Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

HOMILIA Ciclo B

CADA DOMINGO LA PALABRA DE DIOS ES CREADORA, NOS RENUEVA, SI LA ESCUCHAMOS CON FE Y SABIDURÍA, PORQUE NOS EL ESPÍRITU DE DIOS NOS VISITA Y NOS LLENA DE GRACIA. APRENDAMOS A ESCUCHARLA COMO MARIA.

 

 

CORPUS CHRISTI

    Vivimos tiempos convulsos. De un tiempo a esta parte estamos viendo en las noticias como muchos son los que se dedican a derramar la sangre de los demás. Terrorismo y guerras no cesan. Y hay amenaza cierta de que tales males puedan hacerse aún mayores. Tampoco faltan hoy los chupasangres, o sea esta suerte de vampiros, que viven de sangrar a los demás para quedarse con lo suyo aunque para eso tengan que reducirlos a ser esclavos. El mundo no pasa por sus mejores momentos. 

    Por eso los textos de hoy tienen un mensaje luminoso. La antigua alianza consistía en derramar la sangre de los animales para obtener un beneficio. Era un culto sangriento en el que se pagaban los pecados y se sellaban las promesas derramando sangre ajena sin cesar. Como si a Dios le agradase ver como mueren los animales tratados con crueldad o incluso ver morir a los seres humanos con sadismo, porque en más de una guerra los antiguos consideraban que verter la sangre de los enemigos era el mejor acto de culto a Dios que ellos podían ofrecer. 

    La nueva alianza rompe con toda esa tradición brutal. La carta a los Hebreos de hoy lo notifica. Y todo cuando habíamos oído en el libro del éxodo queda modificado. Ahora es otra cosa lo que sella un pacto de alianza entre Dios y nosotros, otro hecho es el que borra nuestros pecados. Es el amor extremo de Dios que se manifiesta en Cristo Jesús cuando éste muere y resucita. ÉL no derrama la sangre de nadie. ÉL derrama su propia sangre por amor nuestro. Ni “chupasangres”, ni “derramasangres”, Jesús es amor hasta el extremo. El derramamiento de sangre es un símbolo. Un signo extraordinario del amor de Aquel que por salvarnos, por glorificarnos, tomó su vida y vertió su sangre porque dio su vida por nosotros. Y eso es lo que la Eucaristía conmemora. El único sacrificio que nos salva, la única ofrenda que nos redime, es el amor sin medida de Cristo. Ese amor cuando da fruto en nosotros nos diviniza porque nos santifica. Y quien se santifica, ni chupa la sangre a los demás, ni derrama la sangre de nadie. Y quienes lo siguen haciendo y se llaman cristianos simplemente son embusteros. Por muy religiosos que sean.

    Dar culto al Padre, y preparar la cena del Señor, supone que dejemos de guerrear, de enfrentarnos, de derramar la sangre de los demás, de chupar la sangre a los otros como si fuésemos vampiros. También hacemos sangrar el alma de los otros cuando los acuchillamos con nuestras palabras, nuestros gestos y nuestras actitudes. Despertemos de este sueño truculento. ¡YA BASTA DE PENSAR QUE SE PUEDE AMAR A DIOS MIENTRAS SE DERRAMA LA SANGRE DE LOS DEMÁS SO PRETEXTO DE NUESTROS DIVERSOS JUICIOS Y OCURRENCIAS!. 

 

TRINIDAD

    Como siempre Dios se nos presenta con las notas definitorias de su modo de ser cuando miramos los textos bíblicos con los ojos de Cristo Jesús resucitado.

    1. Dios siempre está con nosotros, no es alguien lejano e indiferente, se mezcla con nuestras cosas, se sumerge en nuestra historia y camina con nosotros, pero eso sólo ocurre si le abrimos la puerta de nuestro corazón. Pues su presencia no anula nuestra libertad en ningún momento. Al contrario como en un relación esponsal, su presencia hace más potente y definitiva nuestra libertad. Dios no es un amo. Un amo eclipsa nuestra libertad. Dios es amor. Y sin libertad plena y verdadera, sin libertad liberada es imposible amar con autenticidad. La primera lectura es muy clara y el Evangelio también. Dios no quiere ante sí marionetas, ni sombras, sino sujetos verdaderos, personas vivas y colaboradores sinceros enamorados. 

    2. Dios no quiere esclavizar a nadie sino glorificar a todos. Abba es la palabra más cariñosa que un niño chiquitín dirige a su padre en medio oriente. Es el susurro del bebé que enternece el corazón del papá. Esa que le hace mirar, acariciar y sonreír. No hay miedo ante Dios sino confianza. Como un niño chiquitín en manos de su madre. Ese amor no esclaviza ni atemoriza sino que  glorifica, transfigura o te lleva a vivir en abundancia. No es posible estar en Dios sin sonreír. 

    3. Dios derrama su amor sobre quién lo quiere recibir, sobre quien se decide a ser su discípulo sin distinción. Ser su discípulo no es ser su sombra, como ya dije, sino ser su compañero de camino y de misión. El bautismo es la manera como se significa que Dios derrama su amor sobre nosotros, un amor que se desplegará de manera preciosa en toda la vida sacramental: alentándonos en la confirmación, alimentándonos en la Eucaristía, renovándonos en la reconciliación, sanándonos en la Unción, y haciéndonos fructificar en el amor con el matrimonio y el orden ministerial. La trinidad que es el proceso hermoso del amor dándose, se experimenta de manera preciosa en toda la vida litúrgica. El amor que piensa, genera sentimientos amorosos que explotan en una conducta que amando hace cuanto quiere porque eso la hace verdadera, buena y bella. Cristo es la conducta de Dios que ama. El Espíritu es el sentimiento amoroso de Dios que se comunica y todo lo dinamiza, cautivando nuestra libertad con sus encantos, y el Padre es la fuente del amor que al valorarlo todo desde una percepción compasiva y empática, dinamiza todo su ser en un ejercicio de amor sublime. La trinidad es Dios amando. Y ese amor se derrama sobre quién lo quiere recibir en el Bautismo. A nadie se le impone. A todos se les regala.

    ¿Qué tiene que ver este Dios con el que el integrismo religioso anuncia?¡Nada! Pero es que el integrismo religioso no tiene nada que ver con Dios. No lo olvides nunca, y no te dejes engañar por fantoches travestidos y vociferantes, por muy agresivos o interesantes que se pongan. Esa gente de Dios no sabe nada. Saber esto te evitará terminar confuso y perdido como algunas religiosas de Burgos que han caído en las manos de unos cantamañanas. 

 

PENTECOSTES

    ¿Qué promueve el Espíritu Santo? El Espíritu promueve lo que Jesús nos ha comunicado en nombre del Padre. El Espíritu es el Dios con nosotros y como tal promueve con su amor eterno cuanto el Evangelio mismo contiene. En este rica liturgia de esta última fiesta de la Pascua se nos regala un inmenso tesoro bíblico para nuestra consideración. Vayamos paso a paso contemplando cada texto y extrayendo de él la sabiduría que contiene, de modo que podamos comprender lo que el Espíritu de Dios promueve entre nosotros.

    1. El Espíritu no promueve el imperialismo que pretende unificar todo y uniformarlo todo imponiendo un discurso único del que queden excluidos los que piensan diferente. El libro del génesis nos susurra con claridad que: Movidos por el Espíritu es preciso deconstruir todo esfuerzo totalitario que pretenda dominar el mundo. El Espíritu promueve la deconstrucción del totalitarismo. Y es que ya decía Pablo que donde el Espíritu de Dios está hay libertad.

    2. El Espíritu no promueve el clericalismo sino que promueve el despertar de todo el Pueblo Santo de Dios. Podríamos decir sin temor alguno que el Espíritu de Dios alienta y promueve la sinodalidad. El clero sólo tiene sentido como intermediario, como servidor, como ese Moises que existe para que el Pueblo pueda despertar y encontrarse cara a cara con su Dios.

    3. El Espíritu promueve la esperanza para que resilientes no nos dejemos vencer por el pesimismo venenoso de la cultura de la muerte. Y Ezequiel ilustra maravillosamente como no debemos quebrarnos ante lo dantesco y cómo podemos volver a nacer siempre que nos encontramos inmersos en medio del horror.

    4. El Espíritu promueve la democracia en el sentido de que El se hace presente en todos y cada uno de los corazones. El sentido de la fe del Pueblo de Dios, aún está por profundizar, por desarrollar y por aplicar. Esta intuición del concilio Vaticano II, sigue intacta. Y es lo que de una vez por todas permitiría liberar a la Iglesia de su absolutismo rancio y pertinaz.

    5. El Espíritu promueve la apertura del oído a los gemidos de dolor del mundo, de la entera creación. Y se expresa en los gemidos de dolor que brotan de cada corazón para que sepamos por donde debemos caminar y que retos debemos afrontar. El dolor sonoro de todo y de todos nos orienta en el camino para cambiar todo aquello que debe ser cambiado.

    6. El Espíritu promueve el imperio de la conciencia personal, y la convierte en un manantial de aguas vivas, pues no ha nacido el ser humano para sufrir sino para sonreír, y para no dejarse aplastar cuando el sufrimiento lo cerca, como anteriormente nos enseñó Ezequiel. En este caso Juan y el profeta se expresan de maneras diferentes pero su mensaje es el mismo, aunque con diferentes matices. No somos marionetas de nadie. Cada uno debe encontrar su camino para poder vivir con la mayor plenitud posible.

    7. El Espíritu promueve la comunión de los que son diferentes sin anular nunca su propia diversidad. Los Hechos de los apóstoles son muy claros en ese sentido. La diversidad no debe ser estorbo sino riqueza.

     8. El Espíritu promueve la vida de todo lo que existe y desaprueba la destrucción del marco natural y todo lo que lo integra, sin lo cual, nuestra existencia sería imposible. Los salmos no cesan de cantarlo en esta magna celebración.

    9. El Espíritu promueve el bien común y siembra miles de capacidades diferentes entre nosotros para que seamos capaces de construirlo poniendo cada uno de nuestra parte. Pablo en los corintios deja claro que somos un cuerpo, con diferentes órganos que conectados unos con otros viven y divididos y separados mueren todos.

    10. El Espíritu promueve el sentido moral que respeta la dignidad y los derechos de la persona humana, que es más que un pedazo de carne llamado al disfrute superficial y frívolo de la vida. Y nos hace dar frutos que nos glorifican como seres humanos y como personas. No somos “carne” solamente, somos PERSONAS, y eso es fruto del espíritu. Una persona que ama, que está alegre, que tiene esperanza, que vive con paz, que es fuerte, que es amable, que es leal, que es alguien que es capaz de controlarse, es mucho más que un pedazo de carne que anda explotando de placer de orgía en orgía, y que no tardará en ahogarse en el hastío.

    11. El Espíritu promueve el dinamismo y la intercomunicación propia de la misión. El Espíritu promueve el intercambio de testimonios acerca de lo que la compañía del resucitado significa y conlleva. No es compatible vivir en el Espíritu y llevar un vida solitaria e individualista por muy “mística” que se pretenda ante los demás. El Espíritu es comunicación. 

    12. El Espíritu promueve la evolución en la verdad y la apertura a comprender más y mejor quienes somos y lo que somos. El ultramontanismo y el tradicionalismo absurdo, no son hijos del Espíritu. Porque para el Espíritu la tradición es algo vivo. Que no sabe bien ni de donde viene ni a donde va. Porque siempre es su acción entre nosotros. Quienes pretenden convertir el Evangelio en una fotografía inalterable, no sirven para vivir. Y se cierran por completo a la acción del Espíritu que por definición intrínseca es evolución hacia la gloria. Si el Espíritu nos tiene que glorificar, nos debe hacer evolucionar, sin ningún tipo de reparo y cortapisa. Y Jesús en el Evangelio no puede ser más claro en esto. Quien denosta la acción del concilio Vaticano II y los subsiguientes pontífices simplemente porque han introducido evoluciones en la vida de la Iglesia, son enemigos del Espíritu que nos conduce a la verdad plena, abriendo para nosotros nuevos horizontes, cuando somos capaces de verlos. Si ayer en el AT era un sacrificio bien visto por todos matar a niños, estrellando sus cabezas contra las esquinas, hoy, tras el NT, sabemos que eso es un horror y que ya basta de que los Herodes del momento masacren inocentes sin cesar. ¿No está bien ese cambio? El Espíritu nos hace evolucionar y no debemos tener ningún miedo a cambiar. La búsqueda de la verdad exige ese arrojo y esa valentía. 

    Así que en mi opinión dejar al Espíritu posarse en nosotros es lo mejor que nos puede pasar. Mi vida sin su presencia desde aquella lejana confirmación del año 85, no se explica. Y es este fuego divino, es este aliento inquebrantable, es este fuerte viento el que me ha llevado por caminos que yo nunca hubiese sido capaz de imaginar. Así que VEN, VEN SIN CESAR SANTO ESPIRITU, SOBRE MÍ Y SOBRE TODO AQUEL QUE SIENDO O NO CREYENTE QUIERA RECIBIRTE.  ¡ALELUYA Y DE NUEVO FELIZ PASCUA A TODOS!.

 

ASCENSIÓN

    El narcisismo y sus funestos protagonismos son excluidos por los textos sagrados de este domingo. El clericalismo también sale mal parado. Pues es un narcisismo repelente y excluyente que atenta contra la sinodalidad de la Iglesia que nace del Evangelio. 

    ¿Por qué entiendo tal cosa oyendo hoy las Escrituras? Porque Jesús que es el mejor evangelizador que ha existido jamás, tras tres años anunciando el Evangelio entre nosotros, desapareció de nuestra vista sin más. Y sus palabras finales son muy claras, igual que las de los ángeles, en la primera lectura. “Tenéis mucho por hacer”. El resucitado no deja lugar a dudas. Su Espíritu nos guiará en medio de las luces y las sombras que la vida nos ponga por delante en nuestra andadura. 

    Pablo completa cuanto Jesús nos enseña. Lo desarrolla. El Espíritu suscita una comunidad viva, plena de carismas. La idiosincrasia de cada uno y de cada grupo humano debe ser considerada una riqueza. Sin duda el Espíritu los pone en cada uno para el bien común de todos. Ahí no caben protagonismos, ni narcisismos, ni nada que se le parezca. Esta enseñanza adquiere una relevancia especial en esta época enferma de nuevos nacionalismos que de nuevo amenazan la paz mundial. Un enfoque excluyente o autoritario queda en entredicho a los ojos del Espíritu. Pues por pequeña que pueda ser la aportación de alguien o de algún grupo en particular, su voz es valiosa. No necesita la sal ser la única presente en un guiso, ni siquiera ser la más importante para poder jugar su papel fundamental de modo que éste pueda ser sabroso y nutritivo. La exclusión del que es distinto o la consideración de que el que no es como yo o piensa diferente de mí es una amenaza o un estorbo o alguien a erradicar atenta contra la diversidad que el Espíritu crea y defiende. El multilateralismo, tan coherente con la diversidad, que algunos pretenden hoy no se puede defender con la violencia y la tiranía. La diversidad verdadera se ejerce desde el diálogo fraternal y nunca de otra manera. Sin amor no hay verdadera globalización ni multilateralismo. Sin sinodalidad cualquier proceso comunitario se torna falso. En términos mundiales, nacionales, locales o personales. Y eclesialmente más aún.

    Todos caben y todos tenemos algo o mucho que aportar. Y la suma de todas las aportaciones es definitiva.

    Jesús sabe quién es y lo mucho que puede hacer. Pero no por ello considera que nuestra aportación sea innecesaria. Más bien al contrario, por medio de la santidad de cada uno, el Espíritu puede hacer la gran obra del camino hacia el Reino de Dios. El Espíritu y nosotros debemos entendernos. Sin su ayuda no podemos nada, pero si aceptamos su gracia necesaria, el resultado puede ser impresionante. El Espíritu abre puertas y no suplanta a nadie. Todo lo que toca el Espíritu lo desarrolla y lo glorifica. Y sin estar Cristo Jesús fisicamente presente, pero eso sí, intercediendo por todos para que Dios pueda serlo todo en todos. En el corazón del Padre Dios no sobra nadie, y todos son necesarios, sin narcisismos ni protagonismos. Jesús sabe “desaparecer” para dejarnos un precioso y significativo espacio a todos nosotros. 

    Así que no os quedéis mirando al cielo, esta Pascua y siempre, el Dios de Nuestro Señor Jesucristo espera mucho de nosotros. Y por ello nos ha dado su Espíritu para que como Cristo Jesús podamos hacer grandes cosas en medio del mundo. Tú y yo, todos nosotros, tenemos por delante una inmensa tarea, el Espíritu nos alienta. Que su voz no caiga en saco roto y haga posible que llenos de amor y de alegría todos podamos cantar un aleluya infinito.  Que el Jubileo de la Paz convocado por el Papa Francisco en este momento histórico grave y difícil contribuya a ello de un modo eficaz y definitivo. Que así sea.

 

PASCUA 6

    ¿En el mundo impera el Evangelio? Puede que en muchos lugares si reine la religión, más el Evangelio sigue ausente en muchos lugares y tiempos, porque el mundo sigue prefiriendo las tinieblas a la luz. 

    El mundo esta preso de nacionalismos excluyentes en muchos lugares y en muchos corazones. Sus esquemas mentales dividen a los seres humanos en clanes enfrentados unos con otros, en concepciones equivocadas que no entienden que todos somos parte de la gran familia humana. Y que si como en cada casa, los miembros que la integran son únicos e irrepetibles, también con el mundo y sus pueblos debería ocurrir lo mismo. Tanto el salmo como los hechos de los apóstoles nos llevan a darnos cuenta de la enorme distancia que hay entre nosotros y el Evangelio tantos años después de Cristo. Si ayer fue posible superar las barreras entre el judaísmo mosaico y la gentilidad romana y pagana, y se pudo hacer gracias al Espíritu de Cristo Resucitado, cuando hoy, somos incapaces de superar nuestras barreras mentales y culturales, la razón es clara: no nos dejamos mover por el Espíritu de Dios. Toda mentalidad, emoción o actitud que no construya la gran familia humana, está profundamente equivocada, porque ignora la voz del Espíritu de Dios que se ha manifestado con claridad en cada nuevo pentecostés. Una religión que no conduce a construir esta fraternidad universal no permanece unida a Cristo por mucho que cante o mucho incienso que queme, o muchas abluciones que realice.

