Andros presbítero Mysterium vitae
Andros presbítero Mysterium vitae

DESPIERTOS EN LA PANDEMIA

El confinamiento permite, pensar, leer y escribir.

 

 

PENSAMIENTO UN CREYENTE DESPIERTO 

EN MEDIO DE UN INFIERNO LLAMADO 

PANDEMIA GLOBAL

 

    Asisto con un estado emocional mixto a este dantesco espectáculo mundial. A esta pandemia que por las mentiras y la inactividad de tantos ha adquirido un carácter de verdadero  genocidio en varios países.

    ¿Alguien cree que un sistema totalitario que prácticamente condenó a morir al doctor que dio la voz de alarma sobre el inicio de esta macabra plaga nos va a decir la verdad de lo que ha ocurrido y está ocurriendo dentro de sus fronteras? ¿desde cuando se estila la transparencia en sistemas totalitarios? ¡Es en las democracias y cuesta conseguirla! imagínense en una dictadura de partido único de corte comunista. Es como esperar que Pinochet nos señale donde están las fosas comunes de las personas que asesinó durante su golpe de estado y su dictadura.

    Muchos ponen en duda los datos que ofrece España o Italia o la misma Francia, e incluso Estados Unidos. ¿Y vamos a creer sin ningún tipo de consideración crítica los datos que ha ofrecido China, origen de la pandemia, o la misma Rusia? Normal sería que en Africa o America del Sur esperemos desajustes dado que sus sistemas sanitarios se ven desbordados por algo como esto.  Y sí aquí no tenemos test suficientes para afrontar esta crisis, es de suponer la carencia de los mismos en los países conocidos como tercer mundo. ¿Pero China o la misma Rusia de Putin? ¿modelos de trasparencia? ¿Acaso hemos olvidado Chernobyl?.

    Si alguien piensa que ofrezco la base para atacar a pueblos o gentes, en nombre de este pandemia, he de aclarar que se equivoca. Pienso en el pueblo chino o en el pueblo ruso, y lo que veo, son poblaciones martirizadas, sufrientes, y en muchas ocasiones heroicas. Son gente luchadora que a precio de su sangre, ha hecho lo posible y lo imposible por superar esta locura y otras parecidas. Y muchas veces totalmente desasistidos, cuando no abandonados o reprimidos por sus mismos regímenes. ¿Piensa el totalitarismo maoísta que nos olvidaremos de su revolución cultural, de la plaza de Pekin, del chico que se interpuso ante el tanque, de los tiros en la nuca a los disidentes, de la represión en la ciudad de Hong Kong, otra víctima más del infausto imperialismo británico?. Dios nos libre de matar nuestra memoria y su carácter subversivo frente a estas estructuras inhumanas y represivas. 

    El enfado con la prensa danesa por sustituir las estrellas de la bandera maoísta por la efigie del Virus que nos aflige, les molestó mucho. Incluso ahora se permiten estos maoístas el lujo de aleccionarnos a los demás, de reprocharnos nuestros errores, y hasta de quejarse de que sus nuevos contagios vienen de fuera. Los sistemas totalitarios se quejan de la crítica, se suelen molestar mucho con ella. Son arrogantes para aleccionar a los demás. Son intolerantes frente a los errores de otros. Y desconocedores de toda humildad, por ello rápidamente y sin autocrítica alguna, se lanzan a acusar a los demás de sus males actuales. Como si ellos fuesen inmaculados. Como si no hubiesen sido los ventiladores que han expandido la pandemia entre todos los otros pueblos de la tierra.

    Pues bien señores maoístas que les quede clara una cosa: ustedes son los responsables de esta pandemia mundial. De su aparación, de su ocultación, de su disimulo, de haber mentido a la OMS que tan fácilmente se ha dejado engañar por uno de sus principales financiadores, de habernos vendido que una neumonía vírica era una gripe, cuando supera con mucho, la capacidad de contagio y de mortalidad que la gripe normal inflige. Nada ganan con acusar a la RAI de emitir en 2016 un documental, acerca de investigaciones realizadas por ustedes sobre virus de esta naturaleza. Pues aunque quieran extender su represión a todos los pueblos de la tierra, y lo traten de lograr a base de comprar deuda, y ofrecer unas condiciones laborales a sus pueblos dignas de la esclavitud (el mayor antitipo de la pretendida liberación marxista de la alienación y de la opresión obrera), aquí, aún no hemos caído bajo el peso del gran hermano que es su estado, en el que millones de personas se ven condenados a vivir como viven. Sólo basta ver como infinidad de ciudadanos chinos huyen hacia otros lugares en condiciones pésimas en cuanto les es posible. Han side ellos los que desde sus comercios nos han dicho a los españoles que ustedes nos estaban engañando. Ustedes Señores maoístas han exportado al mundo esta plaga, porque han tardado mucho en cerrar fronteras, para no lastrar su economía. Y es que es sobradamente conocido que para el materialismo que los sustenta, la economía es antes que todo, y el resto de dimensiones, son meras superestructuras, edificadas sobre el trabajo. Al final lo que nació con el ánimo de liberar al hombre de la opresión económica capitalista, se ha convertido en una refundación del peor de los capitalismos existentes, donde la persona no cuenta porque es reducida ha simple pieza del engranaje estatal totalitario. Y los países del resto del mundo, deudores de sus ingentes reservadas monetarias, sustentadas por una valoración falsa de su moneda maoísta, les han permitido venir volando a nuestras sociedades o han permitido volar allá a sus ciudadanos en nombre del negocio, de modo que esta pandemia se ha extendido a todos.  Tardaron demasiado en reaccionar en aras de la riqueza del país, y el resto de los países les siguieron a pies juntillas. ¿Quien se atreve a levantar la voz contra el diplodocus chino?.

