Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

HOMILIA Ciclo A

CADA DOMINGO LA PALABRA DE DIOS ES CREADORA, NOS RENUEVA, SI LA ESCUCHAMOS CON FE Y SABIDURÍA, PORQUE NOS EL ESPÍRITU DE DIOS NOS VISITA Y NOS LLENA DE GRACIA. APRENDAMOS A ESCUCHARLA COMO MARIA.

 

 

XXXIII ORDINARIO

    Si la semana pasada aprendíamos que Jesús es fuente de Sabiduría, hoy volvemos a comprobarlo. Tres consejos nos ofrece nuestro Maestro de Vida. 

    El primero lo ofrece a través del Libro de los proverbios. Este texto enseña al Hebreo antiguo a elegir mujer. Pero no nos interesa eso sino su afirmación final: la hermosura pasa. La gracia corporal se extingue. Aconseja pues el texto elegir no un cuerpo bonito sino una persona hermosa. No basta ser un cuerpo 10, es preferible incluso, ser una persona maravillosa. Pues un cuerpo impersonal, es una campana sin badajo. No busques por tanto solo enriquecer tu aspecto corporal, sino que conviértete en una persona plena de valores que se vuelven virtudes. 

    El segundo nos lo ofrece por boca de Pablo. No vamos a vivir siempre. La muerte nos aguarda. Así que es preciso saber aprovechar el tiempo. Y no andar posponiendo la búsqueda de la verdad, de la bondad y de la belleza. Pues el mañana puede ser o no ser. No dormir es no andar desperdiciando la vida. Velar es no desperdiciar la vida perdiendo el tiempo, porque el tiempo que se va, nunca retorna. La pereza adocena porque te empuja a desperdiciar y derrochar tu vida. Así que espabila: ¡Carpe Diem! Aprovecha bien tu tiempo.

    El tercero nos lo muestra el Evangelio. Este texto tiene frases duras. Hasta cierto punto incomprensibles: al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Si esto no se interpreta bien hasta oírlo puede doler. ¿Cual es el sentido de este texto con el que los hiperactivos se siente fundados en su neurosis? Cada talento que se nos da es una persona que podemos amar. Así que el que se le dan cinco y además llega a otros cinco. Crece amando. El que recibe dos y además ama a otros dos. Crece amando. Ambos no se dejan congelar por el miedo, y se lanzan a la aventura del amor. El que recibe uno y por miedo va y lo entierra, eso hace. Enterrar el amor para que este nunca crezca. Quien ama entra en el gozo del Señor. Quien no ama, convierte su vida y la de los demás en un infierno. Quien ama más amor recibirá. Quien no ama, sin amor se quedará. Es curioso como la clave para entender las Escrituras siempre es la misma: el Amor. Esa es la llave que abre la puerta del misterio de la Palabra del Señor. Porque cuando un texto difícil es interpretado desde la clave del amor, entonces oímos la voz misma de Dios en Cristo. 

    Así que hoy pediremos al Padre que nos de su Espíritu Santo por Cristo, para que no convirtamos este mundo en un infierno sin amor. Pediremos además que el Espíritu nos despierte para amar a cada instante, sin dejar la ardua tarea del amor para mañana. Y por último pediremos que nos empeñemos en hacer bellas nuestras personas por su capacidad de amar, y no solo andar buscando en exclusiva que resplandezca nuestra apariencia física. Personas amorosas, eso es lo que hoy pediremos ser.

    Jesús nos regala hoy como puedes ver, un precioso programa de vida, si lo que deseas es ser sabio, como Él es Sabio.   

 

XXXII ORDINARIO

    Hoy Jesús se convierte para nosotros en un modelo de vida en plenitud. El libro de la Sabiduría nos enseña que buscar la sabiduría es necesario si queremos vivir en Plenitud. Jesús fue sabio hasta extremos sorprendentes para sus paisanos, desde su misma adolescencia y durante todo su ministerio. Pues asombraba a propios y a extraños. Jesús es el templo en el que la sabiduría habita. La sabiduría no tiene nada que ver con tener muchos datos intelectuales en su acervo mental. Hay grandes intelectuales que no demuestran saberse conducir en la vida. La sabiduría afecta al modo de pensar, al modo de sentir y más aún al modo de actuar. Ser sabio es saber estar en el mundo. Jesús lo fue y tú movido por su Santo Espíritu también puedes serlo.

    El Salmo nos enseña a ser inconformista con la vida. Jesús siempre entendió que este lado de realidad no bastaba para entender el mundo. Y siempre aspiro al Reino de Dios. El mismo fue el Reino de Dios entre nosotros. Por eso no parecía de este mundo. Este mundo se le quedaba pequeño. Un inconformista es una persona para la que el mundo que vemos, aunque sorprendente, le parece mínimo. Descubre a ser inconformista junto con Jesús guiado por su Santo Espíritu.

    Pablo nos muestra que sin esperanza ante la muerte no puedes vivir una vida en plenitud. La luz de Jesús brilló ante el sepulcro de Lázaro. Pues Jesús sabía que la muerte no tendría la última palabra en la vida. El era el portavoz de un Dios de vivos y no de muertos. No caminamos hacia la nada. No somos seres para la muerte. La esperanza que no se quiebra ante la muerte es la única que puede hacernos felices. Porque sin convivir con la muerte es imposible vivir. Por eso sin la esperanza de que ella no vencerá, no es posible vivir en plenitud. La sabiduría en este caso consiste en saber que el amor es más fuerte que la muerte. Así que te puedes liberar del pesimismo que la cultura de la muerte deja tras de sí, si crees de corazón en Jesús, si te dejas guiar por su Espíritu, nunca vivirás sin esperanza y la plenitud siempre será tu horizonte.

    El Evangelio nos enseña a vivir en vela. Que nadie piense que Jesús legitima el matrimonio múltiple, porque solo está poniendo un ejemplo basándose en experiencias que se vivían en aquel tiempo. Experiencias que Él ya había rechazado al hablarnos del matrimonio. Este ejemplo nos enseña que la vida es como un jardín que si no cuidas con esmero se llena de malas hierbas. Y para evitar que esta se estropee se requiere evitar la pereza, y ser una persona despierta para descubrir cuando se nos meten dentro pensamientos y sentimientos equivocados, que nos hacen perder la luz. Porque con esa mente y ese corazón equivocados, nuestro comportamiento nos hará fracasar en nuestra búsqueda de la Plenitud. Jesús fue ejemplar en el cuidado de su espíritu. No se dejó intoxicar por las voces que sonaban para mal en su interior, ni por las voces de los demás que quisieron equivocarlo en su camino, recordad el conflicto con Pedro, cuando este quiso apartarlo de su camino, y como Jesús estuvo despierto para no dejarse equivocar por él. Si te dejas llevar por el Espíritu de Jesús, el te guardará de errores manteniéndote despierto. 

    ¿Quieres vivir en plenitud? Conoce a Jesús, ámale y síguele. El te hará sabio, inconformista, un hombre de esperanza y despierto para no dejarte engañar por el mal de la tristeza, el pesimismo, el miedo, el desamor y la pereza. Jesús es la plenitud, si quieres serlo tú, imítale.

 

XXXI ORDINARIO

    Hoy la palabra de Dios nos previene contra un vicio que el Concilio Vaticano II quiso corregir: El Clericalismo. Clérigo significa “separado”. Pero no por razones aristocráticas. No nos hacemos clérigos para convertirnos en miembros de la clase alta. Sino que somos señalados entre el Pueblo Santo de Dios para servirlo, dando la vida por la causa de nuestro Señor Jesucristo. No aspiramos a la exaltación sino a la humillación.

    Los vicios del clericalismo que la Palabra de Dios denuncia hoy son tres. Comencemos por el Evangelio. Algunos clérigos son como esos judíos a los que Jesús describe hoy. Se creen mejores que los demás, se sienten por encima de ellos. Miran a los demás desde arriba. Incluso a su juicio gozan de una cierta dispensa para hacer lo contrario de lo que piden a los demás que hagan. Lo hacen todo para distinguirse: vestido, costumbres, son auténticos narcisistas, ególatras neuróticos, utilizan la religión como una suerte de pasarela “carnavalesca”, para que todos vean la “grandeur” de su ser. Egocentrismo ciego, narcisista y tiránico. Hipocresía envuelta en títulos y reverencias. No es la primera vez que como el Tartufo de Moliere, algunos clérigos de alto nivel son sorprendidos con sus vergüenzas al aíre. La historia es muy larga y pone en su sitio a estos aprendices de fariseismo. 

    El Segundo vicio lo denuncia Malaquías. El profeta denuncia a los sacerdotes que no dan gloria a Dios porque provocan escándalo entre el pueblo, dado que transgreden la Ley de Dios al tratar al Pueblo con desigualdad, según sus preferencias personales. La acepción de personas escandaliza porque afirma que no todos los hijos de Dios son iguales, según ellos, hay hijos de Dios mejores que otros. Pero eso nada tiene que ver con Dios, sino con esos sacerdotes que se creen revestidos de dignidad para decidir quien vale más o menos. De nuevo la historia confirma al profeta. En algunos pueblos las misas no empezaban hasta que no llegaba D. Fulano de tal, y había bancos en las iglesias que eran intocables, pues ahí se sentaba alguien considerado de “primera”. Como si en la casa del Pueblo de Dios también hubiese lugar para el clasismo social. 

    El tercer vicio que lo denuncia el salmo. Hay clérigos que superan cargos que exceden su capacidad, y son incapaces de moderar sus deseos. El “carrerismo”, es otro vicio a superar. Hacer carrera es el propósito de algunos que no dudan en pisotear a otros compañeros, o en utilizar comunidades cristianas como peldaños sin pensar en el bien de esas comunidades. Porque eso no les importa solo su afán de poder les incumbe. La historia otra vez nos socorre: como olvidar a los Borgia y a otros que ocuparon dignidades eclesiásticos con el mero afán de ostentar poder temporal. Es triste pero algunos aspiran a hacer la carrera del cohete. Estos necios nunca escasean por desgracia y eso que su final es explotar y desvanecerse como el humo.

    Pablo por fin nos devuelve al camino del sentido común y dibuja el verdadero rostro del clérigo. Un buen clérigo ha de ser un hermano de los demás miembros del Pueblo de Dios, sin aspirar a ser más que nadie, y tampoco menos que los demás. Un buen clérigo es un servidor del Pueblo de Dios, al que tiene un inmenso cariño con alma maternal. Un buen clérigo es alguien para quien todos los hijos de Dios valen lo mismo. Y son merecedores de los mismos honores, pues por cada uno de ellos Cristo Jesús derramó su sangre en el Calvario. Un buen clérigo solo aspira a anunciar la Palabra de Dios a todos, cuantos más mejor, y a dar gracias con todos aquellos que hayan creído en el Evangelio de Jesucristo celebrando con gozo la Eucaristía y los sacramentos. Son guías por su forma de vivir y no por su ejercicio tiránico de poder. Hermanos y no tiranos. Hermanos iguales a sus hermanos. Hermanos que buscan el bien de sus hermanos por encima del suyo propio. Hermanos servidores de sus hermanos. 