    El mundo es reo de una adoración falsa de Dios. Pues al Señor de los cielos se le comprende como el todopoderoso. Se considera a Dios como poder antes que nada. Esa mentalidad genera afanes imperialistas entre los pueblos. Pues el pueblo más poderoso, en esa mentalidad, es el favorito de Dios. ¿Pero que tiene eso que ver con el Evangelio? Nada en absoluto. El imperialismo es ajeno a la fraternidad que emana de un Dios que nos ama a todos por igual, que no es un amo imperial, sino el amor eterno y universal. San Juan en su carta y en el Evangelio no puede ser más claro. El imperialismo no conduce a la civilización del amor. Que un pueblo o nación se considere superior a los demás excluye la verdadera visión que Dios tiene del mundo. Pues mal Padre y mala madre será aquella que excluya a unos hijos en favor de otros o de otro. Que cada cual ocupe un papel en la familia, no convierte a los demás miembros de la misma en inferiores. Pues cualquier responsabilidad que se ejerza en el mundo ha de estar siempre al servicio del amor y nunca al servicio del poder. Quien así piensa, siente y actúa, dando culto al poder, no conoce a Dios. Por muy aparente que pueda llegar a ser su apariencia religiosa. Por la búsqueda del poder, no se acerca nadie a Dios. Al contrario se aleja de Él sin cesar. Llamar y considerar a los demás siervos y no amigos, contraviene cuanto Jesús nos enseña. La amistad nos hermana, mientras que la servidumbre nos discrimina. Un mundo de siervos es contrario al Evangelio. El mundo compatible con el Evangelio es aquel donde la amistad sincera entre todos se impone. Donde el poder se somete al amor, y no se convierte en un fin en sí mismo. El poder ha de ser siempre un medio al servicio del amor. 

    El mundo está ciego de odio y egoísmo. Y ambos modos de pensar, sentir y actuar, nos abocan al desamor. Y del desamor nunca ha salido nada bueno. El desamor nos hace sufrir. En cambio sólo el amor sincero nos hace sonreír.   Por ello sabemos que sólo amando como Jesús, es, como podemos alcanzar la vida en plenitud. El desamor impide al mundo transfigurarse a la luz del Evangelio. Y la resurrección de Jesús deja muy claro que sólo el amor tiene futuro. Y que el desamor sólo conduce a la perdición y a la nada. El desamor ni arregla ni salva nada. Por ello cuando en el mundo suenan los tambores de la guerra el mundo camina en dirección contraria al Evangelio. Y últimamente esos tambores suenan demasiado fuerte. La guerra es contraria al amor. Y sumerge al mundo en una dialéctica asesina y oscura, la propia del golpe y la respuesta. Del ojo por ojo sólo nace la ceguera. Del diente por diente sólo quedan bocas profundamente melladas. Sin embargo nuestro mundo considera listo al que no ama y tonto al que si ama. Y así nos luce el pelo a todos los seres humanos. 

    Así que ¿qué podemos hacer para que el mundo se acerque a Jesús resucitado y viva conforme al Evangelio? Permanecer unidos a Jesús, y amar como Jesús lo hace. Solo en el amor hay alegría sin fisuras. Oír la voz de su Espíritu y dejarnos conducir por Él. Y desde esa voz, deconstruir los enfoques equivocados de nuestro mundo. Deconstruir las ideologías excluyentes. Deconstruir las visiones imperialistas. Deconstruir los discursos del odio y del egoísmo. Deconstruir el desamor. Y construir entre todos sin cansancio, la civilización del amor. Sólo así seremos levadura en la masa, sal en la tierra y luz del mundo. Sin amar siempre será imposible cantar con sinceridad ¡Aleluya!. El amor todo lo transfigura, todo lo resucita, todo lo glorifica, y todo lo diviniza. Resucitar ya, significa dejar atrás el pestilente desamor, para vivir inmerso en el amor y en sus alegrías. Sólo así nuestro mundo se convertirá en Evangelio Vivo. Convertirse significa sobre todo y antes que nada, aprender a amar como Jesucristo nos ha amado. Jesús nos lo ha comunicado con toda claridad en el Evangelio. Su voz hoy no puede ser más clara para un mundo que últimamente habla mucho de guerra y las crea en varios lugares del planeta. Permaneciendo en su amor liberemos nuestra mente, nuestras emociones y nuestras conductas de todo lo que no es amor. De todo lo que es contrario al amor. Dejemonos guiar por su gracia y por su Espíritu. Desde el amor, con nuestras conciencias y nuestras palabras y actos, en todos los campos y dimensiones de la vida, deconstruyamos el desamor que nos destruye.

 

PASCUA 5

    ¿Qué has de hacer si quieres que el Evangelio reine en ti? Si no quieres vivir como si Dios no te amará o volverte un religioso al uso, como eran los paisanos de Jesús y los miembros del sanedrín que lo condenó a muerte y movió todo lo necesario para poder crucificarlo. 

    Lo primero tener un buen amigo cristiano a tu lado, como le pasa a Pablo con Bernabé. Caminar sólo te aleja del Evangelio. Formar parte de una comunidad movida por el Espíritu Santo ayuda muchísimo. Porque te apoyan, te socorren, te alientan y permiten que te desarrolles como cristiano, pudiendo vivir tus carismas y contribuyendo a construir en paz  una comunidad que vive inmersa en el Evangelio  y guiada siempre por el Espíritu de Jesús resucitado. Sin formar parte de la gran asamblea (eso significa Iglesia y no una corporación religiosa donde es imposible vivir la verdadera fraternidad), es imposible vivir en el Evangelio de la Pascua que nos infunde alegría, paz, esperanza, fortaleza y amor. El libro de los Hechos y el Salmo lo han explicado muy bien.

    Lo segundo creer siempre en Jesús y vivir amando a los demás como Él nos ha amado. Sabiendo que obras son amores y no buenas razones. Con el desamor nos apartamos siempre del Evangelio. Y si dejamos de creer en Jesús, el Evangelio en nosotros se marchita. Hay gente aparentemente muy religiosa, pero muy alejada del Evangelio, porque su fe no es sincera y su amor es débil o inexistente. Quién camina movido por el Espíritu cree en Jesús plenitud de todo y de todos. Quién camina movido por el Espíritu sabe que fuera del amor no hay vida en abundancia. La Vida en plenitud pasa por esa fe y por ese amor. Sin ellas la experiencia gozosa del Evangelio se vuelve imposible. San Juan ha sido claro en su carta.

    Lo tercero es ser siempre un sarmiento de Jesús que se alimenta de su savia pascual. La Pascua nos alimenta con la Palabra de Jesús, la Pascua nos nutre con su amor gratuito que nos visita en los sacramentos cuyo culmen es la Eucaristía, la Pascua nos fortalece en la oración íntima, que no consiste en practicar rezos constantes e interminables (eso es propio de religiosos), sino en una existencia vivida en comunicación personal y comunitaria con Jesús resucitado, como testimonian los diferentes relatos de la resurrección. Así es como damos fruto, como el Evangelio nos habita. La espiritualidad es vivir inmerso en el Espíritu de Jesús resucitado que nos habla, nos ama y nos acompaña sin cesar, en todo lugar y en todo tiempo. Es una suerte de vida esponsal. Sin esta espiritualidad el Evangelio se vuelve religiosidad seca, que no sirve para nada, ni hace feliz a nadie. Sólo seremos discípulos de Jesús si el Evangelio nos hace dar frutos que nos hagan vivir en la gloria a nosotros y a los demás. Ser infierno para los demás, por muy religioso que resulte, no es nada Evangélico y es ajeno a Dios por completo. El Evangelio lo ha dejado claro y distinto.

    Sin Evangelio sólo somos religión, y eso ni es sal de la tierra, ni es luz del mundo. No lo olvides. Si vives así, como se nos ha enseñado hoy, tu vida será siempre una Pascua perpetua y el Aleluya, será una expresión existencial auténtica en tu vida. Serás Evangelio vivo, de eso se trata.

 

PASCUA 4

    Comulgar es abrir la puerta de nuestra vida a Jesús resucitado. La comunión con Él repercute de modo extraordinario en nuestros pensamientos, emociones y conducta. El domingo es por ese motivo una ocasión especial para el cristiano. Es la Pascua semanal. Lástima que a veces la religión transforme todo este gran misterio que se despliega ante nuestros ojos en rutina legalista, vacía de significado y de sentido.

    ¿Pero quien es ese Jesús resucitado al que recibimos? Escuchemos las Escrituras de hoy. Pedro nos enseña que Jesús es salvación, el que nos lleva no solo a poder vivir sino a vivir en plenitud, incluso en medio de situaciones duras y difíciles. Además junto con el salmo de Hoy añade que Jesús es la piedra angular sobre la que debemos edificar nuestra vida, para que ésta, aunque se mantenga en pie, no se quede sin cimentar. El cimiento que el humanismo encuentra en Cristo Jesús resucitado es sorprendente. La antropología pascual me resulta sublime. 

    Jesús resucitado según la carta de Juan, es el que nos abre al misterio inmenso del amor eterno de Dios. Un amor que no somos capaces de imaginar. Nos abre al misterio del Padre, nos abre a la aventura de descubrir progresivamente lo que significa ser Hijos de Dios. En definitiva, Jesús resucitado, nos lleva a ver el verdadero rostro de Dios y nos hace semejantes a Él, progresivamente. 

    Jesús resucitado según el Evangelio es el Buen Pastor, es el que nunca nos abandona, ni siquiera cuando el lobo nos cerca. Porque lo ha demostrado con creces: ha muerto por nosotros en la cruz con tal de salvarnos. Nadie le impuso nada, libremente se entregó por nosotros. Libremente ha dado su vida por ti: ¡tan importante eres para Él!. Cuando pienso esto, confieso que me siento totalmente desbordado. Y desde luego no me cuadra el rostro que veo tras esta gran verdad, con los rasgos airados que nuestras cosmovisiones religiosas, de distintas épocas, le han puesto. Una cosa es Jesús y otra el rostro que los religiosos le han pintado: Jesús está más allá de leyes, reglamentos, templos y demás protocolos levíticos. Por eso a Jesús no le sobra nadie. Cosa que con esos códigos religiosos no ocurre.  Los que no son de su rebaño están llamados a unirse a Él y con más motivo son invitados y buscados. 

    ¿Que quien es Jesús resucitado? El mejor amigo que puedo llegar a tener. Así que amigo y hermano, no te entiendo cuando no aprovechas la ocasión que se te brinda cada Domingo de poderle abrir las puertas de tu corazón. Por eso te digo: ¡No te prives, comulga y llénate de Pascua!¡Aleluya!.

 

PASCUA 3

    La conversación con el resucitado responde preguntas que muchas veces se formulan en nuestro corazón creyente. Después de todo la vida del cristiano es una profunda conversación con Jesús resucitado en compañía de los hermanos. La experiencia del Evangelio se desarrolla de esta manera.

    ¿Señor somos capaces de hacer cosas terribles por pura ignorancia? ¡Sí! Es posible tal cosa. Conmigo lo hicisteis y también lo hacéis hoy con los demás. Lo importante es descubrir que si caes en la cuenta de ello, siempre encontrarás en mí alguien que te dará una nueva oportunidad. Con Pablo me sucedió eso y su vida dio un cambio rotundo y vertiginoso.

    ¿Señor quedaré excluido de tu misericordia o quedarán excluidos de ella otros seres a los que quiero? ¡No!. Mi sangre fue derramada por vosotros y por el mundo entero. En mi amor todos caben. Solamente se excluirá de él quien así lo desee. Cuando abres tu vida al amor como tu principal y único mandamiento, te has puesto bajo mi amparo. Mi amor es tan universal que es capaz de albergarlo todo y a todos. Si la antigua alianza es un alarde penitencial profundo que nos hará entender que podemos llegar a ser capaz de matar en una cruz al Hijo de Dios, la nueva alianza es la manifestación viva de una misericordia que desborda por completo y rebasa sin cuento toda expectativa, por eso si el Antiguo Testamento implora perdón a cada paso, el Evangelio nos lleva a dar gracias a cada instante.

    ¿Señor es el Evangelio de tu muerte y resurrección un fantasma? ¡No soy un fantasma! Soy real. Estuve muerto y ahora vivo por los siglos. No debes ser presa del miedo, de las dudas, de la inquietud o las angustias. Basta que creas en mí, y sabrás lo que es la paz.Una paz que no puede darte el mundo. Pues nada ni nadie podrá apartarte nunca de mi lado, ni de mi presencia. Ni siquiera tus propios pecados, pues soy como enseña Juan, el que está aquí para salvarte, para abogar siempre por ti.

    ¿Señor las Escrituras tienen sentido fuera de ti? ¡No! Ninguna Escritura encuentra su sentido sino es mirándola desde mí, desde mi amor salvador, desde mi muerte y resurrección. Las Escrituras son mi empeño de relacionarme contigo, de darte a conocer mi rostro, de iluminar tu mente para comprender, para que puedas descubrir de veras quién soy YO, el autor de la vida.

    Estás son sólo algunas de las respuestas que  Cristo Jesús nos regala cuando conversamos con Él. No os perdáis nunca la dicha de ser como los discípulos de Emaús, tampoco cómo los demás reunidos en el cenáculo. Tanto en medio de la vida, como en la Eucaristía, es un lujo tener a Cristo por compañero. De eso trata siempre el Evangelio. Los tiempos de la religiones antiguas acabaron. Aunque os digan que todas la relaciones con Dios son iguales, no lo creas. No son iguales todos los seres vivos que existen aunque todos estén vivos. La relación con el Dios del Evangelio va más allá de lo que te proponen otros discursos religiosos. El Evangelio siempre supera a la religión con creces.  Y la Pascua lo grita a los 4 vientos.

 

PASCUA 2

    La humanidad del Evangelio nace de las llagas gloriosas de Cristo Resucitado. Las lecturas de este domingo lo enseñan de una manera preciosa.

    La humanidad del Evangelio cree y busca el reinado del Bien Común, el imperio de la fraternidad. Es evidente que la humanidad de los políticos de hoy, y de muchos líderes religiosos de distinta índole, nada tiene que ver con esto porque sin duda alguna corren vientos de guerra que ponen los pelos de punta a quienes saben que el peor enemigo del mundo hoy es la guerra misma, pues, tras el botón nuclear, ya nunca habrá nada más que perder ni que ganar. Jamás dejaremos de rezar lo suficiente en estos tiempos para que la paz no sea destruida por estos enemigos neuróticos del bien común y la verdadera fraternidad.

    La humanidad del Evangelio es una Eucaristía viva. No sólo porque al partir el pan con alegría, Cristo Resucitado se hace presente en ella; no sólo porque al comulgar recibimos a Cristo resucitado en nuestra casa; no sólo porque eso que llamamos transustanciación es una suerte de misterio que sucede del mismo modo que la resurrección, pues una materia inerte, se convierte en algo vivo más allá de las percepciones propias de la historia. Una cosa, se torna una persona. Sin la resurrección de Cristo la eucaristía carece de todo sentido. La humanidad del Evangelio es una Eucaristía porque constantemente da gracias a Dios porque es bueno y porque es eterna su misericordia. Su experiencia del amor de Dios es real y viva. Y por ello el Aleluya se apodera de sus corazones y brota de sus labios.

    La humanidad del Evangelio es creyente en que la vida no es un alarde estéril ni inútil. Porque cree en Cristo el Hijo de Dios, y por ello aguarda con una fe inusitada que nuestra vida alcance su plenitud, y se revele con su abundancia sin límites. Por ello esta humanidad evangélica creyente, está convencida de que el camino para alcanzar esa meta, es el mandamiento del amor. Pues sólo desde el amor es posible que la vida sea glorificada. La civilización del amor, es el preludio inmediato al Reino de Dios. Toda la educación humana, y toda la organización social en sus distintos campos, debería vertebrarse desde el amor, más tal cosa no se hace, y por eso estamos tan lejos de la Gloria. Y por eso la fe en que la vida merece la pena se resiente tanto. Nada es peor para mantener el aliento vital que darle la espalda al Hijo de Dios resucitado, pues Él es el manantial vivo que afirma que cuando se ama vivir merece más la pena. 

    La humanidad del Evangelio es la que tiene una experiencia constante de Cristo Vivo y resucitado, y la que trata de compartir su experiencia con quien la quiera escuchar, sin imponerla a nadie. Tomás es el prototipo de la humanidad que desconoce el Evangelio. Y la comunidad evangélica es la que propicia situaciones en las que gente como Tomás pueda encontrarse con su Señor y su Dios. 

    La humanidad del Evangelio es la que vive en paz, en una paz profunda, no como la que da el mundo. La Paz que brota de los labios sonrientes del Señor resucitado. La Paz que trasciende todas las inquietudes y agonías que experimentamos sin cesar en nuestro camino. La humanidad del Evangelio no trata nunca de manipular a nadie, por medio del miedo, la culpa enfermiza y la vergüenza. Esos sentimientos destructivos no infunden paz al corazón. De ninguna manera. 

    La humanidad del Evangelio siempre cree sin ver y por eso puede ser dichosa y sentirse bienaventurada, porque sabe que lo que ve no es lo definitivo. Y por ello el desánimo aunque la tiente no anida en ella.

    La humanidad del Evangelio no es la que la religión ha pretendido construir en muchos momentos. A veces el entorno religioso lo que ha buscado es encarcelar el Evangelio y enmudecer su boca. El libro de los Hechos de los apóstoles que estamos leyendo estos días lo confirma. Así que es muy importante que no nos dejemos dominar por los que pretenden encarcelar el Evangelio. Dar testimonio del Amor de Dios que renueva del todo nuestra humanidad es para nosotros una misión irrenunciable. No os canséis de cantar Aleluya, aunque algunos, quieran taparos la boca. 

