Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

HOMILIA Ciclo C

CADA DOMINGO LA PALABRA DE DIOS ES CREADORA, NOS RENUEVA, SI LA ESCUCHAMOS CON FE Y SABIDURÍA, PORQUE NOS EL ESPÍRITU DE DIOS NOS VISITA Y NOS LLENA DE GRACIA. APRENDAMOS A ESCUCHARLA COMO MARIA.

 

 

III ORDINARIO

    Que Dios esté con nosotros, supone muchas cosas y todas buenas, de las que hoy señalaré cuatro.

    La primera: Supone que podemos escuchar su voz, oír su Palabra, comprenderla, saborear sus frutos, y dejar que ella conmueva nuestro corazón y nos sumerja en un espíritu de fiesta al contemplar como esta palabra se cumple hoy en nuestra vida.

    La Segunda: Supone que podemos permitir al Espíritu Santo que descienda sobre nosotros y nos colme con su fuerza para transformar el mundo y sanar muchos corazones, resucitando en él, a los que están crucificados. Pues no estamos llamados a crucificar sino a liberar a todos, a cuantos más mejor.

    La tercera: Supone que podemos descubrir nuestra verdad más genuina. No caminamos solos por el mundo. No se trata de salvar mi alma, en olvido total de los demás. Esto no es un sálvese quien pueda. Somos un cuerpo. Lo que no significa que seamos uniformes. Somos diversos. Pero estamos unidos. Y nuestra gracia particular, nuestra idiosincrasia, es la riqueza que debemos compartir con los demás. Cada cual ha de poner al servicio del bien común lo que es su don más genuino. No somos una amenaza para los otros. Somos parte de ellos. Cuando nos convertimos en amenaza para los demás simplemente destruimos el cuerpo de la humanidad, nos volvemos cancerígenos para los otros. Los conflictos entre nosotros surgen de convertirnos o considerarnos amenaza, para los unos y los otros. Si nos mirásemos el ombligo, descubriríamos que nunca podemos existir sin los demás. Descubriríamos que somos una gran familia. Seríamos mucho más fuertes al estar unidos y nos adaptaríamos mucho mejor al medio en el que vivimos, pues solucionaríamos mejor los retos que el mundo nos plantea. Imaginaos por ejemplo, si Rusia y Europa,  unieran su potencial en vez de enfrentarse de manera estúpida. Cuanto mejor nos iría a todos. Y cuantos dolores de cabeza nos ahorraríamos sin duda alguna. Pero persisten nuestras mutuas desconfianzas, y en vez de unirnos, los hermanos, incentivamos nuestra separación. ¿A qué tanta división?¿Anglicanos, católicos, protestantes y ortodoxos? Uno es cristo. Uno debiéramos ser nosotros. Un sólo cuerpo cada cual con su propia gracia y singularidad. 

    La cuarta y última: Supone percatarse que la vida en plenitud está a nuestro alcance, si escuchamos y ponemos en práctica la sabiduría que Jesús nos ha regalado en el Evangelio, y que ilumina de modo maravilloso, el resto del tesoro que las Escrituras contienen. 

    En fin tener a Dios con nosotros es lo mejor que nos puede pasar, ojalá y que no desaprovechemos la ocasión.

 

II ORDINARIO

    El Bautismo, fin del tiempo de la Navidad, nos abrió al Espíritu Santo. Igual que Pentecostés, fin de la Pascua, cumple la promesa de Juan el Bautista de que el Espíritu en forma de fuego, nos será entregado por el Mesías resucitado, pues sentado a su derecha, mueve el corazón del Padre para que tal pantano, derrame su agua viva, por el canal abierto que es Cristo, fuente de tal agua viva. Ese pantano y ese canal obran el prodigio de que tal suceso pueda ocurrir. Ortodoxia y Catolicismo, no se contradicen nada más que para espíritus simples. Pues Dios es una sola fuente.

    Ese prodigio obra el milagro de que Dios sea con nosotros. No con un sólo pueblo. No con sólo unas personas en un tiempo concreto. Sino con todos los pueblos, en todo lugar y en cualquier tiempo. Son los tiempos del Espíritu, los tiempos del Emmanuel, del Dios con nosotros. 

    ¿Y qué produce tal situación? Según Pablo, nos permite descubrir que los talentos de cada cual no son para nosotros mismos, para nuestro particular beneficio. Sino para construir el bien común, y beneficiar con ellos a todos. A cuantos más mejor.

    Según el salmo para anunciar a todos lo hermoso que resulta tener por compañero de camino a Dios que está a nuestro lado, inundándonos con sus maravillas sin cuento.

    Según el profeta para no sucumbir al imperio del nihilismo que afirma que todo es para nada. No estamos abandonados, ni devastados por el abismo. Estamos desposados. Dios nos ama, y por su amor no calla, por su amor nunca descansa con tal de salvarnos y hacernos participar de su vida en plenitud. Glorificarnos es su meta, su propósito desde siempre y para siempre.