    La fraternidad contra el clericalismo. No hay duda. La Palabra de Dios nos lo enseña, y el mismo Concilio Vaticano II, lo señala. Así que abramos los oídos como el Señor nos enseña para que este veneno no nos destruya.  

 

TODOS LOS SANTOS

    Ser Santo es ser dichoso. Los bienaventurados son gente feliz. Hoy la Palabra del Señor lo confirma en todas las lecturas.

    No se puede ser dichoso si uno no es consciente de la pobreza de nuestro ser si Dios no reina en nuestra vida.

    No se puede ser dichoso si la mansedumbre es sustituida la agresividad. Pues la violencia nunca te hace feliz. Educarnos y educar a los demás en el odio no lleva a ningún horizonte de dicha.

    No se puede ser dichoso si no recibimos consuelo en medio del llanto. Un llanto desconsolado nunca es expresión de felicidad.

    No se puede ser dichoso si el hambre y la sed de Justicia no son saciadas. La injusticia nunca permite vivir en plenitud. 

    No se puede ser dichoso sin ser misericordioso. Pues somos imperfectos. Un ser imperfecto siempre necesitara nuevas oportunidades. Y todos las necesitamos. Así que sin optar por la misericordia no es posible disfrutar de la alegría de vivir.

    No se puede ser dichoso sin limpieza de corazón. El salmo de hoy reafirma esta gran verdad. Una conciencia en paz hace feliz, una conciencia en guerra deprime. Ver a Dios te limpia porque lo que ves es perdón y misericordia, es amor eterno, que te crea de nuevo liberando tu conciencia de culpas enfermizas, de miedos a castigos y de vergüenzas sin remisión.

    No se puede ser dichoso sin trabajar por la paz. La guerra no hace feliz a nadie. Mira las imágenes que te llegan de ella y verás que los rostros no reflejan ningún rastro de bienaventuranza. 

    No se puede ser dichoso si se es perseguido por causa de defender la justicia, o si se es perseguido, insultado y calumniado por causa de tu propia fe. Atentar contra los derechos humanos, nunca hace feliz a nadie. La alegría y el gozo, son hijos de la fidelidad a las propias convicciones.

    No se puede ser dichoso si se ignora que somos hijos amados de Dios. Descubrir el rostro amoroso de Dios vuelve la vida relevante. Sin la mirada amorosa de Dios en Cristo, somos seres erráticos caminando hacia una muerte que lo convierte todo en una pasión inútil.

    No se puede ser dichoso si no tenemos la firme convicción de que todo es para la GLORIA. Sin esta esperanza en que la vida y el amor son más fuertes que la muerte, somos muertos en vida (Zombies del Halloween Americano), que caminan por la vida sin ilusión. El pesimismo mata el alma porque desangra el corazón al dejarlo sin esperanza. Todo para nada, no ilusiona a nadie. La victoria del Todo, hace arder el corazón. Un ser dichoso es una persona que mira al futuro contemplando la Victoria final del gran proceso evolutivo que es la vida, fundando su esperanza sobre ese cimiento.

    Ser Santo es ser feliz. No lo olvides. Si quieres ser dichoso emprende el camino de la Santidad. Pidamos siempre al Padre que por su Hijo nos regale su Santo Espíritu, que llenándonos de gracia nos conduzca a vivir en plenitud.

 

XXX ORDINARIO

    ¿Cual es la verdadera religión? Las Sagradas Escrituras responden hoy a esta pregunta. Isaias es el primero en hacerlo. Si se es religioso de veras hay que atender a los verbos que se nos proponen hoy: No oprimirás, no explotarás, no vejarás, no serás usurero, no tomarás en prenda nada a costa del bienestar de su humilde propietario. Oprimir, explotar, vejar, y lo que sigue puede ser propio de determinados sistemas de vida, pero en absoluto podrán considerarse religiosos. ¡No os conozco! Será lo que escucharán de los labios de Jesucristo. 

    El Salmo nos muestra que una religión es verdadera cuando te hace fuerte. No cuando te infantiliza ni te vuelve inmaduro. La verdadera religión te infunde valor en medio del conflicto. Te capacita para afrontar duros retos. La verdadera religión no te convierte en un cobarde.

    Pablo nos enseña que la verdadera religión supone escuchar la Palabra del Señor. Sin conocer las Escrituras es imposible vivir la verdadera religión. Porque está se vivirá de manera imperfecta. Es la Escucha atenta de la Palabra la que nos llena de Gracia: del Espíritu Santo. Como María. Y ese auxilio nos libera de la Idolatría. Todo aquello en lo que ponemos el corazón para olvidarnos de Dios y su Reino. Esta escucha atenta de lo que Dios nos dice, nos lleva a vivir unidos a Cristo resucitado porque nos permite conocerlo, amarlo y seguirlo. La religión si se vive sin la escucha de la Palabra es analfabeta.

    El Evangelio nos enseña que la verdadera religión es el amor. No se trata de cumplir con Dios, sino de amarlo como un enamorado ama a su enamorada, con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente. A misa no se va a cumplir con un precepto, sino para amar a Dios. No se trata de amar a Dios solo. La verdadera religión no consiste en eso: amar tanto a Dios que no se ama a nadie más. No se puede amar a Dios a quien no se ve sino amamos al hermano que se ve. Amar a Dios supone amar todo lo que Él ama. Y Él te ama a ti y a los demás. Nadie que no se ama a sí mismo es capaz de amar  a los demás, porque quien no se sabe valioso, nunca percibe valiosos a los demás. Quien ama a Dios ama todo lo que Dios ama no lo olvides. Sin amor no hay religión verdadera.

    ¿Vivimos una religión verdadera o una religión deficitaria o falsa? ¿Hoy conocemos gente o grupos que viven una falsa religión? ¿Y nosotros?. Si queréis ser modélicos como los cristianos de Tesalónica, considerad con atención, las enseñanzas que hoy hemos escuchado. Pues este es el camino. 

 

XXIX ORDINARIO

    Hermanos ¿Qué es ser católico? A esta pregunta nos permite responder hoy la Palabra de Dios. Ser católico significa tener una mente y un corazón global.

    Isaías nos descubre que un pagano, no creyente, que no conoce al Dios verdadero, llamado Ciro, puede formar parte del plan de Dios. Un católico es una persona abierta, que tiene apertura ante todos los demás. Porque sabe que el Espíritu de Dios actúa en todos aquellos que aman el amor y la vida. La Gracia de Dios se derrama sobre ellos también. Y su luz los ilumina, aun cuando ellos no conozcan que al amar al amor y a la vida con sus hechos y palabras, es a Jesucristo a quien dan culto. 

    El Salmo nos hace ver que el nacionalismo nunca es una opción para el católico, porque es una mentalidad mediocre, incapaz de entender los signos de los tiempos que nos llevan a caminar por sendas de comunión y no de división. Es toda la tierra, son todos los pueblos, son todas la naciones, las llamadas a alabar a Dios. El universalismo forma parte esencial del catolicismo. Un católico no levanta muros ni fronteras. Un católico sabe que su patria es la humanidad. Y por ella trabaja.

    Pablo nos muestra que un católico es una persona de convicción, fruto de la fuerza del Espíritu Santo. El católico no es un hombre de palabras vacías. Su fe no es pasiva sino activa. Su amor no es perezoso sino esforzado. Su esperanza no es frágil sino firme. Un católico da gracias continuamente a Dios por su amor revelado en Cristo. La hipocresía, la doble vida, es propia de Fariseos, pero nunca debería serlo de Católicos.

    El Evangelio nos enseña que un católico no puede aceptar la unión de la cruz y la espada. El error de Teodosio y sus correspondientes obispos que hicieron del cristianismo la religión del estado, es una opción equivocada que después dio lugar a conflictos constantes entre la Iglesia y el Estado. Un católico sabe que el ámbito civil y el religioso deben estar separados. Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Cuando veo Iglesias convertidas en colegios electorales, cuando veo eclesiásticos de alto y bajo rango implicarse en iniciativas políticas concretas, algunas de ellas incluso ilegales, siempre pienso que dejan fuera de su grey a muchos feligreses que en términos políticos tienen derecho a pensar de manera distinta a como ellos puedan pensar. Tales personas no son católicos aunque aparezcan como tales. Los carnets políticos se han de quedar en la puerta de la Iglesia, pues al pasar bajo su marco, todos somos Hijos amados de Dios. Y lo que importa es la fraternidad. Es esta virtud la que nos ha de inspirar para construir después entre todos la Concordia en medio del mundo. De este modo la libertad es educada por la fraternidad para que en el mundo pueda reinar la Concordia, pues sin ella es imposible el bien común y poder vivir en la Civilización del Amor. 

    Un católico no es siempre lo que algunos  manifiestan. Porque si un católico da la espalda al Evangelio es sal que se vuelve sosa y luz que no ilumina. Un católico así no sirve para nada. Así que hermano, gracias a esta Palabra, ya sabes lo que es y significa ser católico.

 

XXVIII ORDINARIO

    Hermanos, la sabiduría de Dios sigue destilando sin cesar, enseñándonos el camino para vivir en Plenitud. Cuatro son los principios de actuación que hoy se nos ofrecen:

    Nunca creas que la muerte es la roca donde se estrellan todas nuestras esperanzas. Isaias lo desmiente. La muerte será aniquilada. La fe cristiana nos lleva a mantener la esperanza más allá de la muerte. Celebraremos y gozaremos en la Jerusalén del Cielo. La muerte, por voluntad de Dios, nada puede contra nosotros una vez que estemos resucitados. Porque ya no seremos de este mundo. Y la muerte es una realidad mundana. Nuestra esperanza va más allá de este vida y este mundo. Sin esta esperanza trascendente vivir en plenitud se torna imposible, porque nos reducimos a ser seres para la muerte.

    Nunca creas que estás solo. Porque eso no es cierto. El Salmo lo desmiente. Aunque camines por cañadas oscuras, Dios va contigo, su bondad y su misericordia te acompañan todos los días de tu vida. Nada debes temer. Jesús vivió según este Espíritu. Y cuando comprendió que sus discípulos lo abandonarían solía decirles: “llega el momento en que me dejaréis solo, pero yo no estoy solo, el Padre está siempre conmigo”.  La soledad para un cristiano no existe. Puedes no ver a Dios en tu vida, pero Él está. Tampoco ves el aire y respiras. No ves a Dios, pero en Él vives, te mueves y existes. Nada ni nadie puede separarte de su amor. El amor de Dios como tu sombra siempre estará sobre ti. Si crees equivocadamente que estas sólo, no serás capaz de vivir en plenitud.

