Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

HOMILIA Ciclo B

CADA DOMINGO LA PALABRA DE DIOS ES CREADORA, NOS RENUEVA, SI LA ESCUCHAMOS CON FE Y SABIDURÍA, PORQUE NOS EL ESPÍRITU DE DIOS NOS VISITA Y NOS LLENA DE GRACIA. APRENDAMOS A ESCUCHARLA COMO MARIA.

 

 

IV PASCUA

    Pascua es todo el año, cada uno de los días de nuestra vida. No debemos confundir el simbolismo propio de la liturgia con la realidad de nuestra existencia. Cristo una vez resucitado ya no muere más. El que estuvo muerto ahora vive por los siglos. 

    ¿Entonces por qué no siempre nuestro corazón vibra con ritmo pascual? ¿Por qué de nuestras mentes no brota un Aleluya perenne? Las razones que podemos dar son varias.

    Pedro señala la primera: Olvidamos que Jesús es nuestra única fuente de Salvación. Y nos equivocamos buscando otras. Esto no significa que los que no lo conocen vayan al infierno como algunos equivocadamente andan diciendo por ahí. San Juan y la Iglesia nos enseñan que unos son los miembros del rebaño, y otros los que no forman parte de él, pero que también serán llamados. Todos, ellos y nosotros, si conocemos la salvación es gracias a Jesús. Una vez charlando con unos jóvenes, ellos me dijeron que eran ateos o agnósticos, yo los escuché, y cuando llego mi turno, les dije que no estaba de acuerdo con ellos. Sus miradas fueron de sorpresa. Y me preguntaron por qué decía eso. Y mi respuesta fue que al escucharlos toda una noche, me percaté de que amaban el amor y amaban la vida. Y les dije que quien ama el amor y la vida, aunque no lo sepa, ama a Dios y le rinde culto sin saberlo. Cuidado con ir condenando al personal de manera rápida. Pues bien cuando olvidamos que tenemos salvación en Jesucristo, nuestro corazón se apena, y pierde las alegrías de la Pascua.

    El Salmo nos muestra la segunda: No damos gracias a Dios permanentemente porque no percibimos a Dios como bueno, y todo porque la misericordia de Dios no nos domina. Si pierdes la perspectiva de la misericordia divina, te comerá el puritanismo escrupuloso que envenena. Si la vida del cristiano se desarrolla inserta en la misericordia divina, toda ella se tornará una Eucaristía. Y ello nos convertirá a todos en una Pascua viva. Pero del puritanismo pietista no brota la Pascua, sino la mortificación neurótica. Nuestro mundo se aparta muchas veces de nosotros simplemente porque nos ve más como lo segundo que como lo primero.

    Juan nos ofrece la tercera razón: Si no sabes que eres amado por Dios, que te ama como a un Hijo, carecerás de esperanza ante el futuro más allá de la muerte. Sin el amor de Dios nuestro maravilloso universo, no deja de ser una pasión inútil, totalmente irrelevante, condenada a sumergirse en la nada, mostrando el carácter absurdo de su existencia. Ahora bien si crees en el Dios que te ama como a un Hijo, por encima de dudas razonables por otro parte, si optas, por las otras razones que brotan del costado abierto de Cristo, veras la vida como un vientre materno, donde te gestas para la eternidad sorprendente que te aguarda. Y por eso apurarás cada experiencia que este universo te ofrece, porque todo instante del mismo, te gesta para lo que te espera. La esperanza es aneja a la convicción de que Dios te ama como a un hijo. Aquí radica la importancia de la evangelización. Porque mucha gente vive sin saber esto y si lo desconoces, vives sin esperanza y no es lo mismo tenerla que desconocerla. Quien desconoce la esperanza no vive inmerso en la Pascua, porque los sufrimientos le borran de la cara su sonrisa.

    Por último el Evangelio nos descubre la Pascua será nuestra dueña si Cristo es nuestro Pastor todos los días de nuestra vida. ¿Cual es el problema? Qué no lo es siempre y menos aún de todos los hombres. Tenerlo de Pastor supone conocerle y escucharle. Ser consciente de que da su vida por ti y aprender reclinado en su costado, a entregar la vida por los demás como Él la entrega. No le conocemos lo suficiente. No escuchamos siempre su palabra. No la meditamos. Desconocemos que da su vida por nosotros. No hacemos memoria de ello en la Eucaristía. Y menos aún aprendemos a entregarnos como Él. Mas bien motivados por el capitalismo salvaje y neoliberal que rinde culto a la avaricia, nos movemos al grito del “sálvese quien pueda y el que no pueda que se pudra”. El egoísmo como motor de la vida nos conduce al odio al competidor. Y no posibilita la construcción del Bien común. El verdadero liberalismo nunca puede olvidar esto. Porque sin fraternidad nunca seremos verdaderamente libres. Cristo no es el pastor de nuestra sociedad, es la avaricia del dinero la que nos guía, y nos lleva a convertir a los demás en esclavos ignorando que son personas verdaderas, buenas y bellas.

    Así que si quieres vivir la vida como una Pascua sin fin, no desatiendas la voz de Dios, no dejes de meditar en esta sagrada Palabra, y serás sal del mundo y luz de la tierra. 

 
III PASCUA

    El pecado original es vivir como si Dios no nos amara. Como si el amor divino no se hubiese manifestado en Cristo como un amor hasta el extremo, más fuerte que la muerte.  Por eso amigos  el bautismo lo borra, porque Dios derrama su amor representado por el agua, sobre aquellos que quieren vivir como su hijos, movidos por la fe en su amor.

    Este pecado favorece la presencia de tres sentimientos destructivos en el fondo de la persona. La culpa, la vergüenza y el miedo. Los tres son incompatibles con el Dios que nos ama en Cristo resucitado. Por eso aquellos que en nombre de Dios se atreven a alimentarlos, suscitando culpa, vergüenza y miedo al anunciar el Evangelio, lo único que hacen realmente es blasfemar. 

    La presencia de Cristo resucitado provoca otros sentimientos. Mirad hoy lo que las Sagradas Escrituras nos enseñan.

    Si has cometido pecado, si la culpa y su escrúpulo enfermizo te apresan, Juan te enseña que te vuelvas a Jesús resucitado, porque el abogará por ti. Su misericordia entrañable se apoderará de ti. Te dará una nueva oportunidad para recuperar la senda del amor y sus mandamientos. Jesús es perdón y nuevas oportunidades de vida. Es una Nueva Creación de vida. Pues Él ha pagado el precio de nuestro pecado. Ya nos lo hizo saber en la cruz, aunque lo tratemos tan mal como lo hicimos, jamás dejará de amarnos. La culpa ante ese amor nunca se enquista. Y ese amor no está muerto, ahora vive por los siglos. 

    Si has hecho algo vergonzoso, Pedro te enseña como se lo toma Dios. Lo más vergonzoso que como seres humanos hemos hecho ha sido renegar de Cristo, preferir al asesino, matar al autor de la vida. Y sin embargo la palabra de Pedro no nos afrenta. Al contrario nos enseña que lo hicimos por “ignorancia”. Nadie se avergüenza a sí mismo porque sí. Como una opción deliberada. Normalmente lo hacen por descuido. La ignorancia nos avergüenza la mayoría de las veces. Pero que hace Pedro, te dice, vuélvete al Resucitado. Y ¿por qué? Porque no te humillará. Te ayudará. Te dará una nueva oportunidad. Te salvará. Y todo porque no le eres indiferente y te ama. También este sentimiento destructivo se desvanece en la presencia del Resucitado.

    Si tienes miedo normalmente será porque algo te alarme y te haga sentir inseguro, y te llene de dudas. Desde tiempos pretéritos en que éramos presas fáciles, la inseguridad nos aterra si nos acompaña. Y normalmente preferimos no considerar nunca lo inseguros que podemos llegar a estar. Pero esa es nuestra verdad: la seguridad no existe. Siempre estamos sujetos al riesgo de una u otra manera. El miedo de no acertar, de equivocarnos, también es la consecuencia de nuestra libertad. Cuantas razones para el miedo encontramos en nuestra vida. Por eso el Evangelio de Lucas hoy nos pone ante Jesús resucitado. Y Él nos libera de nuestros fantasmas. Y lo hace mostrándonos sus heridas glorificadas, la verdad de su presencia resucitada. Nada han podido contra Él, el mal, el sufrimiento y la muerte. ¿A qué más cabe tenerle miedo?. Si Cristo resucitado está presente en tu vida porque crees en Él, el miedo lo sientes, pero no te apresa. Normalmente el miedo aborta nuestra alegría y nuestra paz. Por eso la presencia de Jesús resucitado en nuestra vida que finiquita nuestros miedos, restablece en nosotros la alegría y la paz. El miedo en la presencia de Jesús es un fantasma que se esfuma por que la fe nos enseña que Él no es ninguna ilusión vana.

    Cristo resucitado destruye la culpa, la vergüenza y el miedo en ti, si crees en su palabra. Así que si quieres gozar de esta sanación interior siéntate a su mesa y come con Él, y escucha como te enseña a interpretar las Escrituras, y “lo verás”, y cuando lo veas descubrirás que su sagrada presencia te ayuda, te da nuevas oportunidades, te crea de nuevo, te perdona, y te llena de paz y de alegría, haciéndote fuerte frente a los miedos. Eso pasa cuanto vives a su lado. 

    Así que no te dejes captar por las dinámicas macabras del pecado original, no vivas como si este amor resucitado no existiera. Ábrete a su hermosa presencia. Deja que derrame se amor sobre ti, y sabrás lo que es vivir en plenitud, sin sentimientos oscuros en tu alma que te destruyan.

 

II PASCUA (OCTAVA)

    “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”. Este versículo del salmo nos da la clave para interpretar los textos de este domingo con el que culmina la octava de Pascua. Pues a lo largo de estos ocho días estamos celebrando el mismo Domingo de Pascua. Es una fiesta tan grande que no basta un día para hacerlo. Igual nos pasa con la Navidad.

    Así que ¿podemos desechar la piedra angular que es Jesucristo resucitado? ¡Sin duda!. Podemos optar por las tinieblas dandole la espalda a la Luz que este cirio simboliza. Claro que ello conlleva la pérdida de dos cosas: la paz del corazón y la alegría del alma. Pues ambas se ven muy resentidas si Jesucristo resucitado no es el cimiento de nuestra casa. 

    ¿Cuando desechamos a Cristo como piedra angular de nuestra vida?

    Cuando nos dejamos engañar por los que defienden que la avaricia es el motor que dirige el corazón del hombre. Así lo piensan muchos liberales radicales y algún que otro premio Nobel en sus recientes escritos. Querer vivir bien no nos convierte en avariciosos. Avaricioso es el no conforme con lo suyo se queda también con lo de los demás. Expropiando a los otros. El Egoísmo es la fuente de la avaricia. Querer vivir bien es una muestra de amor a sí mismo y a los demás. Y es plenamente compatible con la búsqueda del Bien Común. Los hechos de los apóstoles nos testimonian que los cristianos es lo que están llamados a construir siempre: la fraternidad crea el Bien común y este edifica la civilización del amor. La unidad es lo que ha de buscar siempre. Nunca vivir en el olvido de los demás. La crisis del año 2008 y tantas otras, recuerdan siempre lo ciego que está el capitalismo salvaje que vive engañado creyendo en la mentira de que el mercado se regula a sí mismo. Pues la inhumanidad le es aneja a semejante reajuste. La economía sin rostro humano al final se convierte en un monstruo que nos esclaviza y destruye a muchos. La economía cuando solo busca la avaricia y no el Bien Común, se torna una maldición que excluye a muchos y los condena al sufrimiento. Entonces con ella, ocurre lo mismo que cuando usamos un cuchillo no para cortar los alimentos sino para asesinar a los demás. La economía se corrompe y pervierte. Quien opta por la avaricia desecha la piedra angular que es Cristo resucitado, porque desprecia el amor que ha resucitado.

    Desechamos a Jesús resucitado cuando abandonamos la vida sacramental. El agua, la Sangre, el Espíritu y el perdón de los pecados, son las palabras y expresiones con las que Juan se refiere al Bautismo, la Eucaristía, la Confirmación y la Reconciliación. Nos extrañamos hoy de que el Pueblo cristiano carezca de suficientes vocaciones sacerdotales o de que ya no contraiga matrimonio por la Iglesia. Pero la razón es obvia: los cristianos han abandonado la práctica de los sacramentos de iniciación y tampoco la renueva por el sacramento de la reconciliación. El Bautismo se recibe muchas veces de una manera frívola. La Confirmación se ha convertido para muchos en un sacramento optativo del que se puede prescindir. La Eucaristía es recibida en la infancia, y luego es olvidada por multitud de católicos, asistiendo a ella en ocasiones, y muchas veces gruñendo y de mala gana. Y la Reconciliación llena de telarañas y metida en un armario ya no es recibida y practicada por la mayoría de los que se tienen por católicos. ¿Con estos mimbres que esperamos?. Si nos aislamos de la vida sacramental nos separamos del Cristo resucitado que nos sale al paso en los misterios de la liturgia. Quien se margina de la vida sacramental se aparta de Cristo resucitado y lo desecha. 

    Desechamos a Jesús resucitado cuando nos dejamos imbuir por el materialismo. Esta interpretación equivocada de la vida afirma que solo cree en lo que ve y en lo que toca. ¿Pero qué vemos y tocamos? Heisenberg y la física cuántica nos hacen comprender que el mundo que percibimos no es tal cual lo vemos y tocamos. Lo que nos parece una sustancia dura e impenetrable, es un enjambre de partículas y fuerzas en movimiento, del que somos inconscientes en nuestra vida habitual. Eduardo Carreira no se cansa de repetirlo de manera magistral. No vemos ni tocamos a las bacterias, a los virus y a los microorganismos y ellos son capaces de poner en jaque nuestras vidas. Los físicos cuánticos reconocen que la materia a determinados niveles nos resulta incomprensible, dado que aunque son capaces de calcularla y constatarla, con no pocas dificultades, comprenderla nos resulta muy difícil, e incluso a veces imposible. Se nos escapa. Es la frontera del misterio. La teoría del Caos además nos sumerge en la humildad de reconocer que no somos capaces de considerar todos los aspectos que intervienen en el devenir de los acontecimientos. De nuevo el misterio nos cerca. Vivimos inmersos en el misterio, en él somos, nos movemos y existimos. Esto lo ignora el materialismo que cree que puede atarlo y controlarlo todo. Pero realmente el mundo nos desborda. En el misterio Jesús nos sale al paso. Vemos pan y tocamos pan, pero por obra del Espíritu Santo invocado en la liturgia y la oración, el Pan de vida no es cosa sino persona. Oímos los textos bíblicos y escuchamos palabras antiguas de escritos pretéritos, pero en ellos, Cristo resucitado nos habla hoy para hacer arder nuestro corazón cuando la escuchamos con fe. La fe y el materialismo son incompatibles. Pues la fe mira todo como un misterio en el que Jesús resucitado nos sale al paso constantemente aunque no lo reconozcamos a primera vista. Quien ignora el misterio en aras de un materialismo ciego se incapacita para tratar con el resucitado y lo desecha. 

    Así que ciertamente podemos desechar la piedra angular que es Cristo resucitado si caminamos por estas sendas equivocadas. Por eso cristiano despierta, abre los ojos, si quieres ser dichoso, ten fe aunque no veas ni toques pues de lo contrario no sabrás nunca lo que es la Bienaventuranza. Si Cristo resucitado deja de ser el cimiento de tu vida hoy, tu existencia se convertirá en una casa edificada sobre arena. 