    Por último el Evangelio nos muestra que los tiempos del Emmanuel, son los tiempos de la Iglesia. Los tiempos de la comunidad formada por Jesús, su Madre y sus discípulos llamados a ser hermanos. La sinagoga de Satanás es otra cosa: ni tiene a Jesús ni a María por compañeros, ni busca que los discípulos se amen como hermanos, tampoco busca el bien de la humanidad que vive sumergida en mil sufrimientos. La comunidad de Jesús, la Iglesia de Cristo, busca ayudar a vivir en abundancia a todos. Sin hacer ruido. Sin notoriedad. Sin fama. Sin quebrar la caña cascada ni apagar el pábilo vacilante. La Iglesia está llamada a ser luz en la tiniebla. Y si no lo es, se convierte en la sinagoga de Satanás, como Juan nos enseñará en sus cartas y en el Apocalipsis.

    Así que si te abres a la acción del Espíritu Santo, puedes vivir en los tiempos del Emmanuel, en los tiempos del Dios con nosotros, no lo olvides. De ti depende, la gracia de Dios, la tienes a tu alcance. El Espíritu Santo ha sido derramado. 

 

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

    El tiempo de Navidad termina con esta fiesta. Y nos deja una enseñanza a la hora de partir: un cristiano es una persona enamorada de Jesús. Y eso es algo que se desprende de contemplar con calma las lecturas de hoy.

    El profeta es un enamorado del Mesías que entrevé en sus oráculos, aunque no lo conoció cara a cara. Y los motivos son varios: Por traer el derecho a las naciones, por no gritar ni clamar, por no quebrar al cascado, ni apagar al vacilante, por promover el derecho y la justicia, por ser alianza de un pueblo, luz de las naciones, por abrir los ojos de los ciegos que no ven el camino de la plenitud, y sacarnos de la cautividad a los que viven en la prisión, por expulsar nuestra tinieblas con su luz. Por todo eso, con el mismo Señor, puede decir Isaias: Éste es mi elegido, a quien prefiero, en quién me complazco, quien me sostiene. 

    Pedro es otro enamorado de Jesús. Y también expone sus motivos: Jesús no hace distinciones, acepta a todos los que se le acercan con fe, sean israelitas o de la nación que sean. Jesús es una palabra de paz para todos. Jesús es el Señor de todos, sin exclusiones. Jesús es un Galileo, que nació en Belén de Judá. Nació en un sitio, y vivió en otro. Jesús no es conocido por el “Belenita”, sino por el Nazareno. Por eso es un paisano de Pedro. Jesús es el ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo. Jesús es el que pasó haciendo el bien y amándonos hasta el extremo. Jesús es el que curó a los oprimidos por el mal. Jesús es aquel con el cual, Dios estaba. O como añadirá también después Pablo, el hombre en el que habitaba la total plenitud de Dios. O como dirá otro apóstol, el que era uno con el Padre. 

    Juan el Bautista es el último enamorado de Jesús que hoy se nos presenta en el Evangelio. Jesús es el que puede más que él. Es aquel al cual Juan no es digno de desatar la correa de su sandalia, lo que no hace que Jesús lo desprecie por ello. Al contrario, lo acepta, y le pide que lo bautice. Y le manifiesta su misericordia precisamente en este aspecto. Tu que te crees indigno de mí, serás aquel a quien yo elijo para que me bautice. Y esa misericordia enamora a Juan que es un asceta del desierto con un mensaje moralista riguroso y duro. Para Juan, Jesús es también la fuente del Espíritu Santo nos transformará con su fuego. Pues lo que hoy nos promete Juan, mañana se cumplirá al final de la Gran Pascua, en Pentecostés. 

    Todos tienen sus motivos para estar enamorados de Jesús. Pero además la Trinidad también muestra su amor por Cristo. Pues el Espíritu Santo viene sobre Él en forma no de águila (como ocurría con los emperadores romanos) sino de Paloma. Y El Padre lo mira y lo mima con sus palabras: “Tú eres mi Hijo, el amado, mi predilecto”. 

    Y ahora la pregunta es simple: ¿Y tú? ¿Lo amas? ¿Eres un enamorado de Jesús? Pues si la respuesta es que sí, considérate un cristiano. 

    Con este Espíritu que se derrama sobre ti y te enamora de Jesús, se despide la Navidad, y tu corazón se queda lleno de aquel, que hace unos días apareció para ti y para mí, acostado en un humilde pesebre. Las navidades se van, pero Jesús se queda. Este pequeño pentecostés del bautismo del Señor, lo hace posible.

