Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

OCTAVARIO "ESPIRITU DE JESUCRISTO"

IGLESIA Y ESPIRITU

 

 

 

OCTAVARIO "SPIRITUS IESU CHRISTI"

 

Reposará sobre él el espíritu de YHWH: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de YHWH” (Is 11,2).


    La “Ruah”. El Espíritu de Dios en hebreo se dice en femenino. Lo que resulta muy sugerente ya que estamos acostumbrados a hablar de Dios en términos masculinos. En la película “el príncipe de Egipto” resulta sugestivo escuchar la voz de Dios en la zarza ardiente, con tono masculino y femenino a la vez. Lo femenino no es de segunda división. Sin lo femenino, lo masculino de ninguna manera es imagen y semejanza de Dios. Hombre y mujer los creo, y solo entonces vio que todo era muy bueno.  Por ello no creo descabellado considerar la hipótesis teológica de la corredención de María. Pues sin ella Cristo no hubiese sido posible. Si es Purísima es como parte anticipada del misterio de Cristo. Me atrevo a pensar que María es el rostro femenino de Cristo. De este modo no solo tiene parte lo femenino en la historia del pecado original, sino también en la Obra de Salvación. No quedando de este modo marginado el sexo femenino en el momento culminante de la historia de la Salvación. El centro de la historia no es posible sin el hombre pero tampoco sin la mujer. El Espíritu de Dios tiene un papel central en María. Él la convierte en la llena de Gracia que con su sí hace posible que todo el mundo por su Hijo, se llene de Gracia. ¿Debe tener esta reflexión consecuencias para la Iglesia de Dios? No me toca a mi decidirlo, pero ya hemos oído a un Papa decir que aquí hay una mujer que es más importante que todos los obispos: María. ¿Será la voz del Espíritu santo, de la “Ruaj”, la que habla por la boca de Pedro?.

 

    Los 7 dones del Espíritu Santo son prometidos en varios lugares de la Sagrada Escritura.  Y nos han llegado como: Sabiduría, Inteligencia (entendimiento), Consejo, fortaleza (poder), ciencia (creativa), piedad y temor de Yhwh. Un hombre sabio es alguien que sabe vivir en plenitud. Un hombre inteligente y que entiende la realidad es pura creatividad para responder a los retos que se le presentan, resolviendo las variables que el caos nos plantea. Un hombre que aconseja bien es una bendición para quien lo tiene a su lado porque ofrece luz en medio de las tinieblas a los que tienen que caminar, muchas veces, a oscuras. Un hombre fuerte es alguien que puede con todo, capaz de afrontar y vencer en cualquier lucha que tenga, sin dejarse atrapar ni vencer por el miedo o la depresión. Un hombre de ciencia es una persona que investiga, que cambia de paradigma porque está en constante búsqueda de la verdad, y que llega a conclusiones que cambian por completo la vida. Un hombre piadoso es alguien que se apiada de los que sufren, la compasión es sinónimo de la piedad, una escultura renacentista lo consagra, si bien también evidencia que ese amor se dirige a la divino, por amar al que sufre.. El espiritualismo ha desdibujado el significado verdadero de piedad reduciéndolo a beatería. El hombre que teme es el hombre que reacciona. Hemos sido presas, y las decisiones equivocadas podían conducirnos a la muerte fácilmente. El temor de Dios supone no decidir contra Dios pues ello puede granjearnos apartarnos de la senda que conduce a la vida eterna. Nuestra libertad mal usada puede acabar rechazando el regalo que Dios nos hace de vivir en plenitud. ¿Este es el perfil de hombre de Dios que tiene nuestra comunidad cristiana hoy? Porque como veréis el sujeto que dibujan estos dones no es una sombra del que manda sin más. No es la voz de su amo. Un hombre del Espíritu no es compatible con una secta donde la inteligencia y la libertad son conculcadas por el gurú de turno. Será por eso que Pablo enseña que donde el está el Espíritu de Dios hay libertad.