    Nunca creas que lo material lo es todo. Pablo te enseña otra visión de las cosas. Lo material es cambiante. No siempre permanece intacto el dinero, ni la salud, ni siquiera los demás duran para siempre. Lo material es cambiante. Solo el Espíritu permanece. Lo material es limitado. Lo espiritual es infinito. No se ve afectado por el tiempo ni el espacio. Si Dios lo es todo en ti, todo lo podrás en aquel que te conforta. Si tu única aspiración en la vida tiene que ver con su componente material, tu felicidad se esfumará tarde o temprano. Según el caos mundano te afecte en tu vida. Sin hacer del Espíritu el valor principal de tu vida, no vivirás nunca en plenitud.

    Nunca creas que no tienes salvación. Si este pesimismo se adueña de ti, estás equivocado. El Evangelio de Mateo lo proclama. La Salvación no depende de ti. Es un regalo de Dios. Solo tienes que aceptarlo. Y hacerlo con la humildad del que sabe que es un regalo suyo. Seas bueno o no lo seas. El malhechor que muere junto a Jesús, se vistió de humildad en el último instante de su vida. No te salvarás si tú no quieres salvarte. Y esto es así de sencillo: acepta el regalo vestido de humildad y no tendrás nada que temer. No creas que tu salvación es obra tuya, esa soberbia engañosa no te salvará. Es un regalo que se recibe humildemente, como aquel que con el último suspiro de su vida, robó el cielo. Si Dios te escucha entonces vestido de humildad te sentará en la mesa de su Reino y disfrutarás eternamente de su banquete. Si el pesimismo te hace pensar que tu vida no conocerá salvación alguna, entonces hermano, no sabrás nunca lo que es vivir en plenitud.

    Menudos principios para conducirte en tu vida. Si está sabiduría la haces tuya, no lo dudes, sabrás lo que es vivir en plenitud. Así que Pueblo de Dios, escucha lo que tu Dios tiene que decirte hoy y vivirás en abundancia.

 

XXVII ORDINARIO

    Vivir en Plenitud, ese siempre será nuestro deseo más profundo. Cada cual normalmente en su proceso de búsqueda personal, caminará por una u otra senda. Los cristianos buscamos la sabiduría para vivir en Plenitud escuchando la voz de Dios. Hoy nos ofrece de nuevo tres pistas importantes para poder lograrlo.

    Isaias nos indica que si quieres vivir en plenitud, has de dar fruto y no agrazones. ¿Soy miel o soy vinagre para los demás?. Si soy miel tengo más capacidad para vivir en plenitud que si soy vinagre. ¿Causo problemas o doy soluciones? Si soy problemático y solo quejica sin aportar soluciones normalmente será difícil lograr una vida plena. Solo una vida fructífera es una vida plena. 

    Pablo en Filipenses nos enseña que una vida plena es una vida en paz. Ocuparse de los problemas serena, preocuparse por ellos no. La preocupación solo causa ansiedad y no resuelve nada. Confiar en Dios una vez que hemos hecho lo posible por resolver las cuestiones, también serena mucho el corazón. Teresa de Jesús con su famoso “nada te turbe”, nos ayuda a comprender la confianza en Dios que Pablo nos describe. La búsqueda de lo bueno, lo noble, lo justo, lo virtuoso, etc.., inundan de paz la propia conciencia. El amor a Dios y al prójimo nos hace vivir en paz. Y esa paz nos permite encontrar la plenitud. Sin paz no hay plenitud alguna.

    El Evangelio nos descubre que solo podremos vivir en plenitud si somos fuertes para afrontar el desprecio de los demás o que estos nos desechen. Eso hicieron con Jesús los sumos sacerdotes, los maestros de la ley, los escribas y los fariseos. Pero Él fue quien fue, vivió según sus propios valores, realizó su misión, no tuvo miedo a su libertad. La ejerció de manera sublime. Aunque lo llamarán embustero y lo considerasen una amenaza, un loco, un blasfemo, y tantos otros “calificativos” que aquellas gentes le dedicaron, y que algunos que han venido después le han seguido dando. El fue, es y será la piedra angular y los que lo rechazan se quedan sin cimiento. Cuando te marginan por salirte de una “tribu” concreta, no tienes por qué quebrantarte por ello, ya basta de ser “Vicente que va donde va la gente”. Porque probablemente los que estén equivocados sean ellos. Sin creer en ti mismo es imposible dar un paso firme. Sin esta fe en nosotros mismos, en lo que creemos y valoramos, solo caminaremos inseguros, y así es imposible vivir en plenitud. Vivamos como piedras angulares aunque otros nos desprecien por ello. Allá ellos. Reine Dios en nosotros que el sacará de nosotros lo mejor que llevamos dentro y no los demás con sus opiniones equivocadas pretendiendo convertirnos en sus marionetas. Vive en plenitud siendo tú mismo.

    Desconozco si para vosotros estos tres consejos os ayudarán a vivir en plenitud. Incluso me atrevería a decir que tenerlos en cuenta en el conflicto de marras que tanto nos preocupa a todos estos días, seguro,nos daría luz para saber que hacer. A mi que no hace mucho me han acusado en falso en un grupo del que hasta no hace mucho fui uno de sus miembros, sin duda, me ha iluminado bastante. 

    Bien decía un amigo mío, psicólogo, que si era creyente y sacerdote, por amor a Jesús lo era. Ya que para él, nunca nadie había alcanzado la plenitud mental y existencial de aquel Nazareno. Maestro de psicólogos sabios lo llamaba él en confianza. La sabiduría de Jesús, es fuente de estimulación constante para una psicología de perfil humanista. Más allá de prejuicios filosóficos e ideológicos tan presentes a veces en notables profesionales de dicho campo.

    Si quieres vivir en plenitud es muy sencillo: cristiano, imita a María, hoy, Señora del Rosario. Escucha su voz. Ella nos dice: “Haced lo que El os diga”. Ella lo hizo y la felicitan todas las generaciones desde entonces. Mujer santa, mujer de gozo, de luz, de dolores y de Gloria, mujer de vida Plena. Si quieres vivir en plenitud: “Vete y haz tu lo mismo”.   

 

XXVI ORDINARIO

    Amigos, este domingo la sabiduría rezuma por los cuatro costados de estos textos sagrados. Tres principios de vida se nos ofrecen hoy.    

    Ezequiel nos muestra que cuando la libertad es utilizada para efectuar el mal, se vuelve destructiva. Porque el mal siempre provoca la muerte moral de quien lo práctica. Y muchas veces le afecta en todas las dimensiones de su vida. Practicar el mal no exige castigo de ninguna instancia trascendente para acabar con quien lo hace. El mal es destructivo en sí mismo. Quien libremente le abre las puertas al odio, no puede esperar nada bueno de su decisión.

    Pablo nos enseña que la soberbia genera conflictos. En cambio nos muestra que la humildad construye la paz. El conflicto en la comunidad de Filipos procede del orgullo. Por eso el apóstol los exhorta a tener los sentimientos propios de Cristo que brotan de la humildad y del amor.

    El Evangelio nos descubre que lo importante en la vida no es tanto lo que hayas hecho ayer, sino lo que harás hoy y mañana. Si fuiste prostituta o publicano, si te vuelves a la misericordia infinita de Dios, una nueva oportunidad tendrás. Están equivocados los que creen que el ayer debe condicionar para siempre el hoy. Eso solo ocurre si nosotros lo deseamos y permitimos. Podemos cambiar. El pasado no es una losa inamovible. 

    Los tres principios rebosan verdad sin cesar que nos es muy útil en la vida diaria. Más alguno hoy podría decirme que miro para otro lado, con la que nos está cayendo, por los problemas que afectan a nuestra tierra. Nos enfrentamos al secesionismo lo sé. Así que permitidme que inspirado por estos tres principios analice la cuestión. Lo haré con tres preguntas. Oigamos a Ezequiel: ¿En el conflicto que nos aflige es posible que hayamos usado para el mal nuestra libertad? Si es que sí no podemos esperar otra cosa que sufrir, pues el odio no deja otro rastro tras de sí. Oigamos a Pablo: ¿En el conflicto que nos aflige la soberbia está presente? Si la respuesta es que sí, entonces no nos extrañemos de que la paz no se haga presente. Oigamos ahora el Evangelio de Mateo: ¿En el conflicto que nos aflige recurrimos al pasado como una losa inamovible que nos condiciona a vivir obligatoriamente del modo que lo hacemos, sin que nada podamos hacer ni decir para que el bien común de todos impere? Si la respuesta es afirmativa, no nos sorprendamos de que seamos capaces de repetir una y otra vez nuestros errores.

    La Palabra de Dios no está ausente del mundo. El Evangelio no te aliena. Al contrario abre tu mente para alcanzar una mayor comprensión de la realidad y nos fecunda para darnos cuenta de como podemos cambiar los problemas. Probablemente estos eclesiásticos que han cambiado a Cristo por sus nuevos ídolos de raigambre política, han olvidado el Evangelio, para vergüenza ajena del Pueblo Santo de Dios. Dar importancia al pasado para encontrar razones para el odio, y conducirnos inspirados por él, como esclavos de de ese funesto pasado, henchidos de soberbia, no es algo que pueda inspirarse en Dios. Pues Dios mira el mundo y solo ve una familia humana. 

    No hace mucho un eclesiástico polaco de alto rango, ha insistido tanto en la bondad del nacionalismo,  que ha olvidado que para el Dios del Amor solo hay un pueblo, que Él no distingue entre hombre y mujer, judío y pagano, libre o esclavo. Dios ama a todos. Porque para Él todos somos sus Hijos. En su corazón no hay ni habrán muros y fronteras. Dios solo quiere la globalización del amor, el nacimiento de la civilización del amor que el último Concilio amparó y nos alentó a construir. 

    No necesitamos nuevas fronteras sino derruir las que hay, los problemas globales que hoy nos afectan (cito 3: problemas medioambientales, flujos migratorios inhumanos, terrorismo internacional integrista, hay muchos más), reclaman que una familia humana unida, tome las riendas del mundo o éste no encontrará solución para ellos. Así que oír la voz de Dios nos ayudaría mucho a todos para salir de estos cenagales pantanosos en los que nos metemos. Ya basta de apelar al nacionalismo mediaval para querer afrontar el futuro. El pasado no puede condicionar el futuro, que no pasa por repetir la miopía feudal en la algunos se siguen inspirando en Europa. Lástima que hayamos matado a Dios, y que seamos sordos a su voz, porque esto es lo que provoca que así nos luzca el pelo.   