 

EPIFANÍA

    Los cultos antiguos distinguían entre los iluminados y los que no lo estaban. Eran religiones llamadas mistéricas. Que contaban con la llamada disciplina del arcano. Tales formas de discriminar se fueron adueñando incluso de nuestra misma Iglesia. Y entre los que seguimos a Jesús, que después de todo, eso es la Iglesia y no otra cosa: una experiencia de Salvación compartida con otros; empezaron a establecerse ciertas “barreras”, que al final, exceden el marco pedagógico que San Agustin recomendaba para convertirse en una suerte de clasismo impropio de creyentes en el Evangelio de Jesús el Señor.

    Los magos de oriente, mis queridos nabateos, según las últimas hipótesis, cuestionan todo eso. Porque ellos no saben nada. Buscan a ciegas. Sólo los guía una estrella. En su ignorancia están a punto de liarla parda con el bicho de Herodes. Pero un ángel los guía. La falta de conocimiento no te aleja del Dios que nos ama. Y al final lo encuentran, y la familia de Jesús no les pregunta nada. Acepta sus regalos con agradecimiento. 

    También Pablo deja bien claro que los gentiles son tan dignos como los judíos de ser amados por Dios. Y que esta universalidad era lo que Dios había previsto desde hacía siglos. La no pertenencia a un grupo familiar, racial, nacional o de cualquier otra condición, no te añade ni te quita nada. Y no ha de ser motivo para ser tratado con desigualdad, pues Dios te ama del mismo modo.

    Por último el profeta lo tiene claro. La luz es para todos. La iluminación ha de ser universal y sin medida para todos, sin clasismos, secretismos ni distinciones. No es que unos son los elegidos y otros los rechazados. La predestinación a ser iluminado ha de ser universal, y sólo el que no quiera aceptarla libremente se verá privada de ella, porque así lo habrá determinado él. Nadie tiene porque estar obligado a vivir a oscuras en cuestiones de alegría, paz, esperanza, fortaleza y amor, porque alguien determine que tal persona o grupo, no están predestinados a ser iluminados para que puedan resplandecer de gozo como los demás. 

    Así que Epifanía, es eso, universalidad. Regalos para todos. Los regalos de Dios. Que nadie que lo quiera recibir, se quede sin el suyo, pues hay amor divino para todos. 

 

II DOMINGO NAVIDAD

    Nuestra existencia se vuelve tenebrosa, cuando nos falta Sabiduría, pues a pesar de que ella pueda habernos escogido a nosotros, es posible, que podamos darle la espalda, porque nunca dejamos de ser libres. Y si la olvidamos, las tinieblas serán nuestras compañeras de camino en la vida. 

    Nuestra existencia se vuelve tenebrosa cuando nos privamos de escuchar la Palabra de Dios que circula por el mundo de boca en boca, como el salmo nos enseña, y nos privamos de su caudal de alegría, esperanza, fortaleza, paz y amor.

    Nuestra existencia se vuelve tenebrosa cuando no sabemos quienes somos, y nos creemos nada, algo absurdo, puro sinsentido, una mera pasión inútil. Nos volvemos tenebrosos cuando desconocemos que somos frutos del amor divino, y que para el amor con mayúsculas, hemos nacido. Nos volvemos tenebrosos cuando no sabemos que somos hijos de Dios. 

    Nuestra existencia se vuelve tenebrosa cuando no sabemos que hacer ni como actuar, cuando vamos dando palos de ciego, y nos exponemos a perdernos por caminos equivocados que nos alejan de la meta de poder vivir en plenitud.

    Nuestra existencia se vuelve tenebrosa cuando ignoramos dónde están las fuentes de la gracia, que nutren la verdadera espiritualidad que ilumina la mente y el corazón. Y cuando nos privamos de sus aguas, que nos sacian y nutren, para no sucumbir en el camino.

    Nuestra existencia en definitiva se vuelve tenebrosa cuando habiéndose manifestado la luz al mundo en la persona del verbo encarnado, llamado Jesús, conocido también como el Cristo, nosotros decidimos libre y voluntariamente darle la espalda y no lo recibimos en nuestra vida; entonces nos privamos de ser hijos de Dios, de gozar de tal amor, de recibir gracia tras gracia, y de poder recibir el regalo de la Vida Eterna. Porque el que nos ama, no es un violador, y nunca violentará ni el corazón ni la libertad de nadie. Él se propone pero nunca se impone.

    Así que decide. Juan te lo indica. Tu existencia puede ser tenebrosa o luminosa. Te han otorgado la posibilidad de optar. Ahora de ti depende.  

 

1 ENERO

    Cuando acudimos al portal de Belén, y contemplamos a María y a José, y al niño acostado en el pesebre, nos encontramos allí con el Dios verdadero. Pues no es otra cosa lo que allí nos aguarda. Ni solsticios ni magias ni energías. Aunque un sol nos contemple, aunque sea lo más mágico que se ha visto y aunque la adoración de tal misterio nos infunda mil y una energías.