 

    Los frutos del Espíritu Santo son: Amor (no egoísmo y odio), Alegría (no tristeza), Paz (no guerras), Paciencia (no incapacidad para esperar), Amabilidad (no desagradable), Bondad (no maldad), Fidelidad (no traición), Humildad (no soberbia prepotente), Dominio propio (no irresponsabilidad). Esos frutos se hacen presentes y patentes en nuestra conciencia. Conciencia significa conocimiento con otros. Los partidarios de anular la conciencia entenderían esto como conocimiento de la voluntad del que manda, dejando como única salida a la conciencia, la obediencia ciega, para así poder colapsarla, anulando el polo subjetivo del ámbito moral suplantándolo por el polo objetivo para siempre. Más la conciencia es el lugar donde con el Espíritu de Dios descubro como amar, como ser alegre, como vivir en paz, como aprender a esperar, como ser amable, como ser bueno, como ser fiel, como vivir en humildad, y como hacer un uso responsable de mi libertad, teniendo en cuenta todos los otros dones. Eso no ocurre de hoy para mañana. El alfarero no termina su obra en un santiamén. El mal no pule una piedra en un instante. Una libertad no se educa en un día. Y una enfermedad no se cura en un abrir y cerrar de ojos. La historia de la Salvación es un puro ejercicio de pedagogía, donde Dios ha sabido acompasarse a nuestro paso desde la brutal prehistoria, pasando por el neolítico, a periodos históricos donde un comportamiento más “civilizado” empezaba a florecer. Y en cuanto hemos dado los primeros pasos en la senda que nos permitía adentrarnos por una globalización adecuada, nos ha descubierto el horizonte del amor como único destino. ¿Tenemos en nuestra comunidad eclesial esta pedagogía divina para ir retejiendo nuestra conciencia filamento a filamento eliminando los dañados y reponiéndolos por sanos? No se sustituye un tejido enfermo por uno sano de la noche a la mañana, mirad vuestras heridas físicas y entenderéis muy bien lo que digo.

 

    El Carisma mayor del Espíritu es el que muestra 1Cor13. Pero para entender este texto hay que saber que la comunidad de Corinto estaba dividida hasta el extremo y enfrentada en múltiples cuestiones. Incluso los Carismas eran fuente de problemas. Era un antitestimonio vivo. Por eso Pablo les habla de ser un cuerpo, donde unos miembros se ocupen de otros en aras del Bien Común, hijo del amor. La antiglobalización no tiene sentido, si lo globalización es conducida por el amor. La mayoría de los problemas que nos aquejan hoy reclaman respuestas globales. Y ya no sirven las soluciones locales, por mucho que los extremismos totalitarios de hoy, quieran convencernos con sus soluciones populistas de otras cosas. El Espíritu en Pentecostes llama a la unidad en la diversidad a todos los pueblos, pues la unidad no es la uniformidad como se pretendía en Babel. El Espíritu mueve a la comunión. Por eso cuando el Espíritu del Señor está sobre nosotros cuando oímos su Palabra, como Jesús en Cafarnaún. Pues unge nuestra mente y la enseña a amar, y es la razón iluminada por el amor, la que mueve nuestro corazón más allá del emotivismo imperante, ciego como el azaroso sentimentalismo que es, y así convertir nuestros hechos y palabras en una decisión moral que manifieste que somos ciudadanos del cielo, hijos de la nueva Jerusalén, y miembros de la civilización del amor. Nunca habrán libertad e igualdad globales, si no globalizamos la fraternidad. ¿Esta unida la comunidad cristiana hoy o aún vivimos en Corinto?¿En el mundo somos fuente de comunión o aplaudimos la división? No pienses en los demás, pensemos en nosotros mismos. Pues en nuestro interior habla el Espíritu de Dios.