 

DOMINGO DE PASCUA

    Después de experimentar que el Dios del Evangelio es el que lo da todo, aquel que nada más puede darte, porque te ha dado su vida con tal de salvarte, y lo ha hecho gratuitamente, porque sí, porque simplemente te ama, como tú no eres capaz de amarte, y después del Santo Sábado, en el que su amor ha guardado silencio, descubrimos que:

  1. El Dios del Evangelio resucita. No puede ser esclavo del desamor y de la muerte, porque Él es el amor que es más fuerte que la muerte. El mundo no puede enjaularlo, el espacio y el tiempo sujetos a la muerte no pueden contenerlo. Así que este primer día de la semana, el opera una nueva creación. Quienes piensan que Dios crucifica ignoran que Dios sólo sabe resucitar.
  2. Y es que el Dios del Evangelio nunca ha dejado de ser el creador de la vida. El Dios para quien todo lo creado es muy bueno. Nada saben de Él los que piensan que todo lo creado está roto y maldito. Y no saben descubrir en las cosas su inherente verdad, su bondad y su belleza.
  3. El Dios del Evangelio es aquel que considera sagrada la vida humana. Que ama la vida y en particular la humana. Pues ella es expresión y culmen de todo un universo al que quiere desposar y revestir de su gloria. La vida de Isaac es símbolo de toda la humanidad. Y por ellos los sacrificios humanos no tienen ningún valor, pues el Dios del Evangelio considera que su mayor culto no pasa por destruir la vida humana sino por glorificarla.
  4. El Dios del Evangelio es un Dios que ama la libertad y que no pretende castrarla en nadie. Es más se rebela contra todo tirano, y libera al esclavo de aquel que lo oprime. Ayer en la Pasión lo testimonió y hoy lo confirma. No habrá faraón que sea eterno en su presencia. Así que los partidarios de los tiranos, por muy religiosa que pueda ser su apariencia, caminan en pos de la nada. 
  5. El Dios del Evangelio es un Dios que nos ama con un amor eterno. Con un amor eterno nos quiere. Nada ni nadie podrá separarnos del amor de Dios. Ni siquiera la muerte que ante el que vive por los siglos, nada puede.
  6. El Dios del Evangelio es fuente de vida como ninguna otra, y sus planes no caben en cabeza alguna, y desborda por completo las expectativas y los enfoques de cualquier teísmo al uso. Su palabra amorosa infunde vida y transfigura todo aquel corazón donde ella anida.
  7. El Dios del Evangelio es la inteligencia que rige todas las cosas, escucharlo nos llena de luz, no cabe oscurantismo alguno a su lado. Y quienes se empeñan en caminar contra la inteligencia obcecados, carecen de toda sabiduría, porque desconocen al que es la fuente de la misma. No hay Dios sin ciencia. Y la ciencia al final descubrirá las evidencias que conducen al Dios verdadero.
  8. El Dios del Evangelio es el que convierte los corazones de piedra congelados por el egoísmo, la arrogante soberbia y el odio, en corazones de carne capaces de amar, que a impulsos del Espíritu Santo, se apartan siempre de los amargos caminos del desamor. 
  9. El Dios del Evangelio es una fuente bautismal que hace nuevas todas la cosas, pues nos libera de toda aquella suciedad que hecha a perder nuestra vida y nos vuelve malolientes. El Dios del Evangelio es sinónimo de una vida nueva. 
  10. El Dios del Evangelio es el que sabe que los sepulcros están vacíos. El que quiere que lo estén. Porque la muerte no le alaba. Es el que abre los sepulcros con sus pesadas losas. La losa de la muerte no pesa nada en su mano. Por eso goza con resucitar y con posibilitar que volvamos a ver a quienes amamos y han muerto. El Dios del Evangelio es un sepulcro vacío, es un camino hacia Galilea para recuperar la presencia viva del amado. 
  11. El Dios del Evangelio es una sorpresa inaudita. Su nueva levadura lo cambia todo. Ninguna trama contra Él podrá ser definitiva. Está condenada al fracaso. Su exaltación no podrá ser impedida. Y la última palabra será suya. Por eso el Dios del Evangelio es tantas veces el que no es entendido ni siquiera por los que se llaman sus seguidores. Pues con sus actos siempre sorprende y excede todas las expectativas de cuantos dicen conocerlo. 
  12. El Dios del Evangelio es el Dios vivo que está presente en la Eucaristía. Que escucha nuestros desvelos, nos ilumina con su palabra, hace arder nuestros corazones, se detiene con nosotros después de haber caminado a nuestro lado, cena con nosotros, toma el pan, da gracias, lo parte y lo da y nos cambia el humor y nos devuelve con ilusión a la aventura de la vida. 

    El Triduo Pascual al hacernos mirar a Cristo Jesús muerto y resucitado a la cara, nos ha descubierto al Dios del Evangelio, el único Dios verdadero, más allá de todo credo religioso o ateo de cuantos nos rodean. Y su contemplación nos ha hecho comprender que junto al Dios del Evangelio no cabe el miedo, ni el llanto sin consuelo, ni la desesperación constante, ni las angustias y sus dudas venenosas, ni el nihilismo que piensa que todo es para nada, ni tampoco la perdida de la fe en todo, incluso en la vida. Junto al Dios de Jesús, junto al Dios del Evangelio sólo la paz, la alegría, la esperanza, la fortaleza y el amor pueden ser nuestros compañeros de camino. Eso es vivir en plenitud. ¿Y lo demás? Lo demás es morir. Así que sal de tu sepulcro vital amigo, porque el Dios del Evangelio, es una realidad e impera, porque hoy ha resucitado. ¿Así que quién es el Dios del Evangelio? El que nos hace vivir la vida cantando siempre un hermoso y sonoro ¡Aleluya!. 

 

VIERNES SANTO

    El Rostro del Dios del Evangelio se nos sigue revelando estos sagrados días para los que ponemos nuestra fe en Cristo Jesús.

    1. El Dios del Evangelio se revela como un Dios despreciado, rechazado, eliminado, deformado en su verdadero rostro. Y en cambio un Dios que no se deja impactar por semejante trato. Es un Dios que sabe lo que lleva entre manos, sólo busca la salvación de todos. Aunque ello le cueste su honra, su misma existencia. Es un Dios que sabe ponerse en el lugar del otro, para salvarlo, aun a costa de ser considerado muerto por los demás. No creemos en un Dios que sea considerado como tal a primera instancia, porque renuncia a toda manifestación todopoderosa, y se exhibe en la mayor debilidad concebible. Algo que mueve a la burla a muchos de los que lo conocen. Vivimos en la cultura que proclama que Dios ha muerto, y aunque sea mentira, el Dios del Evangelio no se asusta de tal cosa. Y aún así sigue adelante con sus planes. Quien crea en las manifestaciones victoriosas, estridentes y pomposas de dios, no es apto para comprender la lógica del Evangelio. Eso es propio de las religiones al uso, pero no es lo habitual en los Evangelios. Y menos en las lecturas del día de hoy. 

    2. El Dios del Evangelio es alguien que se manifiesta como digno de toda confianza. En cuyas manos de Padre nos podemos poner cuando afrontamos crudas situaciones existenciales de desconsuelo o sufrimiento. Pues la confianza en Él, es el modo de no sucumbir en medio de la desesperación. La confianza en sus manos nos llena de paz. El Dios del Evangelio no inspira inquietud, ni suscita ansiedades, escrúpulos desmedidos ni angustias. Su silencio respetuoso no provoca agonías, sino que emana descanso. Pues aunque todos me dejen sólo siempre sabré que el Padre no dejará nunca de estar conmigo.

    3. El Dios del Evangelio es comprensión y misericordia para cualquier ser humano que lo invoque. Qué hermosas son las palabras de la carta anónima de los hebreos. El Dios del Evangelio es alguien que no se asusta de nosotros. Que nos conoce y asume nuestra condición. Y sin imponerse, se ofrece a quien lo necesite. Y lo hace del modo más cercano que es capaz de hacerlo sin intimidarnos ni eclipsarnos. Asumiendo que eso le conllevará un alto grado de rechazo por muchos. Pero este Dios nunca anula al ser humano y a su capacidad de decisión. Nada que ver con una instancia tiránica que se impone. El Dios del Evangelio se propone, lo repito, nunca se impone. El Dios del Evangelio seduce pero no viola. El Dios del Evangelio no es compatible con los cesaropapismos al uso, tan del gusto de según que entornos religiosos. 

    4. Y es que el Dios del Evangelio, como bien enseña Juan, no es un rey de este mundo. Ni este mundo es su Reino. El quiere llevar a este mundo a su Reino, pues en el es posible nuestra gloria. Pues aunque aquí sea posible la vida, no es posible en esta dimensión del ser, existir en plenitud, vivir en abundancia. La vida en plenitud es la propia del “YO SOY”, es decir de Dios. Más para poder acceder a ella es necesario dejarse cautivar por la verdad, porque esa y solo esa, es la verdadera dinámica del amor auténtico. Pues éste es incompatible con cualquier suerte de imposición. En la pasión vemos la dialéctica entre el poder y el amor. Y Dios se muestra como el amor más sublime que no se deja modificar por los horrores del desamor que el poder lleva anejos consigo. 

    5. El Dios del Evangelio no crucifica a nadie. El Dios del Evangelio es el que resulta crucificado cómo la Pasión de San Juan demuestra y como Isaías anunciaba. Quién en nombre de Dios recomienda a las personas dejarse crucificar simplemente deforma el rostro de Dios. Porque se identifica con el sanedrín que se complace en crucificar a los demás. El sanedrín no padece la cruz, la impone. El Dios del Evangelio padece la cruz, pero no la impone. Quienes ven en la cruz la salvación ignoran que la salvación está en el Dios crucificado. Los mortificantes se inventan a un dios que no existe y dejan de lado al verdadero Dios de los Evangelios. 

    6. El Dios del Evangelio es el que siempre cumple con su amor hasta el extremo, aunque para ello tenga que beber vinagre. Porque eso es lo que hace: beber vinagre cuando experimenta los horrores que somos capaces de desatar por nuestro desamor, nuestra soberbia, nuestro egoísmo y nuestra inusitada torpeza. Leyendo la historia humana se pueden comprobar con facilidad las innumerables veces que el ser humano ha dado a beber a Dios, enormes tazones de vinagre. Pues el desamor humano es eso: vinagre para que Dios lo beba sin cortapisas de ningún tipo. 

    7. En definitiva, el Dios del Evangelio, es el que se hace presente al mundo en Cristo crucificado, quien nos regala a una Madre para que siempre interceda por nosotros cual si fuésemos los novios de Caná de Galilea. El Dios del Evangelio no es sólo el servidor, sino el Siervo sufriente de Isaias. Dios tiene rostro. No es algo, es alguien. Un alguien interpelante, seductor, mágico, sublime, tierno, profundamente humano, y maravilloso. Es el Dios que enseña al hombre a ser persona, y que impele al ser humano a dejar de ser monstruo. Por eso no es apto para los que en nombre de Dios quieren legitimar su condición de monstruos. Y de estos tiranos hemos conocido unos cuantos, y por desgracia, aún perviven no pocos entre nosotros. En todas las instancias. 

    Sin duda, podríamos decir muchas cosas más sobre Dios, más ahora es momento de imitar su actitud ante el Sábado Santo que se abre ante nosotros, un día no lo suficiente valorado: el día en que se nos manifiesta que Dios sabe aceptar con humildad, ser arrinconado, ser sepultado, y en definitiva, guardar silencio. Y todo para salvaguardar escrupulosamente nuestra sagrada libertad, aunque ésta sea errada. Y tras este compás de espera, de nuevo y sin estridencias, mostrará su verdadero rostro de manera definitiva. Pero eso será pasado el sábado, en la hermosa  y sorprendente madrugada del Domingo de Pascua.

 

JUEVES SANTO

    Realmente este hombre es el Hijo de Dios. Así hablaba el centurión romano al contemplar cómo había muerto Cristo Jesús. Él es el verdadero rostro de Dios. Ese es Jesús. Por eso debemos abrir nuestros oídos a su Palabra estos días. Porque estamos como el Evangelio de Marcos nos indica, en la cumbre de la Revelación, la conmemoración de la muerte y de la Resurrección de Jesús.

    ¿Quién es el Dios de los Evangelios más allá de lo que la religión nos enseña?  A esta pregunta nos responderán las Escrituras en esta Pascua Sagrada de 2024.

    1. El Dios del Evangelio es la causa de que celebremos una fiesta. Porque Dios nos libera. Por eso nos pone en fiesta, nos invita a comer y a brindar. Dios no es causa de un duelo permanente, ni una fuente perpetua de mortificación. Hasta la penitencia, la transforma en una fuente de gozo permanente cuando nos sonríe con su misericordia. Por eso cuando imitamos la antigua alianza, con sus manifestaciones, nos equivocamos de todas todas. La Nueva Alianza vive la penitencia como nos enseña la parábola del hijo pródigo. Y eso es una fiesta que termina en banquete. La Pascua es una cena sublime. Tanto en la Antigua Alianza como en la Nueva. Dios es fiesta porque la liberación hay que festejarla.

    2. El Dios del Evangelio es causa de conversión, de transformación verdadera de la vida. Los hebreos y el salmista, lo dejan bien claro. Hay un antes y un después del paso de Dios por su vida. Pascua es paso. Pues el paso de Dios nos transfigura de verdad. No es una ideología inane. Es un motor que moviliza todo lo que somos y nos renueva, lo hace todo nuevo. Dios no es un concepto, es un ser personal que con su trato, al enamorarnos, cambia nuestras vidas para bien. 

    3. El Dios del Evangelio es amor hasta el Extremo. El evangelio no deja lugar a dudas. No es un amo Dios, sino un servidor. El que nos lava los pies. ¿Dónde está el todopoderoso cuerta_cuellos del AT?. Aquí no existe tal cosa. El Dios del Evangelio no es un amo es un amor. Es el amor sin medida. San Juan hoy da cuenta de ello.

    4. El Dios del Evangelio es una memoria viva de ese amor que no cesa, que es el mismo ayer, hoy y siempre. Dios es una liturgia viva que actualiza permanentemente ese amor que todo lo trasciende, todo la invade y todo lo penetra. En cada acto litúrgico Dios vuelve tradicional su amor y lo convierte en memoria viva de modo que nada, ni nadie puede separarnos del amor que derrama sobre nosotros en Cristo Jesús. La Eucaristía y el Sacerdocio (y realmente todos los sacramentos) son eso: El amor de Dios con nosotros hoy. Pablo lo explica estupendamente.

    5. El Dios del Evangelio es un ejemplo moral sublime: “amaos unos a otros como yo os he amado”. El es un servidor, no actúa como un Señor. Está a nuestros pies, lavándonos, como un criado. No actúa como un señorito al uso. No actúa como un amo, sino como un amor. No es un jefe, ni un superior, se hace maestro amando y nos pide que renunciando al afán de poder, avancemos por la senda de la verdadera fraternidad con paso firme. El Dios del Evangelio es quien siempre nos mueve a amar. Quien no se cansa de educarnos en la ética del amor. Amor a los demás, a ti mismo y al mismo mundo. Amor al Dios que nos ama, amando a todos y cada uno de los que existen. Juan ha sido hoy certeramente claro.

    ¿Os quedáis hoy deseosos de saber más de este Dios sublime que se revela en el Evangelio? No os apresuréis, la paciencia todo lo alcanza. Mañana más. Pues hoy hemos empezado la gran celebración pascual que se extenderá durante estos tres hermosos días.

 

DOMINGO DE RAMOS

    Cuando sufrimos nuestra relación con Dios puede resentirse. No son pocas la personas que cuando lo pasan mal se pelean con Dios. Asociamos tener cerca a Dios con pasarlo bien. Y en cambio cuando sufrimos solemos pensar que Dios nos ha abandonado, que nos deja solos o nos castiga por algún motivo, aunque no sepamos cuál. Leyendo el libro de Job, eso se descubre enseguida. 

    Pero estamos muy equivocados. No estamos lejos de Dios cuando sufrimos. Pablo lo explica claramente. El Dios de Jesús es totalmente distinto al que otras religiones plantean. Pues para ellas, si Dios está contigo todo te va bien en la vida. Pero el Dios de Jesús se hace presente de otro modo para los que sufrimos. Isaías lo ha dicho muy bien: El es una palabra de aliento. 

    Consideremos como sufrimos. Cuando padecemos porque nos duele nuestro cuerpo o nuestra mente, Cristo Jesús, está contigo, porque Él ha pasado por eso: su cuerpo era un puro dolor, su mente estaba cercada por la ansiedad tanto en Getsemaní, como en el Golgotha con todo su arduo camino. Cuando sufrimos por el trato que nos dan los demás: por sus juicios injustos, sus burlas, su vinagre, sus traiciones o sus negaciones, por dejarnos solos, por abandonarnos, por considerarnos criminales sin serlo, por su maltrato, o incluso en ocasiones por asesinarnos, Cristo Jesús, está a nuestro lado. Porque Él ha pasado por todo eso y con creces. Y toda la pasión, y el oráculo del profeta así lo testimonian. Y también lo señala Pablo. Cuando sufrimos porque el mundo es injusto con nosotros de cualquier manera, pensad como trató a Cristo Jesús en plena juventud y además siendo un cielo de persona, también en esas situaciones, cuando el caos de la vida te golpea, Cristo Jesús está contigo y tú con Él. Cuando sufres porque la Iglesia te da la espalda o cuando la religión te margina, y te considera un maldito, un blasfemo, un error, cuando busca eliminarte presionando a quien pueda para lograrlo, has de saber que Cristo Jesús está contigo. Porque Él paso por eso, y fue atropellado por un universo religioso pernicioso y oscurantista. ¡NO! Cuando sufrimos Dios no está lejos de nosotros. Al contrario, nos habita. 

    En ese trance debemos aprender de Jesús. Los sentimientos nos juegan malas pasadas. A Él le pasó en su proceso: en Getsemaní, en su pasión y su muerte. Pero rezó con el salmo 21. En ese salmo las emociones brotan a borbotones. En su primera parte el orante estalla en agonía. La describe con mucho vigor. Más en su segunda parte, el tono cambia por completo. Y el sufriente se transforma en un canto de alabanza. El sufrimiento no se revela como absoluto, sino como una realidad relativa y superable. Dios lo hará. Inexplicable y misteriosamente pero lo hace. El mundo y su sufrimiento no tienen la última palabra en la vida. La tiene Dios. Y esto se cumple en Cristo Jesús cuando Él resucita victorioso de entre los muertos al tercer día. El próximo Domingo celebraremos eso. Las emociones presentes no siempre enseñan cuál es la verdadera realidad de las cosas. Dejarse llevar por ellas nos condena a la ceguera de lo finito que se agota en un suspiro trufado de múltiples agonías.  

