Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

EL ERROR Y LA HISTORIA

EL ERROR Y LA HISTORIA

 

    La historia y las matemáticas no coinciden. Los profetas de progresos y calamidades a menudo se suelen equivocar en sus apreciaciones. El siglo XIX es una prueba patente de profecías frustradas. La crítica postmoderna no se cansa de analizarlo. Salvo Kierkegaard, de análisis certeros aunque no exentos de ambigüedad, los demás filósofos decimonónicos travestidos de profetas de diversa especie, no tuvieron presente el influjo del aleteo de una simple mariposa que todo lo cambia.

    Ahora vuelven a la carga los profetas falaces, en la prensa no es raro encontrarse con ellos, también en la radio, en internet, y en las conversaciones coloquiales. Determinar el futuro nos gusta. Nos hace sentirnos seguros. El miedo a la libertad, sigue tan vigente como siempre. La indeterminación nos asusta. El caos tiene pocos partidarios, en cambio el cosmos tiene muchos. 

    Nuestra generación es utilitarista y emotivista, de falsa apariencia relativista, pues idolatra el cuerpo, el sexo, el dinero, el consumo, y …., reclama “seguridad” para disfrutar de sus ídolos sin impedimento. Y por eso reacciona con un llanto infantil cuando la crisis le muerde en lo más hondo, convirtiendo su plana existencia en una situación límite. El emotivismo suele ser débil, y poco contribuye a definir la fortaleza como rasgo fundamental del carácter. De hecho en conversación con varias personas de mi generación, detectamos un gran déficit de fortaleza en el carácter de muchos de nuestros niños, educados en el emotivismo y orientados hacia el utilitarismo como modo de vida habitual en todas las dimensiones de su ser. 

    Sin fortaleza es imposible sobrevivir en medio del caos. De ahí la necesidad de crear la falacia de la seguridad inexistente por medio del oráculo aunque sea pronunciado por falsos profetas. Tal ejercicio nos da una sensación de “control” sobre el futuro, que nos tranquiliza. Así, con tal frivolidad mental, prescindimos de la necesidad de mirar al futuro lleno de incertidumbres. Y de este modo la frivolidad nos intoxica porque nos priva de la fortaleza como rasgo definitorio de nuestro carácter. El miedo a lo incierto nos aliena, y nos equivoca, al hacernos inventar soluciones que excluyen la fortaleza como existencial básico para el hombre.

    Para fomentar aún más está sensación de seguridad y control, nos inducen a creer que en las democracias los pueblos al votar nunca se equivocan. El error está prohibido. Porque el error es la prueba patente de que vivimos en la incertidumbre. Pero yo considero que el error debería ser la clave desde la que se valorará, alguna vez, el entramado íntimo de la historia. 

    He conocido muchas historias. La historia de corte materialista. La de corte idealista. La historia imperialista. La historia estructuralista. La historia evolucionista. La historia positivista. El historicismo orteguiano. La historia agustiniana. La historia cíclica. La historia crítica de corte anglosajón. La historia del sufrimiento de corte germano. La historia deconstruida. Y otras muchas historias. 

    Me gustaría añadir además a todas esas perspectivas: la historia del ERROR. No deseo con ello proponer que las demás interpretaciones históricas sean falsas. Jamás se me ocurriría. Es más pienso que todas ellas nos aportan matices interesantes a la hora de comprender el fenómeno humano en el devenir histórico. Si bien, repasar el ayer detectando sus errores nos ayudaría sin duda a no repetirlos en el futuro. O al menos nos daría recursos para evitarlos de nuevo. 

    Quienes creen que los pueblos no se equivocan cuando eligen deberían repasar la crisis del 2008 provocada por una mentira similar que imperaba en nuestras mentes desde los tiempos de Reagan: El mercado libre se corrige a sí mismo. Este dogma infausto nos ha llevado al colapso financiero que hemos vivido recientemente, y del que tantas víctimas han quedado en el camino. Y todo por dotarnos de una seguridad suficiente para que “la confianza” garantizase “ad infinitum”, que la economía no se resintiese. La avaricia, y la perdida total de vista, del Bien Común, como sustrato básico de la economía, han dado al traste con semejante dogma que garantizaba ganancias sin límite por siempre y para siempre. 