 

    En los siete sacramentos se nos da el Espíritu Santo. ¿No era en la Confirmación? Por supuesto que sí, pero se nos da en todos. Con efectos distintos según cada sacramento. En el Bautismo para nacer de nuevo y ser hijos de Dios y miembros de la Iglesia, la gran familia de los hijos de Dios. En la Confirmación para ser testigos del Evangelio como Cristo al salir de las aguas bautismales. En la Eucaristía para hacer presente a Cristo de modo que pueda alimentarnos con su amor hasta el extremo que resucitado es más fuerte que la muerte hecho pan y vino. En la Reconciliación para sanarnos del efecto devastador del pecado cuando dejamos de vivir como Hijos de Dios y hermanos de los hombres después de haber sido bautizados. Pues Igual que no tenemos solo una enfermedad sino muchas, los pecados afligen nuestra salud moral. En la Unción socorre nuestro ánimo, con su aliento de vida. En el Orden Sacerdotal pone en pie entre nosotros personas que hagan presente a Cristo maestro, sacerdote y pastor. En el matrimonio une a los esposos en el amor para que el mundo vea su rostro: el amor dando vida, y el amor uniéndose al universo en alianza de Bodas para comunicarle su gloria. El Espíritu de Dios es el que permite que Jesucristo pueda visitar todas nuestras vidas en distintos motivos y de distintas maneras para transfigurarnos con calma. Si el resucitado en la Ascensión se hace cielo es para poder estar con todos a la vez en todo tiempo y en todo momento. Y eso es el Espíritu de Jesús quien lo hace posible. Por eso nos hace clamar “Abba Padre”, por eso nos urge al amor fraterno, porque hace vivir a Jesús en cada uno de nosotros. ¿Son los sacramentos hoy fuente de agua viva?¿en qué medida? ¿Es nuestro modo actual de proceder a nivel  litúrgico y pastoral la mejor manera de hacer las cosas? Algunos piensan que esto se arregla con directorios de pastoral sacramental o revisando las edades de la confirmación, o como ahora, reduciendo la  iniciación a la infancia. ¡Ojalá y que acierten! Porque eso es cuanto estamos haciendo.

 

    El Espíritu de Dios supone la Evolución en la Verdad. Basta leer a San Juan para entenderlo. Escucha la voz de Jesús y sus anuncios del Espíritu. Los retos que vendrán serán muchos y difíciles, y no siempre estaremos preparados para afrontarlos solos. Oyendo a Jesús parece que conoce que las personas que tiene delante aún no saben que la tierra es redonda o que la Evolución es el reverso de la Creación, o que la tecnología nos asombrará a todos, o muchas otras cosas. Y así era. Un dogma no basta. Un dogma indica el camino con certidumbre para llegar a la meta pero no nos detiene en el camino hacia la verdad. Alguno parece que quisiera convertir el mundo y la historia humana en una foto. Incluso alguno no le disgustaría que fuese en blanco y negro. ¿Tendrá eso algo que ver con el vestido? A veces me surgen dudas sobre eso (aunque un tema tan frívolo como este prefiero abordarlo en un anejo a este octavario). Necesitamos escuchar el Espíritu de Dios para no volver a tratar de quemar a Galileo, o para no volver a incluir la declaración universal de los derechos humanos en el indice de los libros prohibidos, y para responder ante retos como la revolución liberal o industrial no siendo un estorbo o una rémora para la misma siendo partidarios de absolutismos u otros errores históricos por el estilo. O bien, que no demonicemos a un papa como Francisco porque ya no repite los mantras de siempre y se abra a nuevos modos de afrontar el futuro, como si el Espíritu Santo estuviese en Roma, sólo cuando nos da la razón.  Pero ¿la comunidad cristiana hoy es estorbo para que determinadas cuestiones historicas o que afecta a la convivencia avancen? No estaría demás preguntárselo por si acaso resulta que no estamos haciéndolo del todo bien. Que será que no claro, pero por si acaso.