    Sin Cristo resucitado somos humo que se desvanece cuando la muerte nos toca. Seres sin cimiento. Cristianos, hoy os lo digo alto y claro, si solo creéis en lo que veis y tocáis, no lo dudéis, humo seréis y nada más. 

 

DOMINGO DE PASCUA

    ¿Qué hacemos aquí a estas horas? ¿Por qué no estamos durmiendo cómodos arropados en nuestras camas? Porque esta noche santa un grupo de mujeres, en la madrugada del primer día de la semana, aquel Domingo, fueron a la tumba donde descansaba el cuerpo de Jesús el Nazareno. Al tercer día tras su muerte.

    Y descubrieron ellas, sin ninguna compañía varonil, que el sepulcro estaba abierto y vacío. Y un joven vestido de blanco les dijo que Jesús el Nazareno había resucitado. Ellas se asustaron porque nada comprendían de lo que ocurría. Algo parecido les pasara después a Pedro y a Juan (aunque éste vio y creyó). Los sacerdotes hoy, revestidos de blanco, de dorado, de ropas deslumbrantes, os decimos lo mismo a vosotros. En esta sagrada madrugada. Jesús el Nazareno, el que murió el Viernes Santo, ante nuestros ojos inmersos en la divina liturgia, ha resucitado.

    No estamos locos. No temáis. Podéis encontraros con Él si hacéis lo que se os dice. 

    Y ¿por qué ha sido resucitado Jesús el Nazareno? El Antiguo testamento te responde: Porque era bueno, muy bueno. Porque su vida era sagrada como la de Isaac y la muerte no tiene derecho a retenerlo para siempre. Porque no ha nacido para ser esclavo del Faraón y por eso, ha sido liberado del mal, del sufrimiento y de la muerte. Las aguas de la muerte se han abierto para que Él pueda entrar en la casa del Padre. Jesús el Nazareno ha resucitado porque el Padre Dios lo ama con Amor Eterno. Porque es la Palabra de Dios hecha carne que cumple su encargo. Porque es la Sabiduría de Dios que nos inunda con su luz. Porque es la fuente del Espíritu Santo que cambia nuestros corazones de piedra en corazones de carne. Las Escrituras y los profetas te lo enseñan: Ha resucitado porque Dios estaba con El que nos dirá Pedro en los Hechos de los apóstoles.     

    Y si ha resucitado como dices, alguno se preguntará, ¿ahora qué? ¿qué significa? ¿como podemos tratar con Él?     Antes de responderte debo abrir tus ojos. Hoy soy por mi ministerio el ángel del Santo Sepulcro para ti. Abre tus ojos al misterio. Hazlo con humildad. Un misterio es aquello que sabemos que existe pero no sabemos del todo como existe. Una cosa es saber lo que existe y otra muy distinta como lo hace. Saber un poquito de física cuántica ayuda mucho. Mi mano en apariencia es materia dura e impenetrable hasta cierto punto. Pero eso es lo que mis ojos ven. Ver y ser son dos cosas distintas. Realmente mi mano es un enjambre de partículas atómicas enlazadas por campos de fuerzas que giran de una manera vertiginosa. Y entre ellas existe incluso el vacío. Y si no puede ser penetrada por otra materia fácilmente es porque los campos de fuerzas de cosas distintas se repelen hasta cierto punto. Pero eso mis ojos no lo ven. Incluso hoy sabemos que una partícula cuántica puede hacerse presente en otro lugar sin pasar por la distancia que la separa del mismo, y no sabemos por qué. Sabemos que pasa. Pero no sabemos por qué pasa ni como pasa. La materia nos resulta misteriosa hasta extremos inusitados. De nuevo ver es una cosa y ser es otra. Lo que es no siempre se ve. Y nuestros limitados sentidos no llegan a tanto. Podemos calcular y percatarnos de lo que ocurre pero nos resulta muchas veces incomprensible lo que está sucediendo constantemente ante nosotros. Esa es la entraña misteriosa de la realidad material, que nuestro pensamiento puede aprehender aunque sin controlarla del todo. En el misterio es donde encontramos a Jesús. Así que ¿como podemos tratar con Él si no lo vemos? En la Iglesia. Pues la Iglesia es el misterio de Cristo resucitado con nosotros.

    Como el joven resplandeciente dice a aquellas mujeres, yo también os digo a vosotros: Id con los discípulos y Pedro, id a Galilea (la Iglesia), allí lo veréis. Los Hechos de los apóstoles y las cartas apostólicas lo confirman. 

    Con Jesús os encontraréis de forma misteriosa en los sacramentos empezando por el bautismo y siguiendo por la Eucaristía, pues igual que son siete los días en los que el mundo es creado por Dios según aquel relato del génesis, siete son los sacramentos en los que el Espíritu de Jesús resucitado os gesta para una nueva creación. El Espíritu Santo hizo posible lo imposible, de la nada, porque el Padre lo dispuso, hizo salir el universo. De la muerte de Jesús el Nazareno hizo brotar a Jesucristo resucitado, siguiendo una vez más los designios del Padre. ¿Por qué de ti un pobre pecador no va a hacer nacer un Hijo de Dios capaz de disfrutar la vida eterna en la que Dios lo será todo en todos?. A través del misterio lo hace. Jesús resucitado sin que tu lo veas, está cambiándote, haciéndote nacer de nuevo. El misterio salvaguarda la verdad de tu libertad, pues sin la vigencia de este misterio tu libertad quedaría superada ante el embeleso que supondría contemplar a Dios cara a cara. El Tabor confirma todo cuanto digo. Pero no es sin ti que Dios quiere salvarte, sino con tu consentimiento. Por eso la libertad en todo momento debe ser salvaguardada. Porque si no es enamorado no entrarás en el Reino de los cielos. Y solo siendo verdaderamente libre puedes enamorarte. 

    Con Jesús resucitado te encontrarás misteriosamente en la escucha atenta de la Palabra de Dios cuando esta os haga arder el corazón como en Emaus. Nosotros somos aquellos discípulos que caminaron con Jesús sin reconocerlo porque el misterio los envolvía. Igual paso con los que oyeron la predicación de Pedro, experimentaron la presencia del resucitado, y al creer en su mensaje, el Espíritu de Jesús tomó posesión de ellos. Como le ocurre a una persona cuando enamorada escucha la voz de su amado y consintiendo se entrega a él por completo. No hay violación. Es seducción. La libertad no es suspendida. La libertad consiente, y el resultado es maravilloso.

    Con Jesús resucitado te encontrarás misteriosamente en la oración y en el amor. Pues ambos te harán descubrir que no estás solo. Y que la compañía del resucitado nunca defrauda. 

    Todo esto ocurre en Galilea, es decir, en la Iglesia. ALLÍ  INMERSOS EN EL MISTERIO LO VEREIS. 

    Y ¿para qué sucede esto? Para que puedas ser glorificado. Lo ves y te glorificas. Eso ocurre. Y todo acontece en el marco de la fe. Cree en Jesús resucitado. Espera en Jesús Nazareno resucitado. Ama a Jesús vivo por los siglos. Sí. Aquel que estuvo muerto pero aquel que ahora vive para siempre. Algunos dicen “quisiera creer”. Pues la respuesta es inmediata: ¡Cree!. Creer es una decisión. No es un pensamiento, ni un sentimiento, ni siquiera un acto puntual. Es mucho más, es tú decisión. Si quieres creer: ¡Cree!. Pues el problema no está en creer o no creer sino en querer. Si quiero creo. Si no quiero no creo. No te justifiques más. No lo pospongas. Decídete. Si quieres creer sabrás lo que es pasar del egoísmo y el odio al amor. Si quieres sabrás lo que es dejar atrás la tristeza y encontrar la alegría. Si quieres creer abandonarás la desesperación y conocerás el poder de la esperanza. Si quieres sabrás lo que es abandonar la angustia y la duda, e inmerso en el misterio, encontrarás la paz y movido por el Espíritu de Jesús cantarás ¡ALELUYA!. Experimentarás la VIDA NUEVA de la que Pablo nos habla esta noche Santa. 

    Y ¿Por qué pasa esto? Por las mismas razones por las que Cristo Jesús el Nazareno ha sido resucitado. Porque has sido creado como algo muy bueno, verdadero y bello. Porque tu vida es sagrada como la de Isaac. Porque no has nacido para ser esclavo del mal, el sufrimiento y la muerte. Porque Dios te ama con amor eterno. Porque no te llaman a existir para morir de sed ni de hambre alimentándote de lo que no te hace vivir en plenitud. Porque has nacido para escuchar una palabra que te glorifica. Porque has nacido para resplandecer lleno de la sabiduría de Dios. Porque no tienes un corazón de piedra sino de carne y estás hecho para amar y ser amado, y el amor nunca es compatible con la muerte. Y todo esto te sucederá aunque estés ansioso por el peligro de morir sobre un altar de piedras, cercado por las tropas del faraón, abandonado como la Jerusalén del profeta, hambriento y sediento como el que describe Isaías, desterrado como dice Baruc, con un corazón lleno de pecados como dice Ezequiel. Aún así podrás cantar con el Salmo: Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo.

    Así que no temas. Vive. Inmerso en la Pascua Sagrada. Pasa del sinsentido y el nihilismo a la Plenitud pues ella es tu destino. Tu anhelo más íntimo. Jesucristo resucitado es tu respuesta definitiva. Camina por el misterio cogido de su mano sagrada, donde sus llagas abiertas te harán saber en todo momento que su amor por ti es un amor hasta el extremo. Ven y lo verás. Como Abraham lo ha visto porque ha creído en el monte del Señor Ve. Tu vida inmersa en su misterio se tornará no un enigma angustiante sino un misterio apasionante. No te han mentido: te aman hasta el extremo. Sonríe. Lo veréis. Verdaderamente Cristo ha resucitado y tú lo has hecho con Él. Feliz Pascua a todos hermanos. Aleluya. 

 

VIERNES SANTO

    Obras son amores y no buenas razones. Estas palabras de San Juan en su primera carta, nos hacen comprender que Jesús ayer no decía palabras vacías en la mesa pascual. Pues la entrega anunciada y la Sangre derramada prometida hoy se hacen realidad. Por eso muere hoy Jesús diciéndonos a todos las sagradas palabras: “Está cumplido”. Jesús cumple lo que anuncia y promete. Sus palabras no se las lleva el viento. Sus palabras no pasan jamás.

    Pueblo mío hoy por ti Jesus es marginado hasta la saciedad como nos anuncia Isaías en esta quinta pasión bíblica escrita aproximadamente 600 años antes de que Jesús naciese, para asombro de todos. 

    Por ti Pueblo mío Jesús sufre acoso, como proclama el salmo. Acoso de los que lo quieren liquidar.

    Por ti Pueblo mío Jesús sufre angustia. La carta a los Hebreos lo testimonia, y la combate confiando en el Padre.

    Por ti Pueblo mío Jesús es prendido como un malhechor, es atado con crueldad, es traicionado por los suyos, es azotado con dureza, es negado por aquellos que el ama, es rechazado por su pueblo, sufre la injusticia de ser condenado cuando es inocente, es acusado con falsedades, es torturado, es desangrado causa de sus caídas y su pronta muerte pues todo su cuerpo fue convertido en una herida abierta, es crucificado, es desposeído y desnudado para humillarlo ante todos, es testigo de la crueldad que supone para una madre ver morir a su Hijo. Por ti Pueblo mío Jesús bebe el vinagre de nuestro odio en vez del dulce néctar de nuestro amor. Por ti Pueblo mío Jesús es asesinado, traspasado y sepultado. 

    ¿Y todo esto por qué y para qué? Para que tú, Pueblo mío, escuches la verdad, para que sepas que no estás solo en medio de tus sufrimientos y tu muerte porque el Padre siempre te acompaña, con su bondad, misericordia y fidelidad que no cesan. Porque no quiere perderte Pueblo mío. Porque quiere salvarte. Porque quiere liberarte de cualquier suerte de castigo porque Dios en Jesús lo que desea es glorificarte. Para que reines con Dios en el universo cuando seas glorificado con Cristo. Para que vivas en plenitud. 

    Así que Pueblo mío ¿QUE MAS PUEDE HACER DIOS POR TI PARA DEMOSTRARTE QUE TE AMA? No entiendo a los que piensan que Dios está mudo o inactivo. Te lo repito: ¿qué mas puede hacer por ti, Pueblo mío, para demostrarte con hechos tan rotundos que te ama aunque tú seas tan cruel con Él?. ¿Pueblo mío que te he hecho? ¿en que te he ofendido? ¡Respóndeme! Yo, Dios, sólo he querido amarte, desposarte, glorificarte. Pero tú has hecho una cruz para tu Salvador. Pueblo mío escucha, escucha y cree en quien te ha amado hasta el extremo. Juan no ha mentido: Hoy te han amado hasta el extremo. No lo ignores ni lo olvides jamás.  

 

ADORANDO LA CRUZ.

    Jesús veo a tanta gente esta noche santa acariciarte, adorarte, regarte con sus lágrimas enamoradas, implorar tu ayuda Jesús los veo y de mi alma me brota tu plegaria: ¡Te pido por ellos guárdalos en tu amor!. Entonces entiendo porque no derramas tu sangre por pocos, sino por muchos, porque muchos son los que te quieren y te aman, muchos son los que te adoran. Y luego me toca a mi, llega mi momento. Te abrazo con ternura, te acaricio con cariño, me atrevo porque el buen ladrón lo hizo, y yo como él, soy un pecador que se acerca a ti sin temor porque Tú me lo dices. Y así te miro a los ojos, y mientras recuerdo el clamor de los que te desprecian y rechazan, yo te digo desde lo más profundo de mi ser: ¡MI REY!. Y me duele separarme de ti porque me quedaría ahí para siempre. Te quiero Señor, aunque soy un pecador, pero te quiero. Eres el rey que mi corazón corona, porque tu me amas más a mi de lo que me amo yo a mi mismo. Entonces sé que en una noche como esta jamás quisiera estar en otro sitio. Mi rey. Mi rey por siempre jamás. 

 

JUEVES SANTO

    Hacemos Memoria. Eso es la Pascua. Así era para los Hebreos y así es para nosotros. La Pascua es una fiesta lunar. Es la primera luna llena de primavera la que nos marca su ubicación. Si Cristo hubiese muerto y resucitado hoy, la habría hecho en esta fecha. 

    En la antigua Alianza, aquellos hebreos conmemoraban que no estaban solos. Que Dios estaba con ellos. Lo experimentaron en su liberación de la esclavitud de Egipto. Si corregimos la errónea cronología del Exodo, y ponemos nuestra mirada en el año 1500 antes de Cristo, las pruebas arqueológicas que convergen con el relato bíblico nos desbordan tanto en Egipto, como en el paso del Mar rojo, en el desarrollo de las plagas, y en hasta dos posibles ubicaciones de supuestos montes Sinaís, que curiosamente no se corresponden con el señalado por Santa Helena. Es historia de veras que Dios ha estado con ellos, y por eso estaban alegres, y celebraban la Pascua. Nosotros la celebramos desde la transformación que de ella hace Jesús y que Pablo nos narra hoy en la carta a los Corintios. No se trata de una liberación para conducirnos a otra tierra donde aunque podamos ser libres, seguiremos caminando hacia la muerte. La liberación que Jesús nos ofrece consiste en descubrir que Dios nos quiere glorificar en Él. Es decir quiero compartir con nosotros su gloria, quiere divinizarnos, y hacernos saltar de éste mundo, a la Vida Eterna. Y para conseguirlo está dispuesto a sufrir y morir por nosotros, dando su vida. De modo que descubrimos que su amor por nosotros es un amor hasta el extremo como Juan nos enseña. Si celebramos la Pascua es para hacer memoria de que Dios nos ama hasta el extremo y por ello quiere regalarnos la Vida Eterna, si nosotros queremos aceptarla, o o mejor dicho, si no queremos rechazarla. Celebrar la Pascua es hacer memoria de que Dios nos ama hasta el extremo.