    Por eso si sufres, no creas que Dios está lejos de ti, ni tampoco te alejes tú de Él. Sigue el consejo del Centurión romano al pie de la Cruz, reconoce a Jesús el Hijo de Dios muerto en la Cruz. Porque Él te dirigirá una palabra de aliento con una fuerza y autenticidad que nadie puede ofrecerte: sufriente que conmigo sufres no temas, supera el impacto de tus emociones, que no quiebren tu fe, Dios está aunque hoy te sientas abandonado, volverás a vivir en plenitud en este mundo, o al otro lado, Dios tiene poder para hacerlo todo nuevo y para revestirte de eternidad. Su palabra nos alienta, porque es una fuente irreductible de esperanza. No sólo no está lejos de ti Dios cuando sufres, es El que hace posible que el impacto del sufrimiento no acabe contigo. El Dios de Jesús es una fuente infinita de resiliencia. Agárrate de su mano cercana y nunca la sueltes. Animo amigos, ánimo. Su palabra hoy para nosotros, es una palabra, como ninguna otra, de un aliento infinito e irreductible. 

 

CUARESMA 5

    Cuando queremos expresar que alguien vive bien, solemos decir: ¡esa persona vive en la gloria!. ¿Qué es lo que nos glorifica a los ojos de Dios?.

    1. Conocer y creer de corazón que Dios es amor. Que nos perdona y no se acuerda de nuestros pecados, como enseña el profeta hoy y también el salmo.

    2. Proceder conforme a la voz interior que se escucha en nuestro corazón, pues cuando dicha voz nos infunde paz, es la voz de Dios la que nos aconseja. La iglesia no puede ser una fábrica de marionetas. ¿Por qué? ¡Fácil!, las sectas suspenden la inteligencia y la libertad de sus miembros, lo que finiquita la voz interior de sus conciencias, así los vuelven marionetas. La Iglesia por tanto, si pretende convertir en marionetas a sus fieles, quedará convertida ipso facto, en un secta más al uso y será tan perniciosa como ellas. Por eso para glorificarse, para vivir en plenitud, es preciso que cada uno sea el mismo, sin dañar nunca a los demás como después explicaremos. Usar con madurez la propia conciencia, es la garantía de un sujeto verdadero se está relacionando con Dios con autenticidad.

    3. Reconocer nuestra imperfección dada nuestra condición de pecadores. Y por tanto, reconocer que todos estamos en un camino de conversión permanente. Eso nos permite no convertirnos en jueces de los demás. Porque todos tenemos cosas por las que callar. Todos estamos en el banco de los acusados. Cuando oigo algunos curas criticar a sus feligreses, por múltiples motivos, siempre pienso lo mismo: ¿no tendrás tú la culpa de que esos a quienes criticas vivan alejados de la Iglesia dada tu pose avinagrada y oscura? Más nos valdría no creernos superiores a nadie, y ser simplemente testigos de la misericordia de Dios para todos.  Nada más pestilente que un clérigo puritano de pose farisaica criticando sin cesar a los demás, desde su púlpito imaginario. ¿Por qué nos dirá Jesús que perdonemos a los demás si no es porque necesitamos nosotros mismos ser perdonados constantemente?. Los feligreses a veces son ovejas sin pastor, eso es cierto. Pero muchos clérigos, no es que sean ovejas perdidas, es que son cabras montesas que no quieren tener pastor. De ahí su ausencia total de misericordia y su pestilente fariseísmo pietista.

    4. No dejar de orar nunca. La vida no siempre es fácil, basta oír la carta a los Hebreos, y el Evangelio de Juan, para empatizar con Jesús. Todos sufrimos en muchas ocasiones, y nuestras almas andan agitadas en múltiples circunstancias. Las almas agitadas encuentran en la confianza del Padre una esperanza que las fortalece. La oración a la que Cristo Jesús se refiere apunta más a mirar al infinito amor del Padre, que a pedirle que remedie nuestras circunstancias que nos causan dolor y sufrimientos. Vivir es sufrir en muchas ocasiones. Amamos, y amar nos convoca a sufrir, cuando lo amado se ve perjudicado o destruido. Orar, confiar a las manos del Padre todo, infunde esperanza en medio del sufrimiento. No perder la esperanza en medio del sufrimiento es la senda necesaria sin la cual nuestro anhelo de felicidad no puede alcanzar su meta. La oración nutre tal esperanza que nos llena de fortaleza y nos hace pacientes en la tribulación. La oración te hace resiliente.

    5. La renuncia al narcisismo agresivo por naturaleza. La autoestima es otra cosa. No pisas el derecho de los demás, pero tampoco te dejas pisotear. El narcisista pisa a todo el mundo porque piensa que es su derecho poder interrumpir, molestar, insultar o pisotear de cualquier otra manera a los demás. Negarse a sí mismo es negar al super ego narcisista. Jesús aconseja dar la vida por la salvación de todos. Esa es su obra: amar hasta el extremo. El mundo que nace de este amor sin medida, nada tiene que ver con el mundo qué conocemos, que está dirigido por personajes profundamente narcisistas. Será por eso que no vivimos en la gloria. Amar es lo que expulsa al príncipe de este mundo de su tenebroso trono. Y es lo que hace brillar el mundo nuevo que Cristo llama Reino de Dios, y que nosotros ahora definimos como la civilización del amor. 

    Así que esto es muy sencillo hermano: si quieres vivir en la gloria, escucha a Cristo Jesús hoy y vive conforme a su palabra. 

 

CUARESMA 4

    La religión es un sistema humano que pretende encontrar a Dios por sus propios medios. El Evangelio es Dios buscando al hombre y regalándosele gratuitamente en Cristo Jesús y en el Espíritu. En la religión los intereses humanos pesan demasiado. En el Evangelio es Dios quien cuenta. Por eso las visiones de Dios que emergen de la religión y el Evangelio no siempre coinciden. De hecho a Cristo la religión le mató y le acusó de blasfemo y de hereje para poder justificar su deseo de acabar con Él.

    Hoy todo esto se detecta con mucha claridad al escuchar los textos sagrados de este domingo. El Dios que en la primera lectura trata de desembarazarse de los estereotipos religiosos hebreos lo que nos enseña es que cuando le damos la espalda nos granjeamos la destrucción. Pero no por castigo y condena como el lenguaje veterotestamentario se empeña en afirmar, cayendo en un antropomorfismo de lo divino, donde a Dios se le ve como a un ser justiciero y vengativo al modo humano. Como si Dios fuese capaz de desear la destrucción de sus hijos. Porque estos se han negado a obedecer sus mandatos. Esa visión primitiva de Dios, se viene abajo al escuchar a Jesucristo. Ese no es un Dios, es un ídolo, y por eso Dios se queja amargamente. Si bien, una cosa queda clara dado que el Dios verdadero quería darse a conocer aun cuando no se le entendiera: cuando le damos la espalda a Dios y a su sabiduría, no respetamos la libertad de los demás porque nuestra soberbia y egoísmo lo impiden; no trabajamos por que reine la igualdad hija de la búsqueda del bien común, llevados de una torcida interpretación que confunde libertad con egoísmo; no construimos la fraternidad sino la selva donde el más fuerte, no usa su fortaleza para ayudar a los demás sino para devorarlos. El Evangelio nos enseña que cuando le damos la espalda a Dios, la autodestrucción está servida. El Evangelio esclarece cuanto de bueno y luminoso hay en el AT más allá de los prejuicios religiosos en que muchas veces los seres humanos pretenden encasillarlo.

    Y es que Dios no es el que juzga, castiga y condena. Dios es el que ama, el que salva, el que quiere regalar a todos la vida eterna, aún a costa de tener que sufrir por ello la cruz, y padecer en ella una muerte cruel y horrorosa, al par que injusta. Dios es amor hasta el extremo. Amor sin medida. Eso asombra a Nicodemo, que por fin entiende el 4º cántico de Isaias donde se nos habla del siervo sufriente de YHWH. Y descubre que los caminos del Señor no son los nuestros, y que tan alto como está el cielo respecto de la tierra, están alejados, los caminos de Dios de los nuestros. La religión no cree en el Dios que es amor, sino en el Dios que es amo. Un dios que juzga, condena y castiga, y que lejos de tener pasión por salvarnos, y regalarnos la vida eterna, se complace en ponernos las cosas muy difíciles y complicadas, para que sean pocos, y no muchos los que puedan recibir de Dios la salvación. Amo y Amor son incompatibles. El Evangelio afirma lo segundo. Y lo demás, simplemente es la visión incompleta de la antigua alianza que mas que adorar al Dios verdadero veneraba a un ídolo alejado del Padre de la parábola del Hijo Pródigo.

    Pablo lo entenderá perfectamente en la carta a los Efesios. Dios ama gratuitamente. Dios regala su salvación a quien la quiera recibir, con esa grandeza de amor eterno pretende seducirnos para amar a los demás del mismo modo. De modo que cuantos más mejor puedan gozar de semejante plenitud. La religión no regala nada, no sabe de gratuidades, impone códigos morales, amenaza, no suscita confianza, infunde miedos, no siembra paz sino inquietud, no ama, odia. A la religión muchas veces parece que le gusta que los infiernos estén llenos. A la religión no le gusta que “todos” se salven, sino sólo algunos, y a poder ser los de siempre. Más allá de ironías, hasta el mismo Pablo, se ve desbordado por tal grandeza de amor, y muchas veces lo reconoce en sus escritos, y un poco más adelante, en esta carta lo reconocerá de una manera extraordinaria. Su estrecha conciencia farisea no deja de estallar constantemente y eso es lo que con claridad se percibe en sus cartas. Y a veces estalla de tal modo que él mismo no sabe explicar con palabras lo que está viviendo de una manera clara. Pablo es así es así el prototipo de como una persona religiosa puede cambiar y transformarse en una página viva del Evangelio. 

    Así que convirtámonos de veras: demos la espalda al universo religioso y sus múltiples estrecheces y caminemos con paso firme por la senda del Evangelio que nos abre a la experiencia del amor vivo y eterno de Dios, y aprendamos a amar a todos, como Él nos ama.   

 

CUARESMA 3

    Hoy la Escritura pone ante nuestros ojos una revolución. Por una parte se nos ofrece el decálogo, con todas sus negaciones y prescripciones, que Moises, atribuye al mismo Dios. Dios es un amo, y por eso manda, amenaza con castigos y condenas, y pone ante nuestros ojos severos juicios en el horizonte.

    Lo cierto y verdad es que el mensaje que se nos regala es incuestionablemente cierto, aunque Jesús lo mostrará de un modo totalmente nuevo. Pues todo lo hace Nuevo. Vino nuevo para odres nuevos. 

    Ama a Dios, no lo niegues porque tiene derecho a existir y a ser quién es, y no tiene porqué ser presentado como un ídolo cualquiera. Usar su nombre en falso, no es decir simplemente palabras vacías para insultarle, sino decir en nombre de Dios lo que Él no ha dicho, poner en su boca mandatos que Él no impone. Tomar el nombre de Dios en falso es estrellar aviones con edificios en su nombre. Y considerarse mártires por semejante locura. Descansar es algo sagrado, porque Dios nos ha hecho no para ser esclavos sino para vivir en plenitud. 

    Ama al prójimo, honra a tu familia y no los dañes nunca, no destruyas la vida, no traiciones a quien cree en tu fidelidad (nada se nos dice de la impureza sexual obsesiva que será incluida en el decálogo a posteriori, cuando el texto original, sólo habla de adulterio, que es algo mucho más serio que otras acciones que se incluyen en la formulación actual de este mandamiento), no mientas para ensuciar el nombre de los demás, no robes lo que no es tuyo, y evita la envidia en cualquiera de sus formas, porque nace de tu falta de autoestima, es la consecuencia estúpida de una herida que no se cura de esa forma, o sea: haciendo daño a los demás. 

    Nueve, como nueve, son las bienaventuranzas, con las que Jesús les responderá enseñando no negativas, sino invitaciones a ser dichoso, a vivir en plenitud, a ser feliz y bienaventurado. Todo el Sermón de la Montaña, será la manifestación plena del verdadero sentido de la ley mosaica. Y es que Dios no es un amo, es Amor. Y por eso resonará de manera tan diferente al decálogo, porque quién ama, cumple y vive, la ley entera, pues la ley que a Dios le agrada la resumió muy bien San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”. Jesús lo dijo con su genial autenticidad: “Amaos unos a otros como Yo os he amado”. Y es que como Él nos ha amado, nadie nos ha amado. Su medida del amor es el amor sin medida como enseñará San Bernardo.

    Por eso el Evangelio de hoy es revolucionario: la religión es puesta en tela de Juicio por el Evangelio. Ese templo ante el que yo no pude rezar el día que estuve en Jerusalén, expresión de lo religioso en grado sumo, el monoteísmo que cómo el politeísmo ve a Dios como un Amo, está totalmente alejado del Evangelio. La Antigua Alianza ha terminado. Con Jesús empieza una nueva Alianza. Quien ama, no daña a Dios y al prójimo y su mundo sin el cuál no puede subsistir. Por eso entra en conflicto Jesús con tal institución porque ha sido desnaturalizada, es un ente de comercio y poder, y no es un manantial de amor para quienes lo pueblan.

    De ahí que Pablo sea muy claro: a Jesús los religiosos lo tomarán por loco y por necio. Más para nosotros, los que vivimos a la sombra de su Evangelio, es sabiduría y cordura de Dios en todas partes. Y sin Cristo lo único que nos quedan son instituciones humanas travestidas en un universo religioso falso, caduco y ciego. 

    Una verdadera revolución. Escuchar la palabra de Jesús te vuelve subversivo y revolucionario ante las cosmovisiones humanas que consideran a Dios desde el poder absoluto, y no desde el amor sin límites.  Convertirse sí, pero al Dios verdadero, el que nace del costado abierto de Cristo muerto y resucitado. Al Dios de la Nueva Alianza.

 

CUARESMA 2

    La dialéctica que se establece entre la primera y la segunda lectura es asombrosa. La primera lectura nos relata un episodio donde un hombre por dar culto a Dios es capaz de entregar lo más sagrado que tiene a su alcance: un padre quiere entregar a su único hijo en sacrificio. La religión a veces es capaz de suscitar en los corazones locuras inauditas. El confuso Abraham  lo que quiere es dejar claro que ama a Dios sobre todas las cosas. Aunque procede de manera torpe. Eso es lo que ocurre con la religión en innumerables ocasiones.

    La segunda lectura es un movimiento opuesto. Dios por salvar al ser humano acepta incluso que su Hijo se entregue en nuestras manos, cuando sabía que mostrar su amor hasta el extremo por nosotros, significaba tener que cambiar el horror de la cruz en amor eterno. Tan grande e infinito es su amor por nosotros, tanto como el amor de un padre y una madre por un hijo. Aún así aceptó el destino de su Hijo. Su dolor y su muerte antes de su resurrección. La diferencia entre Dios y Abraham, es que Dios puede dar la vida tras la muerte y Abraham no puede. El Evangelio lo que pretende es salvar y glorificar la vida. La religión en cambio es capaz de pretender amar tanto a Dios aunque para ello tenga que destruir la vida. El Evangelio cuando ama a Dios ama la vida. La religión en su versión más integrista cuando dice amar a Dios erróneamente, es capaz de destruir la vida. Abraham es reconducido por Dios de la senda equivocada de la religión al camino certero del Evangelio. 

    Si amas a Dios tienes que amar la vida y transfigurarla, glorificarla. No hay otro camino para amar a Dios. La religión, la búsqueda humana de Dios, muchas veces se equivoca. El Evangelio, la búsqueda amorosa del hombre por parte de Dios, siempre acierta. Por ello debemos escuchar al Hijo amado de Dios, y no otras voces que no brotan de los labios de Cristo Jesús. Por eso si la Iglesia no quiere ser sal que se vuelve sosa, ha de escuchar y decir siempre la voz de Jesús el Señor y nada más. Los profetas y Moises, se inclinan ante Jesús, porque sus visiones de Dios, sus teísmos, son imperfectos. Sólo Cristo es la revelación plena de Dios, el que conduce a consumación la antigua revelación veterotestamentaria, liberándola de las impurezas religiosas que no le permitían manifestar el rostro de Dios en plenitud. 

    ¿Quieres transfigurarte? Escucha a Jesús y libérate como Abraham del yugo equivocado de la religión. La conversión a la que el Evangelio nos convoca es eso y no otra cosa. 

 

CUARESMA 1

    Caminar tras los pasos de Jesús conlleva afrontar la conversión. ¿Pero qué es esa conversión que Jesús nos propone? ¿En qué consiste?. 

    La conversión significa vivir en alianza con Dios. La conversión no es destrucción sino regeneración. La conversión es instruirse, es dejarse enseñar por el Señor Jesús, cuando se vive a su lado. Es tratar con su ternura, con su misericordia, con su bondad. Conversión significa caminar junto al Señor en humildad.

    La conversión es ser vivificados por el Espíritu de Jesús resucitado. Convertirse es experimentar la paciencia de Dios. Conversión es sinónimo de Salvación y nada tiene que ver con la condenación. La conversión no es una purificación de lo físico, sino una petición a Dios de una buena conciencia. La conversión afecta a la configuración de la propia conciencia. Influye en pensamientos, en sentimientos y en conductas. Convertirse es abrirse al poder de la intercesión de Jesús resucitado del que emana la gracia, el amor eficaz que nos regenera. El bautismo y la conversión son una misma cosa. Sin conversión el bautismo es un rito vacío.

    La conversión es la confrontación con la tentación superándola. La conversión es Evangelio vivo y no religión vacía y meramente teatral. La conversión no es un espectáculo, es la configuración de una existencia real. La conversión es la apertura al Reino de Dios. Convertirse es creer en el Evangelio, llenarse de la esperanza que contiene el Evangelio, y aprender a amar hasta el extremo como Jesús nos en el Evangelio. 