    Aquí entramos en una nueva dimensión de esta situación horripilante. El comportamiento de occidente en medio de esta crisis no sólo sanitaria, sino antes que nada, humanitaria. División, localismo, nacionalismo, regionalismo. Igual da que da lo mismo. La misma piedra de siempre en la que hemos vuelto a tropezar. “Esto es un problema del vecino”. “A mi no me pasará”. “Mi sistema de sanidad es el mejor del mundo”. “Aquellos países es que son un desastre, no como el nuestro”. “Yo no voy a quebrar mi economía ni mis libertades como están haciendo aquellos”. Y demás idioteces por el estilo. 

    La mentalidad “America primero” o bien “Holanda y Alemania maravillosas y el resto del mundo: mierda de gato, porque somos superlistos y megarubios de la muerte, arios o boers, y el resto del mundo “cafres”, es suicida. Y esa percepción y reacción es la que hemos adoptado. Unos con otros. Occidente frente a los chinos. O los iraníes. Los europeos entre nosotros. Y los Americanos con el resto del universo no anglosajón. Por eso no están exentos de cierta razón los que afirman que los humanos somos expertos en pegarnos tiros en los pies para intentar jodernos la existencia todo lo posible. 

    Hace mucho tiempo ya, qué sabemos que el calentamiento del planeta es un problema global, y aquí estamos afrontando un problema que nos afecta a todos con los parámetros propios de un enfoque nacional, totalmente desfasado, denostado, pretérito y que deberíamos haber abandonado hace mucho tiempo, y es una vez más la ciencia, otra vez ignorada, la que no se cansa de predecirlo y definirlo. Pero cautivos de banderas, himnos y sus correspondientes mitologías no somos capaces de descubrir qué o nos volvemos una sola familia, una sola nación y una sola entidad política en este “puto” mundo, o no vamos a ningún sitio. Y seremos erradicados de este suelo patrio común, el planeta tierra, como aquellos dinosaurios, con una sola diferencia: aquellos seres vivos no tenían la capacidad cerebral que nosotros ostentamos para poder actuar como seres racionales. Pero una vez más queda probado que aunque podemos usar la capacidad racional, nada indica que verdaderamente se nos pueda definir como seres racionales o razonables. 

    Como este problema tenemos otros: el terrorismo internacional, que encuentra reductos en estados nación fallidos, porque no somos una realidad política global. Otro es la desigualdad de calidad de vida entre unos y otros lugares del planeta, en nombre de fronteras y banderas, y demás estupideces. Lo que provoca flujos migratorios y mafias tras ellos, de corte global, y que muchas veces terminan en catástrofes humanitarias dolorosísimas. Los cuerpos de niños muertos en las playas, son todo un símbolo expresionista macabro de esta monstruosa realidad. Y todo porque nos negamos a buscar el bien común, porque vivimos fragmentados como si hoy la historia nos diera tregua o nos esperara en nuestras torpes resoluciones. 

    Vivimos en los tiempos en los que hablar con Australia desde España puede hacerse en un “plisplás", incluso, viéndonos los caras. Donde las transacciones comerciales o económicas se han tornado globales y crean situaciones como la crisis del 2008 porque no tienen ante sí una autoridad política global capaz de controlar un mercado que por muy libre que sea no se autorregula solo, si no es masacrando el bienestar de millones de personas, y sometiéndolas a unos ritmos de vida, totalmente inhumanos. La economía del Bien Común no puede despegar porque el puñetero nacionalismo lo impide con sus cortapisas necias y estúpidas. Y es el refugio para mil avaricias estúpidas disfrazadas de neoliberalismo, cuando realmente sólo son una burda expresión del egoísmo torticero y cancerígeno de siempre. Las crisis económicas hoy más que nunca siguen siendo un problema global. Y afrontarlas localmente es un estupidez más que probada. La interdependencia global así lo exige. Caminar por otra senda simplemente es “mear contra el viento”. Los aranceles del pasado son una funesta consecuencia de un tiempo pretérito que se empeña en ignorar el momento histórico que vivimos. Los humanos hacemos la historia sí, pero a veces, desplegamos tales energías con nuestros logros, que el destino que fraguamos inconscientemente se nos escapa entre los dedos. Pues la suma de todos es mucho más que los planteamientos sólo de algunos. 

    Divide y vencerás. La unión hace la fuerza. Evidentemente por no considerar la segunda opción, y permanecer divididos, el coronavirus nos ha vencido. Por pensar cada uno en su propio ombligo. Por levantar entre nosotros fronteras y muros que una pandemia no respeta. Quien culpa de la epidemia al mundo globalizado, es un ignorante. La peste negra se expandió, sin necesidad de estar globalizados. En cambio, de haberlo estado, de haber podido compartir informaciones, y adoptar medidas conjuntas para todos otro gallo nos hubiese cantado. Y eso mismo se podría decir de este nueva peste del siglo XXI. Una pandemia no es el problema de la casa del vecino. Una pandemia no se para con que la valla del jardín sea más alta. El coronavirus que no debate ni dialoga, como dijo mi obispo con mucho acierto , no nos ha enfrentado como un enemigo común y fuerte, sino como un ejercito de cruzados desarmados, visionarios, inconscientes y locos, lanzándose contra las murallas de Jerusalén y las huestes del gran estratega Saladino. Y la carnicería y la derrota es el espectáculo subsiguiente. 

    Y entonces llega la hora de la búsqueda de chivos expiatorios: mi vecina la cajera, los hispanoeuropeos de una barbacoa en Australia, la ginecóloga del hospital que vive en el barrio, el chino de mi barrio, el musulmán y su Ramadán ¿es preciso seguir?. Esto además se traslada al universo político y llega al paroxismo. A ver que puedo hacer para que sea mi contrincante y no yo el que tenga la culpa de lo que pasa para poder mantenerme en el poder, o bien, ocuparlo yo en vez de él. Y estas incapacidades de lograr una necesaria unidad de respuesta con buena voluntad por parte de todos, es lo que hace las delicias del enemigo común, que nos arrolla con sus panzer, cual si fuésemos la caballería polaca con los sables al viento para hacerle frente a los obuses de los carros blindados. 