         ¡NADA DE SEGUIR OYENDO A LOS NECIOS Y A SUS PALMEROS MEDIÁTICOS! ¡NECESITAMOS  OÍR LA SABIDURÍA DE DIOS! Sus principios nos colman de luz. Conduce tu libertad sin mal, renuncia a la soberbia que te empuja al conflicto y deja de envenenarte con una lectura del pasado que te llena de odio. ¿Es o no actual la Palabra de Dios? No miro para otro lado, me inspiro escuchando esta Palabra enamorada que saca de mi lo mejor que llevo dentro Amigos.

 

XXV ORDINARIO

    La Sagrada Escritura nos exhorta hoy a ser como Dios es. Recordad las palabras de Jesús cuando nos dice: ¡Sed perfectos como Dios es perfecto!. Se nos ofrecen tres caminos para lograrlo. 

    Isaias nos enseña que el malvado debe abandonar sus caminos porque los caminos de Dios no son sus caminos, y los planes del malvado no son los planes de Dios. Los planes de Dios nunca pasan por el recurso al egoísmo y al odio. Porque el Salmo nos muestra que Dios es bueno. Dios es amor. Su plan es amar. Ni siquiera cuando en nombre de Dios se recurre al egoísmo y al odio se agrada a Dios. Ya que algunas veces ha ocurrido que apelamos a la religión para atacar a los que no son de “los nuestros”, precisamente porque nos sentimos impelidos de manera equivocada a atacar a los que no son miembros de nuestra “tribu litúrgica”. Los integrismos y los nacionalismos se construyen normalmente sobre el odio y el egoísmo. Y ambos modos necios de proceder, muchas veces, apelan al nombre de Dios para hacer lo que hacen.

    Pablo en la carta a los Filipenses nos descubre que si queremos ser como Dios es, necesitamos descubrir que los primero en nuestra vida no debe ser lo que es mejor para nosotros, sino la búsqueda del Bien de los Demás. El Bien común es nuestra meta final. El altruismo. El testimonio paulino es una muestra clara de vida profundamente Eucarística. “Por vosotros estoy dispuesto a postergar lo que para mí es lo mejor”. Porque vosotros sois lo primero. Como se percibe en su actitud que la Iglesia es una comunidad Eucarística. Es una asamblea que se organiza en torno a la maravillosa memoria de como Dios nos ama hasta el extremo en Cristo, para que también nosotros nos amemos unos a otros como Él nos ha amado. La Iglesia es eso: El Pueblo de Dios que celebra el amor de Dios y así, recibe el aliento necesario para amar también, de esa misma manera.

    El Evangelio nos indica una última consideración. La igualdad no se construye recurriendo al derecho natural. Porque de cuna no nos viene dada. No lo tiene igual un ser humano nacido en un lugar que en otro. Ni tiene las mismas circunstancias ni las mismas capacidades. De modo que la igualdad es hija no de la libertad salvaje, como enseña esta sociedad liberal y capitalista en la que vivimos. La igualdad es hija de la generosidad. Juan el apóstol disfruta de la gloria de Dios. Habiéndole entregado a Jesús toda su vida, desde su juventud temprana. Sin embargo, Dimas, el buen ladrón, solo conoció a Jesús el último instante de su vida. Y sin embargo disfruta de la misma gloria de Dios. Sin menoscabo. El mundo no sabe de razones, de justicias, de igualdades, y de nada que se le parezca. Es imperfecto. Por eso es nuestra voluntad amante la que puede trabajar para construir la igualdad entre todos. Puesto que de cuna, como he dicho, no nos viene dada. Una cosa es la igualdad en la dignidad y los derechos, y otra es la Igualdad a la hora de poder disfrutar de esa dignidad y de esos derechos. No es lo mismo serlo que poder serlo. La generosidad es lo que remedia ese desfase. No nos engañemos: la igualdad solo será hija de la libertad, si la libertad antes se convierte en hija de la Fraternidad. Es la Fraternidad la que educa a la libertad para construir y posibilitar la igualdad. Por eso nuestro mundo camina ciego en este asunto: Ha matado a Dios, y desconoce la fraternidad, porque sin un Padre común, el otro no es un hermano sino un extraño. Por eso nos cuesta tanto hoy encontrar el equilibrio entre la igualdad y la libertad. 

    Menudo mensaje nos pone ante los ojos la Palabra del Dios vivo, escuchemos su voz, no endurezcamos el corazón y pongámonos manos a la obra, y sabremos poco a poco, lo que es vivir en plenitud.

 

XXIV ORDINARIO

    El perdón es el mensaje sobre el que la Palabra de Dios nos habla este Domingo. Pero antes de escuchar su voz es preciso desbrozarle el camino. Siempre que hablamos del perdón inmediatamente nos vamos a los extremos: agresiones de terroristas, agresiones militares, robos y corruptelas, maltratadores, etc. Y cuando hacemos esto, parece que el perdón es la puerta de atrás por la que escapan siempre los “malos”, y para los “buenos”, el perdón es la escupidera desde la que los no inocentes nos escupen. 

    El perdón no afecta a la agresión en sí. Ante la agresión lo primero es frenar al agresor e impedirle que haga daño a los inocentes. No hacerlo es ser Pilatos y lavarnos las manos, mientras que un inocente sufre. Si Jesús pide a Pedro que guarde la espada es porque ponía en peligro a sus hermanos, y Jesús quería salvarlos a todos, y por eso se entregó Él. Para que ellos pudieran verse libres de su tortura. Ya sabéis que Dios había decidido darnos a conocer su amor. Y por eso Jesús no hizo intervenir legiones de ángeles. Para que en la cruz se manifestase, como en ningún otro lugar y de ninguna otra manera, la grandeza del amor de Dios. Pues aunque le hagamos lo peor que se le puede hacer a un ser humano, Él no dejará de amarnos nunca. Dios en Cristo no se deja cazar por nuestro necio odio. Y su amor permanece así imperturbable. Visto así se comprende que no debemos convertir la cruz de Cristo en la justificación para no hacer nada ante los agresivos que crucifican a los demás. Esta visión de la cruz es errónea por completo. 

    Aclarado que cuando el agresor ataca hay que detenerlo para defender al inocente, ya podemos hablar del perdón que es lo que viene después.

    La sabiduría sobre el perdón rezuma la Escritura. El Eclesiástico nos enseña que no hay que confundir dolor provocado por la ofensa, con rencor. Rencor es venganza, devolver el mal recibido. Es golpear con la mano herida, y así no se cura nada, al contrario, empeora todo. Perdonar no es hacer desaparecer el dolor, esa es una pretensión de idiotas. Es saber gestionar el dolor. No metiendo la mano en la herida permanentemente. Dejando curarse las heridas y permitiendo que baje la inflamación correspondiente. Solo así será posible restablecer el trato. Pero eso lleva tiempo. 

    El Evangelio en su primera parte, nos enseña que 70 veces 7, es una llamada a vivir con misericordia permanente. Nadie es perfecto. Ni tu, ni yo, ni nosotros, ni el mundo. Si no perdonamos a los demás nunca podremos vivir con ellos. Si no perdonas el mundo nunca podrás disfrutarlo con paz. Si no te perdonas a ti mismo, te harás sufrir mucho, y lo que aún es peor, harás sufrir a los demás porque en lo mismo que te apaleas a ti, apalearás a los otros. Sin misericordia constante la vida es “invivible”.

    Pablo y el Evangelio en su segunda parte, nos hace ver que sin la misericordia de Dios ninguno podríamos vivir. Todos pecamos. Por eso “somos del Señor”. Porque lo que somos es por pura misericordia suya. De ahí que condenar al otro, cuando yo soy un perdonado no tiene sentido. Cuando condenas a otro o no lo perdonas, te condenas tú y no te perdonas a ti. Nada mejor cuando vemos errar a otro, que pensar que nosotros también hemos errado y hemos sido perdonados. Confesar sin perdonar es implorar la magia, pero eso, no es vivir un sacramento con fruto.

    El Salmo por fin nos permite ver que si nuestro destino es el Cielo, o sea, que Dios lo sea todo en todos, si queremos prepararnos bien para el momento definitivo de nuestra vida, lo mejor es hacernos como Dios es. Es decir: Clementes, misericordiosos, tiernos, lentos a la Ira y ricos en piedad, buenos con todos, sin guardar rencores, sin acusar y condenar. Para conseguir esto nada mejor que vivir en un mundo como el nuestro donde todo es pura imperfección, maravillosa, pero no plena. Porque en este entorno o aprendes la misericordia o te rompes. 

    Ahora conocemos la sabiduría del perdón pero eso ha supuesto claro está no complicar el tema del perdón con visiones erróneas de la cruz, el Siervo de YHWH, y el amor a los enemigos, que simplemente indican, que nosotros nunca tenemos que ser los agresores y los aprovechados de nadie. Las malas interpretaciones de la Biblia, nos llevan a rechazar el Perdón como actitud necesaria en la vida, pero esto simplemente se produce por que el literalismo nos conduce a hacer lecturas de la Escritura, donde se confunden siempre las churras con las merinas. Cierto que esto es un campo abonado por Satanás, que al final, nos conduce a apartarnos de la senda que nos lleva a vivir en plenitud. Si quieres ser un buen cirujano, al leer las Escrituras, nunca confundas los nervios con las venas.

 

XXIII ORDINARIO

     Nunca seas como Caín. La Palabra hoy nos previene contra las actitudes equivocadas de este hijo de Adán. 

    El profeta y el Evangelio en su primera parte nos invitan a no caer en la INDIFERENCIA. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?. Es la voz de Caín. Implícate y complícate la vida con el otro, porque es algo tuyo.

    El Salmo nos invita a escuchar la voz de Dios, Caín NO LA ESCUCHÓ y por eso asesinó a su hermano. Si no oyes la voz del que con verdad te pide ayuda, desoyes la voz de Dios que habla por la boca de tu hermano necesitado.

    Pablo nos exhorta a amar. Quien ama cumple la ley de Dios y vive en plenitud. Nunca daña a nadie. Caín vivió el DESAMOR, y por eso fue un asesino. Ama y haz lo que quieras porque todo lo harás bien, y a todos le harás bien. 

