Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

HOMILIA Ciclo A

CADA DOMINGO LA PALABRA DE DIOS ES CREADORA, NOS RENUEVA, SI LA ESCUCHAMOS CON FE Y SABIDURÍA, PORQUE NOS EL ESPÍRITU DE DIOS NOS VISITA Y NOS LLENA DE GRACIA. APRENDAMOS A ESCUCHARLA COMO MARIA.

 

 

I ADVIENTO

    La Escritura hoy nos lleva a descubrir cuatro facetas de nuestra mejor humanidad. 

    La primera la ha mostrado el profeta: Somos capaces de anhelar hasta el infinito. Los animales por su propia naturaleza no son capaces de eso. Viven inmersos en su dimensión y son “presa” de su propia naturaleza. Son incapaces de soñar universos alternativos a aquel del que forman parte. El ser humano, en este sentido, o es un error del universo o ha sido predispuesto por él para nuevas cotas de existencia, porque el ser humano es capaz de soñar universos distintos y formas de existencia muy dispares de la que actualmente goza. Y eso a parte de innecesario para un ser vivo como los que son habituales en este universo, es contradictorio con el proceder evolutivo, porque al ser humano lo convierte en un inadaptado permanente que siempre ansía la eternidad impulsado por el amor que lo posee. De modo que si no es un ser preparado para “más” será el craso error más destacado de todo este universo evolutivo. “Ojalá rasgases el cielo y bajases” expone el descontento con el mundo del que formamos parte, que no con la existencia, es esta capacidad de superar nuestra existencia espacio temporal, lo que más nos define, lo que nos capacita para explorar posibles “más allá”. Dios es el único por tanto que como tal puede responder a tal anhelo, porque el universo se ve desbordado por completo. Ya que es un marco cerrado, sometido al espacio y al tiempo. Solo un Dios que no sea amo, sino Padre, para el que los humanos, sean hijos y no siervos ni esclavos, podrá hacer posible que los anhelos humanos encuentren respuesta. Somos un destino abierto al infinito que no se verá frustrado si Dios Padre nos ampara. De lo contrario: fracaso. No queda otra. Pues todo será para nada. Este es el drama de llevar dentro de sí la chispa divina de la eternidad como anhelo último. La fuente de esta sed de infinito que nos define y que nos desclasa por completo del mundo animal del que formamos parte.

    La segunda la muestra el salmo. Nuestra capacidad de restaurar todo lo que queda roto. Pues muchas veces la verdad es rota por la mentira, la bondad es dañada por la maldad, y la fealdad amenaza con derruir la belleza. El ser humano tiene la capacidad de poner en su sitio las cosas, y de volver a recuperar la verdad, la bondad o la belleza donde estas se hayan perdido. Basta que se deje cautivar por la chispa creadora de Dios que lo habita, como antes hemos visto, y será capaz de alumbrar una nueva creación. No es la destrucción nuestro único sino. En todo caso es una opción libre dirigida por la necedad, pero esa elección no expresa para nada nuestra mejor naturaleza. 

    La tercera la ofrece Pablo. A los Corintios los va a poner en su sitio, porque son una recua de pendencieros: desunidos, enfrentados, idolatras, incestuosos, faltos de esperanza, y mil cosas más. Sin embargo eso no le impide descubrir las otras mil cosas buenas que ellos tienen. Y por eso convierte su carta en una suerte de Eucaristía. Aunque en muchos momentos ande repartiéndoles estopa sin cesar. A parte de tus defectos ¿qué tienes de bueno en tu vida?. Porque nada es mas fétido que un quejica. Y mientras que dar gracias por lo bueno, nos infunde el optimismo que precisamos para luchar con vitalismo en medio de nuestros desvelos; ser un quejica, nos llena de pesimismo que nos envenena el ánimo y nos deprime y acobarda para hacer frente a nuestros retos. Pablo los va a corregir porque los corintios tienen muchas cosas buenas que salvar. Y eso bueno no debe perderse jamás. Por eso inicia su carta dando gracias. 

    La cuarta y última la ofrece el Evangelio. Jesús nos invita a estar en vela. Nada más necesario. Durante mucho tiempo fuimos presa fácil para bestias dispares. De ahí que aprendiésemos a comer a resguardo, y a hacer lo propio al defecar, dormir, hacer el amor, y otras muchas cosas. Los valores de la intimidad, la higiene, y otras lindezas, las hemos descubierto después. Pues lo primero fue no quedar expuesto a la furia y el hambre de los bichos que podían acabar con nosotros, cuando quedábamos expuestos por bajar la guardia. Estar en guardia, en vela, para no permitir que las fieras acaben con nosotros. Esto vale para la biología, para la integridad física, para la política, la economía, la cultura y las inculturas, para lo social, y para lo religioso o lo antireligioso. Estar en vela para que no se nos cuele una fiera y nos destruya pues nunca tenemos nada asegurado que no esté expuesto al caos. 

    La Escritura nos retrata y expone estas cuatro facetas de manera sucinta y clara. Y estas cuatro facetas en tiempos de pandemia son un lujo. Anhelemos otra situación alternativa a nuestra presente, restauremos lo bueno que se ha perdido, demos gracias por lo bueno que nos quede para no caer en el derrotismo y mantengámonos en vela frente a esta fiera que amenaza con destruirnos. ¿Quién da más? ¡Ánimo pues hermanos!.  

 

 

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Andrés Marín Navarro.

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