Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

HOMILIA Ciclo A

CADA DOMINGO LA PALABRA DE DIOS ES CREADORA, NOS RENUEVA, SI LA ESCUCHAMOS CON FE Y SABIDURÍA, PORQUE NOS EL ESPÍRITU DE DIOS NOS VISITA Y NOS LLENA DE GRACIA. APRENDAMOS A ESCUCHARLA COMO MARIA.

 

 

LA ASCENSIÓN

    Siempre nos han dicho que los creyentes somos una sombra. Una sombra de otro. Y que por tanto nuestra vida no es una existencia verdadera, sino una suerte de alienación, esto es, un “postureo”, un decorado, pero sin consistencia propia ni autenticidad alguna, un desperdicio de vida, que no ha llegado a madurar, persistiendo en un infantilismo perpetuo. De modo que según quienes así piensan el único que viviría sería Jesús y no yo, o tú, o cada uno de nosotros. Algunas palabras de Pablo se han interpretado de esa manera. 

    Por eso es importante comprender bien a Pablo, y no sólo un texto suyo, separado del resto de todos sus escritos. Lucas pone el dedo en la llaga. No hay presencia física de nadie entre nosotros, de modo que es imposible ser sombra. Sólo hay un Espíritu que puede o no recibirse, al que se puede escuchar o no. Hay una presencia que no condiciona, ni impone nada. Sólo propone. Sólo trata de seducir. Pero que reclama y requiere un tú verdadero ante Él que le responda, sin dejar de ser el mismo. Pues lo que pretende este Espíritu es dialogar. Y para hacerlo no se puede tratar con una máscara sino con alguien auténtico, único, irrepetible. Nadie puede desposarse con una sombra. Sólo es posible hacerlo con una persona plena de idiosincrasia singular totalmente distinguible de los demás.

    Tratar con Dios no es ser una sombra suya, sino disfrutar de un diálogo enamorado con Él. Lo cual exige el mayor grado de madurez del mundo. Donde del egocentrismo es destruido y superado por completo. Por eso hay experiencias religiosas auténticas, otras falsas, y otras muy necesitadas de crecer y madurar. 

    Qué bien lo hace Dios Padre con llevarse a Jesús corporalmente presente de entre nosotros. Para que podamos crecer. Cortar el cordón umbilical. Dejar atrás la infancia, y tras la juventud, caminar hacia la madurez, donde nadie se difumina, sino donde todos se entregan compartiendo entre ellos, su inmensa riqueza. La infancia es fusión. La juventud convulsión. Y la madurez es comunión. Jesús nos dice muchas veces que necesitamos que se vaya para crecer. En el Evangelio de Juan se ve. Por eso Lucas pone en boca de los ángeles una llamada preciosa a crecer y madurar. Dejad de ser sombras y poned en juego vuestra riqueza personal al servicio del propósito del amor desbordante. 

    Así que no somos ni unos inmaduros, ni unos equivocados, ni unos neuróticos, ni unos alienados por afrontar esta crisis pandémica, escuchando la voz del Espíritu de Jesús entre nosotros. Porque como Pablo nos enseña éste Espíritu, si queremos, nos inunda de sabiduría y revelación para conocer, ilumina los ojos de nuestro corazón en este tiempo convulso, nos hace comprender la verdad y el fundamento de la esperanza y de su necesidad en esta hora oscura, y nos regala su fuerza poderosa porque la necesitamos más que nunca. Como ocurre en los matrimonios entre dos personas, el flujo de valores entre ambos es constante, y uno fecunda al otro, en el colmo del altruismo. Si quieres comprender como relacionarte con Dios, que hoy y mañana será ya Espíritu ardoroso, piensa en un matrimonio enamorado, y entenderás como hacerlo. Y un matrimonio como ese reclama madurez y no infantilismo. El Espíritu es fuego y viento, y ni el uno ni el otro, tienen sombra ni la causan. Porque el viento te acaricia, y el fuego de entre las sombras saca tu rostro precioso para hacerlo visible. 

    Por eso en esta relación sé tu mismo. Y entrega la riqueza de tu yo más íntimo voluntariamente al Espíritu Sagrado que te ama para que fluya la vida. Recuerda el cantar de los cantares o el cántico espiritual de Juan de la Cruz, y entenderás lo que te digo.

    Así que no vaciles. No eres una mentira ni un desperdicio de vida. Simplemente eres una persona que ha optado por no darle con la puerta en las narices a un Dios que un día se hizo hombre total y verdadero para darse a conocer de una vez por todas, harto de que las religiones y las filosofías deformarán su verdadero rostro. Y una vez que su presencia física finalizó como la de cualquier humano, su aliento enamorado perdura. Porque está vivo por los siglos. Los que se niegan a aceptar tratar con Él, están en su derecho, pero como ya os dije, ese aliento como el aíre los envuelve hasta que decidan o alcancen a comprender como podrá ser tratar con este misterio alentador. Pues este amor en expansión es para todos como Jesús nos dice. Sin exclusiones. Hasta para los ateos que creen que estamos equivocados. También para ellos hay sitio. No vaciles amigo  es esta hora amarga y oscura, porque el Espíritu de Jesús, te enseña, te guarda, y está contigo y con todos, todos los días hasta el fin del mundo. Así que cuando te quiebres, amigo, recuerda esto. Ánimo Pues tesoros. 

 

VI PASCUA

    ¿Quienes son los que contagian la Pascua a los demás? ¿Quienes son una Pascua viva? Las Escrituras hoy los retratan. 

    Son esa gente dinámica que con sus acciones y sus palabras llenan el mundo de alegría, y como el sol hace con la noche, con su forma de ser, expulsan la tristeza de su presencia, llenando el corazón de los demás de júbilo, aunque sólo sea por unos instantes.

    Son esa gente que razona a favor de la esperanza. Esas personas que no flaquean nunca a favor del pesimismo. Son luminarias en medio de la oscuridad. Son los que buscan razones aún en medio del sufrimiento, para no perder nunca la esperanza, en medio de tales situaciones. Son los que fuertes en la tribulación no cejan en el empeño de luchar contra toda suerte de desesperación, con una paciencia inflexible. 

    Son esa gente que ama sin cesar. Llevados de la convicción de que si amas puedes hacer lo que quieras porque todo lo haces bien. Estas personas pueden ser desacreditadas, ridiculizadas por los demás y hasta perseguidas. En cambio, incansables, no cejan en el empeño del amor. Y por eso pasan por el mundo siempre haciendo el bien. He ahí su grandeza humana. 

    

    Son esa gente que nunca deja huérfanos a los demás. Son esa gente que siempre vuelve. Son esa gente que siempre está contigo. Son esa gente que sólo somete su libertad al imperio del amor como te dije antes. Pues si la libertad ha de estar supeditada al imperio de la verdad, es preciso tener muy claro que la Verdad, con mayúsculas, es el Amor. Y todo lo que no nazca de él, viva en él y tienda hacia él, es pura mentira. Los amigos del amor son los amigos de esta gente que como levadura esponja el mundo.

    Son esa gente que llena de un Espíritu Nuevo, no parece gente de este mundo. Son un mundo nuevo que pugna por nacer, en medio de tanto egoísmo y tanto odio. Son gente cuya única meta es lograr la glorificación de todo y de todos. Porque esta gente jamás permitirá que todo se convierta en un infierno, mientras que en sus pechos haya un mínimo aliento.

    Si os dais cuenta Jesús es la Pascua Sagrada habitando entre nosotros. Lo fue ayer, lo es hoy, y lo será siempre. Pero tú y yo, si nos dejamos imbuir de su Espíritu, también podemos serlo para los demás.

    Pascua, como canta el Salmo de hoy, es pasar de la esclavitud a la libertad, de la condenación a la salvación, de la muerte a la vida, del sufrimiento a la dicha, de lo malo a lo bueno, de lo falso a lo verdadero, de lo feo a lo bello. Y hoy como siempre nuestro mundo enfermo hasta sus raíces más íntimas y ordinarias necesita pasar de la pandemia y sus macabros efectos en todos los órdenes, a la salud y sus alegrías. Y lo necesita tanto como en los años cuarenta del siglo pasado, necesitaba pasar de la guerra a la paz mundial. Y gente que es pura Pascua de carne y hueso, es lo que más necesitamos hoy en esta hora amarga.

    Así que no perdemos de vista esta llamada de atención que las Escrituras nos dirigen. Los que no están lejos del Reino de Dios viven así, y lo sepan o no lo sepan, tienen a Cristo Jesús a su lado. Ánimo y fortaleza hermanos: Si Cristo ha vencido al mundo, al resucitar de entre los muertos, también nosotros venceremos juntamente con Él. Seamos una Pascua Viva en el mundo hoy. No perdamos la senda que lleva a la luz. Ánimo pues hermanos. 

 

V PASCUA

    Amigos míos, la Palabra de Dios en esta hora tenebrosa en la que estamos inmersos, nos orienta para que no nos perdamos en medio de esta noche oscura.

    Por eso nos ofrece varias enseñanzas que debemos escuchar con atención. No hacerlo es suicida.

    En los Hechos se nos dice que la oración y la Palabra son fundamentales en momentos como éste. Siempre lo son, pero ahora más. Pues muchas veces vivimos inmersos en el quehacer diario. Eso nos distrae. Eso nos ocupa. Y a veces llevados de nuestra hiperactividad no dedicamos tiempo a lo que nos llena de esperanza y a lo que otorga sentido a nuestra vidas. Y no basta vivir, es mucho más importante saber porqué se vive. He ahí la diferencia entre vivir solamente o vivir en plenitud. Esto último es otra cosa. Y eso requiere de cuidado. Sin espiritualidad el ser humano vive la vida de una planta. Y aunque eso es hermoso, para un ser vivo con la capacidad mental del ser humano eso no basta. No os conforméis con poco pudiendo aspirar a mucho. Esta época ha puesto de manifiesto que necesitamos saber por qué y para qué vivimos. Y eso no se encuentra en el estante de un comercio. 

    Pedro sale al paso de otra cosa que en este tiempo nos ha acompañado cada día: la soledad forzosa. La soledad es una sensación constante. Nacemos y morimos solos. Pero podemos reaccionar frente a ella. He ahí la clave para vencer su imperio. Es importante empeñarse en que yo soy parte de algo. La lucha contra el vacío solitario se demuestra empeñándose en vencerlo. Es preciso trabajar para destronar a la soledad. Y eso se logra sabiendo que uno forma parte de un pueblo, no uno cualquiera, sino del Pueblo Santo de Dios. Uno es en él, una piedra fundamental que lo construye y desarrolla. El Espíritu Santo es quien despierta en el corazón humano dicha conciencia. Y cuando preferimos escuchar su voz, frente a otras voces funestas, nos sabemos miembros de una gran comunidad, con nuestro lugar, que nadie puede ocupar, pues ese sitio tiene para ti y para mí, nombre y apellidos. Nunca estaremos solos si escuchamos su voz y la creemos.

    El Evangelio nos ofrece tres lecciones más. La primera es que no debemos ceder nunca al miedo y sus temblores. Sentir miedo, no es ser cobarde. Cobarde es el que se deja dominar por él. Contra el miedo se lucha. Y esto se hace cuando se tiene una fe más allá de todo miedo. “Que no se turbe vuestro corazón, creed en el Padre, creed en mí”. Cuando creemos en Jesús, nunca tendremos la sensación aneja a la que brota de pensar que caminamos hacia la nada. Con Jesús siempre caminaremos hacia la Vida en Plenitud. Esa es nuestra verdad, y ahí los miedos no deben anidar nunca. Aunque alguna vez se paren en una de nuestras cornisas.

    La segunda es que aunque creamos conocer el Evangelio, nunca lo conocemos lo suficiente. De ahí que insistir en su conocimiento, nos descubre siempre nuevas facetas del gran misterio que vivimos. Cuantas cosas hemos aprendido en este tiempo porque escuchamos su voz maravillosa. Sin esa voz, este tiempo hubiese sido terriblemente oscuro. Por eso es importante tener siempre un oído puesto en el Evangelio. Porque una sorpresa nos aguarda siempre, en cada rincón, y en cada momento de la vida. Y esas sorpresas, a veces, son definitivas a la hora de superar múltiples baches y quebrantos.

    La tercera es preciosa. Qué lejano nos parece Dios en muchas ocasiones. Y qué equivocados estamos por nuestra ignorancia. ¿Tú sabes que estás inmerso en el mismo corazón del Padre Dios cada uno de los días de tu vida estés triste o alegre, estés sano o enfermo, estés sufriendo o seas feliz, vivas o estés en trance de morir?. ¿Y por qué? Muy sencillo porque estás unido a Jesús el Cristo. ¿Como es eso posible dirás? Porque el Espíritu Santo lo hace posible. Tú y Jesús Vivo y Resucitado sois uno. Si crees en Él, si esperas en Él, si lo amas, eres uno con Él. Y eso es así porque el Espíritu que es como el aire, está en todos a la misma vez y en múltiples lugares. Si respiras el aire está dentro de ti, dándote vida, si no lo haces, aunque no lo respires, te envuelve a la espera de que decidas respirarlo. Nunca te abandona. La analogía nos permite comprender este misterio desbordante. Así que nunca estás lejos de Dios, sólo si tú quieres lograrás que no entre en ti, más aún así, está siempre a tu lado. Porque no goza con ver como vives tu vida asfixiándote pudiendo respirar. Esa es su grandeza y su generosidad. La Trinidad es para nosotros la historia de como el ser humano se ha metido por puro regalo de Dios en el seno mismo de su vida divina. Ni la noche más oscura puede nunca separarte de su lado, como la cruz no pudo alejar al Padre de su Hijo, templo del Espíritu Santo. Y tú formas parte de ese templo, no olvides nunca la enseñanza de Pedro.

    ¿Merece o no la pena tener un oído puesto en Dios en medio de esta noche oscura? Lo que sientas aquí poco importa, porque si sabes lo que Dios te dice y enseña en medio de esta hora tenebrosa, siempre podrás hacer frente a los mil retos que esta situación te plantea. 

    Ánimo pues hermanos que ya falta menos que cuando empezamos, que no se quiebre vuestro temple ni se debilite nunca vuestra fortaleza. Os quiero siempre amigos. Bien sabe Dios lo mucho que os quiero a todos en Cristo Jesús.  Y en esta hora tenebrosa mucho más. Ánimo pues. 

 

IV PASCUA

    Las expresiones contenidas en las Escrituras que se nos proponen hoy, guían nuestros pasos para escuchar la voz de Jesús resucitado en esta Jornada, el domingo del Buen Pastor. 

    En los Hechos oímos: “escapad de esta generación perversa”. En el Salmo escuchamos: “aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo”. En la carta de Pedro se nos indica: “Cristo…nos ha dejado un ejemplo para que sigáis sus huellas”. Y por último en el Evangelio resuena alto y claro: “los ladrones y los bandidos  entran para robar y matar y hacer estrago,.., pero yo he venido para que tengáis vida y vida en abundancia”. 

    No es fácil vivir en plenitud. Y la razón es sencilla, hay formas de pensar, de sentir y de actuar que lo impiden. Si llamamos “paradigma” a ese conjunto de ideas, sentimientos y conductas, podemos afirmar que hay paradigmas perversos. Porque nos hacen caminar por cañadas oscuras. Esos paradigmas se comportan en nuestro interior como ladrones y bandidos, y cuando se adueñan de nosotros nos roban, nos matan y hacen estragos con nuestra felicidad. 

    Da igual de qué se vistan. Da igual de qué se disfracen, cuando te impiden ser feliz, o sea, vivir en plenitud, ese conjunto de ideas, sentimientos y conductas deben ser evitados y rechazados, para seguir el ejemplo de Jesús. Porque Jesús no destruye, sino construye. No roba, da. No mata, resucita. No es perverso, sino amor hasta el extremo. No hace estragos, te hace vivir en plenitud. 

    Por eso cuando alguien te diga: “Dios hace o dice o quiere esto”, párate y pregúntate: ¿eso que esta persona me dice me hace pensar, sentir y actuar de una forma que mi vida sea una vida abundante, o sea, una existencia plena? Y si en tu conciencia oyes un ¡No!, no lo disfraces. Simplemente no hagas caso del que te destruye. En cambio si en tu conciencia oyes un ¡Sí! No lo niegues, escúchalo y actúa en consecuencia.

    Así que ahora vuelve tu mirada al momento vital que nos aflige. Oímos muchas voces. De todo tipo. Considera todos esos paradigmas, todos esos conjuntos de ideas, de sentimientos y de actitudes, y escucha la voz de tu conciencia, cuando los oyes. ¿Oyes plenitud o destrucción?. Hay ideas destructivas, sentimientos tóxicos y actitudes equivocadas. En ellas no está el Santo Espíritu de Jesús. Escapa de esos paradigmas perversos.     

    El ejemplo de Jesús no te lleva tras ellos. Así que si en medio de esta cañada oscura, llamada pandemia, no quieres ser presa de infinidad de temores, vive acompañado de lo que te hace vivir tranquilo, come en la mesa con paz enfrente de tus enemigos, agárrate con tu mente, tu corazón y tu conducta de aquel cuya vara y cuyo cayado te sosiegan. No te dejes guiar por cualquiera. Pues no todos llevan por el sendero justo. Buen pastor de tu mente y de tu corazón, será aquel que te haga recostar en verdes praderas, que te conduzca a fuentes tranquilas y que repare tus fuerzas.

    Os mentiría si no os dijera a todos que a quien yo oigo y a quien yo sigo, tiene nombre y rostro, y se llama Jesús el Cristo. Él es mi Señor y mi Dios. Él es mi buen pastor. Él me enseña a vivir en plenitud. Y en medio de esta pandemia su bondad y su misericordia me acompañan en los días de mi vida, por eso quiero habitar en la casa de su corazón por años sin término. 

    Así que cuidado a quien designáis como pastor de vuestra vida, aunque no tenga nombre porque simplemente pueda ser: o tu egoísmo o tu odio personal. No todos los pastores lo son, algunos simplemente son bandidos y ladrones que te impiden a ti y a los demás a vivir en plenitud. Evita todo aquello que no permite vivir en plenitud a todos. La vida en plenitud es un bien común. He ahí la clave de todo. Ahora y siempre. 

    Ánimo pues amigos. El Buen Pastor ha vencido al mundo para que nosotros también podamos vencer con Él ¡Aleluya!.

