Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

Mas allá del misterio no hay nada

Del libro: SER = MISTERIO

MAS ALLA DEL MISTERIO NO HAY NADA: METAFILOSOFIA DEL MISTERIO.

 

Yo no hago filosofía. Cualquier filosofía no es otra cosa que una simple hermeneútica del único misterio en el que somos. Yo no aporto una interpretación nueva. No interpreto nada. Yo lo que hago es “meta-filosofía”: Defino el marco en el que se hace posible la filosofía, el espacio o la dimensión donde se encuentran la razón y el espíritu con el misterio, uno y diverso, en el que somos. Yo lo que establezco es la “meta-ciencia”, el marco en el que es posible el saber. Yo soy un pensador de génesis y límites. Yo defino de donde nace lo que nace y ha donde puede llegar todo proceso. La génesis del conocimiento y el límite de la razón: El mismo y único misterio plural y diverso en el que somos.

 Estas afirmaciones no implican el fin de la filosofía como pudiera pensarse. El hombre seguirá interpretando siempre, a tenor de nuevas experiencias y situaciones vitales. La riqueza del misterio es tan vasta que nunca podrá agotarse en unas cuantas interpretaciones. La filosofía se prolongará en el infinito como una espiral, en la que permanentemente el hombre danzará con su razón en torno a un mismo y único tema: El misterio. “A vueltas con el misterio” así podría definirse la filosofía. Por ello sé que la filosofía no se ha acabado. La filosofía no morirá nunca. La filosofía se transformará en sabiduría el día que el hombre pueda conocer en plenitud la razón última de su ser. El día que el hombre que es búsqueda, goce la plena verdad de su ser y comprenda la bondad y la belleza definitivas de su ser. El día que el hombre traspase la frontera infranqueable del misterio porque el mismo misterio se revele en primera persona.

 Las filosofías cambian con el tiempo porque cambian las experiencias humanas que las sustentan. Muchas veces lo que ocurre es que simplemente se reinterpretan, y lo que nace, es lo que ya brotó en otro tiempo bajo la forma de otros juegos lingüísticos. Muchos autores pueden ser reducidos a doctrinas ya establecidas previamente. La historia de la filosofía esta plagada de claros ejemplos. Idealismos o materialismos, subjetivismos u objetivismos, historicismos o existencialismos, lingüistas o espiritualistas. Estos y no otros son los nombres de los verdaderos filósofos. Sus aportaciones personales son cuestiones de detalle, curiosidades variopintas y pintorescas que es preciso no olvidar. Esta simplificación ridícula, sólo quiere poner de manifiesto, que es difícil encontrar algo nuevo bajo el sol. Y que cuando lo encontramos lo tildamos de genial por reconocer en él, un avance en la toma de conciencia del enorme misterio en el que somos y nos comunicamos.