    Luego están los que sólo piensan en garantizar que la crisis económica subsiguiente nos dañe lo menos posible, porque el dinero es lo primero. Y digo yo en mi absoluta ignorancia más que evidente: ¿Para qué quiero tener dinero si he muerto víctima de la pandemia?. ¿Aún no nos hemos dado cuenta que la economía mundial es una suerte de “monopoly", que nos hemos inventando allá por el neolítico? Y lo que empezó siendo un modo de enriquecer nuestra vida, por la avaricia, se ha convertido en un monstruo que nos devora. ¿Aún no nos hemos percatado que podemos reinventar el sistema económico si nos conviene a todos? ¿pesan más los intereses de unos pocos afortunados que el bien común de todos? ¿Se nos ha olvidado el plan Marshall y su filosofía? ¡No habrá crisis económica por causa del puto virus! Simplemente la habrá por la avaricia. Porque al parecer esta es inmune a la pandemia. Lo cual es una pena porque podría matarla de una vez y dejarla bien muerta, a ver si así, somos capaces alguna vez de construir una economía basada en el bien común. Un austriaco brillante y guapo lo enseña con bastante solvencia. Muchas almas piden cambios pero estos idiotas que dirigen el mundo parece que se hacen los sordos. Por ello no deja de ser justo que el virus mate por igual a ricos que a pobres. Incluso más a los ricos y famosos porque viajan más y ven a muchas más personas. 

    No tendría por qué haber crisis económica si en vez de pensar en mantener un Status quo  sustentado por la avaricia, fuésemos capaces de poner a cero el contador, y reinventar de una puñetera vez, las relaciones de todo tipo entre los seres humanos. Ya se aventuró esto con motivo de la crisis de 2008, y en estas seguimos 12 años después con gobiernos, necios, populistas, avariciosos y cortoplacistas. Creo por tanto para nuestro mal que estos locos, nos harán pasarlas “putas”. Mi padre, hombre de 82 años, con mucho sentido común decía hoy, día de su cumpleaños: “Nací en medio de una guerra civil, y voy a terminar mis días en medio de un nuevo tipo de guerra, pero esto es aún peor, una guerra la paran los hombres cuando quieran, una pandemia no”. Es escandaloso que este caudal de sabiduría se vaya por las gateras de la muerte porque nos hemos dormido en los laureles pensando en otras cosas irrelevantes que incluso han venido a complicar más aún las cosas, que hacerlo en la misma pandemia. Pues si hiciésemos caso de este viejo octogenario, nos daríamos cuenta de que una crisis financiera la podemos resolver los seres humanos con acuerdos globales, cabeza y humanidad, pero una pandemia no se resuelve así de fácil. Harán falta mucho sangre, mucho sudor y muchas lágrimas para llegar a controlar sus efectos. Y si no procedemos unidos harán falta muchísimas más. 

    Si es que se han comido un bicho y de resultas ha salido esto, o si esto se ha escapado de algún tugurio llamado laboratorio a lo Chernobyl bacteriológico, lo cierto y verdad es que como la humanidad no se ponga las pilas y reaccione, su existencia tal y como la conocemos, habrá quedado herida de muerte, y un retroceso histórico a lo “caída de Roma” a manos de barbaros virus no tardará en producirse. ¿Alarmismo? ¡No! En todo caso un exceso de lucidez tal que me produce ceguera. Pero para lo que hay que ver, quizás mejor, no ver nada. Que tenga que oír a los familiares de los difuntos recientes previos al estado de alarma decir: “para que mi ser amado tuviera que ver esto, mejor está muerto”. Dice mucho del estado emocional e intelectual en que el ser humano está sumergido ahora mismo. Estamos viviendo estos días el trauma de nuestros abuelos cuando les cayó encima una guerra de las que tanto nos gusta declarar a lo largo de la historia. Sólo que esta no depende sólo de nosotros. Sino de un virus. Y nosotros seguimos divididos y tragándonos las mentiras que nos vende el sistema político bajo el cual toda esta pesadilla empezó. Como dijo el gran castellano Delibes, que el premio Nobel ignoró, “que paren este autobús de locos que yo me bajo”. 

    Mientras que en China, los ciudadanos de aquel país, morían y se enfermaban, aquí, por ejemplo discutíamos cuestiones tan relevantes como si los hijos son o no de los padres, o si el neutro lingüístico es o no causa y expresión de patriarcado. Por cierto que algunos de los más afectos a estos debates filosóficos de hondo calado, despertaron de su parnaso mental cogidos de la mano, en una manifestación, que como otros mitines organizados por sus oponentes, contribuyeron a la propagación de la pandemia. Mientras un tal Simón decía cosas que le acompañaran siempre en las hemerotecas para que pueda valorarse su aptitud o no a la hora de gestionar la reacción frente a la macabra epidemia.

    Miles de muertos son el resultado de la poca transparencia del politburó chino y de la apatía del resto del planeta frente a estos sucesos. Bien podría llamar a este virus de nombre extraño y difícil: ATILA, porque viene del lejano Oriente, se expande rápido, aprovecha nuestra fragmentación nacionalista, desconcierta a nuestros débiles líderes, aunque para aparentar fortaleza, se tiñan el pelo de rubio. ATILA porque por donde pasa esta pandemia, no vuelve a crecer la hierva. Y porque no se atisba su final de manera inmediata. Arrasa hasta los sistemas sanitarios más eficientes, y no digamos ya, los sistemas de salud que han sufrido recortes. “Porque es sobradamente conocido por todos que nuestros líderes políticos, en épocas de crisis, primero se recortan ellos sus sueldos, pesebres y prebendas, y luego, cuando ya no queda más remedio acometen el recorte de gastos en sanidad y enseñanza”. Comencé mi vida, siendo un anarquista, admirador de Kropotkin, creía haber evolucionado tras conocer a Popper y a Churchill a quienes he admirado siempre, pues son los adalides con sus defectos (particularmente mi querido Wiston), de las sociedades abiertas. Pero estos “lidercillos” tan castizos ellos: los de ayer, los de hoy y los de siempre (por la cosa de la “casta” quiero decir), están provocando que de liberal (como me definió un entrañable amigo socialista de Puerto Lumbreras que no se equivocaba y al que siempre he querido y respetado mucho), me vuelva al enfoque libertario, cuando no ácrata de la vida. Me ayuda también mucho en esto el profeta Samuel, y por supuesto, mi Señor Jesús, que preguntado por Herodes, contestó diciendo aquello de: “id a decirle a ese Zorro”. 

