se cansa de llamar a la puerta de nuestro corazón, su amor infinito e inaudito le impele a ello.
Jesús es pues un tesoro de amor eterno por el ser humano y su mundo, un anhelo vivo de glorificación para todo y para todos. Es su amor el que nos muestra que la nada, el mal y sus sufrimientos anejos no son nuestro destino definitivo. Jesús es ese amor que impide que nuestra soledad esté poblada de aullidos.
Jesús es mi tesoro ¿es el tuyo?, escuchar las Escrituras hoy, oír su voz, te animan a que lo descubras como tal. Que esta voz no caiga en saco roto.
DOMINGO 2
Lo ordinario en mi vida es tener a Jesús por amigo. Formar parte de la comunidad de los amigos de Jesús. Cuando camino entre mi familia cristiana, siempre percibo lo mismo, no somos perfectos, e incluso a veces somos de cuidado, más todos los que conozco, son personas enamoradas de Jesús, aunque ninguna de ellas sea digna de desatar las correas de sus sandalias, entre las cuales, evidentemente, yo me incluyo. La verdad es que de ser un fariseo Jesús, y quererse rodear de los perfectos exclusivamente, la iglesia como tal, hubiese sido un imposible metafísico de primera naturaleza.
Así que amigos, ¿qué aprendemos hoy escuchando la voz del que sabe como somos y aún así decide amarnos, seguir entregando su vida y derramando su sangre por nosotros?.
Últimamente no faltan voces que nos dicen que todas la religiones son iguales. Las Escrituras hoy discrepan de tal visión de las cosas. Ya Eugenio Trías dijo algo así en la edad del Espíritu, y ahora, Zumzunegui y otros, afirman lo mismo. Ni Buda, ni Lao tse, ni Confucio, ni Zoroastro, ni Moises ni los profetas, y menos aún Mahoma afirmaron ser Dios con nosotros. Jesús afirmó que Él era uno con el Padre, y eso le costó la vida. Nada que ver con los emperadores romanos, los faraones y los emperadores orientales que por motivos políticos y para afianzar sus dominios, afirmaban ser uno más de los dioses del panteón divino, o un hijo del sol o de las estrellas. Estos te mandaban obedecer y dar tu vida y todo lo tuyo por su gloria, incluso en Mesoamerica, alguno de estos “príncipes divinos” te arrancaba el corazón para comérselo por motivos teológicos muy cuestionables. Jesús dio su vida por ti, te amó hasta el extremo, nada que ver. Fijaos si es así que el mismo centurión romano, al verlo morir amando de esa manera, fue el que reconoció que Jesús era el Hijo de Dios. Y por ello se convirtió en un blasfemo a los ojos del Cesar. Aunque afortunadamente para él, no nos consta por el Evangelio, que el dios cesar romano llegase a enterarse de tal cosa y por ende no tomó medidas contra él que sepamos.
Así que del mismo modo que todos los animales vertebrados no son iguales por el hecho de ser vertebrados, tampoco todos los teismos y comprensiones diferentes de Dios en cada universo religioso, son iguales las unas a las otras.
En ese sentido, tanto el profeta como el apóstol, como el mismo Juan el Bautista hoy son muy claros al respecto y refuerzan mucho esta idea.
Jesús, dirá el profeta, es el siervo de Dios, puesto ante el mundo, no sólo para reunir a los hijos de Israel, sino para llevar la luz a todas las Naciones. Los ecos de la Epifanía, aún están muy recientes. No es su voz, el sonido de un clamor nacionalista ni tribal. Es una voz para todos. Los hebreos nunca quisieron tal cosa. Los musulmanes aprendieron esa universalidad de Jesús. Normalmente cada credo estaba muy vinculado a su propio terruño, a su propio influjo cultural. La buena nueva de Jesús, es una voz que quiere oírse en todas las lenguas. De hecho si algo se valora mucho de los primeros misioneros mandados a América es su labor de conservar mediante gramáticas las lenguas de los pueblos nativos con los que se encontraron, y recoger no pocos elementos artísticos y culturales, hasta mitológicos para hacerles entender el misterio de encuentro con todos que Dios puso en marcha con Cristo Jesús. Y tales dialécticas culturales, provocaron tensiones similares, a la conversión de un mensaje predicado en arameo y hebreo, a una buena noticia primero en el universo griego, y luego en el mundo romano. Con los pueblos bárbaros en Europa también pasó algo parecido. Y con pueblos en oriente, del mismo modo, algo similar. Cristo es para todos, y ningún corsé cultural debe impedir que tal cosa sea posible. El tribalismo, el nacionalismo o el localismo cultural, o el belicismo imperialista no va con Cristo Jesús (por más que esto se haya hecho cuando se ha convertido a Jesús en un ente religioso más, ese cristo guerrero es una burda mentira).
Jesús según Juan el bautista es el cordero de Dios que viene a entregarse por nosotros para lograr nuestra liberación y nuestra glorificación. No nos pide a nosotros que entreguemos nuestra vida para redimirnos, sino que es Él, el que entrega su vida y derrama su sangre para salvarnos. No hay mayor amor que el de aquel que da la vida por sus amigos. Por eso el es la LUZ, porque el resto de los testigos de la luz, nos han dicho ven y aprende, ven y escucha, ven y obedece… Jesús dice voy y te amo hasta el extremo. En eso es único. Y diferente por completo del resto de los fundadores religiosos. Además Él nos da su Espíritu. El trato con Él no consiste en prácticas religiosas, ritualistas y vacuas. Tiene que ver con nuestro ser más profundo, afecta la esencia de nuestra existencia y nos transfigura. Afecta al corazón y provoca una nueva creación. No es por eso un Dios lejano o aislado, sino un Dios con nosotros, en comunión permanente con cada uno. Está profundamente unido a nosotros pero al par es diverso. Trascendente e inmanente. Y en este diálogo dinámico con esta llama de amor viva, ninguno pierde su identidad, y cada cual encuentra su propio espacio, pues siguiendo el símbolo del fuego, cuando comparto con otro la llama encendida de mi vela, no pierdo por ello mi fuego, simplemente lo expando al compartirlo. Pero el fuego me sigue acompañando, habitando a mi. Dios no es pues el que convierte el universo en marioneta ni en siervo suyo, sino el que se entrega respetando la propia diversidad. Por mucho que lo llamemos Señor, no es un amo, sino un amor, por eso al final El nos dice que somos amigos. Algún maestro sufí por decir esto mismo, que la amistad con el Altísimo es posible, que tal amor es el mismo Altísimo, murió martirizado (Mansûr al-Hallaj). Y no debemos olvidar que a Jesucristo varios siglos antes, la religión le hizo lo mismo.
El apóstol nos enseñará que Dios es Padre y es Hijo. En eso estará en plena comunión con el prólogo de Juan recientemente leído y por cierto: reiteradamente. El Dios unigénito que estaba en el Seno del Padre, nos ha dado a conocer al Dios que nunca ha visto nadie. Dios nos busca a nosotros. Nosotros no buscamos a Dios.
Y esa es la gran diferencia entre Jesucristo y la religión. La religión es la búsqueda humana de Dios envuelta en prejuicios y condicionamientos culturales de diversos tipos. No excluye eso que haya semillas de verdad de alto nivel. Y no poca belleza, e incluso notable bondad. Más también hay en ellas otras muchas cosas. Jesucristo no es un hombre buscando a Dios, es Dios buscando al hombre, y oh curiosidad, su relación con la religión ha sido de todo menos pacífica. Controvertida, dialéctica y al final trágica. Más si sabemos que es Dios, es porque resucita. Otra cosa es que yo lo crea. Pero eso no es problema suyo, sino mío.
Jesús es otro asunto. Por eso a mi me gusta llamarlo evangelio y no religión. El problema es que muchas veces nosotros queremos convertirlo en religión, y ahí es cuando nos volvemos sal sosa y luz ocultada para el mundo que vive en tinieblas. Ahí es cuando nos equivocamos. Y eso es lo que muchas veces nos espanta cuando escuchamos a los profetas o a sus seguidores, decir lo que sólo es fruto de su propia cosecha y no de Jesús mismo. Por algo nos dijo Pablo que no le seguimos a él, o a Pedro o a Apolo. Sino a Jesucristo y este crucificado por la religión, y resucitado como Dios unigénito. El glorioso Hijo del Hombre en el que habita la total plenitud de Dios. Si las religiones son vertebrados diferentes unos de otros, Jesucristo queda fuera de tal catalogación. Porque no es un buscador más en el misterio, es el misterio mismo que en primera persona toma la palabra. Ahí es nada. Así que discrepo de los que para vendernos sus particulares hermeneúticas, tratan de uniformarlo todo, afirmando que todo es lo mismo. Discrepo. Mirando a Jesús mi amigo a los ojos sé firmemente que no es así. Debe ser que como dijo mi paisano Avenarabí, seguro que soy un enamorado de Jesús, de los que el decía que no tienen cura alguna. Bendita pues mi dolencia amigos.
Navidad
BAUTISMO DEL SEÑOR
Dios está con nosotros. Esta es la gran enseñanza de la Navidad. Dios unigénito que estaba en el seno del Padre, nos ha dado a conocer al Dios que nadie ha visto nunca. Ese es Cristo Jesús. ¿Pero si Dios está con nosotros? ¿Dónde está hoy? Porque fisicamente Jesús no está con nosotros. Lo está en la Eucaristía sí, pero ¿como?. Descubriremos hoy que la Navidad que termina este domingo posterior a la Epifanía, nos transmite la misma enseñanza final que la Pascua. San León Magno sabía muy bien lo que nos enseñaba, cuando nos decía que la Navidad es Pascua, y por ello nos deseaba, felices pascuas.
La Eucaristía sería imposible sin pentecostés. La gran plegaria eucarística en la que agradecemos al Padre el regalo que es Cristo, contiene varias epíclesis, es decir, varias invocaciones pidiendo al Padre el Espíritu Santo para que haga presente a Jesús entre nosotros, en el misterio, y para que con su aliento nos asista.