 

    El Sensus fidei, es la voz del Espíritu de Dios, en el corazón de los hijos de Dios. Así lo enseña la constitución Lumen Gentium. Ratzinger se atrevió siendo teólogo a proponer la democracia en la jerarquía eclesiástica, y así se llama uno de sus libros del pasado. Yo no soy Ratzinger, si bien, el concilio Vaticano II me da que pensar. Si la infalibilidad es de todo el Pueblo de Dios, y el Papa, no puede proponer nada como infalible que no sea antes creído por todo el Pueblo Santo de Dios, a lo mejor, deberíamos no solo consultar al Pueblo de Dios sino también escucharlo. Porque algunas veces (más bien pocas), se han hecho encuestas al Pueblo, que luego no se han recogido en las conclusiones finales de algún sínodo que otro. Y la razón que me viene a la mente es sencilla: Si en el sentido de la fe del Pueblo habla el Espíritu de Dios, escuchar la voz del Pueblo nos ayuda a escuchar la voz del Espíritu de Dios. Pero creo que aún no está el horno para bollos. Más no por Dios sino por nuestra falta de lucidez… ¿o no? Igual es que yo, me imagino cosas. Quizás muchos temas que en la Iglesia afrontamos como “clericalato”, sonarían de otra forma si nos pusieramos a escuchar la voz del Espíritu de Dios presente en el sentido de la fe del Pueblo. Quizás nos de miedo dejarnos llevar por quien no sabemos de donde viene ni a donde va. Cuantos sufren porque vivir al amparo de Dios dejándonos guiar por Él nos induce a recorrer aventuras que nos hacen sentir inseguros, porque nos cuesta creer que Él nos dará palabras y recursos para hacer frente a los imprevistos. Claro que igual, no llevo razón, y todo esto son simples imaginaciones mías.

 

    Pedir el Espíritu Santo debería ser nuestro cometido diario. “Veni Sancte Spiritus”. Que sabio Benedicto XVI cuando preguntado por un periodista si había sido elegido por el Espíritu Santo respondió al susodicho que no, que había sido elegido por los cardenales, y que ahora el Espíritu Santo y él tendrían que entenderse. No somos una sombra de Dios. Sino su pareja. Su esposa. Y nuestra actitud cuenta. Y Él nos ama, a pesar de nuestras miserias, que suelen ser muchas. Así que orar para que el Espíritu de Dios nos visite nunca está de más. Más bien siempre hace falta. Me atrevería a asegurar que es lo que más se necesita. Porque siempre es demasiado poco. Pasa como con la lluvia en Murcia, nunca cae la suficiente, y la tierra siempre languidece, porque va escasa de agua para la necesidad que hay de ella. De nuestros labios siempre debería brotar con frecuencia esta oración: “Padre, por tu Hijo, danos tu Santo Espíritu”. Juan 17 nos enseña a orar “por ellos”. Nos enseña a interceder, como la plegaria eucarística. No oramos para nosotros. Oramos como Moises con las manos extendidas para beneficiar al Pueblo Santo de Dios. Oramos por ellos. Cuando oramos amamos si pedimos el Santo Espíritu de Dios para todos, y eso nunca se nos niega: Jesús lo enseña. Quizás pedimos otras cosas y por eso nos frustramos. Pide el Espíritu de Dios que el sabe que lo que necesitamos. Y Él intercederá por nosotros, por todos y cada uno de nosotros. Si tenemos al Santo Espíritu de Dios lo tenemos todo, y sin Él, no tenemos nada. Los Hechos de los Apóstoles son vehementes en ese sentido. Cuanto tiempo perdido en programar para nada, cuando es el Señor el que construye la casa. Claro que el Salmo igual anda equivocado. Cuantos papeles llenos de objetivos que son meros brindis al sol.  Nos gusta mucho jugar a ser Dios, desde los tiempos del Génesis. Deberíamos dejar a Dios ser Dios. Y como un niño en brazos de su madre acallar y moderar nuestros deseos con la humildad del que no sabe ni puede más, eso sí, no dejando nunca de estar en vela.  ¿Pero cuando vuelva el Hijo del Hombre encontrará esta fe en la tierra o nuestras comunidades cristianas estarán más bien programando por objetivos el día de la venida del Señor, cual estalinistas católicos que imbuidos de necio Hegelianismo creen que podrán decirle al Señor cuando es el último de los días?. Nos gusta dormir en Getsemaní, orar pidiendo el Espíritu nos cuesta tanto esfuerzo, que preferimos darle ultimatuns al Señor Jesús. Ya lo hicimos antes de la Ascensión y la respuesta fue clara: ¡Volved a Jerusalén y dejad que venga el Espíritu Santo, el os lo enseñará todo!.