    ATILA a nuestras puertas, y como dicen en mi querida Moratalla, cuando se acercan las fiestas del Santo: “El santo encima y mis hijas en cueros”. Porque ya saben queridos amigos hubo que comprar muchas cosas: abrigos, putas, cocaínas, festejos y muchos otros enseres tremendamente necesarios para la vida diaria de nuestra querida clase política. Pero no equipo médico suficiente para afrontar algo como esto. Admiro a una ministra de defensa, la Sra. Robles. Es la única luz que brilla con luz propia, entre tanto incompetente, lánguidos y talibanes, de unos y otros partidos. “¿Alguien piensa que la legislatura tras miles de muertos podrá seguir siendo la misma?”. No se puede hablar con más lucidez. Lástima que la partitocracia imperante impida a personas así ser quienes nos lideren frente a las hordas víricas barbaras. Nuestros “romulos augustulos”, le van a durar a esta macabra plaga el tiempo justo y necesario. Lo que dura un pavo vivo, en un campo de refugiados hambrientos. 

    ¿Y ahora qué? Para los miles de muertos nada de nada en este mundo, si formas parte de los que creemos en la trascendencia de la vida con los ojos de Cristo Jesús, esperamos que les aguarda la vida en plenitud pues como Jesús han muerto a manos de estos Pilatos, Sanedrines, Judas y demás. Para los millones de enfermos, a ver que consecuencias les deja esta macabra plaga, porque el paso de Atila por el cuerpo de uno no debe resultar muy agradable, salvo que para amparados por San Leon Magno, el puto virus, decida que te va a respetar como a Roma, declarándote asintomático. Y aún así ya veremos a posteriori, porque este endiablado bicho, es tan desconocido que hasta parece diseñado para joder y matar por quien sea responsable (naturaleza incluida) del mismo. Y conste que ha superado al Sida, al ébola y a la misma gripe. Ni siquiera el anterior SARS se le compara, ni la malaria ni el mismo Dengue. Que éste que escribe padeció para su amargo recuerdo en la preciosa tierra de Honduras. Y para el resto de los no contagiados, que están confinados por millones en sus hogares, el miedo perenne metido en el cuerpo hasta que alguien no consiga una vacuna. Y rogando a Dios que este puñetero ser cuasivivo, no mute, y vuelva convertido no ya en Huno, sino en Ostrogodo, que para el caso lo mismo da, que da lo mismo.

    Pero no es necesario apurarse mucho. Las grandes empresas farmaceúticas van a una, como en Fuente Ovejuna. En nombre de la libre competencia y otras milongas, para que el juego del Monopoly que llamamos economía mundial, no decaiga, procedemos una vez más divididos ante este ATILA virus. Porque como bien saben: “en la división está la fuerza”. Y si yo consigo la cura, pues me hago de oro, que para eso he invertido. Ya sabemos que esa dinámica ha dado unos frutos extraordinarios en nuestra lucha contra el cáncer y el sida. No hay de qué preocuparse. Estamos salvados. 

    Ay Dolor, dolor, dolor…ay dolor… como gritaba mi bella y querida Celestina frente a la efigie del guapo y simpático de Alfonso, que hacía de crucificado. En aquellos inolvidables autos sacramentales que realizaba la compañía Thespis y que la crisis de 2008 se llevó por delante como tantas otras cosas. Ahora también, no faltan necios a pares. Alguno hasta está pensando en expropiar las casas vacías para rendir un sentido homenaje al gorila rojo, porque se ve que estas medidas contribuirán a relajar el ambiente, y permitirnos superar con relativa paz social, esta hora tenebrosa. O tratar de descoronar al Rey para restablecer regímenes primitivos que condujeron a todos a una amarga tragedia. Que ni EEUU, regentado por “Sansón el rubio”, ha decidido reiniciar la guerra de secesión como solución a esta amarga crisis. Tampoco faltan los “estadistas” que sólo saben torpedear a las autoridades regionales o locales de distinto género, porque han adoptado medidas con mayor prontitud, que ellos en su torpeza sólo han sido capaces de adoptar después perdiendo un tiempo precioso mientras tanto. Ya lo decía el viejo catalán en Tv3: “¡Es de ser inútiles!”. De igual modo el libro de los proverbios, éste más antiguo, añade que es mejor encontrarse con una osa mal parida a la que han robado la crías que con un tonto de remate. Y lo más hermoso de todo es que al final puedes decir: ¡Palabra de Dios!, y el Pueblo de Dios puede ratificar añadiendo: “¡te alabamos Señor!”. 

    No faltan también las “águilas verdes” y sus contertulios mediáticos invocando el viejo refrán: “a río revuelto ganancia de pecadores”, total, que más da incrementar la ansiedad de un pueblo ya suficientemente angustiado con discursos incendiarios. Que el pueblo aguante nerviosismos que para eso está. Todo para el pueblo pero sin pensar en como le sienta al pueblo o si le ayuda aunque sólo sufra más por ello. Incluso alguna loca dijo que un golpe de estado lo resolvía todo. Manada de impresentables salvapatrias nunca faltan. Esa epidemia si que es endémica entre los hispanos. Y del mismo modo, igualmente perniciosa para la salud pública. Pero los moderados tampoco es que aporten una gran paz: una por irrelevante, otros por ausentes, y los dos guapos tampoco es que resuelvan mucho: uno porque no llama, y el otro, porque no le llaman. Y nosotros, todos, en manos de ellos. Como decía Machado, como el pueblo español no saque pecho y haga frente a la pandemia lo mejor que pueda, a base de muchos sacrificios y sufrimientos, de ésta, no saldremos. Ni ahora, ni después. ¿Tan difícil es articular un gabinete de unidad nacional en la piel de toro? Así lo parece. Por Dios: que vuelva la gente sería y pongan sensatez en este inmenso caos. Porque os recuerdo que Atila renacido como virus no dialoga, no espera, no da tregua, arrasa lo que toca y punto. Y con una gran voracidad, cosa que los mandarines rojos de la gran China, nos ocultaron desde el principio, y de lo que aún creo, no nos han contado todo lo que saben, sino que juegan al despiste con nuevas teorías conspirativas, a ver si así, confundidos por mera necedad, los demás pueblos de la tierra, no los señalan con el dedo poniéndolos en un difícil atolladero. Y si para eso hace falta demonizar a Vargas Llosa, ese premio Nobel, pues sea, sólo porque el hombre se atreve a decir lo que piensa.