Dios está pues con nosotros en Espíritu. Tres símbolos nos ofrecen sobre ese Dios con nosotros en medio de nuestra vida ordinaria. Uno es el fuego y otro el viento. Así aparece en Pentecostés. Y ambos, fuego y viento, son energía pura y fuente de energía. La combustión produce energía, el sol también lo hace, y la fusión y la fisión nuclear. Y los molinos de viento producen energía eólica. Y de eso en España, sabemos bastante. El Espíritu es energía pura. Pero no en el sentido físico, sino en el ámbito de la existencia personal. Jesús es un testimonio vivo de ello, es ese siervo perfecto del que habla el profeta Isaias. Su plena encarnación. Además es el que pasa entre nosotros haciendo el bien, y combatiendo el mal. Es amor en movimiento. Un amor inusitado, dulce y delicado, al par que intenso y radical. Un amor extremo. El AT encuentra en Él la respuesta a todas su dudas, y Jesús respeta esa búsqueda humana de Dios, dándole a Juan su lugar y respondiendo a sus dudas, superando todas sus expectativas. El testigo de la luz, queda eclipsado por la LUZ. Pero esa LUZ eterna, no lo minusvalora, reconoce su misión, la valora y la cumple. Y eso mismo hace con todas las profecías, y con no pocas mitologías de innumerables culturas. Las semillas del Verbo de Dios, están por todas partes. Pues la humanidad completa ha de recibir su obra salvadora, eso nos enseñaba la Epifanía. La acción del Espíritu en Cristo Jesús es católica, profundamente universal.
Dinamismo salvífico universal, en eso convierte el Espíritu a Jesús. El tercer símbolo es la paloma. Mateo nos remonta al libro del génesis. Al relato del diluvio en la versión hebrea. Pues ese relato, es común a muchas culturas. Y por eso el agua aparece hoy en el relato, pero también lo hace la paloma y la voz del Padre. El agua lavará los males de nuestras vidas, la paloma es la paz que nos abre a una nueva oportunidad, como sucede en el génesis. El Espíritu es la paz de la que brota una nueva era. Y suscita la voz del Padre, como en el génesis, sólo que aquí, ya no es el anuncio de una futura alianza con los hombres. Ahora esa voz señala a Jesús como la Alianza Nueva misma. Con Cristo se nos muestra el centro de la historia. La voz misma del misterio que nos habla y nos ama, como nunca antes se había visto. El asombro ante los hechos y palabras de Jesús, es una constante en todos los relatos evangélicos. El Espíritu obra ese prodigio. Pero Él no se reserva ese don para sí, sino que lo comparte. Lo da a todos. Es católico. Nos lo regala a todos si lo queremos recibir. Que importante es la Confirmación, nunca le daremos el suficiente valor que ella supone. En ese sacramento se derrocha la gracia, sobre todos y aún más sobre aquel que lo recibe de buena fe.
Desde entonces y siempre cada vez que lo invocamos. Dios hoy nos acompaña a través de Él. El Espíritu Santo es el Dios con nosotros que Jesús nos alcanza. En el que nos sumerge, y desde entonces, en Dios vivimos, nos movemos y existimos.
Y lo primero que hace es convertirnos en Hijos amados del Padre, y lo hace, uniéndonos a Jesús el Cristo. Nuestras personas se transfiguran en Cristo gradualmente. Así ocurre. Y por ello, este misterio en acción, nos enseña a amar como Cristo nos ha amado y nos hace vivir en plenitud. Nos permite vivir en abundancia. Nos sumerge en la gloria, y así, nos diviniza. Es sorprendente. Y eso ocurre en esta alfarería que es la Iglesia. Y el Espíritu es el sagrado alfarero. Dios en Él trabaja nuestro barro humilde, y por su gracia, este homínido evolucionado que somos se diviniza con todo su universo sin el cual no podría existir. Es la acción de Dios en el Espíritu. Ese es Dios con nosotros hoy.
Así que por favor no digamos más esa estupidez blasfema de que “nunca ha venido nadie de allá a decirnos que hay al otro lado”. ¿Es que Jesús no es nadie?¿El que ha pasado por el mundo haciendo al bien y luchando contra el mal no es nadie?¿El que nos ha amado hasta el extremo no es nadie?¿aquel que tuvo que pagar el precio de la cruz por nuestros pecados no es nadie? Pues ese nadie resucitó de entre los muertos. No olvides. Y además nos ha regalado su Espíritu. Gracias a Él ahora puede estar Jesús con todos nosotros, en todo momento y en cualquier sitio. Y nuestra vida ordinaria se convierte así en el paseo por el paraíso trágico de la vida acompañados del mejor de los amigos que pueda existir. ¿Veis? Dios está con nosotros gracias a Cristo Jesús en el Espíritu. Y son los sacramentos de la iniciación cristiana los que nos sumergen en ese océano de gloria gozosa. Sí ha venido de allí aquel que nos habla del más allá. Otra cosa es que tu lo recibas, o que prefieras las tinieblas a la luz. Él está a la puerta llamando y su le abres entrará y te dará su Espíritu para que en ti se opere una Nueva Creación. De este modo te convertirás en un Hijo amado del Padre.
Así que Dios está con nosotros, no lo dudéis abridle hoy y siempre la puerta de vuestra vida, y él os colmará con su Espíritu. La gloria nos aguarda, ni los profetas ni los apóstoles nos engañan hermanos. Hermoso mensaje el que la Navidad y la Pascua nos regalan hoy y siempre.
EPIFANIA
Buenas noches, amigos y hermanos. Es la noche de Epifanía, que dicen que es una noche mágica, y yo que me alegro. Ya sabéis que no es el final de la Navidad, aunque si de las navidades del niño pues se deja de venerar hoy en las celebraciones litúrgicas y ya prosiguen las navidades del bautismo, que son la semana que viene, y con el siguiente Domingo termina la navidad. Digo esto porque como adelantamos la navidad a veces hasta antes de todos santos, por asuntos comerciales, bien está que ahora no la recortemos por las famosas rebajas. El comercio no puede ser quien dictamine ni el comienzo ni el final de los tiempos litúrgicos. Y con la Navidad bien que lo hace.
Ya sabéis que la Navidad la hicieron al albur de la Pascua y de la misma manera que en la Pascua está la resurrección, que sería comparable a la encarnación, y luego está la Epifanía que viene a ser como la ascensión al cielo para que todo el universo pueda contemplar a Cristo que hoy se muestra a todos los pueblos sin supremacismos ni exclusiones. Y por último Pentecostés termina la Pascua y bueno, pues la fiesta del bautismo del señor, es una fiesta muy pneumatológica, que decimos los curas (como siempre tan complicados), o sea, “muy del Espíritu Santo”. Por eso en ella el Espíritu Santo tiene un protagonismo tremendo. Ya Juan el Bautista lo va anunciando mucho tiempo cuando va diciendo eso de que Jesús nos bautizará con Espíritu Santo y fuego.
Entonces, qué deciros del día de Reyes? Pues que la lógica de Dios no tiene nada que ver con la lógica del mundo. Porque Dios lo que quiere es llenarlo todo de lo luz, y para ello, reunir a todos los pueblos de la tierra en una gran familia. Y llenarlos a todos de gozo y de gloria. Que todos los pueblos batan palmas llenos de alegría.
Pero nuestro mundo, ahora mismo está inmerso en una suerte de “neo imperialismo”, donde uno manda y los demás obedecen y punto pelota. Y cuando no es así, pues son “tiranuelos” de baja estofa, dando por saco y haciendo sufrir a su gente. Y ademas ahora varios aspirantes a todopoderosos tiranos, después de erradicar a los que consideran molestos (algunos de ellos unos auténticos matones de barrio, todo hay que decirlo), se miran con recelo cuando saben que los otros aspirantes a emperadores mundiales, tienen armas suficientes para hacerles mucho daño si se entra en conflicto con ellos.
Y por si no fuera suficiente, en los países donde se vota, nos encanta dividir a la gente, no reunirla, sino dividirla y pelearla para que los que están en el poder lo puedan mantener, porque ellos en gran medida viven de la confrontación de la gente. Eso lo vemos mucho cuando llegan las elecciones, que viene fulano y entonces empieza a meterle miedo a la gente para que la gente vaya como loca, a votar, porque claro, el poder no lo podemos perder. Y meter miedo, gritando que viene el lobo, permite manipular a la gente y todo este rollo sobre el que tampoco quiero extenderme más.
Bueno,…, así va el mundo. Mirad, yo miro el panorama internacional y no veo la lógica de Dios por ninguna parte. No veo nada más que la lógica de Herodes. A los reyes magos no los veo por ningún sitio. Veo a Herodes, que es capaz de hacer cualquier cosa, con tal de incrementar su poder o de mantenerse en el poder o de hincharse a ganar dinero por la razón que sea y del modo que sea. Y si para eso hay que matar gente, la mato, y los pinto como “malos” o como simples “daños colaterales”. Atropello inocentes todos los que me dé la gana o me llevo por delante a los sátrapas imbéciles que me discuten a mí el poder. Y así es como funciona el mundo hoy.
Y esa no es la lógica de Dios, por más que algunos se empeñen en decir que la historia es la expresión de lo que Dios quiere, eso es mentira, es una burda mentira. Herodes no es alguien que Dios quisiera que estuviera donde estuvo. Herodes es fruto de la libertad humana. Pero es que nos gusta mucho eso de decir que Dios está detrás de las cosas, porque así le echamos la culpa a Dios de la molicie humana. Y queridos amigos, nuestra culpa es nuestra. No de Dios. El mundo lo hacemos nosotros así. Porque yo no veo que el mundo busque la unidad. Más bien busca la ruptura. No busca la unidad de todos los pueblos, sino lo contrario, la afirmación de unos sobre otros y pisar cabezas más que escuchar a los demás.
Y mira, por eso estoy convencido que los reyes magos al mundo, lo que le ponen es carbón. ¿Sabéis por qué? Porque es lo que queda después de la guerra. Lo que siempre queda después de la guerra es todo carbonizado. Y ese es el regalo que nosotros mismos nos queremos dar. Un regalo que nosotros nos hemos comprado por nuestra manera de pensar y por no tener la lógica que Dios tiene. Por elegir la lógica macabra de Herodes. Pero el camino es otro.