    ¿Y como es ese Dios que allí contemplamos? Escuchemos las Escrituras: Es un Dios que nos bendice y no un dios que nos maldice. Es un Dios que nos protege y no un dios que nos abandona a manos de la muerte. Es Dios que nos ilumina, y no un dios que nos deja en tinieblas. Es un Dios que nos concede su favor y no es un dios que nos declara la guerra. Es un Dios que se fija en ti y en mi y no es un dios al que no le importamos nada. Es un Dios que nos concede la paz y no es un dios que nos inquiete. Es un Dios que escucha a quien lo invoca y no es un dios sordo. Es un Dios que ilumina su rostro sobre nosotros y se da a conocer, y no es un dios que permanezca en silencio o se oculte. Es un Dios que nos salva y no es un dios que nos condene. Es un Dios que conduce los tiempos hacia la plenitud y no un dios que nos conduzca hacia el abismo del sinsentido, donde todo es para nada. Es un Dios que nace para rescatarnos y no es un dios que viene a juzgarnos. Es un Dios que nos adopta, y no es un dios que nos convierte en súbditos, siervos o esclavos. Por eso nunca he entendido a las congregaciones religiosas que se ponen nombres religiosos que suponen el uso de estas palabras. Porque el Dios verdadero es un Dios que nos llama y considera, hijos suyos y nos convoca a la ternura que su verdadero nombre, “Abba” (papá), nos ofrece. De nuevo más tierno amor eterno no cabe en tal apelativo. Lástima que la traducción en español no recoja el verdadero significado de esa palabra con la que los niños israelitas llamaban a sus padres.

    Así que cuando nos acercamos al portal de Belén lo que vemos como aquellos pastores es a la madre del hombre Jesús y del Dios Enmanuel. Ese Dios que está con nosotros. Pues no ha parido María a un hombre cualquiera, sino a un hombre en el que habita la total plenitud de Dios. Aquel que ha dejado de ser totalmente otro, para hacerse total y verdaderamente hombre, al par que sigue siendo verdadera y totalmente Dios. Y no es un dios con minúsculas al modo pagano y politeísta, sino un Dios con mayusculas. El Dios de veras, el único que como comunión de amor habita en el misterio. 

    Por eso cuando hoy te acerques al portal y lo adores, aunque no lo entiendas todo, asómbrate de las maravillas que se dicen de Él y guarda y medita en tu corazón todo lo que resuene en tu interior, cuando estés en su presencia. Pues el Dios que te mira desde su cunita, se llama Jesús, y eso significa que el Dios que nos ama nos salva. Así que deja que el Enmanuel, el Dios con nosotros, esté contigo y se goce en tu compañía, porque aunque tú no lo sepas, eres precioso para Él.  

 

SAGRADA FAMILIA

    Qué importante es que una familia cristiana siga el ejemplo de Ana, de José y de María. Ana en cuanto destetó a su niño, Samuel, lo llevó al Señor. José y María, todos los años, por la fiesta de Pascua subían con Jesús a Jerusalén. 

    Ana quiso que su hijo fuese para el Señor y se dedicase a su servicio. Cosa que Samuel, aceptaría para él, después. Al decirle al Señor: habla Señor que tu siervo escucha. Podría no haberlo hecho. Pero no fue así. Quiso. Y gracias a esa decisión, llegó a ser el primero de los grandes profetas de Israel. El fundador de la monarquía davídica. El último de los grandes Jueces del periodo antiguo. Y es que un buen padre y una buena madre, saben que el Señor lo es todo. Y que por más suyos que sean sus hijos, sin el auxilio del Señor, sus hijos quedan a la intemperie. De ahí que sea normal, que un buen padre y una buena madre cristianos, quieran que sus hijos estén guardados por el Santo Amor de Dios. Para que en la vida y en la muerte, en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, sean siempre del Señor. Ese es el modo de garantizar que sus vidas serán eternas y su meta final, sea no la nada, sino la gloria. 

    José y María, querían ver a Jesús crecer en estatura y en gracia, pero también en sabiduría. Aunque hemos de reconocer que no sabían muy bien lo que eso supondría y qué cambios podría producir en su hijo. Un padre y una madre cristianos, no siempre son conscientes de las transformaciones que el encuentro con el Evangelio puede provocar en el corazón de sus hijos. Incluso a veces tendrán que sorprenderse y hasta guardar en su corazón gestos y palabras de sus hijos, que movidos por el Espíritu Santo, no comprenderán y hasta podrán molestarles. Un corazón movido por el Padre Dios, se torna tan imprevisible a veces como el mismo Espíritu de Dios que no se sabe ni de dónde viene ni a donde va. Pero una cosa está garantizada: junto a Jesús, la sabiduría de la luz será suya de modo que las tinieblas aunque los combatan, no puedan anidar ni adueñarse de ellos. 