    La seguridad no existe. Y el error no se despeja con un dogma. Estudiar como los errores han creado nuestro presente es definitivo. Rousseau era un equivocado. El hombre no es bueno por naturaleza. Si la sociedad es mala es porque el hombre así la hace, sus errores lo hacen. Y el error se hereda. San Agustin era mucho más lúcido al formular la tesis del pecado original y que después se convirtió en dogma para los que profesamos su mismo credo. No esta de moda, pero eso carece de interés, salvo que seas un frívolo, que cree que el vestido define a la persona. De estos hoy hay muchos incluso en el seno del ámbito religioso, donde la hondura espiritual debería ser lo primero. Aún así el debate religioso no está exento hoy de discusiones por velos, sotanas, clergyman, túnicas, rapados, turbantes, posturas, y más frivolidades, para manifestar hasta que extremo lo sagrado se ha tornado zafia vulgaridad. 

    Ya es hora de despertarnos del sueño: Los pueblos se equivocan, las personas también. La historia humana está entretejida entre muchos errores. Y estos errores son de tres tipos. Errores mentales, aquellos que tienen que ver con ideas equivocadas. Errores sentimentales, aquellos que se gestan por causa de emociones nefastas. Errores prácticos, aquellos que brotan de conductas y expresiones verbales inadecuadas. Lo normal es que los errores históricos aglutinen estos tres tipos de equivocaciones. 

    Los errores históricos ademas pueden catalogarse en función de quienes los realicen. Pueden por tanto ser personales o grupales. Si son grupales pueden subdividirse en muchas categorías: familiares, vecinales, locales, comarcales, regionales, nacionales, internacionales, globales, interplanetarios y universales. 

    Los errores históricos pueden considerarse también desde un punto de vista antropológico. Cuatro son las dimensiones que definen el ser del hombre en este universo: Su relación con Dios, su relación con los demás, su relación con el mundo en general, y su relación consigo mismo. Por ello podríamos decir que hay cuatro tipos de errores desde esta perspectiva: Los errores en mi relación con lo divino. Los errores en mi relación con los otros. Los errores en mi relación con el mundo sin el cual no puedo existir. Y los errores que cometo conmigo mismo. En los errores históricos, a menudo, también está presente este marco de errores que podemos llamar antropológicos. 

    Los errores históricos además pueden catalogarse desde las dimensiones de la vida comunitaria humana. Así tendríamos los errores: económicos, políticos, sociales, culturales, religiosos, científicos, técnicos, etc. Pues cualquier dimensión de la vida comunitaria humana, es susceptible de padecer un error. Ya que sin ellas no se teje la historia.

    El que esté seguro, mire no caiga. Quien no considere esta categoría sustancial en la vida humana, no entenderá de manera certera la historia misma del hombre. Y en su misma comprensión de ella, estará abismándose en el error. Y la comprensión equivocada de la historia nos lleva a repetir de nuevo los errores del ayer, con relativa frecuencia. Así hoy encontramos a grupos de españoles ignorantes de su verdadera historia, que con relativa tranquilidad mental, repiten los pasos que no hace mucho, nos llevaron a todos a una dantesca guerra civil. Esperemos que la mayoría no se vuelva a equivocar como entonces. 