Hay que buscar la reunión, la unión de todos, que no es el imperialismo y tampoco el globalismo donde uno manda y los otros, todos firmes. No, no y no. El globalismo en el que cree el cristianismo es la civilización del amor, no lo enseñó Pablo VI, donde todos tienen que hablar, todos tienen que opinar y todos tienen que comprender que no hay conflictos sino problemas y que los problemas los tenemos que resolver entre todos no dando lugar a que se conviertan en conflictos. El globalismo al que aspira el cristianismo es el que tiene que ver con el bien común y eso está totalmente ausente del mundo en el que vivimos que ha vuelto de nuevo, por obra y gracia de los tiranos y los imperialistas que están saliendo, hemos vuelto decía al siglo XIX, y eso es una cosa terrible por que lo que pasa es que el armamento que hoy tenemos es muy superior al que tenían aquellos agresivos decimonónicos. Pero este es el tipo de filosofía que hoy se está invocando, hay una palabra que está sonando mucho estos días y que es de 1823; y cuando lo oigo me quedo diciendo: ¿muchachos es que no ha pasado nada de entonces a hoy? ¡pues sí mucho! pero así es como están dirigiendo el mundo y cómo están afrontando las grandes potencias nuestro hoy. Actualmente nos encontramos una pugna por la hegemonía, pero repito, el problema es que los competidores son potencias nucleares y eso no es una broma; por eso os digo que no nos traen los reyes ni incienso, ni oro, ni mirra ¿sabéis por qué? porque el amor es una joya, es un tesoro, el amor es lo que perfuma el mundo y el amor es lo que cura el mundo (pues eso hace la mirra); pero es que el amor lo cogemos nosotros y lo tiramos a la basura y preferimos el poder y la notoriedad, al estilo típicamente “herodiano” y así nos va como nos va.
Pues yo saliendo esta noche de la iglesia he descubierto cual es el camino para salir de este maldito embrollo, me lo han enseñado hoy los magos de Oriente. Me he quedado mirando al sagrario, así como traspuesto, y mirándolo fijamente, le he dicho: ¡Señor Jesús Tú eres mi oro, porque tú eres mi tesoro, el que enriquece mi vida; Tú eres mi perfume porque tú perfumas mi vida y me liberas de tuyos abyectos que me convierten en un ser hediondo, Señor tu eres mi incienso, y desde luego, Tú eres la mirra que me cura por dentro y me enseña a amar… ¿habrá regalo más grande que Tú? Así que me encantaría que esta noche los magos de oriente, aparte de los detallitos que yo me he puesto porque soy caprichoso, aparte de eso, lo que deseo de veras es que los reyes magos me regalen un corazón cada día más enamorado de Cristo y que tenga la posibilidad de estar y vivir siempre a su lado y que nunca me separe de él, si al mundo le pasará lo mismo, Herodes se quedaría en paro que es de lo que tiene falta. Así que ojalá y que vosotros también tengáis un deseo parecido al mío. ¡Ánimo Pues!.
(Transcrito por TurboScribe.ai.)
Domingo de Navidad
Hoy la voz de Dios se desembaraza de los prejuicios teístas elaborados por la religión y la filosofía. Nuestra manera de entender a Dios humanamente no siempre es consecuente con el verdadero ser de Dios. Nosotros sabemos que a Dios nadie lo ha visto nunca, sólo Dios unigénito, que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer, y ese, no es otro que Cristo. No confundamos a los testigos de la luz con la LUZ. Jesús no es un hombre buscando a Dios, sino Dios buscando al hombre. Ahí radica la diferencia. Aunque nos cueste comprender la naturaleza del Misterio, en Él, en su humanidad habita la total plenitud de Dios, Dios unigénito se nos da a conocer en la historia, y esa situación que trasciende nuestra lógica filosófico religiosa, sólo es posible de establecer si no negamos la omnipotencia de Dios. Y si en algo el misterio se nos impone es en su capacidad de sorprendernos ante lo que es totalmente otro ante nosotros.
Esa voz libera a Dios de varios de nuestros prejuicios. Con el libro de la sabiduría queda claro que Dios no es un Dios lejano, ni tampoco un Dios mudo que habita en el silencio. Es un Dios que se empeña en ser un Dios con nosotros. Que se manifiesta, que se revela, que dialoga, que se comunica. Que lo hace caminando entre nosotros, existiendo a nuestro lado. Es la experiencia del que descubre que en Dios vivimos, nos movemos y existimos. Pues su presencia, todo lo penetra, todo lo invade, todo lo trasciende. Lo que existe virtualmente, como una ensoñación, no es Dios, sino nuestros pensamientos sobre él. “La matrix no es la realidad”. “La matrix es nuestro pensamiento”. Y Dios siempre está en su realidad más allá de nuestros estrechos pensamientos que pretenden convertirlo en un mudo o en un ser lejano al que no le importamos nada. Dios no es eso. Es mucho más que eso. Pero una cosa deja clara, está con nosotros. Su morada es la nuestra. Sus palabras son claras al respecto. Su voz no deja dudas.
Esa voz hoy libera a Dios de nuestro prejuicio de que su presencia en nuestra vida es una maldición. Algunos piensan que por eso tenemos que matarlo. De hecho tratamos de hacerlo. Tanto el apóstol, como el Evangelio, nos indican lo contrario. El Dios unigénito que se nos da a conocer en la persona de Cristo nos muestra que Él es una bendición para nosotros. Es luz. Es verdad. Es sabiduría. Es salvación. Es fuente infinita de esperanza porque su Resurrección así lo expresa y fundamenta. Es amor. Es gracia. No cualquier gracia. No es una gracia puntual. Es gracia tras gracia. Es el que nos hace sus Hijos. Es el que nos regala como herencia su misma gloria. Matar a Dios es una locura, porque no nos libera de nada hacerlo. Al contrario nos cierra expectativas que sin Él, nos serían inalcanzables. Es impresionante repasar estos textos hoy, oír su voz, y descubrir los innumerables dones que nos regala y que se pueden resumir en una palabra: plenitud. Y plenitud no es frustración. El encuentro con el Dios unigénito que nos da a conocer al Dios que no ha visto nadie, nos libera por completo de la tragedia sin fin en la que Sísifo vive inmerso, experimentando su relación con los dioses como una suerte de maldición. En ese sentido, el Dios de la historia, revienta el mito. Y lo trasciende con creces. Si el mito puede acercarnos a Dios, también puede alejarnos de Él, al pretender encerrar el misterio en su esclerótica dogmática. Dios es Bendición, no es maldición en ningún aspecto. No se puede decir junto a Dios que todo es para nada. Porque simplemente no es cierto. Dios lo afirma con rotundidad.
Esa voz que resuena hoy, nos descubre que Dios no es el que dirige la historia contra nuestra voluntad. No estamos ante un amo. El prólogo de Juan hoy lo demuestra. La luz puede ser rechazada. El ser humano puede cerrar su universo a la gloria que se le quiere regalar, y convertirlo todo en un infierno. Los noticieros nos lo enseñan a cada paso. No está todo decidido. Somos muy capaces de encerrarnos en lo absurdo como nuestro marco de existencia. Podemos convertir la sagrada familia humana en un Guernica espantoso. El prólogo que hemos escuchado nos lo enseña sin ningún genero de dudas. Y nosotros somos los que elegimos nuestro destino. Y no es el destino el que nos elige a nosotros. Esto nos asusta. Tenemos mucho miedo a la libertad. Y por ello preferimos pensar que todo lo que nos pasa es porque un dios tapagujeros lo decide todo por nosotros. Esa es la relación infantil malsana que varías lineas psicológicas atribuyen a lo religioso. Y no andan desencaminadas en sus críticas. Como tampoco se equivocaban pensadores que decían que pensar las cosas de ese modo, conlleva atribuir a Dios el secuestro de nuestra libertad. El prologo de Juan, descarta eso por completo. Dios es una oferta de amor que puede rechazarse. Y de hecho así ha ocurrido, no pocas veces por desgracia. Pero si se decide otra cosa, un universo de gloria se abre ante nuestros ojos. Pero el paso a dar es nuestro, tras la oferta de gracia que se nos hace. Sin esa oferta no podríamos dar ese paso. Por eso decimos que todo es gracia, porque sin la iniciativa de gracia, no podríamos ir más allá de lo que vemos y tocamos. Por eso es cierto eso de que Él nos ha elegido antes. Sin su elección, sin su iniciativa, nosotros no podríamos aceptarla. Pero es importante saber que también estamos en situación de rechazarla. La oferta es universal pero los dos ladrones que mueren junto a Jesús son la clara expresión simbólica de ello. No somos marionetas, ni bebes que no pueden hacer nada sin su papá. Somos hijos adultos, y podemos confiar en su voz y amar al Padre, o mandarlo a paseo, como hizo aquel que llamamos pródigo. Ahora es importante no olvidar que sea lo que sea que hagamos el Padre, no dejará de amarnos nunca, y suspirará siempre porque deseemos volver de la muerte a la vida. Dios no es un amo, es un amor que quiere ser nuestro esposo. Y ese matrimonio es imposible sin una libertad verdadera y sin una madurez suficiente. Dios ni dirige ni infantiliza. El Dios unigénito, que está en el seno del Padre, lo deja claro ante todos y ante todo. Cualquier forma de creer no vale. Como cualquier Dios negado como falso tampoco es aquello que quién lo niega dice que es. Dios es Dios, no nuestros pensamientos. Trascender nuestros esquemas mentales, superar nuestros límites mentales es la condición sine qua non para tratar con el que se nos revela como el total y sorprendentemente otro. El misterio es lo que reclama para tratar con Él. Y eso ocurre en todas las facetas del ser, la misma ciencia lo sabe, en otros muchos aspectos al investigar sobre lo que existe.
En definitiva, esa voz que resuena hoy, convierte nuestra vida en una acción de gracias permanente, en una Eucaristía, como ya os dije el día de año nuevo. El salmo y el apóstol lo vuelven hoy a repetir, será que nuestra mente es dura y terca para entender. Pues son infinitos los motivos para dar gracias al Padre por habernos regalado la presencia de su unigénito que nos lo ha dado a conocer. Muchos profetas nos han hablado, tanto entre los hebreos como en otras muchas culturas y mitologías. Nuestros anhelos han resonado en sus voces, incluso en la de los que protestan y niegan muchos versiones de lo divino. Pero no es una voz humana más la que nos habla de sus procesos mentales acerca del misterio que muchos llaman lo divino, es la voz misma del Dios unigénito, que está en el seno del Padre, la que se nos ha dado a conocer. Juan es claro. No lo olvides amigo.
1 ENERO
Buenas noches amigos y hermanos y feliz año nuevo a todos. Bueno, mirad qué deciros hoy. Hoy lo que descubro es por qué mi vida se convierte en una eucaristía, en una acción de gracias al Padre Dios cuando conozco, amo y sigo a Jesús.