 

III PASCUA

    Qué cuesta arriba se nos hace caminar por el mundo, en circunstancias traumáticas como ésta. Con sensación de estar abandonados, solos, vacíos, sin ganas de nada, decepcionados, sintiéndonos engañados, errantes. Incluso enfadados hasta el extremo de encararnos con el que se atreva a preguntarnos qué nos pasa. La desesperación es lo que tiene. Y ella va unida de la mano de la impaciencia. Pues ésta no es otra cosa que “no saber esperar”. 

    Así marchaban hacia Emaús aquellos dos cuando Jesús se les unió en el camino. El corazón ciego, a oscuras, sin fuego, frío. Muertos en vida. Zoombies. ¿A quien le gusta una vida así? Sin ilusión, sólo vivimos por vivir. 

    Es posible que en medio de esta traumática situación que vivimos, en la que se conjugan sentimientos destructivos a borbotones, hijos del miedo, de la decepción y hasta del enfado y de la rabia (porque ir contando los muertos de mil en mil y llevar mucho tiempo haciéndolo conlleva ese desgaste), nos incapacite para ver la salida de este oscuro túnel. Y aunque encontremos testigos de la esperanza, nuestros oídos se endurecen para escucharlos.  

    Pero Pedro, en su carta, nos enseña que esta forma de  proceder es inútil y que debemos combatirla, ejercitando contra ella nuestra fe y nuestra esperanza en Dios. No hacerlo supondría vivir de espaldas a Jesucristo que ha derramado su sangre para salvarnos. No luchar significaría tirar su preciosa sangre derramada a la basura. La historia, podrá ser difícil, trágica, dramática, dolorosa, y todo lo que se desee añadir, pero terminará bien. Dios está. Este enfoque esperanzado que nos fortalece es el propio de los cristianos. Como diría Pascal hay que jugarse la vida a favor de la carta de la esperanza, porque sólo con ella tenemos posibilidad de ganar algo, pues con la carta de la desesperación, nada ganaremos. Y ese juego sería inútil y absurdo.

    En los Hechos y en el salmo 15, se explica el porqué.  La injusticia se ha impuesto a la vida del Buen Jesús, ha muerto en una cruz, pero al tercer día ha resucitado y hoy es para nosotros fuente del Espíritu que nos resucita a nosotros. Y las palabras de David en el Salmo 15 se han cumplido en él. Y estás palabras son un reclamo hoy para nosotros católicos en estas horas amargas: “Tendré siempre presente al Señor, y con Él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte eterna, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida eterna, y sé que me saciarás de gozo en tu presencia”

    ¿Veis? por muy dura que se haga la ruta , si caminamos la senda con Jesús vivo y resucitado, si nos alimentamos con el pan de su palabra que parte para nosotros al caer la tarde, nuestro corazón iluminado arderá. Y el desaliento mortecino cesará y como fruto de la esperanza, la alegría y sus alientos renacerán. Nuestro destino es el Renacimiento. Tras la oscuridad renacerá la luz. Ese es el significado de la Pascua cristiana. Ese es el fruto del Espíritu de Cristo Jesús resucitado. Así que amigos y hermanos venzamos al llanto con la fuerza de nuestra esperanza y de nuestra fe inquebrantable. ¡Ánimo pues Pueblo Santo de Dios! Una tierra prometida nos espera. La Pascua dominical nos lo anticipa. 

 

II PASCUA

    Escuchar hoy la voz de Dios en la Escrituras me lleva a descubrir varios mensajes contenidos en ellas y que son un verdadero lujo para todos nosotros.

    En los Hechos de los Apóstoles se nos sugiere que en los tiempos que vivimos es fundamental no romper los lazos comunitarios. El confinamiento que se alargará en el tiempo puede aislarnos. Hoy disponemos de múltiples medios para que eso no pase. Podemos estar unidos en el amor, con mensajes constantes. Podemos escuchar las Escrituras, meditarlas y transmitirlas, a muchas personas que quizás precisen satisfacer su sed de aguas vivas oyéndolas. Los medios a nuestro alcance lo permiten. De hecho hemos renovado planteamientos catequéticos que en el futuro podrán cambiar nuestro modo de llevar nuestras reuniones. Algo insospechado hasta ahora. Podemos partir el pan con alegría, con el Papa o el Obispo diocesano a diario (menudo lujo) y escuchar la voz de nuestro cura a diario, cosa que quizás antes no hacíamos nunca. No era tan necesario como ahora, pero eso también nos acompaña. Oramos incluso en común, cada cual en su cubículo, pero a una hora y con una misma intención. Quizás no habíamos orado tanto juntos desde hacía mucho tiempo. Y podemos compartir, de hecho lo hacemos, apoyando a gente que lo necesita. Cáritas sigue funcionando de una manera distinta pero igual de efectiva según sus fuerzas, y eso es admirable. La comunión espiritual y la contricción como modo de perdón de los pecados, que eran enseñanzas arrinconadas en el catecismo, en este momento presente han despertado y se han puesto a funcionar, y las experimentamos y nos mantienen en la fe. Si estaban ahí era por ocasiones como esta que hasta ahora gracias a Dios no han sido frecuentes, aunque si se han dado. Pensad en los años de la guerra, y lo entenderéis. Las iglesias no solo fueron cerradas sino en muchos casos destruidas. Los japoneses durante siglos vivieron su fe sin clero: esto es sin Misa, sin confesar, sin unción de enfermos, sin orden sacerdotal, sin Confirmación y los misioneros en el siglo XIX los encontraron allí, incólumes, se habían mantenido con el bautismo y el matrimonio, y poco más. Este tiempo nos hace comprender que la comunidad cristiana es mucho más que el clero. Es una época de privaciones sí, pero también de liberaciones. Liberación del clericalismo. Sin clérigos omnipresentes la Iglesia sigue viva, y el laicado, puede hacer maravillas. Después de todo, ese era el principal objetivo de este curso pastoral, hasta que el caos como me gusta decir, ha puesto patas arriba todo este universo de trabajo diocesano en el que estábamos inmersos. La intercomunicación es básica en momentos así, y la capacidad de reacción también, y en eso estamos reaccionando bastante bien. La comunidad no ha muerto, solo está dispersa en sus hogares, pero unida en Cristo Jesús, quizás más que nunca.

    Pablo y el Salmo, nos vuelven a destacar la importancia de la esperanza, más allá de lo que vemos y tocamos. A Jesucristo lo amamos, aunque no lo hemos visto. Nuestra fe se está acrisolando como el oro en medio del fuego. Y el fuego es la pandemia cruel y sus efectos. La incertidumbre constante que genera en nosotros. Y las emociones que eso conlleva. Que muchas veces son tenebrosas, no hay por qué ocultarlo. Es lo que tiene ser acosado por una realidad desconocida que pone en jaque la normalidad total de nuestra existencia. ¿Como pretender pasar por esto y no padecer?. Es imposible. Pero ahogarse en el sufrimiento ¿es la respuesta? Para un cristiano no. Pues la cruz y el sepulcro no tienen la última palabra en la vida. Sino la Resurrección de Cristo. De ahí que la esperanza sea nuestro camino, no una esperanza cualquiera, sino una esperanza contra toda esperanza, y su fundamento es claro: el amor a Jesucristo a quien no vemos ni tocamos. Y en una crisis como esta, la fe muchas veces se queda desnuda en medio de la desolación. Conocer a Juan de la Cruz y a Ignacio de Loyola pueden ayudarnos mucho en esto.

    Por último el Evangelio nos muestra el camino para encontrar la paz. Creer en Jesús sin ver. Si no renunciamos a ver el final del túnel en esta situación no sabremos lo que es ser dichosos. Si queremos tocar el fin de esta crisis a cada paso, nos privaremos de hallar la paz del corazón. Renunciar a tocar el fin de esta pandemia constantemente, supone luchar contra la incredulidad que nos roba la paz. Jesús nos enseña que hay futuro, aunque no lo vemos. Jesús nos dice que ha vencido y que también venceremos, nos lo dice con palabras hermosas: “En el mundo tendréis sufrimientos terribles  pero ¡Ánimo Yo he vencido al mundo!”. Pero no lo vemos ni lo tocamos. Como cuando en el vientre materno no veíamos el mundo que nos aguardaba, pero el mundo estaba ahí: esperándonos. Eso es la fe. Ser Tomás en estas circunstancias ayuda muy poco a encontrar la paz. Y esto es válido para un ateo. Porque después de todo, Tomás, se negaba a ser creyente. 

    Paciencia y paz van unidas. No existe la una sin la otra. Por eso la dureza del momento que vivimos que nos impacienta constantemente, de ahí, nuestra constante inquietud. Si no somos capaces de pretender constantemente ver el final de esta reclusión. ¿Si dura nueve meses un embarazo, y en él estuvimos confinados, porque no vamos a ser capaces de superar esto?. Así que invoquemos al Espíritu constantemente en este tiempo, Jesús “lo soplará sobre nosotros”, si se lo permitimos y nos fortalecerá. Y gracias a eso, seremos capaces de superar este duro tiempo de gestación. Vamos a nacer de nuevo, después de esto, no lo olvidéis, bien aquí o bien más allá. Y gestarse requiere su tiempo. Así que puedes vivir en un lamento constante o empeñarte en alumbrar tu nuevo ser. De ti depende. ¿Mi consejo? Escúchalo a Él constantemente y Él te llenará de su Espíritu, lo demás se te dará por añadidura. Al menos así me pasa a mí, ojalá y que también pueda ocurrir también contigo.

 

DOMINGO DE PASCUA

    Hermanos, esta pandemia pavorosa que nos está crucificando no tendrá la última palabra en la vida. Esta pandemia macabra que nos ha sumergido en un silencio ensordecedor no es el final del camino. El Viernes Santo y el Sábado Santo han pasado. Ahora es Domingo de Pascua.

    Por eso: Hoy resuena alta y clara en nuestras mentes la palabra de aquel que estuvo muerto y ahora vive por los siglos. Y Él nos dice a todos, ya por fin libre de cruces y sepulcros: “¡YO HE VENCIDO, Y VOSOTROS TAMBIÉN VENCERÉIS, NO TEMÁIS! ¡ALELUYA!”. 

    Es la Pascua Sagrada hermanos. Y Pascua significa “pasar de la esclavitud a la libertad”. Por eso en estos tiempos en los que un virus nos tiene esclavizados y nos oprime es importante oír la voz del Resucitado que resuena con inmenso amor esta noche y este día sin par en todo el año litúrgico, pues ni siquiera la noche santa de la Navidad se le iguala. 

    ¿Y qué nos enseñan las Escrituras hoy? Que la vida vence a la nada porque el universo brota del caos. Nos enseñan que la vida vence al integrismo religioso que destruye la vida humana en nombre de “dios”, porque Dios desea lo contrario. La gloria de Dios está en que el hombre viva. Nos enseñan que la vida vence a la esclavitud y a los esclavistas, porque en la tierra prometida no tienen derecho a existir. No hay lugar para ellos. Nos enseñan que la vida vence al terror y a la opresión, porque ha sido hecha para ser libre. Nos enseñan que la vida vence a la ansiedad perpetua y al sinsentido porque existe para ser satisfecha en su anhelo de plenitud. Nos enseñan que la vida vence al necio desamor que la destruye y que llamamos pecado, porque ha sido hecha para ser respetada, promovida y amada. Nos ensañan que la vida vence a la dispersión pues su futuro radica en hacer que todos descubramos que somos uno, nosotros, el planeta, todos los seres vivos, y el mismo universo. Nos enseñan que la vida vence los corazones de piedra y los convierte en corazones de carne. Hasta aquí el Antiguo Testamento. 

    El Nuevo Testamento va “hasta el infinito y más allá”. El Evangelio nos enseña que la vida vence el poderío eterno de la muerte y le hace perder su dominio. ¿La vida vence a la muerte? ¡Sí! En Cristo Jesús resucitado. Por eso en medio de esta hora tenebrosa al adorar a Jesucristo resucitado la vida vence al miedo con el vigor y la fortaleza, la vida vence a la tristeza y su llanto desconsolado con la alegría, la vida vence al desaliento con la esperanza, la vida vence a la duda y sus inquietudes con la fe, la vida vence a la nada y su vacío con la plenitud, la vida vence a la incredulidad con la sabiduría, la vida vence a la angustia malhumorada con la paz. La vida se hace más fuerte porque se convierte en amor hasta el extremo, y como Dios es amor, al divinizarse por amar, la vida se torna eterna. Y cuando se ve libre de las coordenadas del espacio y del tiempo, del mundo que no es Dios, se glorifica al revestirse del ser divino. 

    La palabra clave hoy mirando a Jesús resucitado es: ¡VICTORIA!. Así que mi consejo es que nunca dejéis de acordaros y de adorar a Jesús vivo y resucitado. Y menos ahora que luchamos contra este fiero enemigo que está arrancando de nuestro lado a miles de hermanos. Pero tranquilos. Porque es Jesús, el que estuvo muerto y ahora vive por los siglos de los siglos, el que nos dice: “Ánimo pues hermanos, yo he vencido al mundo y sus muertes, esta peste, puede matar los cuerpos, pero nada puede contra vosotros, vuestro espíritu está a salvo”. 

    Si Cristo ha muerto y ha resucitado, nosotros que podemos morir en cualquier momento y por la causa que sea, también resucitaremos. Después de todo esta dura pandemia lo único que puede hacer es matarnos. Y eso aunque nos aterra como le ocurrió a Jesús en Getsemaní y en algún momento en la cruz, no es definitivo. La Resurrección de Jesús lo prueba. Por eso hoy más que nunca cree en su amor, espera en su amor y ámale como Él te ha amado a ti y a los demás.

    Por eso prosigue el Nuevo Testamento diciéndonos más cosas en este tiempo tan aciago. Nos dice sed testigos de la Resurrección y de su significado para los demás en este momento tenebroso. Nos dice dad gracias a Dios por su amor eterno manifestado en Cristo Jesús resucitado, y que esta tiniebla no aborte vuestros cantos alegres. Nos dice eliminad todos los “virus” que no os dejan vivir en plenitud. Eliminadlos de vuestra mente, de vuestros sentimientos, y de vuestro hablar y actuar. Desintoxicaos de lo que os mata, porque la gloria de Dios está en que viváis en plenitud, en abundancia. Y el virus nos vence si dejamos que envenene no sólo nuestros cuerpos sino también nuestros espíritus. Nos dice que entendamos bien a Dios pues Él quiere la glorificación de la vida y no su destrucción o su mera provisionalidad precaria. Y para hacerte eterno quiere que como un esposo o una esposa, respondas enamorado que sí a su propuesta de esponsales para ser uno con él sin dejar nunca de ser tú mismo. El Nuevo Testamento nos dice que no tiremos la toalla en medio de estas dificultades o cualquiera otras. El Nuevo Testamento te dice que si desesperas, si caminas sin rumbo, si pierdes el norte, te indica que escuches a Jesús, pues el hará arder tu corazón, y con el fuego de su Espíritu recuperarás todas tus energías. 

    Así que hermano, en medio de esta tiniebla, esta es una Noche Santa, la noche de la Pascua, no te acuestes hoy acongojado, mira a Cristo resucitado y esboza la mejor de tus sonrisas. ¡Venceremos!¡Lo haremos! “El sudor, la sangre y las lágrimas” no serán nuestro destino último. Con ánimo y firmeza sigamos luchando sin echarnos atrás, amando a cada instante que es lo contrario que hacen los virus destructivos, eso es lo que nos ha enseñado Jesús estos días santos.  ¡No seas un virus que destruye vidas! ¡Ayuda a la vida y lucha por ella contra cualquier virus que quiera destruirla, cogido de la mano de Jesús! Pues para eso ha venido Él para sanar y salvar. Nunca lo olvides. ¡Feliz Pascua a todos! ¡Aleluya!. Que nunca decaiga el aliento, a pesar de los nervios, seamos más fuertes que ellos. ¡Ánimo pues amigos!.

 

VIERNES SANTO

    Hermanos hoy nuestros ojos se ponen en la Cruz y en la sepultura. En este segundo capítulo del triduo pascual, las Escrituras dirigen nuestra atención a esas dos realidades. Duras, muy duras, para los que hoy las vivimos en carne propia. Así que escuchemos la voz del Señor que nos habla por las palabras de las Escrituras.

    Isaias afronta un tema espinoso. De difícil comprensión para muchos. ¿Por qué el Padre quiere que su Hijo sufra ese amargo tormento? ¿tan cruel es necesita ver la sangre de su Hijo para sentirse satisfecho por el daño que le ocasionan nuestros pecados? Visto así Dios parece un monstruo. Alguien inmaduro a quien podemos herir con nuestras torpezas. Pero el problema no está en Dios sino en nosotros. En nuestra comprensión equivocada de los hechos. En nuestra interpretación. Tenemos con Él un serio problema de percepción. El evangelio proclama siempre de manera rotunda que Dios es amor y misericordia. ¿Como es esto compatible con la pasión de Cristo al parecer querida por el Padre?. Por una sencilla razón: si Dios nos amara y su amor consistiese en cerrar sus ojos para no ver nuestro mal, y las injusticias que con nuestros males hemos perpetrado, Dios sería terriblemente injusto. Injusto con las víctimas de la injusticia humana. ¿Quien daría satisfacción a las víctimas de la injusticia?¿Acaso tendrían que padecer sin más esos atropellos sin que los que los han perpetrado sufriesen castigo alguno? Los injustos se irían con las manos limpias de polvo y paja. Muy felices y orondos. Los sumos sacerdotes, Pilatos, la soldadesca, el populacho, el mismo Judas, quedarían impunes. Y todos los que han seguido sus pasos y hecho lo mismo con los demás, gozarían del mismo destino: la total impunidad. Pero la injusticia no puede quedar impune. ¿Ese amor sería verdadero? No lo sería. Por ello el Padre Dios ha decidido que su Hijo pague el precio de nuestras injusticias. Ya nadie podrá decir que el injusto no ha sido castigado. Lo ha sido pero en las espaldas de Jesús. O sea: Dios hecho hombre ha querido pagar el precio de toda la injusticia humana y sin merecerlo: sólo por pura generosidad. Dios nos ama con exceso. Para poder así salvar a los que no merecen ser salvados. Sólo pone una condición: acepta tu injusticia, llórala viendo el martirio que le ha supuesto a Cristo Jesús pagar por ella, y cambia de vida. Si lo haces de veras, sabrás lo que es la misericordia gratuita de Dios. Dios ha pagado por ti. Su amor no ignora tu injusticia, no te deja impune, carga tu castigo sobre Él, y así te muestra que te ama hasta ese extremo. Por eso el Siervo de Dios de Isaias, muestra a las claras, que el amor de Dios, no tiene parangón. Pues asume el castigo de mi injusticia para que yo no tenga que pagar por ella, y así, pueda salvarme. Amor como este no hay otro. Yo por ti para que tú puedas vivir. 

    Y ahora es cuando mis ojos se van a los sanitarios, a los servicios civiles, a los servicios que prestan tantas y tantas personas para sacarnos adelante en medio de esta atroz pandemia en la que nos han sumergido diciéndonos que era una gripe más, cuando este virus multiplica por diez la capacidad que la gripe tiene de contagiar y de matar. Esas personas, aunque nos han engañado, arriesgan su vida por mí y por ti, por todos, y son la viva expresión de Cristo sufriente, cargando sobre sí nuestra cruz, para intentar salvarnos a todos, a riesgo de su propia vida. Pues muchos de ellos se contagian y hasta mueren, y todo, porque están dispuestos a ocupar nuestro destino, si pueden salvarnos. Son Cristo. Son Dios hecho hombre. Y eso me maravilla, porque sin darnos cuenta, es Cristo quien nos socorre en cada uno de ellos, y eso los convierte en gente sagrada para mí. 

    Pablo y el salmo además me hacen ver a los ancianos que tanto están sufriendo esta pandemia. Porque son dejados de lado muchas veces, para poder salvar a otros. Y el criterio es simple: son ancianos, tienen menos posibilidades de salir adelante, y son rechazados con mucho dolor, pero dejados de lado, y caminan en medio de la pandemia, como ovejas destinadas al matadero. No hay medios suficientes para atenderlos a todos, ningún sistema sanitario está preparado para algo tan monstruoso como esto. Porque esto no es lo que sucede a diario. Cierto que algunos ancianos se escapan. Pero son muy pocos. La mayoría, se van. Un 40% de las víctimas son ellos. Pero ¿sabéis qué? Cristo está en ellos. Sufriendo su destino, y a gritos y con lágrimas habla al Padre en sus nombres, para que no se pierdan en un océano de indiferencia. Cristo los comprende como nadie, porque Él, paso por su situación. Fue despreciado, rechazado, ninguneado, condenado a muerte atroz. Esta es otra razón de que Dios hiciese pasar a su Hijo por el calvario: que nadie que sufra la injusticia del mundo o de los hombres, se quede sólo e incomprendido. Que nadie se quede abandonado. Así es como Dios interactúa con nuestro universo caótico sin vulnerar sus coordenadas para salvar en todo momento la verdad de nuestra libertad. Por eso Jesús no prometió que no sufriríamos ni tampoco que no moriríamos. Eso forma parte de existir fuera de la plenitud de Dios, en este marco de existencia que llamamos mundo. Lo que si hizo y dijo fue que nadie se quedaría solo de Dios ni en el sufrimiento ni en la muerte. Y que igual que Él resucitaría, los que como Él, sufriesen y muriesen y creyeran en su amor, vivirían para siempre. Así que dejemos de pensar en el “dios pagano” que salva de las plagas a unos sí y a otros no, llevado de sus caprichos. Dios no es injusto. Si fuese así de caprichoso, lo sería sin duda alguna. Nuestros torpes modos de hablar de Dios, crean ateos a cada paso. Y no permiten a los demás encontrar al Dios verdadero que nos llena de luz en medio de esta oscuridad.

    Por último de la pasión de Juan sólo resaltaré un detalle. La conversación con Pilatos. “Quien escucha mi voz encuentra la verdad”. Y es que en medio de esta pandemia sin escuchar la voz de Jesús es muy difícil, sino harto improbable, no sucumbir ante la tentación de pensar que todo es para nada, y que este universo nuestro, con nuestras vidas incluidas son una pura manifestación del absurdo. Dile tú a un padre o a una madre que la vida de su hijo o de su hija es absurda y fíjate bien en la mirada que te dedicarán sus ojos. Y entenderás que cuando se ama de veras, esa opción nunca es aceptable. Por eso Jesús crucificado, sufriente, muerto y sepultado, pero que ahora resucitado, vive por los siglos, es la verdad que el amor que profesamos a muchos, reclama desde el mismo día en que dejamos de ser simples brutos para convertirnos en personas. Su verdad nos permite ser rebeldes contra esta brutal pandemia y sus efectos. Y es esa verdad la que no nos permite lavarnos las manos como Pilatos, frente al dolor de los demás, sólo porque a mí o a los míos, no les esté pasando lo peor que en esta situación puede sucedernos, y que de hecho les está sucediendo a muchos otros. La verdad de Jesús es que la vida y el amor son más fuertes que la muerte y esa es la madre de todas las esperanzas, porque en mayor o menor grado, la esperanza supone eso. Saber que la vida es más importante que nada, y que conviene hacer cualquier cosa por arriesgada y costosa que esta sea con tal de salvarla. Incluso la de entregar la mía propia por salvar la de todos los demás. Eso es la cruz y no otro cosa. Cristo crucificado es una memoria subversiva en medio de esta pandemia y todas sus injusticias y crueldades, que nos impele a sacar lo mejor de nuestra humanidad para construir un mundo diferente en el que las injusticias no campen a sus anchas. Ocultar la verdad de una pandemia para defender la economía capitalista a costa del bien común, o para, no ser tildado de ser un régimen incapaz de controlar con eficiencia que este tipo de catástrofes humanitarias se produzcan, son actitudes hijas del Sanedrín, de Pilatos, de Judas, del populacho o de la soldadesca, pero nunca de Cristo crucificado, víctima de ellas. Y por ello memoria subversiva frente a ellas.

    Decidme: ¿es o no la Cruz una realidad que merece ser mirada con detenimiento en esta jornada de Viernes Santo que acontece en medio de esta catástrofe sanitaria? ¿Quién se atreve ahora a decir que los que adoramos a Cristo crucificado estamos poniendo nuestra atención cordial en una tortura macabra? Amigos Cristo crucificado es la proclamación subversiva de que las víctimas de esta injusta y macabra pandemia vencerán. Como bien dice el mensaje que nos ha enviado a todos mi querida Maruja: no hay ningún coronavirus que pueda vencer esta CORONA. La corona de espinas que ciñe la frente de Cristo Jesús nuestro rey victorioso y resucitado. No es nuestro destino final la sepultura o la hurna de cenizas. Jesús el Rey de reyes jamás lo permitirá. Así que cuando hoy grito ¡Viva Cristo Rey! quiero decir que todas las víctimas de esta macabra pandemia jamás serán olvidadas ni abandonadas, quizás sí por los hombres, pero jamás por Dios, y ese amigos es hoy el fundamento de mi esperanza contra toda esperanza. Ánimo pues hermanos. 

 

JUEVES SANTO

     Hoy nuestra atención se desplaza a un momento curioso al par que dramático: una Cena. Las Escrituras nos ayudarán a entender lo que os digo y el significado de este hecho, y como se cumple hoy en nuestra vida.

    Una cena dice el Éxodo. Una cena frugal: panes ázimos porque no hay tiempo para dejarlos fermentar, cordero asado a fuego,  hiervas amargas por ensalada, y vino. La muerte recorre las calles. Somos esclavos. Y nos disponemos a realizar un duro viaje. Así estamos nosotros, esclavizados, alimentados de aquella manera, rodeados por la muerte que se nos mete en casa sin cesar a través de teléfonos, internet, radio y televisión. Por eso es importante hoy, hacer fiesta, para soñar en el transcurso de nuestra cena, con la libertad que nos espera. La provisional y la definitiva. Soñar y esperar, animarnos para el duro camino, he ahí el cometido de nuestra Cena Eucarística. El Señor está con nosotros, y nada ni nadie nos podrá separar de su amor: “ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro”. Porque su amor por nosotros es un amor hasta el extremo. Estamos cercados por la muerte hoy, y necesitamos este aliento, he aquí una razón por la que es importante no abandonar nunca esta sagrada cena y celebrar siempre la Eucaristía.

    Porque su amor alimenta nuestra esperanza contra toda esperanza, damos gracias en medio de un presente lleno de desgracias que hielan el alma. Y alzamos unidos la copa de la Salvación. Eso significa Eucaristía, acción de gracias, en medio de la oscuridad. Sí. Acción de gracias cuando nos vemos cercados por la muerte. El Salmo nos lo dice. Brindamos cuando la muerte traidora, se sienta entre nosotros, con el nombre funesto de Judas. Y lo hacemos porque no vamos a permitir que su feo rostro nos hiele el alma. Porque Dios está de nuestro lado. Y el que pudo sacar todo de la nada nos auxiliará. Su amor eterno, revelado en su disposición a dar la vida, nos lo revela y por eso le damos gracias. He aquí la razón básica para acercarse a celebrar la Eucaristía. Adoramos un amor como pocos. 

    Por eso Pablo nos da la clave de todo: cuando la muerte nos amenaza, nos acosa y fustiga, hacemos memoria de Jesús de su amor hasta dar la vida por nosotros, derramando hasta la última gota de su sangre preciosa: Sangre enamorada. Pues hacer memoria de su amor que fue más fuerte que la muerte, es lo que nutre nuestra esperanza, nuestra fortaleza, y nuestra paciencia frente a la tribulación. He ahí una razón importante para acercarse a celebrar la Eucaristía. 

    Así que mientras nos cerca la muerte, y habita entre nosotros, no tenemos más que un cometido en esta vida. Jesús lo enseña de manera preciosa en el Evangelio. Lavar los pies, es decir, servir. O sea amar y también dejarse amar. No sólo amar a los demás. Dejarse amar por los demás es importante. No seamos cabezotas como Pedro. Y mientras nos amamos, a “don Judas” que le den dos duros. El cometido de la vida es amarse y si es posible o necesario, hacerlo hasta el extremo. Y esto es válido para todo ser humano. En amar y ser amado consiste existir si es que quieres ser feliz. Si ríes hazlo por amor. Si lloras hazlo por amor. Del amor, decía mi Maruja, nunca sacarás nada malo. Ser un amor, y no un amo, eso es lo que Jesús nos enseña siempre. He aquí otra gran razón para celebrar la cena eucarística, entender la magnitud de su sacrificio enamorado por nosotros para alimentar nuestra capacidad de amar con su palabra y su persona hecha pan y vino, y posibilitar que seamos capaces de amar como Él nos ha amado. Llenarnos de su gracia. Dejarnos visitar por su Santo Espíritu. Pues que Jesús sea nuestro Señor, sólo significa, que convertimos al Amor con mayúsculas, en el Señor de nuestra existencia.

    Así que centrar nuestra atención en una Cena hoy, merece la pena. Porque es nutrirse de amor esperanzado mientras caminamos por este desierto en el que la muerte nos acecha. Por eso, no te hagas remolón como el maleducado al que hay que estar diciéndole constantemente: ¡Nene come que te hagas grande!. La vida no es una broma, es una aventura difícil y no podemos afrontarla de cualquier manera. Nutridos de amor pleno de esperanza sí. Ánimo pues Hermanos míos: ¡AMADOS!.

 

DOMINGO DE RAMOS

    Qué importante resulta, en estos tiempos, tener el oído espabilado que sepa escuchar como el de un iniciado una palabra de aliento. Los oídos abiertos a su Palabra (que se hace nueva cada día por acción del Espíritu de Jesús resucitado) nos ayudan sobremanera, no sólo a nosotros, sino a los demás. Pues lo que escuchamos para nosotros también beneficiará a otros, que incluso pueden ser muchos. Pues no sólo estamos abatidos nosotros sino también muchas más personas. Las palabras de Jesús resucitado hoy nos endurecen. Nos hacen fuertes como piedras, y nos inundan de una esperanza sin par para no sentirnos defraudados ni siquiera ante las puertas de la muerte misma. Resistencia y capacidad de aguante. Fortaleza. Eso infunde en nosotros su palabra si la oímos sabiendo que no es un texto muerto, sino la voz del Jesús vivo que por medio de su Espíritu, resuena en nuestros corazones con un vigor y una actualidad inusitados. Como una vez resucitado experimentaron los discípulos en el cenáculo o caminando hacia Emaús.

    Por ejemplo: ¿como nos sentimos hoy muchos seres humanos? Miremos a Jesús en su pasión y veremos que nos sentimos como Él, se sintió en aquellos amargos momentos. 

    ¿Como se sentiría Jesús cuando lo vendió un supuesto amigo suyo por 30 monedas de plata? Ahora lo que les preocupa mucho a los poderosos más que las personas es como va a afectar esto a la economía. De hecho no se decretó antes el confinamiento para no dañar la buena marcha del dinero, aunque eso supusiese el contagio y la muerte de miles de personas por todo el mundo.  Y los famosos ERTES han venido a reforzar aún más esta sensación de que las “perras” lo son todo. El que debe cuidar de ti te vende. Así que tu enfado es el suyo. Jesús pasó por eso.

    ¿Como se sentiría Jesús teniendo que compartir mesa y mantel con quien lo ha vendido y encima hacerle partícipe de su amor hasta dar la vida y derramar su sangre por él? Beber vinagre es poco. Quizás te toque este tiempo convivir con alguien a quien no te resulta nada fácil poder tragar, y con quien sólo eres capaz de vivir a su lado, porque tenéis tiempo sobrado para descansar uno de otro. Pues si te sientes así que sepas que Jesús, también pasó por eso. Y es capaz de entenderte.

    ¿Como se sentiría Jesús cuando sus amigos lo dejaron solo a las puertas de su cruz? Se entristeció y se angustió. Así lo dice el texto. Una soledad opresiva, inquietante, demoledora. Porque estaban sí, pero dormidos. Incluso después lo negarían, como si no le conocieran. O  imagínate si te ves teniendo que afrontar situaciones muy duras y difíciles en completa soledad, sí o sí, sin poder cambiar nada. A veces se nos olvida que Jesús camino de la cruz, no fue defendido ni auxiliado por el falso “dios” milagrero, que viene a romper la independencia del universo con su intervenciones caprichosas (para unos sí y para otros no). ¿Te oprime tu soledad? Pues alguien que pasó por ello es capaz de comprenderte.

    ¿Como se sentiría el que vino para amar y para enseñarnos a amar, al ver, que a la primera de cambio, sus amigos lo primero que hicieron fue sacar la espada para atacar?. ¿Es frustración y fracaso lo que sientes. Jesús pasó por eso.

    ¿Como se sentiría Jesús cuando se sintiese juzgado y condenado siendo inocente? ¿Has pasado por eso? y si los demás no lo han hecho, ¿lo hace tu mente? Porque mira que a veces nuestra mente es farisea y saducea. Y sólo la soportamos saliendo a la calle y poniendo nuestra atención en otras cosas. Pero ahora, eso, es imposible. Y hay que estar con ella a diario. Minuto a minuto. Y a veces, por obsesiva, se puede llegar a atragantar hasta el extremo. Si te ves así aprende de Jesús que paso por ello, y decidió no hablarle ni responderle. Porque no pretende corregirte ni ayudarte, sino acosarte y destruirte. 

    ¿Como se sentiría Jesús cuando fue torturado, apaleado, maltratado con brutalidad y sufrió burlas?. El salmo de hoy es para leerlo con calma y entender que pasó por esa alma. Pero ahora piensa en los que están en los hospitales o en sus casas solos pasando esta enfermedad. ¿No sentirán que la vida los tortura, los apalea, los maltrata con brutalidad y que se burla de ellos?. Si eres uno de ellos, tu que lees estas palabras hoy, que sepas que Jesús pasó por eso, y sabe bien lo mucho que este duro cáliz puede llegar a atragantársete. Cógete de su mano, porque a Él si puedes tocarlo sin temor a contagiarlo de nada. Se le toca, por medio de la fe en él. Desahoga ante Él tu corazón pues le importas. 

    ¿Como se sentiría Jesús cuando Pedro y Judas se arrepintieron tarde de lo que habían hecho, cuando ya era imposible cambiar nada? Al menos Pedro no se ahorcó. Su cobardía le brindó una nueva oportunidad. No como a Judas, cuyo exceso de valentía, lo sumergió en la  nada más fría y oscura. Pensamos bien muchas veces, pero tarde. ¿Sientes tú que con esta pandemia ha ocurrido lo mismo? ¿Qué nuestros líderes mundiales ahora se arrepienten de tanto tiempo perdido en bobadas? Pues amigo o amiga, no eres el único. Jesús también pasó por eso. Y no por ello, dejó de lado su lucha por lograr el bien de sus hermanos, aunque estos le estuviesen demostrando con sus actos, que no parecían merecer mucho la pena. Pienso en responsables civiles, servicios básicos o sanitarios. 

    ¿Como se sentiría Jesús cuando viese que Pilatos sólo lo usaba como una posibilidad política de ser capaz de controlar una situación y salir así airoso y reforzado, sin importarle la justicia lo más mínimo? ¿No es así como nos sentimos nosotros cuando vemos a los que gobiernan y a los que quieren gobernar hacer lo mismo? ¿Ver a ver como mueven sus hilos para mantenerse en el poder o para hacerse con él?. ¿Que vergüenza verdad? Pues Jesús paso por el mundo, de nuestro lado, y no del lado de ellos.

    ¿Como se sentiría Jesús preso de la burla o la tortura, siendo totalmente desnudado? ¿O como se sentiría cuando fue clavado en la cruz después de haberlo azotado hasta provocarle un desangramiento lento pero mortal de necesidad por debilitamiento progresivo? ¿Se sentirán así los que se ven morir como Jesús en medio de esta pandemia? Los que mueren solos, los que mueren a las puertas de las UCI porque no hay sitio para ellos. Seguro que se sienten como Jesús abandonados hasta por Dios. Por el Dios amo del antiguo testamento, no por el Padre Dios que Él nos reveló, ese lo resucitaría. Hoy lo que vivimos como ayer, es un horror que estamos volviendo a ver y a vivir, y por desgracia muchos, demasiados, en primera persona.

    ¿Como se sentiría Jesús al morir entre bandidos? Quizás como se sienten muchos que al morir hoy, sabiendo que mañana solo serán un número más en las listas de los miles que ya van muertos porque la incompetencia de nuestros gobiernos no se ha sabido organizar con tiempo y mucha previsión, globalmente hablando. Y las razones ya os las he dicho. Poderoso caballero es don Dinero. Pues eso mismo creo le pasó a Jesús por la cabeza y el corazón en esa hora triste. 

    ¿Como se sentiría Jesús cuando se dedicaron a decirle si estás ahí es porque te lo has buscado? Pues supongo que como al que fue a un lugar, al que podía haber evitado ir, y se contagió de la plaga que nos devora. Como si eso fuese culpa suya. No hablo aquí de los que van buscándola temerariamente tentando a Dios por un exceso de confianza en la providencia. Eso es otra cosa. Pero aún así. Que mal se siente uno cuando encima parece que la culpa de lo que le pasa la tiene él, cuando solamente es responsable, porque nunca tuvo intención de causar mal alguno ni a él ni a los demás. 

    ¿En fin como se sentiría Jesús al ver que a su propuesta de amor lo único que le dio la vida fue vinagre? Pues creo que como los que en estas oscuras horas, reciben de la vida el mismo trato, y solo por amar y vivir, sin hacerle daño irreparable a nadie. 

    ¿Como se sentiría la madre de Jesús María cuando no pudo ni estar en el entierro de su Hijo, porque hubo que enterrarlo de prisa y corriendo en total anonimato y por la acción de tres o cuatro personas entre las que ella no se pudo contar? Pues como se sienten hoy muchos que ni siquiera pueden ir a despedirse de los suyos porque están sujetos a una cuarentena que no pueden romper como algunos si se permiten el lujo de hacer. Y es que como siempre, hay quien tiene vergüenza y responsabilidad social, y quien carece de ella. Nada nuevo bajo el sol. ¿O como se sentiría María cuando su hijo fue hasta custodiado tras la muerte sin poder acercarse a la tumba para nada? Pues creo que como los que pierden de vista los cuerpos de sus familiares porque las autoridades estiman que hay que deshacerse pronto de ellos para evitar contagios, o recluirlos en espacios vedados para los demás. 

Ella pasó por ahí.

    ¿Veis? Jesús y su Madre, como nosotros, pasaron por estas horas amargas. Cada uno de una manera, cada cual desde una posición distinta, pero todos solidarios en el mismo sufrimiento. Nunca estamos solos si no queremos, pues ellos, María y Jesús, nos acompañan porque pasaron por lo mismo que nosotros.

    Que se haya rasgado el traje del sumo sacerdote y el velo del templo, es una expresión viva de que el Dios amo del antiguo testamento, se ha ido al garete. Y en Cristo se ha revelado el Dios amor. La letra “r” lo cambia todo. Antes el ser humano cuando sufría creía que tenía a Dios enfrente castigándole. Ahora el ser humano cuando sufre, sabe que Dios está con él, más que nunca, pues en esta su hora amarga es cuando con más fuerza lo ama, para que si la muerte lo destruye que no se pierda el tesoro precioso que cada uno es. 

    El Dios de Jesús es un hombre cualquiera, ni siquiera se viste de forma distinta a como visten los demás, hay que darle un beso falso, para poder reconocerle y así apresarle. Dios no nos es ajeno. Pues El que se puso a nuestro lado, hasta el dolor y la muerte, fue resucitado. Y eso mismo ocurrirá con nosotros, como Mateo preanuncia hacia el final de su pasión. Basta unirse a Él, a Jesús con fe, con esperanza y con amor, por medio de la vida sacramental y la oración. Si respondes que sí a su amor, enamorado, te regalará todo lo que es suyo. Pero ni quiere, ni puede imponerte su amor. Tenlo presente. El Dios que te ha creado sin ti, no puede ni quiere salvarte sin ti. San Agustín lo tiene muy claro. Y yo con él. 

    ¿Largo Eh? Tenemos tiempo. Por eso me he explayado. No suelo hacer minifaldas de mis predicaciones: cortas y que enseñen mucho. Lo mío es hacer refajos, faldas largas, multicolores, muy bordadas y llenas de muchos detalles y adornos. Debe ser que Lorca y sus bordados me gustan mucho. Pero escuchar en esta hora amarga se hace básico y fundamental si queremos encontrar fuerzas. Así que amigos: oídos bien abiertos. Que  para vivir los tiempos duros, hay que endurecerse como las mismas piedras, el corazón que ama la vida, debe ser defendido contra viento y marea. ¡Escuchad! y ¡Ánimo pues!.   

 

V CUARESMA

     Hermanos que duro se hace convivir con la cifra de muertos que no cesa de subir. Cuanto deseamos todos ver llegar el día en que en vez de subir, estas cifras desciendan. Son horas oscuras y amargas. 

    Son horas de reproches. Como Marta y María parece que echamos en falta a Jesús. Y vemos como la muerte se impone. Y languidecemos. Nos falta el aliento. Muchos lloran sin consuelo. Voy a hacer un entierro ahora en breve. Y tendré que hacerlo como se hizo el de Jesús, en la entrada del cementerio, de prisa y corriendo, y serán pocos familiares y cercanos los que puedan estar presentes. Qué horror. Qué desconsuelo. Pero así fue el funeral de Jesús, pocas personas, en el lugar donde murió, y deprisa y corriendo, aquel Viernes Santo poco antes de que cayese el sol. 

    ¿Donde está Jesús? En esos difuntos hoy. Jesús que lloró dos veces en el funeral de Lázaro está hoy en todos los que lloran las pérdidas humanas: familiares, amigos, sanitarios y población en general, en todos los seres humanos de buena voluntad, que no asisten indiferentes ante esta horrible tragedia, en la que los muertos se cuentan ya por miles.

    Y Jesús está en su palabra. El apóstol Pablo nos lo ha mostrado. La carne morirá lo sabemos todos. Pero si nos unimos a Jesús por la fe, el amor, la esperanza y los sacramentos, el Espíritu de Jesús resucitado, nos glorificará como Él ha sido glorificado tras la cruz y el sepulcro. El Espíritu sólo sabe vivificar. Su oficio es aletear sobre el caos informe para contribuir con su obra a sacar universos nuevos de la nada. En esta circunstancia la carne no puede ser nuestra apoyatura última. Necesitamos mirar más allá. Y la palabra de Jesús es la que nos permite hacerlo. Eso es lo que Jesús ha respondido a Marta y a María, que somos hoy, todos nosotros. 

    Amigos, Ezequiel nos lo dice con tanta rotundidad, con su verbo poético apasionante, que con cada verso enciende en nosotros el fuego de la esperanza en medio de este clamoroso sufrimiento. Nuestros sepulcros serán abiertos. Saldremos de estos oscuros sepulcros y seremos llevados a una nueva tierra, ese día sabremos que Él es el Señor y viviremos para siempre. Y colocados en esa nueva tierra sabremos que el Señor lo dijo y lo hará.

    Así que sólo nos cabe hoy, creer esto. Él es la Resurrección y la vida y el que crea en Él aunque haya muerto vivirá, no morirá para siempre. La cultura de la muerte no tendrá la última palabra en la vida. Y si es que eres pecador, no temas, el salmo enseña que Dios sabrá tener misericordia de todos, y si lo recibes ese regalo, será tuyo. 

    De modo que si lloramos hoy porque queremos a los que mueren, si los amamos, decid con todo vuestro corazón las palabras de Marta: “Sí, Señor: yo creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Y si aún no puedes decirlo, al menos desea poder decirlo. Que Jesús sabrá estar a tu altura, para salvarte, porque aunque no creas en Él, le importas, como tú ni siquiera eres capaz de pensar hoy. 

    Que la muerte y su trágico dramatismo no os envenene el alma, en la Palabra de Dios de este día tenéis a vuestro alcance el antídoto que todos necesitamos. Ánimo pues hermanos.

 

IV CUARESMA LETARE

    No hace falta repetir que estamos inmersos en la oscuridad. Basta poner las noticias un rato o leer algún periódico o tabloide, y se hiela el alma. La pandemia crece y las cifras de víctimas mortales también, y eso parece que no nos deja percatarnos de que también se producen altas hospitalarias. El dolor eclipsa la luz. Por eso contemplar hoy las escrituras es importante. Para comprender lo que nos pasa y no asustarnos de nosotros mismos.

    Samuel no ve quien es el elegido de Dios para ocupar el puesto de rey de su pueblo. Sus ojos no son capaces de ir más allá de lo que tiene delante en este instante. Sin embargo en la voz del Señor encuentra luz para acertar en el momento oportuno. La voz del Señor lo guía en medio de la oscuridad a la iluminación.

    Pablo nos invita a no ser tinieblas en estos momentos oscuros, sino a ser luz. Buscando lo bueno, lo justo y lo verdadero. Porque algunos da vergüenza ver lo que hacen lanzando noticias falsas, adoptando actitudes irresponsables con ellos y los demás, buscando el mayor rédito para su propio grupito o partido sin preocuparles en absoluto el bien común de todos que ahora es lo único importante, o  intentando estafar a la gente en medio de una pandemia como ésta.  Y que merecen ser denunciados por su inhumanidad. Merecen ser puestos ante la luz para que sus patrañas, su inconsciencia, su necio partidismo y su mala fe queden en evidencia. 

    También Pablo nos insta a levantar nuestra atención de la muerte que la pandemia genera en nuestro entorno. Estar mirando a la muerte constantemente es como mirar al sol sin cesar y sin protección alguna. La muerte con su espesura sensorial quema los ojos del alma. Mirad a Cristo y no a la muerte. Y en medio de tanta oscuridad encontraréis la luz que no hallaréis en otros lugares. Cristo es sinónimo inmediato de que la muerte no tiene la última palabra en su vida. 

    El Evangelio nos hace comprender que somos ese ciego. Todos somos ese ciego en estos momentos. Incluso no faltan puritanos moralistas que dicen que nos merecemos lo que nos pasa por ser pecadores. Despreciables fariseos nunca faltarán según parece. Incluso abra quien cuestione la luz que Jesús haga resplandecer en nuestros corazones con el poder de su palabra. Y nos acusará de mil cosas distintas. Los expertos de la duda que nunca cesan y que vienen a intentar privarnos de las fuentes de nuestra esperanza para dejarnos inmersos en el oscuro abismo del sinsentido. Y en ese grupo hasta nuestra familia puede estar incluida. Los miedos nos lleva a todos a decir muchos disparates y tonterías.

    No desoigamos el Evangelio que en este sentido es enormemente claro. Incluso nosotros como el ciego no entenderemos todo el tiempo quien es Jesús, donde está o que quiere de nosotros, sólo sabremos que su presencia en nuestra alma, cambia las cosas. Y hace que nuestra oscuridad tenebrosa, levante. La niebla interior se desvanece cuando Él está presente en nuestra mente. Y esto no sabremos explicarlo del todo a los que nos discutan, pero esta verdad interior nos resultará incuestionable, aunque ello nos condene a la incomprensión y la soledad en medio de los demás. Tendremos miedos, nos sentiremos como expulsados del grupo de los sensatos. Pero Él nos volverá a salir al paso, nos solicitará la fe, sólo veremos ante nosotros al hijo de un hombre, pero que no es un testigo de la luz más, sino que Él es la LUZ. 

    Cuanto necesitamos en estos momentos oscuros decir con toda el alma: Creo, Señor. Para que como ciegos podamos ver con la luz de sus ojos. 

    Envía tu Espíritu sobre nosotros Jesús, como fue derramado sobre David. Tu Espíritu hoy es el viento que mueve nuestra mente que es la veleta. Lo necesitamos más que nunca, para que en medio de este valle tenebroso, sintamos a nuestro lado tu paso firme de buen pastor que con tu bondad y tu misericordia nos acompañan todos los días de nuestras vidas y que siempre nos guía por el camino justo. 

    Señor Jesús no nos dejes ahora defiéndenos de nuestros enemigos. Mantente a nuestro lado porque él enemigo nos cerca. Guarda Buen Pastor a tus ovejas perdidas en medio de estas cañadas oscuras. Llegada la hora, recuéstanos a todos en verdes praderas y condúcenos hacia fuentes tranquilas. Y mientras tanto Señor, repara constantemente nuestras fuerzas.

 

SAN JOSÉ

    Envueltos en la oscuridad así nos encontramos. Horas como ésta que estamos viviendo nos lo hacen comprender. Una hora tenebrosa, sin duda alguna. Por eso las lecturas hoy vienen en nuestro socorro.

    David en la primera lectura recibe una promesa de bendición para su progenie. Una bendición que no vera. Y solo puede creerla. Mantener la fe en medio de la oscuridad incierta del futuro, es caminar en parte, a tientas. Y la firmeza, en esa situación es muy prudente, porque no sabes bien donde pisas y tienes que ir con muchísimo cuidado. Pero una cosa es cierta, sin fe, no sales de la caverna. Lo sé porque durante un tiempo en mi juventud me encantó la espeleología, y por tanto, meterme en todas las cuevas habidas y por haber. La vida es muchas veces como caminar por una caverna. Y se necesita mucha fe, para recorrerla. Y decir fe, significa, decir no verlo todo claro. En una noche oscura, se camina con esta fe. Juan de la Cruz y Teresita de Lisieux, lo experimentaron muy bien. Y lo pusieron por escrito en varias ocasiones.

    Abraham da un paso más en la epístola. Él cree en que Dios lo ama, y ello le lleva a mantener viva la esperanza contra toda esperanza. Cuantos ratos tendremos de perder la esperanza, sobre todo cuando vemos las noticias, que no cesan de helarnos el alma. Creer contra toda esperanza. Es la clave. Mantener viva la esperanza a toda costa. Y cuando el mundo y sus circunstancias fallan, sólo Dios queda. Y eso es lo que descubrió Abraham a confiar en Dios, aunque todo a su alrededor no le resultaba agradable. Y así es como pasado un tiempo largo pudo encontrar su lugar, desarrollar su misión y ser el padre de pueblos. La fe, lo llenó de esperanza, y la esperanza lo hizo fuerte y paciente. Eso necesitamos: el corazón de Abraham.

    El Evangelio nos pone ante una hora nueva. La hora de los que no dejan de soñar en medio de situaciones contradictorias y difíciles. José es ese hombre. El sueño le lleva a moverse. Y en sus sueños encuentra la voz de Dios que le abre senderos insospechados por él, e infinitos. Soñar en medio de esta reclusión es lo que no podemos dejar de hacer. Acordaros de aquella gran película: cadena perpetua, que no se mueran ahora vuestros sueños. Y no os olvidéis de que todos estuvimos en el vientre materno nueve meses o un poco menos. Y estábamos encerrados y solos. Y todo terminó bien. Tras esta gestación nos aguardará un futuro nuevo.

    No dejéis de leer los textos bíblicos del día porque vienen llenos de guiños que fortalecen nuestra fe. Así que ánimo pues. Esta expresión tan mía, es el nombre de un canto de la fiestas de San Fermín. Y se toca el primer día para tomar conciencia de que se harán largas las fiestas y necesitaremos aguante. Que la Biblia sea ahora vuestra música.

    Y si es que tu fe se quiebra, agárrate de mi mano amiga, y dile al Señor, conmigo: Jesús en medio esta oscuridad, te digo que tengo fe, pero aumenta mi fe. Y recordad, lo importante, no es salir pronto hermanos, es salir bien. Ánimo.

 

III CUARESMA

    Hermanos podría comentaros hoy lo hermoso que es el carácter bautismal de estos densos y bellos textos. Sin embargo dada la especial situación que todos estamos pasando, pues nos ha tocado vivir una cuaresma como al Señor en Getsemaní: aislados, encerrados en casa, solos de nuestro entorno natural, ansiosos y angustiados por una amenaza real que no vemos, y que puede resultar letal para gente a la que queremos con toda el alma, sudando casi sangre, con las ansiedades a tope, y los ansiolíticos junto a la cabecera, en una espera tensa, con datos que no paran de crecer acerca de nuevos contagios, teniendo que luchar a veces con personas de nuestro entorno que no se percatan de lo peligroso del momento, porque un estado de alarma prácticamente internacional no se declara porque sí, (algunos parecen dormidos a nuestro lado poniendo en riesgo a muchos y a ellos mismos). En fin, caminamos hacia el calvario, cogidos de la mano de Jesús, y estas horas se harán largas, pesadas, y enervantes. Y aguardamos con impaciencia la salida de este oscuro sepulcro, pero eso aún tardará. Anhelamos una resurrección que todavía no despuntará. Tardará pero vendrá. Aún así, mientras, podemos sufrir momentos de enorme desaliento y oscuridad. Y ver como nuestros planes sujetos al impacto del caos se vienen abajo por completo.

    Por eso ante este panorama, en la Iglesia parroquial, solo, celebrando la Eucaristía, acompañado de los hijos de Dios que están revestidos de luz en la casa del Padre y que por medio de la comunión de los santos me han sugerido su presencia, en esta hora de las tinieblas para nosotros y de la luz para ellos, las lecturas han resonado con voz propia.

    Números me ha hecho descubrir que en medio de la ansiedad y el desaliento nunca debemos dudar de que el Señor está en medio de nosotros. El salmo nos ha advertido que no endurezcamos el corazón. Porque en la dificultad es muy fácil salir corriendo, dudar de Dios, eso hizo el pueblo de Israel. No sigamos nosotros su ejemplo, el Señor hoy lo deja claro, está y estará entre nosotros, tanto en la vida como en la muerte, en la alegría como en el sufrimiento.

    Y el motivo de su actitud, nos lo demuestra Pablo: nos ama. Dios nos ama hasta el extremo. Dios nos ama por encima de todas las cosas. Y ahí radica una esperanza que va más allá de todo, incluso de la misma muerte. Somos hijos de Dios Padre, y aunque suframos o muramos como Jesús, nunca nos olvidará. La humanidad que sufre pandemia hoy, es Cristo crucificado, y por eso, está misma humanidad puede esperar ser Cristo resucitado. Con esta fe no perderemos la esperanza en medio del sufrimiento. El miedo, la ansiedad, la angustia, son nuestros peores enemigos. Ellos y sus ruidos. No desalentemos la esperanza con los reveses del mal. Alentemos al que cae. Aunque también a nosotros nos tiemble el corazón por dentro.

    Por último el largo Evangelio de Juan nos da la clave: lo importante no es el monte donde demos culto a Dios, lo importante es dar culto al Padre en Espíritu y en Verdad. Y eso aislados, recluidos, sin poder celebrar la Eucaristía en la comunidad tiene un enorme valor. Tiene un infinito mensaje para todos. El Padre está con todos aunque cada uno estemos en casa. Y en él todos estamos unidos. Recordad el refrán español: cada uno en su casa y Dios en la de todos. Y añade tú:  el Dios que está con todos, hace que todos estemos unidos en él. El Espíritu nos une de verdad, aunque estemos recluidos en pequeños conventículos cada uno en su hogar. Hemos vuelto a las catacumbas, pero ellas nos hacen auténticos, aunque en esas lúgubres estancias se está de todo menos feliz, tranquilo y a gusto. 

    Cuarenta años, tardaron los israelitas en cruzar el desierto, esperemos no tardar tanto nosotros en salir de ésta. Así que ánimo hermanos y escuchada esta palabra recordemos las palabras de una querida santa hispana bajo cuya intercesión os pongo a todos, la gran Teresa: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa,….” Lo que falta añádelo tú con tu corazón.

 

II CUARESMA

    Dios siempre lleva la iniciativa. Dios es creador. De la nada hace brotar mundos y universos. Y eso hoy queda puesto de relieve en la Palabra que hemos escuchado. 

    Abraham no hubiera podido salir de su tierra y cumplir con su misión si la bendición de Dios no hubiera estado de su parte. Dios lleva la iniciativa y el ser humano responde.

    El orante del Salmo no podría superar el efecto destructivo de su propio pecado si la misericordia de Dios no lo amparase. Dios lleva la iniciativa y la persona humana responde.

    Timoteo no podría cumplir con su misión apostólica si el Espíritu de Dios no lo hubiera llenado de Gracia. Sólo así puede ser para los demás un testigo de Jesucristo resucitado y vivo. 

    Santiago, Juan y Pedro son capaces de escuchar la Palabra de Jesús, reconociendo en Él al Hijo de Dios, gracias a la visión del Tabor, que no terminan de entender, y cuyo sentido, sólo descubren plenamente, tras la resurrección. Es Dios quien les hace ver lo que ellos no son capaces de entender, es Dios quien les anticipa el momento en que comprenderán, es Dios en Cristo quien lleva la iniciativa. Y además es Dios en Cristo quien los hace levantarse y liberarse de los miedos que los atenazan.

    Esto es la espiritualidad verdadera. Dejar que Dios sea Dios, y responder a la acción de su gracia que no es otra cosa que la sombra benefactora del Espíritu Santo que se posa sobre cada uno de nosotros. Pero no lo olvides: hay que aceptar esa gracia y dejarse transformar. No es tiempo para renuncias pietistas hijas de devocionalismos trasnochados. Es tiempo para dejarse transfigurar por el Dios creador que hace nuevas todas la cosas. No se trata de mortificaciones sino de aprender a vivir en plenitud, dejando de lado todo aquello que nos envenena. Ponte a la escucha y deja al Espíritu de Dios que por medio de su sagrada voz ilumine tu conciencia y guíe tu vida. Y también te revestirás de luz porque serás transfigurado. 

 

I CUARESMA

    La centralidad del Espíritu de Dios define por completo el alma de estos días. El Evangelio lo afirma desde el principio. Es el Espíritu Santo el que desencadena el proceso de conversión. Es quien lo tutela y lo dirige. Si no comprendemos esto no entendemos lo que es la conversión.

    El Espíritu es como el aire. Gracias a Él, todos podemos vernos afectados por la Salvación que Jesús nos ha regalado. Sin el Espíritu su obra sólo le hubiese afectado a Él. Pero nosotros no nos podríamos contagiar de ella y sus efectos regeneradores. Pero el Espíritu aunque nos envuelve sólo lo podemos recibir si decidimos abrirle la puerta de nuestra mente, de nuestro corazón y por ende, de nuestra conducta. Aunque vivimos envueltos en aire, si nos negamos a respirar podemos asfixiarnos. 

    El Espíritu es quien nos invita hoy a superar tres grandes errores en nuestra vida, en los que ya fracasaron los hebreos caminando por el desierto. 

     El materialismo que afirma que el ser humano para ser feliz sólo necesita de cosas materiales. Este error es muy propio de nuestra cultura consumista. La manipulación de Dios y de los demás para conseguir nuestros objetivos, sin importarnos para nada ni Dios ni lo demás. Convertir a Dios y a los demás en objetos, en medios para lograr nuestros fines, también es un vicio que nos acompaña desde siempre. Y por último la idolatría de la avaricia que sólo rinde culto a la riqueza y al poder como único logro importante en la vida. Estos tres errores nos visitan como voces mentales, y no como seres de rabo, cuernos y piel carmesí. 

    Tenemos al demonio metido en nuestro mundo interior. Y eso no debe darnos miedo. Así podemos imitar a Jesús, que es fiel hijo de su madre, y por eso, usa su cercanía para pisarle la cabeza, a cada paso. El Espíritu vivo de Jesús es el que nos da fuerzas para hacer eso posible. No estamos solos. El Espíritu y sus ángeles nos acompañan en el combate. 

    Por eso no desperdiciemos el Espíritu que se ha derramado por el mundo para llenarlo de vida. Sin el Espíritu de Dios sólo seríamos polvo de estrellas, pero sin estructura personal. Es una pena que llevados por el texto del mito creacional yavhista y de una superficialidad literalista, nos perdamos el mensaje que encierra: cuando no escuchamos ni recibimos al Espíritu de Dios perdemos la senda del paraíso y emprendemos el camino al infierno al construir un mundo materialista, que manipula personas sin cuento y que sacrifica a millones en el altar idolátrico de la avaricia del poder y las riquezas. La espiritualidad, la vida con el Espíritu de Jesús es el camino firme hacia el paraíso donde la persona es lo primero y el bien común su medio ambiente habitual, y Dios, el que nos ama  hasta el extremo, y no la maquina tragaperras que nos da premios en ocasiones, y nos decepciona la mayoría de las veces. 

    Hoy es tiempo de gracia, por ello, imploremos con fuerza a Dios unidos al salmo, para que no nos quite su santo Espíritu porque sin el Espíritu de Dios no hay vida en plenitud. No lo olvides. 

 

CENIZA

    La llamada a la conversión siempre es global. Porque el mundo necesita respuestas globales. Joel es claro. Los problemas de hoy son hijos de la globalización: calentamiento del planeta, el terrorismo internacional, la pobreza endémica que provoca los flujos migratorios constantes en manos de mafias, con sus peligros anejos para todas las personas inocentes que tratan de encontrar un futuro mejor, las epidemias que nada saben de fronteras superadas, la economía de todos sujeta a los bandazos de un mercado imposible de controlar con estados nación totalmente obsoletos. Son graves los problemas que nos afligen, con estructuras de pecado tan asentadas, que un sólo ser humano no podrá contra ellas. Por eso la convocatoria es para todos. El Evangelio no va de salvación de almas sino de salvación de mundos, de crear universos nuevos. 

    Reconciliarnos con el Padre es una invitación para todos porque el mundo necesita más que nunca reencontrar la senda de la fraternidad. Pablo lo tiene muy claro.

    Por eso el Evangelio es tan claro: La limosna es la invitación a la solidaridad y a la construcción del bien común. El Padre nos lo pide y la limosna pomposa que nutre el propio ego no es lo que nos solicita. 

    La oración es el camino para descubrir que somos Hijos de Dios y por tanto: hermanos los unos de los otros. El Padre nos alienta y nos ayuda a construir la fraternidad si se lo pedimos de corazón y no por simulación en busca de otras cosas.

    El ayuno es la auto privación. No es una mortificación. Es la elección del amor frente al desamor. Así de simple. Sin esta opción definitiva es imposible construir la civilización del amor que nuestro mundo necesita. Y para eso hay que renunciar a muchos egocentrismos hechos política, sociedad, cultura, y economía, incluso religión, filosofía, ciencia, tecnología o ideología. Sin un ayuno global de desamor la sociedad del bien común siempre será un imposible.

    La cuaresma como una reedición de un periodo de mortificación individual para cultivar un pietismo narcisista y devocionalista es pura basura. Reducir a eso, la enseñanza de Cristo es una blasfemia. Así que hagamos de esta invitación algo serio: pidamos un Espíritu nuevo que nos dé un corazón nuevo. Y dejemos de lado las patrañas caducas que tanto daño han hecho a nuestra fe, y tantos enemigos del cristianismo han generado. Ya nos lo advirtió el concilio hace muchos años, no echemos en saco roto su enseñanza, construyendo teísmos que nada tienen que ver con Cristo, para eso, hermanos no murió el Señor en una cruz. Si no reinventamos este tiempo litúrgico desde claves verdaderamente bautismales dudo que realmente estos cuarenta días sirvan para algo que sea fiel al Espíritu de Cristo.

 

VII ORDINARIO

    La sabiduría del mundo nada tiene que ver con la sabiduría que otorga el Espíritu Santo. La primera lectura lo deja muy claro. El mundo nos propone no complicarnos la vida con los demás, sus problemas no son los nuestros, no somos los guardianes de los otros. La indiferencia es lo aconsejable. De igual manera la sabiduría de este mundo cree que el odio, el rencor y la venganza, pueden estar justificados. Y suelen ser moneda en curso en muchas de las relaciones humanas vigentes. 

    La Sabiduría del Espíritu Santo de la que Pablo nos habla, plantea otra suerte de vida que deja manifiesto que la indiferencia y la venganza son caminos equivocados que nos conducen a la necedad ya que suponen la destrucción del templo de Dios que somos cada uno de nosotros. Por ello los  pensamientos de los que viven convencidos de esos errores existenciales son vanos. Y su supuesta ciencia es puro desatino.

    El Evangelio, un texto difícil para muchos, nos desarrolla el alma de la Sabiduría del Espíritu. Pero es preciso dejar de hacer lecturas literales de los textos bíblicos, para adentrarnos en el Espíritu con que fueron escritos. La primera parte del texto con claridad nos introduce en la senda de la ironías de Jesús. Jesús nos propone reacciones locas, antes de pegar, antes de odiar, antes de apropiarnos de lo que no es nuestro por medios judiciales, antes de obligar a nadie a recorrer el camino que no quiere recorrer. Antes que cerrarte a tu propia carne, vuélvete loco y da todo lo que tienes. Antes loco que odiar, ser egoísta, o cultivar el desamor. Y una vez establecidas estas ironías y dislocada la sabiduría del mundo, codificada en la ley mosaica (ojo por ojo…), nos propone Jesús amar al enemigo porque así vive Dios, cosa que el Salmo de hoy refuerza. Y esto nos parece a todos imposible.

    La razón de que veamos así las cosas es muy simple. Confundimos amar y querer. Yo quiero a muy poca gente. Pues el roce hace el cariño. El afecto es exclusivo. Amar es otra cosa. Es tratar al ser humano humanamente, aunque no tengas vinculaciones afectivas con él. A veces ayudamos a extraños, simplemente porque son personas y les hacemos bienes, aunque emocionalmente no estamos vinculados con ellos. Es más muchas veces, las emociones nos impiden amar al otro, como suele ocurrir con el fenómeno de los celos. Donde la persona quiere, pero no ama, porque pisotea los derechos y la dignidad del otro ser humano. 

    Jesús nos pide amar al enemigo, porque invitarnos a quererlo es un imposible psicológico. Y no existen ni son posibles los círculos cuadrados. Las traducciones de los textos muchas veces bien por literales, bien por imprecisas, suelen ser engañosas, y con la Biblia no nos escapamos de tales errores. No se puede querer a Stalin o Hitler puesto que son monstruos. No se puede querer a un terrorista que ha destruido vidas humanas o a un asesino en serie. Pero los podemos amar, es decir, tratarlos con la humanidad que no se merecen, no convirtiéndonos con ellos, en los monstruos que ellos han sido. Y hacerlo no en base a lo que han hecho, sino en base a lo que son, aunque sus hechos, hayan denigrado su condición humana. Esta es la clave. Así es como el Espíritu nos enseña a ser humanos de veras, más allá de nuestros cortos y a veces, torpes, sentimientos. Nos diviniza. Y vistos desde esta clave problemas con suegros, yernos, nueras, suegras, cuñados, vecinos, examigos, exparejas, etc… pueden encontrar vías de solución coherente. Pues el amor es libre frente al querer y no lo exige.

    Dejarse llevar por el Espíritu de Dios nos humaniza. Su luz es nuestra sabiduría. Vivimos equivocados. Pensamos que el Espíritu Santo es una paloma. Pero yo pienso, que la paloma somos nosotros. Y que el Espíritu Santo es el aire, el viento que nos mueve. La causa de que tengamos alas. La clave es si queremos usarlas. Porque podemos ser una paloma que mira el mundo con ojos amplios y contempla enormes horizontes movidos por el Espíritu de Dios. O podemos ser una gallina, que solo busca gusanos en el suelo. Y todo por no querer usar nuestras alas y cerrarnos a la sabiduría del Espíritu. Así que o volar alto o pasar por el mundo inmersos en un “kokorikóoo” permanente. Tú decides: Sabiduría del mundo o del Espíritu, tú verás.

 

VI ORDINARIO

    Que la vida es un tremendo misterio creo que resulta evidente para muchos. Basta pensar un poco algunas veces y fácilmente te das cuenta. Muchos son los enigmas que la estructuran y uno de ellos hoy es señalado por las Escrituras. ¿Cómo se coordinan Dios y nuestra libertad?.

    Entre los creyentes hay muchos que se dejan llevar por una mentalidad que cree en el destino o en una suerte de historia decidida por Dios previamente, de la que nosotros somos meros figurantes. Dios sería el novelista y nosotros sus personajes. 

    Sin embargo en ese esquema ocurre algo trascendental: la libertad personal no existe. Ya que todo esta determinado y configurado por un destino inamovible. Y Dios, una suerte de amo, ya lo ha establecido previamente. Es evidente que tal visión de las cosas no encaja en absoluto con el libro del Eclesiástico, y tampoco con los Evangelios, y al parecer tampoco con Pablo, dado que insiste mucho en que creamos en el Evangelio porque al parecer no es algo preestablecido. 

    La libertad para las Escrituras es real. Muchas veces pienso que si Dios no es ni demostrable ni tampoco indemostrable de manera incontestable es para garantizar el imperio real de nuestra libertad. Eso es lo que las Escrituras suponen. No ignoro que a lo que los demás llamamos libertad, algunos religiosos, lo llaman libre albedrío. En eso siguen a Pablo en la carta a los Gálatas. Pero hoy procurare hablar en un lenguaje no especializado. Así que entenderé la libertad como la capacidad de elegir con realismo entre distintas opciones. De modo que para que tal fenómeno pueda acontecer realmente Dios ha decidido crear un ámbito distinto de Él, donde puedan existir personas, o sea un tú verdadero ante Dios capaz de establecer con Él una relación auténtica de encuentro o de desencuentro. 

    Así que nuestra libertad tiene un marco de opciones determinado, condicionado por los efectos de sus propias decisiones. Pero su destino final sin Dios es la muerte y nada más. Y además, la bondad, la verdad y la belleza, aunque le son asequibles, en términos absolutos le son inalcanzables de manera permanente. No somos Dios. Esa es nuestra condición. Somos finitos. Hoy por nosotros mismos, no tenemos más opciones.

    Aquí es donde Dios interviene. Gracias a Jesucristo, el Espíritu Santo se ha derramado sobre nuestras vidas, si lo queremos recibir. El Espíritu Santo en ningún momento viene a suplantar nuestra libertad, sino a abrirle posibilidades que por sí sola, ella no podría alcanzar nunca. Os pondré un ejemplo. Si nosotros somos la semilla, el Espíritu Santo es la lluvia. Esto los murcianos lo entendemos muy bien. Estamos acostumbrados a ver nuestras montañas y campos azotados por el estío, secos y polvorientos. Nadie diría que en algunos momentos fueran capaces de contener vida en ellos. Son yermos y parecen calcinados. Un ambiente semidesértico como el nuestro tiene eso. Pero entonces, llueve. Y al poco de las lluvias, nuestros campos y montes reverdecen de un modo asombroso. Contenían semillas. Pero estás estaban como inertes. Si bien el agua las despierta y les concede unas posibilidades de germinar que por sí solas nunca tendrían. Y entonces ocurre el suceso sorprendente de su floración. Así obra el Espíritu de Dios con nosotros. Pablo hoy nos lo pone ante los ojos al final de su carta. 

    Pero recibir el Espíritu y germinar no es algo mecánico. A veces las semillas germinan, pero otras veces, se pudren y nunca brotan, a pesar del agua que les pueda caer. Con nuestra libertad sucede lo mismo. Cuando recibimos el Espíritu unas veces damos fruto, y otras veces, no. He ahí la realidad de nuestras decisiones últimas. Nada está decidido. Se nos regala un plus. Pero ese regalo puede ser recibido o derrochado para nada. Por eso el Eclesiástico nos habla como nos habla. Tenemos la oportunidad de alcanzar la vida en plenitud que se nos regala, o bien, podemos no hacerlo. Vida o Muerte, ambas están ante nosotros. 

    Así que el Evangelio hoy nos ofrece tres lecciones maravillosas: podemos caminar en pos de la reconciliación cuando afrontamos conflictos, comunes y constantes a todos, en algún momento de nuestra vida. O podemos caminar hacia el conflicto sin resolución. Otra opción, podemos construir una familia sagrada y mantenerla contra viento y marea, si esta es verdadera, o podemos destruir una familia verdadera, por una decisión torpe y arriesgada. A veces se nos calientan los cascos y podemos obrar de modo muy torpe. Evidentemente, cuando la familia es ficticia y no es auténtica, la valoración correspondiente es otra, pero ese es otro tema del que hoy no hablaré. La tercera y última opción, es que podemos ser gente honesta cuya palabra tiene valor, o podemos no ser gente que haga valiosas sus palabras, porque sea capaz de prometer una cosa y hacer otra. Nuestros políticos por desgracia, muchas veces son un testimonio vivo de falta de honestidad con sus promesas. Lo cierto y verdad es que si nos dejamos guiar por el Espíritu imperará en nosotros la búsqueda de la reconciliación tras el conflicto, la defensa y la promoción del carácter sagrado de una familia verdadera y la honestidad con la palabra dada, serán nuestra enseña máxima.  Ni que decir tiene que seguir la voz del Espíritu de Dios fortalecerá nuestro tejido social, y no hacerlo, procurará su destrucción. 

    El mensaje es certero. De modo que hoy nos queda claro que nuestra libertad se abre a la posibilidad de vivir en plenitud si escucha la voz del Espíritu de Dios y se llena de gracia. Cosa que le sería imposible si no lo hace. Así que amigos, mi propósito hoy es sencillo: quiero pedirle al Padre Dios hoy, que su Espíritu se derrame sobre mí y me asista siempre, que no se canse nunca de mí, porque soy un pecador y muchas veces me encierro en mis pocas opciones, sin abrirme a las muchas que Él me ofrece. Y ahora te pregunto: ¿Y tú estás dispuesto también en esta Eucaristía a pedir esto?. ¡Ojalá y que sea que sí! Eres libre no lo olvides, nada está decidido del todo. Tú cuentas de manera definitiva.

 

V ORDINARIO

    Ser luz del mundo y sal de la tierra. Esa es la misión de todo laico cristiano, según el Evangelio de Mateo que hoy escuchamos. La Luz esfuma las tinieblas. Y la sal vuelve sabroso todo lo que toca. Así que para que un laico pueda volver luminoso el mundo y sabrosa la tierra, necesita “barrer” de su conducta tres cosas. Barrer, como aquella copla del ayer nos enseñaba: “si yo tuviera una escoba cuantas cosas barrería”, pues hoy y siempre toca barrer tres, ¡atentos!.

    La primera el Egoísmo. Isaias es muy claro en este sentido. El egoísmo es padre de la avaricia que nos vuelve usureros. El egoísmo es insolidario y genera constantes injusticias. Y lo que es más impide que reine el Bien Común. Porque el egoísmo ha acaparado la economía, fundándola en la avaricia, el Bien Común ha salido muy perjudicado. La búsqueda del Bien Común como piedra fundante de todo el tejido social, es el mayor de los empeños que un laico cristiano debe emprender.

    La segunda es el odio. Isaías de nuevo se expresa con rotundidad. El odio de los hechos y de las palabras. Cuanto dolor siembran a su paso al transmutarse en terrorismo, integrismo, guerras, liquidaciones mediáticas, conflictos, intolerancias, racismos y asesinatos. El odio es incompatible con la felicidad. El odio aborta la dicha. El odio mata. Un laico cristiano ni debe ni puede implicarse en discursos y movimientos que odian a los demás. Y si lo hace, deja de ser, cristiano. Incluso aunque dicho odio sea fundamentado y promovido desde instancias religiosas.

    La tercera es la soberbia. Ahora es Pablo quien habla. Podemos tener carácter, como Pablo tenía, pero eso no supone ponernos frente a los demás creyéndonos más que ellos, mejores que ellos, por encima de ellos, nunca agradeciendo nada porque pensamos que todo nos lo merecemos. Todo y más. Esto es pestilente. La soberbia es fétida. Y aunque el que la padece piense que enriquece con su presencia a los demás lo único que consigue es suscitar el desprecio y el rechazo de los otros a cada paso, pues todos, estarán deseando perderlo de vista, pues su “tufo” es insoportable. La humildad es saber que nadie es más que nadie, y aceptar que a los ojos de Dios, todos somos iguales, porque Dios es amor para todos.

    Así que hermanos, esto es sencillo si queremos ser Sal de la tierra y Luz del mundo, Pablo nos muestra el camino. Hazte uno con Cristo Crucificado. 

    Porque Jesús crucificado nunca es egoísta, da su vida por amor y por la misma razón derrama hasta la última gota de su sangre. 

    Porque Cristo crucificado nunca odia, al contrario perdona a todos,  y no se convierte nunca en un reflejo del odio que los demás vierten sobre Él, porque creen equivocadamente que Él es una amenaza para nosotros.

    Porque, en definitiva, Jesús en la cruz, nada sabe de soberbias. Los crucificaban totalmente desnudos para humillarlos públicamente, ese paño que recubre sus genitales, es una concesión nuestra que los romanos, nunca le dieron. El no era nadie, humillado no parecía humano, un pingajo de carne sanguinolento nada más.  Sin poderes ni riquezas. Un olvidado. Una pasión inútil. Pero esa realidad humillada, después se alzará del polvo, y mostrará su gloria, pero nunca imponiéndose, sólo, proponiéndose. 

    Así que esto es sencillo laico, si quieres ser Sal de la tierra y Luz del mundo, hazte uno con Cristo y este crucificado. Por ello pidamos al Padre hoy que nos regale su Espíritu Santo para que esto pueda ser posible.

 

IV ORDINARIO / LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR.

    Caminando por Roma, descubrí para mi sorpresa que uno de los valles de la antigua capital imperial, lleva el nombre de “Murcia” tal cual suena la palabra. Y conste que no es un valle insignificante, sino el que se forma entre las colinas del Aventino y el Palatino. Esto es: el circo máximo. No es por tanto la palabra Murcia una derivación de un nombre musulmán, sino un nombre plenamente romano. Investigando más descubrí que Murcia es el sobrenombre que se da a la diosa Venus, cuando ésta se representa con un niño en los brazos como manifestación de que el amor ha dado como fruto la vida. Así que igual que este valle romano estuvo consagrado a la Venus Murcia, y de ahí su nombre, nuestra tierra bien pudo estar bajo el amparo, de este diosa con niño.

    Henos pues aquí hoy a los pies no de una diosa con su hijo, sino ante una mujer que es madre Dios hecho hombre. Un hijo precioso que ella nos ofrece con los santos evangelios en su mano, para que todo el mundo coma de este nuevo fruto sin pecado y se nutra de su sabiduría. Ella es la nueva Eva de la nueva Creación que por su Hijo acontece. Sin duda la Arrixaca renueva en la cosmovisión cristiana el antiguo significado pagano del nombre de nuestra tierra. Y ella, Santa María del Arrixaca, la antigua, la patrona del Reino que Alfonso X nos legó, se prefigura como el eslabón perdido que engarza nuestra actual experiencia cristiana refundada hace casi 800 años, con la antigüedad de nuestra fe cristiana que en otro tiempo colocó a la Diócesis de Cartagena como la primada de España, hasta que los bizantinos segregaron nuestra tierra del antiguo reino visigodo. Con un culto ininterrumpido, salvo en pequeños lapsus de tiempo, a lo largo de este periplo de 800 años, culto que aún permanece vivo y perdura gracias, entre otros, a todos vosotros hermanos.

    ¿Y qué significado tiene para todos nosotros esto existencialmente hablando? Para entenderlo, las Sagradas Escrituras de este día, vienen en nuestro socorro. La Arrixaca nos presenta un niño sentado en su regazo. Es Cristo. Pero eres también tú y yo, todos nosotros. ¿Como puede ser esto diréis amigos?. Recordad nuestros sacramentos de la iniciación cristiana. El Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Por ellos somos uno con Cristo. “Otros Cristos” para el mundo. Y esto para poder vivirlo ¿qué reclama de todos nosotros? Que como Simeón y Ana nos convirtamos todos en personas llenas del Espíritu Santo. Lo cual supone cuatro lecciones que no debemos olvidar nunca.

    La primera la ofrecen el Salmo y el Evangelio de hoy. Ser una persona llena del Espíritu Santo nos convoca a anunciar a Cristo a todos con hechos y palabras. Si no abrimos hoy las puertas del mundo con nuestras palabras y con nuestros hechos a Cristo, lo dejamos mudo y quieto, lo convertimos en un inútil. Pues todos somos hoy Cristo en medio del mundo. Estos hermosos ancianos Simeón y Ana, nos lo enseñan con un arrojo sorprendente. Pues es misión de todos, incluidos los abuelos, el transmitir la fe a los demás. Es más sin muchos abuelos hoy la fe no sería transmitida a las nuevas generaciones. Pues gracias a ellos los niños de hoy, muchas veces, pueden conocer el Evangelio. 

    La Segunda la ofrece Malaquías. Estamos llamados a ser purificadores de la Iglesia, como fuego de fundidor y lejía de lavandero. Estamos llamados no a andar criticando a la Iglesia por los rincones sino a poner las cosas en su sitio dentro de ella. Y esto es tarea de todo bautizado. Yo fui anarquista antes que cristiano, y aún me queda alma de anarquista y por ello a veces, suelo resultar empalagoso para algunos no acostumbrados a vivir con los defectos propios de un mazarronero libertario de raza. Y por ello fui profundamente anticlerical. Hasta que mi catequista, aquella mujer inolvidable para mí, llamada Mariana, me dijo un día: Andrés mientras que tú y yo formemos parte de ella en la Iglesia no faltará la porquería. Y ese día entendí que si quería ser Iglesia debería enfangarme en sus trabajos. Y dejar sólo de hablar de lo que en ella está mal. Y esta mujer me hizo sentir que era Cristo quien me lo pedía. Y desde entonces vivo inmerso en estos quehaceres. Y puedo deciros que a veces pienso que es un milagro de Dios que la gente no pierda la fe, porque los levitas de hoy que somos los clérigos, muchas veces hacemos y decimos cosas que ¡válgame Dios!. Y es que llevados de nuestras teologías y nuestras opciones fundamos movimientos de diverso espectro, cofradías o hermandades distintas, agrupaciones todas en no pocas ocasiones enfrentadas, como sí todos no fuésemos hijos del mismo Dios y de la misma madre. Debates como cual debe ser la mejor advocación de María, como si ella no fuese una y la misma, la única patrona verdadera de todos, son baladíes y ridículos.  Pablo el apóstol nos lo enseñó con rotundidad: no somos de Pedro, de Apolo ni de Pablo, todos somos de Cristo. Y esto debería hacernos caer en la cuenta de múltiples errores a corregir. Lejía de lavandero, fuego de fundidor, eso estamos llamados a ser con coraje ante quien por prejuicios de distinto tipo quiera echar a unos o a otros del seno de su casa. Pues todos somos piedras que mantienen en píe el templo sagrado de Dios en el mundo, pues no otra cosa es la Iglesia. Ser una persona llena del Espíritu Santo supone todo esto. 

    La tercera lección nos la muestra la carta a los hebreos. Si somos personas llenas del Espíritu Santo debemos vencer el miedo y sus perniciosos efectos. El miedo saca de nosotros lo peor que llevamos dentro. Pues cuando pensamos que el otro es una amenaza lo tratamos con desamor. Mirad la cruz y lo entenderéis. Ved en ella lo que le hicimos al Hijo de Dios porque neciamente pensamos que era una amenaza. El desamor a Dios, a los demás, a nosotros mismos y al mundo, nos sumergen en el pecado. Porque el desamor es el pecado. ¿Por qué? Porque Dios es amor. Por ello el pecado es el desamor. Y el miedo a la muerte nos atenaza porque nos hace creer que los demás pueden ser una amenaza para nosotros. Una amenaza de muerte. Pero Cristo ha resucitado y por ello no cabe el miedo, ya que el Amor se ha mostrado en Él, más fuerte que la misma muerte. El nihilismo y la cultura de la muerte, sustentos de la brutalidad, deben ser exorcizados por nuestra sola presencia. Eso es un ser humano lleno del Espíritu de Dios. Y eso nuestro mundo de hoy lo necesita más que nunca, lo reclama a gritos. Nuestra era reclama personas libres de miedos, cristianos felices porque se han liberado de esas terribles cadenas, que no se distinguen de los demás por el vestido, sino por su forma de existir entre los demás. Somos como ellos, pero llenos de amor y misericordia, frente a todo temor y frente al pecado que es puro desamor. 

    La cuarta y última lección nos la regala la segunda parte del Evangelio. Esto de reformar la Iglesia y de cambiar el mundo, este empeño constante no será fácil. Seremos bandera discutida y muchas veces una espada nos atravesará el alma como a nuestra madre. Os recuerdo que a ella su Hijo le pidió que fuese nuestra madre, aunque nosotros le claváramos un puñal en su corazón al crucificar a su Hijo. Y ella fue capaz de aceptarlo, porque estaba llena de gracia. Ella meditó los misterios de su Hijo Jesús. Y se hizo sabia como Él, y se robusteció, creció. Nosotros no podremos asumir nuestra misión si no estamos llenos como ella del Espíritu de Dios, de ahí que sea tan importante formarnos. Seamos niños, jóvenes, adultos o ancianos. De ahí que sea tan fundamental cuidar nuestra espiritualidad. La misión es enorme y difícil, pero ella nos testimonia bajo la advocación del Arrixaca que para mantenerse en pie es preciso estar nutrido. La cantiga lo proclama a los cuatro vientos. Su historia nos lo enseña, así que si queremos cuidarla como Juan el apóstol, si hoy queremos ser sus queridos “juanicos”, como me gusta llamaros, debemos beber de su fuente y nutrirnos con su ejemplo que es hoy la savia que necesitamos para afrontar los retos a los que se nos convoca. 

    Así que alegraos hoy, en esta fecha entrañable, en la que Jaime el Rey, entró a la que luego sería la catedral con su sagrada efigie en las manos hace casi 800 años. Da igual cual fuese la imagen porque era Santa María, y la imagen que veneramos hoy es la que ya estaba aquí en aquellos tiempos lejanos. Murcia es una periferia de la tierra de España. Lejana en el sureste. Desconocida por muchos. Fuente de chanzas para algunos que quieren que ocupemos el lugar del chistoso pueblo de Lepe, porque no nos perdonan que no formemos parte de sus juegos políticos. Además no tenemos agua. Y eso nos coloca muy atrás en la linea de salida. Pero María está con nosotros. En la periferia, como al Papa Francisco le gusta decir. Nuestra Santa María del Arrixaca, o sea del arrabal, perfectamente podría ser llamada hoy: Santa María de las periferias. Y en las periferias se sufre, a veces, mucho. Pero si contamos con su amparo, no tenemos por qué sentirnos desamparados. Así que ánimo hermanos, alegría a pesar de las dificultades. Seamos para el mundo ese niño sentado en su regazo, llenos del Espíritu Santo, llevando la luz del mundo a todos los que viven inmersos en las tinieblas. AMÉN. ¡VIVA SIEMPRE EN NUESTROS CORAZONES SANTA MARÍA, LA DE LAS PERIFERIAS, LA VIRGEN DEL ARRIXACA!.

 

III ORDINARIO

    Qué importante es la Palabra de Dios para un Laico. Porque la escucha de ella nos llena del Espíritu Santo. Nos ocurre como a María, y es posible responder igual que ella con sus hermosas palabras: Hágase en mí según tu Palabra. 

    Las actitudes que el Espíritu de Dios siembra a su paso cuando escuchamos la Palabra del Señor, son muchas y variadas. Las Escrituras hoy nos ofrecen algunas.

    La Palabra del Señor cuando la escuchamos nos infunde un espíritu de lucha. Luchamos contra las tinieblas y a favor de la luz, en nuestro mundo. Luchamos a favor de la alegría y contra la tristeza. Luchamos por la liberación contra la opresión, en cualquiera de sus manifestaciones. Así habla el profeta hoy.

    La Palabra de Dios nos infunde esperanza contra la desesperación, ánimo frente al desánimo y valentía frente al miedo. Así nos habla el precioso salmo que hoy hemos proclamado.

    La Palabra de Dios nos infunde siempre la búsqueda de la unidad frente a la división. Pues es muy triste y pernicioso que los seres humanos vivamos inmersos en los conflictos, y aún más que los que nos llamamos cristianos, vivamos peleados y divididos en confesiones distintas, sin formar parte todos de la única y verdadera Iglesia de Cristo nuestro Señor. El apóstol no deja lugar a dudas sobre su enseñanza.

    La Palabra de Dios cuando la recibimos con fe en nuestro interior suscita en nosotros la conversión, la apertura al reino de Dios, el seguimiento de Jesús, convirtiéndonos en sus discípulos, pues conocerlo, nos enamora de Él, y nos llenamos de fortaleza interior para dejar de lado lo que no es Cristo para seguir sus pasos sin temor en la aventura de la vida. El Evangelio ha hablado.

    Por ello dedicar tiempo a la Palabra de Dios resulta tan importante y definitivo. Porque abierto a ella, un laico, en medio del mundo siempre será levadura en la masa, sal de la tierra, pues  se necesita hoy alegría, liberación, esperanza, ánimo, fortaleza, unidad y que Dios reine en el mundo. Así que laico escucha la Palabra y como María medítala, de modo que, lleno de gracia, puedas dar a luz a Cristo Jesús hoy en medio del mundo con tus hechos y palabras.

 

II ORDINARIO

    Las Escrituras nos envían un mensaje muy claro a todos. “No basta que seas luz para Israel, es necesario que lo seas para todos los pueblos”, nos dice Isaias. “Os anunciamos el Evangelio a los cristianos que viven en Corinto, y a todos los que por cualquier rincón del mundo creen en Cristo Jesús”, nos enseñan Pablo y Sóstenes. “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del Mundo”, nos enseña el Bautista. “Todos los pueblos, todos los que por cualquier rincón del mundo, y quitar el pecado del mundo”. Lo universal queda muy claro para las escrituras hoy.

    Ya basta de tribalismo, de nacionalismo, de patrioterismo, de otras muchas categorías mentales del ayer. Universalismo. Catolicidad. Globalidad. Dios ve el mundo con una mirada tan infinita y tan vasta como el ser mismo, como el cosmos existente. No darnos cuenta de esto es ridículo. 

    Si compartimos el mismo aire sin fronteras que lo limiten ¿qué sentido tiene que andemos pintando límites cuando ni Dios ni el mundo lo han hecho? El concepto nación es perverso cuando se usa para la división y el conflicto. “Por todos vosotros”, “por muchos”, “por todas las personas del mundo”. Por eso se entregó Jesús y por ello, derramó su sangre. Pretender dividir el amor de Dios en compartimentos es la cosa más grotesca de cuantas puedan imaginarse. Todas las Escrituras hoy se desenvuelven en ese marco de catolicidad. 

    Por ello imploremos hoy al Espíritu de Dios. Juan Bautista nos insta a ello. Porque la mentalidad humana sigue atrasada con respecto a los retos que la historia nos plantea. Necesitamos  una nueva creación, y sólo su aleteo sobre nuestro caos puede hacernos caminar hacia un cosmos, ojalá y que no permanezcamos más tiempo sordos a su voz. El tiempo pasa y los graves problemas que nos aquejan siguen sin resolverse. Y esto no nos saldrá gratis. Así que ¡Ven Espíritu Santo!.

 

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

    El laicado es el grupo más numeroso de la Iglesia. Y todo lo que en ella sucede es para bien del Pueblo de Dios de modo que este pueda ser revestido de la gloria de Dios. Por ello en esta fiesta singular, con la que damos fin al tiempo de la Navidad, las Escrituras nos permiten comprender mejor la figura y la misión del laico dentro de la Iglesia. 

    En primer lugar el profeta nos muestra que el laico es un elegido de Dios para construir una realidad nueva, sin asomo de tiniebla y plena de luz. Y ese cambio consiste en llevar el imperio de la justicia y del derecho a todos los campos básicos de la comunidad humana: la familia, la cultura, la política, la economía, el mundo laboral, la realidad social, la ciencia, y tantos otros campos. No es la misión de un laico ser la sombra del clero, su papel fundamental ha de desempeñarlo en medio del mundo. La transformación de la realidad para transfigurarla desde el amor es su misión específica. El laico es el cristiano de a pié en medio del mundo, y el sentido de la fe lo acompaña siempre porque para eso se le ha dado el Espíritu de Jesús. Algún día debería estudiarse hasta que punto la voz de Dios es la voz de su Pueblo Santo en medio del mundo.

    En segundo lugar el Salmo nos indica que la voz del Señor debe oírse en el mundo. Y los laicos en este campo, tienen mucho que hacer, pues ellos están presentes en ámbitos a los que la Iglesia si no estuvieran ahí, sería incapaz de llegar. Por ello la Evangelización permanente en la que vivimos inmersos, no se puede llevar a cabo si no es con su participación definitiva. Sin laicos el mundo no se evangelizaría jamás. Varios escritos del Nuevo Testamento nos dan sobrada prueba de ello. Es más todos hemos sido evangelizados por un laico. Eso no debe olvidársenos nunca.

    En tercer lugar los Hechos de los apóstoles nos testimonian que los laicos deben derribar todas las fronteras y superar todas las acepciones de personas porque el Señor es de todos. Si no aprovechamos la globalización para lograr la unidad de la familia humana, seremos incapaces de resolver grandes y graves problemas que demandan una intervención global. Y esa tarea es laical. El laico debe enseñarles a todos que en la unión está la fuerza, y que esta nueva hora mundial demanda una búsqueda constante del bien común. El concepto tribal del mundo ha quedado obsoleto. Está batalla es laical. Hoy como ayer y como mañana es la hora del laicado siempre y esa es la razón de que su mayoría en la Iglesia sea aplastante.

    En cuarto lugar el Evangelio nos descubre que el laico debe enseñar a todos a mirar al otro ser humano, no como a un objeto, o como a una cosa, o como a un esclavo. El otro está llamado a ser un Hijo amado de Dios, y ello, porque en él, el Padre Dios se complace. El otro no es objeto, es sujeto. El otro no es cosa es persona. El otro no es esclavo es Hijo amado de Dios y hermano nuestro. Ese redescubrimiento constante de la dignidad humana, de sus derechos y sus valores anejos, es tarea permanente del laico. El laico se sabe amado por Dios y por eso es capaz de hacer descubrir a todos porque ellos también deben sentirse amados por el Padre que en nosotros se complace. Pues Él decide que nosotros seamos lo más sagrado que existe.

    Para llevar esto adelante el laico cuenta con la acción viva y eficaz del Espíritu Santo. Que hoy es una constante en todos los textos bíblicos propuestos. Por ello es importante que el laicado esté inmerso en Él. Y para que eso ocurra el laico tiene cuatro fuentes a su disposición: El Bautismo que lo prepara para convertirse en Templo del Espíritu Santo. La Confirmación que lo configura como testigo del Evangelio en medio del mundo como fruto de la presencia del Espíritu Santo en él. La Eucaristía, donde gracias al Espíritu Santo, se alimenta el laico cada domingo con la Palabra viva de Dios y el Pan de Vida. Y con la Reconciliación, este sacramento tan olvidado por muchos, que renueva nuestro bautismo cuando perdemos el camino que iniciamos en él por nuestro pecado de desamor a Dios, a los demás, al mundo y a nosotros mismos. Sin estos cuatro sacramentos es imposible ser un laico de verdad. Un cristiano en medio del mundo ungido por el Espíritu de Dios. Así que en esta Eucaristía pidamos al Padre que por el Hijo nos inunde a todos con su Santo Espíritu, de modo que todos, como Jesús podamos cumplir con nuestra singular misión en el mundo.

 

EPIFANIA

    Amigos Jesús vivo por su Santo Espíritu hoy nos hace comprender la grandeza de este día. Porque el Señor Jesús camina con todos los hombres. Por eso su mirada al mundo hoy nos devuelve varias enseñanzas a tener en cuenta. Nos habla a nosotros como a los nuevos magos de Oriente. Y como una nueva estrella viene a guiarnos en la dirección correcta. 

    Él nos pide a través del profeta que logremos la gran reunión de todos los pueblos en uno solo. Porque de otro modo no podremos reconstruir lo que está caído en el mundo. Pues las ruinas que tenemos que afrontar son muchas y muy grandes, y es preciso el esfuerzo de todos. De lo contrario no seremos capaces de salvar a este mundo y a quienes lo habitamos. La destrucción del medio ambiente y de los seres humanos es fruto de estructuras enormes, que sin el apoyo mutuo y global no podremos deshacer. El ser humano debe dejar atrás su pasado tribal y nacer a la nueva era global, donde las fronteras se tornan irrelevantes e incluso estorban para resolver los problemas actuales. El bien o será común o no será. Sea pues este el oro que el Espíritu de Jesús desea que pongamos a los pies del nuevo mundo que puede nacer y que hoy apenas es un niño emergiendo entre mil dificultades.

    Él nos pide a través del apóstol que descubramos que no hay excluidos. No puede haber exclusiones si queremos vivir en plenitud. Nadie debe ser excluido de la verdad, de lo que es bueno y de los que es bello. Marginar a gente porque no son de los nuestros, es como querer su destrucción. Y todos estamos destinados a la salvación. Y sólo puede excluirse el que así lo decida, pero él o ella, exclusivamente. Nadie puede ni debe excluir a nadie de los bienes que Dios nos ha regalado a todos. Lo universal es para todos, no para unos pocos. Sea pues nuestro incienso para el mundo hoy la integración de todos sin dejar de lado a nadie, salvo que esa persona libremente decida otra cosa. 

    Él nos pide a través del Evangelio que no miremos a los demás como una amenaza. Porque cuando hacemos esto sale de nosotros lo peor que llevamos dentro. Basta ver el caso de Herodes para entenderlo. Ver al otro con los ojos de los magos nabateos (según la última hipótesis), es mirarlo con adoración a la expectativa de poder descubrir cual es el tesoro que puede aportarnos. Con qué luz personal, puede él o ella iluminarnos. Y como su presencia puede cambiar nuestra vida para bien. Si descubriésemos que quien convive con nosotros aunque sea un instante es un tesoro, que distinta sería nuestra vida. Pero nos empeñamos en vivir en el mundo de Herodes, y por eso “lloramos tanto como Raquel, porque muchas veces descubrimos con dolor que nuestros hijos ya no viven”. Y no es nadie, somos nosotros, los que nos empeñamos en vivir el mundo así. Y convertimos fácilmente lo que podría acercarse a ser un paraíso, en un macabro festín de rabiosos cocodrilos voraces. Sea pues nuestra mirra para el mundo naciente una mirada que adore y no unos ojos que agredan a los demás. 

    Lo sé. El Espíritu de Jesús al convocarnos a ser los nuevos magos de este mundo nos saca del circuito de vida ordinario, y nos enloquece en parte según la lógica de Herodes, contra el que nos vacuna para que seamos listos frente a él y no tontos. Pero así es la magia de Jesús. Pues como recordarás Él es el Rey de reyes, pero, su Reino no es de este mundo. Si lo sigues no lo seas tú tampoco.  

 

II NAVIDAD

    Dios y el hombre no son opuestos. Pues la respuesta a las expectativas del hombre se encuentran en Dios, de modo que cuanto más humano te haces, más divino te vuelves, y cuanto más divino te haces, más humano te vuelves. Pues en lo divino encuentra lo humano su plenitud, pues lo natural ha sido creado para revestirse de lo sobrenatural.

    Esta intuición queda fundada en la meditación sosegada de las lecturas propuestas para hoy. Escuchemos nuestro corazón y lo entenderemos.

    ¿Acaso no anhelamos sabiduría para afrontar los retos y las cuestiones de nuestra vida? Pues Jesucristo es esa sabiduría que ha sido puesta en medio de nosotros y que está a nuestro alcance. Y podemos considerar nuestra vida a su amparo enriqueciéndonos siempre con sus inmensos tesoros. El libro del eclesiástico nos lo anuncia.

    ¿Acaso no deseamos no vernos solos? El ser humano no está hecho para la soledad. Es más privado de los demás humanos, el hombre no se desarrolla de manera conveniente. Pues si este es tu deseo, Jesús te regala una familia inmensa: la familia humana, pues en ella constituye un pueblo nuevo integrado por todas las razas y culturas. Y esa familia es la Iglesia. Pues esa palabra no significa “junta de clérigos”, sino una asamblea convocada por uno que viene de más allá de entre nosotros. La soledad para un cristiano sólo existe cuando este la busca. El salmo es claro en eso.

    ¿Acaso no nos gustaría conocer cual es nuestro destino? Pues Cristo como nos enseña Pablo, nos lo desvela. Nuestro destino es amar y ser amado. Pues cuando amamos funcionamos y vivimos en la gloria, en cambio cuando no lo hacemos, lejos de funcionar convertimos nuestra vida en un infierno. ¿Acaso no necesitamos recuperar el aliento muchas veces? Porque hay situaciones limite que nos cortan la respiración por la dureza de las mismas. Pues Jesús nos regala su Espíritu que nos resucita, nos revive, nos devuelve la esperanza, nos ilumina, y nos convoca a la eternidad como nuestro destino último. Y el aliento vital vuelve a nosotros.

    ¿Acaso no sería nuestra vida tiniebla sin Cristo de nuestro lado? Jesús, con su palabra viva, que eso significa verbo, una palabra actuante, una palabra transformadora, lo inunda todo de luz. Pues sin Cristo, la realidad no sería un mundo amado, sino del todo irrelevante. Por eso con Cristo el universo todo, se llena de luz y de calor. Pero sin Cristo el universo es un entorno frío y oscuro. Y esa es la diferencia entre la bendición y la maldición. Con Cristo la vida es una sucesión de gracia tras gracia hasta alcanzar la plenitud. Sin Cristo la vida es un camino hacia ninguna parte, porque todo es para nada, y nada vale nada. El prólogo de Juan lo explica a la perfección.

    No hay oposición entre lo divino y lo humano. En Cristo ambas realidades se desposan y la plenitud de una, por puro amor gratuito, enriquece a la otra, que enamorada responde agradecida si libremente tiene a bien consentir. Nuestro destino último son las bodas del Cordero. Esa es la alegría que Cristo nos transmite hoy.  

 

1 ENERO

    En esta fecha tan señalada las Escrituras nos aconsejan abrir nuestro corazón como María, la Madre de Dios, a la acción del Espíritu Santo, de modo que llenos de gracia podamos como ella, dar a luz a Jesús en medio de nuestras vidas. 

    Cuando el ser humano recibe el Espíritu de Dios bendice y protege todo: el mundo, los demás e incluso sí mismo. Pues Dios con nosotros, que eso es el Espíritu Santo hoy, nos conduce a amarlo todo, pues todo ha sido hecho para el amor.

    Cuando el ser humano recibe el Espíritu Santo, construye la paz y no emprende la destrucción de la guerra. Bajo la acción del Espíritu de Cristo, los seres humanos buscan el imperio del Bien Común, porque es imposible la globalización verdadera sin auténtica unión de los que son distintos en la comunión. La globalización solamente fructificará cuando evolucione y se convierta en una plena globalización del amor. Mientras será una casa sin terminar.

    Así nos han hablado los textos del Antiguo Testamento. Pero Pablo da un paso más. Solamente seremos capaces de superar la lacra de la esclavitud, travestida hoy de múltiples formas, cuando descubramos que somos hermanos. Si bien eso sin el Espíritu de Dios resulta muy difícil, pues Él nos capacita para entender que todos somos hijos de nuestro Dios a quien deberíamos llamar todos “Papá” que es lo que Abba significa realmente. La fraternidad es pues un fruto del Espíritu Santo. Y por ello la libertad y la igualdad, que son sus deudoras, solamente superarán su sempiterna dialéctica, cuando la fraternidad sea su habitat inmediato y natural. El Espíritu de Dios está detrás de todo eso.

    Lucas nos hace descubrir que sin el Espíritu de Dios el Evangelio se quedaría mudo, pues es el Espíritu de Jesús el que nos mueve como a los pastores a dar testimonio de sus maravillas a todos los demás. Sin pudores ni cobardías.  Es el Espíritu de Jesús el que nos adentra en la verdadera espiritualidad que pasa por meditar los misterios de Jesús en el corazón de un modo constante, pues es demasiado rico y profundo, para poder conocerlo a primera vista. Por ello la Iglesia se embarca cada año en este proceso obsesivo que es cada año litúrgico, para profundizar aún más en el misterio de Jesús. Aunque ello tristemente moleste y canse a algunos sacerdotes. Es triste que la espiritualidad para algunos de ellos hoy, haya quedado reducida a mero devocionalismo pietista, porque eso no es espiritualidad sino espiritualismo vacuo, como diríamos hoy: mero “postureo” sin cimiento ni sustancia. Propio de esta postmodernidad tan frívola en que vivimos, donde la verdadera existencia ha quedado reducida a un carnavalesco baile de máscaras. Y eso es lo que determinados estamentos clericales parecen hoy: una burda mascarada.

    En fin, amigos, si este año necesitamos algo es que en cada uno de los trescientos y pico días que tendrá, no deje nunca de visitarnos el Santo Espíritu de Dios como visitó a María. Ojalá y que su intercesión maternal nos alcance tal beneficio. ¡Feliz Año Nuevo en el Espíritu de Cristo a todos!.   

 

SAGRADA FAMILIA

    Hermanos hoy no os hablaré de la familia tal cual, sino de la familia de Jesús: aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica. “Esos” a los que él llamaba sus hermanos y sus hermanas. Hoy os hablaré de la familia cristiana, de la Parroquia, de nuestra comunidad, llamadla como gustéis.

    Pues lo que de la familia puede decirse de bueno y de malo, de igual modo, y eso mismo en diferente grado, puede decirse de la Parroquia. 

    Los conflictos intergeneracionales que se perciben en las familias, entre padres e hijos y entre nietos y abuelos, esos mismos se producen en las parroquias. Con los cristianos de siempre y los cristianos de nuevo cuño. De modo que lo que el Eclesiástico detecta en las familias, eso igualmente ocurre en las comunidades parroquiales. Y ni unos deberían dejar de respetar y honrar a los demás, ni los otros deberían exasperar a los que son nuevos. Y nuevo en una parroquia se puede ser por diversos motivos: por reciente conversión o por ser de otro lugar y haber venido a parar aquí. Si perdemos de vista el amor en todo ese proceso, la familia se hunde y por ende, con la parroquia pasa lo mismo.

    En la familia el papel de la mujer sigue a veces siendo discutido, como si de un ser de segunda división se tratara, y eso mismo, muchas veces pasa en las parroquias, donde el machismo no está del todo eliminado. Aunque es cierto que en ella la mujer gana por goleada, porque sin ella, la Casa de María, se quedaría vacía. Y la mujer es el mayor de los regalos para el hombre, lástima que tanto “machito” siga sin darse cuenta. El salmo lo expone a las mil maravillas.

    El peor enemigo de la Sagrada Familia es Herodes. Y también lo es de las parroquias. Herodes quiere matar a Jesús, y eso es lo peor que a una parroquia le puede pasar. Y ¿por qué quiere acabar con Él? Porque le tiene celos. Considera que Jesús viene a robarle la corona, cosa no cierta, ya que el Reino de Jesús no es de este mundo. Además le tiene envidia al Rey de reyes, porque Herodes se considera poca cosa. Su autoestima es un desastre. Y para conseguir acabar con él, miente y es un hipócrita con los magos de oriente, con tal de poner en juego su macabro plan. Pues los celos, las envidias, las mentiras, los miedos infundados, y la hipocresía echan a perder muchas familias y por supuesto, también, infinidad de parroquias y comunidades cristianas, porque cuando cogemos esa senda, una cosa queda siempre clara: Cristo es lanzado al exilio y sufren lo indecible los inocentes. Y eso pasa en los hogares y en la comunidad cristiana. Y eso no huele a Jesús, sino a Herodes. 

    Por último el modo de curarlo lo expone con claridad Pablo. Oración, Acción de Gracias (es decir Eucaristía) y mucha Palabra de Dios. Porque por esas puertas el Espíritu de Jesús se adueña de nosotros y nos muestra la lógica de la bondad, la humildad, la paciencia, el modo de vivir en Paz como un sólo cuerpo, la misericordia y el perdón pues nadie está libre de meter la pata. Todo eso no nos brota en nuestro interior porque sí, sino mirando a los ojos de Jesús. Y su amor nos cambia para bien. Y así crea la comunión de los que son distintos. Y eso vale para la familia y para la parroquia. Pues la parroquia no es otra cosa que una familia de familias.

    Así que hermanos hemos de preguntarnos una cosa ¿queremos que la parroquia sea una familia sagrada? Porque si no escuchamos hoy el mensaje que se nos dirige, en la parroquia sólo encontraremos discordias y competencias, y eso es lo que ocurre en la calle, y para eso no necesitamos la Iglesia para nada, porque nos ahorraríamos un lugar más de pugnas y de odios. En ese caso la sal se habría vuelto sosa y sólo serviría para ser tirada a la calle y ser pisoteada. Así que si deseas que la parroquia sea una familia Sagrada, no destierres a Jesús, expulsa a Herodes de tu vida.

 

NAVIDAD

     Sin Jesucristo la Navidad está vacía. Pues es como un parto en el que no hay niño. Sin Niño la Navidad no es nada. El ritmo habitual de un astro no mueve el corazón de nadie, por mucho que ahora, vuelvan algunos a querer revitalizar una fiesta pagana, que en el fondo también era religiosa porque afirmaba que el astro sol, que para ellos era un dios, renacía. Sin alma religiosa la Navidad es consumo y ruido. 

    Pero ¿por qué el nacimiento de Jesucristo merece la pena ser celebrado en este tiempo? Son muchas las razones, las Sagradas Escrituras, muy ricas y variadas, que se nos proponen en esta jornada, nos las ofrecen:

 

  1. Jesucristo erradica las tinieblas del horizonte humano y lo inunda de luz, pues pone un sentido amoroso en todo lo que vivimos.
  2. Jesucristo es una maravilla de consejero, es el Dios que guerrea a nuestro lado, es el que nos regala un Padre Perpetuo, y es el que llena nuestro corazón de Paz.
  3. Jesucristo es el que proclama que la injusticia no tendrá la última palabra en la vida y en la historia humana. Y ello colma nuestra esperanza cuando sufrimos.
  4. Jesucristo otorga dignidad a nuestra condición humana y la reviste de derechos.
  5. Jesucristo es la afirmación de la alegría y el gozo, frente a la opresión de la tristeza.
  6. Jesucristo es la bondad, la gracia y la misericordia de Dios que nos visitan para hacernos mejores personas por medio del amor.
  7. Jesucristo es la buena noticia que estábamos esperando: nuestro destino es la felicidad, nuestra vocación es vivir en la Gloria y ésta nos aguarda porque Dios nos ama. Y por ello nuestra existencia no es irrelevante, ni absurda, y menos aún, una pasión inútil.
  8. Jesucristo es el que reúne a los pueblos en un Pueblo Nuevo: la familia de los Hijos de Dios a la que se invita a todos los seres humanos a formar parte de ella. Sin más muros ni nuevas fronteras.
  9. Jesucristo es nuestro salvador porque no seremos simplemente pasto de la muerte, sino que Él es la posibilidad real de que nuestras vidas sean eternas.
  10. Jesucristo nos regala el Espíritu Santo que crea y renueva nuestras vidas.
  11. Jesucristo es la promesa cumplida por Dios de que seríamos salvados.
  12. Jesucristo es el que abre para nosotros las puertas del Reino de Dios donde se hará patente nuestra victoria.
  13. Jesucristo es el que sostiene el universo con su palabra poderosa para abrirlo a la plenitud.
  14. Jesucristo es Dios que se nos comunica, hecho carne, en el respeto más estricto de nuestra libertad, para enriquecernos con su plenitud.   

    Cada una de estas razones, explicarlas una a una podría llevarnos toda la noche y aún nos faltaría tiempo. Llevaba razón Juan cuando nos decía que ni todos los libros que pudieran escribirse alcanzarían para desentrañar su asombroso misterio. De modo que bástenos como a los pastores saber que Jesucristo cambia todo para bien y como María dediquemos nuestra vida a meditar sobre ello. Así que después de todo lo dicho te pregunto hoy: ¿Quieres una Navidad sin Jesucristo?, mi respuesta es clara: ¡Yo por nada del mundo!.

 

IV ADVIENTO

    Ajaz es un prototipo de como es nuestro corazón en el siglo XXI. Pues como este rey hebreo nosotros muchas veces hacemos gala de nuestra desconfianza en Dios. 

    Cuantas veces creemos que Dios está ausente, que no le importamos lo más mínimo. Pero Dios se nos presenta como el “Dios con nosotros”. Así lo ha presentado Isaias. El hecho de sufrir o morir no nos convierte en abandonados de Dios. Somos, y en nuestro ser Dios late. Y luego nuestro ser lo convertimos en existencia, cuando libremente decidimos tomar uno u otro rumbo, con lo que somos. Ahí ya no late Dios. Sino cada uno de nosotros. Ahí impera nuestra libertad. Que puede abrirse o cerrarse a la acción de la Gracia de Dios. Permitiéndonos alcanzar metas que de otro modo para nosotros serían imposibles.

    Cuantas veces consideramos que el universo se explica sin Dios alguno, porque ya sabemos como ha ocurrido, pero ignoramos por qué ha ocurrido. Y es el Salmo esta vez el que nos enseña, en comunión con algunos pensadores, que de la nada no sale nada. Y que en cada realidad creada que contemplamos late la presencia de Dios que la ha hecho posible, poniendo en movimiento todo lo creado que se ha auto organizado evolucionando. Deberíamos recuperar ese carácter místico que se manifiesta en todo lo que existe y que al llamarlo naturaleza lo reducimos a mero objeto, sujeto a nuestro capricho, como si nosotros fuésemos capaces de vivir sin ello.

    Cuantas veces miramos lo negativo de la Iglesia y olvidamos lo positivo que en ella se nos ofrece. Una multitud de testigos vivos movidos por el Espíritu de Santidad que nos hacen descubrir a muchos, que Dios nos ama y nos glorifica, si nosotros aceptamos su designio. Pablo nos lo recuerda y nos estimula a todos a unirnos a ese maravilloso grupo. 

    Cuantas veces en fin creemos que Dios no cumple sus promesas, y la principal de ellas que fue amarnos hasta el extremo a través de la persona del Mesías, es precisamente la que nos disponemos a festejar de manera inminente que se realizó hace dos mil y pico años. Creer que Dios calla y está en silencio después de conocer a Jesucristo es no querer enterarse de nada. Creer que es un ausente y que no cumple sus promesas después de ver a Jesús clavado en una cruz con tal de salvarnos es tener la mente muy cerrada. Jesucristo, el fruto del Espíritu Santo e hijo de María, el Hijo de Dios, es Dios con nosotros amándonos y salvándonos. ¿Qué más se puede pedir? Y Él sufrió y murió, más no por ello, el Padre Dios lo abandonó, sino que le resucitó. Y por su Espíritu Santo, eso mismo hará con nosotros si queremos. 

    Pero Ajaz sigue ahí. Clavado en nuestro corazón. Y Ajaz  desconfía porque no cree. Y al no creer no permite a Dios entrar en su vida. Y retrasa o impide su propia salvación y la de los demás. Así que amigos liberaos de la sombra de Ajaz. Por que de lo contrario estas fiestas solemnes y profundas se reducirán a comilonas y algarabía, pero no descubriremos el océano de alegría y paz con el que pueden inundar nuestros corazones. 

 

III ADVIENTO

    El plural es usado constantemente en las Escrituras en este domingo tercero de Adviento. Así lo hace el profeta, el apóstol y el mismo Evangelio. Porque hoy el mensaje va dirigido a la comunidad. No nos salvamos nosotros solos. Esto no va de “sálvese quien pueda”. Somos un pueblo, una comunidad.

    Sin comunidad es imposible experimentar la alegría de la que hoy nos habla Isaías. La alegría es la de un pueblo. Pues no puede edificarse una verdadera alegría a costa del sufrimiento de los demás. No podemos dejar el camino sembrado de cadáveres y quedarnos tan campantes. Jesús es la alegría para todos los hombres y no solo para algunas personas. Pues su salvación es para todos. Sin los otros, mi alegría se queda manca. La alegría mesiánica tiene vocación universal. Esto es fácil de comprender: si un miembro de la familia no está alegre es difícil que los demás puedan estarlo. Así debería ser entre los humanos. Pero nuestro mundo parece no haber descubierto que la alegría debería ser un bien común.

    Sin comunidad es difícil mantener viva la esperanza, la paciencia y la fortaleza. En múltiples ocasiones perdemos la ilusión, la templanza y las fuerzas. Con facilidad nos quebramos. Que importante entonces es hallar una mano amiga, que te impulsa a levantarte.  Santiago es lo que nos enseña. Él alienta a una comunidad que sufre para que mantenga la esperanza, la paciencia y la valentía. Esto es algo que necesitamos todos más de una vez. Solos no vamos a ningún sitio, la unión hace la fuerza. La comunidad nos ampara y nos protege. Hoy por ti y mañana por mi.

    Sin comunidad no podemos cambiar el mundo. En el mundo hay muchos sufrimientos. En el Salmo y en el Evangelio se señalan muchos de ellos: enfermedades, injusticias, flujos migratorios, catástrofes, hambrunas, desigualdades y conflictos. Tras ellos están enormes estructuras sociales que se fundamentan en el desamor. Sean locales, regionales, nacionales e internacionales. Globales en definitiva. El individualismo ante ellas no resuelve nada. Es simple y llanamente, meter la cabeza en el hueco del suelo como el avestruz, para imaginarte que así pasará el peligro. Es pura alienación. Sólo iniciativas comunes y organizadas son capaces de cambiar esas estructuras y por ende, sus consecuencias. Sólo en común podemos preparar como Juan los caminos al Señor. Son estas iniciativas las que cambian las cosas. Y abren en el mundo una puerta a la verdadera solución de los problemas. Un hombre sólo no basta. Ni siquiera Jesús caminó sólo. Sino que puso en marcha una comunidad que alentada por su Espíritu pudiese proseguir entre los hombres la misión de amor que Él inició. La Iglesia no es otra cosa que eso: una prolongación de su cuerpo que nos descubre cual es la verdadera naturaleza del tiempo mesiánico. La Iglesia es un grito misionero general y comunitario: que se enteren todos de que algo muy importante desde la venida de Cristo ha cambiado. Y en esa misión todos tenemos parte y no solamente algunos. Esos discípulos de Juan a quien Jesús les pide que vayan a contar lo que ven y oyen, somos todos los que caminamos tras Él por este mundo.

    Sin seguir a Jesús en comunidad estamos perdidos. Porque no se trata de que cada uno salve su alma en una carrera de ciegos. Nuestro mundo precisa de soluciones globales y no de más fronteras ni más divorcios en la familia humana, pues con individualismo y rupturas solamente conseguiremos fracasar. Por eso hoy se nos habla en plural porque necesitamos despertar, sin los demás, estamos perdidos todos. Que no nos engañen los que nos enseñan lo contrario.

 

II ADVIENTO

    La revisión es previa siempre a la conversión. Por eso amigos hoy el Domingo nos pone ante los ojos una gran verdad. Si el Espíritu Santo nos llena de consejo y valentía, de inteligencia y sabiduría, de ciencia y de temor del Señor, si el Espíritu de Dios nos visita es para vivir de una manera distinta a como el desamor puede inspirarnos. Pues este Espíritu de Dios nos mueve a construir una sociedad justa donde el hombre pueda vivir con dignidad y además, nos invita a establecer un espíritu armónico con la creación. Pues de ella formamos parte, y sobre toda ella fue pronunciada la bendición del Altísimo, resumida en estas sonoras palabras: Y VIÓ DIOS QUE TODO ERA MUY BUENO. Hoy no podemos, alentados por egoístas poderosos que viven de espaldas al paradigma científico reinante, ignorar como sordos y ciegos, que nuestro impacto sobre la creación como realidad viva es brutal. No son pocos, incluidos hasta el Papa, los que ya hablan de una nueva era planetaria conocida como el ANTROPOCENO. Dado el singular impacto que nuestro desarrollo como especie provoca sobre nuestro hermoso planeta. Isaías nos invita a la armonía con él, porque nosotros estamos unidos al Vástago de Jesé lleno del Espíritu de Dios, por el bautismo y los sacramentos. Y Cristo no es enemigo del mundo sino su culminación evolutiva.

    Por ello en el Evangelio se nos recomienda no vivir con un espíritu farisáico, es decir presos de una doble vida. Dejemos que el fuego del Espíritu se derrame sobre nosotros y queme toda nuestras inmundicias. Y eso hoy más que nunca supone un cambio en nuestra forma de vivir y de decidir. Y ello aunque como Juan seamos pequeños e irrelevantes, y hasta indignos para desatar la correa de la sandalia de Jesús. Porque muchas gotitas de cera crean un cirio pascual, como decía un gran amigo mío. Esta conversión para crear un entorno digno de cada uno y de toda la creación, ha de empezar por todos y cada uno de nosotros. Porque quien atenta contra el mundo, contra el hombre atenta. Y quien atenta contra el hombre, contra el mundo conspira. No atentemos contra el mundo, ni contra el hombre y otorguemos la responsabilidad de nuestras sociedades a personas y equipos capaces de construir formas de vida sostenibles y respetuosas con todo y con todos. Decir hoy: Ven Señor Jesús, es gritar alto y claro: Ven Espíritu Santo. 

    De modo que hoy puedes comprobar como revisión y conversión van juntas, y donde está la clave para que eso pase. Está en las Escrituras. Pablo nos lo enseña. Porque el estudio de las mismas abre nuestra mente para comprender nuestro presente con unos ojos diferentes y eso lo cambia todo. El Espíritu de Dios se cuela en nuestro interior hecho palabra. Así afecta nuestra mente, y está mueve nuestro corazón. Y es el corazón entonces, el que renovado, dirige nuestra conducta. Esta es la voz del Adviento para nosotros hoy. Maranathá.

 

LA PURISIMA

    Varios consejos sobre como proceder en la Vida concreta del cristiano, teniendo a la Virgen María como patrona. Pues no debemos olvidar que un patrón, es una pieza previa para poder cortarnos a medida el traje que luego, tras tejerlo, vestiremos.

    Pisa la Cabeza de la Serpiente. Siempre estamos decidiendo. Constantemente. Y en cada instante podemos inclinar la balanza del mundo hacia uno u otro lado. Pisar la cabeza de la serpiente es no dejar que el mal se salga con las suya. Es un juego hasta divertido. Percibir que es lo malo, mirar a la serpiente a los ojos, y decirle: esta vez no te escapas. Somos la estirpe de Eva que está llamada a pisar la cabeza del maligno con cada uno de nuestros actos, porque nuestra Madre es la Nueva Eva, Jesús mismo, nos la ha regalado. El Génesis puede cumplirse hoy si actúas como María.

    Llénate de Gracia. Es decir, llénate de amor. Porque el amor nos hace resplandecer. Y para amar hemos sido creados. Que bien lo explica Pablo en Efesios. Cuando amamos a Dios, a los demás, a nosotros mismos y al mundo, todo funciona. Cuando heridos por el odio y el egoísmo, por el desamor, nos movemos, todo se estropea. No hemos sido hechos para vivir en el desamor. En el viviremos sí, pero nunca felices esta es otra gran verdad. Así que llenémonos de gracia, llenémonos del amor de Dios, y nos volveremos resplandecientes, como si fuésemos una estrella fulgurante sobre la cabeza de María. 

    Hágase. Para responder así a Dios hay que fiarse mucho de Él. La confianza en Dios está hecha de infinitos instantes de fe. La fe es creer a cada momento. La desconfianza brota de que esta cadena de instantes creyentes se ve interrumpida. Restablecerla supone volver a creer instante a instante. María confía porque sabe que Dios puede hacer posible lo imposible. El que hizo todo de la nada, ¿no va a ser capaz de hacer que de la nada de un vientre virginal, brote una vida humana? Confiando: haremos. Desconfiando: no. María nos enseña a vivir con paz en medio de los tumultos propios de los que anhelamos ver nacer una nueva creación. 

    María nos enseña a vivir, porque (como me enseñó Pepe Ruíz) nos descubre como retomar nuestro ser inmaculado, ese que nos regaló Dios en el momento primigenio en que dijo: Sea el mundo. Así que aprende de ella y tenla por intercesora, no hacerlo, es de necios.

 

I ADVIENTO

    La mirada al mundo actual muchas veces más que insuflar esperanza desalienta. Y no se trata de ser profeta de calamidades. Ni tampoco agoreros simplistas. Pero en el horizonte de nuestra historía presente se están planteando problemas y retos que no acabamos de resolver con tino. Es más en ocasiones pareciera que lejos de querer resolverlos actuamos como colectivo en dirección contraria. 

    Por eso la Palabra de Dios abre hoy ante nuestros ojos cuatro caminos para encontrar la senda de la esperanza.

    El primero de ellos lo muestra Isaias. Se abren caminos a la esperanza cuando todos los pueblos caminan unidos en la búsqueda conjunta del bien común. Se cierran esos caminos cuando los pueblos viven desunidos, o cada uno va a lo suyo creyendo que es posible salvarse sin los demás. Lo queramos o no vivimos una época globalizada, y pretender otra cosa, es como aspirar a volver a tiempos pretéritos del todo superados. Así que hay esperanza cuando actuamos como una sola familia humana, y deja de haberla cuando no lo hacemos.

    El segundo camino a la esperanza se nos abre cuando todos sentimos alegría porque la justicia y la paz se impongan. En cambio se nos cierra cuando los seres humanos sentimos alegría por lo contrario, es decir, por aceptar que se adopten medidas injustas o agresivas pensando que con ello vamos a poder resolver problemas. La injusticia y la violencia, rara vez resuelven nada, y siempre lo complican todo mucho más. Así nos lo muestra el salmo.

    El tercer camino a la esperanza se nos dibuja ante nuestros ojos cuando buscamos mantener y defender la dignidad de todos, la nuestra y la de los otros. Sin convertirnos en esclavos de nada ni de nadie. Ser un objeto de los demás o tratarnos a nosotros mismos como objetos, es un error destructivo. Pero muchas veces por desgracia, todos nos compartamos de manera autodestructiva. Cuando hacemos esto la esperanza fenece. Pablo en su carta, tras sus palabras, es lo que parece querer comunicarnos. 

    El cuarto y último camino que se puede abrir a la esperanza, nos lo muestra Jesús. Que aunque nos habla del más allá nos centra en el más acá. Pues no acostumbra el Señor Jesús a tenernos pendientes de la otra orilla, sino a remar en esta en la que vivimos. De ahí que su consejo claro y terminante sea estar en Vela. La esperanza se abre en el mundo un camino cuando los seres humanos comprendemos que lo que consideramos un progreso en nuestro modo de vivir, lo podemos perder en un abrir y cerrar de ojos. Cuando mantenemos la tensión de salvaguardar de cualquier amenaza los bienes logrados por todos y para todos, la esperanza se abre. Pero si nos dormimos en los laureles la esperanza se resiente, porque inmersos en el sueño perdemos la capacidad de reacción ante las alimañas y fácilmente nos convertimos en presa de sus ardides. La esperanza requiere de nosotros estar despiertos, en vela, es decir en guardia.

    Es verdad que el desaliento nos cerca, pero no  es menos cierto que si escuchamos, creemos y ponemos en práctica lo que la Palabra de Dios hoy nos enseña lo superaremos con un corazón lleno de esperanza. El Adviento se abre hoy para todos nosotros hermanos. 

 

 

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