Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

HOMILIA Ciclo B

CADA DOMINGO LA PALABRA DE DIOS ES CREADORA, NOS RENUEVA, SI LA ESCUCHAMOS CON FE Y SABIDURÍA, PORQUE NOS EL ESPÍRITU DE DIOS NOS VISITA Y NOS LLENA DE GRACIA. APRENDAMOS A ESCUCHARLA COMO MARIA.

 

 

III CUARESMA

    Tres preguntas nos podemos hacer hoy al escuchar las Escrituras.

    En primer lugar al oír el Exodo y el Salmo, nos podemos preguntar ¿por qué la ley de Dios dice el salmista que es perfecta?. Basta usar la imaginación para entender su respuesta: imagina un mundo donde los padres y las madres son honrados por sus hijos y no olvidados y abandonados, imagina un mundo donde nadie mata a nadie, imagina un mundo donde las parejas no se traicionan ni se engañan, imagina un mundo donde nadie roba o donde nadie explota y esclaviza que es otra forma de robar, imagina un mundo donde nadie levanta falsos testimonios contra nadie o como decimos ahora sin “noticias falsas”, imagina un mundo donde nadie tiene envidia de nadie porque cada uno está contento consigo mismo, imagina un mundo donde todos tienen derecho al descanso y a santificarse en libertad, imagina un mundo donde lo sagrado no es usado con fines ajenos al amor, imagina un mundo donde nadie quiere erigirse en ídolo de los demás para manipularlos y tiranizarlos. Imagina un mundo donde cada uno ama a su prójimo como Dios nos ama a todos por igual y hasta el extremo. Por eso es perfecta la ley de Dios, porque el mundo que de ella emana es un mundo hermoso, verdadero y bueno. 

    La segunda pregunta nace en nosotros al escuchar a Pablo. ¿Por qué lo necio de Dios es más sabio que lo humano y lo débil de Dios es más fuerte que lo humano? Los judíos buscan signos poderosos que muestren la fuerza de su Dios. Los griegos buscan sabiduría para no poder ser tildados de necios por los demás. Pero la fuerza de Dios y su poder es el amor. Y su sabiduría no nutre nuestra arrogancia, sino que nos enseña a amar hasta el extremo. Cristo crucificado es la clara prueba de ello. Nada es más poderoso que el amor para cambiar el mundo y hacerlo mejor, y nada es más luminoso que el amor divino para explicar la verdad más profunda de este universo y conducirlo al fin para el que ha sido creado. Sin ese amor divino como fundamento, el universo entero se desvanece progresivamente en la nada. Así que si quieres ser fuerte ama. Si quieres ser sabio ama. Mira a Cristo crucificado y ama, y vence al odio, al egoísmo y a la muerte amando. 

    La tercera y última pregunta nos la plantea el Evangelio: ¿Por qué Jesús se enfrenta a los religiosos de su tiempo?. Por su idolatría en un triple sentido: el dinero se había convertido en uno de sus ídolos más preciados, y por eso habían convertido el templo en una suerte de mercado. Habían convertido el mismo templo una insigne obra de arte en lo más importante de sus vidas, y casi podría decirse que adoraban ese lugar que consideraban el más santo de los santos, sin reconocer que era una construcción humana y material para el servicio de Dios y los hombres. Al contrario, habían llegado a considerar que el mismo Dios y los hombres debían estar al servicio del templo. Habían convertido su autoridad de hombres de religión en un Idolo pues su voz humana la habían revestido de tal divinidad, hasta el extremo de  suplantar a Dios ante los hombres. Los religiosos de su tiempo habían falseado la religión verdadera, convirtiéndola en algo totalmente distinto de lo que debe ser.

    ¿Por qué Jesús y sus palabras pueden responder a nuestras preguntas hoy y en otras muchas ocasiones? Porque Jesús conoce lo que hay dentro de cada hombre, y por ello es capaz de ofrecernos las respuestas a las preguntas que nos planteamos si sabemos escucharlo. Algunos de sus paisanos lo hicieron, otros no, ahora te toca a ti decidir en qué grupo quieres estar.