    La conversión es dejar a Jesús ser tu amigo, descubrirlo como tu verdad, como tu camino y como tu vida. 

 

CENIZA

    La conversión siempre pendiente es la que consiste en pasar de la religión al Evangelio. 

    La religión afecta a todo el pueblo con sus reglas y prácticas, por eso es importante que la conversión de la religión al Evangelio sea global. Como nos enseña el profeta.

    La religión se interpone con frecuencia entre Dios y los hombres. En cambio el Evangelio nos reconcilia con Dios directamente. No tiene sentido ser apóstol de Jesus para no ser portavoz de Dios en directo, sino mediatizarlo a través de construcciones humanas travestidas de religión. Eso será muy carnavalero, pero muy poco cuaresmal. Y además está exento de toda gracia. Es un carnaval fétido. 

    La religión se construye sobre hipocresías y doble vida. Y no sobre autenticidad, cosa a la que el Evangelio siempre nos invita. La fama a costa de la solidaridad, la espiritualidad y el dominio de sí, es propia de la sociedad del espectáculo. Por eso la religión que tiene mucho de espectáculo, transforma  la solidaridad en campañas para acumular riquezas y aumentar los egos, la espiritualidad en pietismo afectado y exagerado, y el dominio de sí en mortificaciones absurdas, altisonantes y oscurantistas: ¡No coma usted carne pero hártese a comer gambas y así ya ha cumplido usted el mandamiento… vaya usted a tomar viento! El tiempo de cuaresma está trufado de todo eso, por eso es preciso deconstruirlo en profundidad. De hecho siempre se le ha dado más importancia que a la misma Pascua. Un contrasentido total. Ayuna de desamor, comparte por amor y ora porque amas a Dios. Y déjate de otras tonterías. 

    La conversión verdadera, siempre sigue por hacer, cada día de nuestra vida: La conversión al Evangelio no deberíamos olvidarlo.

 

ORDINARIO 6

    Hay veces que las leyes religiosas, están fundadas en visiones primitivas. El levítico es una clara muestra de ello. Sin conocimiento alguno de medicina, la antigua sociedad hebrea, descubría que el contacto con los leprosos era contagioso para los sanos. Por ello, llegó a la conclusión de que Dios castigaba a quienes tuviesen contacto con ellos. De ahí esta prohibición de mantener contacto con estos enfermos. Ciertamente evitaban la propagación de la enfermedad con esta medida, pero atribuían a Dios una falta total de compasión antes los enfermos de lepra. Y de igual modo exigían a todos los demás, esa misma indiferencia y desprecio, ante tales enfermos. La etiqueta de impuro, lo deja claro. Se les privaba de todo y de todos. ¿Acaso hoy no mantenemos visiones y leyes en la Iglesia que brotan de prejuicios primitivos como estos? ¿No llamamos impuros a los que no se ajustan a los parámetros vigentes en varias áreas? El levítico llamaba malditos a muchos, y aún hoy, seguimos sus pasos en no pocas valoraciones. En cambio no lo seguimos en esta ley que escuchamos hoy porque nos parece barbara y brutal. Y porque Cristo la infringió decididamente. 

    El Evangelio es muy claro hoy. Jesús infringe cada uno de los términos de esta ley brutal y lo hace para salvar a un hombre de su dolencia, después de haberlo escuchado. No sólo lo toca, habla con él, lo ama, y lo sana. Jesús nos enseña que hay leyes que deben ser transgredidas cuando se fundamentan en prejuicios primitivos, en visiones oscurantistas, cuando estigmatizan y marginan a personas por razones altamente discutibles. Cierto es que cuando no se podía detener la lepra con medicinas, el aislamiento podía ser una gran ayuda, pero eso ni justifica el abandono total, y menos aún considerarlos “malditos” o impuros, merecedores de tal castigo divino y social, por supuestos pecados de ellos o de sus antepasados. Aún hoy algunos miran con ese desprecio a personas simplemente porque no se ajustan a su visión, a sus ideas o prejuicios. Algunos dicen por ejemplo: “estos son unos pervertidos pues con ellos, como no procrean, se acaba el mundo”. Ese prejuicio, no maldice en cambio a un matrimonio, donde él y ella son estériles. Y llevados de esa mentalidad (que no olvidemos se funda en el levítico, un texto trufado de primitivismo por todas partes), se niegan a bendecir a esas personas porque los malditos no pueden ser bendecidos. Su carencia de empatía es total y rotunda. No se parecen a Cristo Jesús ni en el blanco de los ojos. Más bien actúan como un anticristo. Porque Jesús saltó por encima del levítico, y con una empatía sublime, escuchó, atendió y amó a ese leproso, que el texto citado declaraba maldito. 

    Pablo nos hace ver que la gloria de Dios no depende de ajustarse a la ley judía en asuntos como la comida. Pablo también está transgrediendo la ley mosaica. Aunque él tratará de agradar a todos, nunca perderá de vista que es preciso siempre buscar la ventaja de la mayoría para que cuanto más se salven. Jesús sabe que es imposible agradar a todos, así que eso no le detiene, y simplemente va más allá que Pablo, y ama sin limitaciones al que sus paisanos consideraban maldito. Es humano ante un ser humano, y ofrece un trato humano a ese ser humano. Y es que cuando más humano es Jesús más divino se vuelve, y cuando más divino se torna más humano se hace. 

    ¿Así que es posible transgredir según que leyes religiosas? Si condenan a personas a vivir situaciones inhumanas sin duda alguna. Jesús hoy sin decir nada lo deja muy claro con sus hechos. Toda normativa o reglamento religioso debería ser puesto a prueba y debería desecharse siempre que suponga que las personas tengan que afrontar condiciones inhumanas de vida. Este criterio de falsabilidad moral es el que más claramente aparece reflejado hoy en la profunda dialéctica que se establece en las Escrituras, entre Cristo Jesús y el libro del Levítico. Así que nunca seáis ingenuos hermanos, escuchad siempre a vuestras conciencias, y si lo que se os propone resulta inhumano, simplemente como Cristo, sed muy libres y transgredidlo con vuestras conciencias muy tranquilas, y buscad que la humanidad siempre eclipse a la inhumanidad, entonces y sólo entonces reinará Dios realmente. Su reinado no dependen del seguimiento de una moralidad primitiva y trasnochada que carece de empatía con los seres humanos que están ante ella. 

 

ORDINARIO 5

    ¿Qué efecto causa Jesús en la gente? A esta pregunta podemos responder escuchando las Escrituras de hoy. 

    Job es un hombre desesperado. Y esta breve perícopa, aunque intensa, se queda corta para hacerse una idea general de lo que es este maravilloso libro, tan rupturista ante el enfoque del AT acerca de Dios y  de nosotros. Este libro es un alarde de poesía cargada de dramatismo y de metáforas crudas e interpelantes. Solo Cristo Jesús clavado en la Cruz y resucitado podrá responder a las hondas cuestiones que Job se plantea. Sin Cristo, el AT testamento colapsa con su teismo primitivo en esta magna obra compleja y anómala. A este hombre que sufre agonías varias, las noches desvelado se le hacen eternas. Piensa que no vera más la dicha. Se ha quedado sin esperanza. Para alguien así Jesús se convierte en esperanza sorprendente. Y hablo por experiencia propia, porque en medio del sinsentido más agobiante, Jesús, me hizo conocer la esperanza, con aquella bienaventuranza tan importante en mi vida: Dichosos los que ahora lloráis porque reiréis. El efecto esperanza, eso es lo que causa Jesús en una persona inmersa en la desesperación.

    El Salmista da gracias porque Dios cura los corazones destrozados. Eso es lo que hace Jesús con los tienen su mente, sus sentimientos y su conducta heridos o destruidos. El corazón no es la emoción. Es mucho más. Es lo más íntimo de mí mismo, porque ni siquiera yo soy capaz de verlo. Pues desde mi yo más profundo lo percibo todo, menos a mi mismo. Pues para poderlo ver debería salir de mí mismo sin dejar de estar inmerso en mis adentros. Esa es nuestra gran contradicción. Jesús nos enseña a pensar con amor de mí mismo y de los demás. Nos enseña a privilegiar las emociones que nacen del amor. Y nos enseña por fin a actuar con amor, perfumando nuestra conducta con ese sabio remedio. Y así es como cura nuestro corazón destrozado. Ese es el efecto sanador de Jesús: hacernos amar sin fisuras con las tres dimensiones (ideas, sentimientos y conducta) de nuestro corazón, en las que yo habito ayer, hoy y siempre.

    El apóstol Pablo está de bajón. Sus palabras dejan claro que anunciar el Evangelio le pesa. Está deprimido, quizás la caótica situación de la comunidad cristiana de Corinto es la causa de que se encuentre en esa tesitura existencial. Nosotros podemos experimentar esos bajones por salud, por razones familiares, por pérdidas irreparables, por situaciones laborales y económicas, por causa de nuestra sociedad o de la Iglesia en la que vivimos. Pero hacer memoria del Evangelio, de Jesucristo Muerto y resucitado, lo pone en pie y lo hace renacer. Lo llena de ánimo. Un ánimo que no viene de él, que le es dado, que procede como la Creación de la Nada, que brota no de este mundo ni de su realidad sino del Espíritu de Dios, de aquel que es totalmente otro. Y ese ánimo divino lo hace ponerse en pie para caminar de nuevo y hacerle anunciar con más vigor ese Evangelio que tan pesado le parecía, dadas las palizas y contrariedades que por él tuvo que afrontar. Se reinventa. Jesús lo vuelve resiliente. Ese es el efecto que causa Jesús a los que están de bajón.

    Por último Jesús que es más poderoso que el mal, que el sufrimiento y que la muerte, como Marcos nos enseña hoy, Jesús que es el anti-mal absoluto, que erradica la oscura noche como el sol naciente, a parte de llenarnos de una esperanza contra toda esperanza como antes señalé, nos insta a todos que hacer lo mismo. Es decir a vencer el mal con el bien del amor, a sustituir el sufrimiento por el consuelo y la felicidad, y a luchar contra la muerte en cualquiera de sus manifestaciones llenando de vida incluso hasta los corazones en duelo o directamente muertos. Jesús es la prueba viva y resucitada de que la vida es más fuerte que la muerte. Y todo por su amor eterno expresado hasta el extremo, sin medida y regalado para cada uno de nosotros.  He ahí la grandeza del que nos convierte como Él en un efecto vivificador para el mundo entero. 

    Así que Señor, danos siempre, por medio de tu oración intercesora, tu Santo Espíritu para que tu efecto glorificador en nosotros nunca deje de actuar con una veracidad intensa. Así sea hermanos, así sea. Amén

 

ORDINARIO 4

    Hoy es un día precioso para descubrir como es Dios. Dios el que siempre nos habla. Y lo hace a través de profetas a los que Él suscita. No profetas cualesquiera, testigos de la luz, testigos veraces, de esos que nadie duda que sean sus enviados. Y no sólo habla a través de testigos, sino que Él ha hablado en primera persona, hecho carne en Cristo Jesús, no ya como un testigo más de la luz, sino como la LUZ misma, en primera persona y con un poder arrollador. 

    Dios es aquel a quien merece la pena escuchar sin endurecer el corazón como el mismo salmo nos enseña. Pues si no lo escuchas te pierdes el agua viva que su palabra contiene y que tiene el poder de calmar como nada más tu intensa sed de infinito. No escuchar la voz de Dios que habla por boca de Cristo te aboca al abismo y a una destrucción sin paliativos. Te condena a caminar por la vida, como aquel que perdido se debate con el calor infernal del desierto, porque eso es la vida sin escuchar la voz de Jesús sin mantener con Él una hermosa conversación que nos recrea y transfigura. La vida sin su voz resucitada es un desierto atroz e inmisericorde. Un desierto feroz que no cesa jamás. 

    Dios es aquel que nunca pasa. Más allá de las paranoias paulinas, tan pueriles y propias de un neófito que está empezando a caminar, el mensaje que Pablo trata de expresar es ese: Dios es lo único que no se muda. Dios es lo único que no se pierde. Dios es quien siempre permanece. Con el que siempre se puede contar. En las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte. Apoyarse en Él es cimentar la casa sobre una fuerte roca, que resiste todo tipo de tempestades e inclemencias. 

    Dios es una autoridad que nos libera con el imperio de su palabra, sin imponerse, simplemente proponiéndose. Es una palabra que nos libera de la acción del maligno y sus asechanzas siempre enfocadas a destruirnos asesinando nuestros anhelos de felicidad y engañándonos con falsas promesas de plenitud que nunca llegan. Por eso tal autoridad lo vuelve tan famoso. Porque el ser humano anhela aún sin saberlo dejar de lado la voz macabra e impositiva que le impele a habitar en el desamor como lugar existencial desde el que afrontarlo todo. 

    ¿Qué quien es Dios hermanos? ¡Sin duda alguna: un tesoro! El Dios que habla por boca de Cristo Jesús es lo más noble y sublime que podamos encontrarnos en la vida. Vended cualquier riqueza que os ate y comprad el campo donde ese tesoro está enterrado, no hallaréis nada más digno para vosotros y para los demás. Te hablan de amor, escucha, es el único oro que no se herrumbra nunca, y su autoridad te liberará para que lo mejor de ti mismo aparezca y puedas disfrutarlo tu mismo y todos los demás. Dios es un tesoro amigos, Dios es el gran tesoro.  

 

ENTIERRO DE MI PADRE 23 y 24 de Enero de 2024

    Soy un amante de los Barcos. De los navíos de Línea. Con sus puentes, sus velas, sus castillos y sus cañones. De entre los muchos que hubieron destacó el más grande de todos, el llamado por Benito Pérez Galdós, El Escorial de los mares, el Santísima Trinidad. Hecho en la preciosa tierra de Cuba, con maderas fuertes y recias. Vestido de Rojo y Negro. El que se batió contra muchos barcos, y en su última batalla, en Trafalgar, después de arrasar el buque insignia de la escuadra inglesa, disparo sin cesar contra siete barcos a la vez que lo rodearon en una trampa cobarde y mortal. Y mientras le quedó pólvora no se rindió. Y aún así, cuando trataron sus enemigos de apoderarse de él, y conducirlo a la colonia de Gibraltar, se hundió de camino, lleno de heridas, en medio de una inclemente tempestad. Antes muerto que preso de sus asesinos. Así era mi Padre. Como ese navío. Fuerte. Poderoso. Regio. Brutal. Inmenso.  Hermoso. Capaz de batirse con muchos enemigos. Soportando los achaques de siete plagas a la vez. Que lo han herido de tal manera, que aunque se mantenía a flote en el mar, ha terminado muriéndose, en medio de la inclemente tempestad vital que al final ha tenido que soportar. Pero esperando a coger la mano de su hermana más querida, su Paquita, que ha sido su guía hasta la vida eterna. 

    A mi padre estoy seguro de que muchos le reprocharían muchas cosas, pero sinceramente creo que como al Señor Trueba, ese que Jeremy Irons interpreta magistralmente en la película la casa de los Espíritus, basada en la novela de Isabel Allende; a él, a mi Padre, lo único que siempre le ha pasado es que,  como dice la esposa de Trueba, Clara, a su hija Blanca, ha sido siempre demasiado fuerte, y nunca ha sabido barajar semejante hontanar de energía. No es que no haya querido, es no ha sabido querer. Su biografía lo llenó de fracturas durísimas, que envenenaron su alma, pues como él solía decir: tuvo que criarse como los lobos. Por eso hoy no me recrearé en sus defectos aunque podría, y no lo haré porque mi madre, fue como esa Clara de la película citada. Ella lo perdonó. Y lo amó siempre, aunque como esa mujer citada de esa historia literaria padeciese en sus conflictos con él. Yo fui para ella esa hija: Blanca, a la que enseñó a vivir, a cuidar de su padre en sus últimos días. Estoy seguro que mi Victoria, en su lecho de muerte, pensó: mi Andrés, se hará cargo de él, pues sus dos hermanos casados, no lo tendrán tan fácil, con sus vidas y sus hijos. Por ello aunque podría, mis palabras hoy no traerán a la memoria de todos, las cosas y los hechos que podría citar porque las viví en directo. Citaré otras, las que considero más definitivas e importantes. 

    La historia de mi familia, no es la historia de una ruptura ni de un fracaso. La historia de mi casa es una historia de Perdón. Cuando hacía 14 años que nos habíamos peleado mi padre y yo, cuando durante ese tiempo, si apenas nos habíamos visto, pues de su casa fui expulsado, y sólo pude volver a ella, cuando él se fue, durante 25 años, que duró su separación de mi Madre, hasta que se reconciliaron en los últimos días de la vida de ella. Transcurridos esos años, con sus días y sus horas, siendo yo párroco solidario de Moratalla, con Fernando Valera, el hoy Obispo de Zamora, mi compañero  sacerdote hoy y hermano del alma, Antonio (al que ahora no veo porque está sentado detrás de mí), se empeñó en que nos fuésemos a Tierra Santa. Yo no quería ir. A veces puedo llegar a ser muy terco, porque soy hijo de mi Padre, y bien sabéis que llevarle la contraria a veces, podía ser un problema bastante importante. Pero Antonio me conoce como la palma de su mano, y supo urdir el plan de tal manera, que llegado el día, tuve que montarme en el avión e irme de viaje. La primera iglesia que visitamos fue la de San José en Nazaret. Y ahí me acordé de mi padre, del que tanto tiempo estuve alejado por nuestra conflictiva biografía compartida. Como le he dicho muchas veces después, somos como los toros, y entrechocar nuestras astas a veces ha sido más que irremediable. Demasiada bravura. Colérico Encaste. Exceso de energía. Después visitamos la Basílica de la Anunciación en Nazaret, y frente a la cueva de María, celebramos la misa. Y bien puede deciros Antonio, que cara pusieron mis hermanos sacerdotes concelebrantes, cuando me oyeron pedirle al Señor: “Aquí le dijiste a María que podías hacer posible lo imposible, yo te pido que mi padre, que nunca quiso que yo fuese cura, con el que llevo tantos años sin tratar ni hablar de nada, el que me expulsó de su lado, vuelva a tratar con su hijo, que durante tantos años ha estado tan herido por tantas cosas”. Todo quedó ahí, y el amor de mi vida, Jesucristo, me enseñó su casa y su tierra, y en todo momento me fui paseando por cada uno de aquellos lugares lejanos, en los que los palestinos y los israelíes llevan casi cien años guerreando. Lugares cargados de un hondo sentido espiritual para mi. 