    Y así estamos, y la cosa no apunta a una pronta solución. Así que amigos, buscad fuentes de esperanza a prueba de bombas, porque estás autoridades no infunden la confianza necesaria en el pueblo. Al menos es lo que por las redes sociales se percibe sin cesar. No hablemos ya de lo que comentan los sanitarios o las fuerzas del orden público. Y sólo ellos, con los profesionales de distinto tipo y el ejercito infunden alientos en las gentes. Y cuestionan los amagos de desconcierto en la población ante esta catástrofe humanitaria donde, que mueran 500 personas diarias, nos parece una buena noticia. 

    Yo por mi parte como creyente en Cristo Jesús vivo y resucitado cimento mi esperanza más allá de lo que ven mis ojos o tocan mis manos (lavadas sin cesar) en medio de esta crisis. Así que invoco la intercesión de San Leon Magno en esta hora tan oscura: “Amado pontífice, ruega por nosotros hoy, y solicita que ante este Atila, no sucumbamos, de modo que como impediste que Roma fuese arrasada, esta cruel pandemia no nos destroce aún más de lo que ya estamos”. Santiago apóstol, alienta a los cruzados de hoy que son nuestros sanitarios, nuestros profesionales, nuestros científicos, nuestras fuerzas del orden público y nuestros militares, comandados por una insigne señora Robles, para que unidos a nuestros investigadores, sean capaces de detener a esta horda barbara vírica de modo que tu querida España, no se hunda una vez más en lo profundo de los infiernos. Ya los conocemos y no necesitamos beber más vinagre. Pongo en ti mi esperanza porque parece que poco puede esperarse de los norteuropeos radicales y racistas, que sólo saben construir leyendas negras, cuando hablan despectivamente de la Europa del sur, aunque en este caso: Portugal y Grecia, hayan adoptado medidas que para ellos las quisieran países como Inglaterra, Francia o la mismísima Alemania. ¿Donde ha quedado el espíritu europeo de Schumann, De Gaulle o Adenauer? ¿Destruiremos Europa como anticipa con dolor Amin Maalouf en su último ensayo, tan lúcido y brillante como siempre? ¿lo haremos una vez más en nombre del burdo mercantilismo que no nos ha permitido unirnos de veras, asumir la castigada Europa oriental y ahora parece que nos dificultará muchísimo superar este peligroso bache en el camino de nuestra andadura? ¿terminarán venciendo los “rubios” conjurados con sus “exits” y su ciega fe en un mercado salvaje que, en su opinión sólo genera víctimas colaterales sin cuento, que es preciso tragarse y digerir aunque la humanidad sufra lo indecible? ¿De verdad que sólo seremos capaces responder a este reto siendo unos miserables?. 

    Imploro al Espíritu de Dios en esta hora amarga para que no se pierda lo bueno conseguido hasta ahora, y que al contrario, se afiance en nuestras mentes y corazones, el anhelo incesante por construir una economía nueva y un mundo diferente cimentados en el Bien Común. Francisco y otros muchos no paran de solicitarlo. No quisiera Santo Espíritu que una vez más llevados de nuestros corazones de piedra, nuestros profetas se convirtieran en voces que clamaron en el desierto. Necesitamos tu sagrado aliento, Espíritu de Dios, Espíritu de Jesús resucitado, para que de este caos, surja una nueva creación, inspirada en la construcción común de una sólida civilización del amor. En ti esperamos contra toda esperanza. Mientras que Tú estés con nosotros, nada podrá contra nosotros. Mientras Tú hagas presente a Jesús vivo y resucitado, cada nueva Pascua, en nuestras vidas , cada día hasta el fin del mundo, nuestra barca no se hundirá en medio de la tempestad por grande que esta pueda ser. Así que a pesar de nuestras necedades, Tú, aliento de amor infinito, nunca nos abandones. ¡Ven pues ahora y siempre sobre todos nosotros Santo Espíritu Creador!.

    Y tú mi querida aliada: Virgen María Purísima, con tus lúcidos ojos vigílanos, con tus manos bondadosas protégenos, y con tu fuerte pie defiéndenos en esta hora amarga y tenebrosa, pues como los novios de Caná de Galilea, hoy necesitamos de tu ayuda maternal y tu bendita intercesión. Santa María del Arrixaca, madre de las periferias, ven siempre en nuestro auxilio. Ruega siempre por nosotros sin cansancio Señora y Madre nuestra. Amén.

 

Andros

Presbítero 

 

LOBOS ENTRE LOS CORDEROS

    No estoy de acuerdo con algunos clérigos que están opinando acerca de asuntos estrictamente laicales. Clérigos que al significarse políticamente rompen la unidad del cuerpo místico de Cristo que es nuestra Iglesia. Pues si es cierto que entre los católicos hay seglares con una sensibilidad política, no es menos cierto, que también los hay de otra sensibilidad. 

    Estos clérigos se ven como valientes, coherentes y responsables con su oficio ministerial. Y asumen que si gente como yo los censuramos es porque están llamados a ser perseguidos por las huestes de Satanás,  de las que gente como yo, al parecer, debemos de formar parte. Y por ello necesitan tildarnos de adversarios y contrincantes, simplemente porque disentimos de ellos y nos encontramos en las antípodas de su pensamiento.