    El Evangelio, en su segunda parte, nos previene frente a dos actitudes más. La primera la IRRESPONSABILIDAD, lo mismo da abrir una puerta que cerrar otra. Da igual amar que no hacerlo. Este enfoque está equivocado. Cuando no amas cierras puertas, haces daño. Le cierras por ello la puerta a Dios y dañas su corazón. No estamos por encima del bien y del mal. No da lo mismo amar que odiar o ser egoísta. La segunda es el INDIVIDUALISMO religioso. No nos salvamos solos. ¿Cada uno en su casa y Dios en la de todos? ¡No!. Reunidos y puestos de acuerdo, así es como Jesús se hace presente en medio de nosotros. Nos encontramos con Dios en comunión con los demás. No se trata de salvar mi alma, sino de salvarnos todos, cuantos más mejor. Caín fue un irresponsable y un individualista. 

    Estas actitudes son propias de todos los tiempos. Siempre tendremos que evitar que Caín se adueñe de nosotros. En la actualidad el integrismo y el nacionalismo vuelven a hacerse presentes. Ambas visiones del mundo son hijas de Caín. Ambos son indiferentes ante el resto de seres humanos, ambos no escuchan a los demás, ambos se construyen sobre el odio y el egoísmo, sobre el desamor, y ambos actúan con irresponsabilidad e individualismo. Para esas visiones equivocadas del mundo, las ideas políticas son más importantes que las personas. No es propio de los hijos de Dios matar sino amar, no es propio de los hijos de Dios levantar fronteras sino derribarlas. Porque en el corazón de Dios no hay fronteras. El amor de Dios es global: es para todos. Los que proceden en contra del corazón de Dios, nos ponen a los demás en la difícil postura de pararles los pies, porque se convierten en un cáncer social que amenaza el Bien Común de todos. Y no podemos lavarnos las manos como Pilatos (Nuevo Caín), si no queremos que los inocentes mueran o sufran a sus manos. Frente a estos no cabe indiferencia, ni tolerancia, sino implicación y beligerancia en defensa del Hermano tratado con injusticia. 

    Así que ojo al dato: ¡Que nunca gane Caín! Ni en nosotros ni en el mundo. 

 

XXII ORDINARIO

    La Crisis forma parte de la vida del Cristiano. Difícil será encontrar un creyente que alguna vez no haya tenido una en su vivencia religiosa. Y es extraño porque la crisis es el modo como el ser humano crece. De la infancia a la juventud se pasa por la crisis de la adolescencia. Así que con las crisis tenemos que acostumbrarnos a vivir. 

    Cuatro tipos de crisis describe hoy la Palabra de Dios en nuestra vida cristiana. La primera es la que expone Jeremías. El conflicto. La burla, la vergüenza, la contradicción, el oprobio por ser creyente. Estas situaciones nos llevan a querer desertar. ¿Qué falta tenemos de complicarnos la vida?. Pero es la seducción, el fuego que arde en el corazón por Cristo y sus cosas, la que nos lleva a seguirlo a pesar de todo. Aquí se encuentran los conflictos de los laicos con sus vecinos, o con el “curita” de turno, que no hay quien lo soporte y al que a veces te dan ganas de mandarle a paseo. Aquí se encuentran también los conflictos del seminarista que le gustaría vivir una vida donde baste la vida del dinero, de la salud y del amor, y no tener que aguantar que los demás le estén diciendo: qué desperdicio de vida.  Aquí caben, como no, los conflictos del cura con sus pueblos, a veces duros de cerviz, y con sus compañeros, por cuestiones de vestido talar, o con su obispo y sus ad lateres. En todos esos instantes debes plantarte y decir, por tu amor Señor, soy quien soy y me quedo donde estoy, aunque me duela.

    La Segunda la señala el Salmo. La noche oscura. Tener sed de Dios y solo ser capaz de vivir la fe, recordando aquel tiempo en que todo era de otra manera. En la desolación vives recordando las gracias de la consolación anterior. Israel profesaba su fe invitando a recordar como Dios había estado con ellos, cuando ya no vivía gozando. Es la grandeza del memorial. En la Eucaristía nosotros hacemos lo mismo. Recordar que el amor de Jesús manifestado en la cruz sigue vivo y presente hoy, para ti y para mi. Cuando la sed aprieta, el recuerdo del agua, alienta a buscar nuevas fuentes. A ahondar nuestros pozos. Muchas veces tras la ausencia de los sentidos en la vida creyente, se esconde la necesidad que tenemos de aprender a Creer sin ver. Porque si no lo hacemos, no sabremos lo que es la dicha de la paz que nace de la fe desnuda, aquella que cree sin sentir nada en lo recóndito del alma.

    Pablo en los romanos señala otra crisis. El cambio. Cambiar para ser una ofrenda mejor a los ojos del Padre. Cambiar renovando nuestra mente. Cuantas resistencias ofrecemos a veces a cambiar lo que hasta ahora han sido nuestros parámetros vitales. O a desmarcarnos de lo que piensa el común de la gente. Pero el bien nos exige cambiar. La misericordia también. Y ahí es donde se nos plantean las resistencias. Cuantos problemas podría haber resuelto nuestra Iglesia, sino hubiese dicho tantas veces que NO al cambio como Pedro. Cambiar para mejorar siempre es bueno. Cambiar para dejar atrás planteamientos equivocados que habíamos atribuido a Dios por nuestra necedad, es maravilloso. Pues al resplandecer mejor el rostro de Dios, nosotros mismos nos tornamos más luminosos.

    Mateo nos muestra el último tipo de crisis. La Cruz. No me refiero aquí a las enfermedades, que lógicamente podemos vivir desde la espiritualidad de la cruz, ofreciendo el dolor por los demás, dandole sentido en el marco del amor. Me quiero referir al amor hasta el extremo. Cruz y amor hasta el extremo son la misma cosa. Me has tratado inhumanamente pero yo no dejaré de amarte nunca. ¿Quien no siente vértigo como Pedro cuando le invitan a amar de esa manera? Amar hasta el extremo es cargar con la cruz, es negarse a sí mismo, es perder la vida, es ganar la vida y encontrarla. La lógica de la cruz, todo lo somete a crisis. Porque necesitamos ser como Dios es, y Dios ama hasta el extremo. Amaos como yo os he amado. Esta es la crisis de todos los días: con la familia, con los vecinos, con los compañeros de trabajo, con la comunidad cristiana, con todos, hasta contigo mismo. Superarla supone aprender a amar. Esta es nuestra crisis constante, nuestro reto permanente. Si te niegas a amar así, te haces Satanás. Y dejas de pensar como Dios. 

    ¿Veis? Tener crisis es lo propio de personas vivas. No temáis a la crisis en la vida de la fe, cuando algo está en crisis en tu vida, la voz de Dios te está diciendo solo una cosa: ¡Necesitas crecer! Así que aprovecha la ocasión que se te brinda.

 

 

XXI ORDINARIO

    Ser Cristiano. Este domingo la Palabra del Señor nos interpela sobre ello, con ánimo de que podamos revisar como es nuestra fe. De hecho es lo que Jesús hace hoy con sus discípulos, revisar su adhesión. 

    El profeta nos interpela acerca de nuestra coherencia. La simulación farisaica no salva. Aparentar no es ser. La clase sacerdotal judía de aquel tiempo era hipócrita. La doble vida no te hace madurar. No te hace evolucionar. No te permite alcanzar la vida en plenitud. Pues es como un frutal que aunque plantado y regado, no da fruto alguno. Sin duda será sustituido por otro que si los dé. Ser Cristiano supone ser coherente.

    El salmo nos interpela acerca de como recibimos la misericordia de Dios. Si yo soy un pecador que necesita la misericordia divina, he de percatarme que el otro también lo es, y también la necesita. Si no soy perfecto y encuentro misericordia, por coherencia, he de transigir que el otro tampoco lo sea, y por tanto que precise de la misma misericordia que yo. Ser Cristiano supone ser misericordioso.

    Pablo nos interpela acerca de nuestra capacidad de sorprendernos ante el excesivo amor de Dios que se derrama sobre nosotros con singular profusión. Quien no ser sorprende y alaba a Dios por su amor hasta el exceso, tiene una vida espiritual anodina o nula. No puedes aburrirte o cansarte de estar vivo, si el amor de Dios está ante tus ojos. Su contemplación convierte la vida en una Eucaristía constante, en una acción de gracias permanente. Ser Cristiano supone sorprenderse agradecido porque Dios nos ama con exceso.

    Mateo nos interpela acerca de nuestra comprensión del misterio mismo que es Cristo. No basta conocer a Jesús de oídas. Es necesario verlo con los ojos de la mente y el corazón. Sin conocerlo, no lo amarás, sin amarlo, no lo seguirás. Para que sea tu Mesías, debes vivir enamorado de tu Señor, dado que solo Él tiene para ti Palabras de Vida Eterna. 

    Además nos interpela acerca de nuestra pertenencia a la Iglesia. Nos pregunta si edificamos la Iglesia. Una cosecha no se recoge, mirando desde las lindes del bancal o hablando de como van los frutos. Hay que implicarse. Hay que trabajar en ella. Valorándola, sintiéndola algo propio. 

    Por último nos pregunta si abrimos o cerramos las puertas del Reino de los Cielos. Las abrimos cuando amamos, las cerramos cuando somos egoístas y odiamos. 

    De modo que Ser Cristiano supone Conocer y Amar a Jesús, Seguirlo. Edificar su Iglesia, abriendo las puertas del Reino de Dios amando a los demás. 

    Como veréis quizás muchos se llamen a sí mismos cristianos demasiado a la ligera. Y ahora no pienses en los demás, medita sobre ti mismo, porque hoy Jesús nos pregunta a cada uno, quien dices con tu vida que soy yo.

 

ASUNCIÓN

    Tres vicios hispanos son corregidos hoy por la Sagrada Escritura en la vispera de la Asunción.

    El procesionismo sin consagración. Pues tanto en Semana Santa como en las fiestras patronales, muchos católicos del terreno patrio, se agarran a los tronos. Pero ¿su corazón está consagrado al Señor?. ¿Piensan, sienten y actúan con Cristo? ¿o lo desconocen por completo?. La primera lectura nos interpela.

    La muerte no tiene arreglo. Cuantas veces se escucha esta afirmación en nuestros velatorios. Y la mayoría se proclaman católicos. Pero como los Corintios muchos no creen en la resurrección de los muertos. La victoria de la muerte la creen absoluta. Y piensan y viven como Saduceos. Pero eso es impropio de los que seguimos a Jesús creyendo que Dios es un Dios de vivos y no de muertos. Pablo nos exhorta a creer en la victoria sobre la muerte.

