Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

¿Territorialidad y globalidad?¿y Trump?

PENSAR ANTES QUE ACTUAR Y USAR EL SENTIDO COMÚN

         ¿TERRITORIALIDAD O GLOBALIDAD? ¿Y TRUMP?

 

    Muerta la religión y la ética solo nos quedará la estética. Esta afirmación resume según mi punto de vista, parte, del pensamiento de Kierkegaard. De los profetas decimonónicos con porte filosófico, siempre me ha parecido el mas certero. Muerta la religión y la ética solo nos quedará la estética, a lo que yo añado: he aquí la Postmodernidad. Aunque realmente ni siquiera la estética, nos acompaña, porque gracias a la descomposición nihilista de la verdad, el bien y la belleza, solo nos queda la convención. Por convención establecemos qué es verdad, qué es bueno y qué es bello. Y la mayoría de las veces es el poderoso caballero don dinero, quien decide el resultado de la convención y establece qué es lo verdadero, qué es lo bueno y qué es lo bello. Después de tanto “nadear”, y de tanto marear, la modernidad se ha resuelto en esta suerte de diarrea mental que es la Postmodernidad, contra la que epígonos de una modernidad muerta, como Vargas Llosa, tratan de luchar, no exentos de cierto mérito. El Quijote siempre asombra.

    De la diarrea postmoderna, donde lo verdadero, lo bueno y lo bello, lo establece no la razón, sino la moda, surgen fenómenos hilerantes. Así si el Sr. Michael Wolff lleva razón, Donald Trump, realmente es:

    Un rebelde sin causa, un playboy multimillonario, un improvisador nato (en el mal sentido de la palabra), un incompetente, un orador decepcionante desde su primera intervención importante (ante la CIA), un provocador sin más, un inexperto, un aficionado, un ridículo mediático, un obcecado que no cesa de dudar y mentir, un hombre sin criterio, alguien que ha convertido la casa blanca en una jaula de grillos con filtraciones constantes vía twitter, un hombre racista y nacionalista, a ratos un esquizofrénico y a otros, un bipolar, un señor con manía persecutoria, un neurótico de la rivalidad y que las suscita entre los suyos a cada paso, una suerte de Tudor intrigante, un idiota rodeado de payasos, un torpe, un obstruccionista, siempre empeñado en no hacer lo de siempre (aunque estuviese bien hecho), un antisistema que está en contra de las instituciones, un hombre que genera entre los mismos suyos el clima de ser un equipo en guerra, al par se revela como un individuo emotivista, que igual te odia que te ama, que te ama y luego te odia, un ser bufonesco, puro frenesí, alguien estrafalario, surrealista ridículo, un idiota vanidoso y arrogante,  un niño caprichoso e impulsivo que encuentra en el líder de corea del norte su alter ego, al que puede amar y odiar de un momento a otro, un ser disparatado y desconcertante. Y sin embargo es presidente de los Estados Unidos de América. La moda de las redes sociales, lo ha encumbrado a las nubes, y la ultraderecha vio en él un comienzo, que ha gestionado siguiendo un slogan: “¿Podemos hacer que esto funcione?”. 

    Tras el análisis de Wolff, en “Fuego y Furia”, de ser ciertos sus análisis, este mundo contemporáneo nuestro manifiesta que no cree en la verdad, en la bondad y en la belleza, sino en lo que puede funcionar, aunque suponga manipular, o destruir el bien común universal. “América primero”, su Slogan, que repite hasta la desesperación, nutre el sentimiento más primitivo del mundo que es propio del orden animal: “LA TERRITORIALIDAD”. A está visión se contrapone una muy distinta y que el Sr. Macron, presidente de Francia, rápidamente le expresó: “El planeta primero, pues sin planeta nunca habrá América”. Esta es la expresión del “GLOBALISMO” que, por desgracia, no atraviesa hoy sus mejores momentos. 