 La religión es otra cosa. No desaparece. Cambia. Se reformula pero permanece intacta en sus elementos fundamentales. Todas las religiones se hacen susceptibles de ser interpretadas como un largo recorrido hacia un conocimiento único: Dios. La religión no es la indagación sobre el misterio, eso es la filosofía. La religión es la escucha atenta del misterio, la sintonización con su onda de frecuencia. En la religión no solo interviene la mente y el lenguaje, en la religión queda afectado todo el ser humano: Su mente, su corazón, sus actitudes y palabras, su espíritu. Las religiones son un conjunto de niños que miran al sol que es el misterio e interpretan la luz y el calor que los envuelve. Pero su interpretación es fruto en primer lugar del calor y la luz del misterio que se comunica gratuitamente, como un puro don, a cada uno de los que miran con atención. Ninguna religión aceptara definirse como un producto del entendimiento humano. Todas ellas afirmaran ser receptoras de la voz del misterio. El concepto de revelación es la afirmación de que el misterio se ha expresado Él mismo, o mediado, en primera persona. Por ello el campo de la religión es susceptible de muchos recorridos incluso en direcciones inversas. Cada religión afirmará ser la voz definitiva del misterio pero todas ellas son susceptibles de ser analizadas en base a su propósito común: La relación con Dios en el misterio. El budismo manifiesta en este sentido una cierta reticencia, pero lo discutible no es mi afirmación, sino el hecho de considerar el budismo como religión o filosofía; todo dependerá de que la iluminación de Buda bajo el árbol se interprete como revelación o intuición del espíritu. En el camino de la comparación entre religiones el cristianismo manifiesta de modo inaudito y sorprendente, que el misterio, en virtud de su omnipotencia, se ha revelado por que sí, gratuitamente, a los hombres mostrando su rostro de amor eterno e infinito. Los cristianos por tanto interpretan al resto de las religiones como peldaños anticipatorios hacia la manifestación plena de Dios en Jesucristo que desvelaría nuestro misterio. El Misterio mismo desvelando nuestro misterio. El caso del Islam como revelación posterior a Cristo, un cristiano, lo leerá como el paso del politeísmo de pueblos primitivos en su experiencia religiosa, al monoteísmo por otra parte judío, que sólo alcanzará su plenitud, cuando descubra la comunión interpersonal en Dios mismo, que hace posible que Dios sea amor. Pues no es posible el amor sino hay varias personas y no es posible la unidad sino hay amor. Dios es trino en el amor y uno en el amor. Sin la afirmación de la trinidad, Dios no lleva el amor en sus mismas entrañas. Sin afirmar su naturaleza trinitaria, el amor en Dios, es un adorno del ser de Dios, y no su ser mas íntimo. En la trinidad el amor mismo engendra la ontología más íntima de Dios. No es Dios el hijo único y mal criado, de perfil autoritario, que sólo piensa en sí mismo, y sólo desde sí mismo, desde su narcisismo infinito, aterra con sus caprichos a los que El considera sus siervos pasando por encima de su libertad. Dios es la generosidad infinita, el respeto eterno porque sabe lo que es la diferencia, pero es más, Dios sabe que la diferencia no es causa de enfrentamiento ni de pugna sino la posibilidad del amor en la comunión infinita de los distintos. El Dios cristiano no es el narciso islámico y judío, es entrega total en el olvido se sí mismo por amor. Baste este ejemplo para comprobar que es posible establecer comparación entre las religiones para descubrir cual de ellas mira con mayor claridad la realidad del sol que es el misterio, a sabiendas de que el misterio con su luz deslumbra los ojos de aquellos que lo contemplan. Todas las religiones miran al sol pero cada una desde una edad distinta, y con unas posibilidades diferentes de llegar conocerlo en la plenitud que Él mismo, se deja conocer sin deslumbrarnos. Aquí es donde entra la posibilidad de la comparación. Yo tampoco hago religión sino “meta-religión”, pues establezco el marco donde la religión como experiencia es posible.

 Estoy convencido de que es en esta vuelta a los inicios, al antes de... donde puedo encontrar la razón última de nuestra unidad por encima de ideologías distintas. El misterio en el que somos nos unifica. El día que descubramos unidos nuestra única verdad, dejaremos de combatir y de destruirnos. El ecumenismo que defiendo tiene como cimiento esta afirmación: “Reconoce la provisionalidad de tu interpretación y descubre que la única verdad absoluta e indiscutible es que somos en el misterio; y que sólo puede considerarse absoluta en el camino hacia la verdad la voz del misterio que en primera persona se presente a sí mismo”. Nada es cierto en absoluto, todo es discutible si el mismo misterio no manifiesta otra cosa. 

 El problema ahora está, en reconocer si el misterio ha hablado o no ha hablado. O en que medida lo ha hecho o no lo ha hecho. Por desgracia la libertad humana siempre nos jugará estas malas pasadas. Pero consideremos que aunque discutamos, aunque dialoguemos desde la diversidad siempre hablaremos de un mismo y único misterio que nos une. Y que desde luego no legitima nuestros enfrentamientos sino que más bien los denuncia. El ecumenismo no es una doctrina, es una convicción: “Hablamos de un mismo y único misterio”. Por eso el ecumenismo es anterior a toda filosofía, ciencia o religión. Pues nace de nuestra condición misma de misterio compartido. Si queremos superar el camino del enfrentamiento, si queremos abandonar la barbarie del integrismo tomemos conciencia de lo que somos, al margen de nuestras convicciones, y descubramos que por encima de nuestras interpretaciones, somos experiencia compartida del misterio. Ahí esta la raíz última donde es posible nuestra unidad, nuestra identidad más íntima, la verdad fontal del ecumenismo humano. Aquí, y sólo aquí, radica nuestra unidad, aquí es posible que filósofos, científicos y religiosos se den la mano porque esta verdad, es meta- filosófica, meta-científica y meta-religiosa: Somos misterio y sólo puro misterio compartido en la diferencia de nuestras interpretaciones, vocacionadas para la verdad absoluta.

 

Mazarrón 10 de agosto de 1999.

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