 

II CUARESMA

    Contrariamente a la opinión de algunos, caminar con Jesús te libera de muchas cosas. Las Escrituras hoy son una clara prueba de ello. 

    En la primera lectura nos encontramos con una escena incomprensible. Dios pide a un padre que le sacrifique a su hijo para ponerlo a prueba, a ver a quien ama más. Estas escenas veterotestamentarias dibujan el rostro de un dios feroz y celoso. Su teismo es deudor del mundo en el que viven envueltos que es pagano y politeísta, y en ese panteón, los “dioses” son así. Pero si dejamos atrás esta fácil lectura en clave cultural, y tratamos de entender el mar de fondo, lo que nos encontramos es otra cosa. Sin amar a Dios, amar a los demás es un martirio chino. ¿Acaso me he vuelto loco con esta afirmación? (no lo descarto), si bien amar a los demás sin amar a Dios es lanzarse a una carrera fatal para ver como la muerte te los roba uno a uno, mientras no robe tu presencia ella a los demás. Contar uno a uno los  muchos seres amados que la muerte te robará de uno en uno, o de golpe. Esa es la vida. El amor sin amar a Dios, es una apertura al sufrimiento seguro. En ese caso, mejor nos resultaría ser piedras, que ni sienten ni padecen. En cambio si amas a Dios, tus seres amados se vuelven eternos, y simplemente dejas de pensar que el plano físico lo es todo. Tras la muerte de cada uno de ellos, si miras al Dios que te ama, te lo devuelve vivo y glorificado. Amar sin esta esperanza, es un martirio. Pues en este mundo cruel, hasta los padres pueden perder a sus hijos y de hecho, los pierden. Jesús nos permite por tanto liberarnos de una visión de la vida que termina maldiciendo el hecho de amar a los demás. El amor por los otros no es una maldición, cuando lo vives en Dios, es la mayor de las bendiciones. He aquí la enseñanza profunda que desde Cristo resucitado nos ofrece este texto de los tiempos de Abraham. Jesús nos libera de pensar que el amor es una maldición o un martirio. 

    Pablo nos enseña que Jesús nos libera del imperio del miedo, la culpa y la vergüenza ante lo divino. Quien vive la fe en Cristo como un continuo acto de contrición es un equivocado. Leer hoy a Pablo nos hace comprender eso. Si Dios nos ha amado hasta morir por nosotros en una cruz, hasta ver morir a su Hijo amado en la cruz, ¿como puedes esperar que te condene o te castigue? Los partidarios de ese enfoque oscurantista de la vida, “los profetas de calamidades que quieren convertir la vida en una suerte de penitencia cuaresmal perpetua”, los mortificantes amargados y llenos de culpas como si fuesen pústulas sin cuento de una negra peste, no saben que en el amor no hay lugar para el temor, que nos enseñaba el evangelista Juan. Lo más propio del Cristiano es vivir en una constante acción de gracias, pues hasta cuando se deja engañar por el desamor, puede encontrar una nueva oportunidad para desandar el camino equivocado. Jesús nos libera por tanto de las cadenas perpetuas que nos imponemos nosotros o nos imponen los demás. 

    En el Evangelio nos libera de esa ansia impaciente que tenemos de tener respuestas para todas las preguntas. La vida es un misterio demasiado grande para abarcarlo por completo en un instante. Y para ir entendiendo las cosas que suceden, debemos crecer, madurar. Los discípulos no eran capaces de entender lo que había ocurrido en el Tabor. De hecho se sienten perdidos. Jesús sabe que un sietemesino necesita incubadora para salir adelante, porque aún le queda mucho por madurar. Toda la vida es un proceso de transfiguración, en el que se nos va revelando poco a poco nuestra verdadera naturaleza. Y hay preguntas que sólo encuentran respuesta cuando uno ha madurado lo suficiente para ser capaz de comprender la respuesta. Transfigurarse es crecer, hay que subir montañas. Se necesita tiempo, paciencia, fortaleza, y fe en que esto que llamamos vida no es una locura. Jesús nos libera de ese enfoque. Vivir es evolucionar hasta llegar a nuestra plena transfiguración, revestidos de una luz que nos es inimaginable. Ese proceso se construye escuchando al amado de Dios y nuestro. Escuchar a Jesús porque lo amas. Eso te cambia, porque te libera. 

    Jesús libera. Los seres humanos, incluso algunos que se dicen sus seguidores, muchas veces, demasiadas, no siempre lo hacen. Así que cristiano de a pie que no te engañen, la voz de tu pastor no esclaviza: ¡Libera!. No lo olvides.

     

I CUARESMA

    Una situación límite es la que nos presiona de tal manera que nos pone al límite de nuestras posibilidades físicas, mentales o morales.  Pues nos confronta con la realidad del mal, del sufrimiento y de la muerte. En cualquiera de sus múltiples vertientes. Situaciones de esta naturaleza las hay de muchas clases: personales, familiares, locales o regionales, nacionales, sociales, culturales, eclesiales, continentales, o incluso globales. Está última es la que desde hace un año nos aqueja y de la que esperamos poder salir algún día. Las situaciones límite globales son endiabladas porque nos afectan a todos a la vez en todos los estratos concebibles de la vida humana.

    Por eso hoy resulta llamativo el ejercicio que hace Pedro en su carta, al releer el pasaje del Diluvio, en clave bautismal. Evidentemente ese no es el significado literal del texto del génesis, si bien, el hace una lectura alegórica, para sacar una lección del pasaje que iluminase la vida de aquellos cristianos, en una situación difícil. La situación que se vive, hace que la Escritura, pueda sonar de una forma o de otra, para iluminarnos en medio de la oscuridad. Y este pasaje es una clara muestra de ello.

    Así que procedamos de este modo para entender que se nos dice hoy de bueno para ti y para mí, para nosotros, en cuanto escuchamos este domingo.

    En una situación como la nuestra el Génesis y el final del Diluvio, con su precioso arco iris, nos enseña que aunque parezca que esta crisis nos ahogará a todos, no tiene por qué terminar así. En este texto (presente en todas las culturas, con diferentes versiones del mismo hecho: probablemente las consecuencias del deshielo tras el periodo de glaciaciones expresadas en un lenguaje fabulado), conviven dos modos de afrontar las situaciones límite que aún siguen vigentes: los que piensan que son castigos divinos, y los que piensan que Dios está para no permitir que éstas acaben con nosotros. Pero lo cierto y verdad es que la resiliencia humana es la voz de un Dios que en nuestro interior lucha por vivir en medio de caóticos retos. Vivir después de todo es tener que convivir con espacios de caos que conmueven nuestro Cosmos habitual cada cierto tiempo.

    Pedro, nos enseña además de lo dicho, que de los infiernos es posible salir porque Cristo no se olvida de nadie. El sábado santo, es lo que hace Jesús, “bajar a los infiernos” para dejarlos vacíos de gente. Y nos muestra que frente a las crisis, no debemos maquillarnos sino cambiar nuestra conciencia, nuestro modo de ver y enfocar la vida. 

    El Evangelio nos enseña que las situaciones límite hay que afrontarlas como Jesús. Son periodos de privaciones y sufrimientos, de “ayunar” forzosamente de cosas sin las cuales la vida se empobrece sobremanera (por ejemplo que unos abuelos no puedan besuquear a sus nietos y achucharlos hasta dejarlos “extenuados”, ¡que difícil se hace ayunar de los gestos hermosos del amor hermanos!). En estas épocas nos tientan la tristeza, el miedo, el pesimismo, la angustia, el nihilismo (cinismo), la incredulidad. Así es como estorba el mal nuestra vida (Satanás significa eso: el que estorba). Afrontar este periodo como Jesús, significa dejarse consolar por su ángeles, es decir, responder con alegría, con fortaleza, con esperanza, con angustia, con vitalismo (energía), y con fe. Significa combatir en la mente. Convertirla a cada instante, para llenarnos de paciencia porque cada día que pasa, nuestra liberación está más cerca. Pues aunque la salida fuese la muerte de todos, aún así, la resurrección tendría la última palabra en la vida de todos. 

    Alguno dirá: ¡Qué lectura más libre ha hecho Andrés de los textos!. Y yo le diré:  ¡Es cierto, tanto como Pedro en su carta!. Porque amigos no nos engañemos. Lo religioso puede aumentar el sufrimiento en la vida de la gente (pensemos en regímenes integristas) o puede alentar la vitalidad que conduce a la plenitud en muchos. Yo creo, como Pedro, que lo segundo es lo que más nos conviene siempre, y más aún, en situaciones límite.

 

CENIZA

    Tres avisos se nos ofrecen hoy a nuestra consideración. El primero lo ofrece el profeta y el Salmo se le suma. 

    Convertirse no es un postureo. Es algo que afecta al corazón. No es un espectáculo, que requiera de gestos aparatosos. Se trata de transformar el yo más profundo, que rige los destinos del pensamiento, los sentimientos y la conducta. Por eso necesitamos un espíritu nuevo. Pues el desamor no puede apropiarse del pensamiento que percibe nuestra realidad personal, y la valora de un modo que nuestros sentimientos nacen de esa visión errada de las cosas, y empujan con toda su fuerza a la conducta por caminos equivocados. No se trata de una “performance” que realmente no cambia nada en nuestro día a día. Es un movimiento existencial, no un mero carnaval, donde el disfraz es de beatería puritana y pietista, de esos de “quita y pon”. 

    Pablo nos ofrece el segundo aviso. El tiempo es nuestro aliado. El profeta se le suma. Aprovechemos el tiempo para cambiar nuestra vida equivocada, que no alcanza la plenitud porque nuestros caminos están desorientados, ya que el amor no es su destino. El tiempo es siempre una nueva oportunidad. Deberíamos valorarlo así, y no como algo que irremediablemente se nos escapa. Cada instante, te permite, diseñarte y trabajarte de nuevo. El diálogo de Gracia del Espíritu Santo contigo no cesa nunca, mientras tienes tiempo. El buen ladrón fue muy listo, y aprovecho, su último suspiro para cambiarlo todo.

    En tercer lugar el Evangelio, nos ofrece un camino de doble liberación de dos enemigos que nos torturan. El narcisismo y el qué dirán. Nada es peor que hacer las cosas porque te aplaudan porque como alguien no lo haga, prepárate a sufrir. Narcisismo herido. Eres un dependiente del reconocimiento ajeno. Y terrible resulta vivir pendiente del que dirán porque te pasas la vida sufriendo porque alguien pueda decir algo de ti. Jesús nos enseña que obremos para Dios. Porque nos encontraremos verdaderamente a nosotros mismos. El siempre nos amará. El aplauso está garantizado. El siempre nos amará nunca dirá nada malo de ti. Y dejemos en el camino narcisismos y “dimes y diretes”, pues ambos caminos nos esclavizan. En cambio vivir de cara al Padre nos libera. Así que si hacemos algo en cuaresma (limosna, ayuno, oración) que sea para liberarnos de esos dos torturadores.

    Cuando suenan los avisos en el ruedo es hora de cambiar de tercio. Pues hagamos nosotros lo propio. Y podríamos añadir:¡OLÉ! (Porque eso será lo que diga Dios cuando nos vea ser felices).

 

 

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Andrés Marín Navarro.

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