    Los vivas y los aplausos son constantes en el catolicismo español. Pasate por un templo católico en la fiesta patronal de un pueblo, o vete al Rocío. Pero realmente los que vitoreamos y aplaudimos ¿Escuchamos la Palabra de Dios, la ponemos en práctica, partimos el pan con alegría en la Eucaristía, oramos constantemente, somos solidarios y fraternos con nuestros hermanos, vivimos unidos en el amor? El Evangelio aunque corto nos hace preguntas serias. 

    Así que la Asunción de María nos impulsa a repasar nuestra vida, revisándola, para convertirnos de todo aquello que necesitemos convertirnos si queremos como ella vivir la vida plena de los Hijos de Dios. 

 

XX ORDINARIO

    ¿Como es la fe verdadera? A esta pregunta responderemos hoy escuchando la Palabra de Dios. 

    La fe verdadera no conoce extranjeros, porque no nace de naciones. La fe verdadera es de personas. Cada cual la debe aceptar y adoptar por sí mismo. Nadie puede sustituirte en esa decisión. Por ello no importa a que clan o a que nación pertenezcas. Si crees en Jesús, eres bienvenido al Pueblo de Dios. Por nacer aquí o allá no soy creyente o incrédulo. Por lo que decido y como lo vivo sí. Isaias es claro en este sentido. 

    La fe verdadera nos llena de alegría y nos hace alabar a Dios sin cesar. La verdadera fe no causa tristeza. Ni te lleva jamás a maldecir la vida. Pues la fe en Jesús te revela que el mal, la muerte y el dolor, no venceran. Te enseña que la injusticia no tendrá la última palabra en la vida. La fe te llena de alegría porque antes te inunda de esperanza. El Salmo no deja lugar a dudas.

    La fe verdadera mueve a la misericordía pues todos somos pecadores. El puritanismo pietista por su rigorismo farisaíco nada sabe de la verdadera fe. La fe verdadera nos hace contemplar el rostro misericordioso del Padre Dios. Y nos impele a serlo, con la certeza de que seran dichosos los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia. La fe verdadera nunca te lleva a lanzar piedrás a nadie por ser descubierto como un pecador. La carta a los Romanos lo proclama.

    La fe verdadera brota y conduce a la Humildad. Esta mujer no merece nada. Y sin embargo su fe es la más grande de cuantas se hayan visto, en muchos corazones judíos y eso, que ella, es extranjera. Y como el buen ladrón no teme pedir e insistir, y esa humildad, gana el corazón de Jesús y la escucha, y con esta ironía demuestra a los judíos que la raza no te hace creyente. Y que Dios siempre escucha a los pequeños. Y no a los que se enaltecen hechos fanfarrones. 

    La fe verdadera muchas veces también se encomienda los santos, para que por su intercesión ellos logren la atención de Jesús. Es maravilloso ver a los apóstoles intercediendo por esta humilde mujer que pide ayuda. También María intercedió por los novios en Caná, y hallaron respuesta a su necesidad. La fe verdadera sabe que los que nos han amado aquí, no dejarán de hacerlo allí, cuando vivan en Dios. Y siempre podremos contar con su ayuda. El Evangelio nos ofrece estas dos hermosas lecciones.

    Ya sabes como es la fe verdadera: personal, alegre, misericordiosa, humilde y solidaria. Como verás ya ves por qué es falsa la fe de los integristas. Porque desprecian al que no es de su clan, porque infunden tristeza, porque desconocen la misericordia, porque se creen superiores a todos, elegidos especialmente por Dios, y porque jamás escucharían a un impuro. Por eso, son aquellos que aunque siempre tienen el nombre de Dios en la boca, ante Jesús oirán su voz diciéndoles: “No os conozco”. 

    Si quieres ser verdaderamente creyente, no lo olvides: Nunca seas integrista.

 

XIX ORDINARIO

    Son bastantes los que hoy se permiten el lujo de cuestionar el concilio Vaticano II. Y lo presentan como un error a olvidar y desterrar en la vida de la Iglesia. El fantasma de Lefebre vuelve a la carga.

    Pero la Palabra de Dios de este domingo nos permite descubrir porque dos santos papas acertaron al convocarlo uno y al desarrollarlo el otro. 

    El libro de los Reyes pone de manifiesto que ni la violencia ni la actitud incendiaria son vehículo de la manifestación de Dios, sino la suavidad y la frescura. En el pasado las cruzadas y la inquisición, hicieron mucho daño. El Concilio entre otras cosas destierra para siempre esta equivocada conducta en nuestra Iglesia, y la orienta a ser suave brisa amorosa que refresque el corazón humano, en medio de su camino por el desierto. No se equivocaba el concilio en esto.

    El Salmo nos muestra como la doctrina social de la Iglesia ha encontrado por fin su senda verdadera: No hay paz sin Justicia. Y ambas son hijas del amor, que en términos sociales se llama Bien Común. Era necesario desterrar la actitud equivocada de muchos que pretendiendo mantener la paz social, recomendaban la resignación ante la injusticia. Tal actitud promovió el rechazo al cristianismo de todos los movimientos que buscaban la Justicia Social. El concilio sancionó para siempre el matrimonio entre Justicia y Paz. Y desterró el pietismo católico que bendice la injusticia. Y así lo ha recogido con acierto el magisterio social de los papas postconciliares. Tampoco se equivocaba el Concilio en esto.

    Pablo a los Romanos nos enseña que el antisemitismo es totalmente injustificado. Y el Concilio sanciona su punto de vista. Pues hasta no hace mucho el discurso antijudío aún alentaba el corazón de muchos católicos. No hace falta citar las distintas expulsiones de este colectivo de diversas partes de Europa. Como tampoco es necesario insistir en la masacre del pueblo Judio bajo el dominio Nazi, muchas veces, con el asentimiento silente y cobarde de no pocos hijos de la Iglesia. Algunos muy destacados. Tal odio no está justificado en el Evangelio, y Pablo, más bien al contrario, aunque discute con su pueblo, aquí nos abre su corazón para mostrar su amor por su gente. El Concilio condena el antisemitismo sin paliativos. De nuevo el Concilio acierta.

    Por último el Evangelio de Mateo excluye el miedo como vía de encuentro con Dios, y nos invita a la fe en el Dios que nos ama, que nos hace vivir la vida con confianza. Esta fe nos hace caminar sobre el abismo oscuro del mal, el sufrimiento y la muerte, impidiendo que estos nos traguen. El Evangelio nos mueve a la confianza que nos llena de paz. Y nos pide renunciar al miedo que nos llena de inquietud. Cuantas veces en un pasado no muy lejano, los clérigos han predicado con el miedo, calavera en mano, aterrando el corazón de los fieles. Así no se evangeliza. Así se manipula. Y eso nada tiene que ver con el Evangelio ni con Jesucristo. Jesús nos enamora, no nos aterra. El Concilio también ha encaminado a la Iglesia por la senda del amor que salva, y ha desestimado el laberinto angustioso del miedo enfermizo y escrupuloso que envenena e impide vivir en plenitud. Una vez más, el Concilio acierta de pleno.

    Así que un unico consejo por hoy: Si oís algún clérigo o a cualquier falso profeta hablar contra el Concilio Vaticano II, aplicad la sabia defensa del católico de a pié y decid sin temor al error aquello de “prediqueme Padre que por un oído me entra y por otro me sale”. Pues a los tontos hay que oirlos pero nunca hay que hacerles caso. Pues bien dice el libro de los proverbios que es mejor encontrarse con una osa furiosa que con un tonto de remate. Amén.

 

TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR ORDINARIO XVIII

    Vivimos tiempos donde abundan los visionarios. En todos los ámbitos de la vida humana. Y lo religioso es un espacio en el que también se nos presentan. Una visión es una experiencia profunda de lo divino. ¿Pero cuando es fiable ese tipo de vivencia?. La Palabra de Dios nos permite responder a esa pregunta.

    Daniel nos descubre que no hay visión auténtica de Dios sin que el Hijo del Hombre ocupe el lugar central. A Dios no lo ha visto nadie, solo Jesús su Hijo nos puede hablar de El. San Juan lo repite muchas veces. Así que cuidado con los  visionarios que hablan de lo divino como si fuese una especie de fuente de energía donde Cristo o estorba, o es indiferente, o simplemente desconocido. Pues verán el rostro divino, de manera incompleta, y eso les llevará a plantear el camino hacía Dios de manera equivocada. No es posible ver el rostro completo de Dios sin los ojos de Cristo.

    Pedro nos enseña además que si experimentas a Dios no es para sentirte tu bien y olvidarte de los demás. Ver a Dios te hace buscar a los demás, ya eso lo ocurrió a Moises. Huir del mundo para ver a Dios es una dinámica equivocada. Ver a Dios te convierte en lámpara, en luz, en llama para los demás en medio de la oscuridad. Ni el quietismo, ni la fuga mundi te conducen a ver el rostro verdadero de Dios. Cuando lo ves, buscas sin cesar el rostro de los demás. Pues Cristo se entrega por nosotros. Todo lo da por nosotros. Para encontrar a Dios hay que salir al encuentro de los demás, complicarse la vida con ellos.

    Mateo nos enseña que no hay verdadera visión de Dios sino escuchamos y vivimos  conforme a la Palabra del Hijo amado y predilecto del Padre en quien El se complace. Sin amar como El nos enseña no hay verdadera visión de Dios. El terrorismo, el integrismo, todo lo que supone odio y violencia  contra los demás, no es religión por muy fundados que digan estar en lo que han visto y oido. Son aquellos que dicen Señor, Señor, pero El no los conoce.

    El Salmo por último nos muestra que una verdadera visión de Dios conduce a la alegría y el gozo, y lo provoca en los demás. Aterrorizar, entristecer, culpar, avergonzar a los demás, es propio de aquellos que leen los profetas sin los ojos de Cristo. Pedro nos lo comentaba en su carta con anterioridad.

    Así que atentos y vigilantes ante los visionarios, pues si estas claves no se respetan, podemos caminar por sendas equivocadas. En Cristo hallamos el camino y la verdad que nos conducen a vivir en plenitud.

 

 

 

 

XVI ORDINARIO

    ¿Cuando es la Iglesia trigo y cuando es cizaña? A esta pregunta responde hoy la Palabra de Dios.

    La Sabiduría nos alumbra que cuando la Iglesia es fuente de indulgencia con el pecador y de humanidad con todos sin exclusiones, la Iglesia es trigo. Pero cuando la Iglesia es inclemente con el pecador e inhumana provocando exclusiones de personas, la Iglesia es cizaña.

    El Salmo nos enseña que cuando la Iglesia muestra el rostro clemente y misericordioso de Dios, la Iglesia es trigo. Más cuando enseña el rostro de un dios airado y vengativo, la Iglesia es cizaña. Si dios inspira miedo, alimenta culpas y suscita vergüenza, no es el verdadero DIOS.  Y sin Dios la Iglesia no es nada. Cuando la Iglesia habla mucho de sí misma y poco de Dios, mal vamos.