    Celebrar la Pascua es hacer memoria ademas del lavatorio de los pies, y la carga moral que ello conlleva. “Os he dado ejemplo” dice el Señor. Si te niegas a amar o a dejarte amar, no tienes nada que ver conmigo, dice el Señor. Porque si Dios nos ama en Cristo hasta el extremo es para que nosotros hagamos lo mismo con todos. Entregar nuestras vidas, derramar nuestra Sangre y hacerlo por amor. Por eso Cáritas hoy celebra su día. Porque la Iglesia es la caridad que debe expandirse universalmente. De lo contrario solo será sal que se ha vuelto sosa. Así que si hacemos memoria de que Dios nos ha amado, es para no olvidar que nosotros debemos amarnos también de la misma manera. La Pascua es hacer memoria de que Jesús resume su anuncio en esta preciosa frase que hoy perfuma toda la liturgia del día: Amaos unos a otros como yo os he amado.     Además hoy hacemos memoria de algo más. Dijo Jesús a sus apóstoles: Haced esto en memoria mía. Y nacimos así los sacerdotes de la nueva y eterna Alianza. Nosotros somos los que si reclinamos nuestra cabeza en el pecho de Juan, si lo amamos y queremos como Pedro, somos convertidos en Pastores de sus ovejas y corderos antes que nada. Sin sacerdote la Iglesia no es capaz de hacer memoria pascual. Sin sacerdote la comunidad cristiana queda expuesta a olvidar que Dios es amor en Cristo y que nos convoca a amarnos unos a otros como Él nos ha amado. Sin sacerdocio la Iglesia se sume en una suerte de demencia que la desnaturaliza. Los sacerdotes somos un memorial vivo de que Dios es amor y de que como el amor no hay nada más. Cuando no lo somos nos convertimos más que en pastores en pencos que cocean a las ovejas del Señor. Cuanto debe el pueblo de Dios rezar por sus curas, más que andar criticándolos por las esquinas. Sin sacerdote no hay memorial posible. Y sin éste la asamblea eclesial se desvanece como el cerebro de una persona afectada por la enfermedad que lleva el nombre de un alemán, que para un castellano parlante como yo, resulta difícil pronunciar. 

    Así que puesto que hoy tenéis un sacerdote celebremos la Pascua, y que el memorial del amor extremo de Dios se apodere de nosotros, de modo que podamos amarnos del mismo modo. No olvidar que el amor es Dios y que Dios es amor, y que amar nos hace vivir como Dios, es la Pascua. Gracias sean dadas a Dios que nos regala sacerdotes para no olvidar nunca que está con nosotros, nos ama, y nos enseña a amarnos como el nos ha amado. 

 

QUEDAOS AQUI Y VELAD CONMIGO

    Si me amas y me quieres debes ser mi Pastor. Esa es la historia de mi vida. Por eso hoy te digo Jesús: te pido por ellos guárdalos en tu amor. Quiero tomarte para comerte y beberte con mi mente, mi corazón y así hacerte vida. De modo que al ver como te entregas por mi y derramas tu sangre por mí, yo pueda hacer los mismo. Porque no importa que sea pecador, ya que tú nos perdonas. Tu alianza es nueva y eterna, y por tanto no es puritana y farisaica, y eso ha quedado superado para siempre. Por mi y por todos. Por nosotros los cristianos y por muchos que no lo son. Tu amor está a alcance de todos los que lo quieran gustar, comiéndolo y bebiéndolo. Materia al alcance de la mano. Localizado como “esto” entre nosotros. Dios con nosotros. Ya que te tengo tan cerca, oye la voz de tu pastor que te repite: “ Te pido por ellos, guárdalos en tu amor. Escucharte convierte esta madrugá en algo maravilloso, por eso Señor no me canso de descansar mi cabeza en tu pecho. Para mí eso es orar a partir de hoy, y ahí reclinando mi cabeza en tu pecho no dejar nunca de oír los latidos sonoros de tu corazón enamorado.    

 

DOMINGO DE RAMOS

     Escuchar hoy la Pasión según San Marcos nos lleva a pensar con facilidad que “aquella gente” era primitiva y cruel. No es infrecuente que los que nos consideramos modernos miremos hacia atrás despectivamente, perdonándoles la vida, y considerándonos mejores que ellos. ¿Pero es eso cierto?.

    Isaias nos pone ante una figura, la del Siervo de YHWH. Y con ella aborda la dificultad que supone ser uno mismo, siendo fiel a la propia conciencia, pudiendo expresarse con libertad. Pues en nuestro entorno hallamos muchas veces serías cortapisas y hasta dura oposición. Y hace falta ser alguien “duro de pelar” para poder ser tu mismo. ¿Acaso el mundo moderno ha hecho desaparecer de nuestras vidas estas experiencias? ¿No tenemos hoy aún mucho miedo a la libertad y a dejar de ser considerados políticamente correctos?. En esto no hemos dejado de ser como aquellos primitivos.

    Pablo en Filipenses invita a estos griegos a renunciar a la soberbia, el narcisismo y la egolatría porque esto causa conflictos. Y les recomienda la Humildad como camino para poder convivir. ¿Acaso hoy tenemos conflictos fruto de la soberbia, el narcisismo o la egolatría? ¿Nos ha hecho humildes la modernidad?. Creo sinceramente que en esto tampoco hemos cambiado tanto.

    La Pasión nos permite descubrir varias facetas más de aquellos hombres primitivos. Uno es que eran capaces de traicionar a un inocente por dinero. ¿Acaso hoy eso no ocurre? ¿qué ha puesto sino de manifiesto la dura crisis del año 2008? ¿acaso la avaricia del dinero no sigue siendo hoy la causa de todos los males? Don dinero sigue siendo poderoso caballero. 

    Otro detalle es la indiferencia que aquellos primitivos tenían frente al dolor de los demás. Dormirse o huir frente a la agonía de los inocentes. ¿Acaso esto no pasa hoy porque nos hemos vuelto modernos? Y eso que hoy podríamos eliminar problemas como el hambre, pero no lo hacemos. Y la gente sigue afrontando duras necesidades. 

    Otro aspecto de aquellos primitivos era que se dejaban manejar por unos cuantos y que estos marcaban la tendencia a seguir que convertía al pueblo en masa, o sea colectivo humano impersonal y muchas veces irracional, e incluso brutal. Estos manipuladores torcían la voluntad de amigos y hasta de grandes políticos. ¿Acaso hoy no existen colectivos o lobbyes como ahora los llamamos que crean opinión y llevan a cabo auténticos proyectos de ingeniería social? ¿Hoy no existe la palabra “moda” con el poder que esta conlleva?¿Hoy nos resulta fácil vivir de espaldas a la tribu y no hacernos solidarios de sus dictados?. 

    Aquellos primitivos de los que parece que no somos tan distintos, además eran crueles de palabra y de obra. ¿Y nosotros hemos dejado de serlo? ¿Se liquida mediáticamente a gente porque se la tilda de no conveniente? ¿Hoy ya no se trata con crueldad a ningún ser humano existente?. Si dijera que no simplemente revelaría mi ingenuidad y mi inconsciencia. 

    Por último aquellos primitivos a los que miramos como gente ignorante y no evolucionada, cuando cometían una injusticia la enterraban y punto. Muerto el perro se acabó la rabia. ¿Acaso el olvido de la injusticia perpetrada nos es ajeno hoy?¿y si es así porque hemos puesto la de moda la expresión “memoria histórica”?.

    ¿Sabéis? Creo que hemos cambiado nuestro usos y costumbres, y hemos crecido en conocimientos y en tecnología, pero igualmente pienso que nuestro corazón sigue siendo el mismo. Por eso discrepo profundamente de algunos jóvenes que equivocados piensan que la Iglesia es un asunto de viejos. Y que Jesús y el Evangelio son fragmentos de un pasado irrelevante para la modernidad. ¿El corazón de los hombres de hoy no debe cambiar?. Pienso que sí debe y puede. ¿Pero quiere?. Se que algunos me oyen hoy y se escandalizan de este cura que critica a los modernos y lo hacen en corrillos en la plaza de la Iglesia. Lo siento por ellos, y deseo que sus palabras contra mi se tornen bendiciones para ellos. Que abra Dios sus ojos. Porque la realidad es tozuda.

    Cristo, el Evangelio y la Iglesia no están desfasados o faltos de actualidad. Cuando la gente se toma en serio esta oferta de Salvación: nuestra identidad se fortalece, la humildad se adueña más de nosotros, damos más importancia a la persona que al dinero, no nos mueve la indiferencia ante el dolor sino el Bien común, no nos dejamos manipular por la moda a la primera de cambio, no andamos crucificando con crueldad a los demás con nuestros hechos y palabras, y dejamos de enterrar las injusticias, para remediarlas. 

    Oremos pues en esta Pascua hermanos para que nuestro mundo abra los ojos y vea como ese centurión romano al pie de la Cruz, de modo que algún día pueda proclamar con el mismo empeño que aquel primitivo, que : “¡Realmente Jesús tú eres el Hijo de Dios!”.

 

V CUARESMA

    Tercer domingo de escrutinios para los que van a ser bautizados en la Pascua. Preguntarse es una constante en la vida del Bautizado. Preguntarse si estamos o no siguiendo los pasos de nuestro Señor Jesús. 

    Porque el Bautizado ha de vivir sumergido en una revolución interior permanente. Jesús en el Evangelio lo explica hoy muy bien. Somos el grano de trigo que si no quiere pudrirse está llamado a transformarse y dejar de ser lo que es para germinar, crecer y dar mucho fruto. El bautizado que no crece en su vida cristiana, muere, se pudre y la gracia de Dios en Él se derrocha. 

    Y este constante crecimiento se produce cuando escuchamos la voz de Dios en nuestro corazón como nos enseña Jeremías. Pues es en nuestra conciencia donde resuena la voz de Dios que ha querido gratuitamente aliarse con nosotros porque nos ama. Escuchando la voz del amado permanentemente somos capaces de cambiar y crecer para bien, porque su palabra siempre es creadora de nuevos horizontes.

    Igualmente esta revolución interior permanente no se para si hacemos un uso adecuado y responsable de los sacramentos de Sanación como el Salmo nos enseña. Reconciliarse con Dios es básico en la vida de un cristiano cuando perdemos la senda del Bautismo. Pues este sacramento sanador nos devuelve intactos a la senda bautismal. Renueva a cada instante la inocencia bautismal es nuestra vida. Vuelve a transformar nuestro corazón en algo nuevo. No usarlo bien es una torpeza por parte de aquellos que siendo cristianos, lo ignoran. No ir al médico nunca es una irresponsabilidad brutal, al menos una vez al año. Porque hay enfermedades silenciosas que si no les prestas nunca atención, al paso del tiempo, te liquidan. Responsabilizándonos de que nuestra conciencia esté sana, contribuimos a cambiar nuestras vidas para bien, optamos por crecer.

    Por último el bautizado cambia para bien si es capaz de afrontar el sufrimiento como nos enseña Hebreos y el Evangelio. El sufrimiento no lo es todo, la Salvación nos aguarda. La hora de la angustia no prevalecerá, la glorificación es nuestro destino. El bautizado no se colapsa y prosigue su andadura si sabe que el mal es una realidad vencida aunque aún experimente sus embates. La esperanza mantiene siempre vivo el ánimo de progresar en la vida de la fe, sin desanimarnos por los tormentos que ello pueda conllevar. 

    Así que escrutarse forma parte de la vida del Bautizado, no lo olvides. Si alguna vez habías pensado que ser cristiano suponía ser un conservador redomado, lamento decirte que estás equivocado. Lo propio del cristiano es crecer y crecer, dejando atrás los infantilismos e inconsciencias del ayer que nos llegarán incluso a ser aborrecibles, para alcanzar nuevas metas. Bautizado germina y crece, pues es Jesús quien te lo pide, solo así podrás vivir en plenitud y en abundancia. La eternidad es un crecimiento constante, permanente, y que por ello, nunca aburre.

 

IV CUARESMA

    En este domingo los que van a ser bautizados realizan su segundo escrutinio con el que expresan su disposición a asumir su condición de Hijos de Dios. Así que hoy es un día estupendo para que todos nos preguntemos quien es Dios y cual es nuestra relación con Él, ahora que seguimos caminando hacia la Pascua.

    Jesús nos enseña hoy en el Evangelio que Dios es Amor.  Nos ha amado tanto que ha expuesto a su Hijo a la Cruz, para que nos podamos percatar de cual es su verdadera naturaleza, y estableciendo una relación amorosa con El por medio de la fe, como un esposo con una esposa, podamos compartir con Él su Vida Eterna. Dios es Amor hasta el extremo que regala Vida Eterna. Dios es salvación no condenación ni juicio. El infierno no puede ser creado por Dios porque del Sumo Bien nunca puede surgir el Sumo Mal. El infierno es la creación de la libertad humana que se cierra a la acción de la Gracia de Dios. La voluntad de Dios es clara en Jesucristo: Su amor quiere salvarte para que tengas Vida Eterna. 

    Por eso nuestra respuesta a su amor gratuito es fundamental como Pablo y Juan nos enseñan. Que nos salva Dios es indudable. Puesto que nosotros solos no podemos hacerlo. Un ser mortal no puede hacerse eterno en un universo que no lo ha sido, ni lo será, aunque sí sea capaz de existir millones de años. La Salvación es fruto de su amor gratuito en exclusiva. Pero no lo es nunca, a costa de nuestra libertad. El regalo ha de ser aceptado. Cuando un niño es bautizado lo es por la fe de los Padres, y lleva anejo, la obligación de que estos lo educarán en la fe cristiana, que el niño conforme vaya creciendo habrá de asumir personalmente. De lo contrario la gracia de Dios se habría derrochado. 

    La fe es una respuesta que conlleva obrar con Bondad. La fe si es verdadera nos torna seres luminosos y no seres tenebrosos. Un ser luminoso ama. Un ser tenebroso no lo hace. Si le decimos con nuestras obras ¡No al Amor!, le decimos ¡No a Dios!. Porque Dios es Amor. El amor nos vuelve verdaderos, el desamor no. El Amor Gratuito de Dios solo es recibido por ti si crees en el amor. Si no crees en el amor no crees en Dios. En cambio si crees en el amor, en la vida amada, aunque no lo sepas estás creyendo en Dios. En cambio sino crees en el amor, si no permites que se adueñe de ti, aunque digas creer en Dios, mientes. Y la razón es sencilla: Si Dios es Amor, si el Amor no reina en tu vida, echas a Dios de tu vida. Es así de sencillo. 

    Por eso ya podemos entender la primera lectura del libro de las crónicas. Ahí se narra la destrucción del templo de Jerusalem por causa de los pecados de Israel. Y su posterior restauración por la misericordia de Dios. El lenguaje es primitivo, nunca debemos olvidar eso. El Salmo es el tiempo intermedio en que Israel añora su hogar puesto que fue desterrado de su tierra. Esa es la historia, pero el significado personal nos lo muestra Jesús. El templo somos nosotros. Nos destruimos cuando pecamos, o sea, cuando no amamos. El pecado es el desamor en todas nuestras dimensiones: nuestra relación con Dios, con los demás, con el mundo y con nosotros mismos. El desamor nos destruye. En cambio el amor nos reconstruye. El amor nos restaura. Cuando no amamos nos sentimos desterrados de la vida. El desamor es el recorrido equivocado que hace el hijo pródigo al irse de casa. El amor es el camino de vuelta, que le posibilita volver a la vida después de haber estado muerto. Amar es vivir. No amar es morir. 