    Sin embargo creo necesario traer a colación aquí unos clarificadores textos de san Pedro en su primera Carta en los capítulos 3 y 4, en los que insiste en que es mejor padecer por hacer el bien que por hacer el mal, y curiosamente añade: “que ninguno de vosotros tenga que sufrir…por entrometido”. Y esto es lo que son mis compañeros de oficio. Por ello no me duelen prendas de tildarlos de falsos profetas y malos pastores. Porque exigen que al entrar a la casa del Padre, la gente exhiba su carnet político. En mi opinión, (equivocada para ellos claro está), en la Casa del Padre todos somos hijos: seamos pródigos o mayores. Por eso insisto a mis feligreses que los carnets políticos quedan en las puerta del templo.Y en la casa del Padre todos somos hijos de Dios.

    Desde la segunda guerra mundial los alemanes han considerado signo de mala educación hablar de política en la mesa porque causa disturbios y rompe la paz. Y la mesa de la Eucaristía es un sitio poco apropiado para hacer política. El reino de Jesús no es de este mundo. Bien claro lo oyó Pilato de los labios de Cristo, y no hace mucho, lo hemos oído también nosotros de nuevo. Pero este sector de clérigos se ve que no ha meditado lo suficiente en ello.

    Yo pienso que estos hombres son unos imprudentes. Y que es su imprudencia la que los condena y la que causa que les disparen verbalmente hablando y los “persigan”. ¿Y por qué? Porque así se juega en el ajedrez político. Pero esa persecución no es por causa del Evangelio. Jamás Jesús cogió banderas políticas para anunciar su Reinado, eso era, lo que hacían los Zelotes, pero él evitaba ser proclamado rey político de cualquier clase. A Jesús le perseguían por ser fiel a su Padre Dios y no por ser un político más de tu tiempo. A estos clérigos, pueden censurarlos o criticarlos, perseguirlos quizás es demasiado, aunque esto es algo que a ellos les gusta mucho, porque les da un cierto caché narcisista: “soy el libre y el valiente”. Vedettes de sacristía, divas clericales. Pero ese postureo carnavalesco nada tiene que ver con Cristo, pues éste no fue coronado con plumas, sino con espinas. 

    Recuerdo que un amigo mío me decía hace unos años, que la Iglesia muchas veces se convertía en el refugio de personajes que no han tenido capacidad o valor para presentarse a las elecciones y que se aprovechaban de ella, de sus micrófonos y de sus altavoces, para intentar desarrollar su verdadera vocación que por cobardía, pereza, comodidad o ineptitud habían sido incapaces de vivir entre los demás con normalidad. Y la verdad es que tal afirmación en estos momentos, y ante estos botarates que instrumentalizan a Jesucristo para hacer política mediocre, me parece muy oportuna. He conocido sacerdotes jóvenes por ambos espectros de la extrema izquierda y de la extrema derecha, que son una clara y triste expresión de cuanto este amigo mío afirmaba.

    También estos adalides de la teocracia, y que suelen unir la cruz con la espada, bien sea en nombre de socialistas, comunistas, conservadores, fascistas, o cualquier otra suerte de planteamiento político, olvidan con frecuencia, por no decir siempre, que la Iglesia no señala a ningún partido político como su legítimo representante. E incluso así lo afirma en varios de sus documentos y en su mismo código de derecho canónico. Pero evidentemente tales planteamientos, son obviados de plano por los que pretenden despuntar de alguna manera en un entorno ideológico concreto. Como bien decía un rector de un seminario diocesano, los clérigos a veces, por recibir un aplauso somos capaces de cualquier cosa. Sea del obispo, o de un grupo respetable. Si hace falta somos capaces hasta de matar verbalmente a un amigo o a un hermano. Éste norteamericano no andaba del todo equivocado en su reinterpretación del Edipo Freudiano aplicado al “curita de a pié”. 

    No faltan los que incluso explican que ellos no pueden permanecer ajenos al debate político porque no sólo de pan vive el hombre, y que es la Palabra que sale de la boca de Dios, la que los lleva a reaccionar de esa manera, pues en tiempos difíciles como estos es preciso ser valientes, sin miedo a Cruz alguna que puedan padecer. Creo sinceramente que deberían leer el texto completo, porque el maligno se les cuela por las otras dos tentaciones. “No tentarás al Señor tu Dios”, tirándote del alero del templo por confiar en extremo en la providencia divina. Y “al Señor tu Dios sólo adoraras”, y no a la ideología o al partido de turno que te movilice, a la espera de recibir el botín propio de los que les son fieles, aunque para eso sea oportuno olvidarse del Señor y su Evangelio. 

    No comulgo con esta visión, la música de fondo me repugna, es extremadamente clerical, al invadir el espacio propio de laicado. Pues son ellos los que están llamados a construir el mundo a la luz del Evangelio, desde la dimensión social, económica, científica, cultural y por supuesto, política. Sin clero omnipresente nada funciona según esa forma de ver las cosas. Y eso es mentira. 

    Algunos de ellos, además braman porque en tiempos de pandemia, los templos estén cerrados, y llevados de un clericalismo exacerbado, atropellan la doctrina de la comunión espiritual o de la contricción perfecta, ambas presentes en el catecismo, simplemente porque el Pueblo tiene derecho a recibir sus sacramentos. Cosa que la Iglesia de Dios no discute, pero reconoce que en tiempos tan difíciles como estos, podemos proceder de otro modo, sin hacer depender sólo de nosotros clérigos la salvación que Dios ofrece y regala a su pueblo. Pero claro, eso significa, que estas personas, se quedan sin su público, y eso es lo peor que se le puede hacer, a quien busca con ansia la aprobación de los demás para retroalimentar su ego. El clericalismo imperante y renovado tiene mucho de ir por la vida y los escenarios que la Iglesia me ofrece de artista y estrella de singular fulgor. Aun a riesgo de resultar fétido y pestilente.