    El Evangelio nos enseña que cuando la Iglesia tiene paciencia con la humanidad como Dios la tiene, la Iglesia es trigo. Pero cuando la Iglesia se vuelve impaciente con los hombres pecadores, la Iglesia se vuelve cizaña.

    Prosigue enseñándonos el Evangelio que cuando la Iglesia valora lo pequeño y lo mima, la Iglesia es trigo. Porque de lo pequeño nace después lo grande. Más cuando la Iglesia desprecia lo pequeño porque solo quiere masas, la Iglesia se torna cizaña, por hacerse esclava de las audencias. Como si de un “gran hermano” televisivo más se tratase.

    Por último nos enseña el Evangelio que cuando la Iglesia es Levadura que fermenta la masa, la Iglesia es trigo. Cuando no hace que fermente nada, la Iglesia se torna cizaña. Esta última enseñanza es para tenerla en cuenta. Pues muchos consideran que ser católico te convierte en conservador. Pero la Levadura no  deja la masa como está: la fermenta, la esponja, la vuelve comestible y hasta deliciosa. La Iglesia está llamada a promover el progreso de la historia y no a ser el vagón de cola que actúa siempre de rémora. 

    Así que en palabras de Pablo, la Iglesia es trigo cuando escucha la voz del Espíritu de Dios, y es cizaña cuando la entorpece. Porque en la historia de la Iglesia ha habido de todo. Como en los ciclos lunares, si el sol es el Espíritu de Dios, la Iglesia es la luna. Si el mundo se mete entre los dos, la luna se oscurece. Si el mundo no se  mete la luna se torna luminosa. Toda la historia de la Iglesia, y de nuestra vida cristiana personal, puede entenderse con esta simple parábola. La Iglesia es cizaña si mete el mundo en su interior y no deja ver la luz del Espíritu de Dios. En cambio es trigo si hace lo contrario. La Iglesia es una veleta que ha de marcar el rumbo del viento que es el Espíritu. Pero si oxidada se resiste a bailar al son del Espíritu se convierte en cizaña. Así que mejor ser trigo que se deja mover por el Espíritu de Dios. 

    En definitiva, la Iglesia es Trigo cuando busca el Reino de Dios. Pero cuando la Iglesia se busca a sí misma para convertirse en un reino más de este mundo, la Iglesia se torna cizaña.

    Así que ojo al dato. La enseñanza es clara si no quieres ser cizaña sigue las instrucciones que hoy te dan para que seas trigo.     

 

XV ORDINARIO

    Que importante es saber escuchar. Cuando escuchas siempre aprendes. Y el aprendizaje inteligente te cambia. 

    Toda la Sagrada Escritura hoy nos indica el camino de la Escucha. Y no de una escucha cualquiera. Nos descubre las bondades del “Shemá”. Por ello es un revulsivo para nuestro mundo, dado que nuestros contemporaneos están sordos para oír la voz de Dios. En mi opinión, no vivimos los tiempos del silencio de Dios. Nuestra generación tiene pendiente restablecer el diálogo con lo divino. La adolescencia de la modernidad debe ser superada. Pues la razón se enfrenta al mito. Y sería mucho más fructífero que restableciese el diálogo con lo religioso. Pues la filosofía aparece sobre el sustrato de lo mistérico. El pensamiento crítico se frustra si se comporta con el Espíritu, como un inmaduro Edipo. Matar al Padre no es la solución. Eugenio Trías ya lo puso de manifiesto.

    Así que Isaías nos enseña que la Palabra de Dios es la lluvia, el mundo es la tierra, y nosotros la semilla. Nuestra libertad no puede alcanzar su meta máxima, sin el mensaje religioso que le permite alzarse más allá de sus límites. Ninguna semilla germina en tierra seca. Pero si recibe el agua necesaria, puede dar fruto o puede pudrirse. De modo que no se puede hablar de mérito si antes no se recibe la gracia de la Palabra divina. La libertad sin gracia, se frustra. Pero con ella, puede abrirse a la Plenitud. Por eso la gracia no anula la libertad humana. Al contrario, le abre la puerta de la Plenitud como una posibilidad, si la libertad acepta la invitación que se le hace. La libertad así no deja de ser libre, no deja de ser auténtica. Al contrario gracias al don gratuito de Dios hecho palabra transfiguradora, la libertad se libera para alcanzar horizontes, que sin dicho regalo, le serían imposibles e inalcanzables. Si Pelagio y Lutero, hubiesen entendido esto nos habríamos ahorrado mucho tiempo perdido y demasiado sufrimiento.

    Mateo además pone un nuevo acento. La Escucha que se precisa nada tiene que ver con la sordera, ni con la frivolidad, ni con la distracción. La Escucha reclama la apertura, la atención, y la generosidad que surgen de la concentración propia del espíritu que medita. La escucha del corazón auna la implicación del pensamiento, de los sentimientos y de la conducta. Y así es como esta Escucha nos permite dar frutos. 

    Romanos nos da la clave. Muchas veces nuestro sordo mundo a la voz de Dios manifestada en Jesucristo se frustra en medio de las situaciones límite: las experiencias del mal, del sufrimiento y de la muerte. Pues el rastro de su sordera es la desilusión y el enfoque cínico de la vida. Y así nuestro mundo contemporaneo adopta la pose de Zombie. De muerto en vida. Eso no es vivir en plenitud. De ese callejón sin salida solo podemos liberarnos si escuchamos la voz de Dios hecha carne en Cristo. Porque esa voz, si la escuchamos y la creemos infunde en nuestro corazón la esperanza. La esperanza de una nueva creación. Y eso ocurre porque esa sagrada voz, nos llena de gracia como a María, nos llena de alegría, y nos hace no perder la esperanza en medio de las tres situaciones límite citadas anteriormente. Esta palabra de salvación nos llena del Espíritu de Jesús, y este nos garantiza, que nos aguarda, no la nada y el absurdo, sino la vida en plenitud. 

    La perspectiva de una nueva Creación nos abre a un horizonte insospechado, cuando todo parece sumergirse para siempre en el abismo oscuro del vacío y el sinsentido, como frontera última. La escucha cura la herida del mundo que vive sordo a la voz de Dios.

    Escuchar nos llena de vida, y vida en abundancia. Ojalá que hoy escucheís a vuestro Dios y no endurezcáis el corazón. Escuchar es una bendición no lo olvidéis nunca.  

 

XIV ORDINARIO

    Cuatro son las palabras que brotan de los textos de la Sagrada Escritura en este domingo, que nos permiten diagnosticar nuestra sociedad.

    Zacarías nos habla del que nos traerá la “paz”. Hoy en el mundo  hay guerras abiertas, hay otras en ciernes, hay locos que se divierten tirando misiles, hay mucha gente joven que odia, especialmente en nuestro país. Los oyes hablar y parece que desearan volver a los horrores de una guerra civil que no vivieron. Si el corazón del Hombre no encuentra la paz es porque ignora la voz de Jesús y la desobedece. Pues de lo contrario en vez de preparar la guerra trabajaría por la paz, y convertiría las espadas en arados. 

    El Salmo canta al Señor que es “bueno y cariñoso con todas sus criaturas”. En el nombre de Dios hoy se sigue matando. El integrismo pretende mostrar la guerra como algo santo. El integrismo pretende convertir la crueldad terrorista en una ofrenda agradable al Padre. Por eso es blasfemo. Quien así actúa no conoce al Padre, porque no conoce al Hijo. Y por eso hace y dice cosas en nombre de Dios que son salvajadas que el Señor reprueba. Pues Dios solo sabe amar.

    Pablo en los romanos, nos enseña que “la carne no lo es todo”. La carne en Pablo no es el sexo, como algunos clérigos obsesos por su represión se empeñan en decir. La Carne es la vida sin Dios, la vida sin amor. El Espíritu es la vida con Dios, la vida desde y para el amor. Nuestra sociedad es muy carnal porque vive sin Dios. Y cree que el amor vale lo mismo que el odio y el egoísmo. La cultura de la muerte se adueña de ella, pues la carne más allá de la muerte, no existe más, tal y como la conocemos nosotros. Este cierre a la esperanza es fruto de no acercarnos a Cristo y aceptar el suave yugo de la fe, que lejos de esclavizar, libera, porque vuelve ligero este mundo que sin Dios nos aplasta.

    Mateo pone su atención en los “pequeños”. La sociedad actual, sigue ignorándolos. A pesar de los esfuerzos de algunos. La prueba de ello es que en esta última crisis económica, nunca ha sido desahuciado un banco, al contrario se los ha rescatado. En cambio, han sido muchos los pequeños desahuciados, a quienes no ha rescatado ningún “grande”. Y esto es un botón de muestra, extensible a otros muchos casos y situaciones sociales. Y ocurre así porque donde debería estar el Bien Común, hemos puesto la avaricia del dinero, como cimiento del sistema. Y en esa perspectiva, la persona humana, queda convertida en esclava de las finanzas. Esto genera una estructura de pecado, como el nada sospechoso de comunismo: Juan Pablo II, no se cansaba de decir en sus encíclicas. Pero estar lejos de Cristo nos impide oír su voz, y nos hace creernos por ello sabios y entendidos. Y así nos luce el pelo.

    Así que en conclusión, si nuestro mundo quiere hallar la paz, liberarse del integrismo asesino, superar la muerte, y conceder al Pequeño su lugar de modo que reine la igualdad, nada más necesario y mejor, que oír la voz de Jesús, creerla y vivir conforme a ella. 

    Bien lo decía el concilio, Jesucristo revela al hombre su verdadero rostro. Ojala y que comprendiéndos en Cristo optemos por el camino acertado, de ese modo nos ahorriamos muchos agobios y cansancios. 

 

XIII ORDINARIO

    En este Domingo las Sagradas Escrituras nos permiten comprender como vivir en comunión con Cristo. Cuatro son las maneras de hacerlo.

    La primera es la fe. La fe enamorada prefiere a Jesús antes que a todo y a todos. Dicho de esta manera puede parecer radical. Pero tras los primeros versículos del Evangelio se esconde una sabiduría sublime. Si pierdes a tus padres o a tus hijos, a tu gente querida, sólo si tienes fe en Jesús, sabes que volverás a encontrarlos. Por eso esta fe no se espanta de la cruz, porque Jesús descubre que la cruz no tiene la última palabra en la vida. Quien profesa esta fe ha construido la casa de su felicidad sobre roca. Y no sobre arena. Porque a Jesús nunca lo pierdes. Su amor está contigo en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte. El fruto de esta unión con Jesús es la Salvación eterna, de todo aquello que más amas gracias a su amor todopoderoso.