Me pasa lo mismo que a los pastores, me admiro de lo que veo, me admiro de lo que oigo y me voy dando gloria y alabanza a Dios. Y también me pasa que muchas veces en mi corazón me guardo las cosas y las medito porque son sucesos tremendos. Hay veces que te pasan cosas asombrosas. El otro día me pasó un caso, enterramos a una mujer muy querida y bueno fue tremendo porque ella el día de la resurrección siempre venía a la misa de las diez de la mañana y bueno, además venía vestida de Manola blanca para salir luego acompañando la imagen del resucitado, en fin, un tesoro de persona. Y oh casualidad, vino a morirse el día 26, el día de San Esteban, que es cuando precisamente decimos que el primer cristiano entró al cielo y la enterramos el día de San Juan evangelista, que es cuando se lee otra vez el mismo evangelio que el Domingo de Pascua. Y hay coincidencias de esa naturaleza que son tremendas, que para mí son palabras, son mensajes, para otros serán meras casualidades, para mí no lo son. Juana en mi alma me hizo saber que estaba resucitada y me sugirió que comunicase ese mensaje a mis hermanos. Y así lo hice. Son palabras lo sé, y yo creo que el misterio se manifiesta de esa forma, de esa manera misteriosa y curiosa. Simplemente hay que estar atento y te vas dando cuenta un poco por dónde van sus pasos, por dónde va su olor. Y bueno, pues así es como lo vivo. Y siempre me queda la opción de negarlo, pero no lo hago. El aroma de su amor no me lo permite. Mi Jesús huele a VIDA.
Y la verdad es que esas cosas me llenan de una admiración tremenda y me hacen dar gracia a Dios y dar gloria a Dios y las medito en mi corazón, lo que hemos visto en el evangelio de hoy. Pero es que además cuando trato con Jesús me pasa que me muestra el rostro de Dios, porque el rostro de Dios ha estado deformado mucho tiempo. Y cuando me muestra el rostro de Dios, me muestra la bendición que supone mirar a Dios cara a cara, la paz que te da, cómo te sientes protegido, cómo te sientes querido.
Porque el rostro de Dios que nos habían pintado en otras cosmovisiones era el de un amo, un amo iracundo, un amo de estos que como no hicieras lo que quiere, podías prepararte el cuerpo porque te va a caer encima todo el peso de su ley: ¿no?. Pero bien dice el apóstol Pablo en la carta a los Gálatas que Jesús rompe con la ley, que nos la quita. ¿Y cómo nos la quita? Dice él que derramando su sangre por nosotros, como si nos dijera Jesús (y nos lo dijo y en cada misa lo hace): “Venga, dejaros ya de tanta tontería, tenéis tanto miedo a Dios. ¿Qué le tenéis miedo a Dios porque no habéis cumplido sus leyes? Venga, pues yo pago el precio de vuestra de vuestra culpa. Ahora, venga, ¡ya está!. Ya está pagado el castigo. Yo soy vuestra vuestra solución, ¿no? Para que podáis salir de ese laberinto y de ese miedo absurdo que le tenéis y ya, a partir de ahora vivid en paz”.
Pero le damos vuelta, ¿eh? Le damos vuelta y volvemos de nuevo al miedo, como en el éxodo, volvemos a adorar a nuestros becerros falsos, nos inventamos otros caminos y no le hacemos caso. Y es que Jesús lo que nos dice es que descubramos que Dios es un padre que nos ama. No lo llama padre, lo llama papá. Eso es lo que significa esa expresión. Papá, imaginaos. La palabra confiada de un chiquitín con su papá y con su mamá, donde se siente más seguro, ¿no?. Una cosa tremenda la expresión de Jesús y y bueno, Él nos pone ante esa situación, ¿no? Y no como no como bebé indefenso, sino para que nos hagamos cargo de que lo que late en el corazón del misterio que somos es el amor inmenso de Dios. Y para que nos abramos a esa realidad. Y nos hace saber que en esa realidad cabe todo el mundo.
No solamente una tribu o una nación, ¿no? El el dios monoteísta de los hebreos era era muy nacionalista, solamente quería lo suyo. Era el único, pero todos los demás, fuera de su gente, pues poco menos que basura. Y la mayoría de los dioses monoteístas, la mayoría también son así. Es muy curioso que el cristianismo va a ser el que al mismo momento en que Cristo pone el pie en la tierra ya toda la humanidad queda convocada a su conocimiento. Es decir, es dicen una religión misionera, y claro que lo es. Y de hecho, otras que han venido después, lo único que hacen es imitar al cristianismo y a veces no lo hacen del todo bien, pero bueno, es lo es lo que intentan hacer.
¿Vale? Y entonces pues el cristianismo es una apertura a todos. Hacer descubrir a la humanidad que Dios es padre, que nosotros somos sus hijos muy amados. Y que entre nosotros somos hermanos. Y por eso entre nosotros no tiene ningún sentido la guerra. Dice un sabio que la guerra siempre se hace porque porque queremos robar, que no hay ninguna guerra justa. Bueno, el hombre tiene su razones y las justifica muy bien y desde luego da que pensar su análisis de las cosas, ¿no?, Da que pensar. Yo no me atrevería a decir eso con tanta rotundidad, pero el siempre lo dice. Lo dice con mucha rotundidad. Y él mantiene que las guerras siempre han tenido detrás, pues, relatos engañosos para justificar el egoísmo. Y la verdad es que suena la película que se monta no suena del todo mal porque el egoísmo lleva al odio y el odio es la guerra. Siempre, en cualquiera de sus conceptos. Siempre lo es. Y además cuando cuando uno vive con miedo ¿Qué es lo que le sale? Pues lo peor que lleva dentro. La capacidad de agredir porque se siente amenazado, ¿no? Y así sobre esa base la humanidad que sale de ahí, es una humanidad antievangélica. Y me atrevería a decir que infernal, ¿no?. Decían hoy en el concierto de Viena que que este año precisamente no ha sido un año modélico a nivel de de paz. Y bueno, ciertamente no lo ha sido. Tampoco lo han sido otros, ¿eh?. Pero este pues no lo ha sido, no, no lo ha sido. Para nada. Y aquí seguimos.
Ese es el mundo del que hablaba San Juan el otro día, que os explicaba el desamor absoluto. ¿Os dais cuenta? Y eso ¿a dónde nos lleva? Pues a sufrir. El mundo que sueña Cristo es otra cosa.
El sueño del Evangelio es Dios Padre, Hijo entre nosotros hermanos. Siempre me ha sido capaz descubrir que del triple ideal de la revolución, de ellas la que más famosa se ha hecho es la francesa. Ha habido muchas, pero la francesa ha sido muy famosa. Y ya sabéis que había tres gritos, ¿no? Libertad, igualdad y fraternidad. Y sí, nos hemos empeñado mucho en construir la libertad, nos hemos empeñado en otros lugares mucho en construir la igualdad, pero la fraternidad se nos ha olvidado. Y quizá porque no ponemos a la fraternidad en primer lugar, por eso no encontramos el camino para respetar la libertad del otro y para que no nos dé lo mismo que el otro viva en desigualdad de condiciones. Porque es la fraternidad la que te hace respetar y la que te hace preocuparte por los demás. Y eso es lo que Jesús nos enseña. Y ese es el drama del ideal ilustrado europeo que no termina de encontrarse. Porque estamos acabando con lo que nos hace uno, con lo que nos hace hermanos. Y es que somos hijos del mismo Padre.
¿Cómo no voy a darle yo gracias a Jesús por encontrarse conmigo y por enseñarme tantas cosas y por hacerme experimentar tanta alegría? Estoy aquí sentado en el portal de Belén de mi parroquia. ¿Sabéis lo que os digo? Que yo con verlo a Él ya me conformo. Hay gente que hoy tiene que hablarle y yo no. Yo lo veo y me conformo. Pues sí, porque te veo, mi vida se convierte en una eucaristía al Padre. Porque es que mejor regalo que tú no hay otro. Qué afortunados sois los que llamáis Jesús y Manuel, y que hoy celebráis vuestro santo. Lleváis el nombre más precioso que existe. Así que en su compañía nuestro año nuevo será un año feliz más. No lo dudéis amigos y hermanos y ¡Ánimo pues!.
(Transcrito por TurboScribe.ai. en la red de redes)
UNA FAMILIA SAGRADA
En estos días y en diversas ocasiones os he hecho hincapié en el cuadro de Guernica del afamado Picasso. Esa obra me cautivó desde el primer día que la vi siendo un niño, en la sala de espera de un doctor llamado Don Rafael. En mi pueblo de Mazarrón. Muchos hablan de un bombardeo. Otros de la muerte de un torero. Para gustos colores. Yo por mi parte miro esa obra y de un tiempo a esta parte lo que veo es algo que se acerca mucho a lo que contemplan nuestros ojos en esta época del año. Sólo que es su némesis. Para mí es una sagrada familia pero típica de Ucrania o de Gaza en estos días. Veo un padre muerto por los suelos despedazado. Veo una mula herida mortalmente. Veo un buey que quiere irse lleno de alaridos. No veo pastores ni magos, sino personas convertidas en aullidos, con ojos emborrachados de horror, no es adoración lo que veo sino grito. No veo ángeles, veo una paloma herida, y casi muerta, agonizante, la paz que quizás represente, es la que ésta muriendo. No veo una estrella que llena de luz las tinieblas, sino un bombilla que pronta a estallar amenaza toda la acción con sumirla en la oscuridad. Y veo lo más terrible. No veo una madre que acaricia con ternura a su bebe vivo. Si no que veo una madre que llora enloquecida presa de una amargura infinita a su bebe muerto que está en sus brazos. Es una Madonna a la que le han adelantado la hora de convertirse en la amarga Piedad o la Caridad como la llamamos en Cartagena. Lo que veo cuando miro esa pintura es una sagrada familia, un portal de Belén que han reventado con bombas. Lo que pasa en la guerra con las familias es eso.
Así que amigos ¿Que destruye las familias? ¿Qué convierte una familia sagrada en un oscuro y fétido sacrilegio?. Razones externas y Razones internas sin duda alguna.
El Evangelio hoy muestra un ejemplo de razones externas: Herodes y su descendiente, que con sus decisiones, complican mucho una familia poniendo patas arriba su mismo carácter sagrado. Con sus guerras, con sus leyes inhumanas, con la destrucción del tejido laboral y empresarial que permite la subsistencia de las mismas, con el hecho de condenar a las familias a la necesidad de la emigración (porque en estos procesos no todo sale bien), con la permisividad con el alcohol, las drogas y las ludopatías de distinto tipo. En definitiva con la falta de conciencia moral suficiente para cuidar de la unidad más sagrada de la sociedad humana. Pues traspasado ese límite lo que nos aguarda es la selva, pero no la actual, sino la jurásica.