    Una vez aclarado el significado de la Palabra de Dios, ya estamos en condiciones de escrutarnos. ¿Cual es mi relación con el Dios verdadero? La respuesta es simple: La misma que tengas con el amor en tu vida. El lugar que le concedes al amor en tu vida es el que le otorgas a Dios. 

 

III CUARESMA

    Hoy es el domingo en el que en el catecumenado de adultos se celebra el primer escrutinio previo al Bautismo. Por ello hoy la Palabra del Señor nos interpela. Los escrutinios son una suerte de purificación de la intención y del corazón del catecúmeno. Por ello la interpelación para los que deseamos renovar nuestro bautismo es intensa.

    Jesús entra al templo y denuncia con vigor que el mercantilismo se haya apoderado de la casa del Padre. Disiento de los que afirman que el relativismo es el alma de nuestro tiempo. Me quedo con Quevedo. Porque nuestra sociedad es capitalista salvaje. O sea relativismo sí pero  hasta que toquemos el tema del dinero. Lo del cristal y su color para condicionar nuestro punto de vista, vale hasta que hablamos de dinero. El dinero es el absoluto máximo de nuestra sociedad. Por ello Jesús vuelca las mesas y expulsa a los mercaderes. Porque el dinero no es Dios. Es un ídolo. Un falso dios. 

    Encumbrado al Olimpo desde la revolución neolítica, el dinero, por la avaricia, nos expulsó del paraíso del Bien común. Contrariamente a lo que se piensa la economía no nació para el enriquecimiento sin límites que postula el neoliberalismo que nos ha conducido a la tremenda crisis del 2008. La economía nació para alentar el Bien Común. La monetarización nos puso ante la opción de la avaricia y ese fue el camino que tomamos. Ese pecado de los orígenes nos condujo a donde estamos. Jesús ha venido a liberarnos de semejante faraón. De esta cultura de la muerte que se alimenta con la avaricia.

    La razón es sencilla. Cuando por la avaricia el dinero ocupa el lugar de Dios en nuestro templo interior, dejamos de obedecer a Dios. La ley de Dios muere. Porque por dinero matamos, adulteramos, deshonramos a los padres, mentimos, robamos, nos olvidamos de dar culto a Dios, codiciamos, y nos hacemos idólatras. Dios deja de ser “lo más” y se vuelve irrelevante. La avaricia mata a Dios. Y nos aleja de la verdadera ley de Dios. La avaricia y la inmoralidad van parejas, por algo nos dice Jesús que avaricia y Dios son incompatibles. Y por algo añade Pablo que la avaricia del dinero es la fuente de todos los males.

    La ley de Dios se aclara en la Cruz: el amor hasta el extremo. El amor coloca al dinero en su lugar. Es un instrumento para el Bien Común, un medio al servicio de las personas. Es la avaricia del mismo, una idolatría, la que nos convierte a nosotros en sus esclavos. La sabiduría de la cruz nos libera. La Eucaristía lo recuerda: me entrego y derramo mi sangre por vosotros, lo contrario de la avaricia. El culto al dinero es incompatible con Jesucristo. La cruz es sabiduría porque el amor nos hace felices mientras que la avaricia nos hace sufrir. La cruz es fortaleza porque por amor somos capaces de despreciar el imperio del dinero. Conozco personas que son capaces de arruinarse por amor. Conozco empresarios que llevados por el amor son capaces de hacer más dinero creando nuevas fuentes de riqueza para todos. No es verdad que la avaricia cree más riqueza. Porque lo hace como el cáncer, a costa de la vida de los demás. Dad y se os dará. Esta es la verdad: usando el dinero para fomentar el bien común se crean entornos de felicidad que favorecen el incremento de la riqueza porque favorecen el clima de paz social que genera la confianza necesaria para la inversión. Lo rentable es amar y no acaparar a costa del bienestar de los demás. 

    Jesús es sabio y fuerte porque es amor hasta el extremo. Pablo lo proclama frente a la necedad y la locura de los que engañados piensan que el dinero lo es todo. El dinero no es Dios. La idolatría de la avaricia es pura mentira. 

    Así que escucha esta interpelación. Déjate escrutar por Jesús. Y renovarás tu Bautismo. La cuaresma no es fácil, pero te prepara para nacer de nuevo. Nuestro mundo lo necesita, y nosotros con él también. Sin este proceso no habrá cambios. Que el Espíritu de Dios nos ayude. Sin su aliento es imposible, pero con su soplo, es posible que de nuestra nada, surja un mundo nuevo. Ojalá y que hoy escuchemos la voz de Dios y no endurezcamos nuestro corazón. Purifica tu templo interior, destrona la avaricia del dinero, y en su lugar pon a Dios, porque Dios es amor y el amor es Dios. No lo olvides. 

 

II CUARESMA

    Un bautizado ha de saber cual es la verdadera Iglesia. Por algo en este tiempo los que iban a ser bautizados se incorporaban a la comunidad cristiana mediante ritos que se desarrollaban poco a poco durante esta época, y los que se iban a reconciliar con Dios, retomaban igualmente la comunión con el resto de los creyentes progresivamente, siguiendo un proceso similar. 

    Por ello la Palabra del Señor nos permite reconocer hoy cual es la verdadera Iglesia de Dios. La primera lectura y el salmo nos orientan en primer lugar: La Iglesia de Dios es aquella para la que la vida humana es sagrada. Desde su comienzo hasta su final. Asesinar que es algo que nunca ha dejado de estar presente en la historia de la humanidad es algo impropio de los hijos de la Iglesia. La obediencia de Abraham consiste en detener su mano ante Isaac para no apuñalarlo. Pues no agrada a Dios la muerte de sus hijos. Y su percepción de Dios era incompleta. A Dios le cuesta mucho la muerte de sus fieles. Por ello amigos nada de atentar contra la vida humana. La vida humana es para amarla no para matarla. Pero por desgracia, los judíos siguen matando su cordero pascual, los musulmanes siguen celebrando su fiesta del cordero (inspirada en este texto bíblico) y nosotros los cristianos seguimos actualizando el sacrificio de Cristo en la cruz, el nuevo cordero pascual, pero luego, no dejamos de matarnos unos a otros. Cierto que no somos todos, pero es un hecho que las guerras siguen abiertas con diferentes grados de intensidad. Si colaboramos a la destrucción de la vida humana inocente, ¿Somos realmente Iglesia de Dios?. Los bautizados debemos decir con el Señor a los que pretenden matar: “¡Detén tu mano!”. Porque está en juego ser o no ser Iglesia de Dios.

    Pablo nos vuelve a regalar otra clave para reconocer a la verdadera Iglesia. Dios salva. Su voluntad no es condenar. Su voluntad es justificar y glorificar. Una Iglesia que no desee salvar, una Iglesia que solo busque condenar, una Iglesia que no justifique ni glorifique a los hombres, es una falsa Iglesia. Que ignora que Dios no se ha reservado a su Hijo con tal de salvarnos. A quien le resulte fácil andar condenando a los demás su pertenencia a la Iglesia queda herida de muerte. Si Iglesia no sirve para salvar a la humanidad, entonces es un fracaso, una mentira, es la sal que se ha vuelto sosa.

    El Evangelio por último nos muestra que la Iglesia verdadera es la que escucha a Jesús, el Hijo amado de Dios Padre, no un testigo de la luz, sino la Luz de un blanco resplandeciente. Porque algunos se dejan llevar antes que por el Evangelio, por leyes mosaicas y por profetismos pretéritos. La antigua alianza sin la nueva alianza está ciega. Cristo no es un testigo más de Dios entre nosotros, como otros grandes hombres. Cristo es el Hombre en el que habita la total plenitud de Dios. Él es uno con el Padre: “Yo y el Padre somos Uno”. Por eso lo mataron, pero también por eso resucitó. La Iglesia de Dios no siempre lo entiende por completo. A veces cree equivocadamente que ha llegado a la meta, y se engaña en la autocomplacencia, quiere edificarse tiendas para ser inamovible, y el miedo juega un papel fundamental en ese error. Pero tras los pasos de Cristo sigue su andadura como María, meditando en su corazón lo que no entiende. Y en este proceso se transfigura progresivamente. La Iglesia de Dios es la que te transfigura como Cristo, sacando de tu interior la luz de Dios que muchas veces, tú mismo, ignoras que tienes.

    Así que bautizado, en este camino hacia la Pascua incorpórate a la Iglesia, pero no a cualquiera: a la verdadera Iglesia de Dios.

 

I CUARESMA

    Este domingo era y es el elegido para comenzar la etapa catecumenal previa al Bautismo de Adultos. Por ello en este domingo se celebra la elección de los que serán bautizados y la inscripción en el libro parroquial pertinente. 

    Por ello las lecturas tienen un carácter marcadamente bautismal. 

    Nosotros no seremos bautizados pero si renovaremos nuestro bautismo en la noche santa de la Pascua. Por ello nos permite meditar acerca de nuestra condición de Bautizados.

    El Génesis hoy nos pone ante el diluvio. Pasaje que Pedro interpretará en clave bautismal. Si bien es importante enmarcar en nuestra época este texto. Los estudiosos no descartan que el mito del diluvio tuviese una base real, dado que está presente en muchas culturas, no solo en la judeocristiana. Al parecer fue fruto del fin de la época de la glaciaciones. De hecho lo que eran lagos (el mediterráneo y sus mares menores de hoy), se convirtieron en un mar interior, por el ascenso del nivel de las aguas. De hecho se han hallado poblaciones primitivas sumergidas en el Mar Negro. Y hoy hablamos del calentamiento global, aunque hay líderes internacionales que se empeñan en discutirlo. El mensaje del texto es claro: “No volveré a destruir la tierra ni la vida”. Un bautizado debe empeñarse como Dios en que la tierra, con su aire y sus aguas no sean envenenados. Pues toda la vida depende de ellos. No podemos ser partidarios de los inconscientes y de los avaros que están dispuestos a asolar el planeta sin ningún tipo de reparos. El Papa Francisco en la encíclica “Laudato si” lo explica de manera maravillosa. Un Bautizado no puede permanecer ajeno a esta llamada que Dios nos hace hoy.

    El bautizado debe confiar en la misericordia de Dios. Muchas veces se nos hace difícil hacerlo porque no somos capaces de perdonarnos a nosotros mismos. Pero quien no es capaz de aprender la misericordia en sus propias carnes, difícilmente será capaz de perdonar a los demás. La misericordia es el camino obligatorio del Bautizado, pues él es fruto de ella. El Salmo permite ningún género de duda sobre esto.

    El bautizado no debe marginar al rebelde con la fe. Al contrario es conveniente ofrecerle oportunidades. Es importante salirle al encuentro. El descenso de Jesús a los infiernos el sábado Santo, para rescatar y salvar a todos los que vivieron antes que Él, para que no se pierda ni uno solo de ellos, nos estimula en esa dirección. Pedro lo enseña estupendamente en la primera parte de su carta.

    El bautizado ha de procurar adquirir una buena conciencia, purificándola con el amor. Ya os enseñé no hace mucho que la pureza consiste en amar, y la impureza en no hacerlo. Un bautizado tiene la conciencia limpia cuando ama. La voz de Pedro, de nuevo, nos anima en ese sentido.

    El bautizado sabe que la su conciencia es como ese desierto del que habla el Evangelio. En ella resuena la voz de los ángeles, pero también la de las fieras. Las fieras son las voces que proceden del Maligno, llamado hoy Satanás, o sea, el que estorba. Otras veces llamado diablo o sea el que divide. El maligno es el que estorba dividiendo. Hemos de aprender a pisar la cabeza de la serpiente como la Purísima, a impulsos del Espíritu Santo, para que el estorbo de la división quede excluido de nuestra vida. La tentación es una ocasión preciosa para hacerlo. No nos privemos de ese placer. 

    El bautizado anuncia a todos sin cesar el Evangelio del Reino de Dios. No es perezoso ni indiferente ante el hecho de que la voz de Jesús y su mensaje puedan ser conocidos por todos, cuantos más mejor. El Evangelio nos lo enseña. 

    El bautizado convierte su corazón creyendo. La fe que ilumina la mente con sus pensamientos desde el Evangelio. La fe que discierne la bondad de los sentimientos desde el Evangelio. La fe que guía la conducta para que nazca del Evangelio, de modo que nuestros hechos y palabras queden perfumados por el mismo. 

    ¿Veis? La Palabra del Señor nos descubre como renovar nuestro bautismo indicándonos el camino. Así que si queréis ser elegidos e inscritos en el corazón de Jesus para renovar vuestra condición de bautizados la noche santa de la Pascua, aprovechad este tiempo de Salvación escuchando la Palabra de Dios y poniéndola en práctica. 

 

CENIZA

    La Pascua aparece por el horizonte. De modo que nos convocan para renovar nuestro Bautismo. Un bautizado debe en primer lugar según el profeta recuperar su sentido comunitario de la vida. Y no apartarse de la congregación. La fe no se vive en solitario. El individualismo no salva a nadie. Estamos acostumbrados a salvar “mi alma”. Pero esa manera de vivir la fe, es ajena al Evangelio. Somos iglesia, esto es asamblea. Por libre no se sigue a Cristo. 

    Un bautizado debe en segundo lugar reconciliarse con Dios cuando lo necesita. El sacramento de la reconciliación es la puerta para renovar el bautismo, cuando un cristiano ha perdido el camino que lleva a la Vida Eterna. De hecho podemos afirmar que este sacramento renueva la gracia bautismal recibida en el Bautismo. Por ello la Iglesia, como Pablo, nos invita a participar en este sacramento cada vez que nos sea necesario. Es una oportunidad de sanación. Y al médico se va cuando se necesita de veras. Ni se ha de ir por tonterías, ni nos hemos de resistir a ir cuando es evidente que lo necesitamos. Y si no percibimos nada grave, al menos es prudente ir una vez al año, para un chequeo general, porque a veces hay dolencias que no hacen ruido. Con este sacramento ocurre lo mismo, pero aquí buscamos la salud del espíritu y de nuestra vida eterna. 

    Un bautizado nunca ha de convertir su vida de fe en un ejercicio de narcisismo, de “postureo” ante el respetable. No es la Iglesia una pasarela para el lucimiento personal de los que gustan ser vistos y considerados por los demás. El narcisista no ama cuando da limosna, ni ama a Dios cuando ora, ni ayuna por amor al cielo. El narcisista busca el aplauso de los demás haga lo que haga. El narcisista siempre se busca a sí mismo. Los demás no cuentan. No importan. Solo son palmeros de su estrellato. 

    Pero un bautizado cuando da limosna es por amor a los demás para que cubierta la necesidad no reine la desigualdad. Un bautizado cuando ayuna es por amor a sí mismo y al mundo, porque contiene su afán de consumir que tanto los malogra a ambos. A él porque lo materializa. Al mundo porque lo explota y degrada sumiéndolo en una espiral de avaricia mortal. Un bautizado cuando ora no lo hace para aparentar piedad, sino porque ama al Dios que lo está salvando. Y busca amar y ser amado por Dios, y el aplauso de los demás no le importa lo más mínimo. Pues ocurre que en comunidades pequeñas he asistido a competiciones de gente a ver quien era más religiosa y más devota, más piadosa, y ello para ganarse el aplauso del mandamás o la admiración de sus compañeros de camino. Y esta fantasmagoría “espiritualoide”, es burdo pietismo espiritualista, pero en absoluto es manifestación de mística auténtica alguna. 