    Hegel ha hecho mucho daño en este sentido. Y muchos religiosos lo han seguido hoy a “pies juntillas”. La historia es la manifestación de una razón transcendente/inmanente. Los errores por tanto según este enfoque, son queridos por el logos o por Dios, o por como quiera llamársele. Incluso algunos hasta afirman que “su historia personal es su fuente de salvación”. Como si los acontecimientos fuesen los que los salvaran y no Alá, Cristo, Buda, o…. Dios. En este foque se dispensa al hombre de cargar con sus errores en las historia. Y se inculpa a Dios que todo lo sabe, y escribe derecho con renglones torcidos, de nuestro   proceder equivocada. Nuestro mal uso de la libertad se lo cargamos a Dios y así quedamos libres de vergüenza y culpa. Es entonces cuando oyes la voz rota de la madre que es capaz de ciscarse en el mismo Dios, porque su hijo se ha matado por llevar una moto a toda pastilla y sin casco, y con algún que otro vapor alcohólico en sangre. La culpa no es de mi nene, la culpa es de Dios que ha querido que el mundo fuese como es. En esta mentalidad, si eres santo, aprietas el culo y aguantas, aunque el destino, la razón, el logos o Dios, te hayan puesto el ojete como la bandera del Japón. Y si eres malo, protestas y reniegas. No falta entonces en el santurrón de turno, que te insta a ser más religioso y no tan pagano. Por cierto, hasta en eso son cafres quienes así razonan, porque los paganos, creían que el destino era entretejido por los dioses desde sus respectivos Olimpos. De modo que no me equivoco si digo que ellos son más paganos que los demás. 

    Quienes no conocen el poder de la inteligencia y de la libertad, y quienes desconocen además su falibilidad, nunca entenderán lo que digo. La inteligencia yerra. La libertad igualmente. Y ambas unidas en santo matrimonio: también. Y por desgracia en la historia no pocas veces han errado. Pensar en hacer una relectura pormenorizada de la historia humana desde esta clave, me cansa. Porque tal esfuerzo sería incólume. Pero el autorretrato de la humanidad sería impresionante y fuente de una profunda sabiduría. Yo confieso que no soy capaz de tal obra, pues me falta mucha ciencia para tal empeño. Pero sueño con que alguien capacitado pudiese empeñarse junto con otros en tal cometido. 

    Por ello solo me atreveré a realizar algunas preguntas para introducir el debate: ¿erramos cuando del paleolético pasamos al neolítico?¿cuando de recolectores nos convertimos en productores?¿erramos al inventar la moneda?¿erramos al creer que la guerra era una salida adecuada a los problemas?¿erramos al encerrarnos en el tribalismo o en el imperialismo? ¿erramos al pensar que los grandes hombres fueron los emperadores de turno?¿erramos al destruir la ecumene romana en aras de la barbarie nacionalista?¿erramos al unir la religión y el estado?¿erramos al inventar el feudalismo?¿erramos al definir el absolutismo como un modo adecuado de vida?¿erramos al ser intolerantes con el distinto embarcándonos en guerras religiosas o ideológicas?¿erramos al masacrar culturas diferentes en nombre de nuestra propia cultura?¿erramos al ser tantas veces egoístas y al odiar tanto, travistiéndolo todo de razones sobradas y hasta sagradas? ¿erramos al dar más importancia al dinero que a la persona?¿erramos al dar más importancia a la avaricia ciega que al bien común? ¿erramos al iniciar la revolución industrial desde parámetros salvajes?¿erramos al no comprender que los sistemas productivos no puede alienar y esclavizar a las personas, pues su único sentido es mejorar la calidad y la cantidad de vida de todos?¿erramos al inventar la lucha de clases como solución a los problemas sociales?¿erramos al sucumbir a la locura totalitarista de corte fascista o de corte comunista? Me atrevo a decir que en España erramos cuando dos Españas: la una franquista y la otra soviética, se enzarzaron en una locura sangrienta conviertiendo en mártir a la tercera España sin duda, la más mayoritaria y débil, víctima de las otras dos. ¿Erramos cuando elegimos a Hittler democráticamente?¿erramos cuando sustituimos los zares y emperadores por Lenin, Stalin, Mao y tantos otros?. ¿Erramos con la primera y la segunda guerra mundial?. ¿Erramos al construir muros en Berlín, Israel, Ceuta, Mexico, etc?. ¿Erramos al pensar que los populismos de extrema derecha y extrema izquierda resolveran los problemas de la crisis del 2008? ¿Erramos en las causas de las crisis del 1929 y 2008, por señalar las más famosas?¿Erramos al confiar en los antisistema? Podría seguir preguntando, pero yo creo que basta.