 

Andros
Presbítero

 

ANEJO

 

   "En aquel tiempo junto al lago de Galilea dijo a los doce: "Vestíos de manera distinta a los demás. Seguid mi ejemplo. Pues yo nunca he vestido entre los demás como un hombre cualquiera. Y despreciad a aquel de entre vosotros que no lo haga, pues no es verdadero hermano vuestro. Quien no se uniforma cree que su conciencia es sagrada y no una sombra de su superior. Quien no acepta disfrazarse se avergüenza de ser mi apóstol. Su falta de estilo lo demuestra. Y vosotros debéis rechazarlo moral y socialmente en vuestros círculos. Que los discípulos lo desprecien como falso apóstol y lo conminen a vestir como debe sin escuchar lo que dice o hace en nombre mío. Porque solo importa si va bien vestido. Si yo no me hubiera vestido de manera distinta los hombres no me habrían reconocido ni se habrían acercado a mi. Ni habrían experimentado mi amor ni mí salvación. Además gracias a mi traje no hizo falta que Judas me besase para identificarme, porque los guardias del templo podrían conocerme por el uniforme. No sois como los demás hermanos, vuestra dignidad es superior y no debéis vestiros como ellos. Ni en la forma ni en el color, y si algún día se inventa el plástico, usadlo para darle forma a vuestro cuello duro, que es más práctico que el almidón. Además igual que en el Pan me hago realmente presente en la misa, en el plástico del cuello clerical bien vestido, me hago carne, porque gracias al traje talar el plástico se ha convertido en sacramento. Prefiero la falda pero os concedo que elijáis el pantalón, aunque yo nunca me pondría eso. Y no olvidéis que en el traje reside vuestra esencia sacerdotal. Solo es una ofrenda agradable al cielo la vida de aquel hombre que viva su apostolado debidamente uniformado. Pues sois una casta segregada, separada de los demás, y todos deben verlo en vuestros vestidos, así sabrán que sois discípulos míos, lo demás no es tan importante. Por vuestros vestidos os conocerán. Un mandato os doy: vestíos como yo me he vestido. Sino seréis mundo maldito, pero sal de la tierra ni luz del mundo."
    
        ¿Es este Jesús el Cristo sumo y eterno sacerdote? Esta blasfemia grotesca es una dislocación que solo resulta verdadera para el clericalismo pietista imperante bajo la alargada sombra de poderosos eclesiásticos que como una puerta ancha llevan tras de sí a la inmensa muchedumbre de los que quieren poder o al menos salir en la foto. Pero mi Buen Pastor no habla así, y esta no es su voz. El buen pastor paso entre nosotros como un hombre cualquiera en el que habitó la total Plenitud de Dios. Y por su amor lo conocieron. No olvidemos Mateo 23 para no enterrarlo tras la pesada piedra del clericalismo pietista de tanto eclesiástico insigne y sus cipayos y lacayos de distinto grado. Y que desde finales del siglo XX tanto se ha alentado en la Iglesia de Dios.
        
Andros Presbítero

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