    Así que ahora que la Pascua se preanuncia aprovechemos el tiempo, para quemar con nuestro amor toda suerte de egoísmo y odio, de modo que convertidos en cenizas, el Señor nos encuentre amando como Él hasta el extremo, al celebrar la Pascua. La cuaresma es un recuerdo de que como bautizados debemos amar a los demás, al mundo del que somos parte, a nosotros mismos buscando nuestro verdadero bien, y a Dios, fuente de toda vida y de todo amor. Amar es vivir. Odiar y ser egoísta es morir. La cuaresma es amar. Lo demás es “judeocristianismo” pietista, rigorista, inhumano y oscuro. Superemos de una vez los oscurantismos medievales y vivamos de una vez la vida nueva de los Hijos de Dios, bautizados en Cristo.      

 

VI ORDINARIO

 

    Tres temas clarifica la Palabra de Dios hoy para los que sepan escuchar.

    El primero la cuestión de la Pureza. La terrible lectura del Levítico declara impuro al enfermo de lepra. Hoy los puritanos declaran impuros a los humanos por diversas conductas sexuales. Pero impuro para Dios es el que no ama. Impuro es el pecado. Impuros son el odio y el egoísmo. La Pureza es el amor. Quien ama es puro. Por eso María es Purísima, limpia de pecado, sin sombra de egoísmo y odio. Su pureza quedó de manifiesto al pie de la Cruz, cuando acepto ser nuestra Madre porque su Hijo se lo pidió, Madre amantísima nuestra, de los que matamos a su Hijo con una crueldad inaudita. En ese amor extremo María mostró su naturaleza purísima. La lepra que nos vuelve impuros es el desamor.

    El segundo la cuestión del Escándalo. Pablo lo aclara estupendamente. El escándalo no es como algunos piensan asustar a los demás, porque si eso fuese así, Jesucristo habría sido alguien que escandalizaba a muchos. Cuantos lo consideraron una amenaza cuando no lo era. Igual ocurrió con Pablo. Escandalizamos cuando no trabajamos por el bien común, sino sólo por nuestra avaricia. Escandalizamos cuando no imitamos a Jesús como Pablo lo ha imitado. Con frecuencia muchos se escudan en no querer provocar escándalo para ocultar su cobardía, todo por no atreverse a ser fieles al Evangelio. Ese no es el caso de Pablo, y tampoco debería ser el nuestro.

    El tercero la cuestión del Teísmo. Quizás esta sea un poco mas complicada. Cuando escuchamos el Evangelio de hoy, fácilmente se vislumbra que Jesús hace lo contrario de lo que manda el Levítico. ¿Como es posible? Porque la percepción de Dios del Levítico está equivocada. Es inexacta. Su forma de pensar a Dios es deficiente. Dios no declara maldito a un enfermo de lepra. La compasión activa de Jesús lo demuestra. De modo que de este contrapunto brota una enseñanza lúcida: no siempre el ateísmo es malo, porque la mayoría de las veces no procede de la negación de Dios. Sino de la negación de ese dios en el que tu crees y me presentas, que no es el Dios verdadero. En ese sentido el ateísmo ha contribuido a purificar el verdadero rostro de Dios. Por algo dice el concilio Vaticano II que muchas veces nuestra actitud cristiana, nuestros hechos y palabras ha causado el ateísmo. De hecho así ocurrió con la inquisición y con otros temas oscuros de la historia del cristianismo. Ser ateo ante el Dios del gran inquisidor, no es un error. Al contrario pone de manifiesto que su teísmo es brutal y por eso en absoluto es una expresión del Dios verdadero que se nos ha presentado en Jesucristo. Dios es quien es y el teísmo particular de cada uno o de cada época es otra cosa. El teísmo es revisable y modificable siempre, y aún más cuando lejos de poner en claro quien es Dios, lo oscurece o deforma. El teísmo talibán es salvaje. Ser ateo frente a él es una virtud. Una cosa es el Dios que pensamos nosotros y otra el que existe. Si Cristo ha sido brillante es porque ha mostrado a un Dios que solo sabe amar. No creer en este Dios si es una desgracia y de las gordas. Hacer del amor lo más excelso de este universo es acertar plenamente. Mejor Dios que ese ninguno: el AMOR. Una cosa es la religión y otra Dios. Sea pues la religión lo que Dios quiere. Y que no ocurra al contrario como hace el levítico hoy: hacer a Dios conforme a la religión humana, muchas veces más, una realidad política, social y cultural. Y a veces brutal. Basta de teísmo con Jesucristo tenemos todo lo que nos hace falta. Los teísmos son demasiado estrechos para que el Dios verdadero quepa en ellos. 

    Que clarificador es escuchar al Señor hablar sobre todos los temas porque su luz despeja su problematicidad con una certidumbre meridiana. Aprovecha pues y escucha.

 

V ORDINARIO

    La Palabra de Dios nos permite conocer hoy que necesita el mundo. 

    Job nos muestra cual es el alma de muchos seres humanos: meses baldíos, noches de fatiga, sin final, dar vueltas hasta el alba, consumidos sin esperanza, viviendo la vida como un soplo sin esperar poder ver “más” la dicha. El mundo como Job necesita esperanza en medio del sufrimiento. 

    El Salmo nos enseña que los corazones destrozados ansían ser salvados. Necesitan música. Necesitan reencontrar la armonía. Ser reconstruidos. El mundo necesita alegría. 

    El Evangelio nos muestra que el mundo necesita sanación y liberación. Sanación de toda suerte de males. Y liberación de todo lo que lo esclaviza. En esas dos palabras caben tantas cosas, tantos problemas de tantas personas, que resulta difícil que en ellas no encajen las aspiraciones de cualquier habitante de este mundo. 

    Pablo nos enseña como buen apóstol que lo que el mundo necesita es El Evangelio. Bien dicen los apóstoles a Jesús: “Todo el mundo te busca”. Necesita el mundo la Buena noticia que le haga descubrir que hay lugar para la esperanza, que hay motivos para la alegría, que es posible la Sanación y la Liberación. Y Jesucristo cumple todas esas expectativas. Él es la Buena Noticia en sí mismo. Basta que tengas fe en Él para empezar a experimentarlo, a nivel mental, sentimental y práctico. El Evangelio te colma de bienes. 

    Así que esta lección conlleva un mensaje para nosotros cristianos de hoy: No podemos quedarnos quietos. Si no anunciamos nosotros a Jesucristo nadie lo hará. Y si no nos apetece, o sentimos pereza, deberíamos aprender de Pablo que se hacia todo a todos con tal de ganar como sea a algunos. En eso aprendió bien de Jesús pues los Evangelios testimonian que su vida consistía en trabajar y en orar por el Reino.  Así que Cristiano hoy te pregunto: ¿qué haces tú por el Evangelio? Si no haces nada, el mundo lo pagará con sufrimiento, porque no podrá satisfacer sus necesidades más trascentales. No lo olvides. 

 

IV ORDINARIO

    Hoy la Sagrada Escritura nos permite conocer más a Jesús nuestro Señor.  

    El Deuteronomio nos ofrece el famoso pasaje en el que el mesías es anunciado por Moisés. Dios nos hablará por boca de aquel que no nos aterrará. En su ingenuidad el texto nos dice que Dios nos escucha y cambia de parecer, y poco menos que somos nosotros los que cambiamos su carácter: lo “humanizamos”. Nada más lejos de la realidad. Dios simplemente es el mejor pedagogo. Y programa su manifestación según nuestra evolución y nuestra capacidad de comprenderlo. Se adapta a nuestras entendederas. En aquel tiempo sin resultar aterradores, el hombre no evolucionado, nunca hubiese respetado a Dios. Y cuando Jesús estuvo con nosotros no cejó nunca de adaptarse a nuestra comprensión poniendo ejemplos y parábolas sin cesar. Y aún así, la mayoría de las veces no fuimos capaces de comprenderlo, e incluso lo crucificamos. Y ni por esas tiró la toalla. A Dios le importamos tanto, nos ama tanto, que nada que hagamos le hará dejar de comunicarse con nosotros. Jesús es la prueba manifiesta de que este es el Dios vivo en el que tenemos puesta nuestra fe.

    El Salmo nos revela que Jesús es la Palabra que Dios nos dirige que ojalá nunca dejemos de escuchar. Pues endurecer nuestro corazón ante su Palabra amorosa nos priva de un enorme caudal de plenitud que su luz nos regala. 

    San Pablo, que es una persona en permanente evolución como sus cartas prueban, no alcanza a expresarse con total claridad. Si leyésemos el capítulo completo, al que esta perícopa pertenece, descubriríamos que él mismo llega a darse cuenta de lo que afirmo. A simple vista parece que los que viven en plenitud su relación con Dios en Cristo son los que no se casan. Y los casados en este juicio salen malparados. Pero que Pablo no comprenda en este texto la grandeza de la vocación matrimonial (como si hará en la carta a los Efesios que es posterior), no disminuye la grandeza del Matrimonio. Así que leamos el texto de manera inteligente. El Señor debe ser lo más amado por todos. Casados y no casados. Porque un casado que pone su corazón en su pareja antes que en el Señor, nunca entenderá que el amor es más fuerte que la muerte. Y morirá de pena cuando su amor fallezca. Sólo si vive en Cristo podrá comprender que su pareja está llamada a la Vida Eterna, y que nunca lo perderá para siempre. Y además en Cristo encontrará los recursos y la gracia suficiente para sacar de sí lo mejor de sí mismo que poder ofrecerlo a su pareja. Sin Jesucristo el matrimonio no es lo mismo, y muchos que dicen que son un matrimonio cristiano, nunca viven su vida de pareja abiertos a Cristo y su Evangelio. Bautizados sí pero evangelizados no, y eso se nota en muchas casas. Pero cuando Jesús coge las riendas de nuestra vida, porque se lo permitimos, normalmente todo mejora bastante. Hablando con matrimonios que si lo hacen esto se entiende muy bien.

    En el Evangelio, Jesús se nos muestra como el que usa su autoridad para liberarnos del mal que nos impide vivir en plenitud. No usa su autoridad para afirmarse sobre nosotros sin importarle nuestro modo de vivir: de pensar, de sentir y de actuar. Su palabra y sus hechos liberan. Jesús no goza con vernos endemoniados. Una persona cuando está endemoniada siempre es una persona infeliz. No hablo aquí de asuntos exorcistas. Hablo desde una perspectiva más amplia. Cuando decimos: “hoy estoy endemoniado”, todos sabemos lo que esto significa. Jesús en este contexto siempre nos impulsa en la dirección que nos saca de ese macabro laberinto, pero debemos concederle la autoridad para hacerlo. Cosa que por desgracia no siempre hacemos. Pero su mano por eso no deja de estar tendida.

    Como podéis comprobar, son cuatro enfoques de la persona de Jesús. Y cualquiera de los cuatro nos permite hacernos una idea de lo hermoso que resulta tenerlo por amigo y compañero de camino. Pero eso es algo que cada uno de nosotros debemos descubrir y decidir. Hasta aquí la Palabra que Dios nos dirige hoy. Lo siguiente es cosa nuestra. Que cada uno de nosotros proceda en conciencia. 

 

III ORDINARIO

    La Iglesia resulta dibujada hoy ante nuestros ojos. La Iglesia no es un edificio, somos nosotros. El edificio toma nuestro nombre porque es nuestro lugar de reunión. 

    La Iglesia es la compañía de Jesús. No me refiero a los Jesuitas. Son aquellos que conocen a Jesús, lo aman y lo siguen. Os lo dije la semana pasada. Es por tanto un grupo, tan amplio como lo sea el número de los enamorados de Jesús. Dicen algunos que Jesús anunció el Reino y lo que ha quedado es la Iglesia. Y lo dicen mal. La Iglesia es un signo del Reino que lo anuncia, lo prepara y lo anticipa. Por ello Satanás le tiene tanto celo. Y por eso ha sembrado en ella la cizaña. Pero también en ella hay trigo. La Iglesia es gestada por Cristo antes de su muerte y resurrección, y nace como un fruto hermoso de su Pascua. Pero nace lo que se ha gestado. En la misión de Cristo va implícita la Iglesia. De modo que los que piensan de otro modo no aciertan en absoluto.

    Tres pinceladas retratan hoy a la Iglesia. En la primera lectura y el salmo, la Iglesia aparece como la comunidad de los que se convierten de sus pecados porque escuchan la voz de su Señor de la boca de su enviado. Así es como la Iglesia, comunidad de pecadores en conversión, se manifiesta como un signo de la misericordia infinita de Dios. Pues si hay misericordia para nosotros, la hay para todos. No aciertan los que piensan que la Iglesia es la congregación de los perfectos. Es la comunidad de los que gracias a la acción del Espíritu Santo, peregrinan hacia la perfección. Por eso no se hace ningún favor a la Iglesia cuando algunos adoptan una pose integrista y puritana que odia a los pecadores. Eso es puro fariseismo rigorista.

    En la epístola la Iglesia aparece como la que manifiesta que todo esto que vemos no es lo único que nos cabe esperar. Somos peregrinos hacia el Reino, y este mundo es una etapa más. Pues todo lo que vemos hoy desaparecerá la muerte se encarga de recordárnoslo a cada paso. Por eso quien aspira a construirse un presente sin esperanza más allá de lo que vemos hoy, no es Iglesia de veras. Vivir sin trascendencia haciendo de la avaricia y sus frutos, su única meta, se aparta del grupo de Cristo, aunque sus formas parezcan religiosas. Hacer un absoluto de lo que es perecedero aleja del Evangelio.

    En el Evangelio la Iglesia se presenta como pescadora de hombres. Sin interés por los humanos, viviendo a parte de la humanidad, para llegar a ser puros, queda muy heroico aparentemente. Pero no: Es la “fuga mundi”. Y la indiferencia ante la gente nos impide ser cristianos. Encastillarse sin encarnarse nos aleja de Jesús. Él no fue un Esenio. No se apartó de la gente para no contaminarse. Vivió entre ellos para salvar a todos los que quisieran ser salvados. Y nos eligió para hacer nosotros lo mismo. A Dios le interesa el mundo. No lo odia. Quiere salvarlo. Y por eso enamorando a todos los que le escuchan los pesca para hacerlos ciudadanos de su Reino. La comodidad y la pereza que nos llevan a no hacer nada por agregar a cuantos más mejor al propósito de Dios es malgastar los talentos que Dios nos da.

    La Iglesia es misericordia, esperanza y amor eficiente por los hombres para salvarlos. Así deben ser nuestros grupos. 

    Escuchar la Palabra de Dios nos convierte en Iglesia, ojalá y que hoy no endurezcamos nuestro corazón y permitamos a la Palabra dar fruto en nuestra vida. Entonces la Iglesia resplandecerá en toda su belleza. Como la luna llena cuando el sol la ilumina sin que el mundo se entrometa entre el sol y ella. La luz de la Iglesia le viene de Cristo, no lo olvides nunca. 

 

II ORDINARIO

    Cuatro enseñanzas brotan hoy para los cristianos de las Sagradas Escrituras. 