La carta apostólica nos propone ejemplos de razones internas: las faltas de amor, bondad, humildad, paciencia, respeto, diálogo, compasión, capacidad de perdonar y de dar nuevas oportunidades. Los seres humanos no somos perfectos. Y necesitamos tiempo para evolucionar, y algunos más que otros. Bien dice un letrero que mi padre tenía en la que era su casa, y ahora, por su deseo, es la mía: “la vida nos enseña a vivir, cuando ya estamos cerca de morir”. La familia reclama este trato humano al ser humano para poder subsistir y si sus miembros no descubren esto, lo perdemos todo. Y la familia estallará en mil pedazos. El amor se presume entre los miembros de una casa, pero no basta con quererse, hay que saber quererse. Los problemas no son conflictos. Y ante ellos hay que reaccionar sin reventar nunca nuestra compatibilidad sino apuntalándola.
Por último, hay una razón que es externa al par que interna. El peso de la historia. Pues la primera lectura y el salmo son una prueba viva de puro patriarcado al estilo más absoluto. Donde el machismo rebosa. Incluso en la lectura apostólica aún perdura. Y eso muestra que las casas muchas veces son lugares en los que conviven diversos puntos de vista, fruto de culturas diferentes que conviven unas con otras. Y es que no hay cambios repentinos y radicales. Sino que la mayoría de los cambios culturales se producen como en un tejado, donde unas tejas montan a las otras, y así es como hacen que la cubierta de la casa avance. Una teja está sobre la otra. En los tejados diferentes tejas siempre conviven juntas. Así es la cultura en una casa. Y eso reclama que sepamos mantener lo que merece la pena y también dar paso a lo siguiente porque es muy posible que necesitemos mejorar. Y así ocurrirá con todos. No desperdiciar lo bueno y siempre mejorar y cambiar lo que no lo es. Y no perder nunca de vista que en ese debate tratamos con quien más nos quiere, sea padre, madre, esposo, esposa, hijos u otros parientes presentes en el hogar. Ni todo lo viejo es malo, ni todo lo nuevo es maravilloso. Convivir con la historia puede destrozar una casa, o mejorarla. Por eso es preciso intentar siempre que sea lo segundo.
Si reaccionamos guiados por el amor, ni las circunstancias externas, ni las razones internas, ni la historia podrá destruir nuestra cosa, convirtiéndola en un Guernica. ¿Sabéis lo que más me gusta de esa pintura? Esa flor inocente que nace en medio de todo ese horror en marcha. Una pequeña margarita, que siempre imagine que podría haber tenido un poquito de color. Me gusta soñar que esa flor es Jesús que nace en medio de un mundo que a ratos parece esa escena aterradora. Mi vida es una clara expresión de ello. Pues yo he visto como todo lo que se destruyó en mi casa, fue reconstruido por el impacto de esta flor, llamada Jesucristo, y el perdón hizo maravillas. Ojalá y que a vosotros os ocurra lo mismo. Y así vuestros Guernicas particulares se podrán tornar con el tiempo luminosas y cálidas sagradas familias en el portal de Belén.
25 DICIEMBRE
Cuatro puntos cardinales para no perdernos en el camino que estas fechas nos proponen, pues no hemos de olvidar que la Roma pagana resurge de sus cenizas aupada por una postmodernidad alocada que pretende sonrojar a los sofistas del ayer, convirtiendo sus muchas luces en un oscuro mar de sombras.
Hoy se cumplen muchas mitologías y no pocas profecías se hacen realidad. Desde el Sumer, pasando por Egipto, Grecia, Persia y Roma, e incluyendo algunas voces asiáticas y hasta mesoamericanas. Igual ocurre con las profecías hebreas. Hoy lo mítico, lo anhelado, lo soñado, se vuelve historia. Pero no como ellos esperaban. Envuelta en ruido y oropeles. Es la historia de un hijo del carpintero, y de una pobre mujer llamada María. Sin embargo tal humildad movió el mundo, y aun hoy seguimos dividiendo la historia entre “antes y después de Cristo”, aunque ahora lo políticamente correcto parece ser decir “de nuestra era”. Aunque lo pretendan dejar de lado, aquel humilde carpintero puso el mundo patas arriba, y no seguimos siendo pocos los que lo queremos. Y los que sabemos que vino de Dios mismo. Por tanto primer punto, un día como hoy, se cumplieron los anhelos humanos escritos en multitud de personas y culturas de múltiples épocas.
Hoy sabemos que el misterio que somos, no está mudo sino que habla. Y que su palabra es una palabra viva, actuante, un verbo. Una palabra que cambia mentes, corazones y conductas, que transfigura personas. Porque les hace ver que la oscuridad no tiene poder para ocultar la luz. Porque la oscuridad sólo es ausencia de luz. Este simbolismo es más que un nuevo sueño o un anhelo más. Porque El que nace y vivirá haciendo el bien, morirá y resucitará de entre los muertos. Pero si es verdad que el niño que está en la cuna en una cruz morirá, no es menos cierto que ese mismo niño muerto, al tercer día resucitará. Por eso decir feliz Navidad es decir feliz Pascua. Porque ambas fiestas son las dos caras que presenta nuestra salvación, la encarnación y la redención que nos conducen a la definitiva glorificación. Hoy el misterio habla salvando. Porque su sonora voz es verdadera y expresa amor auténtico y gratuito. Amor para siempre. Amor que no pasa. Amor que no pesa. Amor que llena de plenitud. Y así los que vivimos en tinieblas porque desconocíamos la voz del misterio hemos visto la Luz al escucharle, y gracias a Jesús, el Nazareno, hemos conocido a ese misterio inmenso que llamamos Dios, y su amor se nos ha regalado. Y ya sólo nos queda recibirlo o despreciarlo.
Hoy vemos que el Evangelista se preocupa en dar datos históricos. Porque no estamos ante un cuento, estamos ante unos hechos. Y los hechos son más que los relatos. Los relatos pueden ocultar y hasta falsear los hechos, pero no pueden acabar con ellos. Y Lucas se propone dejar claro que lo que cree no es un cuento ni un relato inventado. Sino un misterio inmerso en la historia. Un tremendo misterio en desarrollo. Pero real e histórico. Algunos dirán que no llevaba razón. Pero a él le costó la vida afirmar lo que decía. A él y a la inmensa mayoría de los que vivieron su misma experiencia. Y con quienes a pesar de todo no pudieron acabar. Y su voz sigue resonando miles de años después. Y aún parece, que históricamente, no pocos, seguimos enamorados de aquel Jesús del que Él se preocupó tanto de darnos datos y testimonio. ¿Serán los recuerdos de María? La confesión de que ella no acababa de entender que pasaba y su testimonio de que lo guardaba todo en su corazón, me hacen pensar que sí, pues así es como se convive con el misterio que se desenvuelve en la historia, y esa sigue siendo hoy también mi experiencia. Lo pequeño ante la grandeza, porque la grandeza para darse se hace pequeña. La historia de mi vida. En María me veo yo. Me sabe a vida y verdad el relato, más allá de grandilocuentes profecías poéticas y mitologías desorbitadas.
Hoy vemos que el universo todo se llena de fiesta, así lo cantan los salmos y los apóstoles. Esta fiesta es para todo y para todos. No es sólo antropocéntrica, sino que pretende generar una nueva creación. Y lo hace. Hoy la creación que gime con dolores de parto esperando la manifestación gloriosa de los hijos de Dios empieza a ver la luz al final del túnel. Y el ser humano en tanto que voz inteligente y libre de todos y de todo, canta, las alegrías de las bodas del cordero que dan su comienzo con este día en que el amado viene para quedarse con nosotros. Y es tal el impacto que desde entonces esta fiesta ha ido creciendo más y más, hasta desbordar los mismos confines de nuestras iglesias. Y hasta la Roma pagana la ha convertido en uno de sus mayores ingresos económicos del año. Pues las fiestas cristianas si desapareciesen provocarían una catástrofe comercial y empresarial de primer nivel. Todo el universo tendrá sentido y futuro, no es la nada, ni el abismo oscuro, sino la gloria lo que nos aguarda. Esa música gusta a muchos. Y eso es motivo de fiesta. De eso va la Navidad. De que ha nacido el rey del mundo mientras que el mundo dormía, pero cuando el mundo se despierta y se entera: canta, baila, come, bebe y festeja. Y es que es motivo de fiesta, saber que la muerte oscura no tendrá la última palabra en la vida. Así que malhadado Herodes, estate quieto y metete el dedo donde te quepa, y deja al niño tranquilo que nos conviene que prospere y no fastidies las cosas hecho un idiota y a ver si tus seguidores aprenden también la misma lección.
Así que tu verás. O te dejas llevar a la ebriedad sin alma de la Roma pagana que con ganar dinero se conforma, o te metes dentro esta palabra amorosa que cumple sueños, llena de luz y da sentido a todo y a todos. ¿Orientado con estos cuatro puntos cardinales? Pues nada más. Procura no perderte.
ADVIENTO
4@ Voz de Adviento.