    Ya lo dice Juan: muchos no lo saben pero somos hijos de un Dios que nos ama hasta el extremo. Vivir conforme a su mandamiento es creer en su amor, en su nombre y amar a todos como Él nos ha amado. Y eso es lo que se aprende cuando uno se acerca al Evangelio. Por eso es bueno que nadie se aparte de su lado. Y por eso los padres cristianos tienen todo el derecho del mundo a educar a sus hijos de esta manera, porque el propósito de un buen padre y una buena madre es proveer a su hijo de todo aquello que necesitará para poder vivir en plenitud, y ello, en la medida de sus fuerzas. Eso no limita la libertad de nadie y ofrece la posibilidad de abrirse a la gracia del Espíritu de Dios que en el respeto absoluto a la propia conciencia, puede aportar a quien lo recibe de buen grado, todo el manantial de luz, que el amor divino supone. 

    Así que educar a tu hijo cristianamente es velar porque la luz sea su dueña y evitar que la tiniebla de la tristeza, el pesimismo, la inquietud, el desánimo, el miedo, la culpa venenosa, la vergüenza, y el desamor a los demás, al mundo y a sí mismos, se adueñe de ellos. Y si es que alguien en nombre de Cristo, pretendes enseñarles otro Evangelio, en nombre de Jesús, como Pablo nos enseña: consideradlos lobos vestidos de corderos que no buscan a Dios sino sólo se buscan a sí mismos. Nunca confundáis la tiniebla con la luz. Educar no es dejar tu hijo en manos de cualquiera, sino estar muy atento en el proceso educativo del mismo. Va en ello su vida en plenitud. María y José nos dan un claro ejemplo de ello. No lo olvides. 

 

NAVIDAD

    La luz brilló en las tinieblas. Y esas tinieblas no pudieron apagar la luz. Esa es la alegría de esta noche.

    Las tinieblas se apoderan de nosotros cuando sucumbimos a la tristeza, y hay muchas situaciones que nos la provocan. Demasiadas. Las tinieblas se apoderan de nosotros cuando desalentados nos volvemos pesimistas. Y conste que no faltan razones para no desalentarse. Las tinieblas se apoderan de nosotros cuando la inquietud nos angustia. Son por desgracia tantas las ocasiones en las que los temores nos visitan, y no siempre son razonables. Muchas veces tememos a lo que pueda ser que pase. Y sumergidos en tales marasmos, la ansiedad se adueña de nosotros. No digamos ya cuando la culpa o la vergüenza o los miedos por nuestras miserias se adueñan de nosotros. Las tinieblas del escrúpulo desbocado te impiden hasta conciliar el sueño. Las tinieblas se imponen cuando el desamor se adueña de nuestras vidas, de la sociedad o del mismo mundo. Y cuanto dolor nos causa entonces semejante tiranía. Pues el desamor se traduce en egoísmo, en odio, en injusticias, en ausencia de misericordia, en suma: en Inhumanidad. 

    Hoy celebramos que desde hace miles de años, nos acompaña una presencia viva y resucitada, cuyo nacimiento hoy conmemoramos. Es una Palabra viva, activa, eficaz, una Palabra que se mueve. Es un Verbo. Y el eco de su voz en nuestras conciencias es claro: todas esas tinieblas no vencerán. De hecho escucharlo, celebrarlo, acogerlo, comulgar con Él, adorarle, creer en Él, esperar en Él y amarle con toda el alma y toda la mente, exorciza la tiniebla de tu lado. Es como ponerse bajo el amparo del sol y ver cómo en su presencia las tinieblas se esfuman. Pues a su lado la alegría vence a la tristeza. “Dichosos los que ahora lloráis porque reiréis”. A su lado la esperanza destierra todo pesimismo. “Cuando veáis esto, no os desaniméis se acerca vuestra liberación”. A su lado la inquietud y sus angustias no tienen nada que hacer. “No perdáis la calma,.., no temáis soy Yo, no estáis solos, yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. No hay miedo a Dios a su lado, no hay culpa invencible, o vergüenza insuperable. Pues “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su propio Hijo para que todo el que cree en Él, tenga vida eterna…nada ni nadie podrá separaros de mi amor”. Pues sus palabras son claras: “Padre perdónales porque no saben lo que hacen”. A su lado el amor vence al desamor y sus terribles consecuencias, es imposible ser inhumano, si de crees en Él, en espíritu y en verdad. “No basta decir Señor, Señor, para entrar en el Reino de los Cielos,…, cuando vean como os amáis unos a otros, sólo entonces, sabrán que sois discípulos míos”. Esta Palabra viva susurra por medio de su Santo Espíritu en nosotros. Esa Palabra que se ha hecho carne vive, resucitada, por los siglos. Y desde que esta luz brilla entre nosotros, las tinieblas no son nuestro único compañero de camino. Podemos caminar guiados por la luz del mundo que es esta super estrella. No os extrañe por eso que en las épocas más oscuras del año, nos dé a los cristianos, por llenarlo todo de luces. O nos de por adornar, con ramas vivas y perennes, un universo que parece muerto con los rigores del invierno.