    La primera nos la ofrece Samuel. Un cristiano puede a veces necesitar el consejo de algún hermano mayor en la fe, para encontrar su propio camino. Es lo que hemos llamado director espiritual o acompañante espiritual, pastor, confesor o … Cada uno le da su propio nombre. Pero el texto nos permite descubrir que en esa relación el cristiano que necesita orientación nunca ha de ser una marioneta al servicio de su consejero. Un buen consejero ha de ayudar a quien lo pide a encontrar la voz de Dios en su corazón. No debe por tanto suspender la conciencia de quien solicita ayuda. Simplemente debe orientarle para que escuche.  Elí no suplanta a Dios, sino que enseña a Samuel a escucharlo. Este proceso lo llamamos discernimiento. Y no es un proceso exclusivamente clerical. Sino abierto a toda la Iglesia en cada uno de sus miembros.  Pues el discernimiento no es solo un servicio vocacional en la vida cristiana. Indagar en el corazón es el camino cualquier creyente pues Dios nos habla a cada uno en nuestra conciencia. Sagrario maravilloso que cada uno tiene, donde la voz de Dios resuena.

    La segunda nos la ofrece Pablo. Aunque para entender este texto es preciso situarlo en su contexto. Porque después de la revolución sexual del 68 en la que nos hallamos inmersos, este rechazo de la fornicación se confunde demasiado rápido con un desprecio de la vida sexual. Y esto en Pablo es falso, pues ya en las cartas a Timoteo aclara Pablo que la sexualidad es un don precioso de Dios que hemos de vivir en el matrimonio dándole gracias por éste hermoso regalo. Puesto que había entre los primeros cristianos quienes consideraban de manera erronea que el sexo era algo malo. Si Pablo aquí es tan tajante es porque los Corintios eran muy especiales. Uno se estaba acostando con su madre. Y varios de ellos se unían a prostitutas con bastante frecuencia, pues en aquel contexto pagano algunas de ellas eran consideradas sacerdotisas y el acto sexual con ellas era considerado una especie de culto. De ahí su rotunda claridad sobre este tema. Pero la enseñanza que resalta es muy hermosa. Nuestro cuerpo es miembro del cuerpo místico de Cristo y está habitado por su Santo Espíritu. Lo que significa que nuestros cuerpos han de ser usados para amar. Nuestros cuerpos están al servicio del amor. El placer sexual solo es placer. No somos objetos ni cosas para ser usados y listo. Somos personas. Y la felicidad nos visita cuando somos amados. Así que como cristianos estamos llamados a vivir nuestra existencia corporal en el amor y esto en todas las dimensiones de nuestra vida. Sin excluir ninguna. Pues el amor vuelve sagrado nuestro cuerpo y sus procesos. 

    La tercera y cuarta enseñanza nos la ofrece el Evangelio de Juan. Un cristiano no puede conocer a Jesús de oídas. Tiene que tener experiencia del mismo. Una experiencia que conozca en profundidad a Jesús, que le enamore del mismo y que le impulse a seguirlo. Juan lo vivió con tanta intensidad en compañía de Andrés que nunca olvidó la hora en que se produjo el encuentro con Jesús. Agustín definió esta experiencia como os he dicho: un conocimiento que enamora y te impulsa a seguir apasionadamente a Jesús, como los enamorados se siguen el uno al otro. Rovirosa, un hombre que algún día deberían declarar santo, decía que un cristiano ha de ser un especialista en Cristo. Una experiencia por tanto intensa y no frívola, es decir, no inconstante y superficial.

    Además el cristiano que vive esta experiencia gozosa tras los pasos de Jesús, debe comunicarla a los demás. No como una mera obligación moral, sino como un deseo inusitado de transmitir lo que se vive a quien no lo conoce. Eso me gusta mucho de mi santo patrón. Andrés se lo comunicó a su hermano, y lo llevó a Jesús. En eso consiste mi vida desde que me enamoré de Cristo. Esta cuarta enseñanza es clave en la vida del cristiano. Juan nos lo enseña también en su carta. Quiero que compartáis mi gozo. Lo que he visto y tocado quiero que tu lo compartas para que también esta experiencia gozosa sea tuya. ¿No es eso lo que hacemos cuando algo bueno nos ocurre? ¿No lo comunicamos a las personas que amamos y nos rodean?. Pues con el Evangelio ha de ocurrir lo mismo. 

    Así que estas son las cuatro enseñanzas que la Palabra de Dios nos dirige este domingo, no las echemos en saco roto. La Navidad se ha ido pero Jesús se queda y Dios está con nosotros. Disfrutemos pues su sagrada compañía.

 

BAUTISMO DEL SEÑOR

    Si quieres ser un Hijo Amado de Dios en quien Él se complace debes escuchar hoy los textos sagrados con mucha atención.

    Isaías te enseña que para ser un Hijo amado de Dios has de escuchar siempre la Palabra de Dios. Porque esto satisface el hambre y la sed de tu corazón creyente. Transforma tu conducta porque te convierte, al llenarte de Gracia, porque el Espíritu Santo viene sobre ti. El Sello del Espíritu engendra en tu mente nuevos modos de valorar la realidad, de sentirte frente a ella y de actuar. La Palabra de Dios actúa eficazmente. Transfigura lo que toca. Nos descubre los caminos y los planes de Dios. Nos fecunda y nos permite dar frutos que siempre nos glorifican, es decir, nos llevan a vivir con plenitud. El propósito de la Palabra de Dios es divinizarnos. Hacernos vivir como Dios vive.

    El Salmo nos propone confiar en Dios y no tenerle miedo. Confiaré y no temeré. Para un Hijo amado de Dios el miedo no es la manera adecuada de relacionarse con Dios. Donde hay amor no hay temor dice San Juan en una de sus cartas. Así que la confianza complace a Dios, el miedo no. El miedo no es el modo adecuado para tratar con nuestro Dios que solo sabe amar, porque nuestro Dios es ternura.

    San Juan evangelista en su carta nos enseña que si quieres ser hijo amado de Dios has de tener en cuenta dos enseñanzas más:

    Un Hijo amado de Dios vence al mundo con fe y con Amor. El mundo en Juan es la realidad ajena al amor de Dios. Es una existencia condenada a sucumbir bajo el imperio del mal, el sufrimiento y la muerte. Es una realidad esclava del odio y el egoísmo. Es la existencia envenenada por el pecado. Es un modo tóxico de ser, de pensar, de sentir y de actuar. Por ello vencer el mundo se produce creyendo porque la fe en Jesús te hace descubrir que Dios te ama y eso te inunda de esperanza, y te enseña a amar como Él nos ama. La fe en el amor de Dios nos impele a amar. Así que la fe y el amor nos sacan del mundo y nos convierten en un testimonio vivo ante los demás de cual es el camino que nos lleva a la vida en abundancia.

    Un Hijo amado de Dios no puede alcanzar la madurez sin tres cosas fundamentales. Juan nos habla con sus propias palabras que tenemos que aprender a traducir a nuestra época. Porque de lo contrario a veces nos resultan crípticas. Las tres cosas sin las cuales un Hijo amado de Dios no puede vivir son: el Agua, el Espíritu y la Sangre. ¿Qué significa esto?. Agua es Bautismo. Espíritu es la Confirmación. Sangre es la Eucaristía. Sin estos tres sacramentos de la Iniciación cristiana no se puede ser verdaderamente un Hijo Amado de Dios. Es preciso por tanto comprender que estos tres sacramentos cimentan y nutren nuestra vida cristiana, y sin ellos es imposible, improbable, …. etc, vivir la fe en Cristo en Espíritu y en Verdad. Incluso apunta en otro lugar de esta carta la importancia de la reconciliación que renueva en nosotros el Bautismo constantemente. Los apóstoles conocen los sacramentos y cuentan con ellos, pues no son un invento nuestro, lo único que ocurre es que los nombran de otra forma. Con expresiones o palabras que hemos ido perfilando con el paso del tiempo. Sin vida sacramental no se puede vivir como un Hijo amado de Dios Padre, plenamente adulto. Así que sin vida sacramental tu vida cristiana se queda a medio gestar o simplemente se muere. 

    Así que ya sabes como ser un Hijo amado de Dios Padre, en quien Él se complace. Ojalá y que estas respuestas iluminen toda tu vida y no caigan en saco roto. Hoy que contemplas a Jesús siendo bautizado por Juan en el Jordán aprovecha y renueva tu bautismo, la cuaresma que se acerca, nos ayudará a ello.

 

EPIFANIA   20+MGB+18

    Hoy la Escritura nos expone el significado de ser católico, es decir, universal. 

    La primera lección la ofrece el profeta. El Bien común es fruto de la comunión de los pueblos. Jerusalén es el punto de confluencia para todas las naciones. Y cada una llena de regalos, enriquecerá a los demás con sus propios tesoros. Nada se alcanza con la división, con los muros y las fronteras, y es mucho lo que todos perdemos. Sin Bien Común el mundo atrasa y no avanza. La globalización no tiene marcha atrás, es un nuevo signo de los tiempos. Vivir contra ella es pura necedad y locura. Podemos decidir como construirla. Ahí es donde se nos espera. Y los papas del concilio lo tienen muy claro: construyamos la civilización del amor. Globalicemos la caridad fraterna. Ese es el mejor regalo que podemos hacerle hoy a la tierra. Pues si nos decidiéramos a favor del bien común de todos, superando oscuros egoísmos nacionalistas, grupales, tribales, etc…los grandes problemas que hoy nos acucian, y que son todos de talla global, podrían encontrar solución.

    La segunda lección que se nos ofrece nos la muestra Pablo. La Salvación es para todos. Es para los gentiles, es decir, para los malditos. Pues en la misericordia de Dios no sobra nadie. Pues solo el que se niegue a ser salvado de manera consciente y manifiesta, quedará excluido de la plenitud, más por pura decisión propia. Basta de afirmar que fuera de la Iglesia no hay salvación. No la hay fuera de la misericordia de Dios manifestada en Cristo Jesús. No nos convirtamos en integristas como los fariseos que solo desean salvarse ellos. Quienes quieran construir corralitos en el cielo para festejar con su clan las alegrías del Reino, consideran el futuro escatológico dando notables pruebas de estupidez. 

    La tercera y última lección la muestra el Evangelio. Dios habla a todos. A los Magos Nabateos, a Herodes, a los maestros del Templo. Pero no todos lo escuchan igual. Ni las intenciones tras escucharlo son las mismas. Curiosamente los magos nabateos no son judíos, ni miembros del pueblo elegido. Son miembros de un pueblo de notables astrónomos. Y sin embargo oyen la voz de Dios mejor, que los que sí son hijos de Israel. En sueños reciben a Dios y descubren que deben hacer después de haber adorado. Con razón dijo aquel alemán que algunos son auténticos cristianos anónimos. Aunque les pese a muchos que hoy se llaman católicos y resulta que solo son burdos judeocristianos preñados de infame ignorancia. La gracia de Dios en Cristo se derrama sobre toda la humanidad y cuando esta busca la verdad con buena voluntad, en la voz de su conciencia oye la voz de Dios porque así lo ha querido EL, pues no son “pocos” aquellos por los que se ha vertido la Sangre de Cristo, sino “muchos”. 

    Así que amigos no excluyamos a nadie, no condenemos a los demás, construyamos el Bien Común, eso nos enseña la Epifanía sobre lo que significa ser Católico.

 

1 ENERO

    Junto a María Madre de Dios comprendemos las razones para que un año más sigamos queriendo ser cristianos. 

    Si somos cristianos aspiramos a la Bendición y no a la Maldición. Dios bendice, plenifica. La maldición es propia de integristas porque para sorpresa de los fariseos las palabras que brotan de la boca de Jesús en Nazaret están llenas de Gracia. No es inconsciente en Jesús que obviase las palabras de condenación que proseguían en el oráculo profético que citó. Así que la Bendición que brota de ver el verdadero rostro de Dios en Cristo es lo que nos llena de Paz. Porque aspiramos a esta Bendición queremos hoy seguir siendo cristianos, un año más.

    Si somos cristianos aspiramos a la Salvación y no a la condenación. Porque lo que Dios desea es hacernos sus Hijos muy amados. Es la filiación y no la sumisión. Nuestra religión ni nos esclaviza, ni nos hace siervos de lo divino. Por más que muchas religiosas equivocadas se llamen siervas de esto o de esto otro. Una verdadera religiosa es esposa de Cristo y no sierva de nadie. Nuestra fe nos salva, nos pone en pie ante Dios, nos invita a confiar en aquel que nos ama como nadie es capaz de hacerlo, ni los demás ni yo a mi mismo. Lo que Dios quiere es glorificarnos no destruirnos. Jesús lo enseña con sus hechos y sus palabras, con su muerte y su Resurrección, con su Ascensión a los cielos, con su intercesión por nosotros ante el Padre, y la efusión del Espíritu Santo sobre quien lo pide para divinizarnos. Así que porque aceptamos el regalo de la divinización queremos hoy seguir siendo cristianos, un año más.

    Si somos cristianos es porque nada nos estimula más para vivir que la adoración de Dios en Cristo. Nos admiramos como los pastores por lo que descubrimos. Experimentamos con los ojos del corazón la grandeza de sus misterios como ellos. Hablamos a los demás de lo que vivimos a su lado. Y no cesamos de meditar en nuestro corazón como María, todo lo que Jesucristo supone en nuestras vidas. Adorar es admirarse, es experimentar, es comunicar y es meditar el amor de Dios que se ha manifestado en Jesucristo del que nada ni nadie podrá separarnos jamás.  Así que hermanos hoy os pregunto: ¿queremos seguir siendo cristianos un años más?. Yo espero morirme cristiano a su lado y pronunciando como última palabra sonora de mis labios su sagrado nombre: ¡Jesucristo!. ¿Y tú?.

 

SAGRADA FAMILIA

    ¿Cual es el cimiento de la familia cristiana? Es evidente que podríamos decir el amor y el aprecio por la vida. Si bien para los cristianos su cimiento es mayor aún. Las Sagradas Escrituras hoy nos permiten entenderlo.

    El Génesis nos muestra que para crear una familia los que la integran han de tener fe en que la vida no es una mentira, no es algo malo, ni es fea. Pues nadie que pensase así de la vida la amaría y menos aún convocaría a seres amados a tener que soportar semejante tormento. Un cristiano cree que la vida es verdadera, buena y bella. Pero si el cristiano piensa así es porque cree en Dios. En el Dios de Jesucristo. Pues es el amor de Dios lo que vuelve relevante el universo que de otro modo resultaría maravilloso pero irrelevante. Y por eso se tornaría decepcionante. Y este horizonte oscuro no ilusiona a nadie. Y por supuesto no insta a promoverlo ni mantenerlo. Así que un cristiano cree en la vida porque Dios le hace creer en ella, amarla y valorarla por tanto como un tesoro.

    La carta a los Hebreos nos permite añadir que un cristiano funda una familia porque cree en la Resurrección como el mismo Abraham. Pues en este mundo no está previsto que unos padres no tengan que ver morir a sus hijos. Que ocurra esto en muchos casos, no excluye que en otros tantos no ocurra lo contrario. Aquí es donde nuestro mundo se manifiesta azaroso, injusto, caótico y hasta en muchos casos macabro. Pues son muchas las familias que ven partir a sus miembros más queridos sin que hayan llegado estos a la vejez. Sin creer en la Resurrección convocar a nuevos seres queridos a tener que vivir una pasión inútil que nos convierte en meros seres para la muerte y nada más, o te convierte en alguien cruel o en un ser cuyas neuronas están fritas, y que como el avestruz entierra su cabeza para no mirar su dantesca verdad cara a cara. El nihilismo  conduce al mundo a un suicidio colectivo como el único modo de superar esta locura en la que quedaría reducida la existencia.  El cristiano descubre por la Resurrección de Jesucristo que la vida se abre a la gloria como ultima perspectiva. La familia esta abierta por tanto a la Plenitud gloriosa y no se desvanece en la absurda aniquilación. Por esta esperanza creyente, el cristiano supera todo pesimismo, y se lanza a la aventura de crear familias con la firme convicción de que la vida y el amor son más fuertes que la muerte.