¿Que podemos aprender hoy de Cristo Jesús? Lo primero que era hijo de una familia muy moderna según nuestros parámetros. Es curioso que la manera que el mundo hebreo tiene de ver el matrimonio no tiene nada que ver con la nuestra. Y es que la nuestra es hija del derecho matrimonial romano. Según nuestra visión “juridicista” del matrimonio, éste comienza cuando los esposos se entregan públicamente el consentimiento después de haber dejados claros los acuerdos matrimoniales previos. Desde nuestra perspectiva María y José estarían sin casar, y ella embarazada fuera del matrimonio. Sin embargo para un hebreo, el matrimonio era como la vida. Éste se concibe cuando los esposos deciden unir sus destinos, bien por amor como en el caso del cantar de los cantares, o por distintos arreglos, como ocurre con Isaac y el mismo Jacob o como Tobías. Después se inicia lo que es una gestación en toda regla, donde caben incluso encuentros íntimos como enseña también el libro de Rut. Transcurrido un tiempo con la celebración pública de los esponsales, el matrimonio, no es que comience, sino que nace, porque antes se ha gestado y concebido. Por eso nadie se extraña de que María esté embarazada antes de que José la reciba en su casa, tras los esponsales públicos. No hay nada de sucio ni de malo en ello. Están en gestación y esas cosas pueden pasar. Nuestra visión es esclava del enfoque romano, pero la familia de Jesús no es romana. El escándalo se hubiera dado, si José, hubiese obedecido la ley mosaica y hubiese denunciado a María, afirmando que el hijo no era suyo. Más ya el ángel se cuidó de que no hiciese tal cosa, y además alentó el amor que José sentía por María, para que no se agriara ni envenenara por el desengaño de una supuesta traición. Más nadie se extrañó de nada porque José mantuvo el tipo. Y nadie le reprochó que María estuviese en cinta antes de la celebración de la boda. Quizás el enfoque de los antiguos hebreos debería iluminar nuestros conceptos jurídicos demasiado romanos y así nuestras valoraciones de las parejas de hecho, podrían cambiar sustancialmente, y haríamos avanzar mucho, nuestra comprensión teológica del matrimonio, dado que es más fiel al imperio romano, que al modelo Cristo Jesús, en quien deberíamos mirarnos realmente.
En segundo lugar, Jesús es una preciosa Señal de que Dios está con nosotros, y de que no estamos solos. Una Señal de que por ese motivo nuestra vida cambiará para bien. En este sentido me ha impresionado una fotografía que me encontrado por el camino de la vida y cuyo mensaje ahora quiero añadir aquí:
“Jesucristo es visto por muchos como la persona con más humanidad de la historia porque combinó una fuerza inigualable con un amor perfecto. Enfrentó el sufrimiento y la crucifixión con valentía y una fe inquebrantable, manteniéndose firme contra líderes poderosos y negándose a comprometer su misión. Protegió a los débiles, sirvió a los demás con humildad y entregó su vida para salvar a la humanidad. Su liderazgo no estuvo marcado por el orgullo o la dominación, sino por el amor sacrificial y la autoridad moral. Ha inspirado y ayudado a miles de millones de personas a lo largo de la historia, motivándolas a vivir con fe, valentía y compasión. Para millones de creyentes, su ejemplo demuestra que la verdadera humanidad se encuentra en el equilibrio entre coraje, resiliencia compasión y un compromiso inquebrantable con la verdad”. Sin duda, toda una señal.
En tercer lugar Jesús es salvación. Eso significa su nombre: Dios nos salva. No significa que Dios es un amo, que manda, juzga, condena y castiga. Aún así todavía muchos no se han enterado de que Jesús es salvación. Y siguen con la cantinela del miedo, la culpa y la vergüenza, y es que claro, con estas emociones es más fácil controlar a la gente y manipularla, y no pocos, ven lo religioso como un acceso fácil al poder. Sin duda los que mataron a Jesús, eran esa clase de religiosos. Y por eso les gustaba tanto distinguirse de los demás hasta en el vestido, y con sus uniformes pretendían imponer ese “respeto” institucional que tanto les complacía y así podían engordar su pavo real hasta límites insospechados. ¿Quedarán aún religiosos así? Pues si la cantinela anti salvación sigue vive, es legítimo sospechar que aún siguen quedando unos cuantos.
En cuarto y último lugar, la salvación que es Jesús, no es sólo para su pueblo. Ya se encargó Él de elegirse a un Pablo y hacerlo su servidor. Para que llevase el Evangelio a los gentiles. El Evangelio de este humano total y de este Dios total, que se nos ha manifestado plenamente como Hijo de Dios al resucitar. Jesús nunca quiso que su anuncio fuese sólo para los hebreos. Sino para todos. No para pocos, sino para muchos. Para todo aquel que quisiera acogerlo en amor y libertad. Jesús es católico. Es decir es universal, y ama la globalización del amor. La mente de Cristo es enorme, eterna, universal. En su alma cabe toda la humanidad, la de ayer, la de hoy y la de mañana. La cicatería tribal y nacionalista, el supremacismo de cualquier clase y la avaricia que se fundamenta en una violenta piratería a lo bárbaro y a lo vikingo no van con él. Su mirada es global. Y eso debería hacer pensar a las iglesias como pueden a día de hoy andar rompiendo sus relaciones o mantenerlas rotas por prejuicios confesionales, que si les llevan a romper la caridad quizás es porque no son tan verdaderos como ellos pretenden.
En fin, los romanos celebraban en sus saturnalia el renacimiento del Sol, dado que muy pronto empezarán a crecer de nuevo los días. Nosotros en cambio celebramos que nos nace un sol de hombre que por su capacidad de amar hasta el extremo y en categorías universales nos sabe a divino. Así que mira a ver si quieres afrontar tu vida, como pagano o como cristiano. Yo aviso que soy de los segundos.
3@ Voz de Adviento
La alegría y Dios están profundamente vinculados. Las Escrituras hoy son muy claras al respecto. Y se nos ofrecen cuatro razones.
Isaias nos enseña que Dios es fuente de futuro para un pueblo que está sufriendo un trauma dantesco. Lleva tiempo desterrado como fruto de una guerra cruenta de conquista. Y ahora se abre para ellos una puerta de esperanza. La voz del profeta la suscita. Dios es sinónimo de “futuro” para un pueblo que lo ha perdido todo. Solamente esa confianza lo mantiene vivo. Tener futuro llena de alegría los corazones. Porque considerar que no lo tiene lo apena profundamente. Y en ese trance sólo les queda llorar junto a los canales de Babilonia con nostalgia de Sión. La ausencia de futuro, los llena de pena y de rabia. Cuando consideramos que no tenemos futuro, no hay alegría posible. Sin futuro nos ahogamos en la desilusión. Si nos consideramos sin futuro nuestro vitalismo fenece. Así no se puede subsistir. El testimonio de Victor Frank lo deja muy claro. Basta asomarse a su experiencia en un campo de concentración para descubrir lo que afirmo. No es una simple interpretación es una constatación empírica. Dios es sinónimo de futuro, de un futuro abierto, cuanto todo parece cerrado. El crucificado Jesús, aún en medio de su previo Getsemaní, lo ilustra radicalmente. Esa convicción alienta la alegría y permite combatir la inherente tristeza que supone saberse sin futuro por completo.
El salmo, en segundo lugar, nos permite contemplar el verdadero rostro de Dios. Los verbos que usa lo hacen: Dios es fidelidad perpetua, justicia, don puro, liberación, apertura de ojos, endereza a los que se doblan, guarda, sustenta, trastorna la maldad, Dios ama. Su amor incuestionable nos descubre las razones para la alegría escritas en su mirada. Pues hasta nos enseña a amarnos cuando nosotros somos incapaces de hacerlo. Sabernos amados así, gratuitamente, sustenta la alegría del que acepta esa caudal infinito de amor, aún siendo sorprendidos constantemente por ese misterio de amor y sin terminar nunca de comprenderlo. Y es que resulta imposible acostumbrarse a ese manantial infinito de gracia. Pues estamos más acostumbrados a vivir en un mundo en el que se da si se recibe, las reglas humanas no siempre son un reflejo del modo divino de ser. Lo digo comedidamente para no resultar indigesto. Sin amor no hay alegría. El desamor no alegra el corazón del hombre, y además ensombrece el mundo. La alegría revela que el amor es el fundamento de todo, por ello, el todo se marchita en su ausencia.
Santiago revela que la presencia de Dios en la propia vida infunde esperanza, paciencia y resistencia. La esperanza alienta la alegría. La paciencia la sustenta. Y la resistencia la fortalece. Con estos tres pilares la alegría se hace resiliente. Sin ellos la alegría con frecuencia se esfuma como un espejismo. No soporta el embate del horror. La presencia de Dios en el alma nos permite no perder la esperanza en medio del sufrimiento, he ahí la radical felicidad. Es esa esperanza paciente y resistente que Dios alimenta, la que permite crear de la nada, la luz vitalista, cuando el infierno del horror lo desmenuza todo sumergiéndolo en el caos. Sin esta esperanza que Dios suscita, el horror se adueña del presente, cuando entra en escena, y lo hace, con relativa facilidad. Esperanza y alegría van juntas. No me cabe duda de ello.
El Evangelio nos enseña que Dios es alegría porque no se deja diseñar por el hombre, ni manipular por él. Y además porque se manifiesta históricamente y no como un mito. Y lo mejor que nos puede pasar es no escandalizarnos de Él. De lo contrario no reinará en nosotros la fuente de la alegría. La visión incompleta de Dios que el bautista tenía, no le permitía disfrutar plenamente de las alegrías connaturales del Reino de Dios. Aun quedan entre nosotros no pocos a los que les pasa lo mismo. Para los que Dios no es fuente de alegría en primer lugar sino fuente de sentimientos como el miedo, la culpa o la vergüenza. Con esos mimbres es imposible tejer una vida alegre y feliz. Es más algunos piensan que la alegría debería ser reeducada porque dificulta la salvación,…, no puedo evitar recordar a aquel macabro monje que demonizaba la risa en una de las obras más conocidas de Umberto Eco. Jesus es el alimento de la alegría hombres, Bach, lo entendió muy bien, y nos legó una composición maravillosa para ponerlo de manifiesto.
Así que esbozadas estas cuatro razones te recomiendo tener a Dios por compañero de tu vida, ese Dios que nos ha regalado a Jesús, su Hijo. Si lo haces una sonrisa agradecida se dibujará en tu rostro, y lo hará con vocación de eternidad.
PURISIMA
Hoy miro a la purísima, patrona de El Palmar y veo cuatro mensajes que emanan de su efigie.