    Un sacerdote católico en estos días de responsable y prudente confinamiento puede evangelizar más que nunca, haciendo uso de los múltiples medios que la tecnología hoy nos ofrece. De hecho ésta es una oportunidad compartida por muchos, y agradecida por infinidad de seglares. Pues una voz, que no apaga el pabilo vacilante, que no quiebra la caña cascada, y que no vocea por las calles, es capaz de llevar mucha luz, mucha esperanza, mucha fortaleza y paz, e incluso a ratos un caudal de alegría, que le ayudará a muchos a ser capaces de sobrellevar este tiempo de oscuridad en que vivimos. Si esa voz no divide, sino que une, y ayuda a superar este trance, será la voz del amor verdadero, y esa es la que todos necesitan escuchar, incluso muchos no creyentes que son personas de buena voluntad, aunque su partido político pueda no ser el que a mí más me complace. Mi preferencia política, como sacerdote, debería quedar oculta, negada, debería ser sometida a la “kénosis más absoluta”, pues de lo contrario, el pastor no será un punto de encuentro para todos, sino sólo para algunos, ya que los demás, lo verán como un lobo.

    Los que actúan de otra forma escandalizan y ensucian el buen nombre de los demás, pues no faltan en el terreno político enemigos del cristianismo que están deseando, que aparezcan personajes como estos, para poder ensuciar el buen nombre de todos, y así cuestionar el mensaje, las instituciones y las personas que integran a la Iglesia. No sólo se arrojan ellos a su pretendida cruz, sino que como locos suicidas, nos crucifican a todos, en nombre de sus locas ideas que no se sustentan ni en el Evangelio ni en la doctrina viva de la Iglesia de Dios. Son meros kamikaces de lo absurdo travestidos de clérigos.

    Dedicarse a la política es legítimo. Pero quien quiera dedicarse a ella en la España actual para “socializar”, “podemizar”, “conservar”, “ciudadanear”, “independizar”, “voxear”, “republicanizar”, “animalizar” y demás planteamientos, si es clérigo, que no use para ello a Cristo y a su Iglesia. Pues ese es un modo sacrílego de actuar profanando lo santo en aras impuras que no son la suya. Y desde luego no es portarse como un pastor, sino como un lobo que espanta las ovejas del rebaño. Así que mejor que cuelgue sus hábitos, milite y se presente a las elecciones como un laico que en conciencia debe seguir las inspiraciones que su mente le sugiere en el ámbito político. 

    Se puede ser cristiano con ideas políticas, y defenderlas como miembros de un partido político. Pero no se puede ser cura católico y hacer eso. Quien así actúa equivoca su vocación. Hágase usted laico. Pero un presbítero católico está llamado a unir como un “pater familias” y no a optar por un hijo para pelearlo con los demás.

    La magnífica serie de HBO llamada “Succession”, ilustra de dulce lo que es ser un “pater familias” más que cuestionable. Y todo porque este personaje antepone al amor, el dinero y el poder. En este caso, estos presbíteros “equivocados” anteponen la política a sus feligresías y no dudan en dividirlas y enfrentarlas a placer, y todo en aras de su ego que confunden con la voz de su conciencia. No olvidemos que Diablo significa división. Y que este personaje oscuro, tiene como labor hacerte confundir una vena con un nervio cuando estás operando a un enfermo. El discernimiento hoy atraviesa momentos muy oscuros en algunas cabezas clericales. 

    El buen pastor es el que recuerda al laico de derechas, de izquierdas, de extremas derechas o izquierdas, de radicales, independentistas, nacionalistas, animalistas, ecologístas, y demás “ismos” políticos, que antes que nada, todos somos hermanos. Y es el que invita a todos a hacerles comprender que aunque muchos son los miembros y variados en sus funciones, el cuerpo es uno. 

    Un buen pastor está para construir el bien común. Y cualquier fiel cristiano sea cual sea su espectro político debe ser capaz de sentirse escuchado y amparado por su pastor. Igual que está llamado a reaccionar con rotundidad cuando alguien quiera monopolizar políticamente el ámbito parroquial. 

    Por eso ser altavoz de una visión política, frente a un problema, no le corresponde. Ese es un tema propio del laicado. Para eso hay medios de comunicación, foros de opinión, elecciones, redes sociales, manifestaciones, círculos, y otros muchos ámbitos. Y en ellos es donde los seglares deben personarse. Y ahí es donde deben alzar su voz y cuestionar lo que tengan que cuestionar: la gestión de esta pandemia o cualquier otro asunto, y contribuir a cambiar todo aquello que crean necesario cambiar. El laicado ostenta esa responsabilidad. El laicado tiene esa misión y ese carisma. Pero no el clero. De lo contrario no habrá diferencia alguna entre los Ayatollahs persas chiitas y los sacerdotes católicos. Y la hay y mucha: al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es  de Dios. Sobre esta frase es imposible construir una teocracia porque la palabra de Jesús la dinamitaría. 

    Porque un sacerdote no sólo renuncia a tener una familia personal. El celibato es una realidad que nos reclama que para poder servir al Pueblo de Dios, sin excluir a nadie, debemos no casarnos, con ninguna “mujer” que en éste caso, se llamaría “política”. 

    Nada más amigos. Pablo en Hechos nos decía: “Vendrán lobos que morderán, dividirán y devoraran al rebaño de Cristo”, y eso es lo que ahora está pasando. Y todo por no saber gestionar una tentación. Así que Padre Dios te pido: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos de las malas artes del maligno”. Pues tu Pueblo a parte de sufrir una pandemia tiene que ver como algunos personajes que han sido ordenados sacerdotes y ostentan responsabilidades varias, son capaces de meter la pata hasta el zancajo y de “mear fuera del tiesto”. Por ello Cristo Jesús te imploro: ¡Señor danos paciencia!.