    Por el Evangelio de Lucas descubrimos que el cristiano sabe que si se embarca en la creación de una familia debe estar preparado para admirarse por la luz que contemplará en la vida de sus miembros. Pero también sabe que ha de estar preparado con fortaleza para superar el hecho cierto de que la espada del dolor atravesará su alma. Alegría y penas, salud y enfermedad, prosperidad y adversidad, vida y muerte. Estas son las palabras que se citan en el ritual del matrimonio cristiano y nunca deberíamos olvidar esto. Pues sin alegría, pero tampoco sin sufrimiento, es posible vivir en familia en este universo nuestro. Sin esta clara convicción edificamos nuestra familia sobre arena y no sobre roca. 

    Estos tres cimientos son los que impulsan a los cristianos a formar en la fe a todos sus miembros. Asistí con tristeza a un debate donde unos padres no consideraban importante formar en la fe a sus hijos. Cuando les pregunté por qué les enseñaban su propia lengua sin plantearse que les imponían un modo concreto de existir en el mundo, me respondieron que su lengua era algo importante. Ese es el drama de muchas familias hoy: lo religioso no es algo importante para ellos, sino algo anecdótico, decorativo a lo sumo. Así viven las familias paganas. Estas familias renuncian a convertirse en sagradas. Una familia cristiana no solo enseña a vivir por vivir como hacen las familias paganas. Una familia cristiana enseña a los suyos por qué se vive. Por qué merece la pena vivir incluso cuando el dolor y la muerte se cruzan en nuestro camino, que suele ser siempre, antes o después. Por eso una familia cristiana se goza en que los suyos crezcan y se robustezcan como Jesús en las fuentes del Evangelio. 

    Así que consideremos si merece la pena cimentar de cualquier manera nuestros hogares o si es conveniente edificar nuestra casa sobre el Evangelio de Jesucristo. Porque mi afirmación hoy es rotunda: sin Cristo empeñarse en crear familias es una locura pues lo único que haces es proporcionarle carne vive a la muerte para que esta nunca cese en su macabro y ciego empeño destructivo. O Jesucristo o Nada. Esto es cierto para todo y la familia no es una excepción. Así que cristiano no lo olvides: porque Cristo nace queda salvada la familia. Jesucristo es el cimiento que transfigura la familia en una realidad sagrada.   

 

SAN JUAN EVANGELISTA

    La Navidad en el mundo presente se está deconstruyendo. Es decir está retornando a su origen pagano. No es necesario insistir en que la Navidad como fiesta procede de la celebración pagano romana de las Saturnalia. La fiesta de que el sol volvía a renacer en el inicio del invierno. Tras un otoño que iba matando el sol poco a poco, sumergiendo más y más los días en la oscuridad. Los paganos romanos adoraban al sol invicto. Así que los cristianos puesto que se negaban a adorar un astro por ser una realidad creada más, decidieron celebrar el nacimiento del que es la verdadera luz del mundo. Si esta festividad está enclavada en el corazón de la Navidad es porque ningún evangelista como Juan ha expuesto con tanta rotundidad y poesía que la luz vence a las tinieblas porque el Verbo se hace carne otorgándonos a todos el ser Hijos de Dios llenos de gracia y de verdad. Su presencia es un manantial que inunda nuestra vida de gracia tras gracia hasta hacerla eterna como la suya. 

    La Navidad pagana nada sabe de gozos verdaderos más allá de los banquetes y las borracheras. Así era para aquellos romanos y así vuelve a ser para nosotros si como ellos vivimos de espaldas al amor de Dios manifestado en Cristo. Eso es ser pagano en lineas generales. 

    Muchos afirman que el corazón de la Navidad es la familia. Pero eso es una afirmación inexacta para un cristiano. Pues la familia con ser preciosa se estrella con el sepulcro. Cuando esto ocurre la familia se desvanece y con ella esa supuesta Navidad. Pues cuando las sillas quedan vacías en las mesas navideñas porque miembros de la misma han muerto, la Navidad se torna una cita macabra con el recuerdo dolorosísimo de sus ausencias. Y las ganas de celebrarla se eclipsan. 

    Así que Juan nos da la clave para disfrutar el gozo de la Navidad verdadera. Es Jesucristo. Que nace aquel que deja los sepulcros vacíos al resucitar de entre los muertos. Esta es la Navidad que llena de luz la oscuridad que dejan tras de sí las ausencias de los que amamos y que la muerte nos ha robado sin pedirnos permiso. Nace el que resucitó y nos resucitará. Nace el que nos enseña que los volveremos a ver. Nace el que nos dice que si estamos tristes hoy porque muchos se han ido de nuestro lado o se nos están yendo, Él nos asegura que mañana los veremos y en ese instante nos llenaremos de una alegría que nadie nos podrá quitar. Nace el Amor que destruye la apariencia todopoderosa de la muerte que tanto nos hace sufrir. El gozo de la Navidad verdadera consiste en adorar con fe al que nos infunde tal caudal de esperanza. Las risas y no los llantos son nuestro destino último y eso porque Jesús nos ha nacido. San Juan devuelve a la Navidad su verdadero rostro en nuestra sociedad postmoderna que se empeña en reconvertirnos a todos en paganos romanos que solo buscan comer, beber y comprar como único objetivo en estos días. 

    Por eso hermanos os quiero decir lo que yo hago oyendo a San Juan cuando llegan estos hermosos días. Como he perdido a mi amada madre, a tres hermanos, y a un amplio número de amigos insustituibles a lo largo de mi corta vida no me dejo vencer por el dolor de sus ausencias. Y cuando decoro mi casa por que Cristo nace, siempre pongo una foto de mi madre en el nacimiento de mi hogar. Y cuando adoro al Niño Jesús, viendo ese rostro que representa a todos lo que he amado y se han ido me sale de lo más hondo de mi alma darle la bienvenida a mi vida a Jesús. Porque gracias a Él se que los volveré a ver dado que su Amor Eterno obra el que mi amor por ellos se torne más fuerte que la misma muerte. 

    Así que os lo digo alto y claro, celebrar la Navidad sin Cristo es una tortura. La Navidad pagana no me dice nada porque comer y beber para hacer fiesta dejando atrás a tantos que he amado y me han amado es una porquería. La Navidad sin Cristo es pura saturnalia pagana y eso la convierte en una basura que no va más allá del aserto hartamente conocido por todos, que dice “comamos y bebamos que mañana moriremos”, a lo que algunos villancicos desacertados añaden que las pascuas vienen y van y nosotros no volveremos más. Menudo gozo  éste para estar tocando la pandereta. 

    Así que no hay Navidad verdadera sin Cristo. No hay Navidad verdadera sin Pascua, sin Resurrección. Y no hay Resurrección sin Cristo. He aquí la verdad de Navidad: ver y tocar al que ha Resucitado. Por ello merece la pena celebrar su nacimiento. Que sabios son mis murcianos cuando no felicitan la Navidad. Sino cuando dicen con San Leon Magno: ¡Felices Pascuas!. Porque la Navidad sin conexión con la Pascua no es nada. Gracias a la Pascua la Navidad reluce y expulsa el imperio de las tinieblas. Por eso mis sabios murcianos al comienzo del año litúrgico felicitan las dos. Yo me uno a ellos y hoy os digo, si Cristo Resucitado reina en ti por la obediencia de tu fe: ¡Felices Pascuas! Ven y canta conmigo, y comparte mi gozo pues la plenitud y no la nada nos aguarda. Gloria Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que Dios ama. Esta es la Navidad que te hace vivir en abundancia, San Juan lo afirma, y yo con él lo reafirmo. ¿Y tú?.

 

NAVIDAD

Nácenos Jesús.

Nácenos la Fuente de Agua Viva.

Nácenos el manantial de la Esperanza,

la Alegría de los hombres,

el Amor hasta el extremo y

el Señor de la Paz.

¡Gloria a Dios!

Bendito sea su Nombre

pues con su tierna pobreza,

el Santo entre los Santos,

nos regala su Plenitud.

Esta es la Navidad feliz.

Éste el próspero Año Nuevo.

Mis mejores deseos para ti y los tuyos

 

DIA DE NAVIDAD

    ¿Qué supone que Jesús esté entre nosotros? Son muchas las maravillas que conlleva. 

    Supone que no te dejes dominar por el pesimismo, y que te adentres en la vida de la Esperanza con Mayúsculas. Porque el mal que nos aflige tiene los días contados. La Esperanza es una maravilla como consejera, es la fortaleza que nos permite guerrear contra toda suerte de mal, es la madre de la paz, y el aliento de Dios Padre en nuestro rostro. La justicia tendrá la última palabra en la vida.

    Supone no dejarse dominar por la maldad y la impiedad del desamor. Supone dedicarse a las buenas obras que nacen del amor.

    Supone no dejarse arrastrar por la falta de autoestima por ser pobre o poco relevante socialmente hablando. Pues si para el mundo eres insignificante para Dios no lo eres. Un matrimonio sin casa, los pastores, el pesebre lo demuestran. 

    Supone no sentirse abandonado o condenado a la soledad que marchita. Porque Dios te ama. Y Él te convierte en miembro de su Pueblo, de su familia sagrada.

    Supone no dejarse apresar por la culpa enfermiza que provoca el pecado intoxicándonos la vida. Porque la misericordia de Dios es mayor que todos nuestros pecados.

    Supone no dejarse confundir por la ignorancia y la comprensión incompleta de lo que Dios significa, porque por no entender algo, esa realidad no deja nunca de ser lo que es. Supone suplir ese desconocimiento con la admiración y la meditación de los misterios que nos superan.

    Supone no sucumbir ante el error de considerar que la realidad es fea con la consiguiente tristeza desilusionante que esa visión supone. Y ello porque los pies de Jesús vuelven hermosa la vida. Supone cantar y no ahogarse llorando aunque sufrimos.

    Supone no dejarte dominar por la confusión reinante de credos religiosos y no religiosos existentes. Porque Jesús es la plena manifestación de la Verdad y la revelación definitiva del verdadero rostro de Dios. 

    Supone en definitiva no ser pasto de la oscuridad que provoca no escuchar la Palabra de Jesús. Supone vivir en la luz. Supone vivir en plenitud si crees en su nombre. Supone ser Hijo de Dios. Supone conocer la verdad y no vivir desconociendo la gloria a la que se nos invita. Supone recibir gracia tras gracia. Supone no vivir a medio gas. Supone no vivir por vivir sin más horizonte que el corte espacio de tiempo en que consiste nuestra existencia en este mundo. Supone dejar atrás el enfoque nihilista y equivocado que rige la vida de la mayoría de nuestros jóvenes alentados por personas que los enemistan con Cristo a quien odian sin motivo porque no lo conocen de veras.

    Supone saber que el universo está preñado de sentido y es invitado a la plenitud. Supone descubrir que no somos una pasión inútil dado que no consistimos en ridículos seres para la muerte.

    Por eso cantamos, alabamos y festejamos cuando Cristo nace. Por ello no dudo ni un instante en decirte hoy hermano: ¡Feliz Navidad! Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Dios está con nosotros. Nuestra Victoria nos ha nacido. La plenitud es nuestro destino. Si hoy no cantas con fuerza, hermano, lo harán por ti las piedras.   

 

IV ADVIENTO

    ¿Quien es Dios?¿Y qué nos ocurre cuando tratamos con el Dios verdadero y no el imaginario?.

    Samuel nos enseña que Dios es Nuestro Padre. Su voluntad es hacernos sus Hijos muy amados y colmarnos de su Bendición si decidimos convertir nuestro corazón en su templo. Si aceptamos ser sus hijos nuestro linaje será eterno, y nunca conoceremos más la guerra ni a los enemigos, pues todos seremos hermanos. Nuestra sociedad busca la fraternidad pero se ha olvidado de Dios o directamente lo ha matado. Pensar que somos fruto del azar, nos convierte no en hermanos sino en competidores, y nos embarca en el imperialismo como destino para asegurar nuestra supervivencia aunque sea a costa del olvido o la destrucción de los demás. Así que el trato con el Padre Dios nos regala la fraternidad. Y ella urge no la competencia salvaje y egoísta sino la construcción del Bien Común, propio de la Civilización de Amor.

    Pablo en Romanos nos enseña que Dios es un misterio de amor y salvación que se ofrece en Cristo para suscitar la fe de todas las gentes, sin exclusiones. Nuestro mundo busca la igualdad, pero a menudo lo hace a costa de la libertad. Sin vincularnos al amor de Dios, no queda claro que nadie sea menos que nadie. Y tampoco somos capaces de evitar que nadie sea más que nadie. El amor de Dios es para todos por igual. Más sin Dios solo existe la ley de la Selva, donde impera la ley del más fuerte. El trato con el Dios verdadero nos descubre nuestro misterio íntimo el que compartimos todos. Algo que ya nos iguala sin conocer al Señor Jesús, pero que sin ese paso, se torna irrelevante. Pues si la vida es una pasión inútil ¿qué más da lo que seamos?. El trato con Dios vuelve nuestra vida relevante y valiosa, y su amor nos iguala a todos. Su amor descarta el enfoque de que hay razas o pueblos superiores a los demás. Los gentiles no son menos que los Judíos. No es una ley particular la que nos salva a todos. Es el amor de Dios manifestado en Cristo. El nos salva si lo aceptamos por la fe. Y esa salvación es para todos. La igualdad brota de la redención que Cristo logra para todos, derribando muros que nos separan y nos sumergen en la dinámica del odio. Nadie es más que nadie, y tampoco es menos que nadie. Por ello lo propio es luchar contra la necesidad para que pueda reinar la igualdad.

    El Evangelio de Lucas nos enseña que Dios no es un amo que nos arrebata la libertad convirtiéndonos en marionetas con su gracia. Su Palabra que nos llena de gracia, libera nuestra libertad para que esta sea capaz si así lo decide de optar a metas insospechadas que no puede alcanzar por sí misma. María no podía optar a todo lo que el ángel le propone de parte de Dios. Es curioso con qué delicadeza y con que exquisitez el Señor se muestra a María. No lo hace directamente para no erradicar su libertad personal. La presencia absoluta de Dios embelesa y el mundo como ámbito totalmente independiente se esfuma. A ese ámbito solo puede entrarse cuando la libertad liberada ha respondido a Dios con un sí clamoroso como el de María. Dios no anula la conciencia de nadie, no le convierte en un esclavo de una secta. Pues su libertad y su inteligencia, lejos de ser clausuradas son informadas y respetadas hasta extremos sorprendentes. Nuestra sociedad se dice defensora de la libertad pero solo cuando sirve a lo que unos cuantos establecen como lo políticamente correcto, aunque eso, no se ajuste al bien moral. De darse el conflicto con el status quo, con el discurso único: margina, acosa y destruye física o moralmente a quien se atreva a hacerlo. Dios no es así. Tratar con Dios nos libera realmente. Nos hace verdaderamente libres. Pues se nos ofrecen oportunidades que sin su ayuda nos resultarían inalcanzables. Yo no puedo optar a su eternidad si Él no decide compartirla conmigo. Pues por mí mismo no puedo dármela dado que soy mortal. María podría haber dicho No. Y la iniciativa de Dios se hubiese frustrado, y su gracia, se habría derrochado. Pero fue enamorada, seducida. Nunca obligada ni coaccionada. La iniciativa de Dios con ella dio fruto. 

