Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

Por la Comunión Hispánica

PENSAR ANTES QUE ACTUAR Y USAR EL SENTIDO COMÚN

POR LA COMUNION HISPANICA

    Absurdistan sigue su curso. Desde hace montones de años juntos y sin embargo, siempre sujetos al juicio de un romano: “Los hispanos son temibles, cuando  tienen un enemigo externo se unen como una piña y le muerden como perros rabiosos. Si bien cuando no tiene enemigo externo, entonces se devoran ferozmente entre ellos”.

    Ayer eran los vascos. Ahora son los catalanes. No todos ciertamente, pero si una gran mayoría social  que los apoya. Dicen que existe un problema catalán, incluso especialistas en derecho constitucional esta semana, están haciendo verdaderas tesis doctorales. 

    Yo también quiero aportar mi humilde visión sobre el asunto. Pues no hay ensayista español que alguna vez no escriba sobre la perpetua “problematicidad” de España. No hace mucho Carrascal, achacaba dicha “problematicidad” de esta nación a su configuración topográfica. Si bien la geografía física en otras realidades políticas no siempre ha condicionado tanto su convivencia en paz. Así que  no desterrando la influencia del suelo, disiento en que esa sea la razón primero o última de lo que nos pasa.

    Tras este lío , se esconde un problema tribal de “godos”. Pues por mucho que se ofendan los nacionalistas catalanes, “Cataluña”, es un realidad nacida en la alta edad media. En Roma no existía tal realidad cultural, nacional, política o regional, como quien llamarlo. ¿De donde surge? De una guerra civil. Guerra que dio lugar a la conquista musulmana de una tierra hasta entonces romana y cristiana. Los “godos” conquistadores de esa realidad histórica previa, siempre vivieron su realidad política de un modo un tanto convulso por distintos motivos. De modo que sin entrar a valorar, el por qué de la convulsión de dicho reino, solamente constataré que hacia el final de la andadura de su Reino, Rodrigo y el hijo de Witiza, estaban en guerra civil. 

    Nunca he creído en los que afirman que los godos nos unieron políticamente porque bajo el imperio romano ya éramos una realidad política unida bajo un nombre romano: “Hispania”. De hecho lo que estos hicieron fue segregarlo de una unidad política mayor que se encontraba en flagrante declive en su vertiente occidental el imperio romano. Aunque aún viva, y durante mucho tiempo, en su flanco oriental. De hecho el Reino godo hubo de padecer invasiones por parte de ese imperio que trató de reconstruirse sin éxito. Así mi querida Cartagena, por ese motivo, dejó de ser la sede primada de España en favor de Toledo. Por ser desgajada del resto del Reino godo. Como hijo de la diócesis de Cartagena sólo puedo manifestar desde aquí mi enorme pena por la caída de Roma, pero siendo consciente de que tal juicio histórico no deja de ser un mero brindis al sol. 

    Así que Rodrigo y el hijo de Witiza estaban en guerra. Los primeros atacados por los segundos, éstos aliados con los musulmanes de manera irresponsable. El poder ascendente del Islam venció. Los motivos son de diversa especie, y tampoco viene al caso ahora analizarlo. Lo cierto y verdad es que la consecuencia del alzamiento de ese nuevo poder político supuso la derrota goda. Y la huída de los bandos rivales. Los partidarios de Rodrigo hacia Asturias. Y los partidarios del vástago de Witiza hacia Narbona. De Asturias con el tiempo nació León y luego Castilla. Y de Narbona, por influencia carolingia, los condados que dieron lugar a otras realidades políticas tras la descomposición de dicho imperio franco. Aragón y Cataluña. Realidades feudales que rápidamente se unificaron frente al poderío musulman. Hubo periodos de independencia en términos feudales. Si bien también los hubo en la zona que nacía al amparo de Asturias. Pero tanto Asturias y sus hijos, como la “marca hispánica” y los suyos, tienen como cimiento el exilio godo subsiguiente a la guerra civil previa que supuso la conquista musulmana de Hispania. Los godos del Oeste y los godos del Este. El hecho diferencial simplemente era el haber vivido separados durante años por el acoso de la gran potencia musulmana que campaba a sus anchas asentada en la parte más rica de la antigua Hispania “godo-romana”. Y el modo de hablar el latín que con el tiempo dio lugar a sus respectivas lenguas romances, hijas de una misma madre.