    Sé que no he hecho las preguntas más importantes. Simplemente algunas. Es un mero botón de muestra. Lo cierto es que considerar estas preguntas al menos, nos hace ver que la historia no se ha acabado. Aunque le pese al oriental citado, aún podemos seguir cometiendo más errores. Si bien también podemos no repetirlos o bien, acertar. Eso sería sin duda lo más conveniente. 

    No creo que nadie piense a estas alturas que considero la historia universal una marioneta en manos de entes trascendentes de diversa especie. Soy religioso pero a sabiendas de que Dios ha puesto en marcha un universo que se autoórganiza. Y que en total libertad ha dado como fruto un ser vivo en el que el mismo universo se ha hecho consciente, personal, inteligente y libre. En esta vertiente del cosmos, lo conocemos como Humano. En los demás confines, aún está por descubrir, pero ciencia ficción y conspiraciones de diversa especie no faltan. Y este universo es un TÚ VERDADERO ante Dios que puede convertir su historia en una ofrenda de amor al Dios que lo ama o puede simplemente no hacerlo. Su historia es una ofrenda amorosa cuando acierta. Su historia no lo es cuando yerra y no rectifica. La redención es reconocer que se yerra, y con la ayuda de Dios, que hace nuevas todas las cosas rectificar. Solo desde ahí soy capaz de decir con Agustín: “Feliz la culpa que mereció tal redención”. Porque si antes sabíamos que Dios nos amaba, ahora, por habernos equivocado y aún así haber sido redimidos, conocemos cuanto nos ama. Y es posible volver a rehacer la historia tras el error, por la petición de perdón y por la conversión. Y es así como la historia sin sentido destruida por el error se torna ofrenda. El pecado es el error consciente y deliberado. La redención logra que de la nada del pecado, brote un nuevo tiempo y un nuevo espacio, una nueva historia, que libre de errores, se torno en una ofrenda preñada de verdad, de bondad y de belleza. Que relación tiene el mal con todo esto lo he explicado varias veces en mis anteriores escritos ya publicados.

    No soy pesimista. No creo que el error sea necesario o no evitable. No mantengo que el error no tenga solución. Los errores históricos pueden subsanarse, sólo el sufrimiento generado por sus efectos, no siempre puede resarcirse en este mundo. Esa historia de dolor en muchos casos sólo puede resolverse en el más allá, en una apertura a la trascendencia. De lo contrario, ese dolor nunca hallaría respuesta. Si algún día lográramos una historia sin errores, eso no subsanaría el dolor de los errores del pasado. Entonces el sinsentido generado por los errores del ayer, mostrarían a las claras que la historia es una mera pasión inútil, dicho de otro modo: un error en sí misma. El colmo del nihilismo. Pero eso solo ocurriría si optamos por la inmanencia sin apertura alguna a la trascendencia de todo cuanto somos. 

    De nuevo la libertad se antepone ante nosotros. Se nos ofrece la posibilidad de subsanar errores. Esa oportunidad no podríamos tenerla por nosotros mismos. Y ahora tenemos la capacidad de decir que no. O de responder de manera afirmativa. Ese es nuestro demérito o nuestro mérito. Mérito después de todo concedido pues nunca podríamos responder que sí, si no se nos diese gratuitamente esa oportunidad. He ahí la relación entre la gracia y la libertad liberada. Pero eso ya es harina de otro costal que también he explicado de manera adecuada en otras publicaciones, siguiendo los pasos del Concilio de Trento, ahí se cimenta el optimismo antropológico católico, frente a los que pensaron que los errores humanos ya no tenían arreglo posible. La historia se sumerge en el imperio del error sólo si el ser humano se cierra sobre sí mismo, viviendo para siempre en la alienación que surge de vivir de espaldas al nuevo ser que Dios en Cristo nos permite alcanzar

    El error histórico afecta a todos por igual. Si bien no todos lo valoramos del mismo modo. No es lo mismo ser un hombre de esperanza que un hombre sin esperanza. El error no resuena de la misma manera. La esperanza todo lo cambia. Y la esperanza es imposible sin la fe. No han faltado ateos renombrados que han enseñado que sin fe en que la vida merece la pena, nadie haría nada. Los textos carecen de sentido sin una fe firme en la razón aunque está, esté sometida a las circunstancias de su tiempo.