    La luz brilla en medio de las tinieblas, y aunque las tinieblas nos combaten, no pueden apagar esta Luz. Por eso sabemos que es posible vivir en plenitud. Vivir en plenitud es vivir con alegría, con esperanza, con paz, con fortaleza, con ánimo y con mucho, mucho amor. 

    Así que por eso en estas fechas, como en la Pascua de la Resurrección hacemos fiesta y cantamos a solas o en grupo, por fuera o por dentro. Por eso nadie me convencerá de que celebramos “fiestas”.  Celebro un nacimiento sin par. Sin Cristo la navidad está vacía y muerta. Sin su Palabra luminosa iluminando mi vida, en el mundo sólo hay tinieblas y los instantes luminosos se tornan demasiados leves y fugaces, ante el imperio de la noche. Pero tú decides si eso ocurre en ti. Porque la opción de percibir las cosas de modo diferente, se te ha regalado gratuitamente, y si aceptas este inmenso regalo de su amor eterno, te da poder para ser hijo de Dios, sólo precisas creer en su nombre. 

    Así que amigo y hermano, la luz vence a las tinieblas, por eso te digo hoy, el día de Navidad: ¡Ánimo Pues! ¡Venceremos al imperio de la oscuridad! ¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama! ¡Aleluya!.  

 

IV ADVIENTO

    Hoy nos encontramos con literatura de autoayuda a cada paso, y conste que no lo digo como un defecto de nuestra cultura, pues más bien, lo considero una virtud, ya que mucha gente encuentra apoyo de esa forma para crecer y madurar en su propia andadura humana. Uno de ellos, que se ha publicado últimamente habla de encontrar tu persona vitamina. El ejemplo es suficientemente gráfico para hacernos una idea de lo que se trata en ese libro. La gente que te fortalece y te hace vivir con mayor plenitud, esa es la que necesitas cerca de ti.

    Pues esa es la experiencia que los cristianos que amamos a Jesús el Cristo, tenemos caminando a su lado. Él es nuestra persona vitamina. Pues sus efectos sobre nosotros son maravillosos: 

  • Él nos fortaleza cuando la dificultad nos cerca.
  • Él nos hace habitar tranquilos y nos llena de paz con la grandeza de su amor constante.
  • Él nos restaura cuando nos quebramos y nos da vida, esto es, nos infunde un vitalismo renovado, cuando el nuestro se quiebra.
  • Él nos santifica, es decir nos invita y nos impulsa a sacar lo mejor de nosotros mismos y a ponerlo al servicio de los demás. 
  • A Él no le importa sacrificarse por mí, aunque yo no lo merezca. Y así me devuelve la autoestima cuando yo sólo sé despreciarme. 
  • El nos hace saltar de alegría. 
  • Él nos transforma y obra todas estas maravillas en nosotros porque nos llena del Espíritu Santo, y nos hace vivir la vida no como una maldición sino como una bendición. 

    Él sólo te pide que creas en Él. Y tú mismo veras lo que es ser dichoso cuando estas promesas se cumplan en ti. Así es como Jesús te nutre y refuerza tus defensas en la vida, para que tu vida sea una vida en plenitud.

    ¿Sabéis? Siempre que he leído un libro de autoayuda, la mayoría de las veces, por no decir todas, he comprendido que Jesús, era un gran maestro en cuanto a sana psicología se trata. Nunca he comprendido a los que para fundamentar una sana vida psicológica, han necesitado atacar a Jesús el Cristo. Y mis conclusiones son sencillas: o no lo conocen bien, o la versión que tienen de él, dista mucho del Cristo verdadero. Lo mismo me ocurre cuando me encuentro con un creyente neurótico, la mayoría de las veces, nunca ha conocido el verdadero rostro de Cristo, y se ha fabricado un teismo funesto. Así que claramente te lo digo y con los textos de hoy te lo acabo de probar: Cristo Jesús para mí, es la mejor persona vitamina que conozco. Si lo miras cara a cara, si lo entiendes de veras, tú sólo te darás cuenta.

 

III ADVIENTO

    Un compendio de actitudes se nos proponen a los que hoy escuchamos las Escrituras. Pues cuando se anhela ser dichoso, siempre hay un itinerario que proseguir para alcanzar una meta. Aunque este pueda ser caótico o errático. La historia del Exodo lo ilustra, a pesar de que hoy no es uno de los textos propuestos. 