    La segunda es el Bautismo y la vida sacramental que le es aneja. Así nos lo enseña Pablo en la carta a los romanos. Pues cuando los recibimos Cristo resucitado nos visita por la acción del Espíritu Santo. Y su gracia nos transforma, nos transfigura, y obra el prodigio que nuestra existencia se abra a una Vida Nueva. Si son recibidos en espíritu y en verdad, dicha gracia no se derrocha. El fruto de esta unión con Jesús es que dando la espalda a la frustración de nuestras expectativas que supone el pecado, nos abrimos camino hacia la plenitud que la Resurrección supone.

    La tercera es el amor. El libro de los Reyes nos lo muestra. Una pobre mujer sin hijos y con un viejo esposo, se compadece de un profeta. Y esta acción, repercute sobre ella de manera definitiva. Su amor genera bienes a los demás que al final influyen en ella. Dad y se os dará nos dice Jesús, y nosotros añadimos: ¿manos que no dais que esperáis?. Jesús lo ha dado todo por amor nuestro. Y ahora exaltado a la diestra de Dios Padre, Vive para siempre, glorificado. Gracias a su amor, esta viuda entró en un nuevo Eón de su existencia. Los frutos del amor son inesperados y sorprendentes. Pues el amor causa reacciones en cadena que afectan al mismo que ama en primer, pues si pones amor donde no hay amor, sacarás amar. 

    La cuarta y última es el apostolado. Éste no sólo es propio de los clérigos. El sacramento del orden causa ciertamente dicha vocación. Pero el Seglar, unido a Cristo por la vida sacramental, también puede ejercerlo, como padre o madre que educan, como catequistas, como amigos, y como otras muchas cosas. Siempre que anuncias a los demás a Jesús y su Evangelio, les abres el camino de la Bendición. Y ello provoca que Jesús esté contigo. Y que quien a ti te reciba, a Él lo recibe. Si fuésemos conscientes de eso jamás dejaríamos de anunciar el Evangelio. Lo haríamos a tiempo y a destiempo, siguiendo el ejemplo de Pablo entre otros. Que hermosa es esta segunda parte del Evangelio.

    ¿Como resumir el mensaje de hoy brevemente? No unirse a Jesús por la fe, los sacramentos, el amor y el apostolado, con los hermosos frutos que provoca, es de idiotas. 

 

SAN PEDRO Y SAN PABLO

    Los Santos testimonian siempre que “Dios está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo”. ¿Pero eso que supone?.

    Cuando Dios está en nuestra vida Dios nos sana, porque nos libera. La tristeza, el pesimismo, la angustia, el egoísmo y el odio, encadenan nuestra vida y nos impiden vivir en plenitud. Cuando el Dios de Jesucristo nos visita rompe esas cadenas, que nos convierten en infelices paralíticos, para que la plenitud sea posible para nosotros, de modo que la alegría, la esperanza, la paz y el amor, se adueñen de nuestra vida. Pedro lo ha experimentado en carne propia.

    Cuando Dios está con nosotros, Dios cambia nuestro rumbo en la vida. Y de estar inmersos en la soberbia ególatra y el materialismo, nos despierta de ese sueño insatisfactorio. Y su fuerza, nos impulsa a combatir desde el amor y por el amor, como ciudadanos del Reino de Dios. Y así de pecadores, nos cambia en santos. Cuando Dios está transfigura nuestra vida como Pablo hoy nos testimonia. 

    Cuando Dios está en nuestra vida nos enamora y su amor nos convoca a amar a los demás como el mismo Jesús nos ha amado. Es este enamoramiento el que nos lleva a confesar a Jesús como nuestro mesías, como el Hijo de Dios, que tiene palabras de Vida Eterna. Sin ese enamoramiento te llamas cristiano por tradición o por decreto, pero no por convicción propia. Sólo estar enamorado de Jesús, nos lleva a dar culto a Dios en Espíritu y en Verdad. Y sólo, cuando esto es así, nos convertimos en verdaderas piedras sobre las que la Iglesia se edifica, y usamos las llaves que Cristo nos regala para abrir las puertas del Reino de los cielos. Pues todos con el Papa, estamos llamados a usar estas llaves para que el amor de Cristo reine en el corazón de muchos. 

    Dios no castra la posibilidad de que el hombre alcanze la plenitud que tanto ansía. Dios no estorba que el hombre pueda realiazarse como desea. Se equivocan los profetas del ateismo decimonónicos. Dios cuando está posibilita que en nosotros se afiance el verdadero vitalismo. Sigamos pues el ejemplo de Pedro y de Pablo, y permitamos que Dios esté con nosotros y sabremos que supone y significa ser dichoso. 

 

SANTISIMOS CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

    Nuestra época presenta una enfermedad que se manifiesta con cuatro síntomas.

    El primero de ellos es el materialismo. Si bien cuando la vida se torna travesía por el desierto, comer, beber, satisfacer las necesidades corporales de distinto tipo no basta. Una simple depresión lo pone de manifiesto. Cuando el ser humano carece de ilusión y de esperanza, comer y beber no basta, porque lo que cuenta es que no sé por qué vivir. No solo de pan vive el hombre, porque son las palabras del Señor las que nos infunden esperanza cuando la vida se complica con sus diversas situaciones límite. El Deuteronomio nos lo aclara.

    El segundo es la división. Nuestro mundo a pesar de las exigencias de la globalización se empeña en levantar muros o crear nuevas fronteras. Cuando los problemas del presente en su mayoría son de índole planetaria nos empeñamos en afrontarlos local, regional o nacionalmente, y por eso, nunca les ponemos solución. Pues un problema global no se resuelve con parches parciales. Un sólo pan, un sólo cáliz, todos unidos. Pablo también nos muestra el camino.

    El tercero es el pesimismo propio de quienes piensan que los humanos son seres para la muerte. Ser un esclavo de la cultura de la muerte no ilusiona a nadie. Y el pesimismo anejo a descubrir que la muerte vuelve absurda nuestra vida, desangra nuestro vitalismo. Sobre todo cuando empiezan a morirse los seres a los que amamos. Amar nos hace incompatibles con la muerte, de modo que la evolución en nuestro caso no ha creado un ser adaptado a un mundo donde todo lo que amamos desaparece. Quien ama solo es dichoso si la eternidad es su destino. Juan en el Evangelio pone el foco de atención sobre este asunto.

    El cuarto es vivir la vida como una maldición. Por el pesimismo, por la división, y por el materialismo insatisfactorio. Los sufrimientos que generan o no resuelven se nos indigestan. Y no vivimos la vida como nos enseña el Salmo para Glorificar, sino para maldecir.

    Estos son los síntomas. Pero ¿cual es la plaga? La falta de la Comunión con Jesucristo, a la que el Señor nos invita en el Evangelio. Porque si estas en comunión con Cristo, sus palabras te infunde la fuerza que el pan no te puede dar cuando hay que atravesar desiertos en la vida. Si estás en comunión con Cristo el te impulsa a dejar de lado la división a buscar la unidad en el amor, con todos y con todo. Pues su Espíritu te cura del proceder de Caín. Si estas en comunión con Cristo el pesimismo no se adueña nunca de ti porque la eternidad se convierte en nuestro horizonte final, en nuestro destino. De modo que cuando estás en comunión con Cristo, no maldices sino que glorificas, pues El te hace descubrir que la vida es una Eucaristía: una acción de gracias al Dios que te quiere hasta el extremo, tanto, que nada ni nadie podrá separarte de su amor.  

    La enfermedad de nuestra epoca, a pesar de sus síntomas, tiene cura. Hoy es un día para acercarnos al Señor, pues El es el que tiene poder para sanarnos y salvarnos. Vivimos envueltos en Cristo como las piedras sumergidas en el mar, pero si nos rompen nuestro corazón está seco. Es hora de que dejemos que su agua viva nos empape.

 

TRINIDAD

    El integrismo y el rigorismo son ajenos al Dios verdadero. Y aunque digan continuamente “Señor, Señor”, Jesús los desconoce. Las Escrituras hoy lo advierten.

    El Exodo nos muestra que los integristas y rigoristas, aunque lo repiten constantemente, no creen en la misericordia sino en la venganza, no creen en la compasión sino en el desprecio, son prontos a la ira, y desleales con el género humano. Por eso cuando se llaman creyentes simplemente son blasfemos.

    El Salmo nos muestra que los rigoristas y los integristas, no provocan que los pueblos bendigan a Dios sino más bien lo contrario: que maldigan su nombre. Por ello de nuevo merecen llevar el nombre de blasfemos.

    Pablo en la 2 Corintios, nos enseña cual es la vida trinitaria del Hijo de Dios. Nada que ver con lo que los integristas y rigoristas viven y enseñan. Ellos no alegran a nadie sino que solo saben causar dolor y tristeza, no hacen el bien sino el mal, no animan sino que desaniman a todos. Ellos no viven en paz sino en guerra. Ellos nada saben de gracia sino de tiranía. Ellos nada saben de amor, son expertos en odio. Ellos nada conocen de comunión, porque viven para sembrar la división, estando siempre en guerra con todos su hermanos. Blasfemia es su nombre cuando pronuncia el divino nombre de Dios en vano.

    El Evangelio de Juan nos hace comprender el error integrista y rigorista. El Dios verdadero es amor hasta el extremo que nos hace vivir en plenitud. Los integristas y rigoristas ni aman hasta el extremo a nadie, ni hacen vivir a los demás en plenitud. Odian y matan por doquier. El Dios verdadero respeta la libertad ajena. Y estos monstruos abominan de la libertad de todos y pretenden abolirla en nombre de sus leyes y reglamentos, perfumados de macabro satanismo, que ellos revisten de falsos angelismos. El Dios verdadero no quiere condenar sino salvar, en el respeto exquisito a la libertad humana, como no puede ser de otra manera, en quien ama verdaderamente. Estos blasfemos solo saben condenar, nunca se les ocurre salvar a nadie, porque no aman verdaderamente y por ello la libertad se les atraganta. No hay Dios verdadero en su vida. No son luz sino oscuridad, no son sal, sino arsénico, no son levadura sino un cancer. 

    Ayer los llamaban inquisidores, hoy terroristas. Es vergonzoso ver como un colectivo deportista, ningunea de manera totalmente cruel, un minuto de silencio en honor de victimas de un atentado de estos blasfemos de Dios. Hay que estar muy ciego para dar balones de oxigeno a estos monstruos. Si crees o apoyas a esta gente, nada sabes del Dios verdadero, así que no te asombres el día que mirándote Cristo a los ojos te diga en tu cara: “NO TE CONOZCO”.

        

 

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