 

Andros Presbítero 

 

DESACUERDO

    Ayer un columnista del diario.es de Murcia, arremetía contra la Iglesia manifestando, más allá de sus disimulos, que una de sus grandes alegrías sería vernos desaparecer. De hecho así lo profetizaba de resultas de esta pandemia, dado que en su opinión: No estamos haciendo lo que debemos y eso hará que el pueblo acabe definitivamente con nosotros, los que somos Iglesia. No me preocupa su deseo, pues es el mismo que tuvieron Voltaire, Comte, Stalin y tanto otros. Y sin embargo aquí estamos. Y es que algunos no han aprendido todavía la lección del emperador Diocleciano. Querer acabar con quien no piensa como tú, es un modo torpe, y a veces brutal, de proceder. Lo mismo da que sea un religioso quien lo intente que un ateo quien lo busque. Integrismos los hay en las teocracias y en las ateocracias. 

    Comentaba este hombre que han sido varios los curas que han hecho locuras, incluso algunos amparados por fuerzas del orden público. Si bien nada dice de un tal Iglesias, que sin ser católico que se sepa, ha llevado escoltas de todo tipo, para saltarse la cuarentena sin ningún tipo de rubor. Y las razones son, según él, razones de estado. Lo mismo ocurre con Simón, que mientras otros tardan semanas en curarse (Montero), éste señor puede salir por televisión a la primera de cambio, dado que al parecer la situación lo requiere, siendo así que se sabe que ha dado positivo en el test que se le ha aplicado como contagiado de Coronavirus. Todos ellos claro está con “medidas ad casum” que al parecer los curas locos, no han necesitado por no estar enfermos o porque simplemente no han tenido tests a su disposición con los que poder comprobarlo.

    Evidentemente soy de los muchos sacerdotes, que apartándonos del caso del obispo de Zamora en tiempos de la gripe española, están encerrados en casa, celebrando solo a puerta cerrada, apoyando a Caritas, y tratando de animar vía Wasap a mis feligreses y amigos a diario. Es curioso que sólo se resalte el caso de aquel obispo, pero no el de los que no siguieron su parecer, y que seguro que en aquel tiempo los habría. Hoy somos mayoría aplastante los que seguimos las directrices de Francisco, y en esta diócesis en particular, las orientaciones de nuestro Obispo diocesano. Al cual algunos locos, que todos conocemos y padecemos, han acusado de ser un endemoniado por no apartarse ni en una coma de lo que las autoridades sanitarias han ordenado. Pero eso no es valorado por este crítico que se pretende lúcido y mordaz, pero que es dejado en evidencia por una realidad que es patente y tozuda. Aunque este señor manifieste que la ignora, o simplemente, decida ignorarla, debido a sus opciones previas a su ejercicio de razonamiento. Sólo él lo sabe. Sepa usted, señor, que el obispo de Teruel ha desacreditado a esos locos que usted crítica con razón. Y muchos medios critican además a irresponsables ministeriales de los que usted, curiosamente, ni cita ni habla. Este obispo que cito lo ha hecho en prensa escrita. Y ahí está su texto bien claro en las redes sociales para consideración de todos. Y concretamente nuestro Obispo diocesano, no puede ser más claro y más rotundo en sus afirmaciones y en sus decretos, llamándonos a todos a no hacer locuras ni tampoco a incurrir en irresponsabilidades. Pero usted no conoce o no quiere conocer esta realidad. Sólo usted lo sabe.

    Del mismo modo se acusa al episcopado de no poner al servicio del Estado sus instalaciones, que según parece, usted considera que son dudosamente pertenecientes a sus legítimos dueños. Y lo afirma como si fuese un tribunal del estado español, cosa que no consta que sea. Sepa usted, que el cardenal Cañizares de Valencia, no tardó nada en ofrecer cuanto fuese necesario al estado en sus instancias regionales, para que dispusiesen de las instalaciones que considerasen necesarias, pertenecientes a los católicos en su archidiócesis, para afrontar la pandemia vigente. También se publicó en religión digital, un medio muy conocido a la hora de informar, en todo lo que afecta a la vida de la Iglesia en España. Pero usted lo ignora o decide ignorarlo. Sólo usted lo sabe.

    Por ello deduzco que usted, al acusarnos de querer salvarnos solos sin pensar en nadie más, o es un ignorante o simplemente es cristianofóbico. Usted lo sabrá. Lo que si tengo claro, por estar informado de lo que pasa en la Iglesia en este momento presente en España, es que su columna es fruto de un exabrupto gutural genuino del sureste hispano, fruto de la ignorancia, o simplemente, hijo de un enfoque muy personal que rebosa una profunda intolerancia hacia lo cristiano católico en España. Ésta por desgracia es una pandemia que se ha hecho endémica en la piel de toro, y que en personas como usted parece no tener cura posible. Lamento que un ser humano como usted sea presa para siempre de semejante virus y que se afiance en usted de tal manera que no sea capaz de ver más allá de sus cortos horizontes.

    Es su situación señor, pero sepa usted que la justicia y la verdad caminan por otras sendas que su pluma desconoce o simplemente decide obviar. Su columna es un claro ejemplo de lo que Freud afirmó en su tiempo, al exponer su pensamiento: Si los hechos no coinciden con mis hipótesis, teorías o conclusiones, peor para los hechos. Como no hay bastante con el dolor que genera la maldita pandemia, voces como la suya son de “agradecer” porque contribuyen a unirnos más a todos los que la padecemos, seamos o no creyentes. Todos somos personas, cada cual responsable de sus actos, brillantes o estúpidos, pero condenar a grupos o instituciones, por los errores de algunos, es inapropiado, porque los juicios generales (como el suyo), condenan siempre a una enorme infinidad de inocentes. Este es su legado. El rastro necio que deja tras de sí una columna como la suya.

 

Andros

Presbítero   

 

 

    

    

    

 

 

El navío Santa Ana aunque no se hundió de resultas de una cruenta batalla, quedó muy dañado y a punto estuvo de irse a pique. Que Santa Ana en esta hora triste no permita que también nosotros sucumbanos después de esta horrenda contienda.

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