La primera tiene que ver con su impronta. Porque esta imagen no es sólo patrona de nuestro pueblo o casi ciudad, ademas es patrona de España, puesto que fuimos los españoles los que más presionamos para así fuese declarada. Y entre ellos con un lugar muy destacado uno de nuestros obispos: el obispo Trejo pues durante su pontificado dio muchas muestras de ello. Pero mi hipótesis va más allá. Si os fijáis en ella, es idéntica simbólicamente a la Virgen más famosa de Hispanoamérica, la madre de Guadalupe. Que no sólo lleva un nombre hispano, sino que ademas es una efigie de la Inmaculada y que pocas veces se pone de manifiesto que es la patrona de España. La han llegado a comparar con la diosa mesoamericana Tonatzin, pero nadie dice que es la plasmación de la patrona de nuestra tierra desde las amargas e inútiles guerras de Flandes, que maldita la necesidad que tuvimos de ellas. Vestida de sol como nuestra purísima, Guadalupe tiene las manos unidas, mira al pueblo, como la nuestra, está coronada por doce estrellas y tiene la luna por pedestal como la nuestra, y además está embarazada como también lo está la nuestra. Y son de la misma época probablemente. Y los ángeles la asisten y la guardan como ocurre también aquí. Y sus manos juntas manifiestan claramente que ambas orillas del Atlántico estuvieron unidas. Pues no debemos olvidar que fuimos los hispanos los que descubrimos el 60% del planeta para el resto de los pueblos del mundo. La gran familia hispana tan atacada con las mentiras de la leyenda negra construida por italianos, franceses, holandeses, ingleses y por último por los estadounidenses, que pretendieron erigirse como imperios a posteriori a nuestra costa, sucumbió al olvido de su auténtico ser y sus grandes logros, con sus defectos cierto, pero no hasta el extremo de arrasar otros pueblos y lugares como sí hicieron esas naciones que he citado en el pasado. Las manos unidas de la Purisima y por ende de Guadalupe nos tendrían que recordar que fuimos y somos una sola cosa y que nuestra diversidad no debe ser causa de confrontación sino de riqueza. Esas manos nos llaman a todos los hispanos a la comunión, y a vernos libres del dragón que nos ha atacado y vilipendiado desde hace tanto tiempo. Los tiempos han cambiado, y desde luego, andar pidiéndonos ridículos perdones por hechos que acontecieron en un pasado muy lejano, y que no están suficientemente probados para una crítica histórica solvente como no pocas obras de diversa especie prueban a día de hoy, que no tienen sentido alguno y ademas muestra que es un camino equivocado que nos hace hundirnos más en una funesta mentira histórica, como es ese relato negro que fue construido por naciones que jugaron a la piratería para defender sus intereses discutibles. Esas manos unidas proponen la comunión y no la división de la que hasta el mismo Bolivar terminó arrepintiéndose pues él pretendió, manipulado por los anglosajones, reconstruir una unidad que el mismo contribuyó a destruir y que nunca consiguió restablecer. El camino entre los hispanos está en la comunión, en la unidad en la diversidad, y no en la confrontación, como promueve un sector importante del universo político y cultural hispano. Las leyes de inmigración deberían revisarse en lo que respecta a Hispanoamérica. Y la aceptación del hispanoamericano debería ser un hecho, pues después de todo, lo quieran o no algunos o muchos, somos una misma cosa. Siempre lo fuimos y nunca hemos dejado de serlo por más que nos hallamos distanciado. Somos una familia, y las manos unidas de nuestra patrona común nos lo enseñan. Y nunca deberíamos olvidarlo.
La madre del Palmar nos enseña, en segundo lugar, que no es corredentora. La Iglesia nos lo ha confirmado recientemente. María está feliz de ser la madre de su Hijo y no necesita eso en absoluto. Es más las pocas palabras que de ella se conservan, nos indican muy bien el camino a seguir: “Haced lo que Él os diga”. Ella es feliz siendo discípula de Hijo y madre de nuestra Iglesia. Y no precisa ser mediadora de todas las gracias, porque para eso ya está su Hijo. En virtud del cual ella es Inmaculada en su Concepción.
La madre del Palmar nos enseña en tercer lugar que al pecado, al desamor, debemos tratarlo como ella hace con la serpiente. Debemos aprender a pisar la cabeza de semejante bicho simbólico, cuando tiente nuestro pensamiento, no permitiendo nunca que anidando con sus razones en nuestro yo más íntimo. Pues no somos lo que pensamos. Nuestros pensamientos son pájaros volando sobre nuestro cielo. Y ese cielo somos nosotros. Y todo lo que vuela en nuestro cielo íntimo no son pajaritos preciosos, también nos sobrevuelan pajarracos. Y esos nunca deben poder anidar en nuestras vidas. Que la Virgen sea nuestra patrona, como nos enseñó el párroco de Santa Rosa de Lima en años pasados, supone que ella es nuestro patrón, el patrón que debe dirigir las costuras de nuestro yo más genuino. Y en ese patrón no caben las insidias de la serpiente que nos ataca. Y no debemos permitir que se apodere de nosotros y nos dirija. Para eso es importante saber pisarle la cabeza, como el libro del Génesis nos enseña, y como nuestra imagen y la madre de Guadalupe también nos muestran.
Por último nuestra madre del Palmar nos muestra que en la pequeñez se pueden hacer cosas grandes. Ella no era nadie para su mundo. Y sin embargo, en su verdad histórica, ella nos dio la clave que cambiaría todas las cosas, pues la voz de su Hijo afectaría nuestras conciencias y por ende la construcción de nuestras culturas, a pesar de que en muchas ocasiones, no hemos hecho lo que su Hijo nos dice. Y así de mal nos ha ido, cuando lo hemos ignorado. Pero ella nunca ha dudado de que su Hijo es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Y gracias a su fe inquebrantable la historia de salvación ni se ha interrumpido ni ha cesado. Nunca ha fracasado por duros que hayan sido nuestros derroteros erráticos. Ella nos impele a creer en nosotros mismos. Y de ella los palmareños deberíamos aprender mucho. Porque no pocas veces nos menospreciamos simplemente porque nos desconocemos. Ya no somos ese pueblo de unos pocos miles de habitantes, ahora somos la sombra de una gran metrópoli urbana. Ya no somos unos pocos miles. Somos muchos miles de habitantes. Nuestra configuración sociológica ha cambiado irremediablemente y ello demanda de nosotros nuevas actitudes. Y de hecho lo estamos haciendo muy bien, sólo que no nos damos cuenta. Y de ahí nos viene nuestra falsa sensación de fracaso. No podemos compararnos con nuestros pueblos vecinos porque ellos no tienen nuestra realidad social. Pues una masa humana como la nuestra demanda de nosotros la articulación de muchas minorías creativas para fortalecer nuestra convivencia y reconstruir nuestra identidad. Y esas minorías creativas existen y son muy variadas y lo único que debemos hacer es articularnos bien, y me consta que eso es lo que se estamos tratando de hacer, y con sus dificultades creo que lo estamos haciendo muy bien. Y somos capaces de hacer muchas cosas juntos. Una de ellas es la Hermandad de la Purísima que ahora nos propone a todos que consideremos la oportunidad de pasar nuestra procesión patronal a la mañana para realzar nuestra fiesta patronal, y conste que pienso que no es incompatible con tener otra fiesta en el verano, precisamente en el mes de la fiesta del Corpus. Ya que nuestra parroquia tiene un precioso historial de asambleas eucarísticas y de culto vinculado a ese inmenso misterio de fe. Murcia tiene sus fiestas de primavera y su feria de septiembre y nosotros también somos capaces de tener ambas fiestas. Como hemos sido capaces de sacar de la nada un encuentro precioso el domingo de Pascua, que antes simplemente no existía y todo eso hace parroquia y además construye pueblo. Y hay muchos más grupos de diversa especie como os dije, y todos construyen y desarrollan desde diversas perspectivas nuestra comunidad humana, enriqueciéndola de manera inaudita. Ninguna minoría creativa sobra si alimenta y construye el bien común de todos. Aunque no todos estemos inmersos en ellas. Así que no habléis mal de vosotros, o ya sabéis que os zumbo a todos a nuestra amada patrona para que os veáis las caras con ella. Y cuando María pone su mano os aseguro que todo mejora. Y si no que les pregunten a los novios de Caná. Así que imitemos a nuestro afamado tenista y presumamos del Palmar por todas partes. El Palmar como bandera, cuanto nos enseña ese gran joven que ha nacido en nuestro pueblo que tanto bien hace por nosotros, porque con sus sencillas pero intensas palabras nos ha colocado en el mapa internacional. Y así de no existir para los demás, ahora somos conocidos en todas partes, y os lo digo yo que más de una vez tengo que responder a los que me preguntan si soy el cura que le toca las campanas cuando gana algún trofeo. Y gana muchas veces, y que siga, así que madre acompaña con tu sagrada mano su raqueta. Con tus ojos vigílalo. Con tus manos protégelo y con tus pies sagrados defiéndelo. Tenemos un nuevo reto: ser una gran urbe aneja a una metrópoli y con nuestras preciosas minorías creativas de toda especie, lo estamos haciendo bien. Mirando a la patrona y escuchando su voz entiendo y comprendo lo que me dice, y me enseña siempre que sois un precioso tesoro. En vuestra pequeñez de acuerdo, pero ella siendo pequeña logró metas insospechadas y fue testigo de que Dios hizo a través de ellas maravillas para todos, incluso hasta para los que no la conocían ni la conocen. ¿Que trabajar por el pueblo no siempre es grato? Díselo a ella que le costó ver muerto a su precioso Hijo en sus manos, y entonces pues te callas, y pones un pie delante del otro y con todas las dificultades sigues caminando. María Purísima patrona nuestra, nos impele a fomentar nuestra autoestima pues tenemos razones sobradas para ello. Y yo, humilde párroco vuestro me siento profundamente orgulloso de vosotros y me rebelo contra quien no os quiera, por no decir que me cisco en su absurda estampa. Sois grandes y esto es lo que como vuestro padre os diré siempre. Mis hijos son lo más de lo más. Y quien no sea capaz de verlo, él se lo pierde. Sé que no sois perfectos, pero en vuestra imperfección sois grandes y quien no lo entienda que estudie. Menudo rollo os estoy pegando, pero hay cosas que aunque sean largas hay que decirlas alto y claro, al menos, una vez en la vida. Y también dejarlas escritas para que consten.
Así que termino con las palabras de la Purísima del otro lado del océano que ellos llaman Guadalupe: “Hijo mío del Palmar, no temas ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?”. Pues cogidos de su mano, y bajo su amparo, caminemos hasta el fin del mundo y más allá. No lo olvidéis nunca. Así que terminemos esta charla tan extensa poniéndonos en pie y aplaudiendo a nuestra Señora desde lo más profunda y gritando con fuerza: ¡Viva la Purísima!¡Viva nuestra patrona! ¡Viva la madre del Palmar y de toda la Hispanidad! Y ¡Vivan también sus Hijos, los hijos del Palmar!. AMÉN.