    A la semana de volver, recibí una llamada desde Cartagena, del hospital del Rosell, mi padre estaba gravemente afectado por una neumonía que terminó declarándosele crónica, y que al final, muchos años después,  ha sido lo que se lo ha llevado provocándole una septicemia. Estaba en la sacristía de la Iglesia de Santa Ana en Moratalla. Entonces no había autovías, y yo conducía un Renault 4. Recuerdo que miré un Cristo que estaba en ese lugar, y que le dije: “Señor Jesús, no se te puede pedir nada con la boca chica porque todo te lo tomas en serio”. No me impuso nada mi Señor. Pero abrió su puerta ante mí. Yo estaba preparado y mi padre también. Recuerdo el largo viaje hasta Cartagena desde el entonces alejado Noroeste Murciano. Incertidumbres, pero igualmente, una firme confianza en que Dios en Cristo Jesús estaba actuando. Al entrar a la habitación del hospital que el ocupaba, recuerdo que me dijo con unos ojos abiertos como platos: “Andrés estás más calvo y más gordo”. Y yo le contesté: “Papá llevamos 14 años sin vernos”. Entiendo que os estéis riendo todos, porque el reencuentro fue un tanto hilarante. No dije más, me acerqué y le di un beso, el primero que recuerdo haberle dado. Yo, el que durante años de adolescencia y juventud, consideraba que mi padre se había muerto para mí. Mi catequista Mariana es testigo de ello, pues fue lo que dije en la catequesis de Confirmación que versaba sobre el perdón. Me quedé casi un mes entero con él, en el hospital mientras se repuso. Y luego necesitó meses de reposo para reponerse. Le propuse venirse conmigo a Moratalla, y él accedió. En ese tiempo, en aquellos largos viajes en coche, para ir de mi destino pastoral a su casa en La Pinilla, donde hoy lo estamos despidiendo, un día, con los ojos llenos de lágrimas el me pidió perdón. Y yo no le dejé terminar, como el Padre de la Parábola del Hijo pródigo, le dije: “durante largos años hemos vivido en conflicto permanente, bien está que dediquemos nuestro tiempo ahora, el que nos quede, a llevarnos como padre e hijo, y a tratar de amarnos de la mejor manera posible, siendo como somos, gente de carácter muy fuerte”. Él me respondió que estaba de acuerdo. Y yo le dije: “si me dieran la opción, nunca os cambiaría a ti y a mi madre como mis padres”. La vida prosiguió, con el tiempo el volvió a su casa y a sus quehaceres porque aún estaba en edad laboral. Después siempre que ha estado enfermo, principalmente por causa de su pierna, me lo he traído conmigo. Primero a Puerto Lumbreras, donde fui párroco durante 14 años. Después, cuando ya el corazón empezó a darle severos problemas, tras ponerle el marcapasos que lo ha acompañado 7 años, le propuse que se viniese a mi casa en el Palmar, mi parroquia actual. Y aquí donde ha disfrutado de una vejez llena de achaques, pero hermosa, se integró en el pueblo, hizo grandes amigos, y hasta se incorporó al coro parroquial de los Domingos, donde yo le veía cantar el Padre Nuestro como nadie, para mi asombro. Sí amigos: por eso entiendo hoy que sus paisanos pinilleros abráis los ojos con sorpresa, porque eso mismo me pasaba a mí. Hasta trajo a la parroquia a varios de sus amigos, a participar en la misa dominical de niños, que era su favorita. Aquí también después de combatir como un jabato, como aquel navío citado, contra múltiples achaques y enfermedades, al final en medio de su tempestad física se nos ha ido. Y por eso estamos todos hoy aquí. 

    Estoy seguro que su salero y su sonrisa, hoy se habrán glorificado. Así lo he pedido yo que podría ser su hermano mayor acusador, pero he preferido ser con él, el Padre amoroso de la bendita parábola de San Lucas.  Es lo que me ha enseñado Jesus el Cristo. Siempre he sabido que el mundo, el día de su muerte perdería una sonrisa única. Y creo que su naturaleza, a ratos envenenada por tanta fractura, se habrá redimido, y transfigurada lo habrá convertido en una realidad transfigurada y glorificada. Con todos sus sacramentos recibidos se ha marchado. Bajo la atenta mirada del Cristo de Goyo, ese icono que siempre tuvo con él, dada una preciosa experiencia que él vivió en su más tierna infancia, y que no escribiré aquí por respeto a lo que él me dijo. Esa imagen será grabada en su lápida. Pues bajo esos ojos se ha ido de este mundo. El amor es lo mejor. Eso es cuanto puedo deciros amigos, y no sé que hacéis viviendo sin cogeros de la mano del Nazareno, que desde su humilde pueblo en Galilea, inició en mi casa la mayor de las revoluciones, para que dejásemos de convertir el dolor en rencor, para que dejásemos de golpearnos unos a otros con la mano herida, y para enseñarnos a purificar nuestra memoria de recuerdos oscuros, y convertirla en una memoria viva de como el amor es infinitamente más hermoso y poderoso que el odio y el desamor. 

    Y ahora, llega la muerte. Y ella acaba con todo. Los ojos de mis primas se llenan de lágrimas. El llanto, el miedo, la incredulidad nos cercan. Nos batimos en duelo contra ellos. ¿Tanto amor para nada?. 

    Soy un caminante hacia Emaus. Mi experiencia creyente es inexplicable sin el pasaje del capítulo 24 de San Lucas. Cuantas veces cuando la vida me ha puesto en jaque, cuando han arremetido contra mi alma mil complicaciones, la palabra viva de mi Señor Jesús, ese caminante misterioso, me ha hecho arder el corazón y me ha devuelto al camino de la vida con el corazón lleno de paz y en la cara me ha dibujado de nuevo una sonrisa.

    Una noche de estas últimas, creo que fue el Domingo para más inri, abrí las Escrituras. Y me salió el capitulo 20 de San Juan. “No llores mujer, ¿Por qué lloras? No tengáis miedo: LA PAZ SEA CON VOSOTROS, si crees sin ver Andrés serás dichoso”. Y eso hago. Y ahora: “no me agarres, déjame ir al Padre”. Y eso os digo yo a vosotros, a los que tanto lo habéis querido. Haced caso a la Palabra Viva de Cristo Jesús, que estuvo muerto y ahora resucitado, vive por los siglos. Por eso su lápida llevará escrita esas palabras: LA PAZ SEA CON VOSOTROS.

    Basta con esto, no me alargo más. Cuando murió mi Madre, hice una relectura del Padre Nuestro y esas son las palabras que hoy quiero pronunciar altas y claras: Padre Dios, Padre Nuestro, Padre de mi padre Manolo, llévalo al cielo contigo donde Tú estas. Que pueda santificar contigo para siempre tu nombre. Que tu Reino venga para él. Que se cumpla en él tu voluntad de que vivamos vida eterna. Que pueda comer el pan divino en tu banquete eterno. Que perdones sus culpas pues perdono y quiso ser perdonado, y fue perdonado. Que nada pueda separarlo de Ti. Y que ningún mal pueda apoderarse de su alma. Amén.

    Así que Gracias a todos, a Diego Lunares y su Paquita, que lo han tratado y querido como algo muy suyo, su amor por él me ha asombrado hasta el extremo. Gracias a Nacho, Andy y Pedro sus cuidadores que han sido ángeles a su lado en medio de sus agonías. Gracias a Charo que tanto ha reído con él y tantas servicios le ha prestado. Gracias al Palmar,, donde está inmerso este coro dominical bendito donde ha sido tan querido. Gracias, gracias y gracias a todos. Como bien dijo Paco el marido de mi prima Mari Luz: Ni en sus mejores sueños podía imaginar Manolo, la vejez que ha tenido. Siempre me miraba a los ojos, y me decía: “El hijo que yo eché es el que me ha amparado”. No he sido yo papá, fue ese barbudo de Nazaret, del que tú y yo, algo sabemos. Así que amigos y hermanos hoy os digo a todos: Cuando dejamos a Dios hacer las cosas, cuando no nos oponemos a sus planes, Dios sabe hacer muy bien las cosas. Y con nosotros, presa del conflicto y sus horrores, Dios nos ha salvado con el perdón que hace renacer el amor. Gracias. Jesús no se impone, el susurra, seduce y te da oportunidades, si las aprovechas, el bien termina resplandeciendo, la vida en plenitud se desarrolla. Sí hermanos no lo dudéis nunca: ¡Dios sabe hacer muy bien las cosas!. 

EPILOGO

    El obispo mi Pastor tuvo la generosidad de sentarse a mi lado y dejarme presidir la misa porque así me lo pidió mi padre hace 14 años cuando murió mi madre. Me dio una gran lección con su atención silente y su presencia. Y nos la dio a todos. Bien se lo dijo Joaquin en la sacristía. Allí me preguntó por el entierro de mi padre, si mi madre y el al final estarían juntos. Y yo le dije que mi madre está en Mazarrón, y mi padre en la Pinilla, pero como eso a mi padre le dolía pues se habían reconciliado, encontré una solución. Mi madre nos había dejado una trenza muy larga de su precioso pelo negro, tan hermoso y abundante. Esa trenza se la mostré a mi padre el día del funeral de mi madre y le dije, el día que tu mueras, Victoria te acompañará. Vi sus lágrimas. Y mis primas tuvieron a bien, colocársela en sus manos al cerrar el ataúd. Hoy mi amigo Fernando, con el que tanto he peleado, también obispo, me ha llamado desde Zamora. Y me ha dicho que quería venir pero no podía. Y yo le he respondido: sólo me hubiese faltado tener, no uno, sino dos obispos sentados en la misa, y yo presidiendo entre ellos. Para mayor presión psicológica ante el respetable Pueblo de Dios. Hemos reído. Bastante tuviste Fernando, con aguantarnos cuando convivimos juntos, que si no tenías bastante con uno, allí te encerraste con dos. Y a guasones, a los saleros, nos gana poca gente. Gracias a Jose Manuel y Fernando, por su compañía, en este hora difícil pero hermosa porque Dios, en su ternura, ha estado grande con nosotros. 

 

ORDINARIO 3

    El Concilio de Trento, del que muchos hablan mal sin conocerlo, defendía una diferencia notable entre la atrición y la contrición. Muchos no sabremos lo que esas palabras significan. Y es comprensible porque están en desuso. Sin embargo revelan claramente lo que las lecturas de hoy nos muestran, el paso de la antigua Alianza a la Nueva Alianza. Y es que en su época este concilio al que muchos se han empeñado torpemente en darle mala fama, fue un estudio fantástico de antropología teológica optimista, frente al pesimismo luterano y calvinista ante lo humano. El renacimiento italiano late en la visión positiva del ser humano que Trento tiene. Más lo que carece de sentido es que 600 años después, nos empeñemos en pensar que lo que aquel concilio vio en según que temas, sigue teniendo la misma vigencia y ha de ser comprendido del mismo modo. Como si nada hubiese pasado. Esta vuelta recalcitrante a este concilio como el antitipo de toda renovación eclesial es lo que más daño ha hecho a este texto conciliar extraordinariamente positivo y luminoso. Así que establecido esto, volvamos al tema que nos ocupa.

    La Antigua Alianza está representada por el texto de Jonás. Las gentes son motivadas a la conversión por medio del miedo. El Dios Amo, os castigará por vuestra vida disipada. Y las gentes movidas por el temor responden al llamado del profeta cambiando de vida. Y la lectura que el relator hace es que Dios “se arrepintió” de sus amenazas, y se volvió misericordioso. Una visión cuasi infantil de Dios. Pues parece que el Altísimo es un ser malhumorado a ratos y misericordioso a otros. El problema de la Antigua Alianza, no es que Dios en el AT sea un Amo justiciero y cruel, un Dios falso, (como pensaron Marción y otros en la antigüedad cristiana de manera equivocada); el problema es el teísmo de los que se relacionan con Él, es decir, su forma de verlo. Por eso funcionan en relación con Dios desde la Atrición, es decir, es el miedo el que les conduce a la conversión, a cambiar de vida. Pablo no termina de dejar atrás su condición farisea, cuando usa el recurso al miedo nuevamente para motivar a la conversión a los cristianos de Corinto. Pablo es un ser en constante cambio, en conversión permanente, y eso se percibe en sus cartas, pues no habla igual el Pablo del principio de sus escritos que el Pablo del final de ellos. La carta a los Romanos en el capítulo 8, donde afirma que nada ni nadie puede separarnos del amor de Dios, supera con creces, esta especie de colapso universal aterrador ante el que nos pone Pablo hoy en la carta a los Corintios.

    Por ello el Evangelio este domingo lo pone todo en su sitio. Jesús no amenaza. No mete miedo. Y cuando dice que ocurrirán cosas malas, siempre termina diciéndonos: ¡Pero no tengáis miedo, ánimo, que yo he vencido al mundo!. Jesús nos llama a la conversión para que Dios pueda reinar en nuestras vidas. Porque Dios es amor, y el amor enamora, y regala la vida en plenitud. Y ante ese amor fontal y glorificador, tan maravilloso, lo demás carece de valor y de importancia. El amor hace eterna nuestras vidas. Y eso es lo que seduce a las gentes. Jesús es portador de buenas noticias. Y es ese amor eterno lo que hace que los pescadores suelten sus redes y se encaminen tras sus pasos. (Por cierto, cambiar la palabra “Seguidme” por la expresión “veníos en pos de mí” por muy literal que esta pueda ser, es una prueba más de la crasa traducción bíblica que la CEE, nos ha ofrecido, donde se ha truncado la música poética castellana que la anterior traducción poseía). Seguidme por amor. Jesús seduce, no amenaza. Por eso la conversión de Jesús es la contrición. Uno no se arrepiente de su vida equivocada por miedo, sino porque el amor le hace despertarse de sus errores, lo seduce, y es ese amor el que le impulsa a cambiar su forma de ser y de vivir. Esa es la Nueva Alianza. Aquí la comprensión de Dios es perfecta. Dios es amor. Y no es un amo. Y ese amor es el que nos seduce y nos interpela a cambiar nuestro destino para que no sigamos más tiempo siendo esclavos del desamor. Trento recoge este matiz a la perfección, y aunque señala que la atrición no es errónea, en tanto que produce un cambio para bien en las personas, si que reconoce y afirma contundentemente que la atrición es imperfecta, y recomienda siempre la contrición. Porque la segunda mira a la cara al Dios verdadero viendo su verdadero rostro, y la primera, mira a Dios a la cara, pero no es capaz de entender el verdadero significado de lo que ve. Jesús no cambia a Dios. No inventa un Dios nuevo. Simplemente cambia nuestra manera de verlo. Para que no seamos presa del miedo. Por eso dirá San Juan Evangelista que donde hay amor no hay temor. Lo único que cambia del Antiguo Testamento al Nuevo Testamento, no es Dios, sino nuestra forma de comprenderlo. Porque la Revelación de Dios es gradual y progresiva, como nuestra forma de comprenderlo. Y aunque Dios trata de hacernos ver que nos es un amo, sólo en Cristo Jesús manifiesta a las claras que es amor eterno, y conste que ello le cuesta morir clavado en una cruz, más al resucitar deja claro cual es su verdadero rostro, el del amor eterno que es más fuerte que la muerte.

    Por eso amigos y hermanos: ¡Convirtamonos! pero no atemorizados sino enamorados. Y como los apóstoles dejemos lo que nos enreda en el desamor y caminemos con paso firme tras sus pasos. Seguidores del Amor Eterno, eso somos.

 

ORDINARIO 2

    Caminar junto a Cristo Resucitado…menuda aventura. Cuatro coordenadas definen la vida de sus amigos. 

    Si tienes a Jesús Vivo por amigo, aprendes como Samuel, ayudado por otros, a escuchar su voz, a saber identificarla, a vivir creciendo en su conocimiento. Aprendes conversando con Él, que su palabra te hace arder el corazón y te enseña a vivir con sabiduría. 

    Si tienes a Jesús Vivo por amigo, aceptas esa misión que te encomienda de buscar antes que nada el Reino de Dios y su Justicia. Las palabras del Salmo resultan ilustrativas en este sentido. Si leemos el Evangelio de Juan, entenderemos que estar aquí para hacer su voluntad, no es otra cosa que ser luz en medio de las tinieblas, ser amor en medio del desamor. La luz de Juan, la Verdad de Juan, es el Dios del amor. La vida en plenitud de Juan es vivir en el amor fraterno. El mundo de Juan, en cambio, es el desamor. Tu misión en la vida es amar, si Jesús Vivo es tu amigo.

    Si tienes a Jesús Vivo por amigo, comprendes que todo tú eres un templo del Espíritu Santo. El Espíritu de Dios no te inspira jamás tratar a los demás como un objeto al servicio de tus deseos, sino como a tratarla con humanidad, como a una persona. Los demás no son cosas. Los Corintios a los que Pablo habla, eran amantes de usar a las sacerdotisas prostitutas de su ciudad como fuente de beneficios para ellos. Llevados de su superstición se entregaban a sus brazos con total libertinaje. Su vida sexual era ajena por completo al amor. Era una suerte de fornicación supersticiosa. Por eso sus palabras son tan rotundas e intensas. Pablo era todo un carácter. Si leyésemos la carta por completo descubriríamos que del mismo modo, Pablo es muy contundente en invitar a los Corintios al amor en todas la dimensiones de su vida personal. No es en absoluto un obseso anti_sexo como algunos piensan. Es un convencido de que la sexualidad enamorada nos hace felices y no sólo es fuente de placer. No es lo mismo tocar un instrumento musical sabiendo hacerlo que sin saber articular ni una nota. No es lo mismo hacer sonar un órgano, que tocarlo con sabiduría y hacer que nos embruje con su música. Sonido y Musica no son lo mismo. Una cosa y otra no tienen la misma magia.  Lo importante en la vida sexual es la felicidad  interpersonal que ella nos procura y la apertura responsable a la vida que ella nos regala cuando las personas que la viven pueden engendrar vida. Pero si eso no es posible (por ejemplo las personas estériles), la sexualidad siempre sigue siendo el precioso lenguaje del amor que las personas enamoradas comparten. El Espíritu Santo siempre te hace descubrir al otro, no como un objeto, sino como una persona, como un tesoro maravilloso, único e irrepetible, no sólo en su dimensión sexual sino en todos los órdenes.