    Sofonías nos propone la primera actitud: venzamos todos los miedos a fuerza de mantener viva la Esperanza. El miedo colapsa nuestra visión del horizonte, del futuro. La Esperanza, abre el futuro y salva el Horizonte. ¿El motivo para mantener viva la esperanza? Es que Dios nos ama, y no dejará de hacerlo jamás. 

    El Salmo y Pablo nos proponen la segunda actitud: mantengamos la paz frente a las preocupaciones y la alegría frente a la tristeza. Nada que nos amenace podrá con nosotros para siempre, porque no tiene la última palabra en la vida. Esa la tiene Dios. Pero esta actitud es hija de una oración constante, de una espiritualidad abierta y verdadera, ajena a todo espiritualismo ñoño y vacuo. Esta espiritualidad se fundamenta en la acción de gracias, esto es, en la Eucaristía y en los salmos. En mirar fijamente a Cristo Jesús, Luz del mundo, en medio de nuestras oscuridades, evitando así perdernos en las tinieblas que nos inquietan, preocupan y entristecen. 

    En la primera parte del Evangelio se nos propone una tercera actitud: Evitemos la insolidaridad, la explotación y la corrupción que tanto extorsiona. La solidaridad y la búsqueda del Bien Común, construyen un medio ambiente mucho más puro y sano, para la vida humana y su entorno. La insolidaridad y la extorsión lo inhumanizan todo. La solidaridad y el bien común como aspiraciones siempre presentes en el ámbito público y privado de nuestra vida. Las palabras del profeta resuenan altas y claras.

    En la segunda parte del Evangelio se nos propone la cuarta actitud a vivir: la apertura a la acción del Espíritu Santo que hará arder todo lo malo, lo falso y lo feo que nos habita. Y lo sustituirá por lo bueno, lo verdadero y lo bello. El amor quemará al desamor. Y lo convertirá en cenizas. Pero para vivir abierto a esta acción divina, antes es preciso reconocer que no somos dignos de desatar la correa de las sandalias del Señor Jesús. No es un ataque a nuestra autoestima. Sino un reconocimiento de nuestra condición humilde. La soberbia incapacita para crecer y por eso resulta pestilente. El único que no percibe su fétido olor es quien la vive sin cuestionarse. Pues hay gente que se cree perfecta y considera a los demás gente vulgar, a la que considera poco, o nada. Los fariseos es lo que tienen. Consideran funestos a los demás por imperfectos, pues no están a su altura. Son los indignos. Tal cosmovisión perniciosa se apodera de espíritus religiosos en absoluto evangélicos. En ellos religión y Evangelio están en conflicto, pero ellos no lo detectan porque identifican su religiosidad con el Evangelio, y se equivocan de todas, todas. Ciegos que quieren guiar a los demás, hacía un horizonte que no sabe nada de verdadera espiritualidad. Pues la espiritualidad es la vida del Espíritu de Jesús y no sabe nada de religiosidades saduceas y fariseas. Si un cristiano se vuelve un fariseo, entonces, su religiosidad es sal que se ha vuelto sosa y no sirve para nada. 

    Al final del Evangelio se nos muestra que la última actitud propuesta es la suma de estas cuatro actitudes previas: cuando expulsamos el miedo con la esperanza, cuando mantenemos la paz y la alegría contra lo que las amenaza unidos a Cristo Jesús a través de la oración y la liturgia, cuando somos solidarios y buscamos el bien común, y cuando vivimos en humildad abiertos a la acción del Espíritu ajenos a toda soberbia pestilente, entonces, anunciamos el Evangelio a todos los demás sin darnos cuenta. Pues nuestro modo de vivir lo hace. Y esta es la última actitud que nos propone, compartir con los demás lo que significa vivir dichosos. 

    Así que estas actitudes son las que las Escritura nos proponen hoy, esta forma de vivir, es la que el Evangelio, a las puertas de la Navidad, nos regala, hoy y ahora, hermanos. ¡Escuchad!.

 

II ADVIENTO

    Cuando recibes a Jesús en tu vida, ocurren muchas cosas hermosas, como diría María: ¡ves maravillas!. Recibir a Jesús es conocerle, amarle, creer en Él, esperar en Él, seguirle en definitiva, con mente, corazón y vida.

    Lo primero que sucede es que “los que se habían marchado, los que habían sido arrancados de ti, vuelven a ocupar su sitio”. La razón es sencilla, Jesús reconstruye el amor. Y eso no afecta solo a aquellos con los que habías roto tus relaciones. No es sólo algo relacionado con el Perdón. Es que por su resurrección, el vacío que la muerte deja tras de sí, es exorcizado de tu alma. Y una convicción se apodera de ti: “nos volveremos a ver”, y en ese momento, la esperanza destruye el vacío que hiela tu espíritu. De este modo, Jesús, te resucita a ti ya en esta vida.