    Tal diferencia es tan ridícula que hasta en ambos espacios godos en recomposición surgieron dos realidades políticas con un nombre común expresado por vocablos diferentes pero sinónimos. En Asturias nació una tierra de castillos llamada “Castilla” y en la Marca Hispánica otra tierra de castillos llamada “Cataluña”. Pues eso significa esta palabra. Su etimología no es otra que “Tierra de Castillos”. De modo que puede decirse que “castellanos” y “catalanes” son términos lingüísticos distintos, pero sinónimos conceptualmente hablando. Y tan sinónimos son que ambas realidades políticas se movilizaron del mismo modo: recuperar la tierra perdida a manos musulmanas, unos por el oeste y otros por el este. Pues hasta un Rey aragonés llamado Jaime, o Santiago que es lo mismo, anhelaba la reconquista de Hispania y no se ocultaba de decirlo. Al igual que los reyes godos del oeste.

    Mi tierra murciana, musulmana, fue de hecho reconquistada por los dos. Tanto Alfonso X, como uno de los Jaimes, nos conquistaron. Y lo hicieron en nombre del matrimonio. Pues emparentados estaban por alianzas matrimoniales. Tanto esfuerzo de conquistarnos para ahora querer separarse de nosotros. Unos por supuestos hechos diferenciales. Otros porque darnos agua no les termina de cuadrar mucho. En Absurdistan pasan estas cosas.

    Al final un matrimonio entre godos del oeste y del este volvió a reconstituir la unidad perdida a manos musulmanas porque divididos en guerra civil nos hicimos vulnerables. Los reyes católicos, Fernando e Isabel, Isabel y Fernando, que tanto monta, monta tanto, expresaron las alegrías de ese matrimonio, fundamento de la actual Hispania, en monumentos como el monasterio de San Juan de los Reyes de Toledo. Basta pasearse por su claustro para entender que pensaban aquellos godos de lo que pretendieron hacer e hicieron. Como era posible hacer compatibles sus respectivos dominios acostumbrados a vivir fragmentados por el impacto de la guerra civil goda y de la potencia militar del imperio musulman ahora en declive, fue la tesitura histórica de los siguientes siglos, en los que dos dinastías extranjeras: Austrias y Borbones, unas veces lo lograron mejor, y otras, con escaso acierto. Hubo de todo. Hasta guerras de sucesión, independencia, carlistas, cantonales y otras. Después el marxismo contra el fascismo. Y los nacionalistas entre ambas tendencias. En la cataluña republicana y postrepublicana, no faltaron luchas entre anarquistas, comunistas de una y otra tendencia, padres de las nuevas ultraizquierdas catalanas. La cuestión morderse sin cesar como apuntaba el romano citado.

    Y ya en la restauración monárquica de corte británico que ahora vivimos desde la muerte de Franco, y que Churchill, auguró como única salida posible para esta realidad nacional y política en términos democráticos, como lo único que nos bastaba por experimentar era una guerra de Secesión a la americana, en esas nos encontramos. Cierto que de momento, y esperemos a que así siga, es una guerra fría. Pero en estas estamos. Aquí no es el norte contra el sur. Aquí es el Este contra el Oeste y todo el norte y sur, centro y levante, que de momento permanece fiel al pacto constitucional alcanzado hace un tiempo. Aunque nacionalismos no faltan en otros lugares de esas comarcas. 