     Si tienes a Jesús Vivo por amigo, te conviertes en su seguidor. El Evangelio es claro en eso. Ser su discípulo, es ser alguien que sigue a Jesús, aunque aún le queden muchas cosas por descubrir, y muchas cosas de su vida por cambiar para bien. Ni Andrés, ni Juan, ni Pedro, ni los demás, lo sabían todo cuando empezaron a seguir sus pasos, ni tampoco llevaban una vida moral exquisita y envidiable. Eran personas en proceso de transfiguración. En proceso de santificación, de conversión, de glorificación y de divinización. 

    La aventura de caminar junto a Jesús Vivo como amigo suyo, es una senda que no termina nunca en esta vida, pero que a cada paso, nos descubre nuevas dimensiones sorprendentes de la vida. Ojalá y que todos los que hoy oís estos textos sagrados os mantengáis a su lado todos los días de vuestra vida. 

 

BAUTISMO DEL SEÑOR (Cierre del tiempo litúrgico de Navidad).

    Igual que sin agua no es posible vivir, sin Espíritu tampoco es posible vivir EN PLENITUD. Pues no es lo mismo vivir que hacerlo en plenitud. El personaje central en este pequeño Pentecostés con el que se despide la Navidad (que fue construida como la Pascua) es el ESPIRITU. Y es que el Dios con nosotros hoy es el Espíritu Santo. 

    ¿Y quien nos regala el Espíritu de Dios? ¿Acaso no has oído el Evangelio? No es Juan el Bautista que es indigno de desatar la correa de la sandalia de Jesús, según sus mismas palabras. El Padre Dios lo envía sobre su Hijo Jesús, su Hijo muy amado en quien se complace. Y es Él, el que lo envía sobre nosotros como Juan Evangelista nos enseña, siguiendo las enseñanzas de su primer maestro, el también Juan, pero Bautista. 

    ¿Y como nos comunica su Espíritu? Cuando confiamos en Él, como nos enseña el Salmo. Confiar es hacer muchos actos de fe. La confianza en Dios es la suma de todos los instantes de fe que tenemos en Dios. Juan Evangelista nos ha enseñado esa fe en Jesús Hijo de Dios, nos abre a la fuente del Espíritu. Y esa fe se vuelve oración cuando se torna confianza. Y esa vida de la oración nos llena del Espíritu de Dios.

    Otra vía es la Escucha y la transmisión de su Palabra, la conversación con el Cristo Vivo y resucitado que a través de sus susurros que emanan de la Escritura nos fecunda, germina y nos hace dar fruto, nos hace comunicarlo a los demás, y ahí el Espíritu nos asiste especialmente. Nos hace sintonizar con sus planes siempre tan distintos de los nuestros. Nos permite no autodestruirnos por el pecado. El apóstol y el profeta están hablando. La escucha de la Palabra, la búsqueda de su voz viva, hace arder nuestro corazón porque al llenarnos de gracia, nos inunda de su Espíritu y nos convierte en altavoces de ella para los demás. El sólo propósito de escucharla con fe, ya nos abre a la acción del Espíritu, que en su momento hará que demos fruto. Leer las Escrituras, escucharlas, nos crea de nuevo. Y nos vuelve apóstoles de Dios en Cristo Jesús.

    Otra vía para recibir el espíritu es la vía sacramental. Recibir el Bautismo, renovarlo por el sacramento de la reconciliación, confirmar nuestra fe ungiéndola con el Santo Crisma y participar en la Eucaristía, no sólo nos inicia como cristianos, sino que nos llena del Espíritu, de una manera permanente en el caso del bautismo y la confirmación, y de un modo habitual y ordinario, nutriéndonos en la Eucaristía y renovándonos con el sacramento de la reconciliación. Pocas veces se insiste en la teología de que este sacramento de sanación tiene un carácter marcadamente bautismal, pues la gracia de Dios, derramada ese día, se renueva cada vez que necesitados de la misericordia divina nos volvemos hacia Dios arrepentidos. El profeta lo ha señalado. El apóstol ha sido más directo: agua, Espíritu y Sangre. Bautismo, confirmación y Eucaristía. Privarse de esos sacramentos es privarse del Espíritu Santo. Y es que no sólo necesitamos respirar cuando nacemos, necesitamos hacerlo siempre. Pues con el Espíritu nos pasa lo mismo. Y eso es lo que ocurre cuando se viven esos sacramentos con fruto. 

    Hay también otros sacramentos que nos llenan del Espíritu en momentos especiales, la Unción de enfermos, cuando las graves enfermedades y los achaques de la edad nos afligen. Y luego están los sacramentos para la vida del amor. El matrimonio y el orden sacerdotal, y en ellos el Espíritu nos asiste para que cada cual, conforme a su vocación, ame con toda el alma. Y del mismo modo, los sacramentales, aun no siendo sacramentos en sentido estricto, son momentos de oración intensos, donde el Espíritu de Dios también nos visita.

    Por último el Espíritu de Dios también se nos regala cuando vivimos en comunidad. El amor es la común unión de los que son distintos. Eso es la comunión fraterna. Y en ella, el Espíritu nos visita. Cosa que la división, la discusión y el desamor no provocan. Por ello cuando discutimos es preciso siempre llegar a la comunión. De lo contrario caminaremos sendas diferentes de las del Espíritu. Y los planes de Dios no serán los nuestros. Sobre esto el profeta y el apóstol han sido también muy claros. Pero no lo olvidemos no es la Iglesia la que nos da el Espíritu, es Cristo Jesús en la Iglesia y a través de ella, El que nos lo regala. No somos dueños del Espíritu, somos los que en nombre de Cristo Jesús, pues cuerpo místico suyo somos, los que le abrimos caminos y puertas en medio del mundo.

    La Navidad termina hoy mostrándonos que el Dios con nosotros es el Espíritu Santo moviendo nuestras vidas como hizo con el mismo Jesús. Que nosotros seamos también Hijos amados de Dios como Cristo sobre los que el Espíritu Santo descienda, entonces, y sólo entonces, esta Navidad habrá sido una Navidad feliz hermanos.

 

EPIFANIA

    Todos. Esa es la palabra clave de las lecturas de hoy. Todos caben como le gusta decir al Papa Francisco. En la Iglesia cabemos todos. Y este enfoque desagrada a todo un sector clerical ad intra de nuestra Iglesia, basta asomarse a la red para comprobar que lo que afirmo es cierto. En ese grupo también destacan algunos intelectuales laicos que se precian de católicos y no pasan de burdos ultramontanos de los de toda la vida. 

    Las Escrituras hoy discrepan de toda esa bancada ultramontana y enemiga declarada del Papa Francisco. Isaias y el Salmo no piensan que la salvación sea para unos pocos selectos. Esa visión aristocrática de la Salvación es ajena a lo que Isaias y el Salmo proclaman hoy. De Arabia (Asia), de Saba (África) y de Tarsis (Tartesos, o sea Hispania, esto es Europa), de los tres continentes conocidos entonces, son llamados los pueblos a adorar al Señor, resarcirse de su salvación y revestirse de su luz. De ahí y del hecho de que los regalos sean tres: oro, incienso y mirra, que la tradición haya propuesto tres nombres y tres razas distintas. Melchor de pelo blanco: Europa (Tarsis Hispania no lo olvides, famosos por el uso de sus minerales preciosos, Oro). Gaspar de pelo castaño: Asia (Arabia rica en incienso). Baltasar de raza negra (Africa, portador por descarte de la mirra). Todos los pueblos de la tierra están predestinados a la Salvación universal. Nunca ha sido católica la interpretación de la Salvación según la interpretación calvinista como predestinación “individual” a la redención. Esta visión excluyente de la salvación para muchos es incompatible con la visión católica de las cosas y con lo que las Escrituras nos transmiten hoy.

    Pablo además da otra vuelta de tuerca al argumento. Lo peor del mundo para un hebreo de aquel tiempo eran los gentiles. Literalmente la basura de la humanidad, lo prescindible, la carne de cañón, así se les consideraba entonces. Impuros, pecadores, negadores de la ley de Dios y de su comprensión restrictiva de lo que consideraban la verdadera naturaleza humana y muchas otras lindezas por el estilo. Siervos de Satanás en definitiva. Pues bien Pablo dice que el misterio de Dios se nos revela porque le place, por pura gracia, y lo hace para todos. Y en ese para todos, incluye a los gentiles, que no deben hacerse de religión judía para alcanzar la salvación. Eso provocó un arduo y largo conflicto que queda manifiesto en la mayoría de sus cartas, y que condujo a la Iglesia al concilio de Jerusalén, donde se debate este punto. ¿Es o no posible que los gentiles sin cumplir la ley judía puedan acceder a la salvación?. La respuesta es meridianamente clara: Nos salva el amor eterno de Dios manifestado en Cristo Jesús muerto y resucitado. Y no la práctica de la ley judía. La Nueva Alianza supera a la Antigua alianza. La nueva es universal y por tanto inclusiva. La antigua es nacionalista y por ende excluyente. Pablo por tanto refuerza la visión de que la salvación es para todos y no sólo para algunos. Y ese será el motivo de que siempre fuese tan duramente perseguido por la inquisición hebrea de aquel tiempo, tal y como testimonia el libro de los Hechos de los apóstoles en múltiples ocasiones, y también como he dicho antes, sus mismas cartas. 

    Por ello, ante este mensaje caben dos posturas. La de Herodes que pretende ser el Rey de los que se salvan que son los Hebreos solamente. Y la de los magos de Oriente, que representan a toda la humanidad, y que ponen en adoración a los pies de Jesús, a todos los pueblos de la tierra. Francisco sabe muy bien por quien optar: los magos de oriente. Pero sus opositores se ponen de parte de Herodes. Así que a ti te toca hoy decidir: ¿Salvación global? ¿Globalización de la Salvación? ¿O una salvación excluyente en la que muchos son considerados basura y por tanto prescindibles para la salvación?. El “muchos” de la nueva traducción de las palabras de la consagración realmente significa “todos”. Benedicto, el papa anterior, lo dejó claro en varias de sus intervenciones. Y de hecho nos invitó a interpretar esa palabra como contraria a “pocos”. Pues en las palabras de Jesús queda claro que “Todos” están llamados a comulgar del Pan de Vida y de la Sangre de la Salvación. Tomad y comed todos de Él. Tomad y bebed todos de Él. No cabe duda alguna de lo que Jesús está afirmando. Al menos la Iglesia católica no duda de ello, y menos aún, con el Papa Francisco a la cabeza. 

    Por ello es muy triste que en España haya tanto ultramontano, algunos, reconocidos mujeriegos casquivanos, por muy buenas novelas o artículos que escriban, que traten de corregir al Papa, cuando lo que discuten es la llamada universal de Dios a la salvación a todos los pueblos. Así que en esta Epifanía, que no os quepa duda alguna os toca decidir: ¿Herodes o Magos de oriente? ¿Papa o antipapas? Yo no tengo duda alguna Magos de oriente y Papa. El que quiera optar por el otro enfoque allá él. La Salvación es para todos y eso es lo que hoy y siempre nos enseña la Epifanía. TODOS CABEN. Esa es la clave Del mensaje de hoy. 

 

1 ENERO

    Mirar tu rostro lo cambia todo. La bendición de la primera lectura y el Salmo no pueden ser más claros. Mirarte el rostro, posar nuestros ojos en los tuyos nos llena de futuro, nos hace crecer en sabiduría, y nos lleva a tener fe en que la Vida merece la pena y en que el amor es más fuerte que la muerte. Mirar tu rostro y comprender su luz meditando en nuestro corazón es la mejor de las bendiciones que nos pueden sobrevenir. El Evangelio también nos insiste en ello. Basta ver a los pastores asombrados, alabando a Dios y dandole gloria. Y ver de igual modo el contento de José y de María, el salmo es una explosión de alabanza porque el rostro de Dios se ha mostrado, se ha iluminado sobre ellos. Mirar el rostro de Dios nos glorifica, nos diviniza, nos santifica. 

    Vivir en una sociedad que no conoce el rostro de Dios, es vivir entre gentes que por desgracia, no perciben la vida como una bendición, sino que muchas veces la contemplan como una maldición, porque no ven nunca la resurrección, sólo ven la cruz, y no como prueba de amor, sino como triunfo del horror. En medio de tanta oscuridad nos convertimos en luz. Y la luz a veces se agradece, y otras por desgracia molesta. Pero no es encendida la luz para ponerla bajo el celemín, sino para que alumbre y de calor, a un mundo que de otro modo se queda oscuro y frío.

    Mirar el rostro de Jesús en el que habita la total plenitud de Dios, nos convierte en Hijos amados de Dios. Nos llena de su Espíritu Santo que nos hace proclamar ante Dios “Abbá, Papá, Mamá”. No somos esclavos, no somos siervos. Somos Hijos y somos Hermanos. Entre Dios y nosotros no cabe más relación que el amor. Amor a Dios, amor al prójimo. No hay amos. Ni Dios es amo, ni nosotros debemos ser amos. Por eso cuando el Señor nos muestra su rostro nos llenamos de Paz. Porque que quien ama, construye la paz. Quien es movido por el Espíritu de Dios, trabaja por la paz y transmite bienaventuranza. 

    Vivir en una sociedad que sigue creyendo en la guerra como modo de afrontar los problemas nos convierte en antisistemas. Nos vuelve subversivos. Nos transforma en anomalías. Para los enfermos de nacionalismos siempre preñados de soberbia, para los integristas religiosos que sólo tributan fe al Dios Amo y pasan por la vida como inquisidores y organizadores de guerras santas, y para los egoístas descreídos que son capaces de sacrificar sobre el altar del dinero a su misma madre. También somos profetas molestos para los que no creen en la persona como un valor trascendental, como un tesoro único e irrepetible, los que crean sólo somos datos en una plataforma biológica caduca. Somos luz solar para los que como vampiros narcisistas quieren acabar con cualquiera que no se pliegue a su burda ideología o a sus infaustos intereses, para los que piensan que el progreso sólo son ellos. Así que hay que aprender hoy de la valentía de unos pastores que superando sus miedos han visto un rostro maravilloso que les ha cambiado la manera de valorar las cosas y se han lanzado a cantarlo sin miedo alguno. Y es que la paz no se construye sola. 

    Así que cristiano aprovecha, acércate al portal y mira su rostro, y en el silencio de tu corazón como María, pídele que te muestre su rostro y que te dé sabiduría para que iluminado te inundes de su Gloria, de su amor y de su paz. Hermoso modo este de comenzar el año nuevo con una sencilla oración como esta que hoy te propongo.

    Feliz año nuevo a todos. Para mí un año feliz es un año con Cristo Jesús a mi lado. Espero que tú, al mirar ese rostro, encuentres también este tesoro que te haga estar vivo hoy y siempre.

 

SAGRADA FAMILIA DOMINGO

    La Navidad no es un tiempo feliz tal y como algunos lo entienden. En la Navidad la gente sigue sufriendo y muriendo por muchas razones. Los que hemos tenido esas experiencias lo sabemos muy bien. El año que enterré a mi madre, tuve que enterrar el día de Navidad a mi Padrino de Bautismo. La Cruz no descansa en Navidad. Por eso yo sólo creo que la Navidad es feliz cuando miro a los ojos del Niño Santo. Cuando me adentro en los ojos de Cristo. Entonces oigo su voz y esa palabra viva, ese Verbo, me saca de las tinieblas y me llena de una luz grande. “Si echas en falta a gente definitiva a tu lado en estas fechas, mira esos ojos del Niño Santo y escucha lo que te susurra: ¡Volverás a verlos, ese día te llenarás de una alegría que nadie te podrá quitar, y ya no preguntarás nada porque el misterio de la vida habrá quedado claro ante ti!”. De ese susurro de esperanza brotará la alegría que al emocionar tu alma llenará tus ojos de lágrimas. Sólo así la Navidad se torna feliz, pues comprendemos que cuando sufrimos, no estamos solos, Dios está con nosotros y nos salva. Cuando dejamos atrás el alma pagana de la Navidad y descubrimos la luz que emana de los ojos del Salvador entonces comprendemos que este tiempo es necesario para alentar el corazón del ser humano que sufre.

    Bajo esta mirada la familia se vuelve sagrada. Pues es esta divina mirada la que dota de futuro a la familia humana. Así le ocurre a Abran y Sara que pensaban que todo se había acabado para ellos. Y es la mirada y la palabra de Dios la que les abre un futuro sorprendente e inesperado. Eso necesita cualquiera para fundar una familia. Y cuando la familia tiene futuro, la sociedad descubre que su futuro es posible, porque la familia es el futuro de la sociedad. Sin ella no hay futuro posible para la sociedad humana. 

    Bajo la mirada del Dios con nosotros la familia se revela como un lugar hermoso pero no fácil. En la familia se producen no pocos problemas y tensiones. Es cierto que nos queremos, pero no siempre sabemos querernos. He ahí la mayor parte del problema. Por ello necesitamos crecer en la sabiduría del amor. Así creció Jesús. Por eso tiene un carácter sagrado la familia. Porque no enseña a amar hasta el extremo. Y eso, aún cuando no lo sepamos nos cristifica, nos hace otros “Cristos”. Para ello debemos aprender a perdonar. Pues cuando nos equivocamos por no saber querer, perdonando recuperamos la senda perdida. Y crecemos. Hablo de la familia verdadera no del intento fallido de construir una familia. La diferencia entre ellos es la misma que la que la que hay entre una casa con cimientos y pilares, y una construcción sin ellos. Una casa cimentada y sólida se ve expuesta a terremotos. Pero una construcción sin cimentación no necesita de terremotos para venirse abajo. Cuando unas personas sufren por ser presas de un intento fallido de construcción de una familia verdadera no necesitan ni la condena ni el rechazo de nadie. Los enfermos necesitan de cura para tener una nueva oportunidad. Y poder así experimentar una verdadera vivencia familiar.