    La libertad con su aneja posibilidad del error es lo único que justifica la existencia de un universo como este. Hasta para un evolucionista ateo tiene sentido lo que digo. La Evolución produce seres adaptados a su ambiente hasta extremos inusitados. Un leve cambio en la acidez del agua extingue especies enteras. Luego carece de sentido evolutivo poner sobre la faz de la tierra un ser tan inadaptado como el Hombre. Un ser mortal dotado de capacidad de amar que le conduce a desear irremediablemente la eternidad, puesto que ama y no soporta perder lo que ama. O somos un error evolutivo, o el error es que exista un todo tan absurdo. Aunque también es posible pensar que la evolución nos ha conducido aquí para aspirar a un nuevo eon de existencia. Para eso sería preciso ser un evolucionista no ateo. Para eso además habría que renunciar a intentar entender el mundo a la forma Hegeliana, donde la historia es una marioneta en las manos de lo totalmente otro. En esta perspectiva el error supondría no acertar al elegir el camino hacia la plenitud. Pues la plenitud es una invitación que podemos aceptar o rechazar. En otros ensayos ya he explicado esto, así que simplemente me remito a ellos

    La libertad es la única razón para que el cosmos sea como es y precise del caos, para crear un ámbito indeterminado donde la libertad pueda acontecer aún a riesgo del error. La inteligencia se hace desde la libertad. Lo personal se construye desde la libertad. Lo consciente existe, vive y se mueve en la libertad. Evidentemente todos los polos interactúan. Pero la libertad decide. No pienso que no exista la naturaleza humana. Eso se lo dejo a Sartre. El juega con las palabras: la naturaleza no nace se hace. Y claro, la respuesta es sencilla: la manera de hacerse es lo que denota cual es la naturaleza. La angustia que tanto le gusta a esta forma de pensar, no brota de la libertad, sino de nuestra capacidad de errar en el uso de ella. La libertad con la aneja posibilidad del error, es pues nuestra naturaleza, que desarrolla potencialidades anejas lo personal, lo consciente, la inteligencia. Decir que no existe la naturaleza, de nuevo es errar en la búsqueda de nuestra propia verdad. Admiro a Kierkegaard, pero no sigo a los existencialistas que vinieron después. 

    La libertad contra el determinismo histórico que pretende negar la autenticidad del error. Es la intuición del danés que más respeto. Sobre ese eje se teje la existencia y la historia. 

    Uno los errores históricos recientes fue profetizado por Sören: sin mística no hay ética, y sin mística llamamos estética a cualquier cosa. La convención sin verdad lo es todo. La bondad tampoco configura la convención. Sín mística vivimos más allá del bien y del mal. La mística es la verdad enamorada. El error del siglo presente es que ya no quedan enamorados de la verdad. El error de nuestra época es que hemos perdido la mística y la hemos travestido de estética exotérica de nuevo cuño, llamandola New Age o “neobudismo postmoderno del club de la comedia”. 

    Me hicieron estudiar dos tipos de historia. Los hechos brutos. Y la interpretación de los hechos, desde distintas visiones sesgadas de la realidad. La realidad es inabarcable por compleja. Lo real es el misterio, y por definición, el misterio siempre resulta sorprendente e inaprehensible. De modo que la Valoración de la historia desde el error no la planteo como una visión global. Es simplemente un enfoque parcial más que puede aportar otro acorde a esta armonía sinfónica que es la verdad. La historia de los hechos es una base de datos. Necesaria para lograr una hermenéutica que nos vaya haciendo sabios. De las interpretaciones surge progresivamente nuestro rostro. Llamar “textos” o “fragmentos” a estos hallazgos de esta suerte de “metahistoria” (ir más allá de la historia hasta alcanzar la sabiduría que se encierra en ella), es quedarse corto. Es perder de vista la visión de conjunto, simplemente porque no asumimos la estructura propia de la historia de toda ciencia. Cada valoración de la historia no deja de ser un nuevo paradigma del saber histórico que desoja la margarita del misterio en el que se desenvuelve la historia. Los errores son caminos equivocados en la senda del ser histórico, en el que nos movemos y existimos. Somos historia. Somos un misterio histórico en desarrollo. 