2 VOZ DE ADVIENTO
Veo rota la armonía del hombre con su entorno, no faltan la destrucción del medio ambiente. Las extinciones de especies únicas y maravillosas no son extrañas. El paraíso de Isaias no es lo que veo cuando miro el mundo. Tampoco la unidad de los seres humanos está de moda, más bien al contrario, la polarización y el frentismo, cuando no el tribalismo más oscurantista y absurdo, travestido de honorable patriotismo en no pocas ocasiones, apoyan la teoría de que la desigualdad entre humanos está más que justificada, sin plantearse nada más, sin pensar siquiera en la justicia o el Bien Común, como algo real y posible. Somos hijos de Caín y no nos consideramos guardianes de nuestros hermanos. Pablo tampoco es lo que veo hoy cuando miro el mundo. Del mismo modo el Bautista no consiguió erradicar la falsedad religiosa tan hipócrita, como esas “víboras” escenifican en su presencia. Aquellos fariseos. Y eso que él no se sentía digno de desatar las correas de las sandalias de Jesús. Pero fingir que se cree en Dios y se le ama, para engordar su propio ego, a costa del buen nombre del mismo Dios y del Bien de los demás, para el bautista es ir demasiado lejos. Aun veo demasiada hipocresía dentro y fuera de mi querida y amada Iglesia. Tenemos una epidemia desmesurada.
Hoy sinceramente creo que el mundo no está en Vela. No aguarda un nuevo eón. Se ha acostumbrado al status quo por más fétido que resulte. Parece que todo nos da igual, como dice un buen escocés: “Hemos perdido el sentido de la vida, y nos hemos ido de compras”. Adocenados totales, alienados, y como puercos en cochiquera. En una porqueriza estamos convirtiendo el mundo. Y además lo hacemos en no pocas ocasiones con buena conciencia.
¿Así que puedo deciros amigos y hermanos hoy? ¡Porque mis palabras parece que no suenan a esperanza que digamos! ¿No sabes que el Espíritu sobrevuela el caos y saca cosmos de él? ¿A que os invito? A confiar en ese Espíritu para haga rebrotar un germen verde en este leño seco en el que vivimos. Un brote que devuelva la vida a este mundo. Porque no tenemos otro. Eso de ir de viajes interestelares es una gran mentira que nos han contado en el cine, pues tenemos en contra las enormes distancias, las energías insuficientes, el tiempo que condenaría a los viajeros al desenganche por completo del resto de la humanidad, las radiaciones estelares que no podríamos soportar y la 2ª ley de la termodinámica, siempre tan tozuda, que nos enseña que ningún material en este universo es para siempre, no hay nave que la pueda resistir. No hay planeta B. Así que tenemos que implorar al que estuvo en la primera creación para que se haga presente en una nueva creación. Porque Godot como ET, no parecen estar llamando a las puertas de nuestra vida. Necesitamos que el Espíritu del Señor nos visite, el Espíritu de la Sabiduría y el entendimiento, el Espíritu del Consejo y la fortaleza, El Espíritu de la ciencia y el temor de apartarnos del amor. Necesitamos ser bautizados con ese Espíritu Santo y fuego. La falsa religión no vale. Ya no impresiona a nadie. Así que amigos a orar con fuerza. Y como lo hizo Juan en el apocalipsis, sin cansarse de repetir: “Maranathá, Ven Espíritu, ven Señor”. ¿Por qué sino a donde irán nuestras vidas? El hacha ya golpea nuestro leño vital. Y aquí seguimos marchando por el camino equivocado. “Parar el mundo y bajarnos”, como dijo Delibes, no se puede. Así que pongamos nuestra esperanza más allá de lo que vemos porque lo que vemos inspira bastante poco. De lo contrario sin esperanza amigos, moriremos asfixiados. Así que os digo hoy, cimentad bien vuestras esperanzas.
1 VOZ DE ADVIENTO
Vivir sin saber que vamos a morir es vivir alienado nos decía Heidegger entre otros. Tampoco es que inventara el azulete ni la pólvora, Pessoa y muchos otros antes, ya lo pusieron de manifiesto. Hasta Jorge Manrique. Lo cierto es que muchas veces nos encerramos en ensoñaciones absurdas que nos impiden vivir esta vida en plenitud.
El pesimismo es una ensoñación a superar según las Escritura hoy. Isaias y el salmista son claros. A Isaías le iba muy mal, cuando escribió este oráculo. Pues no era paz lo que tenía, sino lo que anhelaba porque lo único que tenía era guerra. Horror. Más él mantenía la paz y su ánimo era firme porque confiaba en Dios. Más allá de lo que vivía y experimentaba de manera inmediata. A Jeremías le pasó algo parecido, pero aún peor. Cuando miramos al horror a los ojos, el horror nos devuelve la mirada. Y cuando nos mira, quema nuestros ojos, y nos hace verlo todo oscuro, tenebroso y triste. Más la invitación de las Escrituras es contraria. Igual que Dios hace surgir universos de la nada, tras el impacto del horror, Dios suscita un después, por medio del aliento de la esperanza, y de ese modo, los que hoy lloramos, mañana aprendemos a sonreír. Tras el horror de la Cruz, la resurrección lo cambia todo. Estamos tristes porque perdemos al que amamos, más luego lo volvemos a ver, y entonces nos llenamos de una alegría que nadie nos puede quitar. El Dios de Jesucristo opera esa nueva creación. No estamos ante un mito como el de Osiris, sino ante un personaje histórico sustentado con múltiples testimonios diversos y contrastables. El pesimismo se explica por el impacto del horror, pero si asesinamos la esperanza, si no nos negamos a mirar más allá en el misterio que habitamos. El pesimismo no es una necesidad si nos negamos a dedicarle toda nuestra atención al impacto del horror. La esperanza nos vacuna ante el veneno que el horror nos inocula.
Considerar que el ser humano solo sirve para hartarse de banquetes y orgías, que sólo puede aspirar a comer y a follar, es mirar al ser humano de una manera de la que Pablo nos quiere hacer despertar. Si Cristo se convierte en nuestro modelo de vida, de tenebrosos, nos transformamos en gente luminosa. Pues comprendemos que el ser humano es mucho más que sólo eso. La frivolidad como huida del horror de fondo, es una falsa salida. Pues esa puerta conduce al abismo. La frivolidad no nos hace explorar las enormes dimensiones de nuestro misterio. Es como conformarse en vivir en el portal de la casa, teniendo un enorme palacio esperándote a tu alcance si te decidieras simplemente a cruzar la puerta que está abierta para ti. Vivir como Cristo es adentrarse con decisión en el misterio de la vida. Así lo define Pablo con sus palabras sencillas hoy.
Pensar que es imposible vivir en la inseguridad más absoluta, es otra ensoñación de la que hoy nos despierta el Evangelio. La seguridad no existe. Nunca sabemos que va a pasar con total rotundidad. A veces acertamos pero no siempre. En mi vida he comprobado que eso de “ley de vida” que tanto se dice cuando un anciano muere, es un embuste, simplemente porque en la vejez la muerte parece connatural. Más cuando has enterrado a tres hermanos siendo niños, a tus padres, y a no pocos amigos, descubres que la única ley que existe es que si estás vivo te puedes morir, y no sabes ni como ni cuando. Por eso el Evangelio hoy me enseña que debo dejar de lado hacer proyectos de futuro a largo plazo y aprovechar el presente para vivir lo que anhelo si me es posible hacerlo. Cuanto tiempo derrochado en cosas sin importancia. Y cuantas ocasiones perdidas para adentrarse en lo que realmente importa. Cada cual seguro que podrá poner nombres y situaciones a estas afirmaciones. Despierta, y usa tu inseguridad, no para aterrarte, sino para disfrutar y desarrollar aquello que merece la pena. Aprovecha tu hoy porque el mañana, igual, no llega. Ese beso, ese abrazo, esa humanidad que no desplegaste, suma y sigue. Cada uno ha de encontrar que significa para él aprovechar el instante.
¿Alienado? Yo prefiero descubrirme a mí mismo, y si es enamorado de Jesucristo para mí mucho mejor. Lo luminoso me es preferible a lo tenebroso y lo cálido a lo gélido. Pero que cada cual, elija su destino, no hay porqué hacerle caso al alemán de nombre impronunciable necesariamente. Yo no se lo hago, pero sí entiendo su punto de vista, si no soy una piedra, no sé por qué me he de empeñar en vivir como si lo fuera. Prefiero despertarme de semejante ensoñación, si los sueños, sueños son, prefiero que sea el mío y no el de una roca.
ORDINARIO
JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO
¿A quien coronamos como rey de nuestro corazón? Porque coronar un modo de existir con sus percepciones, sensaciones o conductas propias, no da igual que coronar a otro.
La primera lectura nos lo hace ver. El pueblo Hebreo coronó primero a Saul y luego a David. Y no fue lo mismo. Cuando contrariando a Samuel que no quería monarquía para su gente, ellos deciden poner reyes al frente de sus tribus, la historia de aquel Israel, no será la misma con uno que con otro. Dejando de lado, las visiones políticas anejas a estos textos, si los interpretamos en clave personal podemos responder con cierto gracejo a la pregunta primera.
Miremos el Evangelio. Si coronamos como nuestro rey al desamor: insultaremos, nos burlaremos, seremos vinagre para los demás, crucificaremos a los demás, al mundo, e incluso a nosotros mismos. Si coronamos al amor, que es lo que ese “buen ladrón” hace, acercando su dedo al de Cristo, como hace Adán en la creación de la Sixtina, seremos otra cosa: misericordia para los demás, aliento, esperanza, alegría, una nueva oportunidad, gente que lejos de crucificar, hace que los demás vivan en un paraíso, gente que resucita. Gente que glorifica y hace que los demás vivan en plenitud. Así nos lo ha mostrado Pablo, su carta hoy.
Coronar a Cristo en mi vida como mi rey, según Pablo, me glorifica a mi, a los demás, y al mismo mundo en el que habito y sin el cual yo no podría existir. Coronar al desamor supone convertir el mundo en un infierno. Cristo coronó el amor como su rey, y por eso es tan definitivo, la historia marcha mejor cuando seguimos su andadura. Los dos ladrones en Lucas son una especie de símbolo. Las dos caras de como vivir la vida: coronando el amor como nuestro rey, o convirtiéndonos en siervos del desamor.
¿Así que a quien coronamos hoy? ¿A quien corono yo hoy? No es cualquier asunto. Parece simple pero la respuesta afecta en su mismo centro a la inmensa complejidad de cuanto existe. ¿El amor como primer principio fundante o el desamor? Esa es la cuestión.