    Así que hoy es tiempo de despertar de esta ignorancia de Dios en que vive nuestra sociedad en términos generales. Eso me causa dolor. Porque es una pena enorme no tratar con El. Muchos son formados para rechazar y despreciar lo religioso en el mundo presente y todo porque se tiene una idea de Dios totalmente equivocada. En el pasado eso mismo me ocurrió a mi. Así que pidamos hoy al Espíritu Santo que venga sobre nosotros. Para que la fe nunca se pierda en nuestro mundo. De lo contrario no respetaremos la libertad del otro, y no trabajaremos por la igualdad, y todo porque desconoceremos la fraternidad que Dios deja como rastro cuando contemplamos su verdadero rostro en Cristo Jesús. Solo cuando amas al otro como a tu hermano, lo respetas y lo promueves, pues de lo contrario, simplemente ni te importa. De esto podrían enterarse algunos que en nuestro mundo deciden los destinos de los pueblos, afirmando que lo único que les importa es el interés de su grupo, tribu, guetto o nación pues da igual como lo llames, yo prefiero inventar una palabra nueva: “Socioegoísmo”.          Así que si no quieres ser uno de ellos, despierta a Dios dentro de ti, trata con Él y no pierdas más tu tiempo.

 

III ADVIENTO

    La fuente de la alegría es el Espíritu Santo. Isaias lo canta con su poesía maravillosa. ¿Por qué? Por cuatro motivos. 

    El Espíritu Santo frena la expansión del mal y hace posible que la injusticia tenga los días contados. No es posible la alegría para los pobres si estos no reciben nunca buenas noticias. No es posible la alegría si los corazones desgarrados no son vendados. No es posible la alegría si no acontece la liberación de los oprimidos. Si los que lloran no reciben consuelo, nunca será posible la alegría para ellos. El Espíritu de Dios es siempre sinónimo de superación de la injusticia, de buenas noticias, de sanación de las desgarraduras, de liberación de lo que nos oprime. Por eso cuando viene sobre nosotros y nos llena con su gracia, nos reviste de fiesta, y nos inunda de gozo, nos adorna de gloria, porque nos desposa con Dios y nos hace comprender que nuestro destino no es la destrucción sino la salvación, eso, nos llena de alegría.

    El Espíritu Santo nos hace experimentar la maravilla del amor de Dios, nos permite percibir su misericordia y su santidad, sin mérito nuestro, por pura gracia. La humildad de nuestra condición, aunque no seamos dignos de desatar la correa de la sandalia de Jesús, realiza que nuestro destino porque a Dios le place sea la Salvación. Nuestra vida por su amor se torna relevante y no se disuelve en la irrelevancia de la nada. No somos seres para la muerte ni una pura pasión inútil. Ese horizonte macabro para nosotros no genera ilusión por vivir, y por tanto nos priva de poder percibir la alegría de la vida. El Espíritu Santo nos hace mirar más allá de ese horizonte oscuro.

    El Espíritu Santo es la fuente de la espiritualidad. La espiritualidad es vivir la vida inmersos en la realidad del Espíritu Santo. Por eso la oración, la Eucaristía, las profecías (la escucha de la Palabra de Dios), la vida moral que te hace abstenerte de mal, te hacen vivir en paz. Esa paz es la tierra fértil sobre la que la alegría florece. Tu espíritu, tu alma y tu cuerpo se santifican por la acción fiel del Espíritu de Dios que por el Evangelio, la Eucaristía, la oración y la vida del buen amor, hace su obra. Y de este cuádruple modo, el alfarero de Dios, moldea nuestro humilde barro y nos infunde la alegría. La espiritualidad es fuente de alegría incluso para los que sufrimos, porque nos impide perder la esperanza cuando somos crucificados. 

    El Espíritu Santo guía nuestras mentes y nuestros corazones para que encuentren las respuestas a las preguntas más importantes de nuestra condición humana. La revelación de la verdad de nuestra condición misteriosa, nos libera de la agonía de la incertidumbre. Sólo se te pide creer en su palabra como María, y eso te hará dichoso como ella. María es la mujer alegre que contagia su alegría a Isabel porque el Espíritu de Dios la colma por completo. 

    Así que la conclusión de este domingo es muy sencilla, si quieres vivir siempre con alegría déjate inundar por el Espíritu Santo como María. Esa es la verdadera esencia del Adviento: llenarse del Espíritu de Dios como María para que Jesús la alegría de los hombres tome posesión de cuanto somos y se haga carne en cada uno de nosotros. En nuestro pensamiento, en nuestros sentimientos y en nuestra conducta. No lo olvides, no te duermas, vela siempre sin cesar de decir con todo tu ser: Ven Señor, Ven Espíritu Santo y haz que nuestras vidas alcancen la plenitud propia del Reino de los cielos.

 

II ADVIENTO

    Vivimos los tiempos del Espíritu Santo. Nosotros no hemos recibido el bautismo de Juan, sino el Bautismo del Hijo del Hijo de Dios que nos llena de Gracia con su Santo Espíritu. Ese Espíritu es para nosotros la lluvia que hace fructificar nuestra tierra como nos enseña el Salmo. Y los frutos que produce son estos:

    Cuando el Espíritu de Dios viene sobre nosotros recibimos el consuelo de Dios que nos salva del infierno en que convierten nuestra vida nuestros pecados. El Espíritu de Dios es el principio de nuestra Nueva Creación. El nos salva de nuestro caos. Así lo enseña Isaias. 

    Cuando el Espíritu de Cristo nos visita allanamos los senderos, preparamos al Señor sus caminos, quitamos todo estorbo a la voluntad del Padre. Nos convertimos.  Nuestra conversión es fruto de su acción. Él nos hace cambiar para bien. 

    Cuando el Espíritu de Dios viene sobre nosotros nos convertimos en heraldos del Evangelio del Reino para todos los que nos quieran escuchar. Isaías y Juan nos prueban la verdad de lo que digo. 

    Cuando el Espíritu de Cristo nos visita la misericordia y la fidelidad se adueñan de nosotros. Y del mismo modo la Justicia y la Paz se besan en nuestro mundo. Es lo que ocurre cuando Dios reina en nosotros. El salmo lo canta con maestría.

    Cuando el Espíritu de Dios viene sobre nosotros la esperanza se enseñorea del corazón humano. La desintegración del universo y la injusticia no tendrán la última palabra en la vida. No somos seres para la muerte. Somos seres para la gloria. Nuestro último destino es la Plenitud si aceptamos el regalo que Dios nos hace en Cristo. Esta esperanza impide que nos envenene el pesimismo. La esperanza nos enseña a saber esperar. Esa es la paciencia. Saber esperar con nosotros, con los demás, con el mismo mundo y sus, a veces, caóticos rumbos. La esperanza nos diviniza porque nos reviste de la paciencia de Dios con todo y con todos. 

    Cuando el Espíritu de Cristo nos visita nos sumergimos en la vida sacramental para vivirla en espíritu y en verdad. La gracia del bautismo es renovada a cada paso con la ayuda de la confesión o reconciliciación.  Pues este sacramento con tantos nombres y que tan poco usamos últimamente, renueva la gracia bautismal cuando la perdemos por nuestros pecados. Y así es como los cristianos recuperamos la senda que nos conduce a la Salvación. Y nuestra vida cristiana se vivifica. Del mismo modo que la Eucaristía actualiza entre nosotros el misterio pascual de Jesucristo, la reconciliación actualiza para nosotros el bautismo que nos sumerge en ese mismo misterio pascual que nos resucita. El Espíritu Santo nos posibilita vivir lo que celebramos.

    Cuando el Espíritu de Dios viene sobre nosotros, descubrimos la humildad verdadera de los que saben que aunque no son dignos de desatar la correa de la sandalia de Jesús, pueden vivir con Él, a su lado, sin temores, pues donde hay amor no existe el miedo. No es el ascetismo lo que nos salva sino la misericordia gratuita de Dios manifestada en Cristo, más allá de nuestros pecados.

    Así que aprovechemos este tiempo. El Adviento es la vida de la Iglesia. La Iglesia no cesa de decir nunca Maranatha. Pero decir sin cansancio hoy: ¡Ven Señor Jesús! no es distinto de cansarse de gritar: ¡Ven Espíritu Santo!. Pues Él nos conduce con paso firme al Reino de los Cielos. Así que yo digo hoy: ¡Maranatha!¡Ven Espíritu Santo! ¿lo dices tú también conmigo?. Eso amigo es el Adviento.

 

LA PURÍSIMA

    María nos sumerge con su sí en la Bendición y nos libera de la maldición del Génesis. Y nos marca el camino como madre de la Iglesia hacia la Bienaventuranza. La Vida en Plenitud es propia de los bienaventurados. Por eso creo que el mejor retrato de María que se nos ofrece lo muestra el Sermón de la Montaña.     María es la Pobre de Espíritu porque Dios Reina en ella. Sin Dios no puede nada, pero con Dios lo puede todo. Ella es la pobre de Nazareth. Pero conocedora de que Dios puede hacer posible lo imposible.

    María es la mujer mansa y paciente y por eso heredera de la tierra. Supo esperar a su Hijo durante treinta largos años hasta su manifestación definitiva.

    María es la que sabe consolar porque ha llorado mucho, al ver morir y sufrir al fruto de sus entrañas. Por eso no hay persona que sufra que no pueda recibir consuelo de aquella cuyo corazón había sido atravesado por la espada del dolor. Pues ella conoce cual es el sabor de las lágrimas.

    María es la que canta en el Magnificat que los hambrientos y sedientos de justicia serán saciados, ella, la que padeció la terrible injusticia de ver morir a su Hijo como un culpable siendo inocente. Ella cuya pureza debió ser defendida por un ángel del Señor en uno de los sueños de José.

    María es la mujer que aunque no entiende los misterios de su Hijo, los medita en su corazón con limpieza, y por ello ve a Dios. Ve a Dios en su Hijo pues descubre que en Él habita la total plenitud de Dios.

    María es la mujer que llena de paz infunde la paz en su entorno, y en los Hechos aparece como el nexo de unión de los apóstoles en el cenáculo a la espera del Espíritu Santo. Ella es la comunión que impide la disensión en ese trance. Y por ello no sólo es la Madre Dios sino la Hija predilecta del Dios vivo.

    María es la misericordia de Dios hecha mujer. Su Hijo le pidió cuando estaba al pie de su Cruz que nos adoptara a los que estábamos matándolo. Y ella lo aceptó. En ese instante mostró más que nunca que era madre de Dios, porque fue capaz de amar a la humanidad hasta el extremo, como el mismo Dios nos ama. 

    María perseguida por causa de la justicia, teniendo que huir a Egipto con su Hijo recién nacido en los brazos, se sabe perseguida en cada uno de sus Hijos que fieles a lo que escuchan en el Magnificat, luchan por la justicia y la igualdad de los hombres, y por ello resultan perseguidos por los opresores. Pero para los que solo tienen a Dios por Rey, su entrega a la causa del Reino es lo único que cuenta más allá de cualquier sacrificio.

    María es la que es insultada y calumniada por la Bestia del Apocalipsis, y aun así vive con alegría y regocijo porque su Hijo lo es todo para ella. Verlo a salvo es su recompensa. La dulce doncella embarazada con la luna a sus pies, radiante como el sol y coronada por doce estrella. San Miguel la defiende. Y la serpiente sufre como su pie sagrado aplasta su cabeza. Así es como la Nueva Eva se nos manifiesta como Madre de la Iglesia.

    María es la bienaventurada. Por eso Hijo de Dios medita hoy, si quieres vivir la maldición del Génesis o la Bendición de la que habla Pablo. Si tu deseo es ser un bienaventurado que vive en la Bendición, escucha la Palabra de Dios, llénate de gracia y déjate conducir por el Espíritu de Dios. Y no temas decir con María: Hágase en mí según tu Palabra.  

 

I ADVIENTO

    Un año litúrgico supone recorrer de nuevo toda la andadura de la Vida de Jesucristo, el Hijo de Dios, muerto y resucitado para nuestra Salvación. 

    Jesús es el eje y cada año litúrgico es una vuelta en la espiral que se construye en torno a ese eje. Y a cada vuelta nos acercamos más al mismo, en una progresión infinita. Porque su riqueza es eterna y no se agota nunca. Además este proceso espacio temporal en torno a Jesús, al ser espiral, nunca se repite. Cambia siempre la linea de giro, aunque siempre gravita en torno a un mismo eje. 

    Y si bien el eje es el mismo: Jesucristo, nuestra vida siempre es cambiante. Y es en el encuentro de ambas realidades donde el corazón nos arde de nuevo y la vida en plenitud nos visita. Para los que nos adentramos en la aventura de cada año litúrgico nuevo no nos basta con vivir, queremos vivir en plenitud.

    Pues en este primer domingo de adviento la enseñanza que se nos dirige es que si quieres vivir en plenitud has de poner a Dios en el mismo centro de tu vida.

    Isaías reconoce que sin Dios no somos nada, nos desvanecemos, nos destruimos como también nos enseña el Salmo. Nuestra destrucción es esencial y además existencial. Sin embargo cuando Dios está a nuestro lado el nos reconstruye, nos restaura, nos abre a un horizonte de salvación, nos infunde esperanza. Nuestro alfarero que nos ha creado nos reedifica. Nuestro Padre nos ofrece de nuevo una casa digna, donde podamos volver de la muerte a la vida. Tanto aquí como más allá. Somos hijos pródigos sin Dios. Y lo que mejor nos puede ocurrir es ser abrazados de nuevo por el Padre. Es curioso como este poema de Isaías podría ser puesto en la boca del Hijo pródigo al volver a la casa del Padre. Dios significa por tanto siempre NUEVAS OPORTUNIDADES, después de una restauración.

    Pablo insiste en que Dios es lo mejor que puede pasarnos. Porque él es FIEL. Eso significa que está empeñado con nosotros. Su fidelidad brota de su amor por nosotros. Y está empeñado en que los dones que ha puesto en cada uno de nosotros den fruto para el bien común de todos. Y si no estorbamos su camino, Él, con su Santo Espíritu, sacará de nosotros lo mejor que llevamos dentro. Y esa manifestación de nuestros tesoros compartidos con los demás convertirá nuestra vida en una ACCIÓN DE GRACIAS permanente, en una continua Eucaristía. Alguien que vive en plenitud no es un decepcionado, sino una persona agradecida ante el hecho de vivir. 

    Marcos nos muestra a Jesús aclarándonos que si Dios está en nuestra vida verdaderamente nuestra capacidad de amar se despierta. En cambio si Dios no habita en nosotros de veras, nuestro amor permanece dormido. Hay personas que aparentemente son creyentes y cuyo amor duerme. Y hay personas que no siendo creyentes su amor está despierto. ¿En cual de los dos habita Dios verdaderamente?. Cuando Dios habita en ti en espíritu y en verdad tu AMOR ESTÁ EN VELA.

    Dios nos enriquece. Dios no mata al hombre. Dios no nos impide alcanzar la plenitud. Al contrario sin Dios el hombre es un ser para la muerte, y ni tendrá nuevas oportunidades, ni vivirá su vida dando gracias, ni tendrá por qué mantener en vela su amor. ¿Quien quiere vivir así?¿Quien quiere esa vida envenenada? Yo no, ¿Y tú?.

 

 

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