    Otros lo llamaron “proceso”. Ningún enfoque resulta innecesario. Para esta visión hasta los errores son lugares en los que la sabiduría se revela si sabemos descubrirla. De un equivocado surge un maestro

    La Postmodernidad cuando opina que el saber ha muerto explotando en fragmentos inconexos y sin sentido, se muestra como un error más, que dificulta comprender la sabiduria que resulta de estrellarse con un callejón sin salida. Si queremos salir de este opresivo y macabro agujero, deberíamos decidir dejar de cabar haciendo este hoyo más profundo. ¿Lo haremos?. Repetir errores es lo nuestro. Tropezar una y otra vez en la misma piedra, es lo que nos hace receptores de que nos tengan que perdonar hasta setenta veces siete. ¿Es necesario que sea así?. Todo depende de nuestra libertad para pensar, para sentir y para actuar de una u otra manera. La historia no es hija del destino, sino de nuestra libertad. Nada está escrito.

    Si decimos “estaba escrito”, no queremos decir que tuviera que ser así, sino simplemente que Dios en su gran sabiduría conocía que nosotros en nuestra necedad, lo haríamos así. Lo único escrito en medio de nuestros errores es que el Dios de Jesucristo nunca deja de amarnos. Aunque nuestros errores no nos hagan merecedores de ello. Que nada ni nadie, ni todos nuestros errores juntos, nunca podrán separarnos de su amor, eso si está escrito. Por eso pesimismo ninguno Nuestra historia es una Historia de Salvación. Esa es la Revelación que vuelve trascendental la inmanencia de la historia. Sin esa trascendencia la inmanencia histórica se vuelve irrelevante. Y lo que puede ser una historia de Salvación, se torna una historia de frustración. Pero esto es una opción.

    El error nos interpela. ¿Frustración o Glorificación? Esa es la cuestión. Ese el ser o no ser de la historia. Admiro la grandeza mental de Shakespeare, a pesar de la torpeza de los ingleses con su descabellado Brexit sinsentido. Otro error más que retrasa nuestro camino hacia la meta de la civilización del Amor, como los muros Trump made in USA. Que me recuerdan los que Jaime I construyó partiendo mi querdia Murcia en dos, precisamente por la calle que hoy es una arteria ciudadana donde todos los murcianos nos comunicamos: La hermosa Trapería camino de la Catedral y Santo Domingo. La calle que hizo una ciudad de la que él quiso hacer dos. Esta calle es la exclusión del guetto en la urbe que lleva por nombre el de la diosa pagana del amor: Venus Murcia. El valle romano del circo máximo así se llama “Vallis Murcia”. En honor de una diosa cuyo templo estaba allí presente. Ciudad de puentes consagrado a una mujer que ama a su Hijo, y nos ama a todos, aunque hayamos asesinado a su niño. Los peligros son los errores, construyamos con sabiduría, “malecones” contra ellos. 

    Así que si por hablar de errores creías que sería pesimista andabas muy equivocado. Mi realismo no mata mi pasión por la vida en la historia. El error no excluye la glorificación ni hace necesaria la frustración. Ahí radica mi optimismo. La libertad liberada por gracia es capaz de todo. 

    Por ello concluyo este ensayo con una plegaria: “Jesús, mi Señor y mi Dios, te pido por ellos, guárdalos a todos en tu Amor”. Y así escucho tu voz Teresa y digo contigo: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, sólo Dios basta”. 

 

Andros Presbítero 

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