    Bajo la mirada de Dios la familia descubre que ha de tener fe en dos cosas: fe en que vivir merece la pena y fe en que el amor es más fuerte que la muerte. Sin creer que merece la pena vivir, no se funda una familia jamás. Sin creer en que el amor es más fuerte que la muerte nadie se arriesgará sino es un frívolo, a vincularse emocionalmente a otro ser humano, sea espos@, hijo o hermano. Sin fe en que vivir merece la pena y en que el amor es más fuerte que la muerte ¿Como fundar una familia para convocar a todo sus miembros a experimentar el mundo como un espacio y un tiempo carente de valor y de significado? ¿Un abismo oscuro y frío a quien le ilusiona para enamorarse o sacar adelante unos hijos? Los defensores de esta visión nihilista de la vida, nos enseñan que es natural morirse. Pero claro, también es natural amar. Y morir y ver morir a los que amamos no son cosas compatibles. La fe en que la vida es verdadera, buena y bella hace familia. La fe en que el amor es más fuerte que la muerte nos alienta a amar de todas todas, sin reservas y por completo. Esta fe vuelve sagrada la familia porque muestra cual es la naturaleza de su verdad, de su bondad y de su belleza. 

    Por eso mirando a Jesús hoy lo que descubro de manera inmediata, es desde los ojos de Dios, que la familia es una realidad sagrada.

 

NAVIDAD

    ¿Quién es Jesús? Los mensajes que se nos ofrecen en este hermoso día en las Escrituras para contestar a esa preguntas son múltiples, desbordantes.

    Jesús es la gran luz que ha acabado con las tinieblas y la sombra oscura de la muerte. 

    Jesús es quien multiplica la alegría y acrecienta el gozo.

    Jesús es el que nos libera porque quiebra nuestros yugos y rompe las varas que nos oprimen y nos empapan de sangre.

    Jesús  es un niño.

    Jesús es el Hijo que nos hace hijos. 

    Jesús es un consejero maravilloso.

    Jesús es el guerrero del Dios del Amor.

    Jesús es el que nos muestra el rostro del Padre Perpetuo.

    Jesús es el Principe de la Paz.

    Jesús es la promesa firme de que el derecho y la justicia se impondrán al final.

    Jesús es quien nos permite aguardar la dicha que esperamos.

    Jesús es quien nos reviste de su gloria resucitándonos. 

    Jesús es el que se entrega por nosotros para rescatarnos.

    Jesús es quien nos regala una nueva vida.

    Jesús no es un mito, es historia real y comprobada.

    Jesús es Dios envuelto en pañales y acostado en un pesebre, sin más lujos ni alharacas.

    Jesús es quien nos envuelve de la Gloria de Dios.

    Jesús es la Gloria misma de Dios en el Cielo que envuelve de paz en la tierra a los hombres que Dios ama.

    Jesús es quien por amor de Sión no calla.

    Jesús es quien por amor de Jerusalén no descansa.

    Jesús es la aurora de Justicia.

    Jesús es quien nos nombra de nuevo al regalarnos una vida nueva.

    Jesús es quien desposa al universo con Dios en su persona.

           Jesús es nuestro regocijo, y el regocijo vivo de Dios.

    Jesús es el descendiente de David, anunciado por el Bautista, el Mesías de Dios.

    Jesús es la condensación de toda la historia santa de Israel consagrada en su persona y exaltada a la plenitud.

    Jesús viene del Espíritu Santo. 

    Jesús es quien salva al Pueblo de sus pecados.

    Jesús es Dios con nosotros, el Emmanuel.

    Jesús es el salvador de la Hija de Sión. 

    Jesús es el premio de la victoria y nuestra recompensa.

    Jesús es nuestro mejor regalo.

    Jesús es quien convoca al Pueblo Santo.

    Jesús es quien nunca nos abandona.

    Jesús es la manifestación de la Bondad de Dios.

    Jesús es la misericordia gratuita e inmerecida que Dios derrama sobre nosotros.

    Jesús es quien nos renueva con el Espíritu Santo.

    Jesús es nuestra esperanza de la Vida Eterna.

    Jesús es quien nos hace meditar en el corazón.

    Jesús es aquel del que se dicen muchas cosas.

    Jesús es quien nos mueve a dar gloria y a alabar a Dios por todo lo que te permite ver y oír. 

    Jesús es el mensajero que proclama la paz cuyos pies son hermosos.

    Jesús es la Buena Noticia.

    Jesús pregona la justicia del Reino.

    Jesús es quien afirma que Dios Reina.

    Jesús es el que nos permite ver a Dios cara a cara.

    Jesús es nuestro consuelo que restaura nuestra ruina.

    Jesús es quien hace posible que los confines de la tierra vean la salvación de nuestro Dios.

    Jesús es la culminación de la historia.

    Jesús es la palabra definitiva y completa de Dios.

    Jesús es el HIJO DE DIOS.

    Jesús es el reflejo de la gloria de Dios.

    Jesús es la impronta del ser de Dios.

    Jesús sostiene el universo con su Palabra poderosa, porque gracias a El, el mundo no carece de sentido, sustancia y fundamento.

    Jesús es que está sentado a la derecha de la Majestad de Dios en las alturas. 

    Jesús es el que el Padre llama: Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy. Yo para ti soy un Padre y tú para Mí eres mi Hijo.

    Jesús es el adorado por los ángeles. 

    Jesús es El Verbo que existía desde el principio.

    Jesús es el Verbo que estaba junto a Dios.

    Jesús es el Verbo de Dios, porque no es una palabra dicha, es una palabra viva que no cesa de comunicarnos su amor eterno.

    Jesús siempre ha estado junto a Dios.

     Jesús, por su medio, se hizo todo.

    Jesús es la razón de todo cuanto se ha hecho.

    Jesús es la Vida.

    Jesús es la luz de los hombres.

    Jesús es la luz que la tiniebla no recibió, y de hecho el niño que está en la cuna, en una cruz morirá. La tiniebla religiosa y del mundo lo crucificó. 

    Jesús es aquel del que Juan dio testimonio.

    Jesús es el que ha venido al mundo para alumbrarnos con su luz verdadera.

    Jesús es el que el mundo no ha conocido, aunque el mundo ha sido hecho por Él.

    Jesús el que no ha sido recibido por los suyos en su casa.

    Jesús es el que da poder de ser Hijos de Dios a quienes creyendo en Él, lo reciben de todo corazón.

    Jesús es el que nos hace nacer de Dios.

    Jesús es el Verbo que se hace carne y habita entre nosotros.

    Jesús es el que nos permite contemplar su gloria.

    Jesús es la gloria del unigénito del Padre.

    Jesús es el que está lleno de Gracia y de Verdad.

    Jesús es el que existía desde siempre y para siempre.

    Jesús es aquel de cuya plenitud recibimos gracia tras gracia.

    Jesús es mayor que Moises que nos dio la Ley.

    Jesús es el que nos ha dado la gracia y la verdad.

    Jesús es el que da a conocer al Dios que nadie ha visto jamás.

    Jesús es el Dios unigénito que está en el Seno del Padre y es el que por eso nos lo puede dar a conocer.

    Jesús es el que acaba con el Dios amo, y revela al Dios del Amor, a Aquel que ama a todos sin exclusiones. Y del que el Papa Francisco sigue dando testimonio.

    ¿Como no hacer fiesta cuando nace celebramos su nacimiento?¿Como no cantar? ¿Como no celebrar? ¿Como no tomar prestados preciosos elementos de fiestas del ayer y de otras culturas para hacerlas nuestras dotándolas de un nuevo significado? ¿No se hizo carne el Verbo de Dios? ¿No se hizo universo para hacerlo Dios? Pues todo lo que en el habita no nos estorba. Al contrario. Todo nos permite expresar la inmensa alegría que nos causa recibirlo y tenerlo entre nosotros. Porque todo el universo de ayer, de hoy y de mañana glorificado por Él se transfigurará al ser glorificado. 

    Así que Feliz Navidad a todos, en términos y coordenadas universales, y los católicos que no sean capaces de tener un corazón eterno como el de Dios, siempre pueden irse al Palmar de Troya. Ese paraíso puritano e integrista, con mucho de payasada y con no poca hipocresía religiosa a las espaldas. Pues dice el chiste que el Padre de la Gloria les construirá un corralito en el cielo para ellos en exclusiva, de modo que puedan seguir pensando que se salvan ellos solos. La misericordia de Dios que es infinita todo lo comprende y lo abarca. Podéis sonreír hermanos,  que hoy es Navidad, y no es día de llantos y penurias. Y hasta la fina ironía que quiere abrir las mentes y los corazones al amor divino y por ello universal: ¡Está permitida!. Un fuerte abrazo “pascuero” a todos. 

 

ADVIENTO 4

    Tener a Dios por Padre, ser su Hijo, produce en el alma de quien lo vive, una transformación interior singular. Brotan muchos frutos de esa experiencia y hoy quiero citaros cuatro partiendo de las Sagradas Escrituras propuestas para este día.

    El primero de los frutos, brota del segundo libro de Samuel. Tener a Dios por Padre y ser su Hijo muy amado abre tu vida al futuro como queda claro en el caso de David. Su linaje real se convierte en eterno y Cristo Jesús realizará dicha promesa. Cuando tienes a Dios por Padre, no existe nada que no sea la eternidad para ti. Nunca careces de horizonte. Nunca se acaba tu camino hasta alcanzar la meta de lo definitivo. No caminas hacia la nada jamás. El nihilismo no cabe en esa experiencia.

    El segundo de los frutos, nos lo muestra el salmo. La misericordia de Dios es una experiencia estable, eterna, para ti. Y esa convivencia con tal magnitud de amor lo cambia todo y abre tu vida a una alabanza continua. Pues no cabe en ella el miedo, ni la culpa sin remisión y menos aún la vergüenza venenosa.

    El tercero de los frutos nos lo muestra Pablo. Tu corazón se abre a todos los seres humanos sin matices ni excepciones. Todos caben en el corazón del Padre, y tú Hijo suyo, los miras a todos como a tus hermanos. Por eso no entiendo a los que desde la Iglesia católica braman contra el Papa Francisco, porque nos ha autorizado a bendecir a todas las personas. Pues todos tenemos la oportunidad de disfrutar del regalo de su amor aún cuando no siempre estemos a la altura de las circunstancias. Aún cuando la moralidad no siempre nos acompañe. Dios que no ama el pecado, pero siempre ama a los pecadores y nunca deja de buscar su salvación. Las ovejas perdidas no le son indiferentes. Quienes rechazan a Francisco y su iniciativa simplemente desconocen el verdadero rostro del Padre Dios y se comportan con los pródigos como hermanos mayores que se niegan a recibir al equivocado en casa, permitiéndole nacer de nuevo. Volver a la vida.

    El cuarto de esos frutos nos lo ofrece el Evangelio. Tener a Dios por Padre como su Hijo amado, inunda tu alma de Alegría y de Paz, te llena de Gracia, te convierte en un regalo para el mundo, te hace ver que lo imposible es posible para Dios, te convoca a una vida nueva y renovadora de los demás, te santifica y te glorifica porque su Santo Espíritu te habita, y El a Jesús Resucitado carne en ti. Es decir te hace vivir el misterio de la vida como una sorpresa continua. Y esa es la mejor medicina contra el tedioso aburrimiento. Vivir en plenitud, eso le ocurre a María. Sólo basta con escuchar su palabra y desear que ella se cumpla en tu vida.

    No os perdáis nunca esta experiencia. Si lo hacéis estaréis desperdiciando vuestra vida que podría ser mucho más abundante. Y no es lo mismo vivir que vivir en plenitud. Hay una diferencia de grado. Así que no te obceques y ábrete a esa nueva andadura. Merece mucho la pena.  No te prives de ello.

 

ADVIENTO 3

    Juan es un prototipo de la humanidad de todos los tiempos. Es alguien que vive apasionadamente su destino, pero que tiene muchas preguntas y dudas sin resolver, y aún así confía en que lo que hace no es algo absurdo. Y que no le importa discutir si es necesario con tal de seguir siendo él mismo. Juan es una voz que clama en medio del desierto, como la humanidad es una voz que clama en medio de este universo enorme en el que aún, ningún otro ser vivo como la misma humanidad, acaba de dar la cara. Juan es pura esperanza del que ha de venir a dar sentido al todo. Y la humanidad es la que, incluso cuando lo niega, aguarda eso mismo. La humanidad como San Juan, sin esperanza es imposible. Es una pasión pura en medio del no saber. 

    Por eso el mayor anhelo de la humanidad es recibir un Espíritu nuevo que cambie toda su vida para siempre. Su forma de pensar, de sentir y de actuar. El Espíritu es un principio creador constante, que hace que del caos nazca el cosmos y que de la nada surja todo. María lo experimentó y eso la llevó a cantar el Magnificat, esa canción que nace de una plenitud nueva, totalmente inesperada y sorprendente. El Espíritu, el alma y el cuerpo del hombre necesitan de un nuevo aliento. La humanidad anhela cantar con María el himno que el profeta desarrolla en su oráculo.

    Y la razón es clara: Cuando el Espíritu nos unge nos convertimos en buena noticia para los pobres, se curan los corazones desgarrados, se amnistía a los cautivos, se liberan a los prisioneros, la Gracia de Dios nos llena, desbordamos de gozo por el Señor, nos alegramos con mi Dios, sin que nuestra alegría dependa de como nos va la vida por este mundo, nos vestimos de salvación, la justicia se torna nuestro manto, y nos vestimos de fiesta como los novios en sus desposorios. El Espíritu nos hace dar frutos, nos llena de brotes como un jardín, vuelve nuestra vida un himno de alabanza. Un Magnificat sin fin. El Espíritu nos convierte en una constante oración, un diálogo sin fin con nuestro amado Dios. El Espíritu nos transforma en una Eucaristía perpetua. El Espíritu nos lleva a examinarlo todo y a quedarnos con lo bueno. El Espíritu nos mueve a guardarnos de toda clase de mal. El Espíritu nos vuelve irreprochables y nos santifica con su paz. 

    Cierto que no conocemos todo como Juan, pero no es menos cierto que entre nosotros hay uno que aunque pueda sernos desconocido nos puede iluminar con su Luz si creemos por medio de Él. Así que nunca cesemos de orar diciendo: Ven Espíritu Santo, todos y cada uno de los días de nuestra vida. 

 

ADVIENTO 2

    Si buscas consuelo, y verte liberado de todas tus miserias, el profeta te orienta claramente, vuélvete al pastor que cuida de sus ovejas con extremo amor y diligencia. El Señor Jesús, el Evangelio vivo que viene siempre, consuela y libera. En cambio la religión, en cuanto manipulación humana de lo divino, crea ansiedad en el alma humana con sentimientos destructivos como el miedo, la culpa y la vergüenza. La religión no libera, esclaviza. 

    Si buscas esperanza vuélvete al Señor Jesús que busca y quiere la salvación de todos. Jesús nos llena de paz con su misericordia inquebrantable, nos hace intachables, santos e irreprochables. La falsa religión nos vuelve peores personas, es impaciente con todos, simula la misericordia pero no la conoce, y lejos de llenarnos de esperanza, nos desespera porque parece que prefiere la condenación de la gente más que su salvación. Hablan más del infierno que del Reino de Dios. 

    Si buscas llenarte del fuego del Espíritu acércate al que lo da, que no es el AT, sino el Evangelio que es Jesús el Señor. Juan lo sabe bien. La religión no nos llena del Espíritu, nos llena de normativas y ritualismos. La autenticidad viste a Juan porque su vida está orientada a preparar los caminos al Señor. En cambio la religión lo que fomenta es la hipocresía. Las manipulaciones de lo divino que el universo religioso, desvinculado del Evangelio, no allana nada, no abaja nada, no sube nada, no prepara los caminos al Señor, nos aparte de Él. Juan es un crítico mordaz contra la religiosidad de su tiempo y por eso es tiempo de que superemos los enfoques que no nacen del Evangelio, sino de otras instancias, el profeta Isaias, lo ansiaba y Pedro lo está viviendo, la superación de un universo religioso extinto que no nos llena del Espíritu de Dios. No lo olvides, si buscas vivir en plenitud, el Evangelio es el mejor camino.

 

ADVIENTO I

    Hoy grita el alma humana a través de las Escrituras, con una fuerza inusitada, y su voz se transforma en un canto de oración intensa.

    Señor (dice el profeta), rasga el cielo y baja, y cambia todo lo que necesita cambiarse, en nosotros y en el mundo, cámbianos a todos con tu luz. Porque hay muchas cosas en nuestra vida y en el mundo que si siguen como van, nos van a abocar al abismo de la autodestrucción. Abrimos con gusto la puerta de nuestra vida, para que no llames más y entres porque sin Ti, estamos perdidos. 

    Señor ven (dice el salmo), restáuranos que brille tu rostro y nos salve. Porque muchas cosas en el mundo y en nosotros se han malogrado y estropeado. Necesitamos que nuestro alfarero nos haga de nuevo y nos recomponga, pues de lo contrario ni nuestra verdad, ni nuestra bondad, como tampoco, nuestra belleza, resultarán evidentes. 

    Señor derrama tus gracias en nosotros (dice el apóstol), porque esperarte no consiste en tener los brazos cruzados. Estamos llamados a colaborar contigo con nuestros talentos, pero nuestros pecados, no siempre nos lo permiten. Que tú nos perdones, significa que tú nos liberes para poder amar como Tú nos amas, impidiendo que la discordia acabe con la concordia.

    Señor encuéntranos velando (dice el Evangelio), porque si dormimos el mal que siempre anda despierto vence y lo echa todo a perder. Necesitamos VELAR para que en estos tiempos que vivimos, no se impongan las voluntades equivocadas que malogren la paz y el bien común de todos. 

    Si hoy grita nuestra alma, convertida en oración a través de la Palabra es porque la ocasión que vivimos nos provoca en lo más hondo un profundo descontento. El que tenga oídos para oír, que oiga.

 

 

 

 

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