    Vives y Boadella son una prueba feaciente de lo que supone luchar contra un entorno xenofóbico nacionalista en España. Son conocidos entre bastantes precisamente por su compromiso firme contra el secesionismo catalán. Ambos, junto con más gente, han dado a luz a ese fenómeno llamado “Tabarnia”.  La xenofobia   hacia el de “fuera”, el nacionalismo al que Renán desacreditó al describir el concepto nación como el acuerdo de aceptar como buena una falsa historia convertida en mitología dogmática con el único propósito de defenderse de la otra tribu o atacar al inmediato vecino, es una expresión de primitiva territorialidad animal. España como país no puede entenderse, ni siquiera como nación, si no es como una comunión de pueblos distintos asentados sobre un espacio común. Pero esto también se puede decir de Alemania, de Francia, de Estados Unidos, de China y hasta de las minúsculas Bélgica y Suiza. Porque eso se podrá decir algún día de “Terra-nación”, si la ONU, diera algún día a luz, una sola entidad política planetaria (cosa que por desgracia dudo poder ver). Somos diversos pero a la vez estamos unidos. Eso es propio del reino animal y vegetal, hasta del reino mineral, de modo que aunque los humanos nos neguemos a aceptarlo por falta de perspectiva, el reino humano queda sometido también a esa regla. La ecología nos ha enseñado que lo que hacen unos nunca es indiferente para los otros, porque aunque distintos estamos entrañablemente unidos. 

    Resulta igualmente torpe el enfoque individualista de la realidad que algunos neoliberales tienen a gala. Ya Adam Smith mostró sí, ceguera, al no distinguir entre avaricia y autoestima. Aquel quizás no vivía en unas circunstancias que le permitiesen hacerlo. Pero muchos de sus seguidores si lo están y siguen sin hacerlo. Y esa visión que sustenta a gente como Trump, a quien Wolff nos ha descrito poniendo nuestros pelos de punta, manifiesta el mismo error de Smith. Quien no distingue entre avaricia y autoestima, desconoce la diferencia entre egoísmo y amor por sí mismo. El egoísmo es agresivo (es decir trastoca e invade los derechos de los demás). El amor por sí mismo es asertivo (no trastoca ni invade los derechos del otro, aunque sabe defender los suyos propios de los agresores). De modo que si la agresividad no construye el Bien común, la asertividad sí. Pensar sólo en el bien de los míos antes que en el Bien Común es estar ciego, porque sin Bien Común no existe Bien posible individual. Nadie puede vivir sólo. Las autoridades económicas globales y diversos foros no paran de advertir a gente como Trump que las políticas arancelarias nos harán retroceder económicamente a todos. Y sus oídos sordos, nos hacen sentir pavor a bastantes.

    Y es que estos personajes, liberales radicales, patrocinadores de un capitalismo salvaje siempre han creído que no existe la filosofía sin la economía. Sin embargo, no creo que sea tan fácil demostrar que la revolución neolítica aconteció sin un cambio de pensamiento brutal. Pasar de ser recolector a ser productor, es toda una evolución de pensamiento. Tampoco me gustaría afirmar el polo contrario. No existe economía sin filosofía. El idealismo dio a luz al Marxismo, que desde las ideas pretendía domesticar la realidad económica y tal planteamiento se estrelló estrepitosamente. Aunque aún queden entornos populistas, émulos de Corea del Norte, que piensen la verdad marxista es perenne y sigue intacta. En el fondo creo que los dos extremos son erróneos por contraponer dos planteamientos en una fórmula mental falsa. No se trata de Economía > filosofía o de Filosofía > economía. La formula correcta sería a mi juicio: no hay vida humana sin filosofía ni economía. O a la inversa: no hay vida humana sin economía o filosofía. Ambos extremos se influyen y evolucionan juntos. Sobre una misma trama: la Vida Humana. 

    Pero el frentismo ideológico es así: territorial. Y cuando se encuentra con un pensamiento distinto se vuelve xenófobo ideológicamente hablando. Por eso el concepto “individuo” en tanto que un concepto monádico, encierra al ser humano en sí mismo contra los demás. He ahí su craso error. En cambio el concepto “persona” abre al individuo a la experiencia de la comunión, de la que surgen riquezas para todos. El individualismo es territorial. El personalismo es “comunional” y por eso global. Aunque les pese a los detractores liberales de la “TRIBU”, la traducción sociopolítica del individualismo es el nacionalismo de corte decimonónico y la del personalismo es el “unionismo”, que no el comunismo. Porque el comunismo se sustenta sobre el conflicto de clases. Igual que el liberalismo en la competencia con el distinto. Y por ello, ambos extremos son tan territoriales. Sin guerras mundiales y gentes como Adenauer entre otros muchos, difícilmente hubiésemos comprendido que se gana más con el acuerdo que con la competencia salvaje capaz de llegar al enfrentamiento armado. Y no tendré que demostrar que la base de dicho enfoque es profundamente personalista. El liberalismo económico nos ha conducido muchas veces a la guerra como único horizonte de salida, igual que el marxismo. Y ya es hora de sentar a estos “señores” y hacerles ver que el conflicto entre igualdad y libertad, solo se resuelve desde la fraternidad. Los igualitarios o comunistas necesitan aniquilar a la mitad del planeta para tenerse por iguales. Los liberales necesitan aniquilar a quien los cuestionan su egoísmo para sentirse libres. Solo el que me vea como a un hermano, sin los ojos de Caín, podrá respetar mi libertad y trabajar por mi igualdad. La territorialidad es tribal. Y debe ser sustituida por la globalidad fraternal. Esta es una frontera más a superar para lograr la independencia humana ante la animalidad. La Evolución de nuestra especie, en este sentido, sigue abierta. 

    Comprendo que el concepto “fraternidad” no guste a algunos marxistas y liberales ateos (porque también los hay que no lo son).  El concepto fraternidad remite a un Padre común, y dado que el universo no se comporta como un padre o una madre amante, dado que mata a niños, jóvenes, adultos, o ancianos, sin temblarle el pulso y de un plumazo, sin mostrar la más mínima compasión o el más tibio afecto, normalmente, dicho concepto  (la fraternidad) remite a una suerte de Dios más o menos definido y mejor o peor conceptuado. El trasunto y el perfume religioso que desprende y conlleva la palabra fraternidad, les repele hasta cotas insospechadas. De ahí que algunos hayan querido sustituirlo por otro más compatible con la causa marxista: “solidaridad”. Aunque no deja de ser gracioso que un sindicato polaco con ese nombre fuese una de las causas de la caída del marxismo real en el mundo. Ironías del destino. Nominalismos a parte: la fraternidad es solidaria, y la solidaridad solo es auténtica cuando es fraterna. Lo demás es “postureo progre” y poco más. Pero toda mi comprensión hacia su disgusto, no me priva de descubrir que son presa de un rancio ateísmo decimonónico. 

    Los liberales ateos a ultranza le perdonan la vida a Smith por mantener que sin sólidas convicciones morales (que el creía inseparables de la religión) el liberalismo no funciona. Ese “el creía inseparables de la religión” que Vargas Llosa, incluye entre paréntesis, ignora la seriedad con que Dostoyevski en su novela “Los hermanos Karamazov” afronta el nihilismo y sus consecuencias, que le llevan a afirmar que si Dios no existe todo está permitido. También el ruso ignora que muchos teísmos han provocado enormes masacres y algunos, las siguen provocando. Pero que duda cabe, que quien sea fiel al Jesús de los Evangelios nunca podrá hacer daño a nadie porque solo sabrá amar. En el se podrá confiar y sobre la confianza se fundamenta la economía y el libre mercado, del que tanto le gustaba hablar al Señor Adam Smith. El ateísmo decimonónico es pestilente por dogmático. Y porque enfoca el problema de Dios o no Dios de una manera burdamente territorial. 

    En el caso de Vargas Llosa detecto que su liberalismo es intolerante con Dios, quien según su parecer, no puede gozar de la libertad de ser quien quiera ser, simplemente porque D. Marío no quiere que exista o porque si lo tolera tiene que ser como a usted le guste. Y curiosamente he de decirle que “eso” no es ser liberal Señor Vargas. Más bien creo que es una traza que aún le resta en su alma de su pasado marxista. Siguiendo a mi admirado Karl Popper, al que usted también valora, le diría que se atreviese a “falsear su ateísmo”, puesto que la postmodernidad hace mucho que no deja de “falsear la modernidad” que ya ha perecido víctima de sus errores. Y su ateísmo militante es uno de ellos.

    En el caso de Boadella detecto un enfoque similarmente despectivo hacia lo religioso. El detesta al nacionalismo y no para de equipararlo siempre con la religión. Ergo la religión es tan despreciable y ridícula como el nacionalismo. Si bien cuando el Sr. Boadella da por sentada “una realidad” al hablar de “la religión”, opta dogmáticamente por un concepto determinado de ella, donde a mi juicio solo existe el misterio, un misterio que se nos puede manifestar si así lo desea. La ficción nacionalista nada tiene que ver con el misterio. Es pura mitología fácilmente falseable con que un historiador al analizarla sea medianamente serio. Por eso pretender denigrar la ficción nacionalista estableciendo ésta comparativa, es inadecuado, y hasta puede volverse en su contra, al convertir la historia en un terreno opinable. Sobre la base de un supuesto misterio del que cada cual pueda sacar las conclusiones que estime oportunas.  Eso es en lo que los nacionalistas secesionistas pretenden convertir la historia, en un misterio en el que puedan legitimar sus estúpidas mentiras. Además cuando el Sr. Boadella habla de religión de manera despectiva y monolítica se equipara al nacionalista que hace lo mismo con lo “otros” (en su caso “los españoles”), y por ende, al españolista que desprecia sin más a toda Cataluña. 

    Es triste que ambos autores citados y otros tantos, no descubriesen a tiempo el discurso de Eugenio Trías, aquel barcelonés que se nos fue no hace mucho. El autor de las Edades del Espíritu y de la filosofía del límite. Y de otros trabajos. La moderna adolescencia que late en los corazones de autores como los citados anteriormente, debe superar su hondo rechazo por el mito, su figura paterno materna. Dado que razón y religión, pueden aportarse mucho el uno al otro en un sereno diálogo, que dé como resultado una nueva Edad, distinta de la media y de la moderna, la Edad del Espíritu, donde en los limites de lo racional y de lo religioso podamos aprender todos mucho. Pero claro, de nuevo la territorialidad se yergue contra el globalismo. El Sr. Trías vio el futuro a mi parecer, y me honro en calificar su esfuerzo intelectual, como un preparador para la superación de este “frentismo retrogrado”, zafiamente adolescente, que si persiste impedirá durante más tiempo que algún día alcancemos una madurez suficiente para aspirar a una nueva etapa evolutiva. Ni la razón es contraria a la religión, ni la religión tiene que demonizar a la razón. Nos son territorialidades enfrentadas. Ambas pueden entenderse. Comunicarse es fundamental de cara al futuro, y no solo lo digo yo, Habermas no se cansa de repetirlo. 

    Después de todo lo dicho ¿que nos cabe esperar? Un día después de la dimisión del breve ministro Maxim Huertas. De momento creo que el consenso o la convención para diseñar según la moda lo verdadero, lo bueno o lo bello es lo que nos cabe esperar. Hasta que despertemos de esta suerte de emotivismo utilitarista. No creo que el relativismo sea el signo de nuestro tiempo como algún líder religioso no se cansaba de repetir. Secundo la visión de un gran granadino cuyo nombre no recuerdo. En este mundo el dinero, el sexo y la salud corporal (en la que se incluye la apariencia), no se relativizan. Es más son una nueva suerte de Santísima Trinidad. No es que nuestra sociedad no crea porque dude, es que no cree en lo  cristiano porque ahora ha vuelto a creer en lo que siempre creyeron los paganos antes del cristianismo (y que seamos sinceros, nunca ha dejado de estar presente en el alma occidental, que de cristiana, realmente ha tenido bastante poco).  Ya lo aprendimos en el Padrino: Occidente sumergido en el cristianismo es como la piedra de la fuente que yace bajo sus aguas. Si la partes su corazón está seco. No es que antes fuésemos fieles a la verdad y ahora no. Es que la verdad nunca reinó como muchos se pensaban. Lo siento por los restauracionistas polacos y bávaros. Ser cristiano no es jugar a serlo. De nuevo Kierkegaard.  

    El filósofo danés enseñaba que la Angustia es el vértigo que nos causa la libertad. En cambio yo no pienso así. La angustia es el vértigo que nos produce la incertidumbre que la posibilita, porque solo en un universo caótico, es decir indeterminado, la libertad acontece. Sin caos la libertad es imposible, y el caos, a veces puede llegar a resultar agobiante o angustiante. Si el ser humano es una síntesis de lo temporal y lo eterno, de lo finito y lo infinito, como mantenía Kierkegaard, eso supone que nuestra realidad acontece entre el caos y el cosmos. Y a la síntesis de esas dos coordenadas yo las llamo “Misterio”. Existimos en lo incontrolable, en lo inaprehensible, en lo indeterminado, en lo incognoscible; en términos absolutos hablo. Y por eso la libertad es el modo natural de existir y convivir con el misterio siendo persona. 

    No verán huellas de “convencionalismo postmoderno” en mi discurso. No creo en el ser simplemente porque no se lo que es. Para mi ser es misterioso. Y por eso cuando digo ser no sé muy bien lo que digo.  Pero una cosa si tengo clara: el misterio se me ofrece como verdadero, como bueno y como bello. El misterio nada sabe de territorialidades. Es global. Todo queda incluido en él. Pero exige inteligencia y perspectiva. El mundo animal, vive en él, pero no lo comprende porque no tiene una capacidad cerebral que se lo permita. Algunos humanos, o muchos (eso se discute), si tienen capacidad cerebral para entenderlo pero: o no se esfuerzan, o no les interesa, o simplemente no lo hacen. ¿Es racional el ser humano? Tiene capacidad de razonar pero no siempre la usa. Y por eso “la moda” es tan poderosa. 

    Sin razonar nos despersonalizamos. Y “la moda” es indicarle a “Vicente que vaya donde va la gente”. La moda es lo políticamente correcto. La moda es el discurso único. La moda no es siquiera pensamiento débil, porque los que la siguen simplemente denotan debilidad. Empolvarse la cara, pintarse un lunar y ponerse pelucas canosas y grotescas, puede ser una moda, pero no deja de uniformar a los que somos diversos, ocultando todo un mar de belleza inmenso como es que cada uno tiene un color de piel, un pelo diferente, o una calva brillante, y …. 

    La moda en política además se vuelve peligrosa para la democracia. Hitler fue moda en Alemania en los años 30 del siglo XX. Mussolini en Italia. Stalin en Rusia. Y todos sabemos lo que aquello supuso para el mundo. Hoy ¿Putin o Trump son una moda?¿los gobiernos pueden hacerse por mero postureo? Dependerá del clan en la sombra que decida que es lo que debe ser moda para todos. Al final son entornos de poder los que condicionan todo. El mundo ha cambiado poco y son senados de corte patricio, los que modelan el perfil de los tribunos y su respectiva plebe. Los “mass" media y ahora las redes sociales juegan en esto un papel fundamental. En democracia los partidos son entornos que tratan de crear una moda. Ellos lo llaman corrientes de pensamiento. Pero extremadamente dogmáticas o incoherentes porque el decir de Groucho Marx sigue dirigiendo sus mentes: “estos son mis principios pero sino les gustan tengo otros”. Por eso viven sujetos a los índices de las encuestas. ¿Como de seguida es la moda que represento?¿estoy a tiempo de cambiarla para que no se imponga la de mi opositor?. Al menos estimo no debería tolerarse nunca el discurso de quien de manera clara y deshonesta quiere atentar contra el sistema democrático valiéndose de sus estructuras. Esa licencia nunca debería concederse a la moda. Pero como la verdad, la bondad y la belleza no existen más allá de la pura convención. Si los que se sientan a la mesa que lo decide, acuerdan que sí, se hará y si no se decide, no será. Que más da que sea mentira, malo o feo. “Estamos por encima del bien y del mal”, y después de todo, nada más allá que a “nadear” podemos aspirar. 

    Me quedo con el misterio. Aunque sea a solas. Y espero desde mi más profundo centro que desde su consideración renazca una nueva metafísica, una nueva ética y una nueva estética, tras el colapso nihilista en que vivimos. De modo que lo verdadero, lo bueno y lo bello, vuelvan a mostrarnos su rostro. Aunque eso suponga tener que quedarnos sin gente como el Señor Donald, que siempre según Wolff es lo peor que ha podido pasarnos en mucho tiempo. Ya veremos. Yo no puedo decir lo mismo que Wolff, porque tampoco conozco tanto al Sr. Trump.  

    Lo cierto y verdad es que si el mundo religioso al que pertenezco se empeña en ser portavoz de una metafísica extinta, su futuro no está garantizado. Los cultos egipcios se creían eternos y desaparecieron. Si nosotros no lo hemos hecho es porque hemos cambiado, pasando de antiguas alianzas a nuevas alianzas. Cambiar forma parte de nuestra vida religiosa. O caminamos hacia el misterio o hacia la nada. En nuestras manos está también que no muera la religión en nuestro entorno, aunque para que eso pase, si tenga que morir una forma de vivirla. Kierkegaard fue crítico y quiso cambiar muchas formas religiosas de su tiempo, ahora quizás nosotros debamos coger su testigo y el de otros muchos, y seguir alzando nuestra voz en medio del mundo. Sal de la tierra. Luz del mundo. Eso debe ser. “El que tenga oídos para oír que oiga”. 

 

Andros 

    

 

POR LA COMUNION HISPANICA

    Absurdistan sigue su curso. Desde hace montones de años juntos y sin embargo, siempre sujetos al juicio de un romano: “Los hispanos son temibles, cuando  tienen un enemigo externo se unen como una piña y le muerden como perros rabiosos. Si bien cuando no tiene enemigo externo, entonces se devoran ferozmente entre ellos”.

    Ayer eran los vascos. Ahora son los catalanes. No todos ciertamente, pero si una gran mayoría social  que los apoya. Dicen que existe un problema catalán, incluso especialistas en derecho constitucional esta semana, están haciendo verdaderas tesis doctorales. 

    Yo también quiero aportar mi humilde visión sobre el asunto. Pues no hay ensayista español que alguna vez no escriba sobre la perpetua “problematicidad” de España. No hace mucho Carrascal, achacaba dicha “problematicidad” de esta nación a su configuración topográfica. Si bien la geografía física en otras realidades políticas no siempre ha condicionado tanto su convivencia en paz. Así que  no desterrando la influencia del suelo, disiento en que esa sea la razón primero o última de lo que nos pasa.

    Tras este lío , se esconde un problema tribal de “godos”. Pues por mucho que se ofendan los nacionalistas catalanes, “Cataluña”, es un realidad nacida en la alta edad media. En Roma no existía tal realidad cultural, nacional, política o regional, como quien llamarlo. ¿De donde surge? De una guerra civil. Guerra que dio lugar a la conquista musulmana de una tierra hasta entonces romana y cristiana. Los “godos” conquistadores de esa realidad histórica previa, siempre vivieron su realidad política de un modo un tanto convulso por distintos motivos. De modo que sin entrar a valorar, el por qué de la convulsión de dicho reino, solamente constataré que hacia el final de la andadura de su Reino, Rodrigo y el hijo de Witiza, estaban en guerra civil. 

    Nunca he creído en los que afirman que los godos nos unieron políticamente porque bajo el imperio romano ya éramos una realidad política unida bajo un nombre romano: “Hispania”. De hecho lo que estos hicieron fue segregarlo de una unidad política mayor que se encontraba en flagrante declive en su vertiente occidental el imperio romano. Aunque aún viva, y durante mucho tiempo, en su flanco oriental. De hecho el Reino godo hubo de padecer invasiones por parte de ese imperio que trató de reconstruirse sin éxito. Así mi querida Cartagena, por ese motivo, dejó de ser la sede primada de España en favor de Toledo. Por ser desgajada del resto del Reino godo. Como hijo de la diócesis de Cartagena sólo puedo manifestar desde aquí mi enorme pena por la caída de Roma, pero siendo consciente de que tal juicio histórico no deja de ser un mero brindis al sol. 

    Así que Rodrigo y el hijo de Witiza estaban en guerra. Los primeros atacados por los segundos, éstos aliados con los musulmanes de manera irresponsable. El poder ascendente del Islam venció. Los motivos son de diversa especie, y tampoco viene al caso ahora analizarlo. Lo cierto y verdad es que la consecuencia del alzamiento de ese nuevo poder político supuso la derrota goda. Y la huída de los bandos rivales. Los partidarios de Rodrigo hacia Asturias. Y los partidarios del vástago de Witiza hacia Narbona. De Asturias con el tiempo nació León y luego Castilla. Y de Narbona, por influencia carolingia, los condados que dieron lugar a otras realidades políticas tras la descomposición de dicho imperio franco. Aragón y Cataluña. Realidades feudales que rápidamente se unificaron frente al poderío musulman. Hubo periodos de independencia en términos feudales. Si bien también los hubo en la zona que nacía al amparo de Asturias. Pero tanto Asturias y sus hijos, como la “marca hispánica” y los suyos, tienen como cimiento el exilio godo subsiguiente a la guerra civil previa que supuso la conquista musulmana de Hispania. Los godos del Oeste y los godos del Este. El hecho diferencial simplemente era el haber vivido separados durante años por el acoso de la gran potencia musulmana que campaba a sus anchas asentada en la parte más rica de la antigua Hispania “godo-romana”. Y el modo de hablar el latín que con el tiempo dio lugar a sus respectivas lenguas romances, hijas de una misma madre.

    Tal diferencia es tan ridícula que hasta en ambos espacios godos en recomposición surgieron dos realidades políticas con un nombre común expresado por vocablos diferentes pero sinónimos. En Asturias nació una tierra de castillos llamada “Castilla” y en la Marca Hispánica otra tierra de castillos llamada “Cataluña”. Pues eso significa esta palabra. Su etimología no es otra que “Tierra de Castillos”. De modo que puede decirse que “castellanos” y “catalanes” son términos lingüísticos distintos, pero sinónimos conceptualmente hablando. Y tan sinónimos son que ambas realidades políticas se movilizaron del mismo modo: recuperar la tierra perdida a manos musulmanas, unos por el oeste y otros por el este. Pues hasta un Rey aragonés llamado Jaime, o Santiago que es lo mismo, anhelaba la reconquista de Hispania y no se ocultaba de decirlo. Al igual que los reyes godos del oeste.

    Mi tierra murciana, musulmana, fue de hecho reconquistada por los dos. Tanto Alfonso X, como uno de los Jaimes, nos conquistaron. Y lo hicieron en nombre del matrimonio. Pues emparentados estaban por alianzas matrimoniales. Tanto esfuerzo de conquistarnos para ahora querer separarse de nosotros. Unos por supuestos hechos diferenciales. Otros porque darnos agua no les termina de cuadrar mucho. En Absurdistan pasan estas cosas.

    Al final un matrimonio entre godos del oeste y del este volvió a reconstituir la unidad perdida a manos musulmanas porque divididos en guerra civil nos hicimos vulnerables. Los reyes católicos, Fernando e Isabel, Isabel y Fernando, que tanto monta, monta tanto, expresaron las alegrías de ese matrimonio, fundamento de la actual Hispania, en monumentos como el monasterio de San Juan de los Reyes de Toledo. Basta pasearse por su claustro para entender que pensaban aquellos godos de lo que pretendieron hacer e hicieron. Como era posible hacer compatibles sus respectivos dominios acostumbrados a vivir fragmentados por el impacto de la guerra civil goda y de la potencia militar del imperio musulman ahora en declive, fue la tesitura histórica de los siguientes siglos, en los que dos dinastías extranjeras: Austrias y Borbones, unas veces lo lograron mejor, y otras, con escaso acierto. Hubo de todo. Hasta guerras de sucesión, independencia, carlistas, cantonales y otras. Después el marxismo contra el fascismo. Y los nacionalistas entre ambas tendencias. En la cataluña republicana y postrepublicana, no faltaron luchas entre anarquistas, comunistas de una y otra tendencia, padres de las nuevas ultraizquierdas catalanas. La cuestión morderse sin cesar como apuntaba el romano citado.

    Y ya en la restauración monárquica de corte británico que ahora vivimos desde la muerte de Franco, y que Churchill, auguró como única salida posible para esta realidad nacional y política en términos democráticos, como lo único que nos bastaba por experimentar era una guerra de Secesión a la americana, en esas nos encontramos. Cierto que de momento, y esperemos a que así siga, es una guerra fría. Pero en estas estamos. Aquí no es el norte contra el sur. Aquí es el Este contra el Oeste y todo el norte y sur, centro y levante, que de momento permanece fiel al pacto constitucional alcanzado hace un tiempo. Aunque nacionalismos no faltan en otros lugares de esas comarcas. 

    No es extraño que a veces el sonrojo acompañe el rostro de muchos que vivimos aquí. Pues este tribalismo sin llegar a la locura UTU y TUTTSI, no deja de ser una expresión burda y necia de que nos peleamos por detalles nimios, pues si esas etnias descubriesen que son africanos, quizás podrían orientar sus esfuerzos a resolver los problemas verdaderos de sus respectivas poblaciones, en vez de derrochar sus energías en discusiones bizantinas. La unión hace la fuerza. Parece mentira que en los tiempos de la globalización haya que andar razonando esto. Pero no somos seres racionales. España es la prueba. Tenemos capacidad de razonar pero no siempre lo hacemos. Y en este caso aún menos. En nuestro suelo patrio a veces parece que el sentido común es el menos común de los sentidos. Cuando parece que Europa, con permiso de los británicos, quiere recuperar la senda de la unidad perdida tras la caída de Roma y del subsiguiente tribalismo barbaro, nosotros en los tiempos de internet, pretendemos alzar nuevas fronteras. Para caminar por la funesta senda de las taifas feudales de la Edad media. Por esta razón, no me sonrojo de llamar Absurdistan a la tierra hispana. Porque caminar por la senda del tribalismo nacionalista en los tiempos de la globalización no deja de ser un alarde de locura de quien se empeña en caminar contra la historia que hoy nos demanda unirnos más que dividirnos. 

    La crisis ecológica, económica y social, reclama unidad política. Para poder afrontar problemas globales con acierto. Los flujos migratorios, la pobreza mundial, el terrorismo internacional, la crisis medioambiental, y la economía globalizada sin dirección sensata y otros muchos problemas, como por ejemplo el ébola, reclaman la desaparición de entes nacionales en aras de una autoridad global  política capacitada para reaccionar ante tales retos. Pero cuando las neuronas están fritas, se torna difícil entenderlo. Aquí parece que queremos de nuevo crear banderas con dedos manchados de sangre mientras cantamos himnos que ensalzan cortar los pescuezos de los otros “castellanos”, es decir, los godos del oeste.  Porque los catalanes, los godos del este, los hijos de esa tierra de castillos del otro margen peninsular, parece que quieren resucitar al hijo de Witiza para volver a enfrentarlo con Rodrigo. Salvo que aquellos, luchaban por la única corona de Hispania. Esperemos que en esta hora amarga, y ante el nuevo divorcio de los godos, que se empeñan hoy en romper el matrimonio de Isabel y Fernando, el nuevo califa emergente en oriente medio, no aproveche el momento y vuelva a la carga para asolar Hispania y volvernos a todos otra vez hijos de un Al Andalus integrista y regido por la Sharía. 

    Exagero ciertamente, y de manera consciente, pero si disloco el contexto es para poner de manifiesto que por esta senda no vamos a ninguna parte. Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa y nos hemos empeñado durante años, en marcar las diferencias, más que en incentivar lo que nos une. En Hispania tanto tiempo después parece que seguimos sin entender que entre la unión y la división existe la comunión esto es la unión en la diversidad. Las autonomías es lo que pretendieron hacer. Conseguir volvernos a los clanes polemístas en una realidad trinitaria, donde personas distintas pueden vivir unidas siendo así capaces de alcanzar la plenitud. De momento no es así aunque algo si hemos conseguido.

    Sólo espero que esta hora amarga sea el preludio de una nueva época en la que consigamos desterrar de una vez los fantasmas del pasado. Ojalá y que seamos capaces de acabar con esta vieja guerra goda y que en el algún momento podamos enterrarla. Decía alguien sabio que para que las cosas se pongan bien a veces tienen antes que ponerse mal, incluso muy mal. ¿Será así aquí? No lo se. La teoría del Caos no me permite ofrecer visiones de futuro. La historia tampoco, pues no es la primera vez que un pueblo no acierta. Así que lo que tengo es fe en lo que es mejor para todos: la comunión. Y poseo esperanza de que comprendamos que sin fraternidad no es posible construir la libertad y la igualdad. Pero también es cierto que no tengo certidumbres absolutas sobre este particular. Y menos si los “nazis o soviéticos” de turno se hacen con el poder aprovechando la crisis como hicieron en la historia reciente gracias a la crisis del 29.

    Así que miro hacia el finisterre y elevo mi plegaría ante Santiago y le pido de corazón que ruegue por esta España que ayer lo invocaba y hoy se ha olvidado de él. Y le solicito con devoción: “Santiago, cierra España, cierra de una vez las heridas de la vieja España”.

 

ANDROS PRESBITERO

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