    No es extraño que a veces el sonrojo acompañe el rostro de muchos que vivimos aquí. Pues este tribalismo sin llegar a la locura UTU y TUTTSI, no deja de ser una expresión burda y necia de que nos peleamos por detalles nimios, pues si esas etnias descubriesen que son africanos, quizás podrían orientar sus esfuerzos a resolver los problemas verdaderos de sus respectivas poblaciones, en vez de derrochar sus energías en discusiones bizantinas. La unión hace la fuerza. Parece mentira que en los tiempos de la globalización haya que andar razonando esto. Pero no somos seres racionales. España es la prueba. Tenemos capacidad de razonar pero no siempre lo hacemos. Y en este caso aún menos. En nuestro suelo patrio a veces parece que el sentido común es el menos común de los sentidos. Cuando parece que Europa, con permiso de los británicos, quiere recuperar la senda de la unidad perdida tras la caída de Roma y del subsiguiente tribalismo barbaro, nosotros en los tiempos de internet, pretendemos alzar nuevas fronteras. Para caminar por la funesta senda de las taifas feudales de la Edad media. Por esta razón, no me sonrojo de llamar Absurdistan a la tierra hispana. Porque caminar por la senda del tribalismo nacionalista en los tiempos de la globalización no deja de ser un alarde de locura de quien se empeña en caminar contra la historia que hoy nos demanda unirnos más que dividirnos. 

    La crisis ecológica, económica y social, reclama unidad política. Para poder afrontar problemas globales con acierto. Los flujos migratorios, la pobreza mundial, el terrorismo internacional, la crisis medioambiental, y la economía globalizada sin dirección sensata y otros muchos problemas, como por ejemplo el ébola, reclaman la desaparición de entes nacionales en aras de una autoridad global  política capacitada para reaccionar ante tales retos. Pero cuando las neuronas están fritas, se torna difícil entenderlo. Aquí parece que queremos de nuevo crear banderas con dedos manchados de sangre mientras cantamos himnos que ensalzan cortar los pescuezos de los otros “castellanos”, es decir, los godos del oeste.  Porque los catalanes, los godos del este, los hijos de esa tierra de castillos del otro margen peninsular, parece que quieren resucitar al hijo de Witiza para volver a enfrentarlo con Rodrigo. Salvo que aquellos, luchaban por la única corona de Hispania. Esperemos que en esta hora amarga, y ante el nuevo divorcio de los godos, que se empeñan hoy en romper el matrimonio de Isabel y Fernando, el nuevo califa emergente en oriente medio, no aproveche el momento y vuelva a la carga para asolar Hispania y volvernos a todos otra vez hijos de un Al Andalus integrista y regido por la Sharía. 

    Exagero ciertamente, y de manera consciente, pero si disloco el contexto es para poner de manifiesto que por esta senda no vamos a ninguna parte. Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa y nos hemos empeñado durante años, en marcar las diferencias, más que en incentivar lo que nos une. En Hispania tanto tiempo después parece que seguimos sin entender que entre la unión y la división existe la comunión esto es la unión en la diversidad. Las autonomías es lo que pretendieron hacer. Conseguir volvernos a los clanes polemístas en una realidad trinitaria, donde personas distintas pueden vivir unidas siendo así capaces de alcanzar la plenitud. De momento no es así aunque algo si hemos conseguido.

    Sólo espero que esta hora amarga sea el preludio de una nueva época en la que consigamos desterrar de una vez los fantasmas del pasado. Ojalá y que seamos capaces de acabar con esta vieja guerra goda y que en el algún momento podamos enterrarla. Decía alguien sabio que para que las cosas se pongan bien a veces tienen antes que ponerse mal, incluso muy mal. ¿Será así aquí? No lo se. La teoría del Caos no me permite ofrecer visiones de futuro. La historia tampoco, pues no es la primera vez que un pueblo no acierta. Así que lo que tengo es fe en lo que es mejor para todos: la comunión. Y poseo esperanza de que comprendamos que sin fraternidad no es posible construir la libertad y la igualdad. Pero también es cierto que no tengo certidumbres absolutas sobre este particular. Y menos si los “nazis o soviéticos” de turno se hacen con el poder aprovechando la crisis como hicieron en la historia reciente gracias a la crisis del 29.

    Así que miro hacia el finisterre y elevo mi plegaría ante Santiago y le pido de corazón que ruegue por esta España que ayer lo invocaba y hoy se ha olvidado de él. Y le solicito con devoción: “Santiago, cierra España, cierra de una vez las heridas de la vieja España”.

 

ANDROS PRESBITERO

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