    Lo segundo es que Jesús cuando entra en ti, transforma tus llantos, en cantares y sonrisas. Y es que quien camina junto a Jesús, aunque sabe mucho de cruces, no sabe nada de pesimismos. Porque conoce que la injusticia y la frustración no tendrán la última palabra en la vida. 

    Lo tercero que sucede es que crece la comunidad del amor y la alegría. Vivir junto a Jesús, nunca te permite estar sólo, o ser un individuo aislado, y si esto es así, es que no vives junto a Jesús por mucha religión que profeses. Cristo Jesús te hará amar entrañablemente a mucha gente. Incluso personas que nunca te podrías llegar a imaginar. La carta a los Filipenses es un testimonio vivo de ello. Seguir a Jesús te convertirá en colaborador de muchas personas y te hará rezar por ellas y que ellas a su vez, oren por ti. La “solitariedad” individualista, junto al Jesús de verdad, es imposible. 

    Lo cuarto que sucede, es que todo cambia dentro de ti de manera progresiva, para salvar de ti lo mejor que tienes dentro. Lo alto se abaja, lo bajo se realza, todo se nivela, todo se transforma, te transfiguras sin cesar, gradualmente, y eso ocurre con gente real, inmersa en la historia, como señala Lucas en el Evangelio. Todo se va preparando en ti, para que puedas vivir en plenitud. Jesús te hace evolucionar. Saca de tu interior lo mejor que llevas dentro de ti. Jesús te humaniza hasta el extremo. Quien no experimenta esto, no vive junto a Jesús, vive otra cosa que nada tiene que ver con Él. 

    Así que no se equivocó aquel que decía que el Adviento es el mayor tiempo litúrgico mariano que existe. Porque las maravillas que María, canta en el Magnificat, si tú quieres, si te abres a Jesús como ella, también podrán ser tuyas una por una.  

 

I ADVIENTO 

    Las Escrituras nos enseñan a vivir. Cinco lecciones se nos ofrecen a nuestra consideración en el día de hoy. 

    Jeremías nos ofrece la primera: justicia y derecho causan tranquilidad y paz, conducen a la sociedad por el camino de la salvación. Pues la injusticia, la conduce por la senda de la perdición. No hay bien común posible, sin respeto por lo que es justo, la promoción de los derechos humanos y la salvaguarda de la dignidad de todos.

    El salmo nos enseña la segunda. Se humilde a la hora de aprender de quién sabe. Quién se cree que lo sabe todo, nunca aprende nada. Y mientras que estamos vivos, vivimos aprendiendo. Pues cada nueva etapa de la vida, nos impele a renovar nuestra percepciones, ya que en gran medida, la realidad y nuestra misma corporalidad, está sujeta a cambios frecuentes, cuando no constantes. La soberbia no es buena consejera en la vida. Los que se creen que lo saben todo caminan muy equivocados por el mundo.

    El apóstol nos muestra en tercer lugar que el amor mutuo y el amor a todos las personas, debe ser nuestra constante. Pues es el ejemplo y la instrucción que hemos recibido. No sólo debemos amar a los cristianos con los que compartimos la fe, sino a todos los seres humanos sin distinción. Así que basta de divisiones internas entre nosotros, ya basta de fraccionar la iglesia en tantas sectas diferentes y polémicas, y basta igualmente, de condenar al que no tiene nuestra fe, en vez de amarlo como el mismo Jesús, lo hizo y lo hace. 

    En cuarto lugar, el Evangelio, nos insta a ser fuertes. En esta vida encontraremos momentos duros, que nos provocaran angustia, que incluso nos harán enloquecer, no sería raro que nos quedaramos sin aliento, presas del miedo y la ansiedad. Pues que se tambalee nuestro mundo, tanto el personal como el comunitario, suscita tales emociones. Pero ante eso se nos invita a ponernos en pie. A hacer acopio de esperanza y a llenarnos de fortaleza, y con fe, lanzarnos en pos de la liberación de todo cuanto nos aflige.

    En quinto lugar, prosigue el Evangelio, para ello hemos de superar esta alienación que nos lleva a pensar que con la muerte se acaba todo. Y que lo único que nos cabe esperar es esta vida y lo que ella conlleva. Pues si ese es nuestro enfoque no permaneceremos en pie por mucho tiempo. Y no podremos escapar de los lazos del abatimiento subsiguiente que nos terminará afectando de una u otra manera. El crucificado ha resucitado. Esta convicción debe despertarnos de la alienación de que con esto que vivimos aquí, se acaba todo, y por ello, no nos cabe aguardar nada más. 

    Cinco lecciones de vida, para vivir en plenitud. Es el efecto que la Escritura tiene cuando escuchamos su voz con atención. Escuchar la Palabra de Dios con fruto, es la mejor manera de que venga el Reino de Dios a nuestra